[Terminan de cenar con una conversación bastante más agradable y más tranquila, sin tanta inquietud por parte de la camarera. Dean intenta levantarse un par de veces de su sitio con intenciones de ir a hablar con la chica, pero Brian lo para de manera muy eficaz, con la consiguiente gratitud de Matt. Suben a sus respectivas habitaciones, aunque hacen cosas muy diferentes. Brian y Ana se duchan y se meten en la cama, sumidos en una de esas conversaciones infinitas entre los dos. Están realmente ilusionados con todo lo que ha pasado hoy. Han sido demasiadas cosas, y están muy cansados, ellos dos en especial. Dean se cambia de ropa y se tira en la cama, quedándose dormido muy poco después con la televisión puesta, y Matt, en su habitación, es el único que está dispuesto a no dormir en toda la noche, que pasa lenta y muy diferente para unos y otros.]
Es Dean, a las once de la mañana del día siguiente, el que llama a la puerta de Ana y Brian y despierta a los chicos, que enseguida se adecentan y cogen sus cosas para salir y continuar el viaje. A esas horas suponen que Matt estará desayunando solo poseído por uno de esos arrebatos de independencia que le dan a veces, pero cuando llegan al comedor comprueban que no está allí. Se toman un café rápido y deciden esperar a su amigo en los coches, mientras montan de nuevo el equipaje. Hace otro de esos días de calor asfixiante en Nuevo Mexico, pero ya están acostumbrados a ello. No sopla ni una brizna de aire, y el calor es tan espeso que hace difícil respirar con libertad.
Dean tiene resaca, así que ha decidido ocupar el asiento de atrás y, aunque no tiene carnet, a sabiendas de que controla, ha decidido que sea Brian quien lleve su coche hasta nueva orden, y que Annie le acompañe como copiloto. Cuando terminan de montar las maletas, es cuando ven a Matt saliendo del motel, con sus eternas gafas de sol, cargando una maleta tras él, y esperan a que se acerque a ellos.
Cuando Matt llega hasta su coche el silencio reina por completo entre los chicos. Brian está sentado sobre el capó del mustang de Dean con sus oscurísimos ojos escondidos tras unas gafas de sol de aviador color negro. Ana tiene la mirada clavada en el suelo, sentada a su lado y Dean, también con gafas de sol, está apoyado en un lateral del vehículo con indiferencia. Cualquiera diría que sí, pero el ambiente no tiene para nada tensión contenida. Es más, los tres chicos excepto Shadows luchan todo lo que pueden contra sí mismos por reprimir las sonrisas cabronas que pelean por salirse de sus comisuras y no romper a reír. La noche se les hizo bastante larga a todos tras no poder dormir a causa de los ruidos que provenían de la habitación del chico de ojos verdes, por culpa de los gemidos de ella. Shadows ahora carga su maleta de nuevo en el maletero de su viejo coche. Dean suspira profundamente y habla sin mirarle ahora que parece ser el único que no está a punto de romper a reír. -¿Qué tal la noche, Sanders...? ¿Bien?-
El chico de ojos verdes habla con una seriedad pasmosa, y nadie sabe hasta qué punto quiere echarse a reír en ese momento. Ni siquiera se asoma por sus labios una sonrisa, reprimiéndola de una manera bastante profesional. -Oh, bueno. Bien. Bastante bien.- Se encoge de hombros, cierra la puerta del maletero y mira a los chicos, expectante, sin querer entrar en el juego de sus sonrisas cabronas. Suele ser muy reservado para esas cosas y no contaría nada aunque hubiera pasado la mejor noche de su vida, y Brian lo sabe bien. Cuando salían juntos por ahí y había alguna aventura por su parte, solo le contaba lo justo y necesario como punto opuesto a Gates, al que le sacaba de quicio tanta falta de información. Brian contaba absolutamente todo, con pelos y señales. Matt parece realmente cansado, y por su cara cualquiera diría que ha dormido muy poco. -¿Qué hacemos? ¿Vamos a salir ya…?- Le pega un trago a un vaso de plástico que trae en la mano y que contiene café con hielo. Brian ríe, sacude la cabeza, chasquea la lengua y juguetea con las llaves del mustang en las manos. -Oh, por supuesto. No me esperaba menos de ti, M…- Mira a Dean y enarca una ceja. -No soltará prenda, te lo aseguro. No va a contar nada de nada…-
Ana pone los ojos en blanco, sacude la cabeza y ríe, apartándose del capó del Mustang. Chasquea la lengua y mira a Dean y a Brian alternativamente, sin poder borrar una sonrisa tierna que ahora predomina dibujada en sus labios. -Venga ya, chicos, dejadle en paz, ¿sí?- Ríe de nuevo y mira a Matt, encogiéndose de hombros. -No les hagas caso. Y sabes cómo son. En realidad les da igual, solo quieren cotillear... - Se acerca a su oído y habla en un susurro, con una sonrisa cabrona. -Están celosos porque tú anoche pillaste y ellos no...- Annie ríe por lo bajo, coreada por Matt. Brian alza la voz, mirando unas cuantas marcas violáceas que su amigo tiene en el cuello, al borde de la carcajada. -¿Qué, Matt? ¿Te acatacaron las sanguijuelas?-
Dean sacude la cabeza y habla entre risas, como puede, doblándose hacia delante. -Maldita bestia sexual...-
Brian habla de nuevo, poniendo tono de misterio a su voz, como si estuviera contando una terrorífica leyenda urbana -Cuenta la historia que había una vez un tío llamado Matt que rondaba por los moteles de noche y se acostaba tan fuerte con sus víctimas que las pulverizaba y las hacía desaparecer. Le llamaban "el azote de los moteles"...- Dean, víctima de un ataque de risa asesina que hace que apenas sea capaz de mediar palabra, se limpia las lágrimas y habla en un hilo de voz que amenaza con convertirse en carcajada de nuevo. -Ya verás, hoy mismo le dan la baja y cuelgan otro cartel de 'se necesita camarera'...-
Matt habla con una media sonrisa que no puede reprimir, contagiado por las risas de sus amigos. -Sois gilipollas, en serio. Sois un par de gilipollas y no tenéis puto remedio.- Gates habla de nuevo, mirando a su chica con cara de emergencia. -Annie, aléjate de él, está desatado. Nunca se sabe qué puede llegar a hacer "el azote de los moteles"- La chica de ojos verdes suspira reprimiendo la sonrisa como puede, pone los ojos en blanco y se mete en el coche, sin querer saber nada más del tema.
Matt mira a sus amigos con una de sus arrebatadoras sonrisas. -Montaos en el coche, con suerte y si no nos perdemos llegaremos a Los Ángeles en dos días. He estado mirando un mapa de carreteras actualizado y he encontrado rutas alternativas más rápidas que la que estábamos siguiendo hasta ahora. Yo iré delante, ¿de acuerdo?- Suspira y cuando va a montarse en el coche, tras abrir la puerta del conductor, mira a Brian y luego a Dean, estupefacto. -¿Va a conducir él?- Dean asiente en silencio, y Matt enarca una ceja y antes de entrar en el coche musita algo que parece un “madre de Dios”. Ambos vehículos no tardan en arrancar y empezar su nueva ruta. Brian solo tiene que seguir el coche de Matt, que lo cierto es que no va a mucha velocidad. Abren las ventanillas y se ponen cómodos. Va a ser otro trayecto largo…
Brian y Matt conducen durante largas horas. Horas en las que el calor, el cansancio y las ganas de llegar a casa de una vez aprietan cada vez más. En el coche de Dean, Gates y él conversan animadamente y, entre risas, el hombre de ojos claros le echa en cara a Brian la cantidad de kilómetros que se ha recorrido para ir a buscar a Annie. Ella viaja con la mirada clavada en el frente, en la carretera, con una sonrisa leve pero tierna dibujada en sus labios, sin hablar pero escuchándolo absolutamente todo.
Cuando llevan unas dos horas de viaje, Dean le pide a Brian que, a vista de que están entrando en autopistas grandes en las que podrían pararle la policía, le deje conducir de nuevo a él. De ese modo, Brian es el que ocupa el asiento de atrás, y lo ocupa por entero, tirándose de lado. La siguiente hora la pasa atormentando a Annie de una manera adorable. De vez en cuando, cuando ella no se lo espera, le mete la mano bajo la camiseta y le hace cosquillas en el costado, haciéndola saltar del susto y después provocando que se gire en el asiento y trate de pegarle de una manera que a Brian, que le agarra las manos imposibilitando que pueda atacarle de ninguna manera, le parece más que amenazante, tierna y cómica. En una de éstas, mientras Ana intenta salir de su asiento y llegar al asiento de atrás para atormentar a su chico, que no para de atacarla, el coche de Dean pega un tirón, hace un sonido extraño y el motor se apaga, dejando a todos los ocupantes sorprendidos, y haciendo que Matt pare también, haciéndose a un lado de la carretera como ellos. Por suerte la carretera secundaria que habían cogido momentáneamente estaba casi desierta, evitando un choque fortuito…
Al notar que el coche se ha parado, Ana se gira de nuevo rápidamente y clava sus ojos claros en Dean, con el ceño fruncido en señal de extrañeza. -¿Qué pas- De pronto desvía su mirada hacia la ventanilla del conductor y puede ver una alta nube de humo que procede de la parte de delante del coche. Pone los ojos en blanco y resopla, dejándose caer contra el respaldo del asiento. -Venga ya, lo que nos faltaba...-
Dean sale del coche con cara de haber visto un fantasma, abre el capó del coche y una nube de humo negra le pega en la cara. Se lleva las manos a la cabeza y musita, resoplando. -No me jodas...-
Matt se acerca por detrás, segundos antes de que Ana y Brian se acerquen también. Gates suspira pesadamente, se quita la camiseta, se envuelve la mano con ella y aparta un manojo de cables entre dos plataformas de metal que arrojan un calor exagerado. Ni siquiera los dos años en los que estuvo trabajando en un taller le serían necesarios para darse cuenta de lo que pasa. Se cuelga la camiseta al hombro y mira a Dean con cara de circunstancias. -Tío, Dean, yo...- Resopla. -El motor está carbonizado. No se trata de cambiar dos cables y ya, es que... Ha ardido. -Se encoge de hombros, apesadumbrado. -Ésto necesita un cambio integral y no va a ser precisamente rápido. Deberías llamar a alguna grúa que se lleve el Mustang a Los Ángeles. Suspira y mira a Ana. -Pagaremos la factura entre los dos, que al fin y al cabo somos los causantes del viaje...-
Ana suspira pesadamente y aparta la mirada de sus ojos para bajarla al suelo y asentir, en silencio. Después mira a Dean con un deje de culpabilidad reflejado en la mirada y habla en un susurro, sin querer romper la poca paciencia que le queda. -Lo... Lo sentimos mucho, Dean... Sentimos haberte metido en esto...- Mira a Matt y suspira de nuevo. -Y a ti también... Sentimos causaros tantos problemas, de todos modos es lo único que sabemos hacer...-
Los chicos le quitan importancia, pero Dean lo hace con menos energía. Brian sabe lo mucho que le gusta su coche, y sabe que el precio del cambio de un motor puede llegar a ser desorbitado. El jefe del legendario Red Dingo se sienta en un guardarraíl y llama al seguro para explicarle el caso. Al parecer, además de la grúa que se llevará su mustang a Los Ángeles, le ofrecen un coche de sustitución que él rechaza. Hay espacio de sobra en el coche de Matt, por suerte.
Esperan dentro del coche del chico de ojos verdes, más que nada por el aire acondicionado, a que llegue dicha grúa, que para alegría de todos no tarda demasiado. Tras unos largos e interminables minutos de papeleos y firmas, el enorme vehículo se lleva el maltratado coche de Dean consigo, dirección California. Al parecer hay alguna posibilidad de que le hagan descuento en la reparación, así que dentro de lo malo, el propietario del vehículo lo acepta con resignación, mejorando un poco su estado de ánimo. Matt arranca, en el fondo algo más alegre por compartir por fin su viaje con alguien, y ahora que es la hora de comer, paran durante una hora en un restaurante que resulta no estar nada mal, en el que reponen fuerzas y se quitan el hambre y la sed. Cuando retoman el camino de nuevo, ya son las tres de la tarde y el sol está en lo más alto, pegando a treinta y siete grados de temperatura.
Para los ocupantes del vehículo, el camino se hace cada vez más largo, el calor más insoportable y la carretera más solitaria. Llevan ya cerca de una semana de trayecto y están agotados. Están hartos de dormir en moteles, en camas baratas o incluso en el coche. Están hartos de comer bocadillos y subsistir a base de comida basura en las gasolineras, y sobre todo Ana y Brian, que desde que la chica de ojos claros abandonó su tierra natal, no han vuelto a retomar su ritmo vital en condiciones. Han sido muchas cosas las que han pasado en muy poco tiempo.
Primero Gates la saca de su casa por la ventana una noche mientras dormía, después los meten en la cárcel durante varios días que se les hacen inaguantables y para colmo se entera de que está esperando un hijo del chico de ojos oscuros. No es que le desagrade, pero desde luego no ha tenido tiempo de aburrirse desde que se marchó. Nadie fuera de ese coche sabe lo de su embarazo. Aún no ha llamado a su familia, y la verdad es que no siente la necesidad de hacerlo. Sabe que seguramente su madre esté histérica y haya avisado a todos los cuerpos de seguridad de la zona, pero aún así no le importa. No le importa porque sabe que está haciendo lo correcto tanto para Brian y ella como para su bebé.
Si le da por decir dónde está, cómo está, con quién está y hacia dónde va, Charlie podría enterarse y entonces sería el fin de su relación con Gates y, por consiguiente, su propio fin ahora que se ha dado cuenta de que le sería física y psicológicamente imposible vivir sin él. Le adora. Le adora como a nada y como a nadie y le necesita más que al aire que respira, llegando al punto de sentir que se le va la vida cada vez que se distancia de él. Ahora, a eso de las diez, la noche ha empezado a caer pero esta vez no será una noche cualquiera. Con el disgusto de Dean, éste ha decidido no parar en ningún motel, sino que aparcará en la cuneta o en algún descampado y dormirán en el coche. Se ha gastado mucho dinero en lo de la grúa y ahora les queda bastante poco, por lo que no pueden permitirse pagar un motel por cada noche de trayecto que les queda. Con los chicos ha acordado dormir en el coche hasta que lleguen a casa. Al principio no se lo tomaron muy bien, sobre todo Ana, que hoy tiene uno de esos días de inconformismo total a causa del embarazo, pero finalmente accedió y la decisión se dio por tomada. De todas formas, ellos tampoco tenían ganas de dormir en una cama diferente una vez más....
Esa misma noche, después de comer algunos sándwiches que habían comprado en una de las gasolineras, aparcan a un lado de la carretera y se disponen a colocarse para dormir. Al menos no es muy complicado organizarse, porque Matt y Dean duermen en los asientos de delante, Brian duerme atrás extendido y Ana duerme usando a su chico de ojos oscuros como colchón, quedando en una postura más que tierna, encontrando la mejor de las almohadas en su pecho. Gates puede jurar que esa postura le es más cómoda que la mayoría de las camas de moteles en las que han dormido en éstos últimos días.
Brian habla de nuevo, poniendo tono de misterio a su voz, como si estuviera contando una terrorífica leyenda urbana -Cuenta la historia que había una vez un tío llamado Matt que rondaba por los moteles de noche y se acostaba tan fuerte con sus víctimas que las pulverizaba y las hacía desaparecer. Le llamaban "el azote de los moteles"...- Dean, víctima de un ataque de risa asesina que hace que apenas sea capaz de mediar palabra, se limpia las lágrimas y habla en un hilo de voz que amenaza con convertirse en carcajada de nuevo. -Ya verás, hoy mismo le dan la baja y cuelgan otro cartel de 'se necesita camarera'...-
Matt habla con una media sonrisa que no puede reprimir, contagiado por las risas de sus amigos. -Sois gilipollas, en serio. Sois un par de gilipollas y no tenéis puto remedio.- Gates habla de nuevo, mirando a su chica con cara de emergencia. -Annie, aléjate de él, está desatado. Nunca se sabe qué puede llegar a hacer "el azote de los moteles"- La chica de ojos verdes suspira reprimiendo la sonrisa como puede, pone los ojos en blanco y se mete en el coche, sin querer saber nada más del tema.
Matt mira a sus amigos con una de sus arrebatadoras sonrisas. -Montaos en el coche, con suerte y si no nos perdemos llegaremos a Los Ángeles en dos días. He estado mirando un mapa de carreteras actualizado y he encontrado rutas alternativas más rápidas que la que estábamos siguiendo hasta ahora. Yo iré delante, ¿de acuerdo?- Suspira y cuando va a montarse en el coche, tras abrir la puerta del conductor, mira a Brian y luego a Dean, estupefacto. -¿Va a conducir él?- Dean asiente en silencio, y Matt enarca una ceja y antes de entrar en el coche musita algo que parece un “madre de Dios”. Ambos vehículos no tardan en arrancar y empezar su nueva ruta. Brian solo tiene que seguir el coche de Matt, que lo cierto es que no va a mucha velocidad. Abren las ventanillas y se ponen cómodos. Va a ser otro trayecto largo…
Brian y Matt conducen durante largas horas. Horas en las que el calor, el cansancio y las ganas de llegar a casa de una vez aprietan cada vez más. En el coche de Dean, Gates y él conversan animadamente y, entre risas, el hombre de ojos claros le echa en cara a Brian la cantidad de kilómetros que se ha recorrido para ir a buscar a Annie. Ella viaja con la mirada clavada en el frente, en la carretera, con una sonrisa leve pero tierna dibujada en sus labios, sin hablar pero escuchándolo absolutamente todo.
Cuando llevan unas dos horas de viaje, Dean le pide a Brian que, a vista de que están entrando en autopistas grandes en las que podrían pararle la policía, le deje conducir de nuevo a él. De ese modo, Brian es el que ocupa el asiento de atrás, y lo ocupa por entero, tirándose de lado. La siguiente hora la pasa atormentando a Annie de una manera adorable. De vez en cuando, cuando ella no se lo espera, le mete la mano bajo la camiseta y le hace cosquillas en el costado, haciéndola saltar del susto y después provocando que se gire en el asiento y trate de pegarle de una manera que a Brian, que le agarra las manos imposibilitando que pueda atacarle de ninguna manera, le parece más que amenazante, tierna y cómica. En una de éstas, mientras Ana intenta salir de su asiento y llegar al asiento de atrás para atormentar a su chico, que no para de atacarla, el coche de Dean pega un tirón, hace un sonido extraño y el motor se apaga, dejando a todos los ocupantes sorprendidos, y haciendo que Matt pare también, haciéndose a un lado de la carretera como ellos. Por suerte la carretera secundaria que habían cogido momentáneamente estaba casi desierta, evitando un choque fortuito…
Al notar que el coche se ha parado, Ana se gira de nuevo rápidamente y clava sus ojos claros en Dean, con el ceño fruncido en señal de extrañeza. -¿Qué pas- De pronto desvía su mirada hacia la ventanilla del conductor y puede ver una alta nube de humo que procede de la parte de delante del coche. Pone los ojos en blanco y resopla, dejándose caer contra el respaldo del asiento. -Venga ya, lo que nos faltaba...-
Dean sale del coche con cara de haber visto un fantasma, abre el capó del coche y una nube de humo negra le pega en la cara. Se lleva las manos a la cabeza y musita, resoplando. -No me jodas...-
Matt se acerca por detrás, segundos antes de que Ana y Brian se acerquen también. Gates suspira pesadamente, se quita la camiseta, se envuelve la mano con ella y aparta un manojo de cables entre dos plataformas de metal que arrojan un calor exagerado. Ni siquiera los dos años en los que estuvo trabajando en un taller le serían necesarios para darse cuenta de lo que pasa. Se cuelga la camiseta al hombro y mira a Dean con cara de circunstancias. -Tío, Dean, yo...- Resopla. -El motor está carbonizado. No se trata de cambiar dos cables y ya, es que... Ha ardido. -Se encoge de hombros, apesadumbrado. -Ésto necesita un cambio integral y no va a ser precisamente rápido. Deberías llamar a alguna grúa que se lleve el Mustang a Los Ángeles. Suspira y mira a Ana. -Pagaremos la factura entre los dos, que al fin y al cabo somos los causantes del viaje...-
Ana suspira pesadamente y aparta la mirada de sus ojos para bajarla al suelo y asentir, en silencio. Después mira a Dean con un deje de culpabilidad reflejado en la mirada y habla en un susurro, sin querer romper la poca paciencia que le queda. -Lo... Lo sentimos mucho, Dean... Sentimos haberte metido en esto...- Mira a Matt y suspira de nuevo. -Y a ti también... Sentimos causaros tantos problemas, de todos modos es lo único que sabemos hacer...-
Los chicos le quitan importancia, pero Dean lo hace con menos energía. Brian sabe lo mucho que le gusta su coche, y sabe que el precio del cambio de un motor puede llegar a ser desorbitado. El jefe del legendario Red Dingo se sienta en un guardarraíl y llama al seguro para explicarle el caso. Al parecer, además de la grúa que se llevará su mustang a Los Ángeles, le ofrecen un coche de sustitución que él rechaza. Hay espacio de sobra en el coche de Matt, por suerte.
Esperan dentro del coche del chico de ojos verdes, más que nada por el aire acondicionado, a que llegue dicha grúa, que para alegría de todos no tarda demasiado. Tras unos largos e interminables minutos de papeleos y firmas, el enorme vehículo se lleva el maltratado coche de Dean consigo, dirección California. Al parecer hay alguna posibilidad de que le hagan descuento en la reparación, así que dentro de lo malo, el propietario del vehículo lo acepta con resignación, mejorando un poco su estado de ánimo. Matt arranca, en el fondo algo más alegre por compartir por fin su viaje con alguien, y ahora que es la hora de comer, paran durante una hora en un restaurante que resulta no estar nada mal, en el que reponen fuerzas y se quitan el hambre y la sed. Cuando retoman el camino de nuevo, ya son las tres de la tarde y el sol está en lo más alto, pegando a treinta y siete grados de temperatura.
Para los ocupantes del vehículo, el camino se hace cada vez más largo, el calor más insoportable y la carretera más solitaria. Llevan ya cerca de una semana de trayecto y están agotados. Están hartos de dormir en moteles, en camas baratas o incluso en el coche. Están hartos de comer bocadillos y subsistir a base de comida basura en las gasolineras, y sobre todo Ana y Brian, que desde que la chica de ojos claros abandonó su tierra natal, no han vuelto a retomar su ritmo vital en condiciones. Han sido muchas cosas las que han pasado en muy poco tiempo.
Primero Gates la saca de su casa por la ventana una noche mientras dormía, después los meten en la cárcel durante varios días que se les hacen inaguantables y para colmo se entera de que está esperando un hijo del chico de ojos oscuros. No es que le desagrade, pero desde luego no ha tenido tiempo de aburrirse desde que se marchó. Nadie fuera de ese coche sabe lo de su embarazo. Aún no ha llamado a su familia, y la verdad es que no siente la necesidad de hacerlo. Sabe que seguramente su madre esté histérica y haya avisado a todos los cuerpos de seguridad de la zona, pero aún así no le importa. No le importa porque sabe que está haciendo lo correcto tanto para Brian y ella como para su bebé.
Si le da por decir dónde está, cómo está, con quién está y hacia dónde va, Charlie podría enterarse y entonces sería el fin de su relación con Gates y, por consiguiente, su propio fin ahora que se ha dado cuenta de que le sería física y psicológicamente imposible vivir sin él. Le adora. Le adora como a nada y como a nadie y le necesita más que al aire que respira, llegando al punto de sentir que se le va la vida cada vez que se distancia de él. Ahora, a eso de las diez, la noche ha empezado a caer pero esta vez no será una noche cualquiera. Con el disgusto de Dean, éste ha decidido no parar en ningún motel, sino que aparcará en la cuneta o en algún descampado y dormirán en el coche. Se ha gastado mucho dinero en lo de la grúa y ahora les queda bastante poco, por lo que no pueden permitirse pagar un motel por cada noche de trayecto que les queda. Con los chicos ha acordado dormir en el coche hasta que lleguen a casa. Al principio no se lo tomaron muy bien, sobre todo Ana, que hoy tiene uno de esos días de inconformismo total a causa del embarazo, pero finalmente accedió y la decisión se dio por tomada. De todas formas, ellos tampoco tenían ganas de dormir en una cama diferente una vez más....
Esa misma noche, después de comer algunos sándwiches que habían comprado en una de las gasolineras, aparcan a un lado de la carretera y se disponen a colocarse para dormir. Al menos no es muy complicado organizarse, porque Matt y Dean duermen en los asientos de delante, Brian duerme atrás extendido y Ana duerme usando a su chico de ojos oscuros como colchón, quedando en una postura más que tierna, encontrando la mejor de las almohadas en su pecho. Gates puede jurar que esa postura le es más cómoda que la mayoría de las camas de moteles en las que han dormido en éstos últimos días.
Están deseando llegar a casa, nadie sabe cuánto lo quieren. Volver a sus camas, a sus barrios, a sus sillones, a comer de verdad y dormir del tirón, a básicamente, normalizar su vida de nuevo. Brian se queda despierto hasta tarde, acariciándole el pelo a la madre de su futuro hijo, a la que sabe que será la pieza central de su vida durante el resto de los años que le restan vivo. No ha cambiado en absoluto, sigue pareciéndole el ser más bonito del mundo cuando duerme, casi como un ángel. No tiene miedo, ni se siente inseguro con todas las novedades. Dará la cara por ella sin dudarlo, en el momento en que sea necesario y contra quien sea necesario. Ana es su vida entera, y ya no va a aceptar que le separen de ella nunca más...
Cuando el reloj de la guantera del coche marca las doce en punto de la noche es cuando Brian siente que el sueño y el cansancio se lo llevan por delante, así que termina por darse por vencido y, entre el sonido de la respiración acompasada y tranquila de su chica y la paz que reina tanto en el coche como el los alrededores, termina por quedarse dormido abrazado a Ana, tratando de darle todo el calor que puede ahora que se avecina otra de esas frías noches veraniegas. Horas después, a eso de las tres de la madrugada, se oyen unos toques en el cristal de la ventanilla del conductor, despertando a Dean, que se siente bastante extrañado ante la situación.
Cuando el reloj de la guantera del coche marca las doce en punto de la noche es cuando Brian siente que el sueño y el cansancio se lo llevan por delante, así que termina por darse por vencido y, entre el sonido de la respiración acompasada y tranquila de su chica y la paz que reina tanto en el coche como el los alrededores, termina por quedarse dormido abrazado a Ana, tratando de darle todo el calor que puede ahora que se avecina otra de esas frías noches veraniegas. Horas después, a eso de las tres de la madrugada, se oyen unos toques en el cristal de la ventanilla del conductor, despertando a Dean, que se siente bastante extrañado ante la situación.
A causa del frío los cristales están empañados, así que si realmente quiere averiguar quién le ha despertado a esas horas en medio de ninguna parte, debe abrir la puerta. Precavido y tras asegurarse de que todos en el interior del coche duermen plácidamente, el chico de ojos azules abre la puerta sigilosamente y con todo el cuidado del mundo, sin querer llamar la atención de ninguno de sus compañeros de viaje. Cuando mira hacia el exterior del vehículo siente que la sangre se congela dentro de sus venas ante la escena que presencia. Una chica con el pelo de color rojo, los ojos oscuros y vestida con pantalones vaqueros cortos y una sudadera le mira atentamente desde fuera, tiritando y con miedo y desconfianza reflejados en su mirada. Dean frunce el ceño y habla en un susurro, confuso. ''Debo de estar soñando...''
-Quién...¿quién eres tú...?-
La chica se coloca nerviosamente un mechón de pelo tras la oreja, y mantiene entre sus brazos una mochila oscura, dándole una imagen realmente indefensa. Habla con la voz ronca, señal de que el frío se ha hecho con su garganta en las últimas horas. -Yo... Me llamo Kim. Venía haciendo autostop pero... Me cayó la noche encima y no había nadie que pasara y...- Se frota la nariz con el dedo índice. Tiene los ojos tristes y cansados. -Y entonces vi el coche, y pensé que estaba abandonado. Me acerqué a mirar, siento si... Si te he despertado...-
Dean se la queda mirando unos cuantos segundos, sin entender nada y sin poder evitar pensar que verdaderamente está soñando. Después parpadea un par de veces y sacude la cabeza, tratando de asimilar la situación. Mira al interior del coche, suspira profundamente con decepción y clava su mirada en la chica, sin alzar el tono de voz. -Pues la verdad es que vamos llenos, Kim... Si no fuera así te dejaría quedarte con nosotros pero se nos ha estropeado el otro coche en el que veníamos y ahora solo tenemos este...- Chasquea la lengua y se la queda mirando. La verdad es que la chica le da pena. Se la ve pequeña e indefensa ante la enorme carretera que se alza frente a ella, y su forma de temblar deja patente que tiene mucho frío y que lleva varias horas soportándolo.
Esa carretera está prácticamente desierta y nunca se sabe qué clase de animales nocturnos pueden andar por ahí sueltos, lo cual agrava la preocupación e impotencia que el chico de ojos claros está empezando a sentir. Chasquea la lengua y resopla, clavado su mirada en ella de fijo, sonando determinante pero a la vez tranquilizador. -Escucha, puedes dormir con nosotros pero con una condición, y la condición es que no hagas ruido. Si despiertas a alguien y se dan cuenta de que estás aquí no sé cómo se lo tomarán...- Chasquea la lengua, suspirando. -Esta gente lleva muchos días de viaje, la chica que viaja atrás está en esos horribles e insoportables primeros meses de embarazo y...- Resopla, pegándose contra el respaldo del asiento. -Venga, entra. Pero tendrás que dormir conmigo, no sé cómo vamos a hacer para compartir asiento...- Sonríe de medio lado sin ganas. -Sé que quizás suene algo precipitado pero no hay más sitio...-
La chica parece dudar unos segundos, mira a ambos lados del arcén y tras suspirar pesadamente, pone la mochila a los pies del asiento del conductor y se sienta en las rodillas de Dean. No es lo más raro que ha hecho jamás. Desde que salió de Atlanta ha dormido en peores condiciones, con peores compañías. Se acomoda contra él como puede y obviando la incomodidad del momento, alegrándose por haberse librado del frío. El chico que duerme en el asiento del copiloto lo hace profundamente, y le llaman la atención la infinidad de tatuajes de sus brazos, que observa durante unos minutos mientras deja que se la lleve el sueño. Sabe que a Dean le gustaría preguntarle mil cosas más, pero que no puede hacerlo para no perturbar el silencio, y a ella le gustaría poder mirar cómo son la pareja de atrás que duerme cubierta son una manta, pero no quiere moverse más para no incomodar a el chico que aún no le ha dicho siquiera su nombre. Mañana la coserán a preguntas, y seguro que la rechazarán y la echarán del coche, dejándola de nuevo en la carretera, cosa que no quiere en absoluto. Además, ella va a San Francisco, y al menos el chico sobre el que está sentada tiene cierto acento de la costa oeste, así que no deben ir muy lejos. Cierra los ojos y suspira pesadamente. Ha recorrido mucho, y de verdad que está cansada, tanto que ni siquiera le importa dormir en las rodillas de un desconocido…
A la mañana siguiente, Brian es el primero que se despierta cuando los rayos de sol que atraviesan el cristal de la ventanilla le dan de lleno en la cara. Suelta un gruñido por lo bajo y abre los ojos lentamente, quedándose con la mirada clavada en el techo un par de minutos para después bajar la mirada hacia Ana, que sigue plácidamente dormida encima de él, con la cabeza apoyada en su pecho. El chico de ojos oscuros no puede evitar esbozar una amplia sonrisa tierna al darse cuenta de que sigue en la misma postura, respirando de la misma forma, como si estuviese tan cómoda que no necesitase moverse para nada. Suspira y le besa la frente, acariciándole el pelo después con ternura. Está tan ensimismado con su chica que ni siquiera ha reparado en la cara nueva que ahora duerme sobre las rodillas de su jefe.
A decir verdad siente que algo ha cambiado en el coche. Está tumbado por completo con la cabeza apoyada en la parte izquierda, tras el asiento del copiloto, así que no puede ver nada más que lo justo. A Matt sí que puede verlo. Tiene la cabeza apoyada en la ventanilla, y duerme profundamente. No sabe qué hora es, pero supone que es temprano porque la luz del día aún es muy tenue. Con mucho cuidado, con todo el que puede, se incorpora en el asiento y sale del coche, dejando que Ana se acomode de nuevo, quedándose dormida en pocos segundos. Gates cierra la puerta tras de sí y tras bostezar sonoramente, se despereza. De verdad necesitaba estirar las piernas, y fumarse el primer cigarrillo del día.
Ahora que sabe que a Annie no le gusta demasiado y que además ya no debe hacerlo en su presencia por motivos obvios, prefiere hacerlo cuando no pueda molestarla. Camina hacia la carretera, pisando la tierra del arcén con sus deportivas negras gastadas, vistiendo sus habituales pantalones rotos y una sudadera sin mangas. Juguetea con la cajetilla de Marlboro en las manos después de encenderse un cigarrillo, y se mantiene por un rato mirando el amanecer. Todo tiene un color naranja realmente bonito que tiñe el color del eterno pasto seco de Nuevo Mexico. Suspira pesadamente y se vuelve, y es entonces cuando se para por completo, presa de la más grande de las curiosidades. Dean, en el asiento del conductor, no está solo. Una chica de pelo rojo parece dormir contra su pecho, aunque juraría que ha visto cómo le miraba por unos segundos con unos ojos castaños enormes. De verdad espera que Dean tenga una buena explicación para ésto, y que sepa responderle a todas las preguntas que ahora se le vienen a la cabeza... Sintiéndose observada, la chica pelirroja comienza a revolverse sentada sobre las rodillas de Dean, aumentando la curiosidad de Brian, que sigue mirándola desde fuera a través del cristal, a algunos metros de distancia.
La chica se coloca nerviosamente un mechón de pelo tras la oreja, y mantiene entre sus brazos una mochila oscura, dándole una imagen realmente indefensa. Habla con la voz ronca, señal de que el frío se ha hecho con su garganta en las últimas horas. -Yo... Me llamo Kim. Venía haciendo autostop pero... Me cayó la noche encima y no había nadie que pasara y...- Se frota la nariz con el dedo índice. Tiene los ojos tristes y cansados. -Y entonces vi el coche, y pensé que estaba abandonado. Me acerqué a mirar, siento si... Si te he despertado...-
Dean se la queda mirando unos cuantos segundos, sin entender nada y sin poder evitar pensar que verdaderamente está soñando. Después parpadea un par de veces y sacude la cabeza, tratando de asimilar la situación. Mira al interior del coche, suspira profundamente con decepción y clava su mirada en la chica, sin alzar el tono de voz. -Pues la verdad es que vamos llenos, Kim... Si no fuera así te dejaría quedarte con nosotros pero se nos ha estropeado el otro coche en el que veníamos y ahora solo tenemos este...- Chasquea la lengua y se la queda mirando. La verdad es que la chica le da pena. Se la ve pequeña e indefensa ante la enorme carretera que se alza frente a ella, y su forma de temblar deja patente que tiene mucho frío y que lleva varias horas soportándolo.
Esa carretera está prácticamente desierta y nunca se sabe qué clase de animales nocturnos pueden andar por ahí sueltos, lo cual agrava la preocupación e impotencia que el chico de ojos claros está empezando a sentir. Chasquea la lengua y resopla, clavado su mirada en ella de fijo, sonando determinante pero a la vez tranquilizador. -Escucha, puedes dormir con nosotros pero con una condición, y la condición es que no hagas ruido. Si despiertas a alguien y se dan cuenta de que estás aquí no sé cómo se lo tomarán...- Chasquea la lengua, suspirando. -Esta gente lleva muchos días de viaje, la chica que viaja atrás está en esos horribles e insoportables primeros meses de embarazo y...- Resopla, pegándose contra el respaldo del asiento. -Venga, entra. Pero tendrás que dormir conmigo, no sé cómo vamos a hacer para compartir asiento...- Sonríe de medio lado sin ganas. -Sé que quizás suene algo precipitado pero no hay más sitio...-
La chica parece dudar unos segundos, mira a ambos lados del arcén y tras suspirar pesadamente, pone la mochila a los pies del asiento del conductor y se sienta en las rodillas de Dean. No es lo más raro que ha hecho jamás. Desde que salió de Atlanta ha dormido en peores condiciones, con peores compañías. Se acomoda contra él como puede y obviando la incomodidad del momento, alegrándose por haberse librado del frío. El chico que duerme en el asiento del copiloto lo hace profundamente, y le llaman la atención la infinidad de tatuajes de sus brazos, que observa durante unos minutos mientras deja que se la lleve el sueño. Sabe que a Dean le gustaría preguntarle mil cosas más, pero que no puede hacerlo para no perturbar el silencio, y a ella le gustaría poder mirar cómo son la pareja de atrás que duerme cubierta son una manta, pero no quiere moverse más para no incomodar a el chico que aún no le ha dicho siquiera su nombre. Mañana la coserán a preguntas, y seguro que la rechazarán y la echarán del coche, dejándola de nuevo en la carretera, cosa que no quiere en absoluto. Además, ella va a San Francisco, y al menos el chico sobre el que está sentada tiene cierto acento de la costa oeste, así que no deben ir muy lejos. Cierra los ojos y suspira pesadamente. Ha recorrido mucho, y de verdad que está cansada, tanto que ni siquiera le importa dormir en las rodillas de un desconocido…
A la mañana siguiente, Brian es el primero que se despierta cuando los rayos de sol que atraviesan el cristal de la ventanilla le dan de lleno en la cara. Suelta un gruñido por lo bajo y abre los ojos lentamente, quedándose con la mirada clavada en el techo un par de minutos para después bajar la mirada hacia Ana, que sigue plácidamente dormida encima de él, con la cabeza apoyada en su pecho. El chico de ojos oscuros no puede evitar esbozar una amplia sonrisa tierna al darse cuenta de que sigue en la misma postura, respirando de la misma forma, como si estuviese tan cómoda que no necesitase moverse para nada. Suspira y le besa la frente, acariciándole el pelo después con ternura. Está tan ensimismado con su chica que ni siquiera ha reparado en la cara nueva que ahora duerme sobre las rodillas de su jefe.
A decir verdad siente que algo ha cambiado en el coche. Está tumbado por completo con la cabeza apoyada en la parte izquierda, tras el asiento del copiloto, así que no puede ver nada más que lo justo. A Matt sí que puede verlo. Tiene la cabeza apoyada en la ventanilla, y duerme profundamente. No sabe qué hora es, pero supone que es temprano porque la luz del día aún es muy tenue. Con mucho cuidado, con todo el que puede, se incorpora en el asiento y sale del coche, dejando que Ana se acomode de nuevo, quedándose dormida en pocos segundos. Gates cierra la puerta tras de sí y tras bostezar sonoramente, se despereza. De verdad necesitaba estirar las piernas, y fumarse el primer cigarrillo del día.
Ahora que sabe que a Annie no le gusta demasiado y que además ya no debe hacerlo en su presencia por motivos obvios, prefiere hacerlo cuando no pueda molestarla. Camina hacia la carretera, pisando la tierra del arcén con sus deportivas negras gastadas, vistiendo sus habituales pantalones rotos y una sudadera sin mangas. Juguetea con la cajetilla de Marlboro en las manos después de encenderse un cigarrillo, y se mantiene por un rato mirando el amanecer. Todo tiene un color naranja realmente bonito que tiñe el color del eterno pasto seco de Nuevo Mexico. Suspira pesadamente y se vuelve, y es entonces cuando se para por completo, presa de la más grande de las curiosidades. Dean, en el asiento del conductor, no está solo. Una chica de pelo rojo parece dormir contra su pecho, aunque juraría que ha visto cómo le miraba por unos segundos con unos ojos castaños enormes. De verdad espera que Dean tenga una buena explicación para ésto, y que sepa responderle a todas las preguntas que ahora se le vienen a la cabeza... Sintiéndose observada, la chica pelirroja comienza a revolverse sentada sobre las rodillas de Dean, aumentando la curiosidad de Brian, que sigue mirándola desde fuera a través del cristal, a algunos metros de distancia.
La joven de ojos castaños que se hace llamar Kim, aparta la cabeza del pecho de Dean y suspira profundamente, recorriendo el coche con la mirada de espaldas a la ventanilla. Mira a Matt con curiosidad y después mira hacia atrás y puede ver a Annie aún dormida, arropada a medias con una manta, la mayor parte de la cual está tirada en el suelo. Todos dentro del vehículo duermen excepto ella, incluso Dean, que pese a lo mucho que se mueve su nueva y peculiar inquilina, se resiste a despertar.
Es entonces cuando, al darse la vuelta, se encuentra violentamente con la mirada curiosa y penetrante de Gates. Ante el sobresalto, la chica de pelo rojizo se lleva una mano a la boca y da un pequeño salto, despertando a Dean. Éste ruge perezosamente por lo bajo a causa del sueño, resopla y abre los ojos lentamente, desperezándose. Mira a Kim con el ceño fruncido, totalmente desubicado, y entonces cae en la cuenta de quién es. Habla en un susurro, con la voz pastosa. -¿Qué te pasa..?- Después desvía su mirada hacia la ventanilla y puede ver a Brian mirándolos con la más pura extrañeza recreada en su rostro y una ceja arqueada. Dean ríe por lo bajo y sacude la cabeza. Kim los observa extrañados y susurra. -Es... ¿Otro de los ocupantes del coche...?-
Dean asiente, frotándose los ojos. Habla en un susurro pastoso mirando a Gates, que ahora ha decidido hacer un poco más discretas sus continuas miradas, aunque parece como una especie de lobo a la defensiva, esperando que alguien le dé respuestas. -¿El chico del pelo negro? Es Brian.- Fija la mirada en su amigo y enarca una ceja. -Y hacía tiempo que no lo veía madrugando tanto como hoy, a decir verdad...- Ríe por lo bajo.
Ella clava sus ojos castaños en la espalda del chico de pelo negro y sonríe, encogiéndose de hombros y hablando sin alzar el tono de voz. -Tengo ganas de conocerle...- Ríe por lo bajo. -Bueno, en realidad tengo ganas de conocerlos a todos, pero siguen durmiendo...- Suspira y le mira a los ojos, borrando la sonrisa poco a poco. -Aunque temo que no me de tiempo a hacerlo. Es... Es temprano, pero los coches no tardarán mucho en empezar a pasar y yo... Bueno, yo debería retomar mi viaje a casa. Quién sabe, tal vez os esté entreteniendo o interrumpiendo y para nada querría eso. Ya me habéis ayudado suficiente, no quiero ser una molestia...- Baja la mirada y sonríe de medio lado, leve y tristemente. Después sacude la cabeza y abre la puerta sobresaltando a Brian, con intenciones de salir.
Dean la agarra del brazo, haciendo que la chica cierre de nuevo la puerta y escuche lo que el hombre de ojos claros quiere decirle, además de hacer que Brian resople de puro nerviosismo. Definitivamente no le gusta demasiado la gente nueva. Dean parece hablar con franqueza y hasta con algo de curiosidad. -Mira, Kim… He visto tu mochila. Está decorada con mil parches de San Francisco, así que sin miedo a equivocarme diría que eres de allí y vuelves a casa, o simplemente te la has fijado como destino, y si es cierto que vas a la costa oeste, podrías venir con nosotros, que vamos a Los Ángeles.- Se encoge de hombros y suspira, mirando a Matt por un segundo y luego clavando la mirada en los ojos castaños de pestañas espesas y negras de Kim. La jovencita es extremadamente guapa, con una de esas caras aniñadas adorables pero con aires de ser más mayor. -Mis amigos no son mala gente, si saben que llevas casi el mismo destino que nosotros y que sobra un sitio, no van a querer dejarte tirada. Ni siquiera Ana, que ahora lleva unos días un tanto torcidos por culpa de su embarazo, va a querer dejarte de nuevo en la carretera.- Se encoge de hombros. -Pareces muy muy joven, y creo que no es buena idea que vuelvas por ahí a buscar otro coche que no sabes quién conducirá. Sin miedo a pecar de orgullo debo decir que éste coche ahora está lleno de buena gente, y que podríamos dejarte lo más cerca posible de San Francisco.- Chasquea la lengua y sonríe de medio lado. -Me has caído bien, Kim. Hablaremos con mi gente y ya verás cómo acceden seguro…-
Sin apartar su mirada de los ojos azules de él, Kim esboza una sonrisa que, por leve que sea, alcanza a reflejarse en sus dulces y aniñados ojos oscuros. Asiente decidida y suspira, hablando en un susurro. -Está bien. Muchísimas gracias por todo, Dean. Dudo que algún día encuentre la forma de agradecértelo...- Él sonríe, sacude la cabeza y hace un gesto con la mano para quitar importancia a sus palabras de agradecimiento. -Oh, no hay de qué, Kim...- De pronto los dos chicos sienten movimiento en el asiento de al lado y rápidamente clavan su mirada en él. Shadows suspira profundamente y abre los ojos lentamente, con la mirada clavada en el cristal de enfrente. Se queda así unos segundos, como si poco a poco estuviese volviendo al mundo real. Después gira la cabeza y cuando ve a Dean con Kim sentada sobre sus rodillas abre los ojos como platos para después fruncir el ceño y hablar en un susurro, sin querer despertar a Ana, que es la única que sigue durmiendo.
-Dean, ¿qué cojones es esto...? Oye, más te vale tener una explicación razonable...-
Dean se apresura a hablar sin levantar la voz mientras Kim clava ahora su mirada asustada en Matt, que la mira sin entender absolutamente nada. -Escucha, tío. Se llama Kim, anoche iba sola por la carretera, como a las tres de la mañana. Estaba haciendo autostop pero ya sabes la poquísima canntidad de coches que pasan por aquí, y más a esa hora.- La mira a ella y luego vuelve a mirar a Matt, que aún no da crédito y no para de observar a la chica de pelo rojo intenso. -Hacía frío y ella estaba helada, así que dejé que durmiera aquí, con nosotros.- Resopla, nervioso -Va a San Francisco, y nos sobra una plaza. Tío, si tuviera que dejarla de nuevo por aquí tirada me sentiría como un tirano. Mírala, Matt, no va a dar problemas, es una cría y solo quiere llegar a esa ciudad…- Brian está fuera, sentado en el guardarraíl que hay al borde del asfalto negro, cruzado de brazos y mirando todo lo que pasa dentro del coche sin poder imaginarse la conversación, con el pelo salvajemente revuelto y sus ojos color chocolate negro clavados en la ventanilla del conductor. Ahora sabe que tanto Dean como Matt están despiertos, y espera que no se les ocurra despertar a Ana con voces altas…
Matt se queda mirando a la chica en silencio y después suspira, asintiendo. -Está bien.- Sonríe levemente de medio lado, diciendo algo que la hace sonreír a ella también. -Bienvenida a la familia, Kim...- Al oír esto, Dean sonríe satisfecho y suspira, mirando a Annie a través del espejo retrovisor. La chica de ojos verdes continúa plácidamente dormida y Brian, desde fuera, serio, con los brazos cruzados y apoyado en el guardarraíl, la observa con la mayor de las paciencias, velándola, cuidando de ella como un perro guardián, encargándose de que nada ni nadie la molesta, y por supuesto dispuesto a impedir que eso ocurra. El chico de ojos claros sacude la cabeza con una sonrisa y suspira. -Creo que es hora de retomar el viaje y...- Mira a Kim. -Como no despertemos a Annie me temo que tendré que viajar contigo sobre las rodillas todo el viaje...- Ríe, haciéndola reír a ella también.
Dean abre la puerta del conductor y deja salir a Kim para después salir él mismo, que está deseando estirar las piernas. Nada más plantar sus zapatillas en la arena rojiza, la chica de ojos castaños puede sentir la mirada aplastante de Brian contra ella. Lo cierto es que parece hostil, y no sabe si es así con todo el mundo o simplemente está teniendo una mala mañana, pero lo que sí es cierto es que no puede mirarle de fijo, quizás por esa manera de mirarla tan intimidatoria que tiene. Ojalá se le pase pronto. Gates habla serio mirando a la chica, pero claramente dirigiendo su pregunta hacia Dean, que al escucharle suspira profundamente. Escuchar ese tono en la voz de Brian nunca es buena señal. Da verdadero miedo cuando se pone así. -¿Quién es ella…?-
Dean asiente, frotándose los ojos. Habla en un susurro pastoso mirando a Gates, que ahora ha decidido hacer un poco más discretas sus continuas miradas, aunque parece como una especie de lobo a la defensiva, esperando que alguien le dé respuestas. -¿El chico del pelo negro? Es Brian.- Fija la mirada en su amigo y enarca una ceja. -Y hacía tiempo que no lo veía madrugando tanto como hoy, a decir verdad...- Ríe por lo bajo.
Ella clava sus ojos castaños en la espalda del chico de pelo negro y sonríe, encogiéndose de hombros y hablando sin alzar el tono de voz. -Tengo ganas de conocerle...- Ríe por lo bajo. -Bueno, en realidad tengo ganas de conocerlos a todos, pero siguen durmiendo...- Suspira y le mira a los ojos, borrando la sonrisa poco a poco. -Aunque temo que no me de tiempo a hacerlo. Es... Es temprano, pero los coches no tardarán mucho en empezar a pasar y yo... Bueno, yo debería retomar mi viaje a casa. Quién sabe, tal vez os esté entreteniendo o interrumpiendo y para nada querría eso. Ya me habéis ayudado suficiente, no quiero ser una molestia...- Baja la mirada y sonríe de medio lado, leve y tristemente. Después sacude la cabeza y abre la puerta sobresaltando a Brian, con intenciones de salir.
Dean la agarra del brazo, haciendo que la chica cierre de nuevo la puerta y escuche lo que el hombre de ojos claros quiere decirle, además de hacer que Brian resople de puro nerviosismo. Definitivamente no le gusta demasiado la gente nueva. Dean parece hablar con franqueza y hasta con algo de curiosidad. -Mira, Kim… He visto tu mochila. Está decorada con mil parches de San Francisco, así que sin miedo a equivocarme diría que eres de allí y vuelves a casa, o simplemente te la has fijado como destino, y si es cierto que vas a la costa oeste, podrías venir con nosotros, que vamos a Los Ángeles.- Se encoge de hombros y suspira, mirando a Matt por un segundo y luego clavando la mirada en los ojos castaños de pestañas espesas y negras de Kim. La jovencita es extremadamente guapa, con una de esas caras aniñadas adorables pero con aires de ser más mayor. -Mis amigos no son mala gente, si saben que llevas casi el mismo destino que nosotros y que sobra un sitio, no van a querer dejarte tirada. Ni siquiera Ana, que ahora lleva unos días un tanto torcidos por culpa de su embarazo, va a querer dejarte de nuevo en la carretera.- Se encoge de hombros. -Pareces muy muy joven, y creo que no es buena idea que vuelvas por ahí a buscar otro coche que no sabes quién conducirá. Sin miedo a pecar de orgullo debo decir que éste coche ahora está lleno de buena gente, y que podríamos dejarte lo más cerca posible de San Francisco.- Chasquea la lengua y sonríe de medio lado. -Me has caído bien, Kim. Hablaremos con mi gente y ya verás cómo acceden seguro…-
Sin apartar su mirada de los ojos azules de él, Kim esboza una sonrisa que, por leve que sea, alcanza a reflejarse en sus dulces y aniñados ojos oscuros. Asiente decidida y suspira, hablando en un susurro. -Está bien. Muchísimas gracias por todo, Dean. Dudo que algún día encuentre la forma de agradecértelo...- Él sonríe, sacude la cabeza y hace un gesto con la mano para quitar importancia a sus palabras de agradecimiento. -Oh, no hay de qué, Kim...- De pronto los dos chicos sienten movimiento en el asiento de al lado y rápidamente clavan su mirada en él. Shadows suspira profundamente y abre los ojos lentamente, con la mirada clavada en el cristal de enfrente. Se queda así unos segundos, como si poco a poco estuviese volviendo al mundo real. Después gira la cabeza y cuando ve a Dean con Kim sentada sobre sus rodillas abre los ojos como platos para después fruncir el ceño y hablar en un susurro, sin querer despertar a Ana, que es la única que sigue durmiendo.
-Dean, ¿qué cojones es esto...? Oye, más te vale tener una explicación razonable...-
Dean se apresura a hablar sin levantar la voz mientras Kim clava ahora su mirada asustada en Matt, que la mira sin entender absolutamente nada. -Escucha, tío. Se llama Kim, anoche iba sola por la carretera, como a las tres de la mañana. Estaba haciendo autostop pero ya sabes la poquísima canntidad de coches que pasan por aquí, y más a esa hora.- La mira a ella y luego vuelve a mirar a Matt, que aún no da crédito y no para de observar a la chica de pelo rojo intenso. -Hacía frío y ella estaba helada, así que dejé que durmiera aquí, con nosotros.- Resopla, nervioso -Va a San Francisco, y nos sobra una plaza. Tío, si tuviera que dejarla de nuevo por aquí tirada me sentiría como un tirano. Mírala, Matt, no va a dar problemas, es una cría y solo quiere llegar a esa ciudad…- Brian está fuera, sentado en el guardarraíl que hay al borde del asfalto negro, cruzado de brazos y mirando todo lo que pasa dentro del coche sin poder imaginarse la conversación, con el pelo salvajemente revuelto y sus ojos color chocolate negro clavados en la ventanilla del conductor. Ahora sabe que tanto Dean como Matt están despiertos, y espera que no se les ocurra despertar a Ana con voces altas…
Matt se queda mirando a la chica en silencio y después suspira, asintiendo. -Está bien.- Sonríe levemente de medio lado, diciendo algo que la hace sonreír a ella también. -Bienvenida a la familia, Kim...- Al oír esto, Dean sonríe satisfecho y suspira, mirando a Annie a través del espejo retrovisor. La chica de ojos verdes continúa plácidamente dormida y Brian, desde fuera, serio, con los brazos cruzados y apoyado en el guardarraíl, la observa con la mayor de las paciencias, velándola, cuidando de ella como un perro guardián, encargándose de que nada ni nadie la molesta, y por supuesto dispuesto a impedir que eso ocurra. El chico de ojos claros sacude la cabeza con una sonrisa y suspira. -Creo que es hora de retomar el viaje y...- Mira a Kim. -Como no despertemos a Annie me temo que tendré que viajar contigo sobre las rodillas todo el viaje...- Ríe, haciéndola reír a ella también.
Dean abre la puerta del conductor y deja salir a Kim para después salir él mismo, que está deseando estirar las piernas. Nada más plantar sus zapatillas en la arena rojiza, la chica de ojos castaños puede sentir la mirada aplastante de Brian contra ella. Lo cierto es que parece hostil, y no sabe si es así con todo el mundo o simplemente está teniendo una mala mañana, pero lo que sí es cierto es que no puede mirarle de fijo, quizás por esa manera de mirarla tan intimidatoria que tiene. Ojalá se le pase pronto. Gates habla serio mirando a la chica, pero claramente dirigiendo su pregunta hacia Dean, que al escucharle suspira profundamente. Escuchar ese tono en la voz de Brian nunca es buena señal. Da verdadero miedo cuando se pone así. -¿Quién es ella…?-
Dean suspira, pasa un brazo sobre los brazos de la chica y la atrae hacia él de forma protectora y amistosa, haciendo que la joven se sienta aún más intimidada ante la mirada imponente de Brian, bajando la mirada al suelo y dejando que sus mejillas se enrojezcan. Puede estar segura de que el tal Brian es el chico más guapo que ha tenido delante jamás. Ni siquiera puede mirarle a los ojos. -Es Kim. Me la encontré anoche cuando hacía autostop a las tres de la mañana. Estaba sola, muerta de frío y agotada, y me vi moralmente obligado a dejarla dormir en el coche. Como no teníamos espacio suficiente, tuvo que dormir sobre mis rodillas. Viaja a San Francisco y como nos pilla de paso he decidido que podríamos llevarla con nosotros...- Se encoge de hombros. -Cualquier cosa es mejor que pasarse horas tirada en una carretera esperando que un coche conducido por Dios sabe quién la recoja y se la lleve a Dios sabe dónde haciéndole Dios sabe qué cosas. Nunca puedes fiarte de nadie, tío... Matt está de acuerdo con que se venga con nosotros y... Bueno, solo me falta saber tu opinión y la de Ana, pero ella sigue dormida.-
Gates frunce el ceño, extrañado. -Vamos, Dean, no me jodas. No sabes quién es, no sabes nada de ella.- Enarca una ceja, tira el cigarrillo al suelo y lo pisa. -¿Y qué pasa si es menor de edad? Porque estaríamos metiéndonos en problemas.- Su jefe pone los ojos en blanco y resopla, a sabiendas de que Brian reaccionaría así de buenas a primeras. El chico de ojos oscuros dice algo que hace que Kim le mire sorprendida. -Oh. No ha sido suficiente con todo lo que ha pasado durante éstos últimos días. ¿Aún quieres más problemas?- Asiente, sarcástico. -De acuerdo.- Se levanta del guardarraíl y camina hacia la chica, que ahora solo quiere que se la trague la tierra, en una mezcla de nerviosismo y vergüenza que no logra explicar. Brian es bastante alto, y al igual que su amigo de ojos verdes, tiene los brazos cubiertos por tatuajes, y por primera vez le mantiene la mirada en la cara y en los ojos. Gates no deja de mirarla como si la estuviera evaluando. La chica tiene el pelo teñido de un rojo fuertísimo, los ojos oscuros y unas facciones bastante bonitas que denotan que no tiene demasiada edad, es alta y delgada y se nota que es así gracias a los shorts escandalosamente cortos que lleva puestos. Parece un diablillo, un diablillo muerto de miedo y de vergüenza.
El chico de pelo negro azabache habla con una severidad que acongoja a Kim, quien siente que en cualquier momento volverá a bajar la mirada presa del miedo más absoluto. Joder, qué guapo es.
-¿Qué edad tienes?-
Ella alcanza a musitar un “dieciocho” apenas audible, y él vuelve a no dejarle tregua con las preguntas. -¿Te estás escapando de casa o algo así?- Ella sacude la cabeza nerviosamente, dando a entender que no es así, y Gates vuelve a preguntar señalando la mochila que lleva la chica, diciendo algo que hace que hasta Dean le mire exaltado. -¿Llevas drogas dentro de esa cosa?- Ella pestañea un par de veces, perpleja, y sacude la cabeza efusivamente, sin poder deshacer un nudo de nervios que no la deja hablar. ¿Cómo puede preguntarle algo así…? Siente como si la estuviera interrogando un policía. La mirada de Brian da verdadero miedo, y la de la chica debe ser la cara de susto más grande que el chico de ojos oscuros haya visto jamás.
Se han hecho unos segundos de pura tensión silenciosa, y entonces, bajo el asombro de la chica y de su jefe, Brian habla de nuevo. -Pues qué pena, ¿no? Hubiera sido un puntazo, el viaje se nos hubiera hecho más corto.- Gates rompe a reír con malicia, muerto de la diversión, descolocando a la pareja que le mira. Le pega un puño cariñoso a la chica en el hombro, que aún sigue congelada, y habla entre risas. -Solo estaba bromeando, Kimmy, quita esa cara de susto.- Ríe por lo bajo y suspira. -He secuestrado a mi novia de su casa, nos han metido en la cárcel por atracar una tienda, hemos tenido que pagar fianza para salir, el coche de Dean entró en llamas y apenas tenemos dinero. No creo que puedas darnos problemas más importantes que esos…- Se peina el pelo hacia atrás con los dedos en un gesto arrebatador y mira a Dean con una sonrisa cargada de buen humor. -Vamos, anda, ve al maletero y saca el termo con café. Tu amiga querrá desayunar algo, igual que los demás, y no vamos a salir a la carretera con el estómago vacío…-
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