[Brian lo fulmina con la mirada y enarca una ceja -No es mi novia, ¿cuántas veces más quieres que te lo repita? Ana ya tiene novio, y yo no quiero una novia ahora. Es una ecuación bien fácil, Sanders, hasta un chulo de gimnasio como tú lo entendería a la primera…- Entra de nuevo al almacén y habla desde ahí dentro, diciendo algo por lo bajo como cargado de resentimiento que hace a Matt arrancarse a reír -Y mi arroz está fresquísimo, payaso…- Se escucha la voz de Dean por la zona de las escaleras, probablemente gritando desde el despacho, exasperado por la conversación de sus empleados -¿Estáis colocando o estáis haciendo el idiota otra vez? Por el amor de Dios, os pago un sueldo para algo…-]
Matt sacude la cabeza con una sonrisa y se sienta frente a la barra, cruzando los brazos sobre esta y apoyando la cabeza entre ellos. Cierra los ojos y suspira, alzando el tono de voz lo suficiente como para que su jefe pueda oírlo -Ya hemos terminado, Dean. Solo queda que lleguen las chicas...-
No pasan siquiera cinco minutos hasta que la puerta se abre dando paso a Kate, a Karina, Charlotte y Ana, que entran riéndose. Las cuatro son un verdadero espectáculo, desde luego, que embobaría a cualquier hombre heterosexual de la tierra. Todas lucen un cuerpo de infarto, a pesar de ser tan diferentes. Kate con sus rasgos profundos y su pelo negro y esos ojos azul marino, Karina, con su pelo rubísimo y sus aires de animadora de instituto, Charlotte, de pelo rojizo y liso y piercing en la nariz, y Ana, con ese pelo castaño largo y ondulado, ojos intensamente verdes y esa sonrisa que roba cordura. Las coyotes siempre han sabido que Brian es de fiar, y lo saben porque lo conocen desde que empezaron a trabajar allí, al igual que Matt. Siempre han hecho mil perrerías con el chico de ojos oscuros, que ya las ha sacado de muchos aprietos y se ha convertido en un amigo incondicional. De vez en cuando lo suben a la barra, lo invitan a chupitos y lo “subastan” a las chicas de entre la clientela por un dinero que va directo a la caja de propinas. El chico de ojos oscuros las mira con una ceja enarcada, reprimiendo una sonrisa -¿Vais a llegar puntuales algún día…?-
Charlotte ríe y sacude la cabeza, sentándose en la barra junto al resto de chicas –Brian, no te las des de puntual, cielo…- Ana le dedica una sonrisa tímida a Brian que este le devuelve nerviosamente, pero se queda callada y es en cambio la chica de pelo negro quien se decide a hablar con su habitual severidad y seriedad -No es asunto tuyo, Gates...- Mira a las chicas con desaprobación y habla mientras camina hacia la cocina justo antes de desaparecer por la puerta -Id poniéndoos en marchas, chicas. Los clientes no tardarán en llegar…-
Brian se levanta y habla por lo bajo con una media sonrisa traviesa, mirando a Matt -Es como una especie de amazona cabreada…- Camina hacia el enorme equipo de música y hace que empiece a sonar Shook Me All Night Long, y Karina pega un gritito de pura motivación y se sube a la barra, seguida por Charlotte. Matt pasa al lado de Ana, le revuelve el pelo con cariño y habla, directo a la entrada -Bueno, voy a abrir ya. Preparaos para una mega noche de jueves, damas y caballeros…-
Ana ríe y se acomoda en su asiento, mirando a las chicas que ahora bailan sobre la barra con toda la soltura del mundo, como si llevasen haciéndolo desde que nacieron. Suspira y enseguida centra su mirada en Brian, dándose cuenta de que él llevaba bastante tiempo mirándola. Ambos ríen y sacuden la cabeza casi a la vez, avergonzados.
El local empieza a llenarse de gente con rapidez, como suele pasar todos los días en los que abren. El alcohol fluye aquí y allá, la música inunda la enorme estancia, las chicas bailan sobre la barra cortando respiraciones, incluida Ana, que parece poco a poco ir superando sus nervios y su respeto por el miedo escénico, y Brian está detrás de la barra, sirviendo chupitos, copas y cócteles en un no parar, aunque de vez en cuando Matt abandone su puesto de portero y vaya a prestarle ayuda. Annie y el chico de ojos oscuros se lanzan de vez en cuando unas miradas que fundirían el acero, acompañadas de sonrisas nerviosas y fugaces. Definitivamente, han pasado mucho tiempo juntos esa semana. Lo único que puede incomodarle en ese momento a Brian es la presencia silenciosa de Cynthia y sus amigas entre el gentío, pero por ahora, mientras siga marcando cierta distancia, no le resulta demasiado problema…
Cuando dan eso de las dos de la mañana, el Red Dingo no ha hecho más que llenarse, tanto que Matt se ha visto obligado a no poder dejar pasar a gente por el simple hecho de que el local está hasta los topes. Ciertamente está alcanzando bastante fama y reconocimiento en la ciudad, y todos saben por qué. Desde luego que el bar entre en auge tras la incorporación de la chica de Texas no puede ser mera coincidencia. Ahora las chicas se han bajado de la barra y pasean entre las mesas, ayudando a Matt y a Brian a servir bebidas. Los clientes les silban y les lanzan piropos a los que ellas responden con sonrisas nerviosas. No están asustadas ni incómodas, pues saben que siempre contarán con las medidas de seguridad del local si algún cliente borracho se pasa de la raya. Annie está sentada en una mesa charlando animadamente con una pareja de chicas que suelen frecuentar el local, riendo y contándose cosas con ellas que parecen ser bastante entretenidas. Gates, que está fregando un vaso de chupito, siente de pronto una intensa mirada clavada en él y cuando alza la vista se encuentra con los ojos felinos de Cynthia que, a juzgar por la forma en la que le mira, tiene más alcohol en las venas que sangre y sus intenciones no son muy cristianas. La chica de ojos color miel habla con una sonrisa traviesa, mirándole de una forma que realmente intimida -¿Te ayudo con algo...?-
Brian la mira, suspira profundamente y pone los ojos en blanco, bajando la mirada y dedicando toda su atención a los vasos que enjuaga. Le encantaría que su jefe dejara de permitirle el paso a su maquiavélica sobrina dentro de la barra y dentro de las zonas para empleados. Murmura por lo bajo, molesto -Me las arreglo solo, y eso que está siendo una noche más movida que de costumbre.- La mira y frunce el ceño, curioso. Tiene un cuerpo de infarto, y esa cara de adolescente traviesa y mezquina de siempre. Sabe que debe medir sus palabras, ahora que su jefe no anda muy lejos, pero ambos saben muy bien que sería mucho más brusco si no estuvieran delante de tanta gente. Cynthia tiene la capacidad de volverle extremadamente venenoso y frío, casi tanto como ella misma -Oye, ¿por qué no hablamos luego?- Habla mientras clava la mirada en el grupo de chicas que se mueven entre el público, más concretamente en Annie -Ahora tengo muchísimo trabajo.- Enarca una ceja, bajando la mirada y el tono de voz para que nadie más que ella le oiga, queriendo huir del influjo de sus felinos ojos color miel -Y deja de beber, no vayas a caerte de esos tacones y no sepas cómo levantarte después… Que, a propósito, no sería la primera vez que te pasa…-
Cynthia ríe y sacude la cabeza. Se acomoda a su lado, apoya el codo sobre la barra y la barbilla sobre su mano, sin apartarle la mirada y con una sonrisa burlona dibujada en sus rojísimos labios a causa del carmín -Por qué tratas de evitarme... ¿Es por tu nueva amiguita...? ¿La tal Texas?-
Gates sonríe de medio lado, sacude la cabeza como si le riera la gracia sin ganas a un niño pequeño y entra al almacén, seguido por la chica de pelo negro, que no está dispuesta a dejarle ir sin una respuesta. Gates agarra una lista y cuenta una pila de botellas mientras habla, sin perder ese tono irónico que usa siempre con ella -¿Quieres que te diga la verdad o que confirme esas paranoias que te están comiendo la cabeza últimamente…?- Enarca una ceja y escribe algo en la lista. Habla sin apartar su mirada del papel, con una sonrisa inocente que cortaría la respiración a cualquiera -Ya sabes, ese juego que tanto te gusta en el que yo te sigo la corriente…-
La chica de ojos color miel se cruza de brazos y se apoya en el marco de la puerta, mirándole con una ceja arqueada y recobrando toda la seriedad que el alcohol le permite en ese momento -Quiero una respuesta. Y quiero la verdad. ¿Es por ella…?-
El chico de pelo negro azabache suspira profundamente y contesta algo que deja a la chica realmente sorprendida, cogida de improvisto -Esto no tiene nada que ver con Annie. Ella es mi amiga, sin más. El problema eres sólo tú. Me traes malos recuerdos, Cynthia. Sabes a qué me refiero con esto, y no, todavía no lo he superado.- Se encoge de hombros -Es irónico, pero la echo de menos, echo de menos a Jinny. Echo de menos todas las cosas que hacía con ella. Pero en fin,- Suspira y la mira, ladeando la cabeza y analizándola con sus ahora encendidos ojos oscuros -Supongo que es lo que pasa cuando un cínico sin principios y fácilmente mal influenciable se encuentra con una chica sin escrúpulos como tú.- En los labios rojos de Cynthia se dibuja una sonrisa que adivina como triunfal. “No me esperaba menos de ti, maldita…”. Es como si aún lo encontrara divertido, como si disfrutara con la ruptura, y eso le llena de rabia por dentro. No le sorprende, en absoluto. Esas reacciones son muy típicas en ella…
Los dos chicos quedan mirándose unos largos segundos hasta que de pronto la puerta de la despensa se abre bruscamente. Al verlos, Ana se queda paralizada. Sacude la cabeza, quedándose en el marco de la puerta -Lo siento, yo no... No quería interrumpir. No sabía que hubiese nadie aquí, yo...- Baja la mirada y traga saliva, hablando en un murmullo antes de irse, avergonzada -Me voy...- Cuando sale camina con paso apresurado hacia el otro lado de la barra de nuevo. No es que les halla pillado haciendo algo malo, es que simplemente no esperaba toparse de golpe con ellos, está simplemente cortada, aunque para ser sincera no le ha gustado ni un pelo la sonrisa maliciosa de Cynthia...
La chica de ojos color miel finge una expresión de tristeza que pretende ser adorable y compasiva pero que termina siendo realmente maliciosa a causa de la sonrisa cabrona que parece ser imborrable de sus labios. Pasa una mano por su mejilla y habla clavando su mirada en él, en un tono que de compasivo no tiene absolutamente nada -Oh, vaya, pobrecito, echa de menos a la arpía de su novia...- Pone los ojos en blanco y resopla, hablando con desparpajo -Por Dios, esa tía se acostaba con el primero que pillaba en cuanto salías a trabajar, Brian. Deberías haber abierto los ojos cuando aún estabas a tiempo... ¿Recuerdas el aborto que tuvo hará cosa de medio año? Bien, pues no era tuyo. Era de Joey. De mi amigo Joey. No sé si te habrás enterado de que estaban liados a tus espaldas pero si no lo has hecho, vas bastante mal porque toda la ciudad lo sabe...- Sonríe de medio lado cabronamente, rodeando la estancia con la mirada para que, tras terminar de hablar, mirarle a él de nuevo. -Adivina con quién está ahora…-
La mirada de Brian cambia igual que se nubla un cielo azul. El gesto de incomprensión pronto se convierte en el de pura rabia, y la reacción no se hace esperar. La agarra del brazo bruscamente y la pega a él en un gesto infinitamente hostil, acelerando la respiración y entrecerrando los ojos mientras habla cerca de su boca, matándola con la mirada, susurrando en un tono que jamás antes había utilizado con ella -Escúchame bien, zorra retorcida… No se te ocurra volver a hablar de Jinny en mi puta presencia, y mucho menos para soltar mentiras ahora que ella no está delante…- Ella, contra todo pronóstico y además, encontrándolo todo más excitante que peligroso, mantiene su sonrisa triunfal, y le mira sin separarse de él ni de su agarre ni un milímetro, con la fascinación de un crío que observa a un león tras los barrotes de su jaula del zoo. Le encanta verle enfadado y fiero, pero jamás había llegado a un momento como éste, en el que sabe que ha tocado algo demasiado sagrado para él. Gates habla, sin cambiar un ápice su amenazante tono de voz ni su postura, realmente loco de rabia por culpa de esa sonrisa maliciosa que se niega a huir de su vista -¿Te hace mucha gracia, verdad, pedazo de víbora…?-
Brian la suelta de golpe, brusco y agresivo. La mata con la mirada mientras le señala la puerta -Quítate de mi puta vista, ahora. Y para siempre. Aléjate de mí, ¿me oyes?- En su voz hay rabia, pero también hay impotencia. Muchísima impotencia. No cree nada de lo que la chica ha dicho sobre Jinny. Ella jamás haría algo así, jamás, no era de ese tipo de chicas y él lo sabe bien. Y luego está Annie. Odia que haya tenido que entrar justo en ese momento, que haya podido pensar cualquier cosa de ellos dos...
En cuanto la empuja, Cynthia borra la sonrisa de golpe. Le fulmina con la mirada y tras resoplar, abandona la estancia, cerrando de un portazo y dejando a Brian dentro. Ana ahora está atendiendo la barra. Mantiene en su rostro angelical una expresión seria y enfadada y da la sensación de que la forma en la que pasa la balleta sobre la barra está hecha a mala fe, descargando contra el mostrador toda su rabia. No sabe por qué se siente así. Ni siquiera ella lo sabe. No puede explicárselo. ¿Y si Brian y Cynthia tienen algo juntos y a sus espaldas?
Brian aparece un par de minutos después. Está escalofriantemente serio, y lleva un trozo de tela negra envolviendo la mitad de su mano. Atiende a un par de clientes más con una sonrisa que Ana detecta enseguida como forzada, al igual que Matt, que le mira receloso y cargado de sospecha. Mientras carga un vaso de cristal de tubo con whiskey, le lanza una mirada fugaz a Ana. Desde luego, ahora parece tan poco feliz como él mismo, que sólo tiene ganas de sentarse en una esquina a patalear y llorar de rabia por culpa de unas acusaciones que Cynthia sabe bien cómo colocar para derrumbarle. Sabe que Ana no necesita una explicación, porque es su amiga, sin más, pero quiere dársela. Tiene que dársela. Y con suerte sólo queda media hora de trabajo...
Los dos chicos, ante la sorpresa de todo el personal del bar, no vuelven a hablar en todo lo que queda de noche. Brian le dirige miradas rápidas a las que ella no corresponde. Simplemente sigue seria, seca, haciéndolo todo con desgana. Cuando terminan y el local se vacía, Ana tira el rodillo contra la barra y es la primera en encaminarse hacia los vestuarios para cambiarse. Entra con un uniforme de colegiala escandalosamente corto y sale con unos vaqueros gastados y rotos por las rodillas, una camiseta blanca que le queda enorme y unas converse bajas de color negro con pinta de estar tan desgastadas o más que el pantalón. Se cuelga la bolsa de la ropa al hombro y tras dirigir una mirada rápida a sus compañeros de trabajo, abandona el local sin mediar palabra. Matt mira a su amigo de ojos oscuros desconcertado, como si realmente no entendiese absolutamente nada de lo que está pasando.
Brian resopla sonoramente, sale de la barra apresuradamente y sin decirle nada a Matt a parte de un breve “iré luego a casa, no me esperes”, alcanzando la puerta en pocos segundos. Camina por la acera y alza la voz, siguiendo a la chica de ojos verdes, que camina algunos metros por delante de él -¡Annie…! Ana, espera…-
La chica de ojos verdes chasquea la lengua y frena en seco, girándose poco tiempo después para mirarle. ''Ana, tranquila, disimula, él no tiene por qué notarlo, técnicamente no ha hecho nada...''.
Gates avanza hacia ella con las manos metidas en los bolsillos -Sé que es una idiotez que te explique esto, pero…- Resopla, agobiado -No era lo que parecía. Es más, era… Todo lo contrario a lo que parecía. No estábamos juntos ahí dentro porque quisiéramos, yo no quería estar ahí… Ella, acababa de sacarme de quicio y yo había perdido los papeles y estaba diciéndole cosas horribles que no querrías oír y…- Baja la mirada, abrumado y avergonzado, sin saber cómo reaccionar ante Annie, manteniendo su malherida mano derecha en el bolsillo. Sus nudillos siguen vendados y ocultos, pero ni con diez puños contra la pared del almacén ha conseguido descargar la rabia que aún siente dentro.
Ella chasquea la lengua y sacude la cabeza, hablando en un murmullo con la mirada clavada en el suelo, sin ser capaz de mirarle a los ojos -No, oye. No te preocupes, ¿vale? No tienes que explicarme nada. Siento... siento haber interrumpido así. No sabía que estaríais ahí y...- Se encoge de hombros -Tal vez interrumpiese algo...- Alza la mirada hacia sus ojos y fuerza una media, leve y triste sonrisa -Nos vemos mañana, ¿vale? Estoy agotada y hoy no he tenido un día muy bueno…-
Brian ya no puede, no puede consigo ni con su vida, así que simplemente asiente y suspira. Y la deja ir, la pierde de vista entre la gente que pasea por la calle con paso tranquilo, ahora que están dando las seis de la madrugada. Vuelve a casa dando un rodeo, un rodeo larguísimo, tanto que para cuando llega, Matt ya se ha metido en la cama y duerme a pierna suelta. Se sienta en el sillón, frente a la televisión apagada, iluminado sólo por el sol que empieza a salir y las luces de la ciudad que se filtran por el enorme ventanal del salón, y Pinkly no tarda en hacerse una bola a sus pies, como buscando compañía. Él sabe que su animalito odia quedarse solo tanto tiempo, pero no puede llevarla a un sitio como el Red Dingo. Se quita la camiseta, la tira a un lado del sillón y se enciende un cigarrillo. Mientras desliza entre sus labios el humo caliente de la primera calada, se desabrocha la hebilla del cinturón y se destapa la tela de su mano derecha. Las heridas y los moratones que adornan sus nudillos ahora tienen verdadera mala pinta. Resopla de mala gana, se tapa de nuevo y cierra los ojos. Jinny jamás le puso los cuernos con Joey, y se jugaría el cuello, pero… Pero ahora ya no importa. Nada importa. Cynthia es una mentirosa que sabe cómo enredarlo en sus redes y cómo alejar a su “competencia femenina” de él. Siempre se le dio bien, y nunca debió darle tanta confianza, así quizás podría deshacerse de ella de alguna manera, pero ahora es imposible. Siempre vuelve. Siempre vuelve para hacerlo caer, para hacerle pecar, para cabrearlo y jugar con él como se juega con una mascota. Y lo peor es que él lo permite, o lo permitía hasta hoy. Sabe que Annie se siente mal, y eso le provoca una maraña de sentimientos que no puede explicar con facilidad. Si se siente mal, es porque él le importa, y siente como algo personal eso de que se acerque a otra que no sea ella. Igual es amor. Sólo quizás, pero si es así, duele. Marca el número de la casa de sus padres en el móvil, y cerrando los ojos de nuevo, escucha al otro lado de la línea. En seguida salta el contestador. La dulcísima voz de su madre rompe el silencio. “Está llamando a casa de Suzy y Brian Haner. ¡Ahora no estamos en casa, pero puedes llamar dentro de un rato!” De fondo se oye la risa de su padre, y un tenue “Vamos, Suzy, no puedo creer que estés grabando en ese cachivache viejo…”. Suenan felices. Brian vuelve a tener los ojos llenos de lágrimas que entorpecen su vista. Les echa de menos. Está demasiado lejos de todo, lejos de todos…
Tan solo a unos metros de él, metida ya en casa y atrincherada en su habitación, la chica de ojos verdes está tumbada de medio lado en la cama, mirando por la ventana por la cual entra la tenue luz de la mañana, que es la única que ilumina la estancia. Lleva puestos unos pantalones largos de pijama y una sudadera, tratando de así combatir el frío que hace esa noche, o tal vez solo sea el frío que ella siente en su interior. Tiene los ojos abiertos y los sentimientos y pensamientos no dejan de molestarla. Tanto que puede adivinar que no será capaz de pegar ojo en toda la noche. No sabe por qué se siente tan mal, de hecho sigue preguntándoselo, pero no puede quitarse la imagen que vio de Brian y Cynthia de su cabeza...
La noche para ambos pasa lenta, y para cuando la chica coincide conciliar el sueño con mucho, mucho esfuerzo, ya se ha hecho de día. Dormirá hasta tarde, seguro. Brian, por otra parte, es incapaz de dormir en toda la noche, y para cuando Matt se levanta a las dos y media de la tarde, se lo encuentra despierto y ojeroso, tirado en el sillón. Se acerca a él, se frota los ojos y lo mira con curiosidad y lástima. Habla con la voz ronca -¿Aún no has dormido…?- El chico de ojos oscuros sacude la cabeza levemente, sin mirarle, con toda su atención puesta en la televisión. Matt asiente, suspira, da por sentado que tiene que ver con el tema de anoche, y se coloca a su lado, sentado en el sillón contiguo -¿Quieres hablar de algo?- Brian se pasa unos segundos en silencio, y entonces le mira casi suplicante y asiente. Habla con la voz rota, frunciendo el ceño -Tú eras el mejor amigo de Jinny. ¿Vas a ser sincero si te pregunto una última cosa sobre ella?- Después de esto, se olvidará de ella para siempre, la enterrará en lo más profundo de sus recuerdos y, aceptará la respuesta sea buena o mala.
Baja la mirada hacia sus manos, que ahora mantienen los dedos nerviosamente entrelazados entre sí
-Yo… Quería saber si es cierto que…- Chasquea la lengua, cierra los ojos y suspira tratando de recobrar algo de valor. Da verdadera lástima. Tiene mala cara, el pelo salvaje y revuelto y la voz hecha pedazos -Matt, ella jamás me engañó con nadie, ¿verdad…?-
El chico de ojos verdes siente una tremenda punzada en el estómago al escuchar la pregunta de su amigo. Traga saliva y baja la mirada, quedándose con la vista clavada en el suelo durante unos largos segundos, pensativo, como si estuviese buscando la forma menos dolorosa de contarle que sí, que efectivamente Jinny, su ex novia, con la que tanto tiempo estuvo, le fue infiel y no una, sino varias veces según ella misma le confesó entre lágrimas cínicas. Sanders habla con la voz en un murmullo, sin apartar la mirada de donde la tiene -Tío, escucha, es mejor... Dejar el tema...-
Matt podría calcular simplemente mirando cómo ha cambiado el gesto de su mejor amigo, el momento exacto en el que su corazón se le astilla y se hace trizas en lo más profundo de su pecho. Cierra los ojos de nuevo, y cuando lo hace, arrastra un par de lágrimas que ruedan por sus mejillas, y se mantiene así, como si ya no quisiera ver nada más. Brian es orgulloso, y su compañero podría contar con la mitad de los dedos de una mano las veces que le ha visto llorar. Ésta vez lo hace silenciosamente, con un nudo en la garganta, hielo en la sangre y expresión seria. Habla como puede, haciendo verdaderos esfuerzos para no derrumbarse -Todos lo sabíais y no me dijisteis nada y… Aquel embarazo ni siquiera fue mío…-
Matt resopla desesperadamente y se frota la cara con las manos para después apoyarlas sobre las rodillas y mirar a su amigo, hablando en el mismo tono de voz -Tío yo... Yo no quería meterme, sé que no te gusta nada que me meta en tus cosas y, sé que debería haberte dicho algo, pero cuando me convencí de que contártelo era lo correcto ya había pasado mucho tiempo y...- Chasquea la lengua -Lo siento muchísimo, de verdad, pero debiste saber que Jinny no era trigo limpio desde el principio...-
Gates sacude la cabeza, se limpia las lágrimas y se levanta, estirándose la camiseta. Parece un niño grande disgustado con todo, como si hubiera algo de inmadurez en sus palabras, que suenan hechas jirones. Ahora tiene la voz ronca, y la mirada más oscura que de costumbre -Ahora eso ya no importa una mierda.- Se encoge de hombros y se frota la nariz, aspirando con fuerza y huyéndole la mirada a su amigo -Yo tampoco fui el mejor ejemplo posible, ¿sabes?-
Matt suspira, baja la mirada y se levanta también, estirándose la camiseta. Después le mira con un claro deje de preocupación en la mirada y habla en un murmullo -Tío, yo... Lo siento. Lo siento mucho. Siento no habértelo dicho…-
Su amigo le dedica una mirada que, sin palabras, parece perdonarle sin más. Se aleja pasillo adelante y desaparece dentro de la habitación. Él desde luego no fue un buen ejemplo de fidelidad y comprensión. Jamás la escuchó, jamás le interesó demasiado la vida de Jinny. Posiblemente le fue infiel más de unas cinco veces durante toda su relación, y si no fueron más es porque algo se lo impediría, pero desde luego no su conciencia. Entra en la habitación, baja las persianas por las que entra la luz de la tarde, se tira en la cama, se limpia las lágrimas rabiosamente y cierra los ojos, obligándose a dormir. Ojalá se lo tragara la tierra. Ya no confía en nadie ni en nada, y siente que todo el mundo es igual de cínico e hipócrita que él mismo. Tantos remordimientos pesan demasiado como para poder seguir a flote.
Cuando dan eso de las seis de la tarde, un rayo de luz que entra por la ventana despierta a la chica de ojos verdes, que se revuelve perezosamente entre las sábanas antes de volver a la realidad definitivamente. Tras bostezar y desperezarse, abre los ojos lentamente y se incorpora en la cama, quedándose sentada. Tiene el pelo adorablemente revuelto y se siente mucho mejor que la otra noche. Tal vez porque por el momento se le ha olvidado el pequeño incidente de ayer. Tras quedarse unos minutos más aprovechando los últimos minutos de cama, se pone en pie. Sale de su habitación, como siempre, descalza, y se dirige hacia la cocina mientras se recoge el pelo en un moño. Abre la nevera y lo primero que hace es sacar un brick de leche que más tarde echa en un cuenco lleno de cereales. Coge una cuchara y se dirige al salón. Se tumba en el sofá, enciende la tele y se pone a desayunar. Su desayuno de las seis de la tarde.
Tiene un buen lugar para vivir, no puede negarlo. Es un bloque más que tranquilo, donde jamás se oye un ruido demasiado alto, a parte de los ladridos aislados de Pinkly, que de vez en cuando parece rebotarse y decidirse a montar barullo. Su trabajo, aunque no es muy convencional, está empezando a hacerla feliz. Le gusta el Red Dingo y le gustan sus compañeras de trabajo. En cuanto a sus sueños… En cuanto haya reunido un poco más de dinero conseguirá un representante y dinero para grabar una maqueta en condiciones.
Pasadas unas tres horas, Matt irrumpe en la habitación de su amigo, que sigue tumbado en la cama de espaldas a la puerta. El chico de ojos verdes se apoya en el marco, suspira, se cruza de brazos y habla en un susurro, mirándole aunque no le devuelva la mirada -Brian son… Son las nueve. ¿No vas a cenar nada?-
Gates habla sin girarse hacia él, entreabriendo los ojos a pesar de no haber estado dormido en ningún momento -No tengo hambre. Ya comeré algo luego. O mañana…- Resopla sonoramente, con la mirada perdida en la pared de en frente. Justo cuando el chico de ojos verdes va a salir de la estancia, resignado, Brian habla, atrayendo su atención. Odia ese tono de voz. Sólo lo usa cuando tiene que contar algo malo -Yo también he estado callándome algo, Matt. Júrame que no vas a enfadarte conmigo…-
Shadows suspira profundamente y camina hacia la cama de su amigo. Se sienta en el borde y le mira con una expresión seria pero tranquila, inspirándole toda la calma que necesita -¿De qué se trata...?-
Casi cauteloso, Brian se incorpora y apoya la espalda en el cabecero de la cama. No es capaz de mantenerle la mirada a Matt ahora mismo. Está realmente nervioso, a sabiendas de lo que se le viene encima -Sé que no soportas que hablemos de éste tema pero ésta vez necesitamos hablar. Hace un par de meses. Ella llamó, ¿sabes?…- Resopla y chasquea la lengua -Quería arreglarlo. Joan quería venir aquí y hablar contigo y yo le dije que…- Se frota la cara, desesperado -Le dije que no querías saber nada de ella. Que ya no la necesitabas…
Sanders cierra los ojos con fuerza y aprieta los puños, sintiendo como la más pura rabia se apodera de él de nuevo. Otra vez vuelve a tener su imagen en la cabeza y de nuevo comienzan a asaltarlo todos los recuerdos que tiene con ella. De pronto una inmensa tristeza se apodera de él y solamente se ve capaz de bajar la cabeza y tragarse el llanto como puede.
Brian se apresura a hablar, sintiendo una horrible presión en el pecho. “Por el amor de Dios, ¿es que no va a superarlo jamás…? ¿Nunca va a entrar en razón?”. Habla bajando el tono de voz, como si se excusara -Matt, ella hizo lo mismo que Jinny conmigo, ella…- Resopla -Ella no te quería, y lo sabes. Te trataba como una mierda, te menospreciaba y te utilizaba y tú solo eras capaz de sonreírle y reírle unas gracias que no eran más que latigazos contra tu jodida dignidad. ¿Es que ni siquiera escuchabas cómo te hablaba…? Si hubo amor en esa relación, fue solo por tu parte, y tú, en el fondo, lo sabes. -Baja el tono de voz y le pone una mano en el hombro – Matt, joder, eres increíble. Eres generoso, eres divertido, eres un tío con posibilidades, puedes conseguir lo que te dé la gana. Te mereces algo mucho mejor que Joan, hermano. Creí que era lo mejor para ti, y aunque me equivocara sabes que no lo hice con mala intención…-
Matt se pasa el revés de la manga por los ojos para secarse las lágrimas y asiente. Se queda con la mirada clavada unos segundos en el suelo y después mira a su amigo, forzando una sonrisa triste pero adorable, con los ojos aún húmedos. Le pone una mano en su hombro y habla con la voz rota en un murmullo -Tío, ¿sabes? Tienes razón. Ahí fuera hay miles de tías que son miles de veces mejores que ellas. Ya encontraremos a la adecuada, no tenemos prisa…-
Brian sonríe con tristeza y asiente, pegándole un puño cariñoso en la mejilla -Por supuesto que sí, ya lo verás. Y si no, siempre podemos salir juntos tú y yo, si en el fondo haríamos buena pareja, ¿no?- Matt resopla, ríe por lo bajo y le pega un puño en el brazo, llamándole idiota por lo bajo. Brian se encoge de hombros y habla con franqueza, perdiendo esa sonrisa que tenía en los labios hace algunos segundos.-Espero que lo pases bien con tu familia éstas dos próximas semanas… Voy a echarte de menos por aquí, tío. No sé qué pasará cuando me dejes sólo.- Ríe sin ganas, bajando la mirada -Pero mándales saludos a todos…-
Su amigo de ojos verdes sonríe dejando ver sus eternos hoyuelos y pasa un brazo sobre sus hombros, revolviéndole el pelo cariñosamente mientras Brian trata de soltarse, entre risas -Maldita sea Gates, yo también voy a echarte de menos...- Suspira -Pórtate bien y no me la líes muy gorda, no quiero tener que irte a sacar de la cárcel en cuanto llegue...- Ríe.
-Ya veremos. Tú por si acaso no gastes mucho dinero por allí, no vaya a ser que lo necesites para pagar mi fianza…- Le ve cruzar la habitación y salir por la puerta con una media sonrisa triste. Matt parece ser el único que le ayude a mantenerse estable cuando el vendaval sopla más fuerte, aunque él tampoco esté en su mejor momento. Se va a tomar éstas próximas dos semanas como una especie de retiro espiritual, desde luego. Necesita pensar, aclarar sus sentimientos ahora por la chica de ojos verdes y devolver a su vida un poco de paz, si ciertas energúmenas se lo permiten. ¿Qué tal una escapada lejos de todo y de todos...?