Cuando abre la puerta, se le caen todos los esquemas al suelo. Desde luego que no es Matt quien está en la puerta, sino la sobrina de Dean, Cynthia. La chica de ojos color miel y media melena negra lleva como siempre los labios pintados de ese rojo tan intenso como su descaro a la hora de sonreír. No, desde luego que no la quiere aquí ahora. Al verla sólo puede ver un error, el más grande de sus errores, y a Jinny largándose por la puerta con las maletas. Y no cree que haya superado nada de eso aún ahora que vuelve a estar delante de sus rasgos felinos y su sonrisa cargada de malas intenciones. Al ver una carpeta que ya conoce bien y que lleva bajo el brazo, en una milésima de segundo todo encaja. Dean debe haberla mandado para que ella le dé el inventario de la semana que viene. El chico de ojos oscuros mira hacia el salón nerviosamente y sin perder un segundo, la mira, fuerza una sonrisa nerviosa y habla, tratando de parecer sereno. No, desde luego no quiere que Ana conozca personalmente a la chica de pelo negro. No le apetece en absoluto. -Cynthia... ¿Cómo tú por aquí...?-
Ella sonríe falsamente y enseguida se abre paso, entrando dentro de la casa de Brian como si fuese la suya. Habla mientras camina hacia el salón, con la carpeta bajo el brazo -Mi tío me ha pedido que te pasara el inventario...- Cuando entra al salón y ve a Ana, arquea las cejas, se gira, mira a Gates y suelta una carcajada sarcástica. Ella y sus celos sin motivo.... -¿Y esta...?- La chica de ojos verdes frunce el ceño ligeramente y le lanza una mirada rápida a Brian, confusa. Él mira a Annie como excusándose, chasquea la lengua y devuelve su mirada a Cynthia -Es Ana. Es una amiga, mi vecina y además nueva coyote en el Red Dingo...- Coge la carpeta de sus manos y trata de desviar la atención de la sobrina de Dean hacia el tema de los negocios, esperando que no empiece con sus maneras de zorra psicótica de barrio bajo. Se lo ha dicho muchas veces, que de verdad le molesta que la chica le trate como si fuera de su propiedad o algo así, y que le pida explicaciones por absolutamente todo, como si él de alguna manera estuviera en la obligación de darlas. Ahora está molesto, y hostil, y ambas chicas lo notan. Hojea el inventario y habla con sequedad, sin alzar la mirada -¿Qué te ha dicho Dean? ¿Para qué día de la semana que viene tiene que estar listo ésto...?-
La chica de ojos verdes, que está sentada en el sofá y extremadamente avergonzada, se encuentra con la mirada clavada en el suelo, sintiendo que realmente sobra allí y que lo mejor que puede hacer en ese momento es irse. Cynthia habla mirando a Ana de reojo, de una forma bastante incómoda, seca y desganadamente, sin apartar la mirada de donde la tiene -Para... la semana que viene...- Se aclara la garganta.
Parece como si Gates no se comportara de una manera tan cálida con nadie más que con Ana, y es curioso verlo cambiar de esa forma tan repentina. Desde luego no parece muy cómodo con toda la situación. Brian clava de fijo sus ojos oscuros en Cynthia y endurece el tono de su voz, sorprendiendo a Annie de nuevo -Ya sé que es para la semana que viene, he preguntado que para qué día. ¿Me puedes prestar atención un momento o vas a seguir matando a mi invitada con la mirada?- La chica de ojos color miel le mira, apartando sus ojos de Ana, alertada por el tono de voz del chico de pelo negro azabache. Le gustaría que no fuera siempre tan frío y tan brusco, aunque admite que eso le da cierto encanto...
Ana resopla, chasquea la lengua y se levanta, estirándose la camiseta. Habla en un susurro, con la mirada en el suelo para después clavarla en los ojos de Gates -Oye Brian, yo me...mejor me voy. No… pinto nada aquí- Suspira, le lanza una mirada rápida a Cynthia y después vuelve a mirarle a él, visiblemente incomodada ante la situación -Nos... Nos vemos luego , ¿sí?- Le dedica una media sonrisa forzada y desganada y le hace un gesto con la cabeza a Cynthia, desapareciendo después por la puerta, cerrando tras de sí con un sonido seco y sordo. La chica de ojos miel la sigue con la mirada y cuando la ve irse sonríe de medio lado, satisfecha -Mucho mejor...-
Cuando aparta la mirada de la puerta, perplejo e incómodo, la clava de nuevo en la chica, y deja que en sus ojos se vea reflejada la más pura rabia. Habla entrecerrando los ojos, bajando el tono de voz -¿Se puede saber qué coño te pasa...? No tienes ningún derecho a venir a mi casa a montar uno de tus teatros, ¿me oyes...?-
Cynthia pone los ojos en blanco y sonríe de medio lado, dejándose caer en el sofá. Apoya los pies sobre los cojines sin ni siquiera quitarse los zapatos y habla mirando las hojas que lleva en la mano -Mi tío me ha dicho que tienes que tener todo esto listo para el jueves que viene...-
Brian resopla, sentándose en el sofá de en frente, verdaderamente molesto. Ella se las tira encima de la mesa y él alarga el brazo y las recoge, mirándolas con detenimiento. Suspira largamente cuando se encuentra con otro de esos pedidos exageradamente enormes por hacer. Habla por lo bajo, murmurando, sin apartar sus ojos oscurísimos de las hojas -Ya, claro. Para el jueves...- La mira de fijo y habla, determinante -Dile a tu tío que soy un ser humano, no una puta máquina, y que como mucho lo tendré listo el sábado. Nada de jueves. Quédaselo claro…-
Ella le mira, se encoge de hombros y suspira, enredando con un mechón de su pelo, absorta en ello -Bueno, luego si te echa a la calle no te extrañe...- Suspira de nuevo, profundamente -Si dejases las gilipolleces y dejases de perder el tiempo con la primera que se te cruza, podrías hacerlo más que de sobra...-
Gates agarra la cajetilla de tabaco que hay sobre la mesa, se enciende un cigarrillo y tras una profundísima calada, sonríe casi imperceptiblemente de medio lado fríamente y dice algo que hace que la chica lo fulmine con la mirada –Gracias por el consejo, pero deberías tener en cuenta que te perjudica bastante.- Esa relación entre ellos de odio, golpes bajos, amenazas y sexo es la corriente, no hay nada de lo que extrañarse. La mira y enarca una ceja, proponiéndole una invitación a dejar la casa cuanto antes -¿Necesitas algo más o...?-
Cynthia se le queda mirando, anonadada y cabreada al notar la prisa que el chico de ojos oscuros tiene porque se vaya. Resopla, pone los ojos en blanco y, agarrando la carpeta, se pone en pie, estirándose la camiseta y apretándose la cola de caballo que, al tumbarse en el sofá, se le había deshecho -No, nada más. Muchas gracias...- Brian la acompaña hacia la puerta y cuando ya están allí la chica de ojos miel le muerde el labio en un gesto travieso con una media sonrisa pícara y habla en un susurro, a milímetros más que escasos de sus labios -Te veo mañana, Bri…- Se separa de él y se mete en el ascensor, no sin antes haberle dedicado otra de sus fugaces miradas llenas de fuego y malas intenciones.
Cuando las puertas del ascensor se han cerrado, Brian resopla largamente y cruza el rellano del sexto piso. Llama a la puerta de Annie y espera pacientemente, fastidiado. Se siente en el deber de darle explicaciones, por alguna razón. Se cruza de brazos, apoyado en el marco de la puerta, mirando al suelo. Cuando la chica de ojos verdes abre la puerta, se le queda mirando en silencio, expectante, de una manera que Gates no sabe descifrar. Se apresura a hablar, agobiado -Escucha, Annie. Siento lo de antes. Ella y yo no tenemos nada que ver, y siento que haya sido tan brusca y te haya hecho sentir incómoda… Siempre es así, pero no es mala chica…-
Ana suspira y baja la mirada, sacudiendo la cabeza ligeramente. Después chasquea la lengua y alza la mirada de nuevo, clavándola en los ojos de Brian, ahora más oscuros que nunca. Habla en un susurro, sin querer llamar la atención del resto de vecinos -No... No pasa nada. Simplemente es que me he sentido un poco incómoda y- Se encoge de hombros -Sentí que no pintaba nada allí…-
Frunce el ceño y resopla, en una mezcla de rabia e indignación hacia la chica que acaba de irse -Tú no tenías que…- Chasquea la lengua y suspira, mirándola de fijo -Ella tampoco es de mis visitas favoritas…- Un ladrido hace a Brian volverse y mirar su puerta abierta. Pinkly les mira moviendo la cola frenéticamente, sacando la lengua y jadeando en un gesto más que simpático. Gates enarca una ceja y murmura, mirando al animalito -Entra en casa…- Pinkly obedece como si le entendiera, volviéndose y entrando al salón. El chico de pelo negro azabache mira a Annie y suspira -A los vecinos no les gusta que pasee por las zonas comunes. Algunos son un poquito escrupulosos de más.- Clava la mirada en el suelo por una décima de segundo, otra vez recuperando su habitual nerviosismo, caminando de nuevo hacia su casa -Te veo ésta noche en el Dingo, ¿sí?-
Ana suspira y asiente, apoyada en el marco de la puerta y observándole mientras camina hacia su casa. Habla en el mismo tono, apagada, cansada -Sí.... Si no me sube la fiebre sí.- Chasquea la lengua, encogiéndose de hombros. -Estoy resfriada, espero no contagiarte…-
Él sonríe tímidamente sin volverse, y murmura -Sobreviviré, seguro… Cuídate, Annie.- Antes de cerrar la puerta, le dedica otra de esas sonrisas misteriosas que parecen llevar su marca, y cuando cierra suspira largamente. Agarra el teléfono móvil y marca el número de Dean, escuchando la señal mientras cruza el salón y se sienta de nuevo frente a los documentos, apoyados sobre la mesa de café como esperando a ser resueltos. Cuando escucha el saludo de su jefe al otro lado de la línea, habla sin devolvérselo, bastante molesto -¿Cómo que “el inventario para el jueves”? Estamos a martes, Dean. Martes. No me da tiempo a hacer todos éstos pedidos.- Resopla, indignado, a sabiendas de que Dean conoce bien la relación tan turbia y cambiante que hay entre su sobrina y Brian -¿Y por qué me mandas a Cynthia en modo dictatorial? ¿No puedes venir tú en vez de mandar a tu sobrina para que me hable como a un becario principiante…?-
El hombre de ojos resopla y pone los ojos en blanco al otro lado del teléfono. Está sentado, como siempre, en su escritorio y al escuchar las quejas de Brian se frota las sienes con gesto cansado -Oye, oye, Gates, relájate, ¿quieres? Recuerda que por mucha confianza que haya, yo sigo siendo tu jefe y me debes un respeto. Si te he mandado a Cynthia es porque, aparte de que me dio la gana, estoy muy liado con el papeleo, repartiendo el dinero, pagando a proveedores y todo eso. Porque supongo que este mes quieres cobrar, ¿No es así...?- Bosteza -Mira, tío, cúrratelo. Cúrratelo y puede que incluso te suba el sueldo. Si no quieres venir a trabajar por quedarte en casa haciendo inventario, tienes mi permiso para faltar. Pero yo he dicho que quiero eso para el jueves y lo quiero para el jueves. ¿Está claro…?-
El chico se lleva una mano al pelo negrísimo, peinándoselo con un gesto resuelto y cansado. Suspira con pura resignación y habla cerrando los ojos. -Me voy a quedar en casa. Con todo lo que hay que encargar tardaré mucho, mucho en contactar con todos los proveedores para confirmar que manden otro de los pedidos mensuales que hacemos.- Abre los ojos y clava la mirada en el reloj que corona la estancia.- Acaban de dar las diez y media de la mañana. -De cualquier manera, no te preocupes. Tengo los números de teléfono que necesito, no voy a darte la brasa con llamadas. Eso sí, deja que te pida un favor.- Resopla largamente -No dejéis que Jamie vuelva a entrar en el bar después del numerito que montó con Ana el fin de semana pasado. En serio. No sé hasta qué punto tengo potestad para decidir sobre quién entra y quién sale del Red Dingo, pero si vuelvo a ver a ese bastardo dentro del local, te juro que no vas a volver a verme entre la plantilla, Dean…- Aun cuando recuerda lo que pasó, siente que le hierve la sangre. Jamie poniéndole las manos encima a Ana, que apenas sabía cómo reaccionar, congelada e indefensa…
Al otro lado del teléfono se oye un suspiro y Dean asiente, resignado -Está bien, está bien. Yo me encargaré de vigilar y cuidar a tu protegida mientras no estés. No te preocupes, ángel de la guarda, no le pasará nada mientras esté bajo nuestra protección...- Suspira de nuevo -Bueno, entonces te veo... El viernes.- Chasquea la lengua -Quédate con eso, yo debo dejarte, tengo mucho trabajo… Si necesitas algo no dudes en llamarme, ya sabes.-
Cinco minutos después de colgar el teléfono, Gates se planta en la ducha. Otra vez. La mañana ha empezado mucho más fuerte de lo que pensaba que empezaría, aunque al final de alguna manera se haya torcido todo. Cynthia y su habilidad para aparecer en los momentos más inoportunos, y su eterno pensamiento posesivo hacia él. Lo cierto es que la chica de pelo negro parece tener cierto complejo de posesión con Brian, como si sintiera que lo tiene ahí para todo en cualquier momento, y que él jamás va a negarse a nada de lo que ella le pida. En cuanto al chico de ojos oscuros, huelga decir que solo la encuentra soportable cuando está desnuda, y que está aprendiendo a lidiar con esa manía de Cynthia de considerarlo suyo y fácilmente domesticable. Bien es cierto que Gates se revela de maneras muy bruscas y poco respetuosas con ella cuando se pasa de confianza como ha hecho esa misma tarde, pero también es verdad que Cynthia disfruta amansándolo como a una bestia furiosa que acaba convirtiéndose en un simple gato tras un par de caricias, como si encontrara incitantemente entretenidos los desencuentros con el chico de ojos oscuros. Ella es la única razón por la que perdió a la que fue la única chica que le quiso de verdad, y es algo que aún queda en su conciencia como un punzón despiadado de remordimiento. “Jinny, Jinny, Jinny…”.
Entra en la ducha y deja que el agua caliente se lleve por un rato sus preocupaciones, y el perfume de Ana aún pegado a su cuerpo. Ojalá hubiera una manera de no quitárselo jamás de encima. El simple hecho de pensar en la chica de ojos verdes le hace perder la cabeza y sonreír por dentro como un gilipollas. Cuando sale de la ducha, frente al espejo, se mira una por una las marcas moradas que decoran su cuello. Ojalá hubiera una manera de no quitárselas jamás de encima, se repite. Se siente cansado, y no del todo bien, pero posiblemente sea la mejor mañana de su vida, y recordarla momento a momento hace que algunos escalofríos recorran su espalda…
La mañana va pasando y sin mucha novedad. Ahora, tras acabar de comer, Brian está sentado en el sofá del salón vistiendo sus característicos pantalones negros de raso como única prenda. Tiene los pies descalzos posados sobre la mesilla y en sus manos contiene la enorme lista que esa misma mañana le entregó Cynthia. No irá a trabajar, así que tiene toda la tarde y toda la noche para encargarse del inventario y el día siguiente también será como este, así que no tiene que darse prisa necesariamente. Matt se marchó hace rato alegando que quería ayudar a Dean a abrir, pero esa actitud tan generosa en él es bastante extraña, por lo que el chico de ojos oscuros entiende que seguramente haya quedado con alguna de las chicas para tomarse algo antes de entrar a trabajar... Ahora que está más relajado y en silencio que nunca, suspira y rodea el salón con la mirada. La ventana que da a la calle está abierta y deja entrar una brisa que la verdad, se agradece. Uno de esos días de calor insoportable azota Los Ángeles, y se hace realmente pesado a veces. Deja la lista a su lado, suspira profundamente y reclina la cabeza hacia atrás en el sofá, cerrando los ojos y dejando que la suave brisa lo envuelva por completo. En ese momento se acuerda de Ana y se pregunta qué estará haciendo. Está seguro de que sigue en su casa porque no ha oído la puerta cerrarse, pero tal vez ir a verla para saber cómo está sea algo inoportuno después del momento de tensión que vivieron horas antes…
Anda inmerso en el papeleo, en las llamadas de teléfono que hace a cada rato para contactar con los proveedores, pero pronto sale de su ensimismamiento a la fuerza, debido a que el timbre suena brevemente. Suspira profundo y se levanta, más cansado de lo normal. No, a decir verdad no se siente nada bien. Camina hacia la puerta y abre sin echarle siquiera un vistazo a la mirilla. Cuando ve a Ana en la puerta, no puede evitar sonreír tímidamente, y enlazar rápidamente el motivo de la visita. La chica de ojos verdes olvidó su chaqueta sobre el sillón por culpa de lo apresurado de su ida. Suspira y chasquea la lengua, observando sus ojos apagados y su piel más pálida de lo habitual, una señal inequívoca de la fiebre. Se hace a un lado de la puerta y habla en un tono bajo -Menuda carita, Ana…-
Ella suspira y entra en la casa, con la mirada en el suelo. Cuando Brian cierra la puerta, se gira y le mira, forzando una media sonrisa y hablando cansada -Vengo… Vengo a por la chaqueta. Se me quedó aquí antes…-
Gates fija sus ojos oscurísimos en la chaqueta, se acerca al sillón y, antes de coger la prenda, se vuelve y la mira con curiosidad, sintiéndose por un momento tan febril como ella -De cualquier manera, ¿por qué no te quedas? Voy a pasarme toda la noche y lo que falta de día solo, y ya no voy a trabajar más por hoy- Se encoge de hombros -Puestos a pasar el día enfermos, por lo menos no lo pasamos solos…-
Ella suspira y le mira a los ojos con timidez, hablando insegura -¿Seguro que no molesto?- Se encoge de hombros -Tal vez estás ocupado y yo vengo a importunar…-
Gates ríe sin ganas y sacude la cabeza -Nada de eso. Vamos, quédate. No quiero pasarme un minuto más delante de esos papeles porque me voy a volver loco- Se sienta en el sillón y se enciende un cigarrillo que descansaba sobre los informes. Cierra el mechero zippo de Jack Daniels con el pulgar tras haberle dado uso, y aspira el humo profunda y lentamente, recogiendo con rapidez los papeles para devolverlos a su carpeta. Alza sus ojos color chocolate negro y los clava en los de ella, cargado de decisión y de ese buen humor enmascarado con seriedad que tanto relaja los nervios de Ana -Así puedo devolverte el café de una condenada vez, y quién sabe,- Se encoge de hombros y ríe por lo bajo -a lo mejor encontramos algún motivo de peso para celebrar una cena en condiciones...-
Annie ríe y sacude la cabeza. Camina hacia el sofá y se sienta cerca de él. Muy cerca. Quizás demasiado cerca, pero de forma totalmente inconsciente. Se quedan mirándose unos segundos a los ojos. Unos segundos largos, agónicos e interminables en los que los labios de Brian se encuentran a milímetros de los de la chica de ojos verdes. Gates, que tenía la mirada puesta en sus labios, la alza hacia sus ojos y después vuelve a bajarla, soltando el humo lentamente por la boca contra los rosados y carnosísimos labios de ella, en un gesto que a Ana le corta la respiración. Desde donde está, la chica de ojos verdes puede ver con todo detalle las marcas moradas que ella misma dejó en el cuello de Brian hace no mucho, mientras perdían juntos la cabeza en el ascensor. Nunca las había visto de ese modo, pero desde que Gates le habló sobre ellas, ahora le parecen realmente bonitas. Sobre sus hombros pueden apreciarse, si uno se fija con mucha atención, las tímidas marcas de sus propias uñas contra la piel del chico de pelo tan negro como la más negra de las noches. Él tiene la mirada fija en sus labios aún, y aunque lucha por salir de ahí y por alejar todas las tentaciones de él, no puede negar que mataría por poder volver a maltratarlos de la manera más dulce posible…
Ana baja la mirada hacia sus labios y suspira agónicamente, mordiéndose el labio inferior. Brian se acerca a ella aún más hasta tal punto que apenas puede correr el aire entre ellos. Apoya su frente contra la de ella y sin apartar la mirada donde la tiene, hace amago de besarla pero sin llegar a hacerlo, alargando aún más el sufrimiento de la chica de ojos verdes, que empieza a encontrar divertido a la par que excitante ese juego que se traen entre los dos. Él sonríe de medio lado por unos segundos y pasea por su mejilla derecha con los dedos en una suave caricia. Pálida, con esos ojos enormes y verdes cargados de luz a pesar de que ahora se encuentran inusitadamente apagados, esas facciones suaves que le dan un aspecto adorablemente inocente. Posiblemente no haya visto nada tan bonito como ella aún, como la chica de Texas que le trae de cabeza. Habla bajando el tono de voz, peligrosamente cerca de ella y de su boca -Sé que esto no está bien, Ana…-
Ana traga saliva y sin darle tiempo a seguir hablando, le muerde el labio inferior, tirando de él con suavidad para después soltarlo y mirarle a los ojos, hablando en un susurro -Deberíamos dejar de hacerlo…-
"Es tu amiga, es tu vecina, es tu compañera de trabajo, Brian...". La besa con fiereza y sin prisas mientras se repite mentalmente y sin parar su pensamiento de antes. A decir verdad, a esa hilera habría que añadirle un "y mi absoluta perdición". Ni siquiera sabe si todo ésto le hace feliz. Ahora ya sabe que la necesita, pero también sabe que ella tiene a alguien allá en Texas, alguien que la espera y que probablemente se preocupa por ella a diario. Y él está ahí, metido en medio, liándolo todo. Por supuesto que deberían dejar de hacer eso, y sería mucho más fácil si no sintiera las caricias que Ana deja sobre su piel como bendito fuego. "Brian, para ésto. No la conviertas en alguien parecido a ti...".
Los pensamientos empiezan a atormentarlo. Tal vez demasiado. El chico de ojos oscuros resopla y deja de besarla, cerrando los ojos con fuerza y maldiciéndose a sí mismo en sus adentros. Ana sonríe y le acaricia la mejilla, mirándole casi con adoración, una mirada a la que él no corresponde. ¿Que si se siente mal? Por supuesto que no. Hace bastante que no echa de menos a Charlie, o al menos no como debería. Tal vez no, desde que conoció al chico que ahora mismo está sentado a su lado y que acaba de comerle la boca de la forma más brutal y tierna posible…
La mira y chasquea la lengua, cargado de remordimientos -Annie, escucha, yo… No quiero ser una traba para ti cuando todo vuelva a la normalidad y...- Frunce el ceño, baja la mirada y murmura –Olvídalo, ¿sabes? Espera aquí.- Se levanta del sillón y entra en la cocina. Ana se queda por unos minutos sola con Pinkly y con el ruido de una televisión a la que no presta ni un poco de su atención. De algún modo es divertido ver a Brian tan nervioso y tan cuidadoso, como si no quisiera dar un mal paso, como si temiera asustarla o algo parecido. Debajo de ese aspecto tan imponente y adorablemente salvaje parece haber mucho más.
La perrita blanca se sube al sofá de un salto y Ana sonríe, mirándola con curiosidad. La acurruca entre sus brazos, agarra una manta y se arropa con ella, arropando a Pinkly también. Se tumba en el sofá mirando la televisión y suspira mientras a través del cristal de la puerta de la cocina puede ver a Brian.
Cuando el chico de ojos oscuros vuelve, lo hace con un par de enormes tazones humeantes de chocolate en una bandeja. Deja la bandeja en la mesita de café y mira al sillón sin poder evitar echarse a reír por la imagen. Le pega otra calada al cigarrillo y habla sin perder la sonrisa, dejando que todo el espeso humo se deslice entre sus finos labios -Suele huir de las visitas. Es curioso que le caigas bien tan pronto…- Devuelve la mirada a la bandeja y se encoge de hombros -Y ésto… No es café, desde luego, pero me acabo de dar cuenta de que no quedaba…- Le pega un trago al tazón de chocolate y cuando vuelve a dejarlo sobre la mesa. Ana comienza a reír con malicia por lo bajo, entre carcajadas que parecen estar dedicadas a él. Enarca una ceja sin entender a qué viene tanta risa, y sale de dudas en cuanto pasa la lengua por el labio superior. Tiene un bigote enorme hecho de chocolate. Habla entre risas, limpiándose con una servilleta -Eres peor que una niña pequeña, Annie...-
Ese es el principio de la que acaba siendo la mejor tarde que la inusual pareja de amigos recuerda en muchos, muchos meses. Beben chocolate, ríen como idiotas por cualquier cosa, comentan entre risas la bajísima calidad de una de esas películas tópicas sobre adolescentes de universidad, hablan hasta cansarse, terminan el inventario juntos en poco más de una hora, se toman un par de chupitos de whiskey e incluso Brian, tras pedirle e insistirle a la chica volver a cantar American Pie, lo consigue. Saca la guitarra y arranca de ella con maestría los acordes de la canción, y Ana, sentada a su lado con la cabeza apoyada en su hombro, empujada por la fiebre, la chispa de alcohol y el buen rollo que ha empezado a inundarlo todo, canta con los ojos cerrados. Brian no puede parar de sonreír, y siente que lo sacuden escalofríos cada vez que Annie acomete otro verso con su voz...
Cuando termina la canción, Brian suspira y se queda en silencio, al igual que Annie. Ella tiene los ojos cerrados y continúa en la misma postura, con una leve sonrisa dibujada en sus labios. Gates suspira de nuevo, la mira y sonríe, colocándole un mechón de pelo tras la oreja. La chica de ojos verdes se acurruca a su lado y él le besa el pelo, apoyándose contra ella y cerrando también los ojos. Habla en un susurro, sin abrir sus oscuros ojos, sin moverse de la postura que ahora le resulta la más cómoda del mundo -Algún día harás famosa esa voz. Seguro. Todo ese talento tendrá que salir a la luz algún día...-
Ella sonríe nostálgicamente y suspira, hablando en el mismo tono -Eso espero, de veras... Es para lo que he venido aquí al fin y al cabo...-
Gates le revuelve el pelo con cariño, brindándole esa protección de siempre. A decir verdad, él parece haberla protegido desde la primera vez que la vio, desde la primera mirada. Ni siquiera Charlie está preocupándose tanto por ella ahora como está haciendo su nuevo amigo, y eso es realmente desconcertante para Ana. La chica de ojos verdes le dedica una mirada de soslayo a Brian, que ahora ha vuelto a cerrar los ojos y se mantiene más que relajado, dejando que su inmenso pecho suba y baje acompasadamente. Los dos están cansados por culpa de la fiebre, pero no quieren quedarse dormidos. Eso significaría perderse minutos con el otro. Quizás el juego se les haya ido un poco de las manos...
Ana sonríe y, antes de darle tiempo a abrir los ojos, le besa en los labios lentamente, con suavidad y con cuidado, como si sintiera que si lo hace demasiado fuerte toda la calma que ahora los rodea pudiese desaparecer. Habla en un susurro, entrelazando sus dedos con los de él -¿Quieres que me vaya ya...? Debes de estar cansado…- Annie parece una especie de ninfa traviesa, con ese pelo ondulado tan largo, esos ojos intensamente verdes y esa piel tan pálida, sentada al lado de Brian y mirándolo con curiosidad y preocupación, pero también con ganas de echarse a reír y tirarse en sus fuertes brazos llenos de trazos de tinta bajo la piel. Gates abre los ojos despacio, le coloca un mechón de pelo desordenado tras la oreja, sacude la cabeza y susurra, con una de sus medias sonrisas -No, Texas, no quiero que te vayas. Quiero que te quedes conmigo ésta noche…-
La sonrisa de Ana se amplía al oír esas últimas palabras. '' No, Texas, no quiero que te vayas. Quiero que te quedes conmigo ésta noche... '' Se acurruca entre sus brazos y se arropa con la manta, arropándole a él también. Cierra los ojos y habla en un susurro, ahora que el salón se ha quedado en silencio -¿Vamos a dormir aquí…?-
Gates frunce el ceño y ríe, quitándose de encima la manta -Por supuesto que no, no voy a dejar que duermas en un sillón. Eso dejaría mucho que desear por mi parte.- Le tiende la mano con una sonrisa cansada y los ojos brillantes por culpa de la fiebre. Ella agarra su mano y camina tras él, que va apagando luces conforme avanza hacia el pasillo. Avanzan a ciegas unos cuantos metros hasta que finalmente dan a parar a la habitación de Brian, que queda frente a la de Matt. La chica de ojos verdes dirige una mirada rápida a la puerta de la habitación de Shadows y sonríe levemente. Cuántas horas se ha pasado mirando por esa habitación para poder ver al chico que ahora mismo la tiene agarrada de la mano y se la lleva a su cama...
La habitación del chico de ojos oscuros no es nada del otro mundo. Lo cierto es que es la estancia no pega nada con su dueño. Está pintada de un color crema muy claro, y apenas está decorada, ni siquiera con cuadros. Es bastante espaciosa, con un gran baño propio, y tiene un ventanal enorme con balcón que ofrece la vista de la enorme calle en la que está ubicado. Tiene una cama de matrimonio más grande de lo normal, y eso le hace a Annie preguntarse si hasta hace poco la ha estado compartiendo con alguien. Todo en esa habitación parece irónicamente pensado para dos personas. El chico de ojos oscuros se lleva las manos a la cintura y habla, colocado tras Ana, que curiosea la habitación con sus enormes ojos verdes, como si adivinara en lo que está pensando en ese momento -Antes tenía más decoración, pero hubo… Que quitarla.- Suspira y sonríe tristemente de medio lado -Supongo que algún día me dará por llenarla un poco más.-
Ana se gira, le mira y sin pensárselo dos veces, lanza una pregunta que hace que a Brian se le revuelvan las tripas. Ese sí que es un defecto que tiene la chica de ojos verdes, que a veces es demasiado directa... -¿Y qué sucedió con esa decoración...?-
Brian parece perder brillo en los ojos por segundos, baja la mirada al suelo y habla, adquiriendo una seriedad nostálgica que estruja el corazón de Annie -Mi ex se la llevó de aquí, igual que otras mil cosas más.- Se encoge de hombros, suspira y clava sus ojos oscuros en Annie, esbozando una media sonrisa triste y bajando el tono de voz -Cosas que pasan, claro...-
Ella baja la mirada al suelo, suspira y asiente, desanimada. Después vuelve a mirarle pero esta vez lo hace dolida y preocupada, sintiéndose realmente mal al verle así. Habla en un susurro, un susurro que para el chico de ojos oscuros es más que tranquilizador -Lo... Lo siento mucho…-
Brian suspira, frunce el ceño y sonríe sin darle importancia, pero sin dar muestras de ninguna alegría real -Bueno, no pasa nada. Todo se supera. Hay veces en las que se cometen errores, y las cosas se acaban. Las rupturas dan paso a otras etapas de la vida, etapas en las que conoces a mucha y muy buena gente y en las que te rodeas de muy buenas compañías.- Un brillo en sus ojos color chocolate negro le dejan bien claro que se refiere a ella misma. ¿A quién si no? Cruza la habitación vestido con esos pantalones de raso negro que revolotean con cada imponente paso que da, como si la tela bailara a su son. Mientras abre el enorme ventanal, la espalda de Brian se convierte por unos segundos en el epicentro de la atención de la chica de ojos verdes. Está insultantemente bien definida, y luce sus pequeñas marcas de uña hechas por ella misma hace algunas horas, durante un viaje en ascensor que se alargó más de lo debido. Le añadiría bastante más arañazos a la espalda de su peculiar vecino, por supuesto que sí...
Ana suspira y tras rodear la habitación con la mirada una última vez, se acerca al interruptor y apaga la luz. La estancia se queda a oscuras, iluminada solo por la luz de la luna que entra a chorros por el enorme ventanal ahora que Brian ha descorrido las cortinas. La chica de ojos verdes clava su mirada felina en él y habla en su mismo tono, sonando relajada y tranquila. La semioscuridad de la habitación se refleja en su piel pálida y en sus ojos verdes, dándole un aspecto angelical -Espero que las cosas mejoren entonces ahora que te has alejado de esos problemas, Brian…-
El chico de pelo negrísimo se aparta del balcón y camina hacia la cama con una sonrisa de esas que llevan su marca, esas sonrisas que parecen llevarse toda la malicia y la seriedad de su cara de rasgos tremendamente finos y aniñados. Se sienta en la cama, apoyando la espalda en el cabecero y flexionando las piernas y fijando su oscurísima mirada en ella. Habla, y lo hace con esa capacidad suya para hacer sonar su voz como un jugueteo suave y melodioso de palabras lentas que retumban en los tímpanos de Annie –No importa cuánto tiempo pase. Soy un imán para los problemas, pero, a pesar de todo, las cosas empezaron a mejorar desde el día en que me mandaste a la mierda a la salida del Red Dingo.- Ríe por lo bajo -Fuiste tremendamente poco sutil para lo tímida y perdida que parecías. Bueno, supongo que no podías quedarte callada…y no es para menos. Fue la estupidez más grande que he hecho jamás. Tendrías que haberme partido la cara, Annie...- Le hace un gesto con la mano sin perder la sonrisa, golpeando con la palma en el colchón, junto a él, invitándola a ocupar su cama cuanto antes. Otra vez ella y esa apariencia de ángel felino que le hacen querer perder la cabeza. Sin borrar la sonrisa, la chica de ojos verdes se aproxima a la cama. Se sienta y se coloca a su lado, imitando su postura con la espalda apoyada en el cabecero y las piernas encogidas. Se quedan mirándose largamente en la casi total oscuridad y el silencio que ahora reina en la habitación los envuelve. Ella le aparta un mechón de pelo negro azabache de la cara, y lo hace casi como su fuera su hermana mayor, en un gesto cargado de cariño. Gates habla sin dejar de mirarla, pero ahora lo hace en un susurro, diciendo algo que hace sonreír tímidamente a Ana -Eres lo mejor que hay ahora mismo en ésta ciudad, al menos para mí. Le das sentido a más cosas de las que piensas, y no me gustaría que te fueras nunca de aquí… Me he acostumbrado a tu compañía y creo que es la mejor que he tenido en mucho, mucho tiempo. No quiero perderla.- Ríe y baja la mirada, sacudiendo la cabeza -Debo de estar sonando como un psicótico…-
Ana reclina hacia atrás la cabeza, la apoya en el cabecero de la cama y ríe, mirándole y asintiendo para después hablar en un susurro sin dejar de reírse -Sí, has sonado como un completo psicótico...- Suspira y se encoge de hombros sin apartarle la mirada, convirtiendo su silenciosa carcajada en una sonrisa divertida a la par que adorable -Pero supongo que lo que has dicho es... mutuo.- Asiente -Me he acostumbrado a estar contigo y no sé por qué razón cuando te tengo cerca me siento mucho más...segura.- Ríe, sacudiendo la cabeza -No, déjalo. No sé. Quizás sea que... Estoy demasiado sola en esta ciudad…-
Él suspira sonoramente, pierde la mirada en la pared de en frente y susurra sin poder borrar una media sonrisa débil -Quizás, pero eso pasará antes de lo que crees, y harás mil amigos, mil amigas…- Ríe y la mira, clavando sus ojos oscuros en ella de nuevo -Y acabarás saliendo todas las noches de fiesta a un montón de sitios diferentes. Te acostumbrarás a esto, y cuando lo hagas, no querrás tener que irte jamás. Los Ángeles es como un imán. Yo he intentado irme muchas veces, pero siempre acabo de vuelta…-
La chica suspira y se le queda mirando atentamente, con una media sonrisa. Después baja la mirada y sacude la cabeza, colocándose un mechón de pelo tras la oreja -No sé, yo echo mucho de menos a los míos... Una gran parte de mí se ha quedado allí...- Suspira de nuevo y desvía la mirada a la ventana -Con ellos...-
Gates deja que sus ojos oscurísimos se pierdan de nuevo en el vacío, mirando de frente. Habla en un murmullo, perdiendo la sonrisa como si lo asaltaran pensamientos tan oscuros como su pelo -Mi padre siempre decía que uno debe estar con los suyos, y que la familia es lo que más importa de todo lo que tenemos. Lo cierto es que… Tenía razón- Suspira profundamente y cierra los ojos, dando de nuevo esa apariencia de demonio dormido. Susurra sin cambiar de posición, bajando mucho más el tono de su voz -Nunca descuides a tu familia, Ana. Jamás te separes de la gente que te quiere, por muy lejos que estés de ellos…-
Ella suspira y le mira con atención. Una mezcla aplastante de atención y lástima -Yo… Lo siento si te he hecho hablar de algo que no querías, en serio- Sacude la cabeza y le coloca un mechón de pelo tras la oreja, con ternura -Dejemos el tema, ¿Vale? Yo tampoco quiero ponerme melodramática...- Sonríe de medio lado sin muchas ganas.
A decir verdad, la chica jamás ha escuchado a Brian hablar de sus padres. Nunca. No es que se haya presentado la ocasión para hablar del tema demasiadas veces, pero de cualquier manera, en una de esas veces en las que Annie se arrancaba a hablar de Texas y hablaba de su casa y de su familia, él parecía perder ese brillo tan característico suyo en los ojos, y aunque ella no alcanzaba adivinar por qué, optaba por cambiar de conversación para hacerle sentir algo más cómodo. Quizás cuando haya más confianza preguntará sin tapujos sobre eso…
Gates abre la cama y se mete en ella, tumbado de lado y mirando a Annie. Frunce el ceño y sonríe en un suspiro -Conseguirás dinero, y podrás ir a visitarles cuando quieras…- Los mechones de pelo negro le caen salvajes y desordenados sobre la cara, dándole un aspecto realmente curioso. Susurra, dándole a su voz un tono cansado -No sé si es por la fiebre, pero no tengo sueño. Nada en absoluto...-
Annie le mira, sonríe, sacude la cabeza y suspira para después meterse en la cama a su lado. Se tumba boca arriba, apoya la cabeza en la almohada y le mira con una leve y apenas perceptible sonrisa, hablando en un susurro mientras pasea dos dedos por el pecho desnudo de Brian, distrayéndose a sí misma -Sí, tal vez sea la fiebre...
Él le mantiene la mirada tan intensamente que duele, pero lo hace con aires de sobreprotección, con esa sensación que le invade cuando está con ella, sin perder una sonrisa tierna. Las caricias de sus dedos le hacen sentir un escalofrío, y le hacen querer volver a hacerla suya, una y otra y otra vez. Susurra casi inaudiblemente, sin apartarle la mirada -Posiblemente.- Ríe y suspira -Pero podría ser mucho peor.- Estira una mano hacia ella y se la planta en la frente con cuidado. Sigue teniendo fiebre -Tú tampoco es que estés genial…-
La sonrisa de Annie se amplía, pero no le aparta la mirada de los ojos. Suelta una risilla por lo bajo y suspira, hablando en el mismo tono -Lo sé...- Se encoge de hombros -¿Sabes? En cierto modo me alegro. Si no ahora mismo estaría trabajando y créeme si digo que no cambiaría esto por nada…-
Brian ríe y cierra los ojos, dejándose arrullar por las caricias de la chica. Se pregunta qué le ha pasado en todo éste tiempo. Nunca le han gustado éste tipo de momentos, siempre se ha coronado como el cabrón más frío de entre toda la gente que conoce. Ni siquiera le gustaba que Jinny, a la que de alguna manera consideraba su amor verdadero y único, le hiciera ese tipo de cosas, y ella siempre se quejaba. Le decía que era igual de afectivo que una piedra del suelo, y él se reía. Ella no. Ella suspiraba y abandonaba sus propósitos de intentar darle un poco de cariño fuera de los juegos de cama, y maldecía en silencio su suerte, y se sentía bastante desgraciada. Brian no empezó a pensar en ese fallo suyo hasta después de la ruptura, y… Y ahora está ahí, dejándose querer por una chica que no pasa de ser su amiga, con la que lleva un día un tanto tumultuoso. Y se siente bien. Se siente como pocas veces en su vida, y eso le extraña. Susurra, sin abrir esos ojos color chocolate negro hirviendo -Yo tampoco, Ana. Yo tampoco…-
Ella sonríe y, con la cabeza apoyada en la almohada y tumbada boca arriba, deja que Brian se apoye en su pecho mientras ella le acaricia el pelo y la mejilla con delicadeza y suavidad, como si en vez de su mano se tratase del tacto de una pluma que cae despacio sobre un charco de agua. Gates mantiene los ojos cerrados y suspira dejando que una sonrisa apenas perceptible se le dibuje en los labios y, conforme van aumentando las caricias por parte de la chica de ojos verdes, llega un momento en el que es el propio Gates quien busca sus caricias, como si lo que realmente buscase fuese no solo su cariño sino también su protección. Como si con la mirada y los gestos le pidiera por favor que no le dejara solo, pues ella es la única persona que realmente le ha dado cariño en muchísimo tiempo, y eso que apenas se conocen desde hace un par de semanas.... Cuando Ana se da cuenta de lo relajado que está Brian, le mira y amplía su sonrisa, inclinándose sobre sus labios para besarle levemente, sin querer romper su calma.
Y como si su particular ángel de ojos verdes tuviera la capacidad de infundirle toda la tranquilidad que necesitaba, se queda dormido prácticamente en sus brazos, sobre su pecho, escuchándola respirar y latir, y ella acaba quedándose dormida poco después, dando por terminado un día que aún ambos no sabrían bien cómo explicar. Todo ha sido demasiado extraño, demasiado cercano, demasiado impulsivo y demasiado cálido…
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Hace ya casi una semana desde ese sábado. Desde entonces la gripe ha ido remitiendo en ambos muchachos y, como era de esperar, han seguido reuniéndose casi a diario para gran variedad de cosas. Desde ver películas hasta reír con cosas sin sentido, salir a pasear o hablar sobre el trabajo mientras disfrutan de uno de los deliciosos almuerzos de la cafetería de Amber. Hoy, jueves, es el día en que Dean le pidió a Gates que terminase el inventario que ha ido completando poco a poco a lo largo de la semana y, como siempre, a las ocho en punto de la noche el chico de ojos oscuros se planta en el Red Dingo junto con Matt y su jefe, comentándole las novedades y ayudando a abrir antes de que lleguen los primeros clientes, las chicas y Annie, que ha avisado de que llegará enseguida, pues está terminando de arreglarse en su casa. Es su tercer día de trabajo ahí y pese a que al público le ha caído bastante bien, los nervios siguen comiéndosela cada vez que mira hacia la barra...
Matt, durante todo éste tiempo, cuando habla con Brian se refiere cabronamente a Ana como “tu novia”, a sabiendas de que el chico de ojos oscuros siempre pone los ojos en blanco y lo niega. A sus ojos, solamente siguen siendo buenos amigos, sin más. Gates, Matt y Dean están metidos en el almacén, y el chico de pelo negro azabache mantiene la lista en la mano y va señalando toda la compra que llegó ésta mañana en los camiones y ahora está ordenada en los estantes -Todo el whiskey, bourbon, tenessee y escocés, el vodka, ron, ginebra, tequila, licores, cerveza, vino, champagne, absenta… Y todas las mezclas por allí- Se encoge de hombros y mira a su jefe, que tiene la mirada clavada en el enorme cargamento. De cada tipo de bebida debe de haber unas diez marcas diferentes -Y creo que está todo. Ya puedes subirme el sueldo, o comprarme un descapotable.- Le pone la lista en la mano y se enciende un cigarrillo, pegándole una calada profunda. Matt se pasea curioseando las botellas nuevas, mirando las etiquetas y probando alguna que otra bajo la mirada de reproche de Dean. El legendario jefe del Red Dingo se queda pensativo unos largos segundos y después planta las palmas de las manos sobre la mesa, suspira y se encoge de hombros, clavando su mirada en Brian y asintiendo conforme, apretando los labios en una línea -Perfecto. Buen trabajo, Brian.- Se levanta, estirándose la chaqueta de su carísimo traje -Ahora...- Lanza una mirada rápida a las botellas para después devolverla a los chicos -Ahora id ordenando todo esto en las neveras, rápido. Vamos a abrir en cuarenta minutos y necesitamos hasta las reservas…-
Gates resopla sonoramente y le hace un gesto con la cabeza a Matt. Instintivamente el chico de ojos verdes se pone a colocar y a llevar bebidas a las neveras que hay bajo la barra, y él hace lo mismo. Por suerte para Brian, hoy le toca barra, y eso le gusta por muchas razones. No tiene que estar metido en la cocina limpiando los vasos que llega lejos de la fiesta y de la música, ni en la puerta haciendo de portero y aguantando a todos los idiotas y las lobas de turno, y además puede ver bien de cerca el espectáculo de las coyotes. Además, siempre tiene alguna excusa para no quedarse hablando con algún o alguna indeseable, y suele ser siempre un “Ey, hablamos luego que tengo que atender a gente”, que funciona a la perfección. Lo cierto es que además tiene muchas, muchas ganas de ver a Ana de nuevo subida a la barra… Se lleva una mano a la espalda al levantarse frente a una de las neveras, después de haber metido una enorme cantidad de botellas, y gruñe por lo bajo, cerrando los ojos en una mueca de dolor que atrae la atención de Matt -Joder…-
Shadows le mira y ríe, sacudiendo la cabeza mientras termina de colocar una botella de Jack en uno de los estantes -¿Qué pasa, Gates...? ¿La ciática...?- Chasquea la lengua y sacude la cabeza con desaprobación, sin borrar una sonrisa socarrona que ahora está plasmada en sus labios -Te haces viejo, tío. Mírate. Tienes veintitrés años y aún sigues a dos velas... Deberías hablarle a tu novia de casaros y tener hijos lo antes posible. Antes de que... Ya sabes, se te pase el arroz- Ríe por lo bajo con malicia, sin querer mirarle a los ojos.
Brian lo fulmina con la mirada y enarca una ceja -No es mi novia, ¿cuántas veces más quieres que te lo repita? Ana ya tiene novio, y yo no quiero una novia ahora. Es una ecuación bien fácil, Sanders, hasta un chulo de gimnasio como tú lo entendería a la primera…- Entra de nuevo al almacén y habla desde ahí dentro, diciendo algo por lo bajo como cargado de resentimiento que hace a Matt arrancarse a reír tapándose la boca para que Brian no le escuche -Y mi arroz está fresquísimo, payaso…-
Ana traga saliva y sin darle tiempo a seguir hablando, le muerde el labio inferior, tirando de él con suavidad para después soltarlo y mirarle a los ojos, hablando en un susurro -Deberíamos dejar de hacerlo…-
"Es tu amiga, es tu vecina, es tu compañera de trabajo, Brian...". La besa con fiereza y sin prisas mientras se repite mentalmente y sin parar su pensamiento de antes. A decir verdad, a esa hilera habría que añadirle un "y mi absoluta perdición". Ni siquiera sabe si todo ésto le hace feliz. Ahora ya sabe que la necesita, pero también sabe que ella tiene a alguien allá en Texas, alguien que la espera y que probablemente se preocupa por ella a diario. Y él está ahí, metido en medio, liándolo todo. Por supuesto que deberían dejar de hacer eso, y sería mucho más fácil si no sintiera las caricias que Ana deja sobre su piel como bendito fuego. "Brian, para ésto. No la conviertas en alguien parecido a ti...".
Los pensamientos empiezan a atormentarlo. Tal vez demasiado. El chico de ojos oscuros resopla y deja de besarla, cerrando los ojos con fuerza y maldiciéndose a sí mismo en sus adentros. Ana sonríe y le acaricia la mejilla, mirándole casi con adoración, una mirada a la que él no corresponde. ¿Que si se siente mal? Por supuesto que no. Hace bastante que no echa de menos a Charlie, o al menos no como debería. Tal vez no, desde que conoció al chico que ahora mismo está sentado a su lado y que acaba de comerle la boca de la forma más brutal y tierna posible…
La mira y chasquea la lengua, cargado de remordimientos -Annie, escucha, yo… No quiero ser una traba para ti cuando todo vuelva a la normalidad y...- Frunce el ceño, baja la mirada y murmura –Olvídalo, ¿sabes? Espera aquí.- Se levanta del sillón y entra en la cocina. Ana se queda por unos minutos sola con Pinkly y con el ruido de una televisión a la que no presta ni un poco de su atención. De algún modo es divertido ver a Brian tan nervioso y tan cuidadoso, como si no quisiera dar un mal paso, como si temiera asustarla o algo parecido. Debajo de ese aspecto tan imponente y adorablemente salvaje parece haber mucho más.
La perrita blanca se sube al sofá de un salto y Ana sonríe, mirándola con curiosidad. La acurruca entre sus brazos, agarra una manta y se arropa con ella, arropando a Pinkly también. Se tumba en el sofá mirando la televisión y suspira mientras a través del cristal de la puerta de la cocina puede ver a Brian.
Cuando el chico de ojos oscuros vuelve, lo hace con un par de enormes tazones humeantes de chocolate en una bandeja. Deja la bandeja en la mesita de café y mira al sillón sin poder evitar echarse a reír por la imagen. Le pega otra calada al cigarrillo y habla sin perder la sonrisa, dejando que todo el espeso humo se deslice entre sus finos labios -Suele huir de las visitas. Es curioso que le caigas bien tan pronto…- Devuelve la mirada a la bandeja y se encoge de hombros -Y ésto… No es café, desde luego, pero me acabo de dar cuenta de que no quedaba…- Le pega un trago al tazón de chocolate y cuando vuelve a dejarlo sobre la mesa. Ana comienza a reír con malicia por lo bajo, entre carcajadas que parecen estar dedicadas a él. Enarca una ceja sin entender a qué viene tanta risa, y sale de dudas en cuanto pasa la lengua por el labio superior. Tiene un bigote enorme hecho de chocolate. Habla entre risas, limpiándose con una servilleta -Eres peor que una niña pequeña, Annie...-
Ese es el principio de la que acaba siendo la mejor tarde que la inusual pareja de amigos recuerda en muchos, muchos meses. Beben chocolate, ríen como idiotas por cualquier cosa, comentan entre risas la bajísima calidad de una de esas películas tópicas sobre adolescentes de universidad, hablan hasta cansarse, terminan el inventario juntos en poco más de una hora, se toman un par de chupitos de whiskey e incluso Brian, tras pedirle e insistirle a la chica volver a cantar American Pie, lo consigue. Saca la guitarra y arranca de ella con maestría los acordes de la canción, y Ana, sentada a su lado con la cabeza apoyada en su hombro, empujada por la fiebre, la chispa de alcohol y el buen rollo que ha empezado a inundarlo todo, canta con los ojos cerrados. Brian no puede parar de sonreír, y siente que lo sacuden escalofríos cada vez que Annie acomete otro verso con su voz...
Cuando termina la canción, Brian suspira y se queda en silencio, al igual que Annie. Ella tiene los ojos cerrados y continúa en la misma postura, con una leve sonrisa dibujada en sus labios. Gates suspira de nuevo, la mira y sonríe, colocándole un mechón de pelo tras la oreja. La chica de ojos verdes se acurruca a su lado y él le besa el pelo, apoyándose contra ella y cerrando también los ojos. Habla en un susurro, sin abrir sus oscuros ojos, sin moverse de la postura que ahora le resulta la más cómoda del mundo -Algún día harás famosa esa voz. Seguro. Todo ese talento tendrá que salir a la luz algún día...-
Ella sonríe nostálgicamente y suspira, hablando en el mismo tono -Eso espero, de veras... Es para lo que he venido aquí al fin y al cabo...-
Gates le revuelve el pelo con cariño, brindándole esa protección de siempre. A decir verdad, él parece haberla protegido desde la primera vez que la vio, desde la primera mirada. Ni siquiera Charlie está preocupándose tanto por ella ahora como está haciendo su nuevo amigo, y eso es realmente desconcertante para Ana. La chica de ojos verdes le dedica una mirada de soslayo a Brian, que ahora ha vuelto a cerrar los ojos y se mantiene más que relajado, dejando que su inmenso pecho suba y baje acompasadamente. Los dos están cansados por culpa de la fiebre, pero no quieren quedarse dormidos. Eso significaría perderse minutos con el otro. Quizás el juego se les haya ido un poco de las manos...
Ana sonríe y, antes de darle tiempo a abrir los ojos, le besa en los labios lentamente, con suavidad y con cuidado, como si sintiera que si lo hace demasiado fuerte toda la calma que ahora los rodea pudiese desaparecer. Habla en un susurro, entrelazando sus dedos con los de él -¿Quieres que me vaya ya...? Debes de estar cansado…- Annie parece una especie de ninfa traviesa, con ese pelo ondulado tan largo, esos ojos intensamente verdes y esa piel tan pálida, sentada al lado de Brian y mirándolo con curiosidad y preocupación, pero también con ganas de echarse a reír y tirarse en sus fuertes brazos llenos de trazos de tinta bajo la piel. Gates abre los ojos despacio, le coloca un mechón de pelo desordenado tras la oreja, sacude la cabeza y susurra, con una de sus medias sonrisas -No, Texas, no quiero que te vayas. Quiero que te quedes conmigo ésta noche…-
La sonrisa de Ana se amplía al oír esas últimas palabras. '' No, Texas, no quiero que te vayas. Quiero que te quedes conmigo ésta noche... '' Se acurruca entre sus brazos y se arropa con la manta, arropándole a él también. Cierra los ojos y habla en un susurro, ahora que el salón se ha quedado en silencio -¿Vamos a dormir aquí…?-
Gates frunce el ceño y ríe, quitándose de encima la manta -Por supuesto que no, no voy a dejar que duermas en un sillón. Eso dejaría mucho que desear por mi parte.- Le tiende la mano con una sonrisa cansada y los ojos brillantes por culpa de la fiebre. Ella agarra su mano y camina tras él, que va apagando luces conforme avanza hacia el pasillo. Avanzan a ciegas unos cuantos metros hasta que finalmente dan a parar a la habitación de Brian, que queda frente a la de Matt. La chica de ojos verdes dirige una mirada rápida a la puerta de la habitación de Shadows y sonríe levemente. Cuántas horas se ha pasado mirando por esa habitación para poder ver al chico que ahora mismo la tiene agarrada de la mano y se la lleva a su cama...
La habitación del chico de ojos oscuros no es nada del otro mundo. Lo cierto es que es la estancia no pega nada con su dueño. Está pintada de un color crema muy claro, y apenas está decorada, ni siquiera con cuadros. Es bastante espaciosa, con un gran baño propio, y tiene un ventanal enorme con balcón que ofrece la vista de la enorme calle en la que está ubicado. Tiene una cama de matrimonio más grande de lo normal, y eso le hace a Annie preguntarse si hasta hace poco la ha estado compartiendo con alguien. Todo en esa habitación parece irónicamente pensado para dos personas. El chico de ojos oscuros se lleva las manos a la cintura y habla, colocado tras Ana, que curiosea la habitación con sus enormes ojos verdes, como si adivinara en lo que está pensando en ese momento -Antes tenía más decoración, pero hubo… Que quitarla.- Suspira y sonríe tristemente de medio lado -Supongo que algún día me dará por llenarla un poco más.-
Ana se gira, le mira y sin pensárselo dos veces, lanza una pregunta que hace que a Brian se le revuelvan las tripas. Ese sí que es un defecto que tiene la chica de ojos verdes, que a veces es demasiado directa... -¿Y qué sucedió con esa decoración...?-
Brian parece perder brillo en los ojos por segundos, baja la mirada al suelo y habla, adquiriendo una seriedad nostálgica que estruja el corazón de Annie -Mi ex se la llevó de aquí, igual que otras mil cosas más.- Se encoge de hombros, suspira y clava sus ojos oscuros en Annie, esbozando una media sonrisa triste y bajando el tono de voz -Cosas que pasan, claro...-
Ella baja la mirada al suelo, suspira y asiente, desanimada. Después vuelve a mirarle pero esta vez lo hace dolida y preocupada, sintiéndose realmente mal al verle así. Habla en un susurro, un susurro que para el chico de ojos oscuros es más que tranquilizador -Lo... Lo siento mucho…-
Brian suspira, frunce el ceño y sonríe sin darle importancia, pero sin dar muestras de ninguna alegría real -Bueno, no pasa nada. Todo se supera. Hay veces en las que se cometen errores, y las cosas se acaban. Las rupturas dan paso a otras etapas de la vida, etapas en las que conoces a mucha y muy buena gente y en las que te rodeas de muy buenas compañías.- Un brillo en sus ojos color chocolate negro le dejan bien claro que se refiere a ella misma. ¿A quién si no? Cruza la habitación vestido con esos pantalones de raso negro que revolotean con cada imponente paso que da, como si la tela bailara a su son. Mientras abre el enorme ventanal, la espalda de Brian se convierte por unos segundos en el epicentro de la atención de la chica de ojos verdes. Está insultantemente bien definida, y luce sus pequeñas marcas de uña hechas por ella misma hace algunas horas, durante un viaje en ascensor que se alargó más de lo debido. Le añadiría bastante más arañazos a la espalda de su peculiar vecino, por supuesto que sí...
Ana suspira y tras rodear la habitación con la mirada una última vez, se acerca al interruptor y apaga la luz. La estancia se queda a oscuras, iluminada solo por la luz de la luna que entra a chorros por el enorme ventanal ahora que Brian ha descorrido las cortinas. La chica de ojos verdes clava su mirada felina en él y habla en su mismo tono, sonando relajada y tranquila. La semioscuridad de la habitación se refleja en su piel pálida y en sus ojos verdes, dándole un aspecto angelical -Espero que las cosas mejoren entonces ahora que te has alejado de esos problemas, Brian…-
El chico de pelo negrísimo se aparta del balcón y camina hacia la cama con una sonrisa de esas que llevan su marca, esas sonrisas que parecen llevarse toda la malicia y la seriedad de su cara de rasgos tremendamente finos y aniñados. Se sienta en la cama, apoyando la espalda en el cabecero y flexionando las piernas y fijando su oscurísima mirada en ella. Habla, y lo hace con esa capacidad suya para hacer sonar su voz como un jugueteo suave y melodioso de palabras lentas que retumban en los tímpanos de Annie –No importa cuánto tiempo pase. Soy un imán para los problemas, pero, a pesar de todo, las cosas empezaron a mejorar desde el día en que me mandaste a la mierda a la salida del Red Dingo.- Ríe por lo bajo -Fuiste tremendamente poco sutil para lo tímida y perdida que parecías. Bueno, supongo que no podías quedarte callada…y no es para menos. Fue la estupidez más grande que he hecho jamás. Tendrías que haberme partido la cara, Annie...- Le hace un gesto con la mano sin perder la sonrisa, golpeando con la palma en el colchón, junto a él, invitándola a ocupar su cama cuanto antes. Otra vez ella y esa apariencia de ángel felino que le hacen querer perder la cabeza. Sin borrar la sonrisa, la chica de ojos verdes se aproxima a la cama. Se sienta y se coloca a su lado, imitando su postura con la espalda apoyada en el cabecero y las piernas encogidas. Se quedan mirándose largamente en la casi total oscuridad y el silencio que ahora reina en la habitación los envuelve. Ella le aparta un mechón de pelo negro azabache de la cara, y lo hace casi como su fuera su hermana mayor, en un gesto cargado de cariño. Gates habla sin dejar de mirarla, pero ahora lo hace en un susurro, diciendo algo que hace sonreír tímidamente a Ana -Eres lo mejor que hay ahora mismo en ésta ciudad, al menos para mí. Le das sentido a más cosas de las que piensas, y no me gustaría que te fueras nunca de aquí… Me he acostumbrado a tu compañía y creo que es la mejor que he tenido en mucho, mucho tiempo. No quiero perderla.- Ríe y baja la mirada, sacudiendo la cabeza -Debo de estar sonando como un psicótico…-
Ana reclina hacia atrás la cabeza, la apoya en el cabecero de la cama y ríe, mirándole y asintiendo para después hablar en un susurro sin dejar de reírse -Sí, has sonado como un completo psicótico...- Suspira y se encoge de hombros sin apartarle la mirada, convirtiendo su silenciosa carcajada en una sonrisa divertida a la par que adorable -Pero supongo que lo que has dicho es... mutuo.- Asiente -Me he acostumbrado a estar contigo y no sé por qué razón cuando te tengo cerca me siento mucho más...segura.- Ríe, sacudiendo la cabeza -No, déjalo. No sé. Quizás sea que... Estoy demasiado sola en esta ciudad…-
Él suspira sonoramente, pierde la mirada en la pared de en frente y susurra sin poder borrar una media sonrisa débil -Quizás, pero eso pasará antes de lo que crees, y harás mil amigos, mil amigas…- Ríe y la mira, clavando sus ojos oscuros en ella de nuevo -Y acabarás saliendo todas las noches de fiesta a un montón de sitios diferentes. Te acostumbrarás a esto, y cuando lo hagas, no querrás tener que irte jamás. Los Ángeles es como un imán. Yo he intentado irme muchas veces, pero siempre acabo de vuelta…-
La chica suspira y se le queda mirando atentamente, con una media sonrisa. Después baja la mirada y sacude la cabeza, colocándose un mechón de pelo tras la oreja -No sé, yo echo mucho de menos a los míos... Una gran parte de mí se ha quedado allí...- Suspira de nuevo y desvía la mirada a la ventana -Con ellos...-
Gates deja que sus ojos oscurísimos se pierdan de nuevo en el vacío, mirando de frente. Habla en un murmullo, perdiendo la sonrisa como si lo asaltaran pensamientos tan oscuros como su pelo -Mi padre siempre decía que uno debe estar con los suyos, y que la familia es lo que más importa de todo lo que tenemos. Lo cierto es que… Tenía razón- Suspira profundamente y cierra los ojos, dando de nuevo esa apariencia de demonio dormido. Susurra sin cambiar de posición, bajando mucho más el tono de su voz -Nunca descuides a tu familia, Ana. Jamás te separes de la gente que te quiere, por muy lejos que estés de ellos…-
Ella suspira y le mira con atención. Una mezcla aplastante de atención y lástima -Yo… Lo siento si te he hecho hablar de algo que no querías, en serio- Sacude la cabeza y le coloca un mechón de pelo tras la oreja, con ternura -Dejemos el tema, ¿Vale? Yo tampoco quiero ponerme melodramática...- Sonríe de medio lado sin muchas ganas.
A decir verdad, la chica jamás ha escuchado a Brian hablar de sus padres. Nunca. No es que se haya presentado la ocasión para hablar del tema demasiadas veces, pero de cualquier manera, en una de esas veces en las que Annie se arrancaba a hablar de Texas y hablaba de su casa y de su familia, él parecía perder ese brillo tan característico suyo en los ojos, y aunque ella no alcanzaba adivinar por qué, optaba por cambiar de conversación para hacerle sentir algo más cómodo. Quizás cuando haya más confianza preguntará sin tapujos sobre eso…
Gates abre la cama y se mete en ella, tumbado de lado y mirando a Annie. Frunce el ceño y sonríe en un suspiro -Conseguirás dinero, y podrás ir a visitarles cuando quieras…- Los mechones de pelo negro le caen salvajes y desordenados sobre la cara, dándole un aspecto realmente curioso. Susurra, dándole a su voz un tono cansado -No sé si es por la fiebre, pero no tengo sueño. Nada en absoluto...-
Annie le mira, sonríe, sacude la cabeza y suspira para después meterse en la cama a su lado. Se tumba boca arriba, apoya la cabeza en la almohada y le mira con una leve y apenas perceptible sonrisa, hablando en un susurro mientras pasea dos dedos por el pecho desnudo de Brian, distrayéndose a sí misma -Sí, tal vez sea la fiebre...
Él le mantiene la mirada tan intensamente que duele, pero lo hace con aires de sobreprotección, con esa sensación que le invade cuando está con ella, sin perder una sonrisa tierna. Las caricias de sus dedos le hacen sentir un escalofrío, y le hacen querer volver a hacerla suya, una y otra y otra vez. Susurra casi inaudiblemente, sin apartarle la mirada -Posiblemente.- Ríe y suspira -Pero podría ser mucho peor.- Estira una mano hacia ella y se la planta en la frente con cuidado. Sigue teniendo fiebre -Tú tampoco es que estés genial…-
La sonrisa de Annie se amplía, pero no le aparta la mirada de los ojos. Suelta una risilla por lo bajo y suspira, hablando en el mismo tono -Lo sé...- Se encoge de hombros -¿Sabes? En cierto modo me alegro. Si no ahora mismo estaría trabajando y créeme si digo que no cambiaría esto por nada…-
Brian ríe y cierra los ojos, dejándose arrullar por las caricias de la chica. Se pregunta qué le ha pasado en todo éste tiempo. Nunca le han gustado éste tipo de momentos, siempre se ha coronado como el cabrón más frío de entre toda la gente que conoce. Ni siquiera le gustaba que Jinny, a la que de alguna manera consideraba su amor verdadero y único, le hiciera ese tipo de cosas, y ella siempre se quejaba. Le decía que era igual de afectivo que una piedra del suelo, y él se reía. Ella no. Ella suspiraba y abandonaba sus propósitos de intentar darle un poco de cariño fuera de los juegos de cama, y maldecía en silencio su suerte, y se sentía bastante desgraciada. Brian no empezó a pensar en ese fallo suyo hasta después de la ruptura, y… Y ahora está ahí, dejándose querer por una chica que no pasa de ser su amiga, con la que lleva un día un tanto tumultuoso. Y se siente bien. Se siente como pocas veces en su vida, y eso le extraña. Susurra, sin abrir esos ojos color chocolate negro hirviendo -Yo tampoco, Ana. Yo tampoco…-
Ella sonríe y, con la cabeza apoyada en la almohada y tumbada boca arriba, deja que Brian se apoye en su pecho mientras ella le acaricia el pelo y la mejilla con delicadeza y suavidad, como si en vez de su mano se tratase del tacto de una pluma que cae despacio sobre un charco de agua. Gates mantiene los ojos cerrados y suspira dejando que una sonrisa apenas perceptible se le dibuje en los labios y, conforme van aumentando las caricias por parte de la chica de ojos verdes, llega un momento en el que es el propio Gates quien busca sus caricias, como si lo que realmente buscase fuese no solo su cariño sino también su protección. Como si con la mirada y los gestos le pidiera por favor que no le dejara solo, pues ella es la única persona que realmente le ha dado cariño en muchísimo tiempo, y eso que apenas se conocen desde hace un par de semanas.... Cuando Ana se da cuenta de lo relajado que está Brian, le mira y amplía su sonrisa, inclinándose sobre sus labios para besarle levemente, sin querer romper su calma.
Y como si su particular ángel de ojos verdes tuviera la capacidad de infundirle toda la tranquilidad que necesitaba, se queda dormido prácticamente en sus brazos, sobre su pecho, escuchándola respirar y latir, y ella acaba quedándose dormida poco después, dando por terminado un día que aún ambos no sabrían bien cómo explicar. Todo ha sido demasiado extraño, demasiado cercano, demasiado impulsivo y demasiado cálido…
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Hace ya casi una semana desde ese sábado. Desde entonces la gripe ha ido remitiendo en ambos muchachos y, como era de esperar, han seguido reuniéndose casi a diario para gran variedad de cosas. Desde ver películas hasta reír con cosas sin sentido, salir a pasear o hablar sobre el trabajo mientras disfrutan de uno de los deliciosos almuerzos de la cafetería de Amber. Hoy, jueves, es el día en que Dean le pidió a Gates que terminase el inventario que ha ido completando poco a poco a lo largo de la semana y, como siempre, a las ocho en punto de la noche el chico de ojos oscuros se planta en el Red Dingo junto con Matt y su jefe, comentándole las novedades y ayudando a abrir antes de que lleguen los primeros clientes, las chicas y Annie, que ha avisado de que llegará enseguida, pues está terminando de arreglarse en su casa. Es su tercer día de trabajo ahí y pese a que al público le ha caído bastante bien, los nervios siguen comiéndosela cada vez que mira hacia la barra...
Matt, durante todo éste tiempo, cuando habla con Brian se refiere cabronamente a Ana como “tu novia”, a sabiendas de que el chico de ojos oscuros siempre pone los ojos en blanco y lo niega. A sus ojos, solamente siguen siendo buenos amigos, sin más. Gates, Matt y Dean están metidos en el almacén, y el chico de pelo negro azabache mantiene la lista en la mano y va señalando toda la compra que llegó ésta mañana en los camiones y ahora está ordenada en los estantes -Todo el whiskey, bourbon, tenessee y escocés, el vodka, ron, ginebra, tequila, licores, cerveza, vino, champagne, absenta… Y todas las mezclas por allí- Se encoge de hombros y mira a su jefe, que tiene la mirada clavada en el enorme cargamento. De cada tipo de bebida debe de haber unas diez marcas diferentes -Y creo que está todo. Ya puedes subirme el sueldo, o comprarme un descapotable.- Le pone la lista en la mano y se enciende un cigarrillo, pegándole una calada profunda. Matt se pasea curioseando las botellas nuevas, mirando las etiquetas y probando alguna que otra bajo la mirada de reproche de Dean. El legendario jefe del Red Dingo se queda pensativo unos largos segundos y después planta las palmas de las manos sobre la mesa, suspira y se encoge de hombros, clavando su mirada en Brian y asintiendo conforme, apretando los labios en una línea -Perfecto. Buen trabajo, Brian.- Se levanta, estirándose la chaqueta de su carísimo traje -Ahora...- Lanza una mirada rápida a las botellas para después devolverla a los chicos -Ahora id ordenando todo esto en las neveras, rápido. Vamos a abrir en cuarenta minutos y necesitamos hasta las reservas…-
Gates resopla sonoramente y le hace un gesto con la cabeza a Matt. Instintivamente el chico de ojos verdes se pone a colocar y a llevar bebidas a las neveras que hay bajo la barra, y él hace lo mismo. Por suerte para Brian, hoy le toca barra, y eso le gusta por muchas razones. No tiene que estar metido en la cocina limpiando los vasos que llega lejos de la fiesta y de la música, ni en la puerta haciendo de portero y aguantando a todos los idiotas y las lobas de turno, y además puede ver bien de cerca el espectáculo de las coyotes. Además, siempre tiene alguna excusa para no quedarse hablando con algún o alguna indeseable, y suele ser siempre un “Ey, hablamos luego que tengo que atender a gente”, que funciona a la perfección. Lo cierto es que además tiene muchas, muchas ganas de ver a Ana de nuevo subida a la barra… Se lleva una mano a la espalda al levantarse frente a una de las neveras, después de haber metido una enorme cantidad de botellas, y gruñe por lo bajo, cerrando los ojos en una mueca de dolor que atrae la atención de Matt -Joder…-
Shadows le mira y ríe, sacudiendo la cabeza mientras termina de colocar una botella de Jack en uno de los estantes -¿Qué pasa, Gates...? ¿La ciática...?- Chasquea la lengua y sacude la cabeza con desaprobación, sin borrar una sonrisa socarrona que ahora está plasmada en sus labios -Te haces viejo, tío. Mírate. Tienes veintitrés años y aún sigues a dos velas... Deberías hablarle a tu novia de casaros y tener hijos lo antes posible. Antes de que... Ya sabes, se te pase el arroz- Ríe por lo bajo con malicia, sin querer mirarle a los ojos.
Brian lo fulmina con la mirada y enarca una ceja -No es mi novia, ¿cuántas veces más quieres que te lo repita? Ana ya tiene novio, y yo no quiero una novia ahora. Es una ecuación bien fácil, Sanders, hasta un chulo de gimnasio como tú lo entendería a la primera…- Entra de nuevo al almacén y habla desde ahí dentro, diciendo algo por lo bajo como cargado de resentimiento que hace a Matt arrancarse a reír tapándose la boca para que Brian no le escuche -Y mi arroz está fresquísimo, payaso…-
Se escucha la voz de Dean resonando por la zona de las escaleras, probablemente gritando desde el despacho, exasperado por la conversación de sus dos empleados.
-¿Estáis colocando todo el género o estáis haciendo el idiota otra vez? Por el amor de Dios, parecéis un par de quinceañeras, os pago un sueldo para algo…-