lunes, 4 de noviembre de 2013

Capítulo 13.- Una televisión rota, una llamada de teléfono y un par de visitas a medianoche.



[-Ya veremos. Tú por si acaso no gastes mucho dinero por allí, no vaya a ser que lo necesites para pagar mi fianza…- Le ve cruzar la habitación y salir por la puerta con una media sonrisa triste. Matt parece ser el único que le ayude a mantenerse estable cuando el vendaval sopla más fuerte, aunque él tampoco esté en su mejor momento. Se va a tomar éstas próximas dos semanas como una especie de retiro espiritual, desde luego. Necesita pensar, aclarar sus sentimientos ahora por la chica de ojos verdes y devolver a su vida un poco de paz, si ciertas energúmenas se lo permiten. ¿Qué tal una escapada lejos de todo y de todos...?]



Ha pasado ya casi una semana desde que Matt se fue a pasar un tiempo a casa de sus tíos. Desde entonces, Gates ni siquiera se ha molestado en ir a trabajar. Total, no tiene a nadie que le motive a ir, y la verdad tampoco tiene muchas ganas. Ni siquiera ha salido. Lo cierto es que desde que su amigo no está, se pasa los días encerrado en casa haciendo absolutamente nada a parte de pensar. Pensar, pensar y más pensar. Y solo en una cosa. Solo en una chica. Sabe que siente algo por ella pero no está seguro de qué. Necesita aclarar sus sentimientos, y cuanto antes mejor. Hoy, una mañana de domingo, el chico de ojos oscuros se despierta a eso de las dos de la tarde. Se levanta, se ducha, se pone ropa limpia y, aprovechando el buen tiempo, decide sacar de paseo a Pinkly, que en cuanto le ve con la correa en la mano empieza a ladrar y a dar saltitos. El paseo se extiende más de lo que Gates esperaba. Tras pasear por el parque un par de horas, se decide a volver a casa. Entra en el portal, llama al ascensor y cuando las puertas de éste se abren, la imagen le deja realmente sorprendido. Ana, vistiendo sus habituales shorts vaqueros y una camiseta de manga corta de color azul oscuro le mira con desconfianza, sosteniendo un par de bolsas en las manos -Hola...-

Traga saliva y tarda algunos segundos en reaccionar. Debe de haber estado de compras y ha entrado por el garaje o algo así. Entra en el ascensor, pulsa el botón del sexto piso y murmura, con la mirada baja

-Buenas tardes, Ana.- Pinkly se sienta pacientemente, a sabiendas de lo lentísimo que puede llegar a ser el viejo ascensor del bloque. Brian la mira y suspira, decidido a entablar alguna conversación forzada con ella -¿Cómo te está yendo todo…?-

Ella le devuelve la mirada y suspira. Se encoge de hombros, forzando una media sonrisa que se ve bastante desanimada -Pues bueno, aquí estoy... ¿Cómo estás tú?-

No va a negarlo. Está dolida. Está bastante dolida desde el incidente del bar y Brian no ha sido el único que se ha comido la cabeza con el tema desde que eso sucedió. Ella tampoco ha hecho nada más que pensar todo este tiempo. Necesita una respuesta. Necesita saber lo que siente, y no parará de intentar descubrirlo, de experimentar, hasta saberlo.

Gates se encoge de hombros y dibuja una sonrisa triste que dirige al suelo -Ha habido tiempos mejores, la verdad.- Sólo hoy se cumple otro aniversario de algo que no quiere recordar. Un año más cargando con esa horrible culpa que lo atormenta a diario… El ascensor se queda sumido en un incomodísimo silencio, uno de esos que antes no les resultaba tan incómodo.
Cuando llegan al piso sexto, el ascensor se para y las puertas se abren. La chica de ojos verdes le dedica una mirada rápida a Brian y suspira con una media sonrisa triste, agarrando sus bolsas y saliendo del ascensor antes que él. Caminan hacia sus respectivas puertas, que quedan una frente a la otra, en silencio. Annie deja las bolsas en el suelo, vuelve a mirar a Brian y, sin borrar la sonrisa rompe el silencio, sacando las llaves de casa de su bolsillo y disponiéndose a abrir la puerta -Que tengas un buen día, Brian. Ya nos veremos…-

Él traga saliva, asiente y fuerza una sonrisa que da la apariencia, sin querer, de ser realmente amarga. Habla por lo bajo, abriendo la suya, dejando que Pinkly entre antes que él con sus pasitos nerviosos resonando sobre el parqué de madera -Igualmente Ana…- Cierra tras de sí y desaparece de nuevo dentro de la casa. 

Todos en el Red Dingo han hablado de la ausencia del chico de ojos oscuros. Él adora el bar, y a nadie le resulta demasiado normal eso de que no haya aparecido en la última semana por allí sin razón aparente. Dean siempre alega que Brian no va a trabajar por “motivos personales”, ya que es cierto que ha hablado con él por teléfono y lo encontró realmente deprimido, pero eso no piensa contárselo a la plantilla, aunque esa razón misteriosa de “motivos personales” sólo ha conseguido llenar de intriga y curiosidad a los trabajadores y trabajadoras del Red Dingo. Lo cierto es que Gates cada vez se siente más encerrado en todo lo que le rodea, sintiéndose incluso agobiado en la calle. Quizás necesite un tiempo para sí mismo, solo. Para dejar de pensar, para relajarse y alejarse de todo lo que le provoca presión. Quizás esa sea la solución. Olvidarse de la familia, del trabajo, de esos ojos verdes, de Cynthia, de Jinny, de todo…


Cuando Ana entra en casa, se apoya en la puerta con un suspiro agónico, deja caer las bolsas al suelo y cierra los ojos, quedándose un largo rato en esa postura. Después, sin recoger lo que ha tirado, camina hacia el sofá y se tira en él, desganada y desanimada. No cree que vaya a trabajar hoy tampoco. Está cansada, desanimada, no es uno de sus mejores días y desde luego el hecho de encontrarse a la razón de sus quebraderos de cabeza en el ascensor no es lo mejor para mejorar. Se queda tirada en el sofá durante unos veinte minutos bastante largos, en silencio, con la cara enterrada en un cojín. Está agotada y solo son las diez de la mañana. No ha hecho absolutamente nada en todo el día, pero el hecho de tener la mente en continuo funcionamiento la deja hecha polvo. Tiene muchísimas cosas que plantearse: desde sus sentimientos por Charlie hasta sus sentimientos por Brian. 
Oh, Brian. Ojalá no hubiese tenido que presenciar aquella escena en la despensa del Red Dingo... Nunca conseguirá quitarse esa imagen de la cabeza. No, definitivamente no lo hará en mucho tiempo. De pronto, a través de la pared del salón puede oír unos débiles acordes de guitarra de una canción que le resulta bastante familiar. Alguien está tocando American Pie con la guitarra. Alguien que casualmente vive pegado a ella y cuya habitación confronta con el salón de la casa de Annie. Se queda escuchando durante un largo rato y es entonces cuando se da cuenta de que las lágrimas llevan descendiendo por sus mejillas desde que escuchó los primeros acordes de la canción. Le traen demasiados recuerdos, tanto buenos como malos, tanto alegres como... nostálgicos. 

Los recuerdos de esa tarde tirados en el sillón, riéndose como idiotas, peleándose por cualquier estupidez como niños, de cómo él, para evitar que ella le pegara, le agarraba las muñecas, la sujetaba sin esfuerzo y se partía de risa mientras observaba a esa especie de ninfa salvaje y adorablemente enfadada que resoplaba volándose los mechones castaños de la cara y que acababa rompiendo a reír con él. Y los recuerdos de aquella canción. Nunca sonó tan bien en los oídos de Annie como aquella vez que los dos la tocaron juntos. ¿Por qué duele tanto que eso no esté ocurriendo de nuevo a diario si eran simples amigos? Dos simples amigos cuya relación ahora se ha visto reducida a simples conocidos. Y duele. Lo cierto es que a ambos les duele en silencio, aunque no logren explicar por qué.
Brian termina de tocar la canción y empieza con otros acordes, pero Ana se queda llorando en el sofá. Llora silenciosamente, con la cara enterrada en el cojín, empapándolo de lágrimas y dejando que estas corran el maquillaje con el que se había pintado los ojos. 

Tras quedarse un rato así, se pone en pie y se pasa el sobrante de la sudadera por los ojos, que a causa de haber estado llorando tanto rato, siguen rojos. Su rostro fino y delicado está ahora congestionado, pero no parece importarle mucho. Tiene que hablar con él. Necesita hablar con él. Siente que aparte de haberlo perdido como... lo que llegaron a ser, lo ha perdido como amigo, y eso comportaría perderse a sí misma también, quedándose completamente sola de nuevo como cuando llegó. Si al menos tuviese una excusa para hablar con él... Cinco minutos después, cuando Brian está tirado en el sofá con la guitarra a su lado, suena el timbre. ''Bah, serán de publicidad'', piensa el chico de ojos oscuros. Pero la persona que está al otro lado de la puerta sigue insistiendo así que Gates termina por darse por vencido. Resopla y se pone en pie, caminando hacia la puerta para, tras haberse asegurado de que Pinkly no estaba por los alrededores, abrirla. Annie le mira desde fuera con los ojos rojos y aún húmedos y la carita triste, apagada. Habla con la voz quebrada, queriendo disimular -Siento haberte molestado pero... me preguntaba si tu televisión se ve porque la mía ha dejado de emitir señal...- "Venga ya, ¿La televisión? Métete en casa y deja de hacer el ridículo por una vez en tu vida, Ana..."


El chico de ojos oscuros vuelve a estar únicamente vestido con sus pantalones de raso negros, y mantiene en sus manos una guitarra acústica. Sonríe de medio lado casi imperceptible y suspira, girándose dispuesto a entrar en el salón -Dame un segundo, voy a comprobarlo…- Chasquea la lengua, frunce el ceño y se gira. Vaya formas, Brian. Estás hecho todo un caballero. ¿Vas a dejarla en la puerta? ¿A ella? -Si tienes tiempo y te apetece, podrías entrar y tomarte un café…

Ana suspira profundamente, baja la mirada al suelo y traga saliva, hablando en un susurro -No, no te preocupes, no hace falta...-

Brian asiente resignado, desaparece en el salón y aparece a los pocos segundos, encogiéndose de hombros realmente extrañado mientras camina hacia la puerta, ésta vez ya sin la guitarra consigo -Pues lo cierto es que sí tiene señal. Va como siempre…- Pierde la mirada en el suelo por unos segundos, y se acaricia la perilla pensativo. Habla en un murmullo -Puedes ir a hablar con el presidente, a lo mejor él te echa una mano.- Clava sus ojos oscuros en ella, como excusándose sincero -O a lo mejor es cosa de tu televisión. Si quieres puedo ir a ver, pero no te prometo poder arreglarlo…-

Annie suspira, se mete las manos en los bolsillos traseros de sus pantalones vaqueros y le mira tímidamente, dejando que Brian pueda darse cuenta de las marcas en su cara que denotan que ha estado llorando o que al menos está triste. Sacude la cabeza y se encoge de hombros -No, es igual, ya hablaré con el presidente, de todas formas no tengo mucho tiempo para ver la televisión...- Ríe sin ganas.

Frunce el ceño y la mira con desconfianza. Pregunta algo que cae como una bomba sobre Annie. -¿Por qué has estado llorando?- La chica de ojos verdes baja la mirada, y él se apresura a seguir hablando, sin apartarle la mirada -Y no me digas que no lo has hecho, porque es bastante obvio que sí…- Casi parece un hermano mayor o algo así, intentando sonsacarle el porqué de su disgusto…

Ella se encoge de hombros y habla aún con la mirada en el suelo, en un murmullo, luchando contra sí misma para no llorar otra vez -Por nada. Me he puesto a recordar y esas cosas no suelen sentarme bien ahora que estoy tan lejos de todos. Es solo eso, no importa...-

Gates enarca una ceja y suspira, asintiendo despacio y creyéndose a pies juntillas lo que Ana dice. ¿Por qué no me lo estás contando todo? -Bueno, ya has cobrado tu primer sueldo. Si cobras el dinero que creo que cobras y si me disculpas por ser un poco indiscreto, creo que podrías pagarte el alquiler del mes y un viaje a Texas.- Se encoge de hombros y sonríe con tristeza -Podrías ir a verlos.-

Annie sonríe de medio lado y asiente, colocándose un mechón de pelo tras la oreja. Suspira y habla en un murmullo, clavando sus ojos en los de él. -Muchas gracias Brian, y... Bueno, hablaré con el presidente. Gracias por todo...- Le dedica una última sonrisa y se gira, echando a andar hacia su casa.


Suspira profundamente y la mira largamente antes de cerrar. Incluso Ana lo ha notado, ha notado esa mirada de Brian clavada en su espalda, cargada de ternura y de puro fuego, y se ha sentido verdaderamente sobrecogida por unos segundos, e incluso le han venido a la mente como fogonazos algunos recuerdos comprometedores. Aquella noche en el sillón de su propia casa, una invitación a un café que se convirtió en algo bastante más caliente, esos besos que se llevaban su aliento, el ascensor y lo fuerte que la sujetaba contra él, y lo protegida y extasiada que se sentía en sus brazos. Definitivamente, ambos necesitan reflexionar sobre todo eso, sobre todos esos sentimientos que corren por sus cabezas como locos.





Esa misma noche, cuando Brian está a punto de irse para la cama, el teléfono fijo que tiene instalado en la cocina empieza a sonar. Alarmado por si pudiese tratarse de una emergencia, el chico de ojos oscuros corre a contestar y cuando lo hace no puede evitar que una amplia y emocionada sonrisa se dibuje en sus labios. La voz de una niña, de una niña pequeña, le habla al otro lado con entusiasmo y alegría, como si no hubiesen hablado en muchos años -¡Hola hermanito…!-

-¡McKenna…!?- Ríe y resopla largamente -¿Cómo estás, enana? ¿Todo bien por allí…?- Hacía al menos un par de meses que no hablaba con su hermana pequeña, que aún sigue en Huntington Beach, viviendo junto con Brent Haner, su hermano mayor. Él ahora es un exitoso agente de seguros en Trinity One Insurance, y gana bastante dinero con el negocio. Su hermano, desde un desgraciado incidente familiar que el chico de ojos oscuros aún no se perdona a sí mismo, le guarda el mayor de los rencores y se niega a hablarle o a mantener cualquier contacto con él, pero al menos deja que McKenna no pierda el contacto con su hermano inmediatamente mayor, y ya es un detalle por su parte.

La niña asiente como si su hermano pudiese verla y, sin borrar la sonrisa, sentada sobre la encimera de la cocina y mirando por la ventana, le contesta en un tono dulce y despreocupado, característico de ella y su inocencia -Pues bien, pero te echo mucho de menos... ¿Cuándo vas a venir a verme? Brent me ha comprado una casa de muñecas enorme y un horno para hacer magdalenas, seguro que si me ayudas podrían quedar muy ricas...! Además, ¿te acuerdas de Toby? ¿El peluche que mamá y papá me regalaron y que tú dijiste que te pedías ser su hermano mayor? Pues se me ha perdido, ¡pero Brent me compró otro igual...!- Ríe y suspira, dejando que su sonrisa se le borre poco a poco -Ven Brian, no tengo quién juegue conmigo desde que mamá y papá no están... Brent está muy ocupado siempre trabajando…-

A Brian se le borra la sonrisa despacio hasta que su cara queda de nuevo seria y triste. Se sienta en una de las sillas de la cocina y suspira profundamente. Adora a esa niña con toda su alma. Es posiblemente la persona a la que más quiera en el mundo, sin dudarlo un segundo. Daría todo por esa pequeña y traviesa condenada. Su dinero, su alma, su vida... Y hace demasiado que no la ve, y odia saber que se está haciendo mayor sin él al lado, sin su compañía y sin sus juegos. Debe de sentirse terriblemente sola -Me encantaría poder ir a verte, cielo, pero sabes que eso ya no es tan fácil. Podría intentar, sólo quizás…- Clava el codo en la mesa, se sujeta la frente con una mano y resopla -Tengo algunos ahorros, podría pasar algunos días allí, en un hotel o algo así.- Chasquea la lengua y cierra los ojos -Aunque, princesa, Brent no debería enterarse de nada. Ya sabes cómo siguen las cosas…-

La niña abre mucho los ojos, amplía su sonrisa y se baja de la encimera de un salto. Empieza a dar saltitos por la cocina y habla alzando el tono de voz, increíblemente feliz y aprovechando para alborotar ahora que Brent está fuera y no puede castigarla -¿Vas a venir...? ¿¡De verdad..!? ¡¿Cuándo..?! ¿Mañana?!-

Brian ríe por lo bajo al escucharla tan inusualmente feliz, y suspira brevemente antes de contestar -Iré a comprar el billete de tren para salir mañana. Escucha, no le digas nada a él, ¿de acuerdo? Cuando llegue allí mañana por la noche, me pasaré por casa e intentaré que hablemos, pero no le cuentes nada aún. Ni a él ni a Lucy, por favor. ¿Me lo prometes, McKenna…?-

Ella asiente efusivamente, sin ser capaz de borrar la sonrisa -Vale, no se lo diré a nadie, pero ven, ¿eh? ¡Promételo!- Ríe.

Su hermano mayor chasquea la lengua y asiente bajando la mirada como si ella fuera a darse cuenta de su gesto -Te lo prometo. Me llevaré a Pinkly conmigo, seguro que ella también está deseando verte…- Mantiene una sonrisa de medio lado y le acaricia la cabecita a su perra, que está sentada entre sus pies, bajo la silla -Iré a verte en cuanto llegue, cielo. Cuídate mucho y pórtate bien.- Mira el reloj de la cocina y resopla con una sonrisa -Y duérmete ya. No sé qué haces despierta aún…-

McKenna ríe, escandalizada y eufórica -¿A dormir? ¡Tienes razón! ¡Tengo que dormir si mañana quiero estar despierta para cuando llegues…!- Sonríe ampliamente al otro lado del teléfono, aunque el chico de ojos oscuros no pueda verlo -Buenas noches Brian, ¡te quiero mucho mucho mucho muuuuuuuuucho…!-


Él se levanta de la silla con una sonrisa imborrable -Yo a ti muchísimo más, bichejo. Te veré mañana por la noche, ¿sí? Buenas noches…- Cuando cuelga, lo hace aún sin poder dejar de sentirse extasiado y feliz. McKenna siempre ha tenido esa capacidad para levantarle el ánimo cuando más vacío y triste se siente, y eso es algo que no va a poder agradecerle del todo jamás. Ahora que han dado las doce de la noche, cambia sus planes inmediatos. Se quita el pijama y se enfunda unos vaqueros rotos y una camiseta, se pone las zapatillas y coge las llaves de casa. Ana, que estaba echada en el sillón viendo un documental bastante interesante sobre Jimmy Hendrix, incluso se sobresalta cuando oye la puerta de su vecino abrirse y cerrarse después, y algunos segundos más tarde, la puerta del ascensor abriéndose. “¿Dónde vas a éstas horas, Gates…?”.

Se queda pensativa unos segundos pero rápidamente se levanta del sofá y corre hacia la ventana. Aparta las cortinas y se asoma con la esperanza de verle salir del portal para, al menos, adivinar la dirección en la que va. Desde el piso en el que está ella, el más alto del edificio, y con la poca luz que ofrecen las farolas de la calle, se le hace un poco difícil pero finalmente puede ver a Brian salir del portal. La chica de ojos verdes se apoya en el marco de la ventana y le mira con la cabeza apoyada sobre su mano, tras suspirar profundamente, observando sus movimientos con curiosidad.

Brian, después de cruzar la calle y apagar el cigarrillo que lleva en la mano, se monta en un autobús urbano que arranca con rapidez y desaparece calle adelante. Es extraño, y tampoco ha podido adivinar hacia dónde va, pero algo le dice que no tardará en volver. Brian no tarda en llegar a la estación y comprar un billete para Huntington Beach. El tren saldrá a las once de la mañana del día siguiente, así que no tiene mucho tiempo que perder. Tiene que volver a casa, descansar y madrugar para hacer la maleta. Sólo ha comprado el billete de ida, por la sencilla razón de que no sabe cuándo volverá. Ana, que aún sigue apoyada en la ventana sin saber dónde ocupar su aburrimiento, se lleva una mano al pecho por culpa del susto que le da el sonido del timbre de la puerta. Esto sí que es raro. ¿Visita? ¿A medianoche?... Frunce el ceño, se aparta de la ventana y camina sigilosamente hacia la puerta. Suspira profundamente y, algo extrañada, abre.
Karina, su compañera de trabajo desde hace algunas semanas, está parada en la puerta, luciendo su habitual sonrisa, ahora algo preocupada. Lleva la mochila al hombro, lo que confirma que probablemente venga del Red Dingo -Como el otro día me dijiste tu dirección y hoy no has aparecido a trabajar me preocupé y vine. Espero que no te pille en mal momento, ¡sólo quería saber que todo iba bien...!- Mira por encima de su hombro y su gesto se vuelve de sorpresa. -Ahí va, menudo piso...-

Ana ríe y sacude la cabeza, y aunque su amiga no lo nota, lo hace bastante aliviada. Se encoge de hombros y suspira, manteniéndole la mirada -Bueno, pues ya ves que estoy bien. Simplemente estaba un poco cansada, no he parado en todo el día, por eso no he ido a trabajar.- Sonríe agradecida y cansada

-Pero gracias por preocuparte, Karina...- Se encoge de hombros, haciéndose a un lado en la puerta -¿Tienes prisa o...quieres pasar?-

Ella se encoge de hombros y sonríe -Bueno, si me invitas no voy a decirte que no.- Pasa al interior y habla mientras curiosea por los alrededores con un aire adorable -La verdad es que hoy no teníamos mucha clientela, así que Kate, Charlotte y yo le hemos dicho a Dean que nos íbamos a casa. Y como la tuya me pillaba de paso, pues pensé en hacerte una visita.- Silba, mirando a su alrededor, girando sobre sus pies -Madre mía, menudo sitio. Sí que es grande…-

Ana sonríe, cierra la puerta y camina tras ella. Karina se sienta en el sofá del salón y la chica de ojos verdes entra en la cocina para salir al cabo de un rato con dos tazas de chocolate caliente, humeante y con una pinta deliciosa. Se sienta en el sofá junto a su amiga y le ofrece una que la chica acepta sonriente y agradecida -Y bueno, ¿Qué tal van las cosas por el Dingo…?-

Karina sonríe de medio lado y chasquea la lengua. –No es nuestra mejor racha, la verdad. Ha habido tiempos mucho mejores para el bar, Ana. Los clientes ya no van tanto, y nos falta personal. Además, desde que Brian decidió descolgarse temporalmente del trabajo a Dean… A Dean se le acumulan los pedidos y los inventarios y todas esas locuras. Ahora nosotras le ayudamos a él en eso.- Sonríe con malicia y baja el tono de voz. –Así que Brian es tu vecino de en frente, ¿verdad…?-

Ana ríe y asiente, acomodándose en el sofá -Así es, vive en la puerta de enfrente...- Se encoge de hombros y suspira, dejando que su sonrisa tome un deje triste sin que Karina se dé cuenta -Me ha dicho que anda... ocupado. Así que bueno, supongo que en cuanto encuentre un rato libre se pasará por el Dingo para hablar con Dean...-


La chica se termina el chocolate y resopla largamente -No sé. A mí me preocupa, yo creo que está teniendo problemas. Otra de esas crisis que tiene y…- Chasquea la lengua -Siempre acaba entrando en depresiones y ese tipo de cosas… O eso creo. O eso nos deja caer Dean. Aunque bueno, es normal. Está lejos de la poca familia que le queda, y luego está lo de sus padres y…- Se encoge de hombros y suspira -Bueno, se le pasará pronto, seguro. Siempre se le acaba pasando.- Fuerza una sonrisa, mira el reloj y se levanta -Por el amor de Dios, yo… Te dejo. Querrás dormir…-
Ana suspira y se levanta tras ella, estirándose la camiseta -No, no te preocupes...-

Tras dedicarse unos diez minutos más de charla, Karina termina por despedirse hasta mañana e irse. Ana la sigue con la mirada hasta que desaparece por la puerta del ascensor y es entonces justo cuando ve a Brian subir por las escaleras. Tiene su pelo negro revuelto, la respiración agitada y viste esos habituales pantalones rotos y chupa de cuero negra. Se dedican una mirada intensa y ella sonríe nerviosamente a modo de despedida, colocándose un mechón de pelo tras la oreja, disponiéndose después a cerrar la puerta.

Brian se apresura a hablar, agitado, evitando que la chica de ojos verdes cierre la puerta en el último momento -Ey, Annie…- Ella le mira con curiosidad, y le escucha con atención mientras Brian camina hacia su puerta, aproximándose -¿Tienes un segundo? Necesito hablar contigo de un par de cosillas…-

Ana asiente confusa y abre la puerta del todo, haciéndose a un lado sin apartarle la mirada y colocándose un mechón de pelo nerviosamente de nuevo -Por supuesto, entra…-

El chico de pelo negro azabache entra en la casa y se para en el recibidor, sintiéndose un poco incómodo. La mira por unos segundos que a Annie se le hacen interminables, y se decide a hablar sin rodeos, metiéndose las manos en los bolsillos de los vaqueros. -Voy a irme lejos por un tiempo.-
Annie siente una puñalada en el estómago, una puñalada que disimula bastante bien tragando saliva y sacudiendo ligeramente la cabeza -Va... Vaya. ¿Y eso por qué...?-

Él se encoge de hombros. Parece más seguro que de costumbre, más decidido, más sincero y menos tímido. Ni siquiera le ha apartado la mirada desde que ha entrado en la casa, y eso está empezando a ponerla nerviosa. El chico de ojos color chocolate negro está sufriendo uno de esos ataques de sinceridad, y todo lo que dice lo dice como si no fuera demasiado grave, como si no le hubiera dado mil noches de quebraderos de cabeza -Porque necesito salir de aquí. Aclararme conmigo mismo. Quiero ver a mis hermanos, o…- Suspira -Más bien a mi hermana. La echo de menos. Y necesito desengancharme de éste bloque, y de ti.- Annie se pone tensa en éste punto, pero él no le aparta la mirada, y tampoco tiene intenciones de reservarse nada a éstas alturas -Últimamente me ando comiendo la cabeza contigo a todas horas, ¿sabes? Y no sé qué coño hay dentro de mi cabeza, pero creo que es mejor cortarlo cuanto antes porque…- Ríe nerviosamente y por primera vez en todo el rato, baja la mirada al suelo

-Acostumbro a obsesionarme con imposibles y acabo dando al traste con todo después.- La mira y suspira -Pero no pienses que me voy por tu culpa o alguna idiotez del estilo.- Sonríe de medio lado

-Yo… Estoy bien. Solo necesito estirar las alas y respirar un poco fuera de ésta ciudad…-

Siente que se ha quedado sin respiración. Ella se le queda mirando profundamente a los ojos, sin reaccionar, como si estuviese procesando toda la información que acaba de escuchar. Después sacude la cabeza y habla con el ceño ligeramente fruncido, diciendo probablemente lo único que ha escuchado de lo que Gates dijo, pues ahora mismo siente que las piernas le tiemblan y que se va a caer en cualquier momento -¿Desengancharte de... mí?-

Gates asiente despacio y enarca una ceja -Pensé que ya habías notado lo desesperado que estoy por ti, Ana.- Ríe sin ganas y desvía la mirada hacia el salón -Creía que las mujeres teníais un sexto sentido para eso, pero tú debes tener el tuyo fuera de servicio.- Suspira -¿Sabes?, me pones nervioso. Nunca sé qué hacer cuando estás cerca, y… Ya me escuchaste hablando aquel día con Matt.- Se encoge de hombros -Tú eres… Eres preciosa, eres inteligente, eres divertida, talentosa y... Estás comprometida con alguien. Y yo…- Ríe con tristeza y abre los brazos -Yo soy un amigo, un compañero de trabajo y un vecino. Y como un hombre no puede vivir sólo de ilusiones, creo que lo mejor será distanciarme de todo durante un tiempo. No sé cuándo voy a volver, pero por supuesto que lo haré.- Su sonrisa se hace casi imperceptible, y el tono de su voz de apaga -Y bueno, por eso había venido a explicarte que me voy, mis razones para ello y… Y para despedirme.-

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