lunes, 4 de noviembre de 2013

Capítulo 14.- Despedidas y confesiones, una última noche y recuerdos que duelen.

[Gates asiente despacio y enarca una ceja -Pensé que ya habías notado lo desesperado que estoy por ti, Ana.- Ríe sin ganas y desvía la mirada hacia el salón -Creía que las mujeres teníais un sexto sentido para eso, pero tú debes tener el tuyo fuera de servicio.- Suspira -¿Sabes?, me pones nervioso. Nunca sé qué hacer cuando estás cerca, y… Ya me escuchaste hablando aquel día con Matt.- Se encoge de hombros -Tú eres… Eres preciosa, eres inteligente, eres divertida, talentosa y... Estás comprometida con alguien. Y yo…- Ríe con tristeza y abre los brazos -Yo soy un amigo, un compañero de trabajo y un vecino. Y como un hombre no puede vivir sólo de ilusiones, creo que lo mejor será distanciarme de todo durante un tiempo. No sé cuándo voy a volver, pero por supuesto que lo haré.- Su sonrisa se hace casi imperceptible, y el tono de su voz de apaga -Y bueno, por eso había venido a explicarte que me voy, mis razones para ello y… Y para despedirme.-]



Annie se deja caer sentada en el sofá, clavando la mirada en el suelo y sintiendo que ahora los mismos demonios que llevan semanas persiguiéndola son los que intentan comérsela por dentro, hacer que se venga abajo y rompa a llorar. Pero no, no lo hará. O al menos no ahora. No delante de él. Traga saliva y le mira, hablando en un murmullo, con la voz a punto de quebrársele -Brian, creo... Creo que no estoy siendo todo lo sincera contigo que debería. O al menos no por ahora. Yo... Cuando fui a tu casa a preguntarte por el televisor y tú me preguntaste por qué había llorado… Te contesté que era porque echaba de menos a mi gente, pero en absoluto era por eso.- Resopla -Maldita sea, además mi televisión se veía perfectamente, sólo necesitaba una excusa para verte, para hablar contigo.... Porque no eres el único que está comiéndose la cabeza, ¿Sabes…? Y sé que me estoy comportando como una completa zorra con Charlie pero es que...- Resopla de nuevo y deja que la voz se le quiebre -Es que no sé. Ni siquiera sé lo que siento ya. Estoy confundida.

Muy confundida. El otro día en el Dingo te... Vi con Cynthia y...- Se encoge de hombros -No sé. No sé por qué pero me sentó como una puñalada en la espalda a pesar de que seguramente no estuviera pasando nada, Brian. Me sentí traicionada y dolida, es por eso que me fui y desde entonces no he vuelto.- Se pasa la mano por los ojos para secarse las lágrimas. -Pero es que no es tu culpa. Al fin y al cabo tú y yo no somos más que amigos y ya está, pero es que me dolió. Mucho, de hecho. Y sigo sin entender por qué. Y estos días no he dejado de hacerme preguntas y estoy agotada. Estoy harta de mí misma, de esta ciudad y de esta maldita situación. Estoy harta de estar sola, de acostarme sola y de despertarme sola cada mañana. Muy harta. Y sé que Charlie tiene que trabajar y que su trabajo es más importante que yo. Y si el otro día estaba llorando fue porque te escuché con la guitarra. Estabas tocando American Pie y esa puta canción me trajo demasiados recuerdos. De ti y de mí. Porque aunque hayamos vivido muy pocas cosas juntos, yo las recuerdo todas con pelos y señales. Cada detalle, cada palabra, cada gesto. Todo. Y es una mierda, porque me estoy hundiendo y me estoy jodiendo la vida a mí misma...-

Brian suspira largamente y se sienta a su lado. La chica ha roto a llorar, y él la ha llevado contra sí y la mantiene abrazada mientras trata de tranquilizarla con un siseo, acariciándole el pelo. Cuando se separa de ella, le limpia las lágrimas y habla en un susurro con una sonrisa tierna -Vamos, no te destroces esos ojazos…- Le pega un toque con el dedo índice en la punta de la nariz, y de golpe se pone bastante más serio. -No quiero que te sobresaltes, pero lo que viste en el almacén era todo lo contrario a lo que parecía. Ella acababa de confesarme que mi ex novia me era infiel cada vez que me daba la vuelta, y que a veces me lo fue con amigos muy cercanos, y que incluso se quedó embarazada de alguien que no era yo. Nunca le he puesto la mano encima a una chica, pero de no haber aparecido tú, probablemente eso es lo que hubiera pasado con Cynthia. Ya lo ves, acabo de demostrarte lo patética que es mi vida y lo penoso que soy yo- Se encoge de hombros y baja la mirada. -Y sí, yo también estoy echando de menos esas tardes de no hacer absolutamente nada a parte de ver películas malísimas, hacer inventario y versionar algunas canciones contigo. Quiero que seamos amigos, ¿me oyes? Yo no quiero meterme en medio de tu relación. Quiero que lo pienses fríamente, y que recuerdes que sigo estando aquí para todo.- Chasquea la lengua y recupera esa sonrisa que lleva su marca para pellizcarle la nariz con cariño. -Oye Texas, deja de llorar que tienes una sonrisa preciosa y hace días que no la veo…-


Ella ríe sin ganas y se pasa el sobrante de la manga de su sudadera por los ojos para secarse las lágrimas. Traga saliva y habla con la voz rota a causa de haber estado llorando y los ojos enrojecidos -Yo… Lo siento. No... No quería ponerme así, es que tengo demasiadas cosas encima y...- Sacude la cabeza, forzando una sonrisa sin apartarle la mirada -Voy a echarte de menos…-

Gates le mantiene la mirada unos largos segundos, e incluso sin poder evitarlo la desvía hasta sus labios en algún momento. “Brian, no.” Habla como si hubiera perdido el aliento, hipnotizado en esos ojos verdes y felinos -Yo a ti también, Ana. Más de lo que crees…-

Annie suspira y, con una media sonrisa tímida, se coloca un mechón de pelo tras la oreja, hablando en un susurro sin apartarle la mirada -Tal vez... tal vez sea hora de que te vayas. Estarás cansado y no quiero entretenerte...- Se pone en pie, estirándose la camiseta. De pronto su tono de voz cambia a un tono ansioso, preocupado, como si realmente le preocupase en todo momento cómo está y como se siente. Para él es extraño porque nunca nadie, ni siquiera sus padres, se habían preocupado por él de esa forma. Ojalá Annie se diese cuenta de lo agradecido que está... -Cuídate mucho, ¿sí...?-

El chico de ojos oscuros deja que le acompañe hasta la puerta y que la abra, y una vez allí se jura por lo más sagrado que se despedirá formalmente de ella. Pero no, simplemente no puede. Ese maldito aura que la rodea parece ser más fuerte que todo lo demás, esos ojos intensos y esos labios que podría pasarse años probando… La mira de fijo, la trae contra sí y la besa con fuerza durante unos segundos interminables. “Brian, no. Brian, juraste que no lo harías y…”. Habla pegado a su boca, sonando realmente desesperado en un murmullo, en un susurro suplicante. -Annie, no quiero dormir sólo. Vente conmigo. Una sola noche más, la última de todas, pero… Por favor, no quiero desengancharme de ti todavía…-

La chica de ojos verdes mantiene su mirada en los labios de Gates y sin separarse ni un milímetro de ellos, hace un movimiento con el pie con el que cierra la puerta, dando a entender a Brian que acepta su oferta. Habla en un susurro, igualmente desesperada y con el corazón galopando dentro de su pecho como si fuese a salirse -Dios mío, claro que sí...-

Gates sonríe como si le hubiera quitado un peso enorme de encima, la coge a horcajadas como a una niña pequeña contra sus caderas, dejando que ella las rodee con las piernas para no caerse. Camina hacia su habitación pasillo adelante ahora que ya se conoce bien su casa, ya que durante aquella semana ambos se la pasaron en el piso del otro día sí y día también. En cuanto se tiran en la cama y empiezan a comerse a besos, a Brian se le olvida todo lo que tenía en la cabeza. De golpe siente que no hay nadie más que ellos dos en toda la ciudad de Los Ángeles. Se suponía que eso era lo que no tenía que pasar porque era lo que le hacía mal a los dos, pero sí sabe algo de seguro. Si es un error, es el mejor error de su vida…

Ana, que está tumbada debajo de él, se deshace de su camiseta, dejando al descubierto un sujetador negro con los tirantes de seda, fino y hermoso, haciendo resaltar sus curvas. Brian la mira como si estuviese hipnotizado mientras la chica de ojos verdes sigue deshaciéndose de su propia ropa hasta que termina por quedarse en ropa interior para después volver a besarle, comérselo a besos y a caricias, como si necesitase pegarse a él y no separarse nunca. ''Ana, ten cuidado con lo que haces, va a irse...''.

La ropa cae a ambos lados de la cama, y los dos parecen más que desesperados, llenándose de besos, acariciándose como si no lo fueran a hacer nunca más después de esa noche. Tanto Brian como ella se han quedado en ropa interior y han perdido el norte, pero ya no les preocupa demasiado porque no les queda nada que perder. Gates le muerde la oreja en un gesto travieso y desciende por su cuello diciéndole cosas que despiertan todos los sentidos de la chica de ojos verdes. Annie escucha un susurro cerca de su oído que le pone los pelos de punta y le hace sonreír con los ojos cerrados -Dime que vas a acordarte de mí mientras esté fuera…-

Ana suelta un pequeño gemido mientras él le besa el cuello y desciende por su pecho. Le agarra la cara y tira de él ligeramente hacia arriba, haciendo que ambos queden muy cerca el uno del otro, mirándose a los ojos fijamente. Ella baja la mirada hacia sus labios y habla en un susurro casi inaudible, con gesto preocupado y la respiración desbocada -No te vayas…-

Brian frunce el ceño brevemente y deja que se le dibuje una sonrisa triste. La habitación está inundada hasta el último rincón por una tranquila semioscuridad azulada que le da a todo un aspecto mágico y casi místico, y hace ese calor cómodo de finales de septiembre. Le acaricia la cara con el revés de los dedos en un gesto cargado de cariño, y deja sobre sus labios un beso lento, fino y suave. Susurra, mirándola de fijo hacia esos ojos enormes que ahora parecen cargados de magia -Voy a estar bien. Y voy a volver, te lo he prometido.- Acaricia sus labios con el dedo índice y hace una pausa para suspirar -Se te ve preocupada de verdad por todo esto…-

Ella suspira y baja la mirada de nuevo hacia sus labios, hablando sin alzar el tono de voz. Sus ojos siguen reflejando ese aire triste, y su pálido y delicado rostro parece acompañarlos -Lo estoy...- Suspira pesadamente y deja que una sonrisa triste se le dibuje en los labios -Simplemente es que… No quiero que te vayas…-


Sus ojos oscuros han perdido de golpe todo el buen humor, como si se cargaran de nostalgia. Chasquea la lengua y la besa en la punta de la nariz, provocándole una sonrisa triste a Annie. Susurra sin apartarle la mirada, enredando en sus dedos los largos mechones de pelo castaño de la chica -Voy a ir a ver a mi hermana pequeña. Sólo a ella. No quiero, no me apetece ver a nadie más. Quiero pasar tiempo con ella, algunas semanas…- Suspira largamente -Y tú deberías hacer lo mismo. Tomarte unas semanas para ti, para los tuyos y para pensar. Después de ese tipo de “retiros espirituales” se suele venir con las cosas claras y…- Resopla y cierra los ojos. Susurra muy, muy bajo -Si alguna razón por la que no me iría de aquí, eres tú, Ana…-

Ella sonríe, suspira y le besa de nuevo en los labios, hablando después en un susurro a escasos milímetros de ellos -Está bien, pero entonces hagamos esta noche inolvidable para no olvidarnos el uno del otro mientras estés lejos...-

Brian sonríe de tal manera que pierde ese aire de la inocencia que estaba empezando a otorgarle su seriedad en la conversación. Se coloca sentado de rodillas en la cama y la trae contra sí, haciendo que la chica de ojos verdes quede igualmente de rodillas pero erguida frente a él. La besa en medio del pecho con dulzura mientras le desabrocha el sujetador, y habla en un susurro que es solamente audible para ella -Y va a ser inolvidable. Tú y yo vamos a perdernos tanto ésta noche que nos va a costar volver...-

Ella sonríe y le acaricia la espalda en un gesto enternecedor mientras él continúa besándola por el pecho. Después Annie le besa en los labios de nuevo, descendiendo por su cuello, sobre el cual comienza a darle algunos mordiscos. La habitación está casi en total oscuridad, pero la luz de la luna que se filtra a través de la persiana le da un tono blanquecino y se refleja en la ahora piel desnuda de la chica de ojos verdes, resaltando sus curvas y haciendo que parezca más pálida de lo que ya es.
Los ojos de Brian se han oscurecido más de lo normal, y ahora tiene esa mirada de lobo hambriento y desbocado que dice más cosas de lo que él mismo quisiera desvelar. La deja caer delicadamente hacia atrás y susurra cerca de su boca, con una media sonrisa imperceptible -Aunque a decir verdad, ¿para qué queremos volver…?- Le agarra la cara y le lame los labios en un gesto más que obsceno. Annie siente los dedos de Brian jugando en su estómago y descendiendo por él peligrosamente hasta llegar a su destino. Cuando siente la mano de Brian invadiendo de una manera cruelmente dulce el interior de sus bragas de seda negra, sabe que no hay marcha atrás, y que ninguno de los dos quiere esa dichosa marcha atrás. Él está perdido en un mar de pensamientos negros, y está dispuesto a recorrer impertinente cada recoveco de su cuerpo. Aún le extraña esa sensación de sentirla como suya, como si la conociera de mucho antes, como si se sintiera algo así como protegido, mimado y salvaje…

La chica de ojos verdes que ahora está tumbada sobre la cama se ve obligada a cerrar los ojos, fruncir el ceño, morderse el labio inferior y contorsionarse cuando de pronto siente los dedos largos y finos de Brian clavándose en lo más profundo de sí misma. Traga saliva y suelta un gemido apenas audible pero que el chico de ojos oscuros puede oír perfectamente y el cual le parece lo suficientemente desquiciante como para sacar los dedos y volver a meterlos, pero esta vez con más fuerza, haciendo que Ana suelte otro de esos gemidos tan desesperados y arquee la espalda de nuevo, agarrándose a las sábanas y humedeciéndose cada vez más.
Gates juega a pegarle pequeños mordiscos en el estómago, por debajo del ombligo. Mantiene los dedos dentro de ella y la tortura de una forma que roba la cordura, encendiéndose con cada gemido, y con esa manera felina que tiene de arquear la espalda y morderse el labio. La perspectiva desde donde la ve ahora es devastadora, y nunca la ha visto tan lasciva y tan salvaje como en ese momento. Después de haber jugado con sus largos dedos e incluso con la lengua, después de haberla hecho jurar y decir cosas que en otro momento jamás hubiera dicho, la saca del abismo donde la mantenía sumergida y la incorpora. Se sienta con la espalda contra el piecero de madera de la cama y casi la reta con una mirada que derrite el hielo, a la que ella le corresponde sin tardar. Avanza a cuatro patas, gateando como una ninfa felina, y después de comerle la boca de una manera que no encaja nada con su habitual inocencia, se sienta sobre él, clavándose entera y haciendo que Brian cierre los ojos, recline la cabeza hacia atrás y suelte un resoplido de puro placer. Ella y su manera de hacerle perder los papeles…

Ana clava las uñas en su espalda y cierra los ojos. Se echa el pelo hacia atrás, dejando que su larga y ondulada melena castaña que le llega casi por debajo de la cintura se balancee libremente con cada movimiento que ella hace. Deslizándose primero hacia adelante y hacia atrás lentamente y después hacia arriba y hacia abajo, aumentando la velocidad y la intensidad conforme Gates, que la tiene agarrada por las caderas, le indica que vaya haciendo. Ella tiene sus ojos felinos clavados en los suyos en todo momento y pese a que la imagen echa fuego por sí sola, en las miradas de ambos podría decirse que se encuentran pequeños toques de ternura, nostalgia y... quién sabe, quizás también añoranza al verse obligados a tener que despedirse de un día para otro durante Dios sabe cuánto tiempo...

A decir verdad es la primera vez que la chica de ojos verdes le ve en ese estado. Ni siquiera en el ascensor, aquel día, le vio tan adorablemente desinhibido. A diferencia de lo imponente y serio que puede parecer de vez en cuando, ahora da la sensación de ser muchísimo más inofensivo. Tiene la respiración entrecortada y la voz ronca y fiera, con la que a veces intercambia susurros con su chica de ojos verdes, la mirada oscurísima fija en la suya en una mezcla de sentimientos que no puede explicar, el pelo negro azabache revuelto salvajemente y los dedos clavándose en las caderas de Annie, que entrando y saliendo despacio, sigue cabalgándolo de una forma bestial y lenta. Definitivamente, no quiere tener que irse, pero debe hacerlo. Solo espera que mientras esté fuera, quizás a ella también le dé por pensar, por ordenar esos sentimientos que se le antojan más difíciles que el más antiguo de los jeroglíficos egipcios…
Ana comienza a sentir que su respiración se entrecorta y que cada vez está más cerca de ese inevitable pero delicioso precipicio llamado orgasmo. Se desliza despacio pero ágilmente hacia adelante y hacia atrás y se lleva las manos a los pechos, apretándoselos. Comienza a moverse rápidamente desde arriba hacia abajo, echando la cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, frunciendo el ceño y mordiéndose el labio inferior en un gesto de placer, gimiendo cada vez más alto y más continuado.

Brian, que parecía estar en otro mundo, despierta de su ardiente ensimismamiento, la agarra fuerte de las caderas y la tira hacia atrás en la cama. Si la deja seguir torturándolo de esa manera que casi parece profesional, va a terminar con él mucho antes de lo que quisiera, y cree que ya va siendo hora de llevar el control por un rato. Ella sonríe con malicia y abre las piernas en un gesto que hace que al chico de ojos oscuros se lo lleven los demonios. La agarra de las piernas y llevándola contra él y contra sus caderas, la embiste de nuevo, creyendo que el tiempo ha dejado de existir. Lo cierto es que encanta verla desde arriba, ser testigo de su cara, de su respiración dulcemente entrecortada y de sus movimientos, y confirma que la chica de ojos verdes parece pura poesía cuando está desnuda. Conforme el tiempo avanza, él deja de lado el tacto y la piedad, y todo se hace irrefrenablemente más salvaje, y ella clava las uñas en su espalda y no deja de moverse ansiosa, buscando chocar fuerte con aquel titán que se clava en ella con una destreza inusual. “Amigos, por supuesto. Solo amigos…”. Los minutos pasan, enloquecedores para los dos, entre besos tiernos que parecen querer contrarrestar la dureza de sus movimientos…

La tortura particular de los dos muchachos se alarga unos interminables treinta minutos más en los que ambos parecen querer dar lo mejor de sí, rendir al máximo, asegurándose de que descargan todo lo que tienen dentro y que tanto tiempo llevaban aguantando. Cuando por fin llegan al final, Annie arquea la espalda todo lo que puede y deja escapar un gemido que desde luego pone en vilo a todos los vecinos. Aprieta las sábanas con fuerza durante unas milésimas de segundo y grita el nombre del chico de ojos oscuros, quien termina de rodillas en la cama, exhausto y respirando al límite. Ella permanece tumbada boca arriba con las piernas dobladas y la respiración desbocada, intentando encontrar el aire que le falta para respirar.

Brian se inclina sobre ella y, agarrándole la cara con delicadeza, la besa en los labios antes de tirarse a su lado, exhausto. Parece como si acabaran de pelearse o algo por el estilo, y están adorables con las respiraciones locas, los ojos cerrados y esas medias sonrisas que no pueden reprimir. No pasa mucho tiempo hasta que Brian profiere un susurro entre risas. Ese “Al baño, Texas” en un tono más que protector, coge demasiado de improvisto a la chica de ojos verdes, que antes de lo que se espera se ve en brazos de Gates mientras patalea y se parte de risa, agarrada a su cuello. Llenan la bañera de agua caliente y de espuma, y se pasan dentro de ella cerca de una hora, una hora en la que hacen mil idioteces.

Intentan hacer pompas con un pésimo resultado, se ponen barbas de espuma y hablan de cien cosas diferentes sin sentido. Brian se deja lavar el pelo a manos de Annie, que tras mucho insistir, poner ojitos y hacer pucheros reprimiendo la risa, consigue lo que quiere. A decir verdad casi se queda dormido por culpa de la relajación que le provocan las caricias de Ana, el vapor de agua y el aroma de la cantidad de champús y jabones que tiene su chica de ojos verdes en los bordes de la bañera. Ahora no quiere tener que irse, y si lo hace es sólo porque quiere ver a su hermana, porque sus sentimientos por Annie, sinceramente, están más que claros desde la primera vez que la vio. Quizás no tarde tanto en volver como esperaba…

Ana coge una gran cantidad de espuma en la mano y, con una sonrisa maliciosa y aprovechando a que Gates tiene los ojos cerrados, se la coloca en el pelo y le hace una cresta, partiéndose de risa después. Brian puede verse reflejado en el espejo de pared del baño y rompe a reír el también mientras se la deshace casi indignado. Finalmente se quedan en silencio, mirándose con una media sonrisa dulce y una mirada que desde luego lo dice absolutamente todo. El más profundo cariño se refleja en los ojos de ella, y la casi adoración que siente hacia Annie se refleja en los de él. La chica de ojos verdes suspira y se arrastra hacia él, sentándose entre sus piernas. Como respuesta casi automática, Brian la atrae hacia sí rodeándole la cintura con los brazos y colocando las manos sobre su vientre, lo cual la hace esbozar una sonrisa tímida y tierna apenas perceptible.

Él mantiene apoyada la espalda en la cerámica blanca de la bañera, y Annie usa como respaldo el pecho del chico de ojos castaños, que ahora tiene los ojos cerrados y la cabeza reclinada hacia atrás, en un estado de relajación total en el que no deshace el abrazo. Es la primera vez que hace algo como esto. Normalmente, en su anterior vida, con su antigua manera de ser, después de la escena de cama, desaparecía lo antes posible, o ponía excusas para no pasar la noche junto a la chica en cuestión, pero esto… Esto ya es radicalmente diferente. No solo no quiere desaparecer, sino que le gustaría congelar ese momento para siempre.
De alguna manera ella le hace sentir querido de verdad, y a simple vista podría sonar como una cursilería, pero resulta fascinante si tiene en cuenta que siempre ha sido extremadamente frío con todo el mundo antes de que Annie irrumpiera en su vida. Son las tres de la mañana, y no le importaría quedarse despierto con tal de disfrutar de su compañía hasta la hora en la que tenga que irse para hacer la dichosa maleta. Siente que dormir sería como perder tiempo para hablar con ella, o para mirarla, para… Por el amor de Dios, todo le recuerda de golpe a la letra de aquella canción de Aerosmith, “I Don’t Wanna Miss a Thing”, que hasta el día de hoy le había sonado siempre insoportablemente pastelosa.

Ana suspira y reclina la cabeza hacia atrás. Cierra los ojos mientras entrelaza sus manos con las de Brian y habla en un susurro, visiblemente desanimada -¿A qué hora te vas..?-

Suspira largamente y habla sin abrir los ojos, a pesar de que la pregunta le ha sacado un poco de ese aura de tranquilidad en la que estaba inmerso. Le contesta en el mismo tono de voz, no con demasiada alegría -El tren sale a las once, pero aún no tengo hecha la maleta. Debería despertarme a las nueve y media…-

La coyote de ojos verdes pierde la mirada en el agua de la bañera, que ondea conforme ellos dos respiran, suave y relajadamente. Habla en el mismo tono, rezando porque el reloj se detenga y los segundos dejen de pasar -Tal vez deberías descansar…-

En serio se preocupa por ti, Brian. ¿No la oyes…?” Sonríe, abre los ojos y la besa en la cabeza con ternura -Y tú tal vez deberías dejar de preocuparte tanto.- Susurra -Ya estoy descansando, Annie…-

Ella de nuevo sonríe y le besa la punta de la nariz con ternura, apartándole dos mechones de pelo de la cara. Habla con la mirada puesta en sus ojos, entre susurros -¿Y qué tal si nos vamos a discutir lo mucho que me preocupo por ti a otro sitio...? El agua empieza a quedarse fría...-



Diez minutos después, Ana termina de vestirse en la habitación, frente al armario. La luz de la lámpara de la mesita de noche lo inunda todo ahora. Brian está vestido únicamente con sus pantalones vaqueros, y está frente al ventanal, mirándolo todo con curiosidad. Parece callado otra vez, sumido en otra de esas crisis de silencio que Annie no logra ubicar del todo. Tiene las manos pegadas al cristal, y suelta un suspiro que empaña el vidrio transparente de golpe. Se gira y bosteza, hablando con la voz apagada y una sonrisa cansada -Nunca había visto el bloque desde ésta perspectiva…-

Ana sonríe y le mira, sentándose en el borde de la cama. Lleva puestos unos shorts de pijama bastante cortos y una camiseta de tirantes a juego, con los pies descalzos y el pelo recogido en una larga trenza que le cae sobre el hombro derecho -Sí, es...es muy bonito.-

Baja la mirada y sonríe de medio lado, caminando hacia su niña y sentándose a su lado. Parece haberse apagado de golpe, como si su cabeza estuviera muy lejos de todo, fuera de la ciudad, fuera del mundo. Susurra, mirándola de fijo cargado de ternura. Todo está en una completa quietud -Háblame de tu familia, Ana…-

Ana esboza una media sonrisa triste y baja la mirada hacia sus manos, que ahora tiene entrelazadas y posadas sobre su regazo. Suspira y habla en un susurro, sin borrar una sonrisa que a simple vista nadie que no fuese Brian podría decir que está forzada -Pues... No hay mucho que contar...- Suelta una risilla igual de desganada que esa sonrisa que ahora lucha por desaparecer -Mi madre, mi abuela, mis tías y mi hermano están… Están allí, en Texas. Él tiene ocho años y es el mejor hermano del mundo, ¿sabes? No lo cambiaría por nada del mundo y le echo de menos cada día, cada minuto, cada segundo. Es la persona en la que pienso cuando me voy a dormir y cuando me despierto por las mañanas…- Se coloca un mechón de pelo tras la oreja -Se llama Toby. Es todo un hombrecito...-

Él la escucha con una sonrisa melancólica, hasta que cae en la cuenta de un detalle que hace que su sonrisa se borre por completo de sus labios. Enarca una ceja y baja la mirada al suelo, y mantiene sus manos sobre el colchón, a cada lado de donde está sentado. Habla en un tono solemne y temeroso. Igual no debería, pero se siente en la necesidad de preguntar -¿Y tu padre…? Nunca me has hablado de él…-

Sin alzar la mirada de donde la tiene, puede ver cómo la sonrisa de la chica de ojos claros desaparece por completo. Traga saliva e incluso da la sensación de que baja su tono de voz, como si, pese a que se esperaba esa pregunta, le hubiese chocado -Él... Murió. Murió cuando yo tenía nueve años. Bueno, lo mataron…-

Brian, sin poder entender nada, frunce el ceño, tratando de asumir la respuesta de Annie, y la mira, queriendo controlar el tono de horror en sus palabras. Habla despacio, en un susurro, como si no quisiera perturbarla aún más -No tienes que hablar de ello si no quieres, pero si he aprendido algo en todo éste tiempo es que… Uno se siente liberado cuando cuenta las peores cosas. No va a arreglarse, no va a hacerte volver atrás en el tiempo, pero suele quitarte un gran peso de encima…-

Annie suspira profundamente y habla de la misma forma, aún sin mirarle -Era una mañana fría del mes de noviembre en Texas. Yo estaba de vacaciones en la escuela así que, como cada día, me quedaba en la tienda de mi padre. Era una pequeña tienda en medio del pueblo, como un supermercado. Era genial estar allí porque todos nos conocíamos. Detroit es un pueblo pequeño y bueno, éramos bastantes pocos vecinos...- Traga saliva -Pero todo eso cambió de repente. Era lunes y a eso de las once de la mañana entraron tres hombres vestidos enteramente de negro, con gafas de sol y mochilas colgadas a la espalda... En cuanto los vio, mi padre me miró y me dijo que fuese al almacén y esperase allí, que iría enseguida a recogerme. No… No era él. Parecía como si estuviese aterrorizado, como si tuviese verdadero miedo a esos hombres. Yo era pequeña así que cogí mi oso de peluche del suelo e hice lo que mi padre me había dicho.... Me encerré en el almacén y pude oír como uno de los hombres acusaba a mi padre de ser un ladrón. De no haber pagado el alquiler y de tener tantas deudas. La verdad...- Suspira -Bueno, no teníamos demasiado dinero. De hecho no lo tenemos. Y pues sí, teníamos deudas, pero mis padres trabajaban todo lo duro que podían para pagarlas... A los pocos minutos de encerrarme en el almacén recuerdo que lo único que se oyó fue un disparo y después la puerta de la tienda cerrarse...- Suspira profundamente, traga saliva y se queda un rato en silencio, intentando sacar el valor que necesita para decir lo que va a decir, aunque cuando habla sus ojos se inundan y su voz se quiebra -Cuando salí del almacén y… Le vi tirado en el suelo de algún modo... Supe que todo se había acabado. Me quedé ahí con él, rogando que se pusiera bien, pero no fue así. Un vecino llegó y me apartó de él. Y desde entonces no volví a verle... Mi madre estaba embarazada y...- Cierra los ojos con fuerza, arrastrando con ellos un par de lágrimas, sintiéndose incapaz de seguir hablando.

Gates, que ha escuchado la historia con los ojos llenos de lástima, siente que se le parte el alma al verla reprimir el llanto de esa manera. La atrae contra sí y la besa en la frente antes de llevarla contra su pecho, dejando que los ojos se le inunden. Esto solo confirma eso que piensa de que las mejores personas son las que más sufren. Susurra, hundiendo las manos en su pelo, acariciándoselo y cerrando los ojos -Era un buen hombre, nadie se merece algo así y sé que estaría muy orgulloso de ti ahora…- Resopla -Lo siento, cielo…-

La chica de ojos verdes permanece un buen rato abrazada a él y finalmente sus llantos se quedan en leves sollozos que pese a que disminuyen cada segundo que pasa, parecen realmente dolorosos y agónicos. Cuando se separan, la chica de ojos verdes se pasa el revés de la mano por las mejillas para secarse las lágrimas y resopla, hablando aún con la voz apagada -Lo siento, yo... No quería llorar. No quiero que te vayas con una imagen así de mí...- Sonríe de medio lado sin ganas.

Sin más, Brian responde con otra sonrisa apagada y forzada, la besa en la punta de la nariz y susurra, reparando en lo frágil que parece Annie ahora -No digas idioteces, todos lloramos a veces.- Desliza los dedos por su mejilla en una caricia -Y a veces hay que hacerlo, porque no se puede evitar.- Suspira largamente y se levanta, abriendo la cama y dándole paso dentro a su particular ángel de la guarda - Venga, que ya va siendo hora de dormir…

Ana se levanta también y camina hacia él. Como si de una niña pequeña se tratase, le rodea el torso con los brazos y suspira, abrazándole con fuerza mientras se ve reflejada en el cristal de la ventana. La verdad es que la imagen es enternecedora, pero algo en lo más profundo de su ser le dice que no es Brian quien debería estar ahí, sino Charlie. ''Bah, tonterías, Charlie está en Texas…''.

Él la aprieta contra sí durante unos segundos interminables que los dos parecen necesitar urgentemente. Tras meterse en la cama y apagar la luz, ella se abraza al chico de pelo negro y apoya la cabeza en su pecho. Ahora respira plácidamente, pero tiene la mirada clavada en el techo, y apariencia de tener poco sueño. No puede olvidarse de lo que Annie le ha contado, y eso le ha traído más recuerdos, recuerdos bastante oscuros. Suspira largamente, en un silencio completo. De nuevo solo iluminan la habitación esas luces de la ciudad y la luna que cuelga en medio de las estrellas, en un cielo despejado.

En medio de la semioscuridad, Ana clava sus ojos en los de él y habla en un susurro mientras con dos dedos acaricia suavemente su pecho desnudo, manteniendo la cabeza apoyada en el mismo -¿Y qué hay de tus padres...?-

Se hacen unos desquiciantes segundos de silencio total hasta que Brian habla en un susurro casi inaudible, habiendo perdido de golpe la sonrisa y la paz dentro de sí.
-Yo…- Suspira profundamente, dejando que su pecho se hinche y se deshinche después, abatido y derrumbado. Vamos, díselo. Tú lo hiciste, tuya fue toda la culpa, Brian…” Cierra los ojos y susurra de nuevo, diciendo algo que encoge su propio corazón.

-No creo que esté preparado para hablar de eso aún, Ana. No quiero tener que hablar de ellos...-

Capítulo 13.- Una televisión rota, una llamada de teléfono y un par de visitas a medianoche.



[-Ya veremos. Tú por si acaso no gastes mucho dinero por allí, no vaya a ser que lo necesites para pagar mi fianza…- Le ve cruzar la habitación y salir por la puerta con una media sonrisa triste. Matt parece ser el único que le ayude a mantenerse estable cuando el vendaval sopla más fuerte, aunque él tampoco esté en su mejor momento. Se va a tomar éstas próximas dos semanas como una especie de retiro espiritual, desde luego. Necesita pensar, aclarar sus sentimientos ahora por la chica de ojos verdes y devolver a su vida un poco de paz, si ciertas energúmenas se lo permiten. ¿Qué tal una escapada lejos de todo y de todos...?]



Ha pasado ya casi una semana desde que Matt se fue a pasar un tiempo a casa de sus tíos. Desde entonces, Gates ni siquiera se ha molestado en ir a trabajar. Total, no tiene a nadie que le motive a ir, y la verdad tampoco tiene muchas ganas. Ni siquiera ha salido. Lo cierto es que desde que su amigo no está, se pasa los días encerrado en casa haciendo absolutamente nada a parte de pensar. Pensar, pensar y más pensar. Y solo en una cosa. Solo en una chica. Sabe que siente algo por ella pero no está seguro de qué. Necesita aclarar sus sentimientos, y cuanto antes mejor. Hoy, una mañana de domingo, el chico de ojos oscuros se despierta a eso de las dos de la tarde. Se levanta, se ducha, se pone ropa limpia y, aprovechando el buen tiempo, decide sacar de paseo a Pinkly, que en cuanto le ve con la correa en la mano empieza a ladrar y a dar saltitos. El paseo se extiende más de lo que Gates esperaba. Tras pasear por el parque un par de horas, se decide a volver a casa. Entra en el portal, llama al ascensor y cuando las puertas de éste se abren, la imagen le deja realmente sorprendido. Ana, vistiendo sus habituales shorts vaqueros y una camiseta de manga corta de color azul oscuro le mira con desconfianza, sosteniendo un par de bolsas en las manos -Hola...-

Traga saliva y tarda algunos segundos en reaccionar. Debe de haber estado de compras y ha entrado por el garaje o algo así. Entra en el ascensor, pulsa el botón del sexto piso y murmura, con la mirada baja

-Buenas tardes, Ana.- Pinkly se sienta pacientemente, a sabiendas de lo lentísimo que puede llegar a ser el viejo ascensor del bloque. Brian la mira y suspira, decidido a entablar alguna conversación forzada con ella -¿Cómo te está yendo todo…?-

Ella le devuelve la mirada y suspira. Se encoge de hombros, forzando una media sonrisa que se ve bastante desanimada -Pues bueno, aquí estoy... ¿Cómo estás tú?-

No va a negarlo. Está dolida. Está bastante dolida desde el incidente del bar y Brian no ha sido el único que se ha comido la cabeza con el tema desde que eso sucedió. Ella tampoco ha hecho nada más que pensar todo este tiempo. Necesita una respuesta. Necesita saber lo que siente, y no parará de intentar descubrirlo, de experimentar, hasta saberlo.

Gates se encoge de hombros y dibuja una sonrisa triste que dirige al suelo -Ha habido tiempos mejores, la verdad.- Sólo hoy se cumple otro aniversario de algo que no quiere recordar. Un año más cargando con esa horrible culpa que lo atormenta a diario… El ascensor se queda sumido en un incomodísimo silencio, uno de esos que antes no les resultaba tan incómodo.
Cuando llegan al piso sexto, el ascensor se para y las puertas se abren. La chica de ojos verdes le dedica una mirada rápida a Brian y suspira con una media sonrisa triste, agarrando sus bolsas y saliendo del ascensor antes que él. Caminan hacia sus respectivas puertas, que quedan una frente a la otra, en silencio. Annie deja las bolsas en el suelo, vuelve a mirar a Brian y, sin borrar la sonrisa rompe el silencio, sacando las llaves de casa de su bolsillo y disponiéndose a abrir la puerta -Que tengas un buen día, Brian. Ya nos veremos…-

Él traga saliva, asiente y fuerza una sonrisa que da la apariencia, sin querer, de ser realmente amarga. Habla por lo bajo, abriendo la suya, dejando que Pinkly entre antes que él con sus pasitos nerviosos resonando sobre el parqué de madera -Igualmente Ana…- Cierra tras de sí y desaparece de nuevo dentro de la casa. 

Todos en el Red Dingo han hablado de la ausencia del chico de ojos oscuros. Él adora el bar, y a nadie le resulta demasiado normal eso de que no haya aparecido en la última semana por allí sin razón aparente. Dean siempre alega que Brian no va a trabajar por “motivos personales”, ya que es cierto que ha hablado con él por teléfono y lo encontró realmente deprimido, pero eso no piensa contárselo a la plantilla, aunque esa razón misteriosa de “motivos personales” sólo ha conseguido llenar de intriga y curiosidad a los trabajadores y trabajadoras del Red Dingo. Lo cierto es que Gates cada vez se siente más encerrado en todo lo que le rodea, sintiéndose incluso agobiado en la calle. Quizás necesite un tiempo para sí mismo, solo. Para dejar de pensar, para relajarse y alejarse de todo lo que le provoca presión. Quizás esa sea la solución. Olvidarse de la familia, del trabajo, de esos ojos verdes, de Cynthia, de Jinny, de todo…


Cuando Ana entra en casa, se apoya en la puerta con un suspiro agónico, deja caer las bolsas al suelo y cierra los ojos, quedándose un largo rato en esa postura. Después, sin recoger lo que ha tirado, camina hacia el sofá y se tira en él, desganada y desanimada. No cree que vaya a trabajar hoy tampoco. Está cansada, desanimada, no es uno de sus mejores días y desde luego el hecho de encontrarse a la razón de sus quebraderos de cabeza en el ascensor no es lo mejor para mejorar. Se queda tirada en el sofá durante unos veinte minutos bastante largos, en silencio, con la cara enterrada en un cojín. Está agotada y solo son las diez de la mañana. No ha hecho absolutamente nada en todo el día, pero el hecho de tener la mente en continuo funcionamiento la deja hecha polvo. Tiene muchísimas cosas que plantearse: desde sus sentimientos por Charlie hasta sus sentimientos por Brian. 
Oh, Brian. Ojalá no hubiese tenido que presenciar aquella escena en la despensa del Red Dingo... Nunca conseguirá quitarse esa imagen de la cabeza. No, definitivamente no lo hará en mucho tiempo. De pronto, a través de la pared del salón puede oír unos débiles acordes de guitarra de una canción que le resulta bastante familiar. Alguien está tocando American Pie con la guitarra. Alguien que casualmente vive pegado a ella y cuya habitación confronta con el salón de la casa de Annie. Se queda escuchando durante un largo rato y es entonces cuando se da cuenta de que las lágrimas llevan descendiendo por sus mejillas desde que escuchó los primeros acordes de la canción. Le traen demasiados recuerdos, tanto buenos como malos, tanto alegres como... nostálgicos. 

Los recuerdos de esa tarde tirados en el sillón, riéndose como idiotas, peleándose por cualquier estupidez como niños, de cómo él, para evitar que ella le pegara, le agarraba las muñecas, la sujetaba sin esfuerzo y se partía de risa mientras observaba a esa especie de ninfa salvaje y adorablemente enfadada que resoplaba volándose los mechones castaños de la cara y que acababa rompiendo a reír con él. Y los recuerdos de aquella canción. Nunca sonó tan bien en los oídos de Annie como aquella vez que los dos la tocaron juntos. ¿Por qué duele tanto que eso no esté ocurriendo de nuevo a diario si eran simples amigos? Dos simples amigos cuya relación ahora se ha visto reducida a simples conocidos. Y duele. Lo cierto es que a ambos les duele en silencio, aunque no logren explicar por qué.
Brian termina de tocar la canción y empieza con otros acordes, pero Ana se queda llorando en el sofá. Llora silenciosamente, con la cara enterrada en el cojín, empapándolo de lágrimas y dejando que estas corran el maquillaje con el que se había pintado los ojos. 

Tras quedarse un rato así, se pone en pie y se pasa el sobrante de la sudadera por los ojos, que a causa de haber estado llorando tanto rato, siguen rojos. Su rostro fino y delicado está ahora congestionado, pero no parece importarle mucho. Tiene que hablar con él. Necesita hablar con él. Siente que aparte de haberlo perdido como... lo que llegaron a ser, lo ha perdido como amigo, y eso comportaría perderse a sí misma también, quedándose completamente sola de nuevo como cuando llegó. Si al menos tuviese una excusa para hablar con él... Cinco minutos después, cuando Brian está tirado en el sofá con la guitarra a su lado, suena el timbre. ''Bah, serán de publicidad'', piensa el chico de ojos oscuros. Pero la persona que está al otro lado de la puerta sigue insistiendo así que Gates termina por darse por vencido. Resopla y se pone en pie, caminando hacia la puerta para, tras haberse asegurado de que Pinkly no estaba por los alrededores, abrirla. Annie le mira desde fuera con los ojos rojos y aún húmedos y la carita triste, apagada. Habla con la voz quebrada, queriendo disimular -Siento haberte molestado pero... me preguntaba si tu televisión se ve porque la mía ha dejado de emitir señal...- "Venga ya, ¿La televisión? Métete en casa y deja de hacer el ridículo por una vez en tu vida, Ana..."


El chico de ojos oscuros vuelve a estar únicamente vestido con sus pantalones de raso negros, y mantiene en sus manos una guitarra acústica. Sonríe de medio lado casi imperceptible y suspira, girándose dispuesto a entrar en el salón -Dame un segundo, voy a comprobarlo…- Chasquea la lengua, frunce el ceño y se gira. Vaya formas, Brian. Estás hecho todo un caballero. ¿Vas a dejarla en la puerta? ¿A ella? -Si tienes tiempo y te apetece, podrías entrar y tomarte un café…

Ana suspira profundamente, baja la mirada al suelo y traga saliva, hablando en un susurro -No, no te preocupes, no hace falta...-

Brian asiente resignado, desaparece en el salón y aparece a los pocos segundos, encogiéndose de hombros realmente extrañado mientras camina hacia la puerta, ésta vez ya sin la guitarra consigo -Pues lo cierto es que sí tiene señal. Va como siempre…- Pierde la mirada en el suelo por unos segundos, y se acaricia la perilla pensativo. Habla en un murmullo -Puedes ir a hablar con el presidente, a lo mejor él te echa una mano.- Clava sus ojos oscuros en ella, como excusándose sincero -O a lo mejor es cosa de tu televisión. Si quieres puedo ir a ver, pero no te prometo poder arreglarlo…-

Annie suspira, se mete las manos en los bolsillos traseros de sus pantalones vaqueros y le mira tímidamente, dejando que Brian pueda darse cuenta de las marcas en su cara que denotan que ha estado llorando o que al menos está triste. Sacude la cabeza y se encoge de hombros -No, es igual, ya hablaré con el presidente, de todas formas no tengo mucho tiempo para ver la televisión...- Ríe sin ganas.

Frunce el ceño y la mira con desconfianza. Pregunta algo que cae como una bomba sobre Annie. -¿Por qué has estado llorando?- La chica de ojos verdes baja la mirada, y él se apresura a seguir hablando, sin apartarle la mirada -Y no me digas que no lo has hecho, porque es bastante obvio que sí…- Casi parece un hermano mayor o algo así, intentando sonsacarle el porqué de su disgusto…

Ella se encoge de hombros y habla aún con la mirada en el suelo, en un murmullo, luchando contra sí misma para no llorar otra vez -Por nada. Me he puesto a recordar y esas cosas no suelen sentarme bien ahora que estoy tan lejos de todos. Es solo eso, no importa...-

Gates enarca una ceja y suspira, asintiendo despacio y creyéndose a pies juntillas lo que Ana dice. ¿Por qué no me lo estás contando todo? -Bueno, ya has cobrado tu primer sueldo. Si cobras el dinero que creo que cobras y si me disculpas por ser un poco indiscreto, creo que podrías pagarte el alquiler del mes y un viaje a Texas.- Se encoge de hombros y sonríe con tristeza -Podrías ir a verlos.-

Annie sonríe de medio lado y asiente, colocándose un mechón de pelo tras la oreja. Suspira y habla en un murmullo, clavando sus ojos en los de él. -Muchas gracias Brian, y... Bueno, hablaré con el presidente. Gracias por todo...- Le dedica una última sonrisa y se gira, echando a andar hacia su casa.


Suspira profundamente y la mira largamente antes de cerrar. Incluso Ana lo ha notado, ha notado esa mirada de Brian clavada en su espalda, cargada de ternura y de puro fuego, y se ha sentido verdaderamente sobrecogida por unos segundos, e incluso le han venido a la mente como fogonazos algunos recuerdos comprometedores. Aquella noche en el sillón de su propia casa, una invitación a un café que se convirtió en algo bastante más caliente, esos besos que se llevaban su aliento, el ascensor y lo fuerte que la sujetaba contra él, y lo protegida y extasiada que se sentía en sus brazos. Definitivamente, ambos necesitan reflexionar sobre todo eso, sobre todos esos sentimientos que corren por sus cabezas como locos.





Esa misma noche, cuando Brian está a punto de irse para la cama, el teléfono fijo que tiene instalado en la cocina empieza a sonar. Alarmado por si pudiese tratarse de una emergencia, el chico de ojos oscuros corre a contestar y cuando lo hace no puede evitar que una amplia y emocionada sonrisa se dibuje en sus labios. La voz de una niña, de una niña pequeña, le habla al otro lado con entusiasmo y alegría, como si no hubiesen hablado en muchos años -¡Hola hermanito…!-

-¡McKenna…!?- Ríe y resopla largamente -¿Cómo estás, enana? ¿Todo bien por allí…?- Hacía al menos un par de meses que no hablaba con su hermana pequeña, que aún sigue en Huntington Beach, viviendo junto con Brent Haner, su hermano mayor. Él ahora es un exitoso agente de seguros en Trinity One Insurance, y gana bastante dinero con el negocio. Su hermano, desde un desgraciado incidente familiar que el chico de ojos oscuros aún no se perdona a sí mismo, le guarda el mayor de los rencores y se niega a hablarle o a mantener cualquier contacto con él, pero al menos deja que McKenna no pierda el contacto con su hermano inmediatamente mayor, y ya es un detalle por su parte.

La niña asiente como si su hermano pudiese verla y, sin borrar la sonrisa, sentada sobre la encimera de la cocina y mirando por la ventana, le contesta en un tono dulce y despreocupado, característico de ella y su inocencia -Pues bien, pero te echo mucho de menos... ¿Cuándo vas a venir a verme? Brent me ha comprado una casa de muñecas enorme y un horno para hacer magdalenas, seguro que si me ayudas podrían quedar muy ricas...! Además, ¿te acuerdas de Toby? ¿El peluche que mamá y papá me regalaron y que tú dijiste que te pedías ser su hermano mayor? Pues se me ha perdido, ¡pero Brent me compró otro igual...!- Ríe y suspira, dejando que su sonrisa se le borre poco a poco -Ven Brian, no tengo quién juegue conmigo desde que mamá y papá no están... Brent está muy ocupado siempre trabajando…-

A Brian se le borra la sonrisa despacio hasta que su cara queda de nuevo seria y triste. Se sienta en una de las sillas de la cocina y suspira profundamente. Adora a esa niña con toda su alma. Es posiblemente la persona a la que más quiera en el mundo, sin dudarlo un segundo. Daría todo por esa pequeña y traviesa condenada. Su dinero, su alma, su vida... Y hace demasiado que no la ve, y odia saber que se está haciendo mayor sin él al lado, sin su compañía y sin sus juegos. Debe de sentirse terriblemente sola -Me encantaría poder ir a verte, cielo, pero sabes que eso ya no es tan fácil. Podría intentar, sólo quizás…- Clava el codo en la mesa, se sujeta la frente con una mano y resopla -Tengo algunos ahorros, podría pasar algunos días allí, en un hotel o algo así.- Chasquea la lengua y cierra los ojos -Aunque, princesa, Brent no debería enterarse de nada. Ya sabes cómo siguen las cosas…-

La niña abre mucho los ojos, amplía su sonrisa y se baja de la encimera de un salto. Empieza a dar saltitos por la cocina y habla alzando el tono de voz, increíblemente feliz y aprovechando para alborotar ahora que Brent está fuera y no puede castigarla -¿Vas a venir...? ¿¡De verdad..!? ¡¿Cuándo..?! ¿Mañana?!-

Brian ríe por lo bajo al escucharla tan inusualmente feliz, y suspira brevemente antes de contestar -Iré a comprar el billete de tren para salir mañana. Escucha, no le digas nada a él, ¿de acuerdo? Cuando llegue allí mañana por la noche, me pasaré por casa e intentaré que hablemos, pero no le cuentes nada aún. Ni a él ni a Lucy, por favor. ¿Me lo prometes, McKenna…?-

Ella asiente efusivamente, sin ser capaz de borrar la sonrisa -Vale, no se lo diré a nadie, pero ven, ¿eh? ¡Promételo!- Ríe.

Su hermano mayor chasquea la lengua y asiente bajando la mirada como si ella fuera a darse cuenta de su gesto -Te lo prometo. Me llevaré a Pinkly conmigo, seguro que ella también está deseando verte…- Mantiene una sonrisa de medio lado y le acaricia la cabecita a su perra, que está sentada entre sus pies, bajo la silla -Iré a verte en cuanto llegue, cielo. Cuídate mucho y pórtate bien.- Mira el reloj de la cocina y resopla con una sonrisa -Y duérmete ya. No sé qué haces despierta aún…-

McKenna ríe, escandalizada y eufórica -¿A dormir? ¡Tienes razón! ¡Tengo que dormir si mañana quiero estar despierta para cuando llegues…!- Sonríe ampliamente al otro lado del teléfono, aunque el chico de ojos oscuros no pueda verlo -Buenas noches Brian, ¡te quiero mucho mucho mucho muuuuuuuuucho…!-


Él se levanta de la silla con una sonrisa imborrable -Yo a ti muchísimo más, bichejo. Te veré mañana por la noche, ¿sí? Buenas noches…- Cuando cuelga, lo hace aún sin poder dejar de sentirse extasiado y feliz. McKenna siempre ha tenido esa capacidad para levantarle el ánimo cuando más vacío y triste se siente, y eso es algo que no va a poder agradecerle del todo jamás. Ahora que han dado las doce de la noche, cambia sus planes inmediatos. Se quita el pijama y se enfunda unos vaqueros rotos y una camiseta, se pone las zapatillas y coge las llaves de casa. Ana, que estaba echada en el sillón viendo un documental bastante interesante sobre Jimmy Hendrix, incluso se sobresalta cuando oye la puerta de su vecino abrirse y cerrarse después, y algunos segundos más tarde, la puerta del ascensor abriéndose. “¿Dónde vas a éstas horas, Gates…?”.

Se queda pensativa unos segundos pero rápidamente se levanta del sofá y corre hacia la ventana. Aparta las cortinas y se asoma con la esperanza de verle salir del portal para, al menos, adivinar la dirección en la que va. Desde el piso en el que está ella, el más alto del edificio, y con la poca luz que ofrecen las farolas de la calle, se le hace un poco difícil pero finalmente puede ver a Brian salir del portal. La chica de ojos verdes se apoya en el marco de la ventana y le mira con la cabeza apoyada sobre su mano, tras suspirar profundamente, observando sus movimientos con curiosidad.

Brian, después de cruzar la calle y apagar el cigarrillo que lleva en la mano, se monta en un autobús urbano que arranca con rapidez y desaparece calle adelante. Es extraño, y tampoco ha podido adivinar hacia dónde va, pero algo le dice que no tardará en volver. Brian no tarda en llegar a la estación y comprar un billete para Huntington Beach. El tren saldrá a las once de la mañana del día siguiente, así que no tiene mucho tiempo que perder. Tiene que volver a casa, descansar y madrugar para hacer la maleta. Sólo ha comprado el billete de ida, por la sencilla razón de que no sabe cuándo volverá. Ana, que aún sigue apoyada en la ventana sin saber dónde ocupar su aburrimiento, se lleva una mano al pecho por culpa del susto que le da el sonido del timbre de la puerta. Esto sí que es raro. ¿Visita? ¿A medianoche?... Frunce el ceño, se aparta de la ventana y camina sigilosamente hacia la puerta. Suspira profundamente y, algo extrañada, abre.
Karina, su compañera de trabajo desde hace algunas semanas, está parada en la puerta, luciendo su habitual sonrisa, ahora algo preocupada. Lleva la mochila al hombro, lo que confirma que probablemente venga del Red Dingo -Como el otro día me dijiste tu dirección y hoy no has aparecido a trabajar me preocupé y vine. Espero que no te pille en mal momento, ¡sólo quería saber que todo iba bien...!- Mira por encima de su hombro y su gesto se vuelve de sorpresa. -Ahí va, menudo piso...-

Ana ríe y sacude la cabeza, y aunque su amiga no lo nota, lo hace bastante aliviada. Se encoge de hombros y suspira, manteniéndole la mirada -Bueno, pues ya ves que estoy bien. Simplemente estaba un poco cansada, no he parado en todo el día, por eso no he ido a trabajar.- Sonríe agradecida y cansada

-Pero gracias por preocuparte, Karina...- Se encoge de hombros, haciéndose a un lado en la puerta -¿Tienes prisa o...quieres pasar?-

Ella se encoge de hombros y sonríe -Bueno, si me invitas no voy a decirte que no.- Pasa al interior y habla mientras curiosea por los alrededores con un aire adorable -La verdad es que hoy no teníamos mucha clientela, así que Kate, Charlotte y yo le hemos dicho a Dean que nos íbamos a casa. Y como la tuya me pillaba de paso, pues pensé en hacerte una visita.- Silba, mirando a su alrededor, girando sobre sus pies -Madre mía, menudo sitio. Sí que es grande…-

Ana sonríe, cierra la puerta y camina tras ella. Karina se sienta en el sofá del salón y la chica de ojos verdes entra en la cocina para salir al cabo de un rato con dos tazas de chocolate caliente, humeante y con una pinta deliciosa. Se sienta en el sofá junto a su amiga y le ofrece una que la chica acepta sonriente y agradecida -Y bueno, ¿Qué tal van las cosas por el Dingo…?-

Karina sonríe de medio lado y chasquea la lengua. –No es nuestra mejor racha, la verdad. Ha habido tiempos mucho mejores para el bar, Ana. Los clientes ya no van tanto, y nos falta personal. Además, desde que Brian decidió descolgarse temporalmente del trabajo a Dean… A Dean se le acumulan los pedidos y los inventarios y todas esas locuras. Ahora nosotras le ayudamos a él en eso.- Sonríe con malicia y baja el tono de voz. –Así que Brian es tu vecino de en frente, ¿verdad…?-

Ana ríe y asiente, acomodándose en el sofá -Así es, vive en la puerta de enfrente...- Se encoge de hombros y suspira, dejando que su sonrisa tome un deje triste sin que Karina se dé cuenta -Me ha dicho que anda... ocupado. Así que bueno, supongo que en cuanto encuentre un rato libre se pasará por el Dingo para hablar con Dean...-


La chica se termina el chocolate y resopla largamente -No sé. A mí me preocupa, yo creo que está teniendo problemas. Otra de esas crisis que tiene y…- Chasquea la lengua -Siempre acaba entrando en depresiones y ese tipo de cosas… O eso creo. O eso nos deja caer Dean. Aunque bueno, es normal. Está lejos de la poca familia que le queda, y luego está lo de sus padres y…- Se encoge de hombros y suspira -Bueno, se le pasará pronto, seguro. Siempre se le acaba pasando.- Fuerza una sonrisa, mira el reloj y se levanta -Por el amor de Dios, yo… Te dejo. Querrás dormir…-
Ana suspira y se levanta tras ella, estirándose la camiseta -No, no te preocupes...-

Tras dedicarse unos diez minutos más de charla, Karina termina por despedirse hasta mañana e irse. Ana la sigue con la mirada hasta que desaparece por la puerta del ascensor y es entonces justo cuando ve a Brian subir por las escaleras. Tiene su pelo negro revuelto, la respiración agitada y viste esos habituales pantalones rotos y chupa de cuero negra. Se dedican una mirada intensa y ella sonríe nerviosamente a modo de despedida, colocándose un mechón de pelo tras la oreja, disponiéndose después a cerrar la puerta.

Brian se apresura a hablar, agitado, evitando que la chica de ojos verdes cierre la puerta en el último momento -Ey, Annie…- Ella le mira con curiosidad, y le escucha con atención mientras Brian camina hacia su puerta, aproximándose -¿Tienes un segundo? Necesito hablar contigo de un par de cosillas…-

Ana asiente confusa y abre la puerta del todo, haciéndose a un lado sin apartarle la mirada y colocándose un mechón de pelo nerviosamente de nuevo -Por supuesto, entra…-

El chico de pelo negro azabache entra en la casa y se para en el recibidor, sintiéndose un poco incómodo. La mira por unos segundos que a Annie se le hacen interminables, y se decide a hablar sin rodeos, metiéndose las manos en los bolsillos de los vaqueros. -Voy a irme lejos por un tiempo.-
Annie siente una puñalada en el estómago, una puñalada que disimula bastante bien tragando saliva y sacudiendo ligeramente la cabeza -Va... Vaya. ¿Y eso por qué...?-

Él se encoge de hombros. Parece más seguro que de costumbre, más decidido, más sincero y menos tímido. Ni siquiera le ha apartado la mirada desde que ha entrado en la casa, y eso está empezando a ponerla nerviosa. El chico de ojos color chocolate negro está sufriendo uno de esos ataques de sinceridad, y todo lo que dice lo dice como si no fuera demasiado grave, como si no le hubiera dado mil noches de quebraderos de cabeza -Porque necesito salir de aquí. Aclararme conmigo mismo. Quiero ver a mis hermanos, o…- Suspira -Más bien a mi hermana. La echo de menos. Y necesito desengancharme de éste bloque, y de ti.- Annie se pone tensa en éste punto, pero él no le aparta la mirada, y tampoco tiene intenciones de reservarse nada a éstas alturas -Últimamente me ando comiendo la cabeza contigo a todas horas, ¿sabes? Y no sé qué coño hay dentro de mi cabeza, pero creo que es mejor cortarlo cuanto antes porque…- Ríe nerviosamente y por primera vez en todo el rato, baja la mirada al suelo

-Acostumbro a obsesionarme con imposibles y acabo dando al traste con todo después.- La mira y suspira -Pero no pienses que me voy por tu culpa o alguna idiotez del estilo.- Sonríe de medio lado

-Yo… Estoy bien. Solo necesito estirar las alas y respirar un poco fuera de ésta ciudad…-

Siente que se ha quedado sin respiración. Ella se le queda mirando profundamente a los ojos, sin reaccionar, como si estuviese procesando toda la información que acaba de escuchar. Después sacude la cabeza y habla con el ceño ligeramente fruncido, diciendo probablemente lo único que ha escuchado de lo que Gates dijo, pues ahora mismo siente que las piernas le tiemblan y que se va a caer en cualquier momento -¿Desengancharte de... mí?-

Gates asiente despacio y enarca una ceja -Pensé que ya habías notado lo desesperado que estoy por ti, Ana.- Ríe sin ganas y desvía la mirada hacia el salón -Creía que las mujeres teníais un sexto sentido para eso, pero tú debes tener el tuyo fuera de servicio.- Suspira -¿Sabes?, me pones nervioso. Nunca sé qué hacer cuando estás cerca, y… Ya me escuchaste hablando aquel día con Matt.- Se encoge de hombros -Tú eres… Eres preciosa, eres inteligente, eres divertida, talentosa y... Estás comprometida con alguien. Y yo…- Ríe con tristeza y abre los brazos -Yo soy un amigo, un compañero de trabajo y un vecino. Y como un hombre no puede vivir sólo de ilusiones, creo que lo mejor será distanciarme de todo durante un tiempo. No sé cuándo voy a volver, pero por supuesto que lo haré.- Su sonrisa se hace casi imperceptible, y el tono de su voz de apaga -Y bueno, por eso había venido a explicarte que me voy, mis razones para ello y… Y para despedirme.-