[-Solo estaba bromeando, Kimmy, quita esa cara de susto.- Ríe por lo bajo y suspira. -He secuestrado a mi novia de su casa, nos han metido en la cárcel por atracar una tienda, hemos tenido que pagar fianza para salir, el coche de Dean entró en llamas y apenas tenemos dinero. No creo que puedas darnos problemas más importantes que esos…- Se peina el pelo hacia atrás con los dedos en un gesto arrebatador y mira a Dean con una sonrisa cargada de buen humor. -Vamos, anda, ve al maletero y saca el termo con café. Tu amiga querrá desayunar algo, igual que los demás, y no vamos a salir a la carretera con el estómago vacío…-]
Gates suspira profundamente y asiente con una media sonrisa reprimida, antes de rodear el coche y abrir la puerta de atrás derecha. Se tira sobre Ana con cuidado, vigilando bien el apoyarse sobre sus codos para no pesar demasiado. La besa sobre los labios y luego se apoya en su pecho, cerrando los ojos con una sonrisa. -Buenos días, cielo…- Ella abre los ojos despacio y hunde las manos en su pelo negro, acariciándole mientras vuelve en sí. Matt abre el maletero y habla con una sonrisa cabrona. -Sois como una película de esas pastelosas las veinticuatro horas del día, de verdad.- Annie se despereza, bosteza de una manera adorable y sonríe antes de besar a Brian, que ahora la mira con una atención paternal, en la punta de la nariz. Dean mira a Kim, quien observa con una media sonrisa lo unidos que parecen, y habla en un susurro cargado de humor. -Siempre están así, no te extrañes. Es curioso…-
La chica de ojos castaños sonríe y suspira, hablando en un susurro que más que hacia Dean parecía ir dirigido hacia ella misma. -Qué suerte...-
Ana por otra parte, una vez ha logrado quitarse a Brian de encima, se levanta con una sonrisa y sale del coche. Una vez fuera, cegada por la luz del sol, frunce el ceño y suspira. Brian enseguida sale detrás de ella y la abraza por detrás, apoyándose al coche, atrayéndola hacia él y colocando las manos sobre su tripa. La chica de ojos claros tiene una cara de sueño que resulta adorable a todo el que la vea. Sus ojos claros permanecen entrecerrados a causa de la abundancia de luz y su pelo revuelto deja patente la cantidad de vueltas que ha dado en el asiento mientras dormía. Aún no había reparado en su nueva compañera de viaje pero cuando lo hace frunce el ceño, extrañada, y habla con la voz pastosa. -¿Quién... quién eres tú...?-
Kim baja la mirada por un segundo y sonríe nerviosamente, entrelazando sus manos en un gesto adorable. -Me llamo Kim. Creo que… Creo que voy a ir hasta California en el coche con vosotros. Si… Si no te importa, claro.- Se encoge de hombros y sonríe de medio lado cargada de timidez. Si es la tal Annie de la que Dean le habló, se quedó corto. Parece toda una modelo con ese pelo larguísimo, ese tipo y esos ojos, y entre ella y Brian parecen la pareja perfecta. -Yo voy hasta San Francisco. Llevo haciendo autostop desde Atlanta y hasta ahora nadie había sido tan amable conmigo como tus amigos…-
Ana la mira con atención y con los ojos entrecerrados unos segundos largos que a la chica de ojos castaños se le hacen interminables e insoportables. La verdad es que bajo esa carita de ángel que esconde Ana, está segura de que se esconde una mujer determinante, responsable y sobre todo interesante, y es cierto que le gustaría saber algo más sobre ella. Finalmente y sin mediar palabra, la chica de ojos verdes se separa de Brian y camina hacia Kim, con una sonrisa cálida y tierna dibujada en sus labios. Le tiende la mano y suspira. -Encantada, Kim. Yo soy Ana. Será un placer que viajes con nosotros...-
La chica de ojos castaños amplía su sonrisa y asiente, cogiendo un vaso de café del termo que Dean le ofrece y volviendo a prestar su atención a la imponente chica. -Muchísimas gracias. Intentaré no dar problemas, Ana.- Alza la mirada hacia Brian y al encontrar que el chico de ojos oscuros también la estaba mirando, vuelve a desviarla. Brian la pone realmente nerviosa, y en sus adentros piensa que no es para menos. Ana no tiene ni idea de que, en cinco minutos que lleva en presencia de su chico, ya daría media vida por ser ella. También se ha dado cuenta de que, cuando su chica de ojos verdes está cerca, sonríe el doble y mucho más bonito. Debe de quererla mucho... Se apura con el desayuno igual que hacen todos los demás, bajo la atenta mirada de Dean, que parece haberla convertido de pronto en su nueva protegida, cosa que tanto Brian como Matt ya han advertido. Va a ser un viaje curioso, pero a vista de los ocupantes del coche, Kim no representa ningún peligro. Hasta ahora solo es una niña tímida y de sonrisa y palabras reservadas, cosa que no es de extrañar teniendo en cuenta que acaba de conocer a sus nuevos compañeros de viaje, unos más imponentes que otros.
Pocos minutos después de haber terminado de desayunar, los chicos se encuentran de nuevo en la carretera. Son las doce del mediodía y han acordado parar a las tres para comer y descansar y después continuar hasta las doce de la noche, que será cuando paren a dormir, esta vez sí, en un motel. La chica de ojos castaños viaja sentada en el asiento derecho trasero y Ana viaja sentada sobre las rodillas de Brian, que está sentado al lado de ella. Gates mantiene sus brazos rodeándole la cintura a Annie, y tiene su cabeza apoyada en la espalda de ella, ofreciendo una imagen de lo más tierna que hace que la chica de ojos castaños no pueda sentirse verdaderamente incómoda cada vez que los mira, así que decide ir mirando por la ventanilla. De vez en cuando su mirada y la de Ana, que la mira de reojo, se cruzan, creando un ambiente de lo más desagradable y hostil. No le ha hecho nada, pero a la chica de Haner no parece agradarle en absoluto la presencia de la cara nueva. No le gusta esa forma que tiene de hablar con Matt y Dean, tan confiada como si les conociese de toda la vida. Habla poco, pero cuando lo hace, desborda confianza. Le da rabia, porque cuando ella llegó a Los Ángeles tenía miedo incluso a hablarles, pero si hay algo que le guste menos es la forma en la que mira a su chico y se dirige a él. Minutos antes de arrancar, les vio hablando y para nada le gustó su actitud. Brian la miraba con una sonrisa, cruzado de brazos apoyado en el coche, y ella le miraba con la misma sonrisa, enredando con un mechón de pelo entre sus dedos. No es que sea una mujer especialmente celosa, pero no le gusta un pelo eso de que se metan en su territorio y quieran quitarle lo que es suyo. Serán cosas tuyas, Ana, piensa para sus adentros. No parece una mala chica, no saques conclusiones precipitadas...
El día se hace bastante ameno, porque la conversación fluye entretenida y sin pausa dentro del coche. Matt y Dean acaban cantando a coro Born In The USA y gritando obscenidades a las chicas que pasan conduciendo por el carril de al lado, arrancando las risas de ellas mismas y de los ocupantes de los asientos de atrás. El día se pasa de nuevo sobre ruedas, y prefieren comer de lo que compraron el día anterior a parar otra vez.
Cuando hacen la parada definitiva es por la noche, y ya son las once. Han aparcado al lado de una gasolinera poco transitada que tiene adosado un motel, y han decidido que ese será el sitio donde se queden a cenar y a dormir. Durante la cena en el restaurante del establecimiento conversan animadamente, y Kim se asegura de que Dean sea quien está sentado a su lado. Lo cierto es que está realmente nerviosa, porque el jefe del Red Dingo se ha sentado a su izquierda, y Brian a su derecha, pero el chico de ojos oscuros parece más interesado en el partido de los Lakers que retransmiten por la pantalla y en su chica que en cualquier otra cosa…
Cuando ya han terminado de cenar, los chicos deciden alargar la sobremesa. El restaurante está bastante vacío y en él no parece que haya mucho movimiento a lo largo del día, pero las risas y charlas animadas de los chicos parecen traerle algo de felicidad a los ancianos encargados del local, que ahora los miran con una sonrisa apoyados en la barra. Ya que tienen el comedor para ellos solos, los chicos no tardan en charlar de cosas de lo más variadas, desde las peripecias vividas por Brian desde que salió de viaje para Texas, hasta lo buenas que estaban las chicas que conocieron esa misma mañana cuando pararon a echar gasolina. Ana mira la televisión absorta a la conversación, con el codo apoyado en la mesa y la barbilla apoyada sobre su mano, y Kim, que parece estar más bien callada, como de costumbre, la mira de reojo de vez en cuando, recelosa. La verdad es que Ana le pareció hermosa desde que la vio, y le resulta bastante difícil competir contra ella y sus ojos verdes en el contraste que forman con su pelo castaño, largo, salvaje y ondulado. Si lo que quiere es lograr que Brian se fije en ella lo más mínimo, tendrá que superar todo eso...
Los dueños del local acaban por invitarles a chupitos de tequila, que la compañía acepta de muy buena gana, después de que el más anciano de los encargados le cuente a Brian que tiene un sobrino parecido a él que también vive en California, cosa que parece hacerle mucha gracia al chico de ojos oscuros. Los encargados acaban por regalarles la botella entera, y las risas se duplican. No entraba dentro de los planes de los chicos emborracharse esa noche, ni mucho menos, pero incluso Kim se apunta. El único que se compromete a beber menos es Dean, que el día siguiente debe conducir otra vez el coche de Matt. Cuando se discute el tema de las habitaciones, aún en la mesa del restaurante, el chico joven encargado les informa de que solo tienen dos habitaciones libres en ese momento, una de ellas con dos camas y otra con tres, así que la distribución queda sin duda clara desde el principio. Kim, para sorpresa de Annie, no se separa de Dean ni un solo momento, dejando que él la agarre contra sí por la cintura, y que empiecen a decirse cosas al oído entre risas, cosas que nadie más que ellos dos puede escuchar. Brian se divierte haciendo bromas a Matt, diciéndole que esa noche, a vista de cómo está la situación, va a tener que dormir en el balcón para no molestar…
Dean, Charlie, Matt y Brian charlan animadamente, e incluso parece que Kim se ha animado y se ha unido a la conversación. Ana continúa con la mirada clavada en la televisión y suspira, aburrida. Todos están divirtiéndose y pasándoselo bien. Todos menos ella, que ante el empeño de Brian de cuidarla mientras esté embarazada, no ha podido probar ni una sola gota de ese tequila que se le antoja delicioso servido ahora en pequeños vasos de chupito que descansan sobre la mesa. Kim y el chico de ojos azules se salen de la conversación de vez en cuando para sumirse en la suya propia, diciéndose idioteces y contándose tonterías que no le interesan a nadie excepto a ellos dos, ya que muestran tanto interés en saber el uno del otro. Dean de vez en cuando baja la mano desde la cintura de ella hasta su culo de una forma bastante descarada y Kim se sobresalta y ríe, haciendo que recupere su postura inicial. Ana aparta su mirada de la tele, mira a Brian y suspira, con una leve sonrisa dibujada en sus labios. Aunque no sabe de qué está hablando tan interesado con su amigo de ojos verdes, se le ve feliz y despreocupado, y la verdad es que para Annie es todo un alivio verle así después de todo por lo que han pasado en las últimas semanas.
El alcohol y los chupitos van en aumento entre los ocupantes de la mesa y, cuando ya han conseguido terminarse la botella, Kim y Matt están tan afectados que ni siquiera son capaces de mantenerse en pie prácticamente, por lo que Dean, con una sonrisa cabrona, agarra a la chica de ojos castaños en brazos como quien agarra a una recién casada y se la lleva a la habitación, entre risas. Matt camina torpemente hacia su cuarto tras ellos, agarrándose a la pared y a todo lo que puede y haciéndose reír a sí mismo cada vez que tropieza y hace amago de caerse.
Cuando ya han terminado de cenar, los chicos deciden alargar la sobremesa. El restaurante está bastante vacío y en él no parece que haya mucho movimiento a lo largo del día, pero las risas y charlas animadas de los chicos parecen traerle algo de felicidad a los ancianos encargados del local, que ahora los miran con una sonrisa apoyados en la barra. Ya que tienen el comedor para ellos solos, los chicos no tardan en charlar de cosas de lo más variadas, desde las peripecias vividas por Brian desde que salió de viaje para Texas, hasta lo buenas que estaban las chicas que conocieron esa misma mañana cuando pararon a echar gasolina. Ana mira la televisión absorta a la conversación, con el codo apoyado en la mesa y la barbilla apoyada sobre su mano, y Kim, que parece estar más bien callada, como de costumbre, la mira de reojo de vez en cuando, recelosa. La verdad es que Ana le pareció hermosa desde que la vio, y le resulta bastante difícil competir contra ella y sus ojos verdes en el contraste que forman con su pelo castaño, largo, salvaje y ondulado. Si lo que quiere es lograr que Brian se fije en ella lo más mínimo, tendrá que superar todo eso...
Los dueños del local acaban por invitarles a chupitos de tequila, que la compañía acepta de muy buena gana, después de que el más anciano de los encargados le cuente a Brian que tiene un sobrino parecido a él que también vive en California, cosa que parece hacerle mucha gracia al chico de ojos oscuros. Los encargados acaban por regalarles la botella entera, y las risas se duplican. No entraba dentro de los planes de los chicos emborracharse esa noche, ni mucho menos, pero incluso Kim se apunta. El único que se compromete a beber menos es Dean, que el día siguiente debe conducir otra vez el coche de Matt. Cuando se discute el tema de las habitaciones, aún en la mesa del restaurante, el chico joven encargado les informa de que solo tienen dos habitaciones libres en ese momento, una de ellas con dos camas y otra con tres, así que la distribución queda sin duda clara desde el principio. Kim, para sorpresa de Annie, no se separa de Dean ni un solo momento, dejando que él la agarre contra sí por la cintura, y que empiecen a decirse cosas al oído entre risas, cosas que nadie más que ellos dos puede escuchar. Brian se divierte haciendo bromas a Matt, diciéndole que esa noche, a vista de cómo está la situación, va a tener que dormir en el balcón para no molestar…
Dean, Charlie, Matt y Brian charlan animadamente, e incluso parece que Kim se ha animado y se ha unido a la conversación. Ana continúa con la mirada clavada en la televisión y suspira, aburrida. Todos están divirtiéndose y pasándoselo bien. Todos menos ella, que ante el empeño de Brian de cuidarla mientras esté embarazada, no ha podido probar ni una sola gota de ese tequila que se le antoja delicioso servido ahora en pequeños vasos de chupito que descansan sobre la mesa. Kim y el chico de ojos azules se salen de la conversación de vez en cuando para sumirse en la suya propia, diciéndose idioteces y contándose tonterías que no le interesan a nadie excepto a ellos dos, ya que muestran tanto interés en saber el uno del otro. Dean de vez en cuando baja la mano desde la cintura de ella hasta su culo de una forma bastante descarada y Kim se sobresalta y ríe, haciendo que recupere su postura inicial. Ana aparta su mirada de la tele, mira a Brian y suspira, con una leve sonrisa dibujada en sus labios. Aunque no sabe de qué está hablando tan interesado con su amigo de ojos verdes, se le ve feliz y despreocupado, y la verdad es que para Annie es todo un alivio verle así después de todo por lo que han pasado en las últimas semanas.
El alcohol y los chupitos van en aumento entre los ocupantes de la mesa y, cuando ya han conseguido terminarse la botella, Kim y Matt están tan afectados que ni siquiera son capaces de mantenerse en pie prácticamente, por lo que Dean, con una sonrisa cabrona, agarra a la chica de ojos castaños en brazos como quien agarra a una recién casada y se la lleva a la habitación, entre risas. Matt camina torpemente hacia su cuarto tras ellos, agarrándose a la pared y a todo lo que puede y haciéndose reír a sí mismo cada vez que tropieza y hace amago de caerse.
Finalmente los únicos que terminan por quedarse en el comedor son Brian, Ana y la encargada, una mujer de unos setenta años que ahora recoge todo lo que tiene por la barra con una tranquilidad pasmosa. Son ya las tres de la mañana y ha sido un día muy largo, pero la euforia y excitación que produce el tequila en Brian le hacen saber que no será capaz de dormir en unas cuantas horas aunque se acueste ahora mismo. Fuera, la tormenta que llevaba cayendo toda la noche ha amainado, dejando el cielo despejado, haciendo visibles la cantidad de estrellas y la enorme y brillante luna llena que lo decoran. Ana sigue en silencio, impasible, mirando a la televisión, en la que ahora ponen un programa de corazón que le importa lo más mínimo, sin ningún interés.
Brian enreda con el vaso de chupito vacío entre los dedos, ahora fijando su mirada traviesa y brillante en Ana, que parece en otro mundo y está sentada a su lado. Con la otra mano tamborilea con los dedos largos y finos sobre la mesa de madera, con esos dedos llenos de tatuajes que Ana conoce bien. Suspira largamente, enarca una ceja y habla aparentando no estar afectado por el tequila, aunque a ojos de su chica de ojos verdes no queda demasiado creíble. -¿Tienes ganas de irte a dormir…? Porque podemos irnos cuando quieras, cielo.- En sus finos labios se puede adivinar una sonrisa reprimida, dándole esa típica apariencia suya de estar a punto de hacer una travesura. Habla bajando el tono de voz, y aunque pretende sonar serio, esa manera de hablar que tiene cuando está borracho se lo impide. -Llevas un día más callado de lo normal, American Pie…-
Ana arquea las cejas y le mira, asimilando todo lo que acaba de decir. -¿Qué..? Oh. ¿Más callada de lo normal? ¿Tú crees...?- Sonríe sarcásticamente y sacude la cabeza, levantándose y echando a andar fuera del comedor, sin darle tiempo a reaccionar, hablando mientras desaparece por la puerta. -Pues no sé, cielo, a mí no me pasa nada...-
Él la sigue con la mirada enarcando una ceja y mientras se levanta mira a la mujer regordita de pelo recogido encargada de poner en orden el local. Gates habla arrastrando las consonantes, haciendo sonreír a la mujer. -Eso es que le pasa algo, ¿verdad?- La encargada asiente reprimiendo una sonrisa y diciéndole un sí, hijo, por lo bajo. Le deja diez dólares de propina y habla entre dientes, colocándose el pelo negro azabache en un movimiento resuelto, caminando hacia la puerta. -Qué manía tenéis la mujeres de decir que "no os pasa nada" cuando os pasa algo. Los problemas serían más fáciles de adivinar...- La encargada le sigue con la mirada entre risas y sacude la cabeza con ternura. Brian ya ha echado a correr escaleras arriba, tratando de alcanzar a Ana, que le lleva algunos escalones de ventaja. Chasquea la lengua y resopla, fastidiado. -Ana, espera...- Alza un poco más la voz. -Joder, espérame, vamos a hablar...-
Cuando por fin llegan al piso de arriba en el cual está su habitación, Ana resopla, pone los ojos en blanco y se gira con los brazos cruzados y la mirada clavada en Brian, que sube las escaleras a toda prisa. Habla seria, sin mostrar atisbo de sonrisa en esos labios rosados y carnosos suyos. -No grites, vas a despertar a todo el hotel. Y además no estoy sorda, te oí perfectamente la primera vez que me llamaste. Te he dicho que no me pasa nada, Brian. Estoy bien. Estoy callada porque tal vez no tenga nada de qué hablar, ¿no crees? Estoy cansada, me voy a dormir.- Se da la vuelta y echa a andar por el pasillo de nuevo, de camino a su habitación.
Gates chasquea la lengua, resopla y la sigue con paso apresurado. La verdad, no tiene ni idea de qué ha hecho mal ésta vez, pero sabe que debe haber sido serio para que su eterna chica de ojos verdes, siempre tan sonriente y tan tierna con él se vuelva de golpe fría y distante, casi hostil. Entran en la habitación, y ella desaparece en el baño un rato, dispuesta a darse una ducha. Brian, por su parte, se quita la camiseta y la tira sobre la cama para después abrir la ventana de par en par. Por primera vez en éstos últimos días corre algo de aire por la noche, y lo cierto es que es de agradecer. Se cruza de brazos en el alféizar de la ventana y apoya la barbilla sobre ellos, mirando la autopista, que le resulta casi hipnótica. Desde una borrachera que aún perdura, sabe que tendrá que seguir hablando con Ana. Sabe que le pasa algo, que va a tener que armarse de paciencia y que conseguirá sacárselo, sea como sea...
Unos largos veinte minutos después, la puerta del baño se abre sacando a Brian de su ensimismamiento, apartando enseguida su oscura mirada de la carretera para centrarla en su chica de ojos verdes. Ana sale del baño con una camiseta blanca y larga de tirantes y unas bragas negras como único pijama. Deja la ropa sucia en una silla y se sienta sobre la cama de espaldas a Gates, recogiendo su largo pelo en una trenza. Está tan seria y distante como siempre, y Brian, en lo más profundo de su ser, se teme que esa noche se le hará bastante larga. Intentará que no acabe mal de ninguna de las maneras, solo espera que su chica no se lo ponga difícil...
Él se cruza de brazos, apoya la espalda en la pared y la mira desde ahí por unos segundos, hasta que se decide a hablar en un tono tranquilo. Está seguro de que el efecto del alcohol está pasando más rápido de lo normal por culpa de lo incómodo que se siente al tener que empezar una de éstas conversaciones. -Si pretendes que me crea que estás callada porque no tienes de qué hablar, no lo estás consiguiendo.- Suspira y chasquea la lengua, ladeando la cabeza y mirándola con atención, aún de espaldas a él. -Dime qué es lo que ha pasado que te ha torcido la noche. ¿Es porque no has podido beber? ¿Es la chica ésta que se nos ha unido? No parece que hables demasiado con ella. Y bueno, si he sido yo el que he hecho algo malo, es más fácil que me digas qué para que pueda disculparme…-
Ana, de nuevo y sin girarse, suspira pesadamente y habla en un tono más tranquilo, terminando de hacerse la trenza. -Ya te lo he dicho. No me pasa nada. No me has hecho nada. Ni tú ni nadie. Solo estoy cansada, ¿de acuerdo?- Se levanta, se gira y, sin mirarle, se dispone a abrir la cama en la que después se tumba, ahuecando la almohada con las manos antes de apoyar la cabeza en ella y echarse de espaldas al chico de ojos oscuros. Habla en el mismo tono, queriendo desentenderse de la situación. -No te preocupes más por eso y échate a dormir, que lo necesitas. El alcohol no suele ser un buen ingrediente en nuestras discusiones, de todas formas...-
Él resopla pesadamente, cruza la habitación y se mete en el baño cerrando tras de sí, dejando la habitación en un total silencio hasta que empieza a escucharse el ruido de la ducha. Dentro del baño, Brian está metido bajo el chorro de agua fría, desnudo, con la espalda apoyada en la pared y los ojos cerrados. Lo cierto es que está helada, pero lo necesita. Ya no le apetece estar un segundo más borracho. Sabe que le pasa algo, por supuesto que le pasa algo. Tendría que ser idiota y no conocerla para pensar lo contrario, y si ella no quiere contárselo, podría pasar días enteros preguntándose qué podrá ser. Cuando sale del baño, han pasado apenas veinte minutos, y lo hace vestido únicamente con unos calzoncillos negros, sacudiéndose el pelo empapado y dejando después la mochila sobre una silla. No va a sacar nada, para qué si mañana a las once de la mañana como muy tarde se habrán ido. Ana sigue en la cama, aunque ya no sabe si está dormida…
Brian, exhausto y agobiado por lo incómodo de la situación, decide darse por vencido. Si realmente no quiere decírselo, no será él quien insista. Sabe cómo es, y también sabe que si es algo malo o que está molesta con algo, terminará por decírselo tarde o temprano. Derrotado, el chico de ojos oscuros se sienta en el borde de la cama y apaga la luz que emitía la lamparilla de la mesita y que era la única que aportaba iluminación a la habitación. Todo se ha quedado en silencio ahora, y la luz de la luna llena que entra por la ventana se refleja en los muebles, las paredes y el resto de objetos dándoles un tono plateado. Sin mediar palabra, Brian se tumba en la cama y se arropa con las sábanas, de espaldas a Ana. Mentiría si dijese que tiene sueño, y la verdad es que siente que no será capaz de dormir en toda la noche a causa de la intriga e incertidumbre que le produce la nueva y extraña manera de comportarse de su chica. Pasan unos largos y silenciosos minutos hasta que la voz de Annie en un susurro le saca de su tranquilidad, haciendo que lo que dice le descoloque por completo. -¿Cómo reaccionarías tú si un día recogieses a un chico en la carretera y que al día siguiente ese individuo, un chico tímido y reservado, se pusiese a hablar conmigo, ponerme ojitos, hacer chistes fáciles y contarme su vida con toda confianza como si tuviésemos una amistad de toda la vida...? ¿Te sentirías bien…? ¿Te sentirías cómodo y en confianza o simplemente preferirías quedarte callado y reservarte tus pensamientos para ti mismo en vez de decir algo poco apropiado...?-
Gates suspira profundamente, entre aliviado y cargado de preocupación. Por supuesto que se trataba de Kim. ¿Qué si no? Se gira en la cama y habla tratando de sonar firme. -Ana, Kim no es una amenaza para ti. A mí me parece que es una cría perdida, y que ahora nos tiene a todos como novedad. Por el amor de Dios, pero si incluso a ti te mira como si te adorara…- Chasquea la lengua y frunce el ceño, además de bajar el tono de voz. -Si haces esto porque tienes miedo de que Kim intente algo conmigo, entonces no tiene sentido. No me ha dicho nada raro, ni creo que vaya a decírmelo nunca. Yo ya tengo a una mujer preciosa a mi lado, no necesito ni me interesan las chiquilladas de ningún tipo, y ella ahora está con Dean, metida en su cama. ¿Dónde está la amenaza en todo esto?- Recoloca la cabeza en la almohada y le acaricia la espalda a su chica de ojos verdes. -Vamos, no puedes meterme éstos sustos, ni siquiera sé por qué te sientes incómoda con ella alrededor. Te mira como si fueras una loba, con esas miradas que le echas cada vez que a la chica se le ocurre hablarme. Vas a hacer que te coja miedo…- Sonríe de medio lado casi con ternura, aunque Annie no pueda verle. Susurra con su habitual desparpajo. -Me encanta que quieras quedar claro de quién soy. Yo lo sé, Matt, Dean y Kim lo saben, toda la clientela del Dingo lo sabe, hasta nuestro presidente de la comunidad de vecinos lo sabe… Pero no te enfades conmigo…-
Ana chasquea la lengua y resopla. Se gira en la cama, quedándose con la mirada clavada en el techo. Traga saliva y suspira profundamente antes de hablar en un susurro, enredando con su propia camiseta entre los dedos de sus manos. -No es que le tenga miedo, es que simplemente...- Se encoge de hombros. -No sé, Brian. Me da rabia que haya llegado ayer y ya os trate como si fueseis amigos de toda la vida, ¿sabes? Cuando yo os conocí en Los Ángeles tenía miedo incluso de miraros a los ojos durante más de dos segundos seguidos, y me llevó lo suyo el hablaros con fluidez...- Chasquea la lengua de nuevo. -Supongo que ahora estarás pensando que no soy más que una psicótica enferma y celosa capaz de matar a toda aquella mujer que se acerque a su chico...- Sonríe de medio lado, leve y tristemente. -Pero no sé, no me da buena espina. Me parece muy bien que seáis amigos, que os caigáis bien y todo eso, pero no me gusta la forma en la que te pone ojitos y juguetea con su pelo mientras habla contigo. Tampoco me gusta esa... Forma que tiene de sonreír cuando está a tu lado ni esa forma de... Ponerse nerviosa cada vez que la llamas para algo. Sé lo que siente, Bri. Yo sentía lo mismo cuando te conocí…- Le mira y suspira para después volver a clavar su mirada en el techo. -No sé. Tal vez sea que estoy más... En guardia con esto del embarazo. Tal vez sea que me preocupo demasiado o que tengo miedo de que... Bueno, ya sabes, de que pase algo. De que nuestra relación se rompa por el motivo que sea y nuestro hijo nazca en una... Familia rota como me pasó a mí...- Suspira de nuevo, pero esta vez más pesada y más profundamente. -Es que me asusta el hecho de pensar que alguien... Pueda meterse entre nosotros dos. Que alguien se meta en nuestra relación y tire por la borda tanto tiempo y tantas cosas que hemos vivido juntos...-
Brian suspira profundamente, y cuando escucha a su chica hablando así sobre su relación, siente que se le encoge el corazón. La atrae contra sí y la besa con ternura en la mejilla, dejando que ella cierre los ojos y se recueste en su pecho, aferrándose a él con firmeza, como si fuera un niño que necesita el calor de su madre. El chico de ojos oscuros la besa en la cabeza tiernamente y habla en un susurro, con los ojos cerrados. -Ana, no tengo en cuenta el comportamiento de Kim. No me interesa, simplemente no entiendo por qué tendría que interesarme. Es una cría, una niña que ahora como mucho anda buscando atención. Yo ya tengo todo lo que necesito conmigo, Ana, te tengo a ti, tengo a la mujer más bonita y perfecta del mundo, una mujer con unas virtudes arrolladoras y con unos defectos que adoro, y algo más: Una familia. Tengo a un hijo en camino, Ana, un hijo que llevará nuestra sangre y al que vamos a cuidar como lo que es, lo más bonito que vamos a tener. Te llevo grabada a fuego en mi futuro, no necesito nada más. Lo tengo todo, Ana, tú me lo das todo, y eso no va a cambiarlo nadie, absolutamente nadie.- Hunde las manos en su pelo en una caricia cálida y lenta, y continua hablando en un susurro. -Si yo no le estoy dando importancia es porque no me importa.- La aprieta un poco más contra sí. Adora ese aroma que lleva siempre en su piel, como de jazmín, de frescura, de ella y de su pelo. -Prométeme que no vas a preocuparte más por esto, princesa…-
Annie suspira levemente, abre los ojos y se encuentra de nuevo con el techo, pero esta vez lo hace con una sonrisa dibujada en sus labios. Busca su mirada a través de la oscuridad y cuando por fin la encuentra, asiente, hablando en un susurro. -Está bien. Siento darte la lata con estas cosas a estas horas...- Brian sonríe, pone los ojos en blanco y sacude la cabeza en respuesta a sus palabras, y ella ríe por lo bajo, colocando una mano sobre su mejilla y besándole larga y lentamente. Con un movimiento rápido y resuelto por parte del chico de ojos azules, Annie termina sentada sobre él. Gates sigue tumbado, y ahora, sin dejar de besarla, le acaricia los muslos suavemente. Ana mantiene la cara de él agarrada entre sus manos y sin dejar de besarle, le atrae hacia ella con suavidad, enterrando sus manos en su pelo negro azabache.
Brian la besa con ternura, deslizando las manos por sus piernas, por esas piernas largas que le vuelven loco. En momentos como ese, mientras nota las manos de Annie en su pelo y esa manera de besarle condenadamente despacio como disfrutando cada uno de los segundos en los que juega con su lengua y le muerde los labios, se da cuenta de lo dependiente que es de él, de lo mucho que ella le necesita. Ha construido todo a su alrededor, y si su chico de ojos oscuros le falla, le falla todo y todo se derrumba. Gates sabe que cuando se aleja de su particular y perfecto ángel de la guarda, ella se convierte en un ser frágil e inofensivo, incapaz de concebir una vida sin él. Y Brian la quiere junto a él, pero no para unos años, sino para toda la vida. Sabe que es capaz de cambiarla, de hacerle dejar atrás esa fragilidad y de hacerla sentir fuerte, salvaje, segura e invencible, y recuerda cuánto odiaba verla asustada y triste cuando Charlie estaba a su lado y se llevaba su voluntad y su sonrisa. Sabe que cuando está junto a él, cuando están juntos, es plenamente feliz y le encanta verla así, libre y loca. Se la come a besos Dios sabe por cuánto rato, pero nunca es suficiente. Si su tío Robert le viera ahora mismo, probablemente le recordaría cómo es un hombre enamorado: Idiota y débil. El débil idiota más feliz del mundo. Así se siente Brian, y hasta ahora, está seguro de que es lo mejor que le ha pasado en su caótica y desordenada vida…
Brian enreda con el vaso de chupito vacío entre los dedos, ahora fijando su mirada traviesa y brillante en Ana, que parece en otro mundo y está sentada a su lado. Con la otra mano tamborilea con los dedos largos y finos sobre la mesa de madera, con esos dedos llenos de tatuajes que Ana conoce bien. Suspira largamente, enarca una ceja y habla aparentando no estar afectado por el tequila, aunque a ojos de su chica de ojos verdes no queda demasiado creíble. -¿Tienes ganas de irte a dormir…? Porque podemos irnos cuando quieras, cielo.- En sus finos labios se puede adivinar una sonrisa reprimida, dándole esa típica apariencia suya de estar a punto de hacer una travesura. Habla bajando el tono de voz, y aunque pretende sonar serio, esa manera de hablar que tiene cuando está borracho se lo impide. -Llevas un día más callado de lo normal, American Pie…-
Ana arquea las cejas y le mira, asimilando todo lo que acaba de decir. -¿Qué..? Oh. ¿Más callada de lo normal? ¿Tú crees...?- Sonríe sarcásticamente y sacude la cabeza, levantándose y echando a andar fuera del comedor, sin darle tiempo a reaccionar, hablando mientras desaparece por la puerta. -Pues no sé, cielo, a mí no me pasa nada...-
Él la sigue con la mirada enarcando una ceja y mientras se levanta mira a la mujer regordita de pelo recogido encargada de poner en orden el local. Gates habla arrastrando las consonantes, haciendo sonreír a la mujer. -Eso es que le pasa algo, ¿verdad?- La encargada asiente reprimiendo una sonrisa y diciéndole un sí, hijo, por lo bajo. Le deja diez dólares de propina y habla entre dientes, colocándose el pelo negro azabache en un movimiento resuelto, caminando hacia la puerta. -Qué manía tenéis la mujeres de decir que "no os pasa nada" cuando os pasa algo. Los problemas serían más fáciles de adivinar...- La encargada le sigue con la mirada entre risas y sacude la cabeza con ternura. Brian ya ha echado a correr escaleras arriba, tratando de alcanzar a Ana, que le lleva algunos escalones de ventaja. Chasquea la lengua y resopla, fastidiado. -Ana, espera...- Alza un poco más la voz. -Joder, espérame, vamos a hablar...-
Cuando por fin llegan al piso de arriba en el cual está su habitación, Ana resopla, pone los ojos en blanco y se gira con los brazos cruzados y la mirada clavada en Brian, que sube las escaleras a toda prisa. Habla seria, sin mostrar atisbo de sonrisa en esos labios rosados y carnosos suyos. -No grites, vas a despertar a todo el hotel. Y además no estoy sorda, te oí perfectamente la primera vez que me llamaste. Te he dicho que no me pasa nada, Brian. Estoy bien. Estoy callada porque tal vez no tenga nada de qué hablar, ¿no crees? Estoy cansada, me voy a dormir.- Se da la vuelta y echa a andar por el pasillo de nuevo, de camino a su habitación.
Gates chasquea la lengua, resopla y la sigue con paso apresurado. La verdad, no tiene ni idea de qué ha hecho mal ésta vez, pero sabe que debe haber sido serio para que su eterna chica de ojos verdes, siempre tan sonriente y tan tierna con él se vuelva de golpe fría y distante, casi hostil. Entran en la habitación, y ella desaparece en el baño un rato, dispuesta a darse una ducha. Brian, por su parte, se quita la camiseta y la tira sobre la cama para después abrir la ventana de par en par. Por primera vez en éstos últimos días corre algo de aire por la noche, y lo cierto es que es de agradecer. Se cruza de brazos en el alféizar de la ventana y apoya la barbilla sobre ellos, mirando la autopista, que le resulta casi hipnótica. Desde una borrachera que aún perdura, sabe que tendrá que seguir hablando con Ana. Sabe que le pasa algo, que va a tener que armarse de paciencia y que conseguirá sacárselo, sea como sea...
Unos largos veinte minutos después, la puerta del baño se abre sacando a Brian de su ensimismamiento, apartando enseguida su oscura mirada de la carretera para centrarla en su chica de ojos verdes. Ana sale del baño con una camiseta blanca y larga de tirantes y unas bragas negras como único pijama. Deja la ropa sucia en una silla y se sienta sobre la cama de espaldas a Gates, recogiendo su largo pelo en una trenza. Está tan seria y distante como siempre, y Brian, en lo más profundo de su ser, se teme que esa noche se le hará bastante larga. Intentará que no acabe mal de ninguna de las maneras, solo espera que su chica no se lo ponga difícil...
Él se cruza de brazos, apoya la espalda en la pared y la mira desde ahí por unos segundos, hasta que se decide a hablar en un tono tranquilo. Está seguro de que el efecto del alcohol está pasando más rápido de lo normal por culpa de lo incómodo que se siente al tener que empezar una de éstas conversaciones. -Si pretendes que me crea que estás callada porque no tienes de qué hablar, no lo estás consiguiendo.- Suspira y chasquea la lengua, ladeando la cabeza y mirándola con atención, aún de espaldas a él. -Dime qué es lo que ha pasado que te ha torcido la noche. ¿Es porque no has podido beber? ¿Es la chica ésta que se nos ha unido? No parece que hables demasiado con ella. Y bueno, si he sido yo el que he hecho algo malo, es más fácil que me digas qué para que pueda disculparme…-
Ana, de nuevo y sin girarse, suspira pesadamente y habla en un tono más tranquilo, terminando de hacerse la trenza. -Ya te lo he dicho. No me pasa nada. No me has hecho nada. Ni tú ni nadie. Solo estoy cansada, ¿de acuerdo?- Se levanta, se gira y, sin mirarle, se dispone a abrir la cama en la que después se tumba, ahuecando la almohada con las manos antes de apoyar la cabeza en ella y echarse de espaldas al chico de ojos oscuros. Habla en el mismo tono, queriendo desentenderse de la situación. -No te preocupes más por eso y échate a dormir, que lo necesitas. El alcohol no suele ser un buen ingrediente en nuestras discusiones, de todas formas...-
Él resopla pesadamente, cruza la habitación y se mete en el baño cerrando tras de sí, dejando la habitación en un total silencio hasta que empieza a escucharse el ruido de la ducha. Dentro del baño, Brian está metido bajo el chorro de agua fría, desnudo, con la espalda apoyada en la pared y los ojos cerrados. Lo cierto es que está helada, pero lo necesita. Ya no le apetece estar un segundo más borracho. Sabe que le pasa algo, por supuesto que le pasa algo. Tendría que ser idiota y no conocerla para pensar lo contrario, y si ella no quiere contárselo, podría pasar días enteros preguntándose qué podrá ser. Cuando sale del baño, han pasado apenas veinte minutos, y lo hace vestido únicamente con unos calzoncillos negros, sacudiéndose el pelo empapado y dejando después la mochila sobre una silla. No va a sacar nada, para qué si mañana a las once de la mañana como muy tarde se habrán ido. Ana sigue en la cama, aunque ya no sabe si está dormida…
Brian, exhausto y agobiado por lo incómodo de la situación, decide darse por vencido. Si realmente no quiere decírselo, no será él quien insista. Sabe cómo es, y también sabe que si es algo malo o que está molesta con algo, terminará por decírselo tarde o temprano. Derrotado, el chico de ojos oscuros se sienta en el borde de la cama y apaga la luz que emitía la lamparilla de la mesita y que era la única que aportaba iluminación a la habitación. Todo se ha quedado en silencio ahora, y la luz de la luna llena que entra por la ventana se refleja en los muebles, las paredes y el resto de objetos dándoles un tono plateado. Sin mediar palabra, Brian se tumba en la cama y se arropa con las sábanas, de espaldas a Ana. Mentiría si dijese que tiene sueño, y la verdad es que siente que no será capaz de dormir en toda la noche a causa de la intriga e incertidumbre que le produce la nueva y extraña manera de comportarse de su chica. Pasan unos largos y silenciosos minutos hasta que la voz de Annie en un susurro le saca de su tranquilidad, haciendo que lo que dice le descoloque por completo. -¿Cómo reaccionarías tú si un día recogieses a un chico en la carretera y que al día siguiente ese individuo, un chico tímido y reservado, se pusiese a hablar conmigo, ponerme ojitos, hacer chistes fáciles y contarme su vida con toda confianza como si tuviésemos una amistad de toda la vida...? ¿Te sentirías bien…? ¿Te sentirías cómodo y en confianza o simplemente preferirías quedarte callado y reservarte tus pensamientos para ti mismo en vez de decir algo poco apropiado...?-
Gates suspira profundamente, entre aliviado y cargado de preocupación. Por supuesto que se trataba de Kim. ¿Qué si no? Se gira en la cama y habla tratando de sonar firme. -Ana, Kim no es una amenaza para ti. A mí me parece que es una cría perdida, y que ahora nos tiene a todos como novedad. Por el amor de Dios, pero si incluso a ti te mira como si te adorara…- Chasquea la lengua y frunce el ceño, además de bajar el tono de voz. -Si haces esto porque tienes miedo de que Kim intente algo conmigo, entonces no tiene sentido. No me ha dicho nada raro, ni creo que vaya a decírmelo nunca. Yo ya tengo a una mujer preciosa a mi lado, no necesito ni me interesan las chiquilladas de ningún tipo, y ella ahora está con Dean, metida en su cama. ¿Dónde está la amenaza en todo esto?- Recoloca la cabeza en la almohada y le acaricia la espalda a su chica de ojos verdes. -Vamos, no puedes meterme éstos sustos, ni siquiera sé por qué te sientes incómoda con ella alrededor. Te mira como si fueras una loba, con esas miradas que le echas cada vez que a la chica se le ocurre hablarme. Vas a hacer que te coja miedo…- Sonríe de medio lado casi con ternura, aunque Annie no pueda verle. Susurra con su habitual desparpajo. -Me encanta que quieras quedar claro de quién soy. Yo lo sé, Matt, Dean y Kim lo saben, toda la clientela del Dingo lo sabe, hasta nuestro presidente de la comunidad de vecinos lo sabe… Pero no te enfades conmigo…-
Ana chasquea la lengua y resopla. Se gira en la cama, quedándose con la mirada clavada en el techo. Traga saliva y suspira profundamente antes de hablar en un susurro, enredando con su propia camiseta entre los dedos de sus manos. -No es que le tenga miedo, es que simplemente...- Se encoge de hombros. -No sé, Brian. Me da rabia que haya llegado ayer y ya os trate como si fueseis amigos de toda la vida, ¿sabes? Cuando yo os conocí en Los Ángeles tenía miedo incluso de miraros a los ojos durante más de dos segundos seguidos, y me llevó lo suyo el hablaros con fluidez...- Chasquea la lengua de nuevo. -Supongo que ahora estarás pensando que no soy más que una psicótica enferma y celosa capaz de matar a toda aquella mujer que se acerque a su chico...- Sonríe de medio lado, leve y tristemente. -Pero no sé, no me da buena espina. Me parece muy bien que seáis amigos, que os caigáis bien y todo eso, pero no me gusta la forma en la que te pone ojitos y juguetea con su pelo mientras habla contigo. Tampoco me gusta esa... Forma que tiene de sonreír cuando está a tu lado ni esa forma de... Ponerse nerviosa cada vez que la llamas para algo. Sé lo que siente, Bri. Yo sentía lo mismo cuando te conocí…- Le mira y suspira para después volver a clavar su mirada en el techo. -No sé. Tal vez sea que estoy más... En guardia con esto del embarazo. Tal vez sea que me preocupo demasiado o que tengo miedo de que... Bueno, ya sabes, de que pase algo. De que nuestra relación se rompa por el motivo que sea y nuestro hijo nazca en una... Familia rota como me pasó a mí...- Suspira de nuevo, pero esta vez más pesada y más profundamente. -Es que me asusta el hecho de pensar que alguien... Pueda meterse entre nosotros dos. Que alguien se meta en nuestra relación y tire por la borda tanto tiempo y tantas cosas que hemos vivido juntos...-
Brian suspira profundamente, y cuando escucha a su chica hablando así sobre su relación, siente que se le encoge el corazón. La atrae contra sí y la besa con ternura en la mejilla, dejando que ella cierre los ojos y se recueste en su pecho, aferrándose a él con firmeza, como si fuera un niño que necesita el calor de su madre. El chico de ojos oscuros la besa en la cabeza tiernamente y habla en un susurro, con los ojos cerrados. -Ana, no tengo en cuenta el comportamiento de Kim. No me interesa, simplemente no entiendo por qué tendría que interesarme. Es una cría, una niña que ahora como mucho anda buscando atención. Yo ya tengo todo lo que necesito conmigo, Ana, te tengo a ti, tengo a la mujer más bonita y perfecta del mundo, una mujer con unas virtudes arrolladoras y con unos defectos que adoro, y algo más: Una familia. Tengo a un hijo en camino, Ana, un hijo que llevará nuestra sangre y al que vamos a cuidar como lo que es, lo más bonito que vamos a tener. Te llevo grabada a fuego en mi futuro, no necesito nada más. Lo tengo todo, Ana, tú me lo das todo, y eso no va a cambiarlo nadie, absolutamente nadie.- Hunde las manos en su pelo en una caricia cálida y lenta, y continua hablando en un susurro. -Si yo no le estoy dando importancia es porque no me importa.- La aprieta un poco más contra sí. Adora ese aroma que lleva siempre en su piel, como de jazmín, de frescura, de ella y de su pelo. -Prométeme que no vas a preocuparte más por esto, princesa…-
Annie suspira levemente, abre los ojos y se encuentra de nuevo con el techo, pero esta vez lo hace con una sonrisa dibujada en sus labios. Busca su mirada a través de la oscuridad y cuando por fin la encuentra, asiente, hablando en un susurro. -Está bien. Siento darte la lata con estas cosas a estas horas...- Brian sonríe, pone los ojos en blanco y sacude la cabeza en respuesta a sus palabras, y ella ríe por lo bajo, colocando una mano sobre su mejilla y besándole larga y lentamente. Con un movimiento rápido y resuelto por parte del chico de ojos azules, Annie termina sentada sobre él. Gates sigue tumbado, y ahora, sin dejar de besarla, le acaricia los muslos suavemente. Ana mantiene la cara de él agarrada entre sus manos y sin dejar de besarle, le atrae hacia ella con suavidad, enterrando sus manos en su pelo negro azabache.
Brian la besa con ternura, deslizando las manos por sus piernas, por esas piernas largas que le vuelven loco. En momentos como ese, mientras nota las manos de Annie en su pelo y esa manera de besarle condenadamente despacio como disfrutando cada uno de los segundos en los que juega con su lengua y le muerde los labios, se da cuenta de lo dependiente que es de él, de lo mucho que ella le necesita. Ha construido todo a su alrededor, y si su chico de ojos oscuros le falla, le falla todo y todo se derrumba. Gates sabe que cuando se aleja de su particular y perfecto ángel de la guarda, ella se convierte en un ser frágil e inofensivo, incapaz de concebir una vida sin él. Y Brian la quiere junto a él, pero no para unos años, sino para toda la vida. Sabe que es capaz de cambiarla, de hacerle dejar atrás esa fragilidad y de hacerla sentir fuerte, salvaje, segura e invencible, y recuerda cuánto odiaba verla asustada y triste cuando Charlie estaba a su lado y se llevaba su voluntad y su sonrisa. Sabe que cuando está junto a él, cuando están juntos, es plenamente feliz y le encanta verla así, libre y loca. Se la come a besos Dios sabe por cuánto rato, pero nunca es suficiente. Si su tío Robert le viera ahora mismo, probablemente le recordaría cómo es un hombre enamorado: Idiota y débil. El débil idiota más feliz del mundo. Así se siente Brian, y hasta ahora, está seguro de que es lo mejor que le ha pasado en su caótica y desordenada vida…
Tras comerse a besos el uno al otro durante una hora bastante larga, ambos terminan tumbados en la cama. Brian mantiene abrazada a Ana, que ahora duerme tumbada echada encima de él. Tanto Gates como su chica de ojos verdes están agotados, tienen los labios desgastados, la lengua rendida y el sueño por los suelos. Tanto es así que con los primeros rayos de sol del amanecer, los dos ya están profundamente dormidos. Son ya cerca de las seis de la mañana, y los ruidos en la habitación de Dean han cesado por fin. Cuando Brian se queda dormido, lo hace pensando en cómo estará Matt, si habrá sido capaz de mantener su cama o ha terminado durmiendo en el pasillo...
A las diez de la mañana con algunos minutos de más es cuando Dean abre los ojos. Se despereza y siente un dolor de cabeza casi imperceptible. Las camas de enfrente están vacías y sin deshacer, con lo cual entiende que Matt no ha llegado a la habitación aún, y junto a él… Junto a él duerme Kim, vestida únicamente con unas bragas rojas bastante sugerentes. Los flashazos de recuerdos que llegan de anoche a su mente son demasiado claros como para negar lo evidente, pero no puede evitar sonreír casi imperceptible al recordarlo. Se incorpora en la cama, se frota los ojos y girándose, le aparta un mechón de pelo rojo de la cara a Kim, que se revuelve y suspira tiernamente. Dean cruza la estancia tras ponerse los vaqueros, y busca a Matt por toda la habitación sin ningún éxito. Abre la puerta y se asoma al pasillo, y lo que ve le hace tener que reprimir una carcajada casi cruel, tapándose la boca. Matt está dormido con la espalda apoyada en la pared del pasillo, sentado sobre la moqueta. Camina hacia él y se coloca en cuclillas a su lado, palmeándole la cara y hablando en un susurro, entre risotadas cabronas. -Buenos días, Mister Tequila. No puedo creer que hayas dormido aquí fuera…-
Sanders suelta un gruñido adorable de puro sueño, aún con los ojos cerrados. Chasquea la lengua y le pega en la mano a Dean, quitándosela de la cara. Habla en un susurro con la voz pastosa, prácticamente sin ser consciente de lo que dice. -Déjame en paz tío, ahora que he conseguido conciliar el sueño no me lo vas a quitar tú otra vez. Hace un rato ha pasado la mujer de la limpieza y me ha pasado la aspiradora por encima...-
Dean suspira entre risas y le agarra un brazo, tratando de tirar de él para arriba. Matt parece una especie de muerto viviente, pero la postura en la que está hace parecer que acaba de caerse de un avión. Chasquea la lengua y habla mientras se ríe, intentando levantarle. -Tío, que son las diez de la mañana, que has dormido en la moqueta del pasillo...- Resopla e intenta moverlo ahora que parece un poco más consciente. -Joder, es que no llegaste ni a llamar a la puta puerta...-
Matt resopla, se libra del agarre de Dean con un movimiento rápido y resuelto y tras quedarse unos segundos con la cabeza apoyada en la pared y los ojos cerrados, decide levantarse. Una vez de pie hace una mueca de dolor y se lleva una mano al cuello, moviendo la cabeza hacia adelante y hacia atrás lentamente para después hablar en un susurro con la voz pastosa a causa del sueño. -Joder Dean, si no te hubieras follado a Kim durante toda la noche yo ahora mismo me habría despertado en mi cama, habría descansado perfectamente y no tendría este dolor de cuello que me está matando...- Chasquea la lengua, mirándole con las cejas ligeramente arqueadas. -Más os vale dejarme dormir en el coche, estoy hecho polvo...-
Dean asiente reprimiendo la sonrisa como puede, y le brinda el paso a la habitación con un movimiento de cabeza. -Anda, vamos. Entra a ducharte, que vas a sentirte mejor después. Seguro que incluso se te pasa el dolor de cuello. Un poco...- Ríe por lo bajo, mientras el chico de ojos verdes entra en la habitación. Cruza la estancia hacia el baño, y cuando ve a Kim dormida desnuda casi por completo en la cama de Dean, se lleva una mano a la frente, resopla y habla por lo bajo, reprimiendo una sonrisa cabrona cargada de sueño, sin dejar de andar hasta el baño. -Cada vez más jóvenes, Dean. Apuesto a que no sabe cuántos años le sacas...-
Dean ríe, apoyado en la puerta con los brazos cruzados, y sacude la cabeza, siguiendo a Matt con la mirada hasta que se encierra en el baño. -La edad me da igual. Solo busco que sean mayores de edad, guapas y que estén buenas, de resto no me importa...- Esta vez no obtiene respuesta de Matt, sino que oye abrirse el agua de la ducha. El hombre de ojos claros suspira profundamente y mira a Kim, que sigue durmiendo, con una media sonrisa. Chasquea la lengua y sale de la habitación, cerrando la puerta tras de sí con intenciones de bajar a desayunar.
Pero es cuando pasa por delante de la habitación de Annie y Brian cuando las malas ideas se le vienen a la mente, reflejándose en la media sonrisa cabrona que ahora adorna sus labios. Abre la puerta de la habitación de su compañero cuidadosamente y asoma la cabeza, aunque mentiría si dijese que la escena con la que se topa no le corta la respiración. Brian está desnudo, con las rodillas clavadas en el colchón y los mechones de su oscurísimo pelo negro cayéndole salvajemente por los hombros. Annie está debajo de él, clavando las uñas en su espalda y gimiendo contra su hombro mientras Gates la embiste contra el cabecero de la cama. Dean siente que en cualquier momento se echará a llorar de la risa, así que sin poder evitarlo rompe a reír por lo bajo y alcanza a hablar torpemente antes de sacar la cabeza y cerrar la puerta rápidamente, saliendo a reírse como un loco al pasillo. -¿Sexo mañanero, Gates...?-
Lo siguiente que Dean escucha es un gritito escandalizado de Ana y a Brian gritando su nombre sonando como una bestia furiosa. Sabía que al volver de su paseo matinal en el que curioseó la mitad del motel, no debió dejar la puerta cerrada sin llave. El jefe del Red Dingo todavía sigue riéndose por lo bajo como un crío que acaba de hacer una travesura y se jacta de ella mientras entra en el comedor. La mañana de hoy parece sacada de una de esas películas tópicas americanas, y para él desde luego, no puede estar saliendo todo más entretenido. La noche anterior bebieron como locos, Matt durmió en la moqueta del pasillo, él acabó acostándose con la recién llegada al grupo y de qué manera, y para colmo tiene el gusto de pillar a la parejita del año dándose los buenos días con mucha fuerza. Algo le dice que el día de hoy va a ser un gran día, a juzgar por cómo ha comenzado...
Al entrar en el comedor, el camarero le saluda con una cálida sonrisa y un gesto con la cabeza al cual Dean corresponde mientras toma asiento en la mesa más próxima a la ventana. Tiene aún una media sonrisa dibujada en sus labios, y no parece tener pretensiones de borrarla. Agarra el periódico, lo abre y comienza a hojearlo. El camarero se le acerca a pedir nota, y el chico de ojos azules enseguida encarga un café con leche bien cargado, su favorito para desayunar. Pasan unos cuantos minutos hasta que Matt y Kim entran en el comedor, y detrás de ellos lo hacen Ana y Brian, agarrados de la mano. Dean ya se había terminado el café hacía un rato y les recibe con una amplia sonrisa. Una sonrisa que cuando mira a la pareja que entra la última se torna en una sonrisa burlona y socarrona, acompañada por alguna que otra risotada.
Matt ya no tiene cara de sueño y parece que la ducha le ha sentado más que bien, pero Kim, que se sienta al lado de Dean frotándose los ojos y dando los buenos días al jefe del Red Dingo, parece aún cansada, cosa que su carita maquillada no consigue disimular del todo. Brian se sienta en la mesa, entre Dean y Ana, y fulmina a su jefe con la mirada. Habla por lo bajo, mirándole de reojo tras las gafas de aviador negras que lleva puestas, como si no quisiera que nadie de la mesa se enterara. -Es de mala educación entrar sin llamar a los sitios, Dean Cooper...-
El hombre de ojos claros se parte de risa y sacude la cabeza, arqueando una ceja y clavando sus claros ojos en los de él. -¿Y yo qué coño sabía que os iba a encontrar...- Se aclara la garganta. -...si abría la puerta de vuestro cuarto...?- Sacude la cabeza, sin poder borrar una sonrisa. -Yo solo quería ser el primero en darte los buenos días y veo que se me han adelantado...-
Gates le fulmina con la mirada de nuevo y habla entre dientes, tan cabreado que solo consigue hacer reír de nuevo a Dean. -Borra esa puta sonrisa porque te juro que te rompo la boca. Eres un mirón asqueroso y si no fueras mi amigo ten por seguro que te hubiera partido las piernas en el mismo pasillo...- Dean ríe por lo bajo con malicia y asiente, hojeando el periódico mientras habla musitando. -Sí, estabas tú como para salir de la cama y venir a pegarme, tigre...-
Ana, por su parte, tiene sus atentos y preciosos ojos verdes fijos en la televisión y sus noticias, y remueve el café mientras se muerde el labio inferior en un gesto adorable. Aún anda en su mundo, relajada y distraída como la niña que parece ser a veces y que tanto le gusta a Brian, que en respuesta a Dean pone los ojos en blanco y fija la mirada en Matt y Kim, que ahora mantienen una conversación entretenida. Vacía un sobre de azúcar en su taza de café, y habla por lo bajo mientras lo remueve, fijando su mirada en Kim y dirigiéndose a su jefe, aún cargado de sarcasmo. -Pues nosotros no pudimos dormir hasta las seis de la mañana, adivina por qué.- Enarca una ceja y suspira, bajando la mirada al café. -¿Mucha fiesta anoche...?-
Dean chasquea la lengua con una sonrisa y baja la mirada hacia una servilleta con la que enreda entre sus dedos nerviosamente. Suspira y se encoge de hombros. -Bueno, si mezclas todo el alcohol que llevaba en sangre ayer, más la euforia que traía encima, más una chica como Kim, más una habitación compartida con ella más toda una noche de tonteos... Imagínate lo que puede surgir.- Ríe y le mira, dejando la servilleta sobre la mesa. -Anoche si no recuerdo mal os escuché discutir a ti y a Annie por el pasillo, pero no me atreví a salir... ¿Va todo bien?-
Gates suspira y asiente con media sonrisa, tras pegarle un sorbo al café. -Todo bien. Fue una... Una idiotez. Creo que ya está bien. Ya no nos odiamos ni nada de eso.- Mira hacia Ana, enarca una ceja y habla con una sonrisa reprimida. -Ya no nos odiamos, ¿verdad?- Ella pone los ojos en blanco y sacude la cabeza con una sonrisa arrebatadora para después volver a mirar las noticias. Gates mira a Dean y ladea la cabeza con una media sonrisa. -Sí, está todo bien, ya ves.- Su jefe asiente con una sonrisa como si se quedara tranquilo, y Brian vuelve a pillar de lleno a Kim mirándole con curiosidad, pero ella no puede saberlo gracias a las gafas de sol...
La chica de ojos castaños se queda mirando a Brian larga e intensamente, sin darse cuenta de que él también la está mirando a ella. Suspira y se muerde el labio inferior, con el codo apoyado sobre la mesa y la barbilla apoyada sobre su mano. Kim parece realmente ensimismada, y Gates tiene la sensación de que en lo más profundo de su ser reza porque Annie no le pille observando a su chico de esa forma o de lo contrario sabe que se abalanzará sobre ella como la loba que puede llegar a ser cuando alguien da con su punto débil. De vez en cuando, Kim desvía su mirada a Ana y, cuando se asegura de que continúa mirando las noticias, es cuando vuelve a mirar a Brian. El chico de ojos oscuros comienza a sentirse observado y realmente incómodo, así que baja la mirada y traga saliva, haciendo que su peculiar observadora particular pueda mirarle con más descaro aún. Todos charlan entre ellos hasta que de pronto la voz de Ana los saca a todos de su tranquilidad. La chica de ojos claros continúa con la mirada clavada en la televisión, hablando tranquila y desinteresadamente mientras sostiene una taza de café humeante en sus manos, sonando incluso escalofriantemente tierna. -¿Piensas quedarte mirando a Brian durante un par de horas más o ya has tenido bastante, Kim...?-
Kim aparta de golpe la mirada de Gates, la baja al suelo por completo y apenas es capaz de contestar, cargada de vergüenza. -Ha... Ha sido sin querer. No me estaba dando cuenta...- Se coloca un mechón de pelo rojo tras la oreja y procura quedarse en silencio y sin molestar, aunque Dean y Matt se han asegurado de reír por lo bajo con la reacción de Annie, que a pesar de parecer estar en otro mundo, lo tiene todo bien controlado, al menos todo lo que es suyo. Kim desayuna en silencio, sin decir mucho más. Ana la odiaría a muerte si supiera todo lo que se le pasa por la cabeza cuando mira a Brian. Le parece realmente fascinante de la cabeza a los pies, y se imagina cómo debe ser poder tocarlo, cómo debe ser hundir los dedos en ese pelo negro azabache.
Lo siguiente que Dean escucha es un gritito escandalizado de Ana y a Brian gritando su nombre sonando como una bestia furiosa. Sabía que al volver de su paseo matinal en el que curioseó la mitad del motel, no debió dejar la puerta cerrada sin llave. El jefe del Red Dingo todavía sigue riéndose por lo bajo como un crío que acaba de hacer una travesura y se jacta de ella mientras entra en el comedor. La mañana de hoy parece sacada de una de esas películas tópicas americanas, y para él desde luego, no puede estar saliendo todo más entretenido. La noche anterior bebieron como locos, Matt durmió en la moqueta del pasillo, él acabó acostándose con la recién llegada al grupo y de qué manera, y para colmo tiene el gusto de pillar a la parejita del año dándose los buenos días con mucha fuerza. Algo le dice que el día de hoy va a ser un gran día, a juzgar por cómo ha comenzado...
Al entrar en el comedor, el camarero le saluda con una cálida sonrisa y un gesto con la cabeza al cual Dean corresponde mientras toma asiento en la mesa más próxima a la ventana. Tiene aún una media sonrisa dibujada en sus labios, y no parece tener pretensiones de borrarla. Agarra el periódico, lo abre y comienza a hojearlo. El camarero se le acerca a pedir nota, y el chico de ojos azules enseguida encarga un café con leche bien cargado, su favorito para desayunar. Pasan unos cuantos minutos hasta que Matt y Kim entran en el comedor, y detrás de ellos lo hacen Ana y Brian, agarrados de la mano. Dean ya se había terminado el café hacía un rato y les recibe con una amplia sonrisa. Una sonrisa que cuando mira a la pareja que entra la última se torna en una sonrisa burlona y socarrona, acompañada por alguna que otra risotada.
Matt ya no tiene cara de sueño y parece que la ducha le ha sentado más que bien, pero Kim, que se sienta al lado de Dean frotándose los ojos y dando los buenos días al jefe del Red Dingo, parece aún cansada, cosa que su carita maquillada no consigue disimular del todo. Brian se sienta en la mesa, entre Dean y Ana, y fulmina a su jefe con la mirada. Habla por lo bajo, mirándole de reojo tras las gafas de aviador negras que lleva puestas, como si no quisiera que nadie de la mesa se enterara. -Es de mala educación entrar sin llamar a los sitios, Dean Cooper...-
El hombre de ojos claros se parte de risa y sacude la cabeza, arqueando una ceja y clavando sus claros ojos en los de él. -¿Y yo qué coño sabía que os iba a encontrar...- Se aclara la garganta. -...si abría la puerta de vuestro cuarto...?- Sacude la cabeza, sin poder borrar una sonrisa. -Yo solo quería ser el primero en darte los buenos días y veo que se me han adelantado...-
Gates le fulmina con la mirada de nuevo y habla entre dientes, tan cabreado que solo consigue hacer reír de nuevo a Dean. -Borra esa puta sonrisa porque te juro que te rompo la boca. Eres un mirón asqueroso y si no fueras mi amigo ten por seguro que te hubiera partido las piernas en el mismo pasillo...- Dean ríe por lo bajo con malicia y asiente, hojeando el periódico mientras habla musitando. -Sí, estabas tú como para salir de la cama y venir a pegarme, tigre...-
Ana, por su parte, tiene sus atentos y preciosos ojos verdes fijos en la televisión y sus noticias, y remueve el café mientras se muerde el labio inferior en un gesto adorable. Aún anda en su mundo, relajada y distraída como la niña que parece ser a veces y que tanto le gusta a Brian, que en respuesta a Dean pone los ojos en blanco y fija la mirada en Matt y Kim, que ahora mantienen una conversación entretenida. Vacía un sobre de azúcar en su taza de café, y habla por lo bajo mientras lo remueve, fijando su mirada en Kim y dirigiéndose a su jefe, aún cargado de sarcasmo. -Pues nosotros no pudimos dormir hasta las seis de la mañana, adivina por qué.- Enarca una ceja y suspira, bajando la mirada al café. -¿Mucha fiesta anoche...?-
Dean chasquea la lengua con una sonrisa y baja la mirada hacia una servilleta con la que enreda entre sus dedos nerviosamente. Suspira y se encoge de hombros. -Bueno, si mezclas todo el alcohol que llevaba en sangre ayer, más la euforia que traía encima, más una chica como Kim, más una habitación compartida con ella más toda una noche de tonteos... Imagínate lo que puede surgir.- Ríe y le mira, dejando la servilleta sobre la mesa. -Anoche si no recuerdo mal os escuché discutir a ti y a Annie por el pasillo, pero no me atreví a salir... ¿Va todo bien?-
Gates suspira y asiente con media sonrisa, tras pegarle un sorbo al café. -Todo bien. Fue una... Una idiotez. Creo que ya está bien. Ya no nos odiamos ni nada de eso.- Mira hacia Ana, enarca una ceja y habla con una sonrisa reprimida. -Ya no nos odiamos, ¿verdad?- Ella pone los ojos en blanco y sacude la cabeza con una sonrisa arrebatadora para después volver a mirar las noticias. Gates mira a Dean y ladea la cabeza con una media sonrisa. -Sí, está todo bien, ya ves.- Su jefe asiente con una sonrisa como si se quedara tranquilo, y Brian vuelve a pillar de lleno a Kim mirándole con curiosidad, pero ella no puede saberlo gracias a las gafas de sol...
La chica de ojos castaños se queda mirando a Brian larga e intensamente, sin darse cuenta de que él también la está mirando a ella. Suspira y se muerde el labio inferior, con el codo apoyado sobre la mesa y la barbilla apoyada sobre su mano. Kim parece realmente ensimismada, y Gates tiene la sensación de que en lo más profundo de su ser reza porque Annie no le pille observando a su chico de esa forma o de lo contrario sabe que se abalanzará sobre ella como la loba que puede llegar a ser cuando alguien da con su punto débil. De vez en cuando, Kim desvía su mirada a Ana y, cuando se asegura de que continúa mirando las noticias, es cuando vuelve a mirar a Brian. El chico de ojos oscuros comienza a sentirse observado y realmente incómodo, así que baja la mirada y traga saliva, haciendo que su peculiar observadora particular pueda mirarle con más descaro aún. Todos charlan entre ellos hasta que de pronto la voz de Ana los saca a todos de su tranquilidad. La chica de ojos claros continúa con la mirada clavada en la televisión, hablando tranquila y desinteresadamente mientras sostiene una taza de café humeante en sus manos, sonando incluso escalofriantemente tierna. -¿Piensas quedarte mirando a Brian durante un par de horas más o ya has tenido bastante, Kim...?-
Kim aparta de golpe la mirada de Gates, la baja al suelo por completo y apenas es capaz de contestar, cargada de vergüenza. -Ha... Ha sido sin querer. No me estaba dando cuenta...- Se coloca un mechón de pelo rojo tras la oreja y procura quedarse en silencio y sin molestar, aunque Dean y Matt se han asegurado de reír por lo bajo con la reacción de Annie, que a pesar de parecer estar en otro mundo, lo tiene todo bien controlado, al menos todo lo que es suyo. Kim desayuna en silencio, sin decir mucho más. Ana la odiaría a muerte si supiera todo lo que se le pasa por la cabeza cuando mira a Brian. Le parece realmente fascinante de la cabeza a los pies, y se imagina cómo debe ser poder tocarlo, cómo debe ser hundir los dedos en ese pelo negro azabache.
Lo ha visto dormido en el coche, cuando se queda sentado entre Ana y ella, y simplemente lo encuentra fascinante, esa manera que tiene que resultar imponente incluso cuando duerme, dejando que ese pecho inmenso suba y baje rítmicamente. Ana tiene suerte de poder dormir ahí. Cuando duerme parece una especie de demonio dormido, y está segura de que debe de ser un hombre de carácter en la cama. Definitivamente, Ana la mataría sin pensarlo si supiera que su novio se ha convertido ahora en su nueva obsesión adolescente. Se pregunta si él querría algo con ella, si no le parecería demasiado joven o demasiado ingenua, pero cuando la chica de ojos verdes está cerca, todas sus imaginaciones se apagan de golpe, como si tuviera miedo de que siquiera pudiera ver sus pensamientos. Sabe que Ana es posesiva, y celosa, y que está a la defensiva, y la verdad es que no puede culparla…
A partir de ese momento, el ambiente que rodea a la mesa en la que están desayunando se traduce como un ambiente tenso, silencioso y algo desagradable. Ni Ana ni Kim han abierto la boca de nuevo, y ésta última permanece con la mirada baja, como si tuviese miedo a encontrarse de nuevo con los fieros ojos claros de Ana. Los chicos también se han quedado callados de golpe, pero con sonrisas cabronas dibujadas en sus labios. Todos saben que Annie es una chica tranquila, dulce, serena y responsable, pero también saben que tras esa fachada se esconde una mujer madura, perspicaz y con carácter, una mujer que desde luego no se deja ningunear por los demás, o al menos ya nunca más. Cuando terminan de desayunar y tras pagar la cuenta entre todos, se disponen a subirse al coche. Dean, como siempre, es el que conduce, Matt ocupa el asiento del copiloto y los asientos de atrás van ocupados por Kim, Brian y Ana. El chico de ojos oscuros decidió ponerse en medio de las dos para evitar tensiones innecesarias, y ahora viaja con la mano de Ana entrelazada con la suya. Su brazo izquierdo roza de vez en cuando y de forma totalmente involuntaria el brazo de Kim, haciendo que a la chica de pelo rojizo se le suban los colores. Lleva la mirada clavada en la ventanilla y cada vez que siente el tacto de su piel, tiene la sensación de empezar a sudar frío, y a veces se ve obligada a suspirar. Sí, desde luego Gates es un tipo de lo más siniestro, misterioso y atractivo. Justo como le gustan a ella...
El día sobre ruedas pasa un poco más pesado de lo normal. La conversación no es demasiado fluida por culpa de las tensiones de la mañana, aunque los tres chicos sí que parecen tener ganas de hablar y de reírse, mientras las chicas prefieren mirar por la ventanilla y guardar silencio. Comen en un restaurante que resulta ser baratísimo y con bastante buena calidad, y no tardan en volver a echarse a la carretera. El viaje se está alargando porque la ruta que Matt pretendía tomar está cortada, y ahora tardarán el doble en volver a casa, pero nadie quiere quejarse ahora, simplemente no es el momento. De noche de nuevo vuelven a parar en un motel, bastante más nuevo que los anteriores. Reservan de nuevo sus habitaciones, dos con camas grandes para Brian y Ana y para Dean y Kim, y Matt decide, dispuesto a que nadie le moleste hoy, que quiere una para él solo.
A partir de ese momento, el ambiente que rodea a la mesa en la que están desayunando se traduce como un ambiente tenso, silencioso y algo desagradable. Ni Ana ni Kim han abierto la boca de nuevo, y ésta última permanece con la mirada baja, como si tuviese miedo a encontrarse de nuevo con los fieros ojos claros de Ana. Los chicos también se han quedado callados de golpe, pero con sonrisas cabronas dibujadas en sus labios. Todos saben que Annie es una chica tranquila, dulce, serena y responsable, pero también saben que tras esa fachada se esconde una mujer madura, perspicaz y con carácter, una mujer que desde luego no se deja ningunear por los demás, o al menos ya nunca más. Cuando terminan de desayunar y tras pagar la cuenta entre todos, se disponen a subirse al coche. Dean, como siempre, es el que conduce, Matt ocupa el asiento del copiloto y los asientos de atrás van ocupados por Kim, Brian y Ana. El chico de ojos oscuros decidió ponerse en medio de las dos para evitar tensiones innecesarias, y ahora viaja con la mano de Ana entrelazada con la suya. Su brazo izquierdo roza de vez en cuando y de forma totalmente involuntaria el brazo de Kim, haciendo que a la chica de pelo rojizo se le suban los colores. Lleva la mirada clavada en la ventanilla y cada vez que siente el tacto de su piel, tiene la sensación de empezar a sudar frío, y a veces se ve obligada a suspirar. Sí, desde luego Gates es un tipo de lo más siniestro, misterioso y atractivo. Justo como le gustan a ella...
El día sobre ruedas pasa un poco más pesado de lo normal. La conversación no es demasiado fluida por culpa de las tensiones de la mañana, aunque los tres chicos sí que parecen tener ganas de hablar y de reírse, mientras las chicas prefieren mirar por la ventanilla y guardar silencio. Comen en un restaurante que resulta ser baratísimo y con bastante buena calidad, y no tardan en volver a echarse a la carretera. El viaje se está alargando porque la ruta que Matt pretendía tomar está cortada, y ahora tardarán el doble en volver a casa, pero nadie quiere quejarse ahora, simplemente no es el momento. De noche de nuevo vuelven a parar en un motel, bastante más nuevo que los anteriores. Reservan de nuevo sus habitaciones, dos con camas grandes para Brian y Ana y para Dean y Kim, y Matt decide, dispuesto a que nadie le moleste hoy, que quiere una para él solo.
Cuando Brian entra en la habitación con Ana dispuesto a descansar de una vez después de otro día monótono y aburrido, se encuentra de nuevo con su mal humor. Vuelve a estar molesta por todo el tema de Kim, porque odia que la niña de pelo rojo no pare de revolotear alrededor de él como una adolescente obsesiva, pero ésta vez Brian ya no responde con comprensión.
Él grita que no tiene la culpa, y que si todas las noches va a tener que repetirle lo de ayer la situación va a ser insoportable. Después de unos gritos ensordecedores y sin sentido por parte de los dos, Brian sale de la habitación pegando un portazo que hace vibrar las ventanas, y se dirige hasta el patio que hay en la parte de atrás del motel. Se sienta en los escalones de la enorme puerta y se enciende un cigarro que estrena con una generosa calada. Empieza a estar harto de la situación, y se pregunta qué pasaría si por un momento él diera motivos a Ana para desconfiar en vez de rehuír todas las miradas comprometedoras de Kim...
Brian se pasa unos largos minutos acompañado únicamente por el silencio, un silencio que le envuelve tanto a él como a todo el motel. La brisa de la noche ha empezado a pegar levemente, y las estrellas brillan en el cielo. Por la carretera que hay frente al establecimiento no pasa ni un coche, y la verdad es que parece que llevan años sin pasar. Los grillos que se esconden entre la hierba llevan ya unas cuantas horas cantando, y la luna que ahora decora el cielo parece estar cada vez más brillante. El cigarro de Marlboro que el chico de ojos oscuros sujetaba en su mano derecha se ha ido consumiendo poco a poco hasta que se terminó, y ahora está aplastado debajo de uno de los playeros negros de Brian. Se oye un chasquido y después el chirriar de la puerta de entrada abriéndose, y pese a que no se gira ni se mueve un solo milímetro, Gates ya sabe de quién se trata solo por la forma que tiene de caminar. Kim se sienta a su lado imitando su postura: con las piernas estiradas y la espalda apoyada en la pared, y le mira con curiosidad, hablando después en un susurro. Tiene cara de no estar de muy buen humor, y la luna se refleja en sus ojos haciéndolos brillas con un aire de nostalgia y melancolía que la chica de pelo rojo encuentra increíblemente atractivo, al igual que todo lo que hace. -¿Estás...? ¿Estás bien...? Os hemos oído gritar a Ana y a ti y... - Se encoge de hombros, sin apartarle la mirada. -Pensé que tal vez querrías hablar...-
De cerca parece incluso más imponente, y ahora en la semioscuridad ese aire misterioso que lleva siempre consigo el chico de ojos oscuros se hace más marcado. Kim suspira mientras Brian se toma el tiempo para contestarle. Si pudiera morder esos labios tan finos, o hablarle sucio al oído por un rato... De cerca sus ojos parecen más oscuros, sus pómulos más agresivos y de no ser por esa perilla que parece llevar sin descuidarla tendría más cara de niño travieso que de adulto responsable. Él la mira, enarcando una ceja y repasando sus piernas con la mirada mientras piensa, como si analizara su cuerpo buscando algún defecto, poniéndola más nerviosa si cabe, haciéndola sentir expuesta y eléctrica. Parece la antítesis de un ángel, tan pausado, tan calculador y tan calmado que la hace atacarse y hasta poder escuchar su propio corazón bajo la camiseta de algodón. La voz grave de Brian rompe el silencio, y dice algo casi en un susurro que descoloca a la chica de pelo rojo. -¿A qué viene tanto nerviosismo, Kim...?- Clava sus ojos oscuros en el frente, dándole alivio y tregua a la chica. Está claro que no quiere hablar sobre la discusión...
Ella frunce el ceño y sacude la cabeza, bajando la mirada al suelo, pensativa. Se queda en silencio y cuando decide contestar lo hace en un susurro, volviendo a clavar sus ojos en los de él, aunque esta vez Brian tiene la mirada clavada en la ahora desierta y oscura carretera.
-¿Nerviosismo...? Yo... Yo no estoy nerviosa, Brian. En absoluto...- Suspira. -Siento si te ha dado esa sensación, pero además yo no he venido aquí a hablar de mis nervios. He venido porque... Bueno, me asomé al balcón de mi cuarto y te vi aquí solo y...- Se encoge de hombros, poniéndose cada vez más nerviosa. -Pensé que si has discutido con tu chica tal vez quieras desahogarte...-
Brian ladea la cabeza y entrecierra los ojos como si pensara por un momento, y habla por lo bajo. -Se nos pasará. A veces discutimos. Es normal en una relación, no todo puede ir de color de rosa siempre...- Juega con la cajetilla de Marlboro entre sus dedos, en silencio. Clava su mirada oscura en Kim, que tiene sus ojos castaños puestos en el suelo mientras entrelaza los dedos nerviosamente. Él la mira casi con lástima, y sonríe de medio lado hablando cargado de comprensión. Ahora parece perdida, nerviosa, asustada. Como si se sintiera muy pequeña. Y lo cierto es que en el fondo, eso le da lástima. -¿Y qué hay de ti? ¿No tienes nada de lo que hablar conmigo...?-
Kim le mira, algo descolocada, y sacude la cabeza con una media sonrisa de pura confusión.
-¿Yo..? No, creo que no...- Se hace el silencio unos segundos y suspira, volviendo a hablar.
Brian se pasa unos largos minutos acompañado únicamente por el silencio, un silencio que le envuelve tanto a él como a todo el motel. La brisa de la noche ha empezado a pegar levemente, y las estrellas brillan en el cielo. Por la carretera que hay frente al establecimiento no pasa ni un coche, y la verdad es que parece que llevan años sin pasar. Los grillos que se esconden entre la hierba llevan ya unas cuantas horas cantando, y la luna que ahora decora el cielo parece estar cada vez más brillante. El cigarro de Marlboro que el chico de ojos oscuros sujetaba en su mano derecha se ha ido consumiendo poco a poco hasta que se terminó, y ahora está aplastado debajo de uno de los playeros negros de Brian. Se oye un chasquido y después el chirriar de la puerta de entrada abriéndose, y pese a que no se gira ni se mueve un solo milímetro, Gates ya sabe de quién se trata solo por la forma que tiene de caminar. Kim se sienta a su lado imitando su postura: con las piernas estiradas y la espalda apoyada en la pared, y le mira con curiosidad, hablando después en un susurro. Tiene cara de no estar de muy buen humor, y la luna se refleja en sus ojos haciéndolos brillas con un aire de nostalgia y melancolía que la chica de pelo rojo encuentra increíblemente atractivo, al igual que todo lo que hace. -¿Estás...? ¿Estás bien...? Os hemos oído gritar a Ana y a ti y... - Se encoge de hombros, sin apartarle la mirada. -Pensé que tal vez querrías hablar...-
De cerca parece incluso más imponente, y ahora en la semioscuridad ese aire misterioso que lleva siempre consigo el chico de ojos oscuros se hace más marcado. Kim suspira mientras Brian se toma el tiempo para contestarle. Si pudiera morder esos labios tan finos, o hablarle sucio al oído por un rato... De cerca sus ojos parecen más oscuros, sus pómulos más agresivos y de no ser por esa perilla que parece llevar sin descuidarla tendría más cara de niño travieso que de adulto responsable. Él la mira, enarcando una ceja y repasando sus piernas con la mirada mientras piensa, como si analizara su cuerpo buscando algún defecto, poniéndola más nerviosa si cabe, haciéndola sentir expuesta y eléctrica. Parece la antítesis de un ángel, tan pausado, tan calculador y tan calmado que la hace atacarse y hasta poder escuchar su propio corazón bajo la camiseta de algodón. La voz grave de Brian rompe el silencio, y dice algo casi en un susurro que descoloca a la chica de pelo rojo. -¿A qué viene tanto nerviosismo, Kim...?- Clava sus ojos oscuros en el frente, dándole alivio y tregua a la chica. Está claro que no quiere hablar sobre la discusión...
Ella frunce el ceño y sacude la cabeza, bajando la mirada al suelo, pensativa. Se queda en silencio y cuando decide contestar lo hace en un susurro, volviendo a clavar sus ojos en los de él, aunque esta vez Brian tiene la mirada clavada en la ahora desierta y oscura carretera.
-¿Nerviosismo...? Yo... Yo no estoy nerviosa, Brian. En absoluto...- Suspira. -Siento si te ha dado esa sensación, pero además yo no he venido aquí a hablar de mis nervios. He venido porque... Bueno, me asomé al balcón de mi cuarto y te vi aquí solo y...- Se encoge de hombros, poniéndose cada vez más nerviosa. -Pensé que si has discutido con tu chica tal vez quieras desahogarte...-
Brian ladea la cabeza y entrecierra los ojos como si pensara por un momento, y habla por lo bajo. -Se nos pasará. A veces discutimos. Es normal en una relación, no todo puede ir de color de rosa siempre...- Juega con la cajetilla de Marlboro entre sus dedos, en silencio. Clava su mirada oscura en Kim, que tiene sus ojos castaños puestos en el suelo mientras entrelaza los dedos nerviosamente. Él la mira casi con lástima, y sonríe de medio lado hablando cargado de comprensión. Ahora parece perdida, nerviosa, asustada. Como si se sintiera muy pequeña. Y lo cierto es que en el fondo, eso le da lástima. -¿Y qué hay de ti? ¿No tienes nada de lo que hablar conmigo...?-
Kim le mira, algo descolocada, y sacude la cabeza con una media sonrisa de pura confusión.
-¿Yo..? No, creo que no...- Se hace el silencio unos segundos y suspira, volviendo a hablar.
-Bueno, es que... No sé. A veces me siento bastante intimidada por Ana... No me gusta esa forma en la que me mira la mayoría de las veces, ¿sabes? Cada vez que me pilla mirándote o hablando contigo parece que vaya a saltar sobre mí para arrancarme la cabeza...- Ríe por lo bajo con tristeza y sin ganas, bajando la mirada al suelo otra vez.
Gates mantiene una sonrisa de medio lado casi imperceptible, y suspira profundamente antes de volver a hablar. Se ha sentado cerca de él, muy cerca. -Sí, la verdad es que Ana está un tanto a la defensiva con todo ésto. No le gustan las compañías femeninas cerca, no todas.- Clava su mirada en ella y su sonrisa adopta un toque cabrón y comprometedor. -Aunque también es cierto que seguirá así mientras tú no pares de mirarme como si fueras un bichito perdido y necesitado de mi atención.- Se muerde el labio inferior durante unos segundos que a Kim se le hacen eternos. -Me miras cuando crees que estoy dormido, cuando estoy despierto, cuando le como la boca a mi novia o cuando hablo con mis amigos, y aún así y con toda la curiosidad que ahora ya sé que te provoco, no eres capaz de mantenerme la mirada durante más de diez segundos seguidos. Los he contado.- Sonríe de medio lado con malicia. No puede negar que lo encuentra divertido, a pesar de toda la polémica que está trayendo a su relación la aparición de Kim. Habla en un susurro, tratando de hacer que se sincere, que le cuente de una vez que pasa, que le deje confirmar que todo lo que piensa Ana es cierto. -¿Qué es lo que te doy? ¿Miedo, respeto, curiosidad...?-
Una sonrisa tímida se dibuja en los labios de la chica de ojos castaños, que nerviosamente se coloca un mechón de pelo tras la oreja y baja la mirada al suelo, entrelazando los dedos de sus manos. Habla en un susurro, luchando contra sí misma para que los nervios no le jueguen una mala pasada y no la hagan tartamudear demasiado. Está sentado muy cerca de ella. Tan cerca que puede sentir su respiración, el calor de su cuerpo, cada uno de sus movimientos... Y su olor. Siempre encontrará fascinante lo bien que huele. -Bu-bueno, no... No lo sé muy bien, Brian. Supongo que.. despiertas mi curiosidad y...- Le mira, encogiéndose de hombros. -Y bueno, físicamente me pareces un hombre muy atractivo. Digamos que me pones nerviosa.- Ríe, bajando la mirada de nuevo.
Lo cierto es que en ese mismo momento le parece una niña nerviosa e insegura, y le provoca una mezcla de lástima y ganas de reír. Brian no puede evitar admitir que se siente halagado, aunque se esperaba una sorpresa de ese tipo. Por supuesto que la pone nerviosa, lo puede ver en cada una de sus palabras. A veces siente que Kim piensa tanto lo que le dice, que en cualquier momento se quedará atascada y sin ideas y no podrá seguir.
Él ríe por lo bajo descolocando a Kim, y habla en un susurro que la chica encuentra arrebatador. -Bueno, eso último no hace falta que lo jures.- Entrecierra los ojos sin dejar de sonreír casi imperceptiblemente. -Me lo estás poniendo muy complicado, ¿sabes? No hago más que defenderte cuando Ana te acusa de mirarme demasiado y empieza discusiones por su problema de celos, pero creo que estoy perdiendo esas ganas de defenderte.- Sus palabras han tomado un tono oscuro que hacen creer a Kim que perderá la cabeza y los estribos en cualquier momento. Puede jurar que está haciendo a posta eso de hablar en ese tono suave e incitante, como si lo que estuviera diciendo no importara nada. -Siempre le digo que no haces más que ser simpática, pero estoy dejando de pensarlo. Ahora me inclino más a pensar que más que simpática, estás tratando de hacerte ver, y lo haces paseándote y comportándote como una gata ronroneante en celo, luciéndote por todos lados. Anoche te escuché gemir durante horas mientras follabas con mi jefe justo al otro lado de mi pared. Podía oír esa vocecita tierna y adorable tuya gimiendo con ganas y suplicando por más después de cada uno de los golpes del cabecero contra la pared- Enarca una ceja y ríe por lo bajo con malicia. -No creo que seas una niña inocente ahora, Kimmy...-
La chica de ojos castaños y pelo rojo siente que la sangre deja de circular por sus venas y que se le corta la respiración con ese último comentario. Traga saliva y habla en un susurro. En sus labios se ha borrado todo atisbo de sonrisa, y parece realmente descolocada con esas últimas palabras de su tan deseado chico de ojos color chocolate. -Lo de Dean no es nada serio, puedes estar tranquilo... Ayer... Bueno, todos nos pasamos un poco con el alcohol. Incluidos él y yo. Perdimos el control de nuestros actos y...- Suspira profundamente. -Te aseguro que no estaba premeditado. Si no hubiésemos bebido, eso no habría pasado...-
Brian frunce el ceño y sacude la cabeza sin perder la sonrisa. -A mí no tienes que darme explicaciones, Kim. No te estoy echando la bronca, ni mucho menos. No creo que yo sea el más indicado para dar consejos. No tengo pinta ni de hermano mayor, ni de padre…- Se encoge de hombros y ríe. -Qué más da, te lo pasaste bien, ¿no?- Mira al frente de nuevo y cierra los ojos, suspirando pesadamente. Se le nota a la legua que no quiere volver a la habitación, de nuevo a volver esa esa espiral de discusiones con Ana sobre la chica que ahora tiene sentada al lado y que vuelve a mirarle con curiosidad
Kim sonríe de medio lado y suspira, hablando en el mismo tono, sin moverse ni abrir los ojos.
La chica de ojos castaños y pelo rojo siente que la sangre deja de circular por sus venas y que se le corta la respiración con ese último comentario. Traga saliva y habla en un susurro. En sus labios se ha borrado todo atisbo de sonrisa, y parece realmente descolocada con esas últimas palabras de su tan deseado chico de ojos color chocolate. -Lo de Dean no es nada serio, puedes estar tranquilo... Ayer... Bueno, todos nos pasamos un poco con el alcohol. Incluidos él y yo. Perdimos el control de nuestros actos y...- Suspira profundamente. -Te aseguro que no estaba premeditado. Si no hubiésemos bebido, eso no habría pasado...-
Brian frunce el ceño y sacude la cabeza sin perder la sonrisa. -A mí no tienes que darme explicaciones, Kim. No te estoy echando la bronca, ni mucho menos. No creo que yo sea el más indicado para dar consejos. No tengo pinta ni de hermano mayor, ni de padre…- Se encoge de hombros y ríe. -Qué más da, te lo pasaste bien, ¿no?- Mira al frente de nuevo y cierra los ojos, suspirando pesadamente. Se le nota a la legua que no quiere volver a la habitación, de nuevo a volver esa esa espiral de discusiones con Ana sobre la chica que ahora tiene sentada al lado y que vuelve a mirarle con curiosidad
Kim sonríe de medio lado y suspira, hablando en el mismo tono, sin moverse ni abrir los ojos.
-Debe quererte mucho entonces para sentirse tan amenazada y para querer mantenerte solo para ella las veinticuatro horas del día...- Abre los ojos y le mira, mordiéndose el labio inferior.
-¿Te molesté mucho anoche o fuiste capaz de dormir...?- Es innegable que la intensidad de su mirada ha aumentado de golpe, y Brian mentiría si dijese que no se acaba de quedar sorprendido con el brutal cambio de actitud que acaba de experimentar la chica de ojos castaños. Es como si de pronto toda esa máscara de niña buena e inofensiva haya desaparecido de golpe, como si se hubiese cansado de fingir ahora que sabe que a ojos de Gates no es una niña buena.
Brian enarca una ceja y la mira, reprimiendo una sonrisa sorprendida. No, por mucho que supiera que dentro de esa cabecita no había nada inocente, no estaba preparado para ese cambio de faceta. Incluso su voz ha cambiado. Parece más segura, más altiva y mucho más descarada, e incluso parece sonreír sin miedo, como si de golpe hubiera convertido todos sus nervios en arrojo, queriéndoselo jugar todo a una sola carta. Gates clava sus ojos color chocolate negro en ella y enarca una ceja antes de hablar. -Oh, no. No me molestaste, pero no pude cerrar los ojos hasta que volvió el silencio. Puede que haya sido la primera y única vez en que me has puesto nervioso, Kim.- Ríe con aire travieso, bajando la mirada y el tono de voz.
-Juraría que tanto Dean como tú estabais pasando la noche de vuestras vidas...-
Kim ríe por lo bajo y suspira. -No estuvo mal...- Se muerde el labio inferior y clava de nuevo sus ojos oscuros en los de Brian, diciendo algo con tal descaro que deja descolocado al chico de pelo negro. -Estuve pensando todo el rato en ti. Desde el primer segundo hasta el último de ellos, era a ti a quien imaginaba conmigo en la cama. No te enfades ni nada de eso, pero no lo pude evitar. Tienes pinta de follar muy bien, mejor que Dean y que todos los chicos con los que he estado antes. No me preguntes por qué, solo lo creo. Además, creo que debes haber estado con muchas chicas hasta ahora.- Ríe y se frota los ojos, hablando con naturalidad y despreocupación. -Ojalá algún día tú y yo acabemos en una cama de verdad y no solo dentro de mi maldita cabeza...-
La sonrisa de Brian se difumina hasta quedar en leve, teñida por la más absoluta sorpresa. Su peculiar acompañante de pelo rojo parece dispuesta a ser lo más sincera posible y a no callarse absolutamente nada. Está siendo más directa de lo que pensaba que podría llegar a ser. Juraría que la chica de ojos castaños no sabe dónde se está metiendo. Habla en un susurro arrullador, incitante y cargado de misterio. Ha perdido la sonrisa, y parece cargado de ese aire frío y pausado que tanto atrae a Kim. -Estoy seguro de que si eso ocurriera, haría que te temblaran las piernas, que suplicaras por un rato más, que te agarraras tanto a las sábanas que sintieras que te fallan las fuerzas, y que mientras te destrozo haciéndote mía gritaras mi nombre entre gemidos como si fuera la más sagrada de las oraciones. Si me lo propusiera, podría hacer que no pudieras levantarte de la cama la mañana siguiente y te lo haría tan fuerte que terminarías empapada y con una mezcla de ganas de llorar y de necesidad de otro asalto más…- Sonríe de medio lado de una forma casi sarcástica, y le coloca un mechón de pelo tras la oreja en un inquietante gesto protector. Habla en un susurro, enarcando una ceja. -Pero eso no va a pasar, Kim. No pasará nunca porque yo ya soy de alguien, de una chica que me da todo eso y más. Pero, por supuesto, puedes pasar el día imaginando cómo sería…- Se levanta, se estira la camiseta para después tenderle la mano y levantarla del suelo. Ella vuelve a encontrarse con sus serios y oscurísimos ojos, y las palabras que oye la hacen reír por lo bajo como una adolescente nerviosa. -Aunque ya hayas estado imaginando cosas…-
Kim baja la mirada, ríe por lo bajo tímidamente y sacude la cabeza. Después vuelve a mirarle, se encoge de hombros y suspira. -Y lo seguiré haciendo, Brian...- Baja la mirada de nuevo y tras hacerle un leve gesto con la cabeza a modo de despedida, se encamina hacia la entrada del motel. Cuando entra lo hace dejando la puerta abierta, caminando sigilosamente hacia su habitación para no despertar a los huéspedes que ahora duermen tras las puertas que hay a ambos lados del pasillo.
-¿Te molesté mucho anoche o fuiste capaz de dormir...?- Es innegable que la intensidad de su mirada ha aumentado de golpe, y Brian mentiría si dijese que no se acaba de quedar sorprendido con el brutal cambio de actitud que acaba de experimentar la chica de ojos castaños. Es como si de pronto toda esa máscara de niña buena e inofensiva haya desaparecido de golpe, como si se hubiese cansado de fingir ahora que sabe que a ojos de Gates no es una niña buena.
Brian enarca una ceja y la mira, reprimiendo una sonrisa sorprendida. No, por mucho que supiera que dentro de esa cabecita no había nada inocente, no estaba preparado para ese cambio de faceta. Incluso su voz ha cambiado. Parece más segura, más altiva y mucho más descarada, e incluso parece sonreír sin miedo, como si de golpe hubiera convertido todos sus nervios en arrojo, queriéndoselo jugar todo a una sola carta. Gates clava sus ojos color chocolate negro en ella y enarca una ceja antes de hablar. -Oh, no. No me molestaste, pero no pude cerrar los ojos hasta que volvió el silencio. Puede que haya sido la primera y única vez en que me has puesto nervioso, Kim.- Ríe con aire travieso, bajando la mirada y el tono de voz.
-Juraría que tanto Dean como tú estabais pasando la noche de vuestras vidas...-
Kim ríe por lo bajo y suspira. -No estuvo mal...- Se muerde el labio inferior y clava de nuevo sus ojos oscuros en los de Brian, diciendo algo con tal descaro que deja descolocado al chico de pelo negro. -Estuve pensando todo el rato en ti. Desde el primer segundo hasta el último de ellos, era a ti a quien imaginaba conmigo en la cama. No te enfades ni nada de eso, pero no lo pude evitar. Tienes pinta de follar muy bien, mejor que Dean y que todos los chicos con los que he estado antes. No me preguntes por qué, solo lo creo. Además, creo que debes haber estado con muchas chicas hasta ahora.- Ríe y se frota los ojos, hablando con naturalidad y despreocupación. -Ojalá algún día tú y yo acabemos en una cama de verdad y no solo dentro de mi maldita cabeza...-
La sonrisa de Brian se difumina hasta quedar en leve, teñida por la más absoluta sorpresa. Su peculiar acompañante de pelo rojo parece dispuesta a ser lo más sincera posible y a no callarse absolutamente nada. Está siendo más directa de lo que pensaba que podría llegar a ser. Juraría que la chica de ojos castaños no sabe dónde se está metiendo. Habla en un susurro arrullador, incitante y cargado de misterio. Ha perdido la sonrisa, y parece cargado de ese aire frío y pausado que tanto atrae a Kim. -Estoy seguro de que si eso ocurriera, haría que te temblaran las piernas, que suplicaras por un rato más, que te agarraras tanto a las sábanas que sintieras que te fallan las fuerzas, y que mientras te destrozo haciéndote mía gritaras mi nombre entre gemidos como si fuera la más sagrada de las oraciones. Si me lo propusiera, podría hacer que no pudieras levantarte de la cama la mañana siguiente y te lo haría tan fuerte que terminarías empapada y con una mezcla de ganas de llorar y de necesidad de otro asalto más…- Sonríe de medio lado de una forma casi sarcástica, y le coloca un mechón de pelo tras la oreja en un inquietante gesto protector. Habla en un susurro, enarcando una ceja. -Pero eso no va a pasar, Kim. No pasará nunca porque yo ya soy de alguien, de una chica que me da todo eso y más. Pero, por supuesto, puedes pasar el día imaginando cómo sería…- Se levanta, se estira la camiseta para después tenderle la mano y levantarla del suelo. Ella vuelve a encontrarse con sus serios y oscurísimos ojos, y las palabras que oye la hacen reír por lo bajo como una adolescente nerviosa. -Aunque ya hayas estado imaginando cosas…-
Kim baja la mirada, ríe por lo bajo tímidamente y sacude la cabeza. Después vuelve a mirarle, se encoge de hombros y suspira. -Y lo seguiré haciendo, Brian...- Baja la mirada de nuevo y tras hacerle un leve gesto con la cabeza a modo de despedida, se encamina hacia la entrada del motel. Cuando entra lo hace dejando la puerta abierta, caminando sigilosamente hacia su habitación para no despertar a los huéspedes que ahora duermen tras las puertas que hay a ambos lados del pasillo.
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