jueves, 1 de mayo de 2014

Capítulo 25.- "El azote de los moteles", un motor en llamas y un diablillo.


[Terminan de cenar con una conversación bastante más agradable y más tranquila, sin tanta inquietud por parte de la camarera. Dean intenta levantarse un par de veces de su sitio con intenciones de ir a hablar con la chica, pero Brian lo para de manera muy eficaz, con la consiguiente gratitud de Matt. Suben a sus respectivas habitaciones, aunque hacen cosas muy diferentes. Brian y Ana se duchan y se meten en la cama, sumidos en una de esas conversaciones infinitas entre los dos. Están realmente ilusionados con todo lo que ha pasado hoy. Han sido demasiadas cosas, y están muy cansados, ellos dos en especial. Dean se cambia de ropa y se tira en la cama, quedándose dormido muy poco después con la televisión puesta, y Matt, en su habitación, es el único que está dispuesto a no dormir en toda la noche, que pasa lenta y muy diferente para unos y otros.]


Es Dean, a las once de la mañana del día siguiente, el que llama a la puerta de Ana y Brian y despierta a los chicos, que enseguida se adecentan y cogen sus cosas para salir y continuar el viaje. A esas horas suponen que Matt estará desayunando solo poseído por uno de esos arrebatos de independencia que le dan a veces, pero cuando llegan al comedor comprueban que no está allí. Se toman un café rápido y deciden esperar a su amigo en los coches, mientras montan de nuevo el equipaje. Hace otro de esos días de calor asfixiante en Nuevo Mexico, pero ya están acostumbrados a ello. No sopla ni una brizna de aire, y el calor es tan espeso que hace difícil respirar con libertad.

Dean tiene resaca, así que ha decidido ocupar el asiento de atrás y, aunque no tiene carnet, a sabiendas de que controla, ha decidido que sea Brian quien lleve su coche hasta nueva orden, y que Annie le acompañe como copiloto. Cuando terminan de montar las maletas, es cuando ven a Matt saliendo del motel, con sus eternas gafas de sol, cargando una maleta tras él, y esperan a que se acerque a ellos.

Cuando Matt llega hasta su coche el silencio reina por completo entre los chicos. Brian está sentado sobre el capó del mustang de Dean con sus oscurísimos ojos escondidos tras unas gafas de sol de aviador color negro. Ana tiene la mirada clavada en el suelo, sentada a su lado y Dean, también con gafas de sol, está apoyado en un lateral del vehículo con indiferencia. Cualquiera diría que sí, pero el ambiente no tiene para nada tensión contenida. Es más, los tres chicos excepto Shadows luchan todo lo que pueden contra sí mismos por reprimir las sonrisas cabronas que pelean por salirse de sus comisuras y no romper a reír. La noche se les hizo bastante larga a todos tras no poder dormir a causa de los ruidos que provenían de la habitación del chico de ojos verdes, por culpa de los gemidos de ella. Shadows ahora carga su maleta de nuevo en el maletero de su viejo coche. Dean suspira profundamente y habla sin mirarle ahora que parece ser el único que no está a punto de romper a reír. -¿Qué tal la noche, Sanders...? ¿Bien?-

El chico de ojos verdes habla con una seriedad pasmosa, y nadie sabe hasta qué punto quiere echarse a reír en ese momento. Ni siquiera se asoma por sus labios una sonrisa, reprimiéndola de una manera bastante profesional. -Oh, bueno. Bien. Bastante bien.- Se encoge de hombros, cierra la puerta del maletero y mira a los chicos, expectante, sin querer entrar en el juego de sus sonrisas cabronas. Suele ser muy reservado para esas cosas y no contaría nada aunque hubiera pasado la mejor noche de su vida, y Brian lo sabe bien. Cuando salían juntos por ahí y había alguna aventura por su parte, solo le contaba lo justo y necesario como punto opuesto a Gates, al que le sacaba de quicio tanta falta de información. Brian contaba absolutamente todo, con pelos y señales. Matt parece realmente cansado, y por su cara cualquiera diría que ha dormido muy poco. -¿Qué hacemos? ¿Vamos a salir ya…?- Le pega un trago a un vaso de plástico que trae en la mano y que contiene café con hielo. Brian ríe, sacude la cabeza, chasquea la lengua y juguetea con las llaves del mustang en las manos. -Oh, por supuesto. No me esperaba menos de ti, M…- Mira a Dean y enarca una ceja. -No soltará prenda, te lo aseguro. No va a contar nada de nada…-

Ana pone los ojos en blanco, sacude la cabeza y ríe, apartándose del capó del Mustang. Chasquea la lengua y mira a Dean y a Brian alternativamente, sin poder borrar una sonrisa tierna que ahora predomina dibujada en sus labios. -Venga ya, chicos, dejadle en paz, ¿sí?- Ríe de nuevo y mira a Matt, encogiéndose de hombros. -No les hagas caso. Y sabes cómo son. En realidad les da igual, solo quieren cotillear... - Se acerca a su oído y habla en un susurro, con una sonrisa cabrona. -Están celosos porque tú anoche pillaste y ellos no...- Annie ríe por lo bajo, coreada por Matt. Brian alza la voz, mirando unas cuantas marcas violáceas que su amigo tiene en el cuello, al borde de la carcajada. -¿Qué, Matt? ¿Te acatacaron las sanguijuelas?- 
Dean sacude la cabeza y habla entre risas, como puede, doblándose hacia delante. -Maldita bestia sexual...-
Brian habla de nuevo, poniendo tono de misterio a su voz, como si estuviera contando una terrorífica leyenda urbana -Cuenta la historia que había una vez un tío llamado Matt que rondaba por los moteles de noche y se acostaba tan fuerte con sus víctimas que las pulverizaba y las hacía desaparecer. Le llamaban "el azote de los moteles"...- Dean, víctima de un ataque de risa asesina que hace que apenas sea capaz de mediar palabra, se limpia las lágrimas y habla en un hilo de voz que amenaza con convertirse en carcajada de nuevo. -Ya verás, hoy mismo le dan la baja y cuelgan otro cartel de 'se necesita camarera'...-

Matt habla con una media sonrisa que no puede reprimir, contagiado por las risas de sus amigos. -Sois gilipollas, en serio. Sois un par de gilipollas y no tenéis puto remedio.- Gates habla de nuevo, mirando a su chica con cara de emergencia. -Annie, aléjate de él, está desatado. Nunca se sabe qué puede llegar a hacer "el azote de los moteles"- La chica de ojos verdes suspira reprimiendo la sonrisa como puede, pone los ojos en blanco y se mete en el coche, sin querer saber nada más del tema.

Matt mira a sus amigos con una de sus arrebatadoras sonrisas. -Montaos en el coche, con suerte y si no nos perdemos llegaremos a Los Ángeles en dos días. He estado mirando un mapa de carreteras actualizado y he encontrado rutas alternativas más rápidas que la que estábamos siguiendo hasta ahora. Yo iré delante, ¿de acuerdo?- Suspira y cuando va a montarse en el coche, tras abrir la puerta del conductor, mira a Brian y luego a Dean, estupefacto. -¿Va a conducir él?- Dean asiente en silencio, y Matt enarca una ceja y antes de entrar en el coche musita algo que parece un “madre de Dios”. Ambos vehículos no tardan en arrancar y empezar su nueva ruta. Brian solo tiene que seguir el coche de Matt, que lo cierto es que no va a mucha velocidad. Abren las ventanillas y se ponen cómodos. Va a ser otro trayecto largo…

Brian y Matt conducen durante largas horas. Horas en las que el calor, el cansancio y las ganas de llegar a casa de una vez aprietan cada vez más. En el coche de Dean, Gates y él conversan animadamente y, entre risas, el hombre de ojos claros le echa en cara a Brian la cantidad de kilómetros que se ha recorrido para ir a buscar a Annie. Ella viaja con la mirada clavada en el frente, en la carretera, con una sonrisa leve pero tierna dibujada en sus labios, sin hablar pero escuchándolo absolutamente todo.

Cuando llevan unas dos horas de viaje, Dean le pide a Brian que, a vista de que están entrando en autopistas grandes en las que podrían pararle la policía, le deje conducir de nuevo a él. De ese modo, Brian es el que ocupa el asiento de atrás, y lo ocupa por entero, tirándose de lado. La siguiente hora la pasa atormentando a Annie de una manera adorable. De vez en cuando, cuando ella no se lo espera, le mete la mano bajo la camiseta y le hace cosquillas en el costado, haciéndola saltar del susto y después provocando que se gire en el asiento y trate de pegarle de una manera que a Brian, que le agarra las manos imposibilitando que pueda atacarle de ninguna manera, le parece más que amenazante, tierna y cómica. En una de éstas, mientras Ana intenta salir de su asiento y llegar al asiento de atrás para atormentar a su chico, que no para de atacarla, el coche de Dean pega un tirón, hace un sonido extraño y el motor se apaga, dejando a todos los ocupantes sorprendidos, y haciendo que Matt pare también, haciéndose a un lado de la carretera como ellos. Por suerte la carretera secundaria que habían cogido momentáneamente estaba casi desierta, evitando un choque fortuito…

Al notar que el coche se ha parado, Ana se gira de nuevo rápidamente y clava sus ojos claros en Dean, con el ceño fruncido en señal de extrañeza. -¿Qué pas- De pronto desvía su mirada hacia la ventanilla del conductor y puede ver una alta nube de humo que procede de la parte de delante del coche. Pone los ojos en blanco y resopla, dejándose caer contra el respaldo del asiento. -Venga ya, lo que nos faltaba...-

Dean sale del coche con cara de haber visto un fantasma, abre el capó del coche y una nube de humo negra le pega en la cara. Se lleva las manos a la cabeza y musita, resoplando. -No me jodas...-

Matt se acerca por detrás, segundos antes de que Ana y Brian se acerquen también. Gates suspira pesadamente, se quita la camiseta, se envuelve la mano con ella y aparta un manojo de cables entre dos plataformas de metal que arrojan un calor exagerado. Ni siquiera los dos años en los que estuvo trabajando en un taller le serían necesarios para darse cuenta de lo que pasa. Se cuelga la camiseta al hombro y mira a Dean con cara de circunstancias. -Tío, Dean, yo...- Resopla. -El motor está carbonizado. No se trata de cambiar dos cables y ya, es que... Ha ardido. -Se encoge de hombros, apesadumbrado. -Ésto necesita un cambio integral y no va a ser precisamente rápido. Deberías llamar a alguna grúa que se lleve el Mustang a Los Ángeles. Suspira y mira a Ana. -Pagaremos la factura entre los dos, que al fin y al cabo somos los causantes del viaje...-

Ana suspira pesadamente y aparta la mirada de sus ojos para bajarla al suelo y asentir, en silencio. Después mira a Dean con un deje de culpabilidad reflejado en la mirada y habla en un susurro, sin querer romper la poca paciencia que le queda. -Lo... Lo sentimos mucho, Dean... Sentimos haberte metido en esto...- Mira a Matt y suspira de nuevo. -Y a ti también... Sentimos causaros tantos problemas, de todos modos es lo único que sabemos hacer...-

Los chicos le quitan importancia, pero Dean lo hace con menos energía. Brian sabe lo mucho que le gusta su coche, y sabe que el precio del cambio de un motor puede llegar a ser desorbitado. El jefe del legendario Red Dingo se sienta en un guardarraíl y llama al seguro para explicarle el caso. Al parecer, además de la grúa que se llevará su mustang a Los Ángeles, le ofrecen un coche de sustitución que él rechaza. Hay espacio de sobra en el coche de Matt, por suerte.

Esperan dentro del coche del chico de ojos verdes, más que nada por el aire acondicionado, a que llegue dicha grúa, que para alegría de todos no tarda demasiado. Tras unos largos e interminables minutos de papeleos y firmas, el enorme vehículo se lleva el maltratado coche de Dean consigo, dirección California. Al parecer hay alguna posibilidad de que le hagan descuento en la reparación, así que dentro de lo malo, el propietario del vehículo lo acepta con resignación, mejorando un poco su estado de ánimo. Matt arranca, en el fondo algo más alegre por compartir por fin su viaje con alguien, y ahora que es la hora de comer, paran durante una hora en un restaurante que resulta no estar nada mal, en el que reponen fuerzas y se quitan el hambre y la sed. Cuando retoman el camino de nuevo, ya son las tres de la tarde y el sol está en lo más alto, pegando a treinta y siete grados de temperatura.

Para los ocupantes del vehículo, el camino se hace cada vez más largo, el calor más insoportable y la carretera más solitaria. Llevan ya cerca de una semana de trayecto y están agotados. Están hartos de dormir en moteles, en camas baratas o incluso en el coche. Están hartos de comer bocadillos y subsistir a base de comida basura en las gasolineras, y sobre todo Ana y Brian, que desde que la chica de ojos claros abandonó su tierra natal, no han vuelto a retomar su ritmo vital en condiciones. Han sido muchas cosas las que han pasado en muy poco tiempo.

Primero Gates la saca de su casa por la ventana una noche mientras dormía, después los meten en la cárcel durante varios días que se les hacen inaguantables y para colmo se entera de que está esperando un hijo del chico de ojos oscuros. No es que le desagrade, pero desde luego no ha tenido tiempo de aburrirse desde que se marchó. Nadie fuera de ese coche sabe lo de su embarazo. Aún no ha llamado a su familia, y la verdad es que no siente la necesidad de hacerlo. Sabe que seguramente su madre esté histérica y haya avisado a todos los cuerpos de seguridad de la zona, pero aún así no le importa. No le importa porque sabe que está haciendo lo correcto tanto para Brian y ella como para su bebé.

Si le da por decir dónde está, cómo está, con quién está y hacia dónde va, Charlie podría enterarse y entonces sería el fin de su relación con Gates y, por consiguiente, su propio fin ahora que se ha dado cuenta de que le sería física y psicológicamente imposible vivir sin él. Le adora. Le adora como a nada y como a nadie y le necesita más que al aire que respira, llegando al punto de sentir que se le va la vida cada vez que se distancia de él. Ahora, a eso de las diez, la noche ha empezado a caer pero esta vez no será una noche cualquiera. Con el disgusto de Dean, éste ha decidido no parar en ningún motel, sino que aparcará en la cuneta o en algún descampado y dormirán en el coche. Se ha gastado mucho dinero en lo de la grúa y ahora les queda bastante poco, por lo que no pueden permitirse pagar un motel por cada noche de trayecto que les queda. Con los chicos ha acordado dormir en el coche hasta que lleguen a casa. Al principio no se lo tomaron muy bien, sobre todo Ana, que hoy tiene uno de esos días de inconformismo total a causa del embarazo, pero finalmente accedió y la decisión se dio por tomada. De todas formas, ellos tampoco tenían ganas de dormir en una cama diferente una vez más....

Esa misma noche, después de comer algunos sándwiches que habían comprado en una de las gasolineras, aparcan a un lado de la carretera y se disponen a colocarse para dormir. Al menos no es muy complicado organizarse, porque Matt y Dean duermen en los asientos de delante, Brian duerme atrás extendido y Ana duerme usando a su chico de ojos oscuros como colchón, quedando en una postura más que tierna, encontrando la mejor de las almohadas en su pecho. Gates puede jurar que esa postura le es más cómoda que la mayoría de las camas de moteles en las que han dormido en éstos últimos días.
Están deseando llegar a casa, nadie sabe cuánto lo quieren. Volver a sus camas, a sus barrios, a sus sillones, a comer de verdad y dormir del tirón, a básicamente, normalizar su vida de nuevo. Brian se queda despierto hasta tarde, acariciándole el pelo a la madre de su futuro hijo, a la que sabe que será la pieza central de su vida durante el resto de los años que le restan vivo. No ha cambiado en absoluto, sigue pareciéndole el ser más bonito del mundo cuando duerme, casi como un ángel. No tiene miedo, ni se siente inseguro con todas las novedades. Dará la cara por ella sin dudarlo, en el momento en que sea necesario y contra quien sea necesario. Ana es su vida entera, y ya no va a aceptar que le separen de ella nunca más...

Cuando el reloj de la guantera del coche marca las doce en punto de la noche es cuando Brian siente que el sueño y el cansancio se lo llevan por delante, así que termina por darse por vencido y, entre el sonido de la respiración acompasada y tranquila de su chica y la paz que reina tanto en el coche como el los alrededores, termina por quedarse dormido abrazado a Ana, tratando de darle todo el calor que puede ahora que se avecina otra de esas frías noches veraniegas. Horas después, a eso de las tres de la madrugada, se oyen unos toques en el cristal de la ventanilla del conductor, despertando a Dean, que se siente bastante extrañado ante la situación. 
A causa del frío los cristales están empañados, así que si realmente quiere averiguar quién le ha despertado a esas horas en medio de ninguna parte, debe abrir la puerta. Precavido y tras asegurarse de que todos en el interior del coche duermen plácidamente, el chico de ojos azules abre la puerta sigilosamente y con todo el cuidado del mundo, sin querer llamar la atención de ninguno de sus compañeros de viaje. Cuando mira hacia el exterior del vehículo siente que la sangre se congela dentro de sus venas ante la escena que presencia. Una chica con el pelo de color rojo, los ojos oscuros y vestida con pantalones vaqueros cortos y una sudadera le mira atentamente desde fuera, tiritando y con miedo y desconfianza reflejados en su mirada. Dean frunce el ceño y habla en un susurro, confuso. ''Debo de estar soñando...'' 
-Quién...¿quién eres tú...?-

La chica se coloca nerviosamente un mechón de pelo tras la oreja, y mantiene entre sus brazos una mochila oscura, dándole una imagen realmente indefensa. Habla con la voz ronca, señal de que el frío se ha hecho con su garganta en las últimas horas. -Yo... Me llamo Kim. Venía haciendo autostop pero... Me cayó la noche encima y no había nadie que pasara y...- Se frota la nariz con el dedo índice. Tiene los ojos tristes y cansados. -Y entonces vi el coche, y pensé que estaba abandonado. Me acerqué a mirar, siento si... Si te he despertado...-

Dean se la queda mirando unos cuantos segundos, sin entender nada y sin poder evitar pensar que verdaderamente está soñando. Después parpadea un par de veces y sacude la cabeza, tratando de asimilar la situación. Mira al interior del coche, suspira profundamente con decepción y clava su mirada en la chica, sin alzar el tono de voz. -Pues la verdad es que vamos llenos, Kim... Si no fuera así te dejaría quedarte con nosotros pero se nos ha estropeado el otro coche en el que veníamos y ahora solo tenemos este...- Chasquea la lengua y se la queda mirando. La verdad es que la chica le da pena. Se la ve pequeña e indefensa ante la enorme carretera que se alza frente a ella, y su forma de temblar deja patente que tiene mucho frío y que lleva varias horas soportándolo.

Esa carretera está prácticamente desierta y nunca se sabe qué clase de animales nocturnos pueden andar por ahí sueltos, lo cual agrava la preocupación e impotencia que el chico de ojos claros está empezando a sentir. Chasquea la lengua y resopla, clavado su mirada en ella de fijo, sonando determinante pero a la vez tranquilizador. -Escucha, puedes dormir con nosotros pero con una condición, y la condición es que no hagas ruido. Si despiertas a alguien y se dan cuenta de que estás aquí no sé cómo se lo tomarán...- Chasquea la lengua, suspirando. -Esta gente lleva muchos días de viaje, la chica que viaja atrás está en esos horribles e insoportables primeros meses de embarazo y...- Resopla, pegándose contra el respaldo del asiento. -Venga, entra. Pero tendrás que dormir conmigo, no sé cómo vamos a hacer para compartir asiento...- Sonríe de medio lado sin ganas. -Sé que quizás suene algo precipitado pero no hay más sitio...-

La chica parece dudar unos segundos, mira a ambos lados del arcén y tras suspirar pesadamente, pone la mochila a los pies del asiento del conductor y se sienta en las rodillas de Dean. No es lo más raro que ha hecho jamás. Desde que salió de Atlanta ha dormido en peores condiciones, con peores compañías. Se acomoda contra él como puede y obviando la incomodidad del momento, alegrándose por haberse librado del frío. El chico que duerme en el asiento del copiloto lo hace profundamente, y le llaman la atención la infinidad de tatuajes de sus brazos, que observa durante unos minutos mientras deja que se la lleve el sueño. Sabe que a Dean le gustaría preguntarle mil cosas más, pero que no puede hacerlo para no perturbar el silencio, y a ella le gustaría poder mirar cómo son la pareja de atrás que duerme cubierta son una manta, pero no quiere moverse más para no incomodar a el chico que aún no le ha dicho siquiera su nombre. Mañana la coserán a preguntas, y seguro que la rechazarán y la echarán del coche, dejándola de nuevo en la carretera, cosa que no quiere en absoluto. Además, ella va a San Francisco, y al menos el chico sobre el que está sentada tiene cierto acento de la costa oeste, así que no deben ir muy lejos. Cierra los ojos y suspira pesadamente. Ha recorrido mucho, y de verdad que está cansada, tanto que ni siquiera le importa dormir en las rodillas de un desconocido…

A la mañana siguiente, Brian es el primero que se despierta cuando los rayos de sol que atraviesan el cristal de la ventanilla le dan de lleno en la cara. Suelta un gruñido por lo bajo y abre los ojos lentamente, quedándose con la mirada clavada en el techo un par de minutos para después bajar la mirada hacia Ana, que sigue plácidamente dormida encima de él, con la cabeza apoyada en su pecho. El chico de ojos oscuros no puede evitar esbozar una amplia sonrisa tierna al darse cuenta de que sigue en la misma postura, respirando de la misma forma, como si estuviese tan cómoda que no necesitase moverse para nada. Suspira y le besa la frente, acariciándole el pelo después con ternura. Está tan ensimismado con su chica que ni siquiera ha reparado en la cara nueva que ahora duerme sobre las rodillas de su jefe.

A decir verdad siente que algo ha cambiado en el coche. Está tumbado por completo con la cabeza apoyada en la parte izquierda, tras el asiento del copiloto, así que no puede ver nada más que lo justo. A Matt sí que puede verlo. Tiene la cabeza apoyada en la ventanilla, y duerme profundamente. No sabe qué hora es, pero supone que es temprano porque la luz del día aún es muy tenue. Con mucho cuidado, con todo el que puede, se incorpora en el asiento y sale del coche, dejando que Ana se acomode de nuevo, quedándose dormida en pocos segundos. Gates cierra la puerta tras de sí y tras bostezar sonoramente, se despereza. De verdad necesitaba estirar las piernas, y fumarse el primer cigarrillo del día.

Ahora que sabe que a Annie no le gusta demasiado y que además ya no debe hacerlo en su presencia por motivos obvios, prefiere hacerlo cuando no pueda molestarla. Camina hacia la carretera, pisando la tierra del arcén con sus deportivas negras gastadas, vistiendo sus habituales pantalones rotos y una sudadera sin mangas. Juguetea con la cajetilla de Marlboro en las manos después de encenderse un cigarrillo, y se mantiene por un rato mirando el amanecer. Todo tiene un color naranja realmente bonito que tiñe el color del eterno pasto seco de Nuevo Mexico. Suspira pesadamente y se vuelve, y es entonces cuando se para por completo, presa de la más grande de las curiosidades. Dean, en el asiento del conductor, no está solo. Una chica de pelo rojo parece dormir contra su pecho, aunque juraría que ha visto cómo le miraba por unos segundos con unos ojos castaños enormes. De verdad espera que Dean tenga una buena explicación para ésto, y que sepa responderle a todas las preguntas que ahora se le vienen a la cabeza... 
Sintiéndose observada, la chica pelirroja comienza a revolverse sentada sobre las rodillas de Dean, aumentando la curiosidad de Brian, que sigue mirándola desde fuera a través del cristal, a algunos metros de distancia. 

La joven de ojos castaños que se hace llamar Kim, aparta la cabeza del pecho de Dean y suspira profundamente, recorriendo el coche con la mirada de espaldas a la ventanilla. Mira a Matt con curiosidad y después mira hacia atrás y puede ver a Annie aún dormida, arropada a medias con una manta, la mayor parte de la cual está tirada en el suelo. Todos dentro del vehículo duermen excepto ella, incluso Dean, que pese a lo mucho que se mueve su nueva y peculiar inquilina, se resiste a despertar. 

Es entonces cuando, al darse la vuelta, se encuentra violentamente con la mirada curiosa y penetrante de Gates. Ante el sobresalto, la chica de pelo rojizo se lleva una mano a la boca y da un pequeño salto, despertando a Dean. Éste ruge perezosamente por lo bajo a causa del sueño, resopla y abre los ojos lentamente, desperezándose. Mira a Kim con el ceño fruncido, totalmente desubicado, y entonces cae en la cuenta de quién es. Habla en un susurro, con la voz pastosa. -¿Qué te pasa..?- Después desvía su mirada hacia la ventanilla y puede ver a Brian mirándolos con la más pura extrañeza recreada en su rostro y una ceja arqueada. Dean ríe por lo bajo y sacude la cabeza. Kim los observa extrañados y susurra. -Es... ¿Otro de los ocupantes del coche...?-

Dean asiente, frotándose los ojos. Habla en un susurro pastoso mirando a Gates, que ahora ha decidido hacer un poco más discretas sus continuas miradas, aunque parece como una especie de lobo a la defensiva, esperando que alguien le dé respuestas. -¿El chico del pelo negro? Es Brian.- Fija la mirada en su amigo y enarca una ceja. -Y hacía tiempo que no lo veía madrugando tanto como hoy, a decir verdad...- Ríe por lo bajo.

Ella clava sus ojos castaños en la espalda del chico de pelo negro y sonríe, encogiéndose de hombros y hablando sin alzar el tono de voz. -Tengo ganas de conocerle...- Ríe por lo bajo. -Bueno, en realidad tengo ganas de conocerlos a todos, pero siguen durmiendo...- Suspira y le mira a los ojos, borrando la sonrisa poco a poco. -Aunque temo que no me de tiempo a hacerlo. Es... Es temprano, pero los coches no tardarán mucho en empezar a pasar y yo... Bueno, yo debería retomar mi viaje a casa. Quién sabe, tal vez os esté entreteniendo o interrumpiendo y para nada querría eso. Ya me habéis ayudado suficiente, no quiero ser una molestia...- Baja la mirada y sonríe de medio lado, leve y tristemente. Después sacude la cabeza y abre la puerta sobresaltando a Brian, con intenciones de salir.

Dean la agarra del brazo, haciendo que la chica cierre de nuevo la puerta y escuche lo que el hombre de ojos claros quiere decirle, además de hacer que Brian resople de puro nerviosismo. Definitivamente no le gusta demasiado la gente nueva. Dean parece hablar con franqueza y hasta con algo de curiosidad. -Mira, Kim… He visto tu mochila. Está decorada con mil parches de San Francisco, así que sin miedo a equivocarme diría que eres de allí y vuelves a casa, o simplemente te la has fijado como destino, y si es cierto que vas a la costa oeste, podrías venir con nosotros, que vamos a Los Ángeles.- Se encoge de hombros y suspira, mirando a Matt por un segundo y luego clavando la mirada en los ojos castaños de pestañas espesas y negras de Kim. La jovencita es extremadamente guapa, con una de esas caras aniñadas adorables pero con aires de ser más mayor. -Mis amigos no son mala gente, si saben que llevas casi el mismo destino que nosotros y que sobra un sitio, no van a querer dejarte tirada. Ni siquiera Ana, que ahora lleva unos días un tanto torcidos por culpa de su embarazo, va a querer dejarte de nuevo en la carretera.- Se encoge de hombros. -Pareces muy muy joven, y creo que no es buena idea que vuelvas por ahí a buscar otro coche que no sabes quién conducirá. Sin miedo a pecar de orgullo debo decir que éste coche ahora está lleno de buena gente, y que podríamos dejarte lo más cerca posible de San Francisco.- Chasquea la lengua y sonríe de medio lado. -Me has caído bien, Kim. Hablaremos con mi gente y ya verás cómo acceden seguro…-

Sin apartar su mirada de los ojos azules de él, Kim esboza una sonrisa que, por leve que sea, alcanza a reflejarse en sus dulces y aniñados ojos oscuros. Asiente decidida y suspira, hablando en un susurro. -Está bien. Muchísimas gracias por todo, Dean. Dudo que algún día encuentre la forma de agradecértelo...- Él sonríe, sacude la cabeza y hace un gesto con la mano para quitar importancia a sus palabras de agradecimiento. -Oh, no hay de qué, Kim...- De pronto los dos chicos sienten movimiento en el asiento de al lado y rápidamente clavan su mirada en él. Shadows suspira profundamente y abre los ojos lentamente, con la mirada clavada en el cristal de enfrente. Se queda así unos segundos, como si poco a poco estuviese volviendo al mundo real. Después gira la cabeza y cuando ve a Dean con Kim sentada sobre sus rodillas abre los ojos como platos para después fruncir el ceño y hablar en un susurro, sin querer despertar a Ana, que es la única que sigue durmiendo.

-Dean, ¿qué cojones es esto...? Oye, más te vale tener una explicación razonable...-

Dean se apresura a hablar sin levantar la voz mientras Kim clava ahora su mirada asustada en Matt, que la mira sin entender absolutamente nada. -Escucha, tío. Se llama Kim, anoche iba sola por la carretera, como a las tres de la mañana. Estaba haciendo autostop pero ya sabes la poquísima canntidad de coches que pasan por aquí, y más a esa hora.- La mira a ella y luego vuelve a mirar a Matt, que aún no da crédito y no para de observar a la chica de pelo rojo intenso. -Hacía frío y ella estaba helada, así que dejé que durmiera aquí, con nosotros.- Resopla, nervioso -Va a San Francisco, y nos sobra una plaza. Tío, si tuviera que dejarla de nuevo por aquí tirada me sentiría como un tirano. Mírala, Matt, no va a dar problemas, es una cría y solo quiere llegar a esa ciudad…- Brian está fuera, sentado en el guardarraíl que hay al borde del asfalto negro, cruzado de brazos y mirando todo lo que pasa dentro del coche sin poder imaginarse la conversación, con el pelo salvajemente revuelto y sus ojos color chocolate negro clavados en la ventanilla del conductor. Ahora sabe que tanto Dean como Matt están despiertos, y espera que no se les ocurra despertar a Ana con voces altas…

Matt se queda mirando a la chica en silencio y después suspira, asintiendo. -Está bien.- Sonríe levemente de medio lado, diciendo algo que la hace sonreír a ella también. -Bienvenida a la familia, Kim...- Al oír esto, Dean sonríe satisfecho y suspira, mirando a Annie a través del espejo retrovisor. La chica de ojos verdes continúa plácidamente dormida y Brian, desde fuera, serio, con los brazos cruzados y apoyado en el guardarraíl, la observa con la mayor de las paciencias, velándola, cuidando de ella como un perro guardián, encargándose de que nada ni nadie la molesta, y por supuesto dispuesto a impedir que eso ocurra. El chico de ojos claros sacude la cabeza con una sonrisa y suspira. -Creo que es hora de retomar el viaje y...- Mira a Kim. -Como no despertemos a Annie me temo que tendré que viajar contigo sobre las rodillas todo el viaje...- Ríe, haciéndola reír a ella también.

Dean abre la puerta del conductor y deja salir a Kim para después salir él mismo, que está deseando estirar las piernas. Nada más plantar sus zapatillas en la arena rojiza, la chica de ojos castaños puede sentir la mirada aplastante de Brian contra ella. Lo cierto es que parece hostil, y no sabe si es así con todo el mundo o simplemente está teniendo una mala mañana, pero lo que sí es cierto es que no puede mirarle de fijo, quizás por esa manera de mirarla tan intimidatoria que tiene. Ojalá se le pase pronto. Gates habla serio mirando a la chica, pero claramente dirigiendo su pregunta hacia Dean, que al escucharle suspira profundamente. Escuchar ese tono en la voz de Brian nunca es buena señal. Da verdadero miedo cuando se pone así. -¿Quién es ella…?-

Dean suspira, pasa un brazo sobre los brazos de la chica y la atrae hacia él de forma protectora y amistosa, haciendo que la joven se sienta aún más intimidada ante la mirada imponente de Brian, bajando la mirada al suelo y dejando que sus mejillas se enrojezcan. Puede estar segura de que el tal Brian es el chico más guapo que ha tenido delante jamás. Ni siquiera puede mirarle a los ojos. -Es Kim. Me la encontré anoche cuando hacía autostop a las tres de la mañana. Estaba sola, muerta de frío y agotada, y me vi moralmente obligado a dejarla dormir en el coche. Como no teníamos espacio suficiente, tuvo que dormir sobre mis rodillas. Viaja a San Francisco y como nos pilla de paso he decidido que podríamos llevarla con nosotros...- Se encoge de hombros. -Cualquier cosa es mejor que pasarse horas tirada en una carretera esperando que un coche conducido por Dios sabe quién la recoja y se la lleve a Dios sabe dónde haciéndole Dios sabe qué cosas. Nunca puedes fiarte de nadie, tío... Matt está de acuerdo con que se venga con nosotros y... Bueno, solo me falta saber tu opinión y la de Ana, pero ella sigue dormida.-

Gates frunce el ceño, extrañado. -Vamos, Dean, no me jodas. No sabes quién es, no sabes nada de ella.- Enarca una ceja, tira el cigarrillo al suelo y lo pisa. -¿Y qué pasa si es menor de edad? Porque estaríamos metiéndonos en problemas.- Su jefe pone los ojos en blanco y resopla, a sabiendas de que Brian reaccionaría así de buenas a primeras. El chico de ojos oscuros dice algo que hace que Kim le mire sorprendida. -Oh. No ha sido suficiente con todo lo que ha pasado durante éstos últimos días. ¿Aún quieres más problemas?- Asiente, sarcástico. -De acuerdo.- Se levanta del guardarraíl y camina hacia la chica, que ahora solo quiere que se la trague la tierra, en una mezcla de nerviosismo y vergüenza que no logra explicar. Brian es bastante alto, y al igual que su amigo de ojos verdes, tiene los brazos cubiertos por tatuajes, y por primera vez le mantiene la mirada en la cara y en los ojos. Gates no deja de mirarla como si la estuviera evaluando. La chica tiene el pelo teñido de un rojo fuertísimo, los ojos oscuros y unas facciones bastante bonitas que denotan que no tiene demasiada edad, es alta y delgada y se nota que es así gracias a los shorts escandalosamente cortos que lleva puestos. Parece un diablillo, un diablillo muerto de miedo y de vergüenza.
El chico de pelo negro azabache habla con una severidad que acongoja a Kim, quien siente que en cualquier momento volverá a bajar la mirada presa del miedo más absoluto. Joder, qué guapo es.
-¿Qué edad tienes?- 
Ella alcanza a musitar un “dieciocho” apenas audible, y él vuelve a no dejarle tregua con las preguntas. -¿Te estás escapando de casa o algo así?- Ella sacude la cabeza nerviosamente, dando a entender que no es así, y Gates vuelve a preguntar señalando la mochila que lleva la chica, diciendo algo que hace que hasta Dean le mire exaltado. -¿Llevas drogas dentro de esa cosa?- Ella pestañea un par de veces, perpleja, y sacude la cabeza efusivamente, sin poder deshacer un nudo de nervios que no la deja hablar. ¿Cómo puede preguntarle algo así…? Siente como si la estuviera interrogando un policía. La mirada de Brian da verdadero miedo, y la de la chica debe ser la cara de susto más grande que el chico de ojos oscuros haya visto jamás. 

Se han hecho unos segundos de pura tensión silenciosa, y entonces, bajo el asombro de la chica y de su jefe, Brian habla de nuevo. -Pues qué pena, ¿no? Hubiera sido un puntazo, el viaje se nos hubiera hecho más corto.- Gates rompe a reír con malicia, muerto de la diversión, descolocando a la pareja que le mira. Le pega un puño cariñoso a la chica en el hombro, que aún sigue congelada, y habla entre risas. -Solo estaba bromeando, Kimmy, quita esa cara de susto.- Ríe por lo bajo y suspira. -He secuestrado a mi novia de su casa, nos han metido en la cárcel por atracar una tienda, hemos tenido que pagar fianza para salir, el coche de Dean entró en llamas y apenas tenemos dinero. No creo que puedas darnos problemas más importantes que esos…- Se peina el pelo hacia atrás con los dedos en un gesto arrebatador y mira a Dean con una sonrisa cargada de buen humor. -Vamos, anda, ve al maletero y saca el termo con café. Tu amiga querrá desayunar algo, igual que los demás, y no vamos a salir a la carretera con el estómago vacío…-

Capítulo 24.- Una fianza, un test, una bienvenida a la familia y una camarera.


[El sonido de la llamada cortada, ese pitido incesante y sin cortes que taladra sus oídos, es lo único que escucha ahora. Tiene la mirada clavada en la mesa, y apenas puede recuperar la respiración. Puede escuchar a Ana llorando en la celda de atrás. Supone que ha intuido todo lo que acaba de pasar, y ahora escucha sus sollozos asustados y reprimidos. Tom traga saliva cuando Brian deja el auricular muy despacio sobre el teléfono, y habla con su voz ronca a la que los chicos ya empiezan a habituarse, tratando de hacerla sonar con tacto y comprensión. -Aún te queda otra llamada, hijo. Puedes intentar llamar a otra persona…- Brian cierra los ojos y suspira. Lo cierto es que está a punto de llorar de rabia. Descuelga de nuevo el teléfono y trata de llamar al móvil de Dean. Está apagado, apagado por completo. Cuelga de nuevo y tras un largo y desesperado resoplido, se lleva las manos a la cabeza, y alcanza a susurrar como puede, cubriéndose la cara con las manos. -Venga ya, no puedo creerlo…-]


El agente baja la mirada, apesadumbrado, y suspira, hablando en un susurro mientras alza lastimosamente su mirada hacia el chico de ojos oscuros. -Tengo que meterte otra vez en la celda, joven...-
Gates, sin mediar palabra, se levanta y obedientemente se gira, caminando hacia su celda con paso lento, cabizbajo, destrozado. Ha hecho muchas cosas malas a lo largo de su vida, pero nunca pensó que nada fuese lo suficientemente malo como para llevarse por delante la amistad de alguien que significaba tanto para él como Matt. Matt sabía que iría a por Ana tarde o temprano, que iría a buscarla hasta el fin del mundo. Sabía que la quería más que a su propia vida y que no pararía hasta tenerla a su lado de nuevo. Cuando entra en su ''jaula personal'' y vuelve a sentirse como un animal, Tom la cierra con llave y Brian se deja caer sentado en el borde de su cama. Después se tumba y, encogido, cierra los ojos, arrastrando un par de lágrimas que bajan rápidamente por sus mejillas y rompiendo a llorar en silencio. El oír sus sollozos hace a Annie aumentar los suyos. Ahora está tumbada en su cama con la cara enterrada en la almohada, abrazada a las sábanas y llorando desconsoladamente en silencio. Menos mal que no pueden oírla, porque sus llantos desgarrarían el alma del más insensible. Está asustada, y ahora sí que ha perdido todas las esperanzas...

Los días pasan, lentos y monótonos dentro de las celdas. Por loco que parezca, han decidido aceptar los dos meses de encierro, ya que pagar la fianza sería una condena segura al fracaso. No podrían volver a casa ni aunque se lo propusieran, y necesitan hacerlo. Tom ha sido bueno con ellos, y cuando los demás oficiales no están, les deja estar en la misma celda sin vigilancia. Él sabe que no son delincuentes de verdad, y les ha cogido cariño. Fe de ello dan las largas horas que se pasa entreteniéndolos con sus batallitas policiales, que ayudan a que Brian y Ana no se hundan en la más absoluta depresión. Solo podrán pasar tres semanas en el calabozo, y después de cumplidas esas tres semanas los mandarán a la penitenciaría más cercana, ya en el estado de Nuevo Mexico.

El resto de agentes no suelen tratarlos muy bien. Miran con recelo a Brian, y de forma muy diferente a Ana, con la que incluso han intentado entablar conversaciones socarronas alguna vez, sin ningún éxito, aprovechándose de su superioridad dentro de las paredes de la comisaría y de la autoridad que les brinda su uniforme. Comen tres veces al día, aunque no se trate de grandes festines, y duermen en unas camas duras a las que empiezan a acostumbrarse. Hoy, la noche del sexto día de estancia, a las tres de la mañana, se han quedado profundamente dormidos. Tom no está a su cargo hoy, así que no han podido dormir juntos, y en consecuencia han decidido dormir en el suelo, uno frente a otro y separados por los fríos barrotes, agarrados de la mano. No es la primera vez que lo hacen, de hecho. Amanece un lunes por la mañana el séptimo día. Hace frío, y una lluvia fina cae sobre el pueblo de Valentine como una niebla ligera bajo un cielo nublado.

La puerta de la comisaría se abre a las ocho menos veinte de la mañana, sobresaltando al oficial que está encargado en la recepción, el mismo que responde al apellido Jacobson y que esposó a Ana la noche de la pelea, el mismo que no soporta a la pareja que tienen retenida en una sala contigua que ahora no puede verse. Se recoloca la gorra, deja el café que estaba removiendo y se frota los ojos cargados de sueño para ver quién importuna a esas horas, apenas tienen una visita cada tres días en un pueblo tan tranquilo… Un chico alto y fuerte, lleno de tatuajes y con un piercing en el labio se quita las gafas de sol cuando entra en la estancia. Parece algún tipo de estrella de la lucha libre, tiene un cuerpo que deja bien claro que está delante de un amante del gimnasio. Va seguido por un hombre algo más bajo, casi imperceptiblemente más bajo, fuerte, con el pelo engominado y expresión de quererse demasiado a sí mismo. Lo cierto es que dan un poco de miedo. Jacobson resopla mentalmente. “No, por Dios. Más turistas no…”

Los dos visitantes se abren paso en la comisaría con paso firme. Son bastante corpulentos y se les ve bastante serios, con cara de pocos amigos. El chico tatuado planta las palmas de las manos sobre la mesa de metal, causando un gran estruendo que sobresalta al policía, quien se muestra bastante extrañado y, por qué no decirlo, asustado ante la situación. El joven, que resulta tener los ojos verdes, habla en un tono de voz serio y determinante, fulminando al agente con la mirada. No piensa mostrarles ni siquiera un mínimo gesto de respeto. No le gusta la policía. No le gusta la autoridad en general. Cuando era pequeño, solían perseguirle por robar y siempre le castigaban limpiando las calles o ayudando a ancianas a cruzar las carreteras, lo cual le ponía enfermo. Él solo quería jugar con sus amigos y hacer el gamberro con ellos por doquier, sin que nadie le molestara. Rodea la habitación con la mirada y tras no divisar un simple rastro de que haya más personas en la comisaría, suspira profundamente, hablando con una voz grave y decida que hace que Jacobson solo se ponga más nervioso. -Me llamo Matt Sanders. Vengo a pagar la fianza de Brian Haner, lleva aquí ya unos días.-

El hombre traga saliva discretamente, asiente y habla después de trastear con algunos documentos, sacando un par de fichas y levantándose de la mesa con unas llaves en la mano. Hace un gesto con la cabeza para que el par de hombres le sigan, cosa que hacen de inmediato. -La fianza de éste chico asciende a mil quinientos dólares, y me parece... Demasiado poco.-

Abre la puerta de los calabozos y avanza por un pasillo. Ahí dentro hay mucho más eco, y a decir verdad, los pasos de los dos hombres que le siguen le intimidan. Habla sin volverse, caminando entre celdas vacías por unos segundos. -Él concretamente está arrestado por robar en una licorería del pueblo, y por montar una pelea borracho en el sitio donde se hospedaba.- Doblan una esquina, dejando ver un par de celdas que sí están ocupadas, y mientras Dean y Matt se quedan boquiabiertos por lo que ven, el oficial vuelve a hablar, poniendo las manos en jarras y mirando a la pareja que aún está dormida. Ana está ahí, con Brian, y aunque está dormida y separada de él por los barrotes de metal, mantiene sujeta su mano de una manera infinitamente tierna. -Su acompañante es otra historia. Hemos decidido que está exenta de fianza.- Se encoge de hombros y suspira, acercándose a la celda. -Creemos que Julieta solo trataba de no joder a su Romeo, y se hizo cómplice, además de participar en la pelea. Mujeres…- Pone la llave en la cerradura de la celda de Brian bajo la mirada de los dos estupefactos chicos, y pega un golpe con la porra en los barrotes que hace que Gates abra los ojos y resople como un animal furioso. -Despertad, parejita. Han venido a salvaros el culo…-

Ante los golpes de la porra contra los barrotes, Ana se sobresalta. Suelta un gemido de lo más adorable y con su largo pelo castaño revuelto y esparcido por todo el suelo, suspira profundamente y abre los ojos. Brian está en la misma posición que ella, solo que tiene los ojos cerrados. Como si se negase a soltarla. Como si no quisiera despertarse y afrontar otra monótona jornada en la prisión soportando las burlas y miradas cargadas de malas intenciones hacia su chica por parte de los policías más jóvenes. De pronto, una voz que a ambos chicos les resulta más que familiar, rompe el silencio que se ha creado en la celda, haciendo que tanto a Annie como a Brian les dé un vuelco el corazón. -Andando, levantaos ya, quiero largarme de aquí cuanto antes. No soporto estos lugares, apestan a...- Fulmina al guardia con la mirada, con una mirada de muy pocos amigos -...Ley.- Pasa un par de dedos por un barrote y cuando se los mira, están sucios, casi negros- Si es que a ésta mierda se le puede llamar 'ley'.- Brian se pone de pie con rapidez, sobresaltando a Ana que alza la mirada y se queda petrificada con lo que ve. Matt se adelanta a hablar, mirando a Gates con expresión de pocos amigos. -Me debes mil quinientos dólares.-


Cuando Brian descubre que lo que está viendo es real, azuza a Ana para que se levante del suelo y sale de la celda con paso apresurado hacia Matt. Cuando está a punto de abrazarle y echarse a reír de pura incredulidad, Shadows frunce el ceño y habla frío y cortante. -Ni se te ocurra, Brian. Si me tocas ahora mismo te juro que no respondo de mis actos.- Mira a Ana con un deje de decepción y algo de ternura, mientras Dean los mira a todos aguantando la risa como puede. La situación es tensa, pero tiene bastante de alegre, y aunque todos los saben, Matt prefiere guardar una seriedad férrea. Da verdadero miedo cuando se pone así. Habla de nuevo, mirando a la pareja. Parece una especie de comandante de guerra. -¿A qué esperáis para empezar a andar…?- Brian resopla por lo bajo, pone los ojos en blanco y tras recibir una palmada de ánimo en la espalda por parte de Dean, avanza hacia la salida. Matt pone el dinero de la fianza en efectivo sobre el mostrador, mientras el policía le mira incrédulo e intimidado. Lo cuenta con rapidez y bajo la presión de las miradas de los dos chicos, ya que la pareja ha salido fuera, probablemente para meterse en el coche. Tras comprobar que está todo, alza la mirada, asiente y, sonriendo nerviosamente, habla acelerado. -Pues es todo. Tomaré nota de esto y… Cuenta saldada. Que tengan un buen día…-

Matt se enfunda sus oscurísimas gafas de aviador negro y echa a andar fuera de la comisaría, seguido por Dean y hablando entre dientes mientras avanza por el pasillo hacia la puerta. -Mi día estaría mejor si ahora mismo estuviese en mi cama. En mi casa de Los Ángeles, con una modelo de Victoria Secret, no en el culo del mundo con un viaje asqueroso por delante...- Cuando por fin salen al exterior, la imagen con la que se encuentran es verdaderamente enternecedora. Annie está sentada sobre el capó del coche y mantiene los brazos al rededor del cuello de Brian, quien está de pie frente a ella, besándola lentamente mientras la mantiene agarrada de la cintura. Está feliz. Está jodidamente feliz porque sabe que ahora es libre, que por fin vuelve a casa y que además lo hace llevándose el mayor de los trofeos: a su eterna chica de ojos verdes. Sanders y Dean se quedan parados en la puerta, contemplando la escena atónitos. El hombre de ojos azules suspira, y con una sonrisa leve, pone una mano sobre el hombro de su compañero, que permanece en su intento de intimidar a base de no mostrar el más mínimo rastro de sonrisa. -Pues al final parece que la quiere de verdad...-

Shadows pone los ojos en blanco en un gesto que Dean no puede ver, y habla caminando hacia el vehículo. -Claro que sí. Al final siempre triunfa el amor, pero paga los platos rotos el mismo imbécil…- Matt habla montándose en el asiento de atrás del Mustang de Dean, apoyando el brazo en la ventanilla abierta y mirando de fijo a Brian. -Eh, rompecorazones, sube al asiento del copiloto y lleva a Dean hasta donde esté mi coche. Luego iremos al sitio donde estábais alojados, cogeremos lo que tengáis allí y volveremos a casa.- Brian suelta a Ana, suspira y se mete en el coche. Dean habla arrancando el coche con una sonrisa cabrona mientras Annie se sienta atrás, junto a Matt. -Y por el camino podemos dejar un ratito a Sanders en un puticlub mientras nos tomamos un café, a ver si con un par de putas se le pasa la mala hostia que lleva encima…- Se lleva una mano a la boca y ríe, mirando a Ana por el retrovisor y viendo cómo Matt le hace un corte de mangas con cara de poca fiesta -Con todo mi respeto hacia las mujeres, no te ofendas, Annie…-

Dean arranca y siguiendo las instrucciones de Brian, en pocos minutos se encuentran en la posada en la que los arrestaron hacen ya casi una semana. El coche de Matt está aparcado fuera, y al verlo el chico de ojos claros exhala un sonoro suspiro de alivio, hablando después en un susurro. -Gracias al cielo que sigue ahí...- Brian sonríe traviesamente mordiéndose la punta de la lengua y le lanza una mirada cómplice a Annie a través del espejo retrovisor, a la que ella corresponde con otra sonrisa de pura picardía. Dean aparca, quita las llaves del contacto y suspira profundamente, dirigiendo ahora su mirada hacia el copiloto. -Está bien, esto es lo que vamos a hacer: Primero de todo tú y Ana entráis, os pegáis una ducha, os ponéis ropa limpia, os relajáis un poco, recogéis vuestras cosas y bajáis. Mientras tanto Matt y yo iremos a tomarnos algo a la cafetería del pueblo. La vimos antes, de la que íbamos a recogeros, y la verdad es que tiene bastante buena pinta. Estaremos ahí desayunando así que cuando terminéis de hacer todo lo que tenéis que hacer, os pasáis, desayunáis algo y después retomamos nuestro rumbo de vuelta a casa, ¿De acuerdo…?- Gates asiente, conforme. Le dedica una sonrisa, suspira y tras dedicarle un agradecidísimo ''De acuerdo, Dean'', abre la puerta del coche y se baja, seguido por Ana que hace lo mismo. 

Una vez los dos han abandonado el vehículo, Dean arranca y los deja solos, esperando que sigan las instrucciones que él les dio. La chica de ojos verdes clava la mirada en la fachada del edificio, suspira y ríe por lo bajo. Estos últimos no han sido los mejores días de su vida precisamente, pero dentro de esa pequeña y humilde posada vivió experiencias que no cambiaría por nada del mundo... De pronto siente un pequeño mareo que la hace agarrarse a Brian. No es que vaya a caerse, pero sí que ha perdido el equilibrio un poco. Sacude la cabeza y suspira, sacudiendo la cabeza, con una media sonrisa dibujada en sus labios ante la cara de preocupación de su chico. -No te preocupes cielo, estoy bien. Sólo... Me he mareado un poco. Ya se me ha pasado...-

Agarra su mano con ternura y suspira antes de echar a andar dentro de la posada. Por suerte, la recepcionista que estuvo implicada en la pelea no está tras el mostrador. Suben a su habitación, de la que aún conservan la llave, y, tratando de no fallar a las dos personas que han decidido salvarles de su cautiverio, hacen todo con la mayor rapidez. A ambos les duele la cabeza. Han dormido poco, y les duele el cuerpo por haber estado durmiendo en el suelo y en la cama dura de las celdas. Se duchan, se cambian de ropa y tras recoger todas sus cosas, abandonan la habitación. Están cansados, y además de verdad. Todavía no creen que sea el momento de disculparse con Matt, ahora está demasiado cabreado como para dialogar con él, pero la verdad es que necesitan un agradecimiento, tanto para él como para Dean. Aún no puede creer que estén aquí, que vayan a volver a casa y que todo ese infierno vaya a acabarse ya…


Una vez han terminado de recoger la habitación, Brian se carga a la espalda la mochila que contiene la poca ropa que poseen los dos, agarra la mano de Ana y se dispone a salir con ella de la posada. Fuera ha empezado a brillar el sol, y el calor empieza a ser agobiante pese a que solo son las once de la mañana. Sin duda no podría haber escogido peor época para viajar a Texas que el verano. Ese lugar es un maldito desierto, y cuando llegan los primeros rayos de sol se convierte en el mismísimo infierno. Caminan juntos por el pueblo hasta que finalmente llegan a la cafetería, en la cual nada más entrar ven a Matt y a Dean sentados en una mesa, charlando animadamente mientras disfrutan de un café con tostadas para desayunar. 
Annie y su chico de ojos oscuros se sientan junto a ellos y de pronto se hace el silencio. Ana no parece tener hambre en absoluto, y apenas ha tocado el café, lo que empieza a llamar la atención de Brian y con ello su preocupación. Lo cierto es que su chica se ha quejado bastante de mareos últimamente, y no anda con el apetito por las nubes que se diga. Tal vez debería llevarla al médico, pero duda mucho que haya un hospital en millas a la redonda. Matt, que ha decidido dejarse llevar por sus sentimientos de hermano mayor y protector, la mira y suspira lastimero, acariciándole la mejilla. -Annie, tienes que comer, llevas días encerrada en ese sitio de mierda y tienes que reponer fuerzas...- Ella suspira y le mira, chasqueando la lengua con fastidio. -Lo sé Matt, pero es que... No tengo hambre...-

Brian suspira, mirándola con preocupación después de pegarle un sorbo al café. -Hace algunos días que está así. Juraría que come una vez al día, y cuando lo hace apenas prueba bocado.- Se encoge de hombros, y tanto Dean como Matt pueden ver que no está en absoluto tranquilo. -Quizás podríamos pasar por algún hospital que nos caiga de paso.- Resopla por lo bajo y le coloca a su chica un mechón de pelo tras la oreja, en un gesto protector. -Ella no para de quitarle importancia y de echarle la culpa al calor, pero creo que hace unos días que la falta de apetito dejó de ser normal…- Chasquea la lengua y le acerca a Annie un vaso de agua. Parece una especie de padre desesperado, y eso hace sonreír a la chica de ojos verdes. -Aunque no tengas hambre tienes que beber agua. Vamos, que yo lo vea…- Dean mira a Ana mientras ésta bebe agua con resignación, y le sonríe tranquilizador. Pasaremos por un Hospital lo antes posible, para que te digan lo que sea. No tenemos prisa en llegar a casa. Nos tomaremos esto como una pequeñas vacaciones, ¿eh?- Matt resopla con fastidio, recordando a un niño pequeño demasiado crecido, pero con las mismas reacciones. Sin duda le gustaría estar en casa ahora mismo, tirado en su cama, con el aire acondicionado al máximo…

Ana chasquea la lengua y suspira, con una leve sonrisa dibujada en sus labios y la mirada fija en la servilleta con la que juguetea ahora sobre la mesa. -Venga ya chicos, estoy bien...- Mira a Dean. -¿No me ves? Estoy perfectamente. Es solo que no tengo hambre. Seguro...Seguro que en cuanto las cosas se normalicen un poco, recuperaré el apetito.-
Justo en ese momento la chica de ojos claros se pone de pie de golpe, se gira y echa a correr hacia el baño, bajo las miradas atentas, preocupadas y sorprendidas del resto de ocupantes de la mesa. Matt se cruza de brazos, se reclina en su asiento y suspira, resignado. -Mala espina me da esto a mí…-

Brian se levanta con prisas y la sigue, visiblemente angustiado, desapareciendo por la puerta de los baños. Dean suspira mirando la escena y vuelve su mirada hacia Matt, enarcando una ceja y ladeando la cabeza -Vamos, Sanders, la chica ha estado comiendo Dios sabe qué durante éstos días, y la verdad es que el calor aquí es insoportable. Nosotros no lo notamos demasiado quizás porque llegamos hace poco, pero soportar esto durante días debe ser duro...- Suspira y baja el tono de voz, hablando ésta vez sin querer mirarle, clavando su mirada en la taza de café frío. -¿Estás insinuando lo que creo que estás insinuando…?-

Matt arquea una ceja y clava la mirada en su jefe, encogiéndose de hombros. -No lo sé, Dean. Dime, ¿Qué crees que estoy insinuando? ¿Que esos mareos, sudores fríos y alteraciones en el metabolismo así repentinamente son normales? Pues no, no lo son. Y sí, me ha dado por pensar que Ana podría estar embarazada. Venga ya, ¿te sorprende..?- Suelta una carcajada sarcástica y desganada, sonando como un padre decepcionado. -Yo me lo olía. Me lo esperaba. Sabía que esto pasaría tarde o temprano. ¿Es que no ves cómo es Brian...?- Sacude la cabeza, resoplando. -Si es cierto que Ana está embarazada, no puedes ni imaginarte la pena que me da. Tanto ella como el bebé. En manos de qué irresponsable han caído...-

Dean suspira y sacude la cabeza con una media sonrisa que amenaza con borrarse. -Creo que estás adelantando acontecimientos, Matt. Si Ana está embarazada, quizás eso sea un aliciente para que...- Se encoge de hombros. -Ya sabes, para que Brian siente la cabeza de golpe y deje de hacer idioteces con su vida. Que empiece a ser responsable de la manera más drástica posible. Y si Ana no está embarazada, pues mejor para todos.- Enarca una ceja y lo evalúa con la mirada. -Creo que estás siendo demasiado duro y demasiado negativo con Gates. Yo juraría que la quiere. Vamos, mira como la trata...-

Matt suspira y se encoge de hombros, clavando ahora su mirada en la taza de café vacía que descansa sobre la mes. -No lo sé. De verdad que no lo sé... -Le mira, con un aire de decepción reflejado en la mirada. -¿Sabes? Ya no sé qué esperarme de Brian. Me ha sorprendido de todas las maneras posibles. Tanto para bien como para mal. Muchas veces ha sido el valiente más cobarde de todos y otras veces ha sido el cobarde más valiente, así que no sé qué pensar. Me ha decepcionado, tío. Nunca pensé que fuese a desaparecer de la noche a la mañana para coger mi coche y venirse hasta Texas. Y todo por una tía. Vale que esté colado por ella, pero se ha pasado, Dean. Se ha pasado mucho esta vez...- Resopla, sacudiendo la cabeza. -Si te soy sincero, espero que sea una falsa alarma. Si Ana y Brian tienen un hijo ahora y él se cansa de ella y le da por dejarla, tendrá muchas más complicaciones a la hora de hacerlo y...- Suspira de nuevo. -No sé. Son muy buenos amigos míos, y no tengo ganas de que tengan problemas entre ellos por algo así...-

Dean se pasa una mano por el pelo engominado, le mira suspirando con una sonrisa paternal, hace una bola con una servilleta y se la tira, dándole el medio del pecho y haciendo que Matt enarque una ceja. -Vamos, Sanders, tu mejor amigo está enamorado. Le he visto pillado por esa tía desde sus caminos se cruzaron, le he visto pelear con su novio, le he visto verter botellas fuera de la copa porque estaba demasiado ocupado mirándola, he visto cómo la protege en el bar en todo momento y cómo no deja que ningún indeseable se le acerque. Y tío,- Ríe. -Ahora le he visto a través de medio país, he visto cómo la ha sacado de su casa, la ha alejado de un cabrón que no la merecía.- Se encoge de hombros y suspira. -Nuestro Gates está enamorado en serio, Matt, deberías darle un voto de confianza. Si va a ser padre, pues que lo sea, y si no, pues que no, pero no creo que eso vaya a romper su relación. Mírales, pero si parecen dos adolescentes. ¿Cuándo has visto a Brian así antes…? Ahora tiene una novia preciosa que le quiere con locura a pesar de lo loco que sigue estando, una chica bastante diferente a todas las demás con las que ha estado.- Chasquea la lengua y ríe. -No sé si lo tuyo es miedo, celos, desconfianza, rabia hacia Brian; pero creo que por primera vez y obviando todo lo que ha pasado entre vosotros dos, deberías animarle con esto en vez de estar ahí como un cascarrabias negativo. Tiene veinticinco años, ya es hora de que siente la cabeza…-

Ofendido al no conseguir que Dean le dé la razón, el chico de ojos claros resopla airado y clava su mirada en él, hablando seco y distante. -Sí, Dean, pero resulta que "esa novia tan preciosa" que tiene, ha sido literalmente secuestrada por él y alejada de su familia. De su familia y de su novio. Lo que Brian ha hecho es ilegal, tío. ¿Quién sabe si la familia de Ana no ha alertado ya a la policía? Ella se ha ido. Ha desaparecido sin dejar rastro durante la noche. Llevan casi una semana sin saber nada de ella. Ni una llamada, ni una carta, absolutamente nada. Si de verdad la quieren pondrán el grito en el cielo y no pararán hasta encontrarla. ¿Crees que cuando la policía llame a nuestra puerta y descubran que Ana está con nosotros se van a creer que vino por voluntad propia?- Sacude la cabeza, soltando una carcajada sarcástica. -No tío, y aunque sea la verdad ellos no lo creerán. ¿Sabes qué creerán? Creerán que Ana fue secuestrada y presionada para decir eso. Si esto llega a pasar estaremos solos ante el peligro, tío. Además estamos enfrentándonos a Charlie. A Charlie.- Resopla- -Si para encima descubre que está embarazada, ya podemos darla por muerta...-

Por supuesto, le parece que Matt está siendo demasiado tremendista ésta vez. Bastaría con que Ana dijera que se fue de manera voluntaria, y lo cierto es que no cree que la chica de ojos verdes vaya a tardar en hablar con su familia, probablemente dejará un mensaje desde alguna cabina o desde algún número privado para contar que está bien. El jefe del Red Dingo chasquea la lengua, se levanta de la mesa y se estira la camiseta, hablando con una media sonrisa socarrona en la boca, poniéndose unas gafas de sol con un aire elegante que parece realmente propio de él. -¿Hace cuánto que no te arrimas a una mujer, Sanders...?-

Matt pone los ojos en blanco y resopla, levantándose junto a él y estirándose la camiseta. -Oh no. No vayas por ahí. Ni se te ocurra hacer lo que estás pensando. No vamos a irnos de putas, Dean. Ahora no...- Suspira. -Voy a ir a la farmacia y voy a comprarle a Ana un test de embarazo, ¿sabes? Cuando antes salgamos de dudas...- Asiente, dándose la razón a sí mismo, y desaparece por la puerta de la cafetería. Su jefe le sigue con la mirada y cuando le ve desaparecer ríe y sacude la cabeza, escondiendo sus ojos claros tras las gafas de sol. -No cambiarás nunca, Sanders...- Susurra para sí. Pocos segundos más tarde puede ver a Brian y a Annie caminando de la mano de vuelta a la mesa. La chica de ojos claros ha recuperado el color en el rostro y no parece tener mala cara. Cuando llegan a la mesa, Dean la mira con preocupación, pero con una chispa de ternura bien palpable reflejada en la mirada. -¿Cómo estás...? ¿Te encuentras bien...?- Ana suspira y fuerza una sonrisa, haciendo un gesto con la mano para quitar importancia a sus palabras. -Sí, Dean. Estoy bien, no te preocupes. Es por el calor, seguro…-
La cara de Brian no dice lo mismo. Parece más serio, y cada vez menos convencido con la excusa del calor, ahora que prefiere no volver a tomar asiento. Se termina el café de un sorbo mirando disimuladamente a Annie, que ahora enreda inocentemente entre sus manos con un sobre de azúcar a estrenar. Dean les hace un gesto con la cabeza hacia la puerta después de dejar la cuenta pagada sobre la mesa y dedicarle una sonrisa cargada de malas ideas a la camarera, que se la devuelve. -Nos vamos al coche. Matt vendrá ahora. Ha ido a…- Echa a andar, apresurado. -A estirar las piernas. Empieza a pasársele el mal humor…-

Brian agarra a Ana de la mano y juntos caminan hacia el coche, sin mediar palabra ni despedirse de la gente del bar. La chica de ojos claros camina con la mirada clavada en el suelo y Gates esconde sus ojos color chocolate negro tras unas oscuras gafas de sol de aviador. No se les oye ni respirar. Ni siquiera se han mirado. Es como si ambos supieran que lo de Ana tiene que ver con muchas más cosas a parte del calor, y están tan asustados por lo que se les pueda venir encima que no quieren reconocerlo. Cuando entran en el coche, Gates se sienta donde el copiloto, Dean en el asiento del conductor y Annie detrás suyo. Todo el coche se queda en un silencio sepulcral hasta que es la voz serena y grave pero firme del hombre de ojos claros quien lo rompe. ¿Habéis... hecho cosas últimamente? Desde que volvéis a estar juntos... Ya... sabéis a lo que me refiero… 

Brian suspira profundamente, mira a Ana por el espejo retrovisor aunque ella no pueda corresponder a su mirada por culpa de las gafas negras de sol, y asiente. -Sí. Bueno, sí, claro...- Matt aparece doblando la esquina con una bolsa pequeña en la mano y se monta en su coche, aparcado delante del Mustang de Dean, para después arrancar, cosa que el conductor del coche que ocupan Annie y Brian imita, cruzando la calle, dispuesto a salir de la población. Se ha vuelto a hacer un silencio tenso. Todos saben de lo que va a la conversación, pero solo Dean parece dispuesto a seguirla...


El hombre asiente, suspira y conduce con la mirada clavada en la carretera, hablando en el mismo tono de voz, un tono tranquilizador pero a la vez alarmante. -Y, bueno, ¿Habéis tomado precauciones...? ¿Habéis... tenido cuidado y todo eso..?-


Gates puede escuchar a Ana suspirar desde el asiento de atrás, suspirar en silencio. Él es el que habla en un tono de voz seco y cortante, con bastante cargo de conciencia en su interior. -No. No tuvimos cuidado, ni tomamos precauciones. Supongo que ninguno de los dos hemos caído en ello hasta hace un par de días. Han pasado muchas cosas durante éstos días, y no nos paramos a pensar en nada.- Apoya el tatuadísimo brazo derecho en el borde de la ventanilla abierta, y habla mirando al exterior, diciendo algo que hace resoplar a Dean y subir los nervios de Annie a la altura de un rascacielos. -Si Matt ha ido a comprar lo que creo que ha ido a comprar, no va a servir para descubrir nada. Va a servir para confirmar lo que ya pienso. Ana pierde el apetito de golpe, le entra un hambre voraz otras veces, se marea y vomita, y esas dos últimas cosas se han notado mucho más éstos dos últimos días. Está débil y juraría que ha adelgazado algo, duerme mal y tiene más calor de lo normal.- Chasquea la lengua, jugando con un cigarrillo a estrenar, apagado, entre sus dedos. -No soy médico, pero creo que todos sabemos lo que pasa. Al menos lo sabemos ahora...- Suspira pesadamente-

Dean asiente, suspira y clava su mirada por unos segundos en el chico de ojos oscuros. -Ecuchad, os diré lo que vamos a hacer. Vamos a conducir unos cuantos kilómetros y en la próxima gasolinera en la que paremos, Ana se hará el test de embarazo que ha comprado Matt, ¿sí? Seguro que así salimos de dudas...- Desde el asiento de atrás y con la mirada clavada en la ventanilla, la chica de ojos claros suspira sonoramente y asiente, sin mostrar ningún interés por seguir hablando del tema. El silencio se hace de nuevo y el jefe del Dingo vuelve a clavar su mirada en Gates, hablando en un susurro. -Si el resultado es positivo, no te desanimes, tío. Incluso a Matt le hará ilusión...-

Él se muerde el labio inferior, se aparta un mechón de pelo de la cara y sacude la cabeza casi imperceptiblemente, con la mirada en el frente. -No me desanima. Ésto entraba dentro de nuestros planes, pero simplemente supongo que de ser un sí... No lo esperábamos ahora.- Se encoge de hombros y baja la mirada hacia sus manos. Ana está en un completo silencio. Mira por la ventana sin ninguna expresión concluyente en su cara, y Dean supone que el silencio significa que piensa igual que Brian. El conductor de ojos claros suspira de una manera exageradamente sonora, y tamborilea con los dedos en el volante, nervioso. Odia esos silencios. Enciende la radio y suspira por lo bajo de puro alivio. Va a ser un viaje largo...

Las horas pasan lentas y pesadas dentro del vehículo, y la incertidumbre entre los ocupantes del mismo acrecienta con cada segundo que pasan sin conocer los resultados del test. Matt, por teléfono y después de una breve parada en la que el chico de ojos verdes le ha dado el test a Ana, ha comunicado a Dean que la próxima parada que hagan será la definitiva, y que se quedarán a dormir en el primer motel que encuentren por el camino.

El reloj de pulsera de plata que el hombre de ojos claros lleva en la muñeca marca las nueve menos veinte de la noche, y las caras de sueño comienzan a hacerse visibles pese a la hora temprana que es. Ha sido un día muy largo, y los nervios y el calor acaban con la energía de cualquiera. Cosa de un par de horas después, Dean aparca el coche en el párking de un motel que en luces de neón anuncia Wild Wolves y justo cuando retira la llave del contacto se da cuenta de que el coche que está aparcado a lado del suyo es el de Matt. Sonríe de medio lado de forma triunfal y suspira sonoramente antes de hablar mientras abre la puerta. -Hemos llegado chicos, pasaremos la noche aquí y mañana retomaremos el viaje...- Cuando todos se han bajado, el jefe del Dingo mira a Ana y a Brian y suspira. -Id a recepción y pedid una habitación. Subid, duchaos y en...- Mira el reloj. -Dos horas como máximo nos veremos en el comedor, ¿está claro...? Yo voy a buscar a Matt...- Se gira y justo cuando está a punto de echar a andar, mira a Ana y suspira de nuevo. -Y tú... Mira a ver si te haces el test, ¿sí...?-Ella asiente y él, finalmente, se va.

Brian se cuelga la mochila al hombro en la que van su ropa y la escasa ropa de su chica, agarra la mano de Annie y echa a andar. Mientras camina hasta la puerta, mientras pide la habitación y mientras empiezan a instalarse no recuerda haber estado tan incómodo con un silencio entre ellos. Su chica parece cansada, muy cansada, y verla así, silenciosa, triste y apagada, le destroza por dentro. Ella ahora está asomada a la ventana, con los brazos cruzados sobre el alféizar y la mirada perdida. Tiene el test metido en el bolsillo, y aunque no lo dice, se está muriendo de miedo por dentro. Gates se sienta en el borde de la cama y la observa con atención durante casi un par de minutos. Se ha hecho el silencio más sepulcral en la estancia, que no está nada mal en cuanto a calidad para ser un motel de carretera. Habla en un tono de voz más bien bajo. Tiene sus dedos tatuados entrelazados entre sí en un gesto nervioso, sobre sus piernas. -¿Vas a hacerlo ahora…?- Ella cierra los ojos por unos segundos interminables y suspira, en silencio, sin decir nada en un buen rato. Conoce a su chico. Suena tan angustiado como sonaría ella si alzara la voz en ese momento. Puede notar su miedo, sus dudas y su nerviosismo con solo cuatro palabras…


Finalmente y tras dejar la ansiedad de Brian de conocer la respuesta crecer por unos interminables segundos, la chica de ojos claros se gira y le mira, suspirando profunda y agónicamente para después hablar en un susurro, visiblemente asustada y nerviosa, tanto o quizás más que él. -¿Qué pasa si el resultado es positivo? ¿Qué pasa si realmente estoy embarazada...? ¿Qué pasará con nosotros...?-


Gates frunce el ceño, como si estuviera confundido, mirándola con tanta intensidad que intimida. Parece nervioso, ahora mucho más que antes. -¿Que qué pasa si el resultado es positivo...?- Enarca una ceja y suspira. -Ana, con nosotros no pasará nada. Si lo que estás pensando es que ese embarazo condicionará nuestra relación para mal, te equivocas.- Resopla y abre los brazos en cruz por unos segundos. -¿No era ésto lo que queríamos? De acuerdo, quizás...- Chasquea la lengua.

-Quizás sea un poco pronto, pero no pienses que eso hará que me acobarde. Estamos juntos en ésto. Tenemos los medios para mantener a un miembro más entre nosotros dos. Si estás preocupándote por mi reacción, deja de hacerlo. Si lo que ocurre es un embarazo no solamente no vas a tener una ruptura, sino que además vas a tenerme a mí, dispuesto a ser padre, sin miedo a serlo. ¿Recuerdas cuando te pedí que me dejaras demostrarte cuánto podía llegar a quererte?- Suspira. -Ahora necesito que me dejes demostrarte cómo puedo quererte por partida doble, con el doble de fuerzas.- Su voz suena tranquilizadora ahora, más sincera que nunca. -Annie, no tienes que tener miedo. Estaré aquí, dispuesto a escuchar cualquier resultado, y para qué engañarnos, a pesar de lo pronto que ocurriría, si fuera un 'sí' yo... Recibiría la mejor noticia de mi vida...-

Una sonrisa tierna y dulce se dibuja automáticamente en los labios de la chica de ojos verdes, quien al escuchar las palabras de Brian no puede evitar exhalar un profundo suspiro cargado de alivio. No es que tuviese miedo a tener al bebé. Simplemente tenía miedo a que su chico se asustase y se fuera, desentendiéndose de todo y dejándola sola. A ella y a su propio hijo. Camina hacia la cama y se sienta sobre sus rodillas, rodeándole el cuello con los brazos y besándole sobre los labios lenta y suavemente para después hablar en un susurro a milímetros de su boca, apoyando su frente contra la de él y cerrando los ojos mientras Gates le acaricia la espalda suavemente. -Voy a ir al baño y voy a hacerme el test, ¿vale? En cuanto tenga los resultados te lo diré...- El asiente y la besa de nuevo brevemente. Ella sonríe y susurra, abriendo los ojos. -Te quiero. Te quiero mucho, cielo.- Le besa brevemente de nuevo y se levanta, estirándose la camiseta y caminando hacia el baño.

Gates la sigue con una sonrisa casi imperceptible. Entiende todas las responsabilidades que implicaría tener un hijo, formar una familia propia. Sabe que es joven, y que quizás tenga que aprender mucho aún, pero sabe que lo hará lo mejor que sepa y pueda, y por supuesto, se volcará por entero en su nuevo rol. Él gana dinero, ella también. Ambos tienen un sueldo, y en el peor de los casos podrían ocupar de nuevo el piso de Annie, ésta vez juntos, con un miembro más. Suspira pesadamente y baja la mirada, abandonándose a la suerte. Dentro del baño se ha hecho el silencio, así que él se dedica a dar un breve paseo hasta la ventana y mirar luego a través de ella. Se ve el hall de entrada abajo, los parkings y la carretera. En la puerta, un par de mujeres de cincuenta años con pintas de solteras consumadas, fuman y hablan entre risas. Ni siquiera está nervioso, no entiende por qué no lo está. Quizás porque está seguro de lo que quiere…

Segundos después se oyen unos toques en la puerta y sin dar tiempo a Brian a contestar, ésta se abre dando paso a Matt y a Dean, que entran con paso decidido, visiblemente nerviosos. El chico de ojos azules mira a Brian con una amplia sonrisa y resopla, colocando las manos sobre sus hombros y mirándole de fijo visiblemente entusiasmado mientras Sanders, de otra forma muy radical, opta por asomarse a la ventana, apoyarse en el marco y perder su mirada en la calle, sin sonreír. -¿Y bien? ¿Dónde está Annie? ¿Haciéndose el test? ¿No estas nervioso...?-

Brian suspira sonoramente y ladea la cabeza con una sonrisa nerviosa que cualquiera hubiera calificado como adorable. -Bueno, no del todo. Que me ponga nervioso no cambiaría los resultados del test, y bueno, yo...- Ríe por lo bajo, diciendo algo que hace sonreír a Dean. -Yo espero que salga positivo.- El jefe del Red Dingo aprieta sus manos en los hombros de Gates de una manera cómica y le pega una palmada en la espalda, haciendo reír al chico de ojos oscuros, y de rebote y de manera discreta, a Matt. -Esa es la actitud, Haner. Tú respira, respira hondo, tigre...-

Escasos minutos después se oye un crujido y después se abre la puerta del baño. Automáticamente todos dejan de hacer lo que estaban haciendo, especialmente Brian, que ahora siente que se muere por dentro y se lo comen los nervios, y clavan su mirada en Annie. La chica de ojos verdes tiene las manos metidas en los bolsillos traseros de su pantalón largo y mira a los chicos con los ojos húmedos y una sonrisa nerviosa y adorable, encogiéndose de hombros. No hace falta que diga nada, ya todo se sobreentiende...

Brian deja que la sonrisa se amplíe despacio, hasta no poder ser más cálida y más grande. Dean susurra un "toma ya" con una sonrisa, antes de que Gates corra hacia ella, la coja como una recién casada entre risas, la eche en la cama y tirándose con cuidado sobre ella, se la come a besos haciéndola reír. Le agarra la cara y se la aprieta sacando mofletes y provocando que su cara quede tierna y cómicamente cambiada, y la besa sobre los labios de seguido, mientras ella muerta de risa trata de deshacerse de él. Matt y Dean miran la escena sin poder evitar sonreír como dos idiotas. Matt es el que alza la voz, sin poder reprimir la sonrisa que llevaba reprimiendo desde que se encontraron, mirando a Ana de manera casi protectora, apoyando los brazos cruzados sobre el piecero de la cama. -Felicidades, mamá...- Mira a Brian y enarca una ceja, tratando de hablar sin sonreír aunque lo consigue a duras penas. -Gates, más te vale comportarte a partir de ahora...-

Annie, con una sonrisa amplia e imborrable dibujada en sus labios, mira a Matt, suspira y asiente, dulcificando el tono de su voz. -Muchas gracias, Matt...- Después suspira y clava su mirada en Brian, sin borrar la sonrisa, hablando en un susurro. -Felicidades, papá...- Él sonríe y la abraza, apretándola contra él con fuerza pero con ternura a la vez. Dean, que los mira sin poder dejar de sonreír, suspira y sacude la cabeza, aclarándose la garganta antes de hablar para así intentar disolver el nudo que se le ha creado en ella a causa de la emoción y que apenas le deja hablar. -Muchísimas felicidades, chicos. De verdad...- Mira a Brian. -Seguro que traéis al mundo a un niño guapo y listo que sabrá guiar mi negocio como nadie o...- Mira a Ana, pellizcándole la nariz en un gesto tierno, haciéndola reír. -O a una niña hermosa y con la voz más preciosa del mundo, al igual que la de su madre...-


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Al final y después de unos minutos, todos acaban sentados alrededor de una mesa, en el comedor. Todos han empezado a cenar, pero Dean y Matt no paran de hacer preguntas que hacen reír a los ahora seguro futuros padres. Les preguntan sobre qué prefieren que sea, si niño o niña, sobre los posibles nombres, sobre cómo van a educarle. Ellos se limitan a decir que no saben, que sea lo que sea lo harán lo mejor posible.

No quieren decantarse por un niño o una niña, porque a decir verdad, les hace la misma ilusión. Ana recuerda cómo Charlie siempre quiso tener un niño. Solo quería niños, de hecho, y nunca sintió ninguna afinidad por las niñas en su futura e idealizada familia perfecta con Annie. Cenan entre risas, porque aparte de la felicidad que ha empezado a embargarlos a todos, la camarera le manda unas miradas muy sugerentes a Matt, que entre risas nerviosas alega que quiere que le dejen en paz, que no quiere líos ni quiere seguirle el juego a la chica que parece morirse por un poco de contacto visual. La chica no está en absoluto mal. Es rubia, con los ojos castaños, y lleva una coleta alta. Lleva un uniforme de camarera que consta de una camisa de botones y una falda, y ambas cosas las lleva escandalosamente ajustadas, luciendo unas piernas muy largas subidas a unos tacones no demasiado altos. Dean a veces se levanta, trata de levantar a Matt o va a la barra a dejarle mensajes a la joven chica, a preguntarle el precio de cosas que no quiere comprar, y ella se muere de risa como una adolescente con el juego que se trae entre manos el jefe del Red Dingo.

Ana y Brian tratan de cenar como pueden, mientras Matt se muere de incomodidad y de vergüenza, entre risas. Esos chupitos de tequila que Dean se tomó antes de cenar no le han hecho ningún bien…

Ana deja el vaso de agua sobre la mesa y apoya en codo en ella, mirando a Matt con una media sonrisa que tiene lo mismo de cabrona que de adorable. -Yo creo que deberías hablar con esa chica...- Desvía la mirada un momento hacia la barra y no puede evitar ampliar su sonrisa. La camarera está hablando con Dean entre risas, visiblemente nerviosa.- -Y como no te des prisa te la van a quitar...-

Brian mira a su chica enarcando en una mezcla traviesa de sorpresa y ganas de echar a reír. No esperaba que ella también fuera a echar más leña al fuego en todo el asunto. Matt resopla, pone los ojos en blanco sin poder esconder del todo una sonrisa. -Vamos hombre, estáis todos locos. Le estáis siguiendo el rollo a Dean, que está borracho y con ganas de hacer el idiota.- Ríe por lo bajo. -Pero si ni siquiera la conozco, no he hablado con esa chica en mi vida. La he mirado dos veces...- Brian habla enredando con el tenedor en la ensalada, con una sonrisa cabrona y un susurro preparado para que lo oigan tanto Ana como Matt, aunque parezca solo dirigido hacia la primera. -Yo tampoco te conocía aquella noche en que empecé a seguirte para devolverte la cinta con tus canciones. Siempre con las mismas excusas idiotas de siempre...- Baja un poco más el tono de voz, evita el contacto visual con Matt y deja que se le ensanche una sonrisa de puras malas ideas- Yo siempre le vi un poco afeminado...-

Ana mira a su chico sin poder reprimir una carcajada. Suspira, sacude la cabeza y mira a Matt, esta vez poniéndose seria, como si quisiese darle a entender que se lo toma enserio. Se encoge de hombros y lanza una mirada rápida a la barra para después mirarle a él. -No sé, la verdad que la chica parece sentirse realmente atraída por ti...- Se encoge de hombros de nuevo. -Además... No es nada fea y parece simpática...- Brian habla por lo bajo, con la mirada clavada en su amigo -Bueno, y menuda delantera, parece que le van a reventar los botones de la camis-¡Ah!- Se frota el brazo donde Annie acaba de pegarle un puñerazo Vamos, Matt. Solamente vamos a estar aquí una noche. ¿Qué más da...? No pierdes nada, todo lo contrario...- Ríe por lo bajo. -Venga ya, tienes que estar harto cansado del viaje. Sobre todo por eso de que no tienes a nadie que te caliente la cama...-

Matt mantiene sus ojos verdes clavados en los de Ana por unos largos y silenciosos segundos, y está a punto de volver a negarse rotundamente hasta que por desgracia topa con la mirada de Gates. Su amigo de oscurísimos ojos y pelo negro azabache le mira con esa usual media sonrisa socarrona suya que parece ponerle a prueba, esa manera de sonreír enseñando unos dientes blanquísimos. Sí, lo cierto es que le gustaría tener el mismo arranque para las mujeres que tenía Brian antes de que su ángel de la guarda de ojos verdes apareciera en su vida. Suspira pesadamente y baja la mirada, tamborileando con los dedos en el tablero de la mesa. -Hablaré con ella después de la cena. Lo prometo.-

Brian coge una servilleta, escribe algo en ella que nadie alcanza a leer y se adelanta, se levanta de la mesa tras pegar una palmada en el tablero. Por el camino, saca su cartera con un par de billetes y mete la servilleta en medio, avanzando hacia la barra con paso decidido. Pasa un brazo sobre los hombros de Dean, deja el dinero sobre la mesa dando a entender que quiere que le cobren la cuenta y, dedicándole una arrebatadora sonrisa a la joven, habla disculpándose. -Me lo llevo un momento, señorita...- Camina con él de vuelta a la mesa con paso tranquilo. -Dean, no sé qué te traes entre manos, pero tenemos que terminar de cenar...-

El hombre de ojos azules ríe, sacudiendo la cabeza mientras camina hacia la mesa. -Nada tío, simplemente estaba hablando con esa chica. Es maja y me dio la sensación de que quería entablar conversación desesperadamente con alguien...- Rodea el comedor con la mirada, en el que solo hay dos parejas más aparte de ellos, y suspira. -Esto está desierto, tío, no me extraña que se aburra...-

Gates suspira y asiente, sin poder borrar la sonrisa. -Claro, Dean, claro. Conversación...- Ana y Matt les miran desde la mesa, y les siguen con la mirada hasta que se sientan. Brian se inclina hacia delante en su sitio, y con su habitual perspicacia y esa sonrisa que pone cada vez que ha empezado a urdir un plan no muy cristiano, habla por lo bajo. -Le he dejado el número de tu habitación en una nota, y le he escrito que "mi amigo" quería conocerla.- Enarca una ceja, hablando como si fuera a romper a reír en cualquier momento. -No se te ocurra moverte de la habitación ésta noche, Matt, por tu alma...-

Matt abre los ojos como platos, arqueando las cejas en señal de sorpresa. Habla en un susurro, visiblemente sobresaltado. -¿Pero qué coño...?- Brian se le queda mirando con la misma sonrisa, una sonrisa que al chico de ojos verdes termina por contagiársele. Sanders baja la mirada y sacude la cabeza, riendo disimuladamente para que su amigo no lo note, aunque Gates termina por notarlo y echar a reír él también. Siempre fueron así. Matt siempre trató de dar imagen del chico serio y responsable, el hermano mayor encargado de cuidar de Brian y responsabilizarse de él, pero por motivos que desconoce, su amigo de ojos oscuros siempre logra salirse con la suya, rompiendo sus esquemas. Le quiere. Le quiere con locura y le quiere más que a nada en el mundo. Solo Dios sabe lo que estarían dispuestos a hacer el uno por el otro, a pesar de todos los malos ratos.

Terminan de cenar con una conversación bastante más agradable y más tranquila, sin tanta inquietud por parte de la camarera. Dean intenta levantarse un par de veces de su sitio con intenciones de ir a hablar con la chica, pero Brian lo para de manera muy eficaz, con la consiguiente gratitud de Matt. Suben a sus respectivas habitaciones, aunque hacen cosas muy diferentes. Brian y Ana se duchan y se meten en la cama, sumidos en una de esas conversaciones infinitas entre los dos. Están realmente ilusionados con todo lo que ha pasado hoy. Han sido demasiadas cosas, y están muy cansados, ellos dos en especial. Dean se cambia de ropa y se tira en la cama, quedándose dormido muy poco después con la televisión puesta, y Matt, en su habitación, es el único que está dispuesto a no dormir en toda la noche, que pasa lenta y muy diferente para unos y otros...