De pronto la imagen de Charlie se le viene a la cabeza. Recuerda cuando se sentaban juntos en el porche de su casa de Texas a ver llover. Él se sentaba en una de las mecedoras y ella se sentaba en su regazo mientras su chico la abrazaba por detrás y, con una sonrisa, le besaba el cuello y le susurraba al oído que algún día verían llover mientras brindaban con champán en su jacuzzi de uno de los áticos más altos de todo Los Ángeles. Cuando quiere darse cuenta, las lágrimas están bajando por sus mejillas y los sollozos empiezan a salir de su garganta. Le echa de menos, sí, pero no tanto como creía. Por alguna razón que desconoce, las lágrimas no tienen absolutamente nada que ver con él. De todas formas Charlie ya le dejó bastante claro la rabia que sentía cuando Ana decidió informarle de su decisión de irse a la gran ciudad. No, definitivamente no llora por él. Llora porque se siente sola, porque se siente desamparada y desprotegida refugiándose en un piso de mierda en uno de los barrios más conflictivos de Estados Unidos. Llora porque la única persona que le ha prestado ayuda y que se digna a escucharla vive en la otra punta de la ciudad y ella ni siquiera tiene dinero para pagarse un taxi que la lleve hasta su casa. Suspira profundamente y apoya la cabeza en la ventana, dejando que las lágrimas sigan cayéndole.
Tras musitar un ''mierda'' por lo bajo, siente una tremenda paz cuando los ojos oscuros de su nuevo y peculiar amigo le vienen a la mente. Un cosquilleo se le empieza a crear en el estómago y por un momento siente unas ganas irrefrenables de verle. No sabe por qué. Hace poquísimo que le conoce y apenas sabe cosas sobre su vida. Hace tiempo oyó a una joven de su pueblo decirle a su madre que se había enamorado de un actor y su madre le dijo que eso era imposible, pues no se conocían; y hasta entonces la chica de ojos verdes había pensado como su madre: ''No puedes enamorarte de alguien a quien no conoces''. Sacude la cabeza enérgicamente y abre los ojos, volviendo a centrar su mirada en las empapadas calles -No estoy enamorada…-Susurra. -¿O sí...?-
Son solamente las siete de la mañana y ella ya no puede dormir. Ni siquiera aunque lo intentara con todas las fuerzas de su cuerpo, no podría. Le asaltan los recuerdos de la noche anterior. Ese pedazo de paraíso en la colina que parecía tener incluso propiedades curativas en el alma, esos silencios eternos de Brian que no la ponen nerviosa y que la hacen sentir un poco más cerca de casa, esa canción en la radio, el aire caliente azotándole la cara en la ventanilla... Es domingo, y el bar estará cerrado tanto hoy como el lunes, y se encuentra sin nada que hacer. Quizás salir a desayunar, sin más, para luego volver a casa. Hoy llueve a mares, y no es un día que precisamente invite a pasear por la ciudad. La lluvia y el frío solo traen malos recuerdos a la chica de ojos verdes...
_______________________________________________________________________
La puerta de la habitación de Brian, que estaba arrimada y sin estar cerrada del todo, se abre lentamente y Pinkly se sube a la cama de su dueño. Éste duerme con sus pantalones negros de raso como pijama habitual, y su pecho desnudo y lleno de tinta ha quedado descubierto por las sábanas. La perrita blanca se acerca a él con sigilo y comienza a lamerle la cara mientras Gates trata de apartarla, gruñendo aún medio dormido. De pronto, un trueno hace temblar los cristales y la perrita pega un salto, jadeando y metiéndose aún más por la cama de su dueño en busca de protección. El chico de pelo negro, que ni siquiera se inmuta por la tormenta, abraza a Pinkly contra sí y ella se aprieta contra él, aún temblando. Le sorprende mucho que le desagradan las tormentas a su pequeño bichón maltés, a pesar de que ya ha tenido que vivir un buen puñado de ellas. Brian ríe y sacude la cabeza, cerrando los ojos de nuevo mientras sigue notando a su perrita temblando bajo las mantas, y habla entre risas, con una ronquera producto de las largas horas de sueño -Eres la perra más cobarde que he visto nunca, ¿sabes? Tendría que haberme comprado una iguana...-
Un par de horas después de que Brian vuelva a quedarse dormido, Matt abre la puerta e irrumpe bruscamente en su cuarto. Le mira desde la entrada, hablando serio e impasible ante el hecho de haber despertado a su amigo. Sigue dolido con él por el comentario de ayer sobre Joan, y Gates sabe que tardará en olvidarlo. Matt no es una persona rencorosa hasta que se tocan ciertos temas que para él son intocables -Tienes visita. Te está esperando en la puerta.- Sale y cierra a la vez que otro trueno hacer retumbar la casa.
Frunce el ceño realmente extrañado. No suele recibir visita. Al menos no a esas horas de la mañana. ¿Dean? ¿Cynthia? ¿Jinny...? Sacude la cabeza, desechando las ideas conforme le vienen a la cabeza, y se levanta de la cama. Se peina un momento frente al espejo de la puerta abierta del armario y bosteza sonoramente antes de salir por la puerta.En la entrada Brian se topa de bruces con una imagen impactante pero a la vez enternecedora. Ana está empapada, con los mechones de su pelo castaño cayéndole por la cara y tiritando de puro frío mientras mira al chico de ojos azules de una forma que casi podría decirse es de súplica, como si se tratase de un cachorro al que han abandonado en la calle. Habla torpemente a causa de sus temblores, con una sonrisa nerviosa -Por fin. No sabía si vivías aquí, he estado preguntando en miles de sitios dentro del bloque y este era el último...-
Brian camina hacia ella ahora maldiciéndose no llevar puesto nada más que los pantalones del pijama, hecho un manojo de nervios y vergüenza. Desde luego no se la esperaba a ella allí, en la puerta, ni mucho menos. Resopla largamente y chasquea la lengua -Por el amor de Dios, Ana. Estás empapada...- Le quita con cuidado la chaqueta que lleva puesta, que casi gotea en el suelo, y habla con el aire protector de un hermano mayor -Creo que deberías darte una ducha caliente mientras meto tu ropa en la secadora...-
Ella entra en casa aún encogida a causa del frío y le mira, haciendo un charco en el suelo a su alrededor del agua que desprende su ropa -¿Y qué me pongo..? Nah- Sacude la cabeza -No… no te preocupes. Es que... bueno, cuando bajé a desayunar Amber me dijo que vendían un piso en este bloque. Dijo que no era muy caro y que seguramente podría adaptarse a mi presupuesto. Solo vine por información, pero como no tengo teléfono en casa he... Tenido que venir andando. Pero no te preocupes, no es necesario que te molestes, estoy bien. No he venido para quedarme…-
Gates parpadea nervioso y perplejo, sin saber muy bien qué decir. Ella siempre consigue tirar por tierra todas sus intenciones con algunas palabras llenas de su habitual dulzura. Chasquea la lengua, rascándose la nuca en un gesto que le hace parecer un adolescente indeciso -Yo... Como quieras. No pretendía que te quedaras, lo que he querido decir es que...- Matt pone los ojos en blanco y alza la voz desde la cocina, serio. -Ella ya sabe lo que has querido decir. No seas pesado y háblale del alquiler de una vez...- Brian baja la mirada y traga saliva. Cuando alza sus ojos contra los de ella, parece un poco más centrado. -Bueno, sé que el alquiler de éstos pisos no es muy barato. Creo que anda por los... Novecientos dólares al mes. Es una calle grande y bastante céntrica, y los pisos son muy bonitos. Tienen balcones, tres habitaciones, dos baños, salón y cocina, aire acondicionado, calefacción, agua caliente todo el día y demás cosas... Con tu nuevo sueldo podrías permitírtelo, seguro, y sé que hay un par de pisos puestos en alquiler.- Se encoge de hombros -No sé, piénsatelo.- Ahora que no lleva camiseta pueden verse mucho más tatuajes que Annie no había alcanzado a ver aún. En el pecho, en la espalda, parecen ser incontables...
Ana chasquea la lengua y se apoya en el marco de la puerta, mirándole con atención, una atención que no puede mantener durante mucho tiempo, pues poco rato después se sorprende a sí misma explorando cada milímetro de su cuerpo que Brian tiene lleno de tinta. Hay gran variedad de dibujos. Desde monstruos hasta llamas, cosas sin sentido, rosas e incluso su propio apellido tatuado en la espalda. La chica de ojos verdes sacude la cabeza y vuelve a alzar la mirada hasta sus ojos, algo nerviosa -¿Y hay que pagar un adelanto o directamente puedo pagar el primer mes de alquiler...? Quiero decir, ¿crees que... podrías hablar con el dueño y explicarle mi situación a ver si puede hacer la vista gorda...?- Suspira, desanimada -Es que Brian, ni siquiera tengo dinero para un taxi. He tenido que venir andando y mírame...-
Él suspira profundamente y acaba por asentir -Veré que puedo hacer, Ana...- Se acerca a un armario, coge una toalla y se la tira. Ella la coge al vuelo y él le regala una de esas medias sonrisas que llevan su marca, mientras desaparece pasillo adelante. La chica suelta un bote cuando escucha la voz de Matt, que la ha pillado de lleno siguiendo con la mirada a Brian y que está apoyado en el marco de la cocina, cruzado de brazos y con una de sus sonrisas cordiales -Creo que, de instalarte por aquí, no vas a arrepentirte. Es un sitio muy tranquilo. Es más, lo único malo son las juntas de vecinos.- Habla en un susurro cómico, sin perder la sonrisa -El presidente, que vive en el quinto, tiene delirios de grandeza y es un amante de las derramas y el mantenimiento impecable de las zonas comunes.- Ríe, recuperando su tono normal -Pero es buena gente, ya lo verás.- Algunas habitaciones más allá puede escucharse a Brian hablar por teléfono, pero no se distingue bien lo que dice.
Ana sonríe, envolviéndose en la toalla y secando su ropa como puede -Sí, la verdad es que tengo bastantes ganas de venirme a vivir aquí...- Se muerde la lengua y sacude la cabeza, dándose cuenta de que lo que acaba de decir da mucho pie a Matt de imaginarse cosas que no son... o que tal vez sí son pero no quiere reconocerlo. Sonríe de medio lado y habla nerviosamente -Quiero decir, que tengo muchas ganas de vivir en cualquier sitio que no sea ese agujero en el que estoy metida...-
Shadows enarca una ceja y asiente -Oh, sí. La verdad es que cualquier sitio es mejor que el barrio donde vives. Southcentral da miedo, la gente prefiere no cruzarlo siquiera con el coche.- Se encoge de hombros, entrando de nuevo a la cocina y hablando desde dentro -No les culpo, me parece lo más normal. ¿Quieres comer algo...?-
-No, gracias, Matt.- Ana sacude la cabeza, apoyándose en la pared y desviando la mirada hacia el pasillo. Brian sigue encerrado en su habitación hablando por teléfono, y parece que la conversación va para largo. La chica de ojos claros suspira profundamente, curioseando cada rincón con la mirada hasta que de repente siente un cosquilleo en su pierna. Cuando baja la mirada puede ver a Pinkly saltando a su lado, reclamando su atención. Ana sonríe amplia y tiernamente y se agacha, acariciando a la perrita y haciéndole mimos de forma que esta empieza a frotarse contra ella, moviendo la cola. Cuando está completamente ausente, en el momento en el que más absorta está acariciando a Pinkly, su dueño sale pasillo adelante y mira la escena con una sonrisa, aún con el móvil en la mano -El casero, el encargado de los alquileres, dice que no hay problema. Le he dicho que eres de fiar y le he explicado todo, así que... Dejará que pagues a final de mes, sin problemas. Vendrá en quince minutos a traer las llaves de tu nueva casa.-
Ana le mira, petrificada -¿Qué...? O sea que... ¿ya tengo la casa? -Se levanta sin apartarle la mirada ni un segundo y cuando ya está de pie suelta una carcajada sarcástica- ¿En serio? ¿Tan fácil ha sido? Dios, no puedo creérmelo- Ríe -Un día de estos terminaré debiéndote la vida...-
Gates se encoge de hombros con una sonrisa inocente -No ha sido nada. Conocemos al tío que se encarga del alquiler, y jamás le hemos fallado en ningún pago. Confía en nosotros, sabe que no haremos ninguna idiotez...- Chasquea la lengua y ríe por lo bajo -Al menos no alguna idiotez importante... Sólo te pedirá que hagas un poco de papeleo, dejes un par de firmas y… Listo.-
-No puedo creerlo, de verdad.- Ríe y sacude la cabeza. Se quita la toalla y se la tiende, mirándole a los ojos y suspirando -Me… Me voy a casa. Voy a... Recoger lo poco que tengo por allí.-
Brian asiente, colgándose la toalla al hombro -Sí, claro. Yo... Estaré aquí. Llama al timbre y te daré las llaves.- Pinkly ladra cerca de la cristalera del salón, haciendo que su dueño se gira a mirar y que Ana tenga otra ocasión de mirar su espalda con curiosidad. "¿Eso eran arañazos? Venga ya…". Brian se vuelve y chasquea la lengua -¿Tienes dinero para un taxi? ¿Pretendes recorrerte otra vez la ciudad y encima con una maleta...?-
Ana aparta rápidamente la vista de su espalda, sacude la cabeza y le devuelve la mirada, saliendo de su ensimismamiento -¿Qué? Oh, ¿dinero? Nah, no te preocupes, ha dejado de llover así que aprovecharé...- Abre la puerta -Si ves que en un par de horas no he vuelto... sal a buscarme- Ríe, saliendo y cerrando tras de sí. Él se mantiene mirando a la puerta durante unos segundos, como si hubiera tenido delante una aparición durante todo ese tiempo. Esa chica se lleva su calma, su cordura y su lucidez, y siente que solo dice una sarta de idioteces cuando ella está cerca. Baja la mirada al suelo y frunce el ceño, como si tratada de clarificar todo lo que hay dentro de su cabeza en forma de maraña de sentimientos. Ojalá todo fuera más fácil, o todo estuviera más claro.
La voz de Matt, ahora apoyado en el marco de la puerta de la cocina y mirándole con una de sus sonrisas socarronas, le saca de su peculiar abstracción momentánea. –Tendrías que haber visto cómo te miraba. No te ha quitado los ojos de encima ni un solo segundo. Creo que le gustas. Le gustas mucho. ¿Qué piensas tú…?- Ríe por lo bajo con malicia.
Gates se aclara la garganta y habla serio, entrando en la cocina dispuesto a desayunar -Curiosidad. Curiosidad y falta de confianza. Las dos cosas lo explican.- Sirve café en una taza, vierte leche en ella y luego mete la mezcla en el microondas, impasible -Yo también estaría nervioso en su situación, y ella es bastante tímida...-
Matt arquea una ceja, mirándole mientras se sienta en una de las sillas de la cocina. Cruza los brazos sobre la mesa y le mantiene la mirada, aplastantemente -Hablas como si la conocieras-
Brian se gira hacia él, clava sus ojos oscuros en los de su compañero de piso y se da cuenta de lo que quiere. Una de esas conversaciones en las que acaba sacándole toda la verdad. Pero no, ésta vez no. Ni siquiera sabe lo que siente, así que no hay ninguna verdad que contar aún. Enarca una ceja y habla en el mismo tono, cruzándose de brazos -Me baso en lo poco que la conozco para intentar averiguar qué es lo que pasa por su cabeza. ¿Qué pasa, Matt? ¿Me haces interrogatorios porque sigues cabreado...?-
Shadows resopla, pone los ojos en blanco, agarra un periódico y se pone a hojearlo, fingiendo poner interés en lo que hace, pero en absoluto es así. En el fondo está resentido. Bastante resentido con su amigo. Y no sólo por lo de Joan, sino porque sabe que muchas más cosas están pasando por la cabeza de Brian. Muchas más de las que él dice. Y le molesta esa falta de confianza después de todos los años que llevan siendo amigos. Le molesta bastante, de hecho.
Brian chasquea la lengua y resopla sonoramente, entendiendo de golpe su reacción -¿De verdad quieres que te diga todo lo que pienso? Porque no creo que eso te hiciera ningún bien, Matt. Podría hablarte de Ana y de Joan a partes iguales y sin tapujos, y me quedaría más que tranquilo, pero no debo. No debo hablar de Ana porque no sé qué me pasa cuando esa chica anda cerca, no sé exactamente a qué viene esa facilidad que tiene parece hacerme perder la compostura. Y tampoco debo hablar de Joan, porque sabes lo que en el fondo pienso de ella, y lo que pienso de ti con respecto a aquella relación.- Enarca una ceja -¿Aún quieres escucharme hablar o has cambiado de opinión?-
Matt deja el periódico sobre la mesa con brusquedad, mete un puño en la misma y se levanta, señalando a Gates con el dedo y alzando el tono de voz, amenazadoramente -Como vuelvas a tocar el tema de Joan te juro por Dios que me largo de esta puta casa y te quedas solo, Brian. A decir verdad no sé qué coño hago aquí...-
Él le mantiene la mirada sin inmutarse, aunque en realidad odie verlo crispado de esa manera -Matt, te equivocas cuando crees que hablo de ella para hacerte daño. No se trata de eso. Lo único que me jode es que mi mejor amigo no quiera volver a ser feliz nunca más. Es injusto contigo mismo, hermano, tú viniste aquí en busca de algo mejor, así que culparte por ello tiene poco sentido.- Alza las palmas de las manos, conciliador -Pero si es lo que quieres, que sea así. No volveré a pronunciar su nombre si tú me lo pides...-
Abre las palmas de las manos en señal de indignación y arquea las cejas, sarcástico. -¿Buscando algo mejor? ¡¿Y Ana sí lo es..?! ¡Vamos, contesta..! ¡¿Ana sí es algo mejor?!
Brian frunce el ceño, sorprendido por la pregunta. Su compañero está cabreado, y no tiene ni idea de lo que dice. -Ana no es mejor ni peor. Yo no soy el que está saliendo de un bache emocional, Matt. Yo no estoy buscando ser feliz, porque ya lo soy. Ana es mi amiga, tiene novio, su vida aquí empieza a ir bien aquí y eso me alegra, sin más.- Resopla -Yo no estoy buscando ser feliz, no estoy buscando una chica que me quiera. No por ahora.- Descruza los brazos y los abre ligeramente, enarcando una ceja -Mírame, Matt, me estoy pasando la vida entera llevándome a chicas a la cama, chicas de las que luego no recuerdo siquiera el nombre, y a la mañana siguiente me levanto acompañado de una chica que no conozco, y finjo que eso me hace feliz y me llena muchísimo, y que no necesito nada más, y a veces incluso siento que de verdad es así. ¿Crees que soy el cabrón con más derecho para dar consejos de amor?- Chasquea la lengua -Qué va, pero intento ayudarte con tu problema. Eres tú al que veo jodido a diario por culpa de algo que pasó hace mucho tiempo. Olvídate de esa niña de una jodida vez.- Resopla -Y Ana no tiene nada que ver en ésta conversación, así que no deberías mezclarla...-
Matt cierra los ojos como si tratara de calmar a la bestia que lleva dentro. Resopla, frotándose la cara con las manos en un gesto desesperado. Planta las palmas de sus manos sobre la mesa y se levanta, estirándose la camiseta, con los ojos húmedos y la voz temblorosa, decidido a ir a su habitación y encerrarse allí para que su amigo no le vea flaquear. Habla en un susurro, saliendo por la puerta -Pues entonces tal vez tú también deberías dejar de utilizar a las tías solo para follártelas y encontrar a una que te quiera de verdad porque yo creo que pese a todas las novias que has tenido, jamás te has sentido querido y por eso no sabes lo que siento. Si hubieras compartido la mitad de tu vida con una mujer a la que adorabas por encima de todos los polvos del mundo, me entenderías. Te darías cuenta de que una ruptura no es algo que hay que celebrar, no significa que se abra la veda para poder empezar a follarte a todas las chicas que se crucen en tu camino con el pretexto de “estoy soltero de nuevo”. Significa algo muy triste, Brian, algo que tú no sabes entender porque te has pasado la mitad de tu vida jugando entre las piernas de mujeres de las que ya ni te acuerdas. El día en que sepas qué es cuidar de alguien a quien quieres igual que cuidas de tu propia vida, a lo mejor lo entiendes… -Cierra tras de sí de un portazo, dejando la cocina en un total silencio.
Ni una sola de las palabras que ha dicho es mentira, así que no tiene nada que recriminarle. Jamás se ha sentido querido de verdad, ni tampoco enamorado hasta las trancas. Matt lo estuvo, estuvo enamorado tres largos años. Perdonó infidelidades, mentiras, traiciones, y quiso a su chica con su vida y sobre todas las cosas, a pesar de todo el daño que ella ya le había hecho. Supone que el amor te hace hacer ese tipo de cosas, perdonar imposibles, amar sin cansarse, ser fiel como el que más... Pero entonces Joan no quiso a Matt tanto como él la quiso, eso es lo que piensa. El tío Robert, el favorito de Brian y también un alcohólico consumado, en sus noches de borrachera le explicaba a su sobrino del alma que el amor de una mujer hace a un hombre idiota y débil, pero que también le convierte en el débil idiota más feliz del mundo. Él se siente así cerca de Ana, idiota y débil. ¿Ella...? No sabe cómo se siente ella, pero probablemente eche de menos a su novio, y él quizás, el día menos esperado, venga a recuperarla, o a quedarse con ella. Y esa idea no debería molestarle, pero le molesta, y de qué manera...
Pasada algo así como una hora, el timbre de casa de Brian suena, sacando de su ensimismamiento al chico de ojos oscuros que se había quedado sentado en la mesa de la cocina con los brazos cruzados y la mirada perdida en el suelo, pensando, dejando que el tiempo se le pase con cada idea que se le viene a la cabeza. Matt podría tener razón, de hecho casi puede afirmar que todo el vacío que siente es porque nunca se ha sentido realmente querido, pero tal vez las cosas no estén saliendo de la mejor manera para remediar eso ahora... Ana está esperando fuera, con una maleta y una caja en la mano. Rodea el portal con la mirada y suspira, sonriendo. Por fin una casa decente…
Gates abre la puerta, que atrae la atención de Ana, antes fija en la puerta de en frente. El casero vino a traer las llaves hace unos escasos cinco minutos, y ahora es él el que las tiene en la mano. Suspira con una media sonrisa apagada y le tiende las llaves -Que disfrutes de tu nueva casa, Annie. Si necesitas ayuda con cualquier cosa yo...- Se encoge de hombros, con ese aire de inocencia que viste a veces y que tan poco encaja con su apariencia -Ya sabes dónde encontrarme.
Ana asiente con una sonrisa amplia y la más pura ilusión reflejada en sus ojos -Muchísimas gracias, Brian.- Deja las cajas en el suelo y sin pensárselo un segundo le abraza. Le abraza fuerte, rodeando su tronco con los brazos. La escena es tierna, pero deja a Brian sin aliento. Está petrificado, y ni siquiera es capaz de devolverle el abrazo. Muy pocas veces Brian ha recibido un abrazo de esos. Está cargado de gratitud, y no sabe cómo devolvérselo. Ni siquiera cuando estuvo con Jinny, su relación más larga de medio año, aprendió a dar abrazos por puro sentimiento, o a dar ese tipo de besos apasionados que son capaces de decir "te quiero" sin una sola palabra. Jinny siempre se acostumbró a su frialdad, a su manera de ver una relación como a dos simples buenos amigos que comparten cama y ven pelis juntos. Sabe besar, sabe dar ese tipo de caricias que provocan escalofríos y sabe robarle el aliento y la voluntad a una chica de maneras poco cristianas, pero desde luego no sabe querer. Sonríe al verse rodeado por Ana, se encuentra nervioso como un niño y le devuelve el abrazo más bien en un gesto de enhorabuena -No tienes que darme las gracias, Ana. Estamos para ésto.- Suspira, sonriendo -Bienvenida a la vida normal...-
Cuando deshacen el abrazo, la chica de ojos verdes le mira con una sonrisa tierna y hace un leve gesto de asentimiento con la cabeza. Agarra las cajas de nuevo y suspira -Bueno, voy a... Voy a instalarme- Ríe nerviosamente, agarrando las llaves de la mano de Brian.
Él sonríe de medio lado con nerviosismo y asiente, llevándose una mano a la nuca como hace siempre que está nervioso. -Si necesitas ayuda con algo, estaré por aquí hasta las cuatro de la tarde...- Le dedica una última sonrisa antes de desaparecer por la puerta, cerrando tras de sí. Cuando lo hace, mantiene la espalda pegada a la puerta, cierra los ojos y suspira profundamente, tratando de relajarse. "Deja de comportarte como un idiota, Brian..."
Ana agarra su maleta y entra en su nueva casa. Es sin duda mucho más espaciosa, iluminada, limpia y desde luego, muchísimo más decente. Tiene dos habitaciones, una cocina conjunta con el salón, un aseo y un cuarto de baño. Los muebles, ya incluidos en el precio, son en su mayoría de madera oscura, resaltando y conjuntando con el suelo de madera de un color claro. Rápidamente la chica de ojos verdes se instala en una habitación, la más pequeña, con una ventana pegada a la cama; una cama matrimonial con la colcha blanca y el somier de madera, colocada frente a un tocador del mismo color y una pequeña cómoda sobre la cual hay un jarrón con flores de plástico. Mientras deshace la maleta, los pensamientos de Annie están centrados en algo muy diferente a colocar su armario. Ve sus ojos. Ve sus oscurísimos acechándola, ve su sonrisa traviesa, esa sonrisa que se le escapa siempre que está ante ella, y cuando se da cuenta, han pasado casi dos horas, acaba de colocar la última camiseta en el armario y está sonriendo como una idiota.
Ha abierto la enorme ventana de par en par ahora que ha salido el sol. El olor a humedad mezclado con el calor es bastante agradable, y aunque no es igual que ese olor a hierba y tierra mojada de Detroit, tiene cierto encanto. La ventana de su habitación da hacia un patio de luz que parece ser común para todos los vecinos, y por él, se cuelan un par de voces que se le antojan conocidas. En la casa de al lado, Brian se ha plantado en la puerta de la habitación de Matt, que tiene también su ventanal abierto de par en par. Su compañero de piso parece mucho menos ofuscado por la conversación, quizás porque sabe que aunque Brian no es el más indicado para dar sermones, tiene gran parte de razón en lo que dice. Su amigo de ojos oscuros, apoyado en el marco de la puerta de la habitación, habla cruzado de brazos, nervioso -¿Qué te parece que Ana se haya mudado en frente...? Ya sabes, lo de que vaya a ser nuestra vecina y...-
Matt se encoge de hombros, tumbado en la cama mientras lanza un balón de baloncesto al aire para después cogerlo con las manos y volverlo a lanzar, ensimismado en lo que hace, hablando con pasividad sin mirar a su amigo -¿Que qué me parece? Pues no sé, pero tengo la sensación de que ahora vas a estar mucho menos centrado que antes y seguro que querrás cambiarme de habitación porque mi ventana es la que está más cerca de la de ella…-
Baja la mirada al suelo con una sonrisa nerviosa y sacude la cabeza -Qué va, no digas idioteces. Mi habitación es más grande que la tuya.- Suspira, clavando su mirada de nuevo en él. -No sé, aún no puedo creerme que vaya a tenerla tan cerca y...- Ríe cargado de un nerviosismo que casi resulta adorable, y trata de ponerse serio cuanto antes -Tío, me pone muy nervioso. No en el mal sentido. No sé explicarlo mejor...-
Matt pone los ojos en blanco y suspira profundamente. Agarra el balón con las dos manos, parándolo en seco para después clavar su mirada en el chico de ojos oscuros, hablando serio y determinante -Yo sí sé explicarlo mejor. Te gusta. Esa tía te gusta y estás descolocado por eso. Es así de fácil. Cosas que pasan.- Suspira de nuevo y vuelve a lanzar el balón al aire. Sigue resentido, aunque no puede enfadarse durante demasiado tiempo con el cabeza loca de su amigo. Mientras tanto, en su balcón, la chica de ojos verdes no puede dar crédito a lo que oye. Sonríe ampliamente y se muerde la punta de la nariz, poniéndose cómoda apoyada en el marco de la ventana, con intención de escucharlo todo.
Dirige un momento la mirada a la ventana y chasquea la lengua, resoplando después -Puede que tenga que darte la razón. Pero escucha, tengo que olvidarme de ésto cuanto antes, y no sé cómo sacármela de la cabeza.-Suspira sonoramente -No tendría que pasarme ésto, pero me pone enfermo pensar que hay alguien esperándola en Texas, que tiene algo serio con un chico de allí y... Él algún día va a venir aquí, con ella. O quién sabe, quizás sea ella la que vuelve allí. Y en serio, no te imaginas lo nervioso que me pone eso.- Se descruza de brazos y los abre, indignado -¿No es estúpido que eso me moleste? Se supone que debería darme igual. A mí nunca me han importado éstas cosas, Matt. Me jode que ella me guste de forma diferente a las demás por primera vez en mi vida, y que precisamente ésta sea la vez más imposible de todas...-
Ana baja la mirada con una sonrisa tierna dibujada en los labios y se coloca una mano en la nuca, ruborizándose ligeramente por lo que oye. Suspira y se aparta del marco de la ventana, cerrándola después. Se apoya contra la pared y su sonrisa se amplía mientras entierra la cara entre sus manos. Ya ha escuchado bastante, no necesita escuchar más. Las mariposas que siente en su estómago la están matando. Se mueven tan deprisa que incluso le duele. Por un momento se olvida de todo, de absolutamente todo, y lo único en lo que puede pensar es en lo que acaba de oír y en Brian....para variar.
El domingo transcurre como todos los domingos alrededor del mundo, aburrido y carente de toda emoción y novedad. A las cuatro de la tarde, Brian sale de casa a pasear a Pinkly, vuelve a subirla de nuevo al piso y después coge las llaves del coche para ir hasta el Red Dingo. Le toca hacer inventario con Dean, y aunque normalmente suele pasárselo bien con su jefe mientras hace cuentas, escucha música y se bebe una copa helada, ese día no le apetece en absoluto salir de casa. Para cuando llega de nuevo al piso a las diez de la noche después de una larga tarde en el local haciendo papeleo y cuentas, se encuentra con la puerta de Ana entreabierta, y a lo que parece sonar como ella misma moviendo cosas dentro, así que decide molestar lo menos posible. En cuanto abre la puerta de su casa, Pinkly salta a sus piernas, se cuela entre ellas y, cruzando el rellano, se mete sin pensarlo en el piso de la chica. Brian resopla y la llama desde fuera, alzando la voz, nervioso -Pinkly, ven. ¡Pinkly...!- “Condenada perra hiperactiva.”. Chasquea la lengua y pega unos toques en la puerta, fastidiado por tener que importunar a su nueva vecina de ojos verdes y felinos por culpa de su inquietísima perra.
Ana está en el salón, arrodillada en el suelo y colocando algunos libros en la estantería que está bajo el televisor. Al ver la puerta abrirse lentamente, desvía su atención hacia ella y cuando ve a Brian sonríe, levantándose y estirándose la camiseta -Vaya, ¿qué te trae por...- De pronto siente que alguien salta en su pierna. Cuando baja la mirada y ve a Pinkly, ríe y se agacha, cogiéndola en brazos -Oh, ya sé lo que se te ha perdido...- La perrita, eléctrica, mueve la cola y se escurre entre sus manos, tratando de lamerle la cara. Ana se resiste entre risas, caminando hacia Gates.
Brian ríe por lo bajo visiblemente incómodo con la situación, encogiéndose de hombros y cogiendo al animalito en sus brazos, que parece tranquilizarse en cuanto su dueño la agarra contra sí con una sola mano -Lo siento, tiene la incomodísima manía de curiosear todo, y de entrar en propiedades privadas...- Chasquea la lengua sin perder la sonrisa y le acaricia la cabeza a Pinkly, mirándola por un momento. Alza de nuevo sus oscurísimos ojos contra los de Annie, y parece coger prisas de repente -Te dejo, que estarás deseando terminar con la mudanza. Hasta mañana, ¡supongo...!- Camina hacia la puerta, jurándose a sí mismo que no volverá a ponerse nervioso nunca más. No con ella...
Justo cuando Brian está a punto de salir por la puerta, la chica de ojos verdes sonríe mordiéndose la punta de la lengua, suspira y alza la voz, llamando su atención -Brian,... espera, ya he terminado de recoger todo por hoy. Quieres... ¿un café o algo?-
Clava sus ojos oscuros en ella sin saber muy bien qué contestarle. A esa hora en la que solo quiere volver a su cama y tirar su cansadísimo cuerpo para dejarlo descansar le hubiera dicho que no a cualquiera, pero el hipnotismo de sus ojos verdes tiene más fuerza que el cansancio. Sonríe de medio lado, observándola con curiosidad. Parece tan nerviosa como él mismo, y eso calma sus propios nervios -Dime que tienes descafeinado. Llevo todo el día con los nervios a flor de piel y...-
Con su habitual cordialidad, Annie ríe y asiente, caminando hacia la cocina mientras habla con una sonrisa idiota que es incapaz de borrar. Se acerca a la cafetera y se dispone a preparar el café -Por supuesto que tengo. Ponte cómodo, que eres mi primera visita…-
El chico de pelo negro azabache suspira profundamente, caminando hasta el salón, sentándose en el sillón y dejando a Pinkly a sus pies. Joder, qué nervioso está... Se asegura de que Pinkly no se mueve, echada bien cerca de sus zapatillas negras de suelas desgastadas. Curiosea el salón con la mirada, con los dedos de sus manos nerviosamente entrelazados.
Pocos minutos después Annie aparece en la estancia. En las manos lleva una bandeja sobre la cual descansan dos tazas de café de color blanco con pinta de ser de cerámica y de cuyo interior emana un vapor con un olor delicioso. La chica de ojos verdes se sienta al lado de Gates y le ofrece uno, cogiendo ella otro y dejando la bandeja en la mesa mientras le mira con una sonrisa. Por un momento se hace el silencio, un silencio de lo más cómodo. Como si todo lo que necesitaban fuese estar... juntos. Aunque no dijesen nada.
Brian habla después de pegarle un sorbo al café, reprimiendo otra de sus sonrisas indescifrables -Vas a tener que decirme la marca de éste café. El que Matt compra siempre sabe a... Tierra mojada. Él le achaca la culpa a la cafetera, porque tiene más años que el mismo piso, pero yo creo que tiene que ver con la calidad del café que compra...- Ríe, mirando de nuevo el salón -Por cierto, tu salón parece mucho más espacioso que el mío. Bastante más.-
Ana, con una sonrisa, suspira y rodea la estancia con la mirada. Se sienta como los indios en el sofá y se apoya contra el respaldo del sofá, sosteniendo la taza entre sus manos para después volver a clavar su mirada en el antes de hablar -Es... es precioso. Es justo lo que necesitaba. Ni muy grande ni muy pequeño, ideal para mí.- Suspira de nuevo -Gracias, de verdad. Además, ahora que sois mis vecinos os tengo mucho más cerca y eso me da mucha tranquilidad. Me siento bastante más segura.
Ya sabes,- Gates se encoge de hombros con una sonrisa -estamos ahí para lo que necesites. Y sí, el tamaño es ideal y la ubicación bastante buena...- Pinkly levanta un momento la cabecita del suelo, y la fija con atención en su dueño por unos segundos para después volver a recostarse por completo con los ojos color chocolate cerrados.
El silencio se hace de nuevo y la chica de ojos verdes aparta la mirada de la perrita para centrarla en su dueño, que la acaricia con una sonrisa -Os... Oí hablando a Matt y a ti. Estaba asomada a la ventana y… no pude evitarlo.
Poco le falta a Brian para atragantarse con el trago de café. No da crédito a lo que oye, y le parecería una bendición eso de que la tierra se lo tragase sin dejar rastro. Se termina el café, deja la taza de nuevo en la bandeja y en su voz ahora se refleja un nerviosismo disimulado, pero un nerviosismo agudo -Yo...- Chasquea la lengua -Siento que hayas tenido que escuchar esas idioteces.- Resopla, estirándose la camiseta -No quiero que pienses que yo... Que yo he hecho todas esas cosas para ayudarte con una segunda intención porque eso jamás... Yo no soy así...- “Sí, Brian. Sí eres así. Normalmente eres un tirano interesado…” Baja la mirada al suelo por un segundo antes de levantarse, mandando callar a su conciencia -Creo que debería irme, Ana. Muchísimas gracias por el café, pero ya es tarde y querrás descansar, supongo.-
Ana se levanta rápidamente cuando ve que el chico de ojos oscuros tiene intenciones de irse y, para frenarle, le agarra del brazo haciendo que él se pare en seco, se gire y la mire. Annie le observa con una sonrisa tierna y habla en un susurro. Parece tranquila, pero los nervios están comiéndosela por dentro -No. No. Sh , sé que no lo has hecho con ninguna mala intención y no me ha molestado en absoluto…-
A pesar de que le encantaría poder huirle la mirada, mantiene sus oscurísimos ojos fijos en ella. Tarda algunos segundos en reaccionar, y parte de ellos los pierde mirando sus labios, pero cuando habla, lo hace firme –Simplemente no era algo que tuvieras que escuchar, pero no te preocupes. Está todo bien, no... No vamos a sacarlo de contexto más de lo necesario...-
La chica de ojos verdes sacude la cabeza ligeramente sin borrar la sonrisa, hace que Brian vuelva a sentarse y recorta la distancia con él, manteniéndole la mirada en los ojos. Cuando ambos estén a pocos milímetros, los nervios casi pueden palparse. Sienten que las piernas les fallan y que van a caerse en cualquier momento, pero no será así. Ana baja su mirada hacia los labios de Brian y después la alza hacia sus oscurísimos ojos, mordiéndose el labio inferior. "Haz algo y hazlo ya..."
Él lucha contra sí mismo, contra sus instintos más primarios y más incontrolables. Besarla hasta desgastarle esos labios, morderle la boca como si fuera un juego, capturarla en uno de esos besos interminables, todo sería poco en ese momento, y ha tenido ganas de hacerlo desde que la vio por primera vez perdida en la parte de atrás del Red Dingo con esa carita triste y jodidamente inocente. ¿Qué pensaría su novio de ésto...?. La agarra contra sí casi sin llevar el control y la besa. La besa con fiereza durante largos segundos, cortándole la respiración y hundiendo los dedos en su pelo, mordiéndole los labios, provocándole escalofríos y ganas de sonreír como una idiota. Se miran un segundo a pocos milímetros, con las respiraciones aceleradas y los labios húmedos aún rozándose, y de pronto todo se ha parado alrededor.
Annie, que ahora tiene sus verdísimos ojos clavados en los de Brian, sonríe y se muerde el labio inferior, bajando la mirada hacia los labios de él. El silencio se ha hecho por completo en la casa, y solamente pueden oírse las respiraciones de ambos, bastante agitadas, de hecho. Lentamente y sin apartarle la mirada ni una sola milésima de segundo, el chico de ojos oscuros le rodea la cintura con los brazos lentamente y la atrae hacia él hasta que al final ambos se ven envueltos en un tierno, largo y a la vez lujurioso beso. Por un segundo y desde que Gates cruzó la puerta de su casa, para Ana Charlie dejó de existir automáticamente, como si ni siquiera su recuerdo permaneciese en su memoria. Es extraño. Es curiosa la capacidad de su peculiar vecino y nuevo amigo de hacerla olvidarlo todo excepto esas mariposas que se meten en su estómago a millones cada vez que lo ve. Igual necesite insecticida para todos esos bichos alados, o quizás solo necesite desahogarse.
A pesar de que los dos saben que lo que están haciendo no está bien, no dejan de hacerlo. Los besos se suceden uno tras otro, encadenados casi como los brazos de Brian en la cintura de Ana. Ni siquiera saben por qué, pero saben que lo necesitan como si estuvieran dando rienda suelta a sus demonios. Para sorpresa de Brian, su tímida vecina besa aún mejor de lo que imaginaba, y le transporta al séptimo cielo cada vez que le muerde la boca. "Probablemente tengamos que pedirnos disculpas por ésto después... O quizás no haga falta disculparse siquiera..."
Los besos y las caricias se van sucediendo y con ellos, las respiraciones de ambos se van desbocando y los nervios y la vergüenza van desapareciendo poco a poco. Ahora mismo están sentados en el sofá, dando rienda suelta a todo lo que pensaban en silencio. Brian está sentado con la camiseta tirada a su lado, vestido únicamente con sus habituales pantalones rotos y desgastados. Annie está sentada encima de él a horcajadas. Tiene las piernas rodeándole la cintura y los brazos rodeándole el cuello mientras le besa. Le besa con ganas, con fuerza, con dulzura y con fiereza, todo a la vez. Por su parte, el chico de ojos oscuros tiene las manos metidas por debajo de la camiseta de ella, acariciándola con toda la delicadeza que sus sentidos le permiten en ese momento, agarrando sus pechos y apretándoselos y descendiendo sus largos, tatuados y finos dedos por su espalda en forma de caricia. Pinkly, resignada, ha decidido largarse del salón a explorar la casa desconocida ahora que su dueño está entretenido y distraído. Sale de la estancia caminando apresuradamente, haciendo ruido con sus patitas en el parqué, alejándose por el pasillo. No, lo cierto es que a ninguno de los dos ocupantes del sillón le importa lo más mínimo a dónde vaya el animalito ahora. Gates tiene sus oscurísimos ojos cerrados, y se muerde el labio inferior discretamente ahora que Annie ha encontrado el punto débil en su cuello con sus labios. Sin dejar de torturarle de la forma más dulce posible, la chica de ojos verdes le planta un beso tierno que enseguida cambia por un pequeño mordisco travieso que despierta todos y cada uno de los sentidos de Brian, que en reacción e involuntariamente, le agarra el culo con fuerza sobre los shorts vaqueros y la aprieta contra sus caderas. Definitivamente nunca ha tenido principios, pero ahora siente que los pocos que le quedaban huyen de él a pasos de gigante...
Ahora que su protegida de ojos verdes y felinos parece haberse llevado por completo su voluntad demostrando que en ésta situación está tan poco serena como él, se pregunta dónde ha quedado toda esa apariencia de chica desolada y perdida tratando de encajar en un nuevo ambiente. Se lo pregunta, pero ahora no echa de menos esa faceta suya, y es más, le vuelve loco la combinación de las dos. Le vuelven loco cada una de las caricias, esa forma que Annie tiene a veces de apoyar las manos sobre su pecho desnudo en una mezcla de fiereza y delicadeza que solamente ha probado en ella, en la forma sucia de jugar con su lengua, de lamerle los labios como un gato travieso y de apretarse contra él, haciendo que los vaqueros empiecen a resultarle condenadamente estrechos. Se deshace de su camiseta, tirándola a un lado del sillón para después recorrer su cuello, descendiendo por él hasta su pecho en una hilera de besos que parecen llevar fuego. Respiran como dos adolescentes ansiosos...
La escena le nublaría la vista al más cuerdo y frío. Los ojos de Brian parecen haberse oscurecido sutilmente, ahora luciendo un color parecido al del chocolate negro hirviendo. Mantiene a la chica contra él llenándola de besos que tienen poco de inocentes, y juega a acariciarla por encima de la húmeda ropa interior que le gustaría arrancarle sin miramientos, rozándola y presionándola con los dedos de una manera que hace que la chica acelere su respiración y deje escapar gemidos casi inaudibles que a Gates le resultan de lo más adorables. Se supone que había venido a por Pinkly y que se había quedado por un café, y ahora... Ahora el plan se les ha ido de las manos, y de qué manera. La desea, la necesita, la quiere y la quiere suya, sólo suya, y quiere ser el único que le muerda la boca. Lo supo desde el primer día, pero jamás se atrevió siquiera a pensarlo en alto. ¿Fuego? El fuego es frío comparado con la temperatura del salón.
Finalmente y sin poder soportarlo más, Annie se incorpora sobre sus rodillas y ágilmente se deshace de sus pantalones, dejándolos al lado del sofá junto con la camiseta de Brian. Vuelve a sentarse sobre sus rodillas, quedándose únicamente con un sujetador negro y unas bragas de encaje del mismo color que le dan un aspecto que desde luego muchísimo se aleja de su imagen de chica adorable e inocente. Clava sus ojos en los de él mientras Gates acaricia su cuerpo semidesnudo, sus nalgas, sus caderas, su espalda, sus pechos.... absolutamente todas y cada una de sus curvas, incluyendo aquellas parte. Prohibidas que suponía que solo le pertenecían a su novio, en teoría. Durante todo ese tiempo no se han apartado la mirada ni un solo segundo y aunque es un momento bastante tenso, los ojos verdes de ella están cargados de ternura, de misterio, de lujuria y de una expresión bastante parecida a la adoración. Hace tan solo una semana que se conocieron y ahora están a punto de cometer la mayor de las locuras juntos dada la situación. Es curioso, porque con su novio tardó poco menos de un año en acostarse. No porque no le quisiera, sino porque el chico de ojos azules no le aportaba la confianza que ella necesitaba. En cambio Brian sí. Sin duda él lo hace. Es capaz de hacerla sentir segura y protegida cada vez que están el uno en presencia del otro. De hecho es incluso capaz de hacerla sentirse no precisamente como una amiga. Sabe que lo que está haciendo está mal y que las cosas no deberían ir así, pero siente algo. En el fondo sabe que siente algo pero no quiere reconocerlo. Se niega en rotundo porque en lo más profundo de su ser, sabe o al menos cree, que Charlie está esperándola en Texas, ansioso por volver a ver a su eterna chica de ojos verdes, y seguro que no le parecería nada bien enterarse de que ella está apunto de entregarse a otro, tirando por la borda siete y casi ocho años de relación. ''Annie, ¿qué estás haciendo...?''
Por desgracia, ahora que se arrepiente de todo eso, el chico de pelo negro azabache ha tenido a muchas, muchas chicas en su vida. Más de las que necesitaba, más de las que quería y más de las que debía. Por esa sencilla razón no sabe por qué todo ésto le pone tan nervioso, por qué se siente casi responsable de lo que vaya a pasar si normalmente para él sería lo más normal y corriente del mundo. Ana, curiosamente, se le antoja la más bonita de todas las chicas que ha tenido delante en su vida, con diferencia, pero hay algo en ella que no alcanza a descifrar. Hay algo más en ella que todo lo superficial. Gates mantiene su mirada clavada por un segundo en la de ella, y casi puede ver los reflejos de su indecisión. Sabe que en ella hay mucho cargo de conciencia, y lo sabe bien. Pasea los dedos por sus caderas sin apartarle la mirada a una nerviosa Annie, y habla casi en un susurro, pronunciando dos únicas palabras que quizás su protegida no querría escuchar en ese momento de flaqueza, pero debe hacerlo. Debe brindarle esa última oportunidad de elegir y decidir, una oportunidad que a decir verdad jamás le han dado a él. Ya ha estado en la situación de Annie alguna vez, y sabe la encrucijada que supone. Simplemente, no quiere empujarla a un pozo de remordimiento a sabiendas de lo mucho que duele después -¿Estás segura...?-
Ana se le queda mirando a los ojos pensativa durante unos largos segundos. Después suspira profundamente y baja la mirada. Traga saliva y se quita de encima de Brian. Coge su ropa, se pone de pie y empieza a vestirse de nuevo, de espaldas a él. Habla en un susurro, avergonzada y cortada ante la soltura que estaba teniendo hacía tan solo unos segundos. ''Qué pensará de mi....'' -Lo siento, de verdad…-
Brian recupera sus vaqueros, se los enfunda con una rapidez pasmosa y, poniéndose de pie, habla mientras se abrocha la hebilla del cinturón, en un tono de voz más bien bajo -No, en realidad no tienes que sentir nada.- Se pone la camiseta y se sienta de nuevo para atarse las zapatillas, con la mirada fija en lo que hace, diciendo algo con la mayor naturalidad de todas. Ni siquiera está molesto, a decir verdad no puede estarlo con ella -En realidad no deberías sentirte avergonzada por ésto, o por tu decisión.- Se levanta, suspira sonoramente y, colocándole un mechón de pelo salvaje y desordenado tras la oreja a la chica de ojos verdes, habla con una casi imperceptible sonrisa. -Lo cierto es que es muy noble por tu parte, las novias como tú están en peligro de extinción. Tu chico tiene mucha suerte.- Le aparta el pelo y pasa un dedo en forma de caricia sobre su cuello, recorriendo una marca violácea que él mismo dejó ahí hace unos minutos, mirándolo con curiosidad mientras habla de nuevo -Y gracias por el café, Annie.- Sonríe cargado de misterio una última vez antes de echar a andar hacia la puerta, silba enérgicamente y Pinkly aparece corriendo junto a sus pies en pocos segundos, correteando con él hacia la salida.
Ana suspira de nuevo con una media sonrisa leve y le ve marcharse por la puerta por la que entró hace apenas una hora -Nos vemos, Brian...- Susurra. Cuando el chico de ojos oscuros cierra, Ana pone los ojos en blanco y se deja caer sobre el sofá, desmoronada. Entierra la cara entre sus manos y resopla sonoramente, quedándose en silencio un largo rato. Después se reclina en el asiento y se lleva una mano al pelo, clavando la mirada en la televisión que está frente a ella, apagada. Habla en un tono bajo, reprimiéndose a sí misma -Mierda Ana, qué coño haces...- Chasquea la lengua, sacude la cabeza y se tumba en el sofá, quedándose con la mirada en el techo, pensativa. Dios mío, siente tantas cosas que ni siquiera es capaz de ordenarlas. Esa noche ha sentido. Ha sentido mucho. Pero no sabe si es porque realmente le quiere o porque echa tanto de menos a Charlie que está desesperada, lo cual no percibe en absoluto, pues cuando están en presencia del chico de ojos color chocolate, su novio desaparece por completo de su vida. Ahora ya no sabe si la aparición de Brian Haner en su vida aporta más ventajas que inconvenientes. Hora de establecer algún que otro juicio de valor sobre ese demonio de ojos oscuros que le roba la respiración. Lo que acaba de pasar… Va a tardar en olvidarlo. Los dos tardarán en olvidarlo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario