Son las dos del día siguiente. La casa de los chicos está en una quietud total. Pinkly duerme plácidamente en la parte que encuentra más fría del suelo de la cocina, muerta de calor. El sol radiante y el calor húmedo del mediodía inundan la casa por todos sus rincones. No hay nadie en la habitación de Matt, nadie en la de Brian, nadie en la cocina y nadie en cualquiera de los balcones. Los dos chicos están en el salón, dormidos y aún con la ropa puesta, con la misma con la que llegaron a las siete de la mañana, borrachos y muertos de risa después de haber ido a hacerle una visita a Amber a su cafetería. Matt abre los ojos, gruñe y se despereza, tumbado boca arriba en el sofá. Recorre la estancia con la mirada, resopla molesto con su dolor de cabeza y localiza a Brian. Está dormido a los pies del sillón de en frente, boca abajo y con la cara de lado sobre la moqueta de color beige, en una postura que le hace parecer recién caído desde un sexto piso. El problema de ir a divertirse al Red Dingo cuando no les toca trabajar dentro de la barra, es que les invitan a todas las copas. Y eso empieza siendo una ventaja, pero acaba siendo un inconveniente.
En cuanto Pinkly siente movimiento en el salón, se levanta rápidamente y corre a ver quién se ha despertado primero. Cuando ve a Matt sentado en el sofá frotándose los ojos y con la cara destrozada a causa del sueño y la resaca, la perrita blanca empieza a mover la cola y emite un ladrido de pura emoción pero lo bastante alto y agudo como para despertar a Brian de un susto. El chico de ojos oscuros resopla, se queda unos segundos en la posición en la que estaba y después se incorpora. Tiene la mejilla derecha roja de haber pasado la noche apoyado sobre ella y la verdad, su cara no es que inspire mucha seguridad. Ahora mismo parece uno de esos locos psicópatas que acaban de escaparse de la cárcel. Sus mechones de pelo negro y despeinado le caen por la cara y su camiseta está tirada sobre la mesa del salón como si alguien la hubiese lanzado a posta lejos de él. Shadows ríe mirándole y habla con la voz pastosa, levantándose con grandes esfuerzos y encaminándose a la cocina -Joder, qué miedo das por las mañanas, Gates...-
Brian se levanta del suelo trabajosamente y tambaleándose, chasquea la lengua y resopla llevándose las manos a la cabeza. Gruñe por lo bajo, entre dientes -Qué puto dolor...- En cualquier otro momento del día seguro que se hubiera preparado un comentario ingenioso para responderle a Matt, pero ahora su cerebro funciona a la velocidad de un caracol borracho y poco lubricado. Se aparta el pelo de la cara llevándoselo hacia atrás con un movimiento de mano y camina tras Matt hacia la cocina, muerto de sed. Saca una botella de agua helada de la nevera y le pega un generoso trago, sintiendo que el líquido frío le devuelve la vida. Habla con voz pastosa y ronca, sufriendo una de las peores resacas de su vida -¿Anoche sólo estuvimos en el Red Dingo...?-
El chico de ojos verdes sacude la cabeza, sirviéndose un vaso de leche fría acompañado de un tazón de cereales -No. Estuvimos en el Dingo, en el Foxy y en ese bar donde las chicas bailan en barra americana,- Ríe –del que por cierto, recuerdo que nos echaron, y hasta donde yo recuerdo la noche la terminamos en la cafetería de Amber...- Resopla y le mira -Cógete algo de comer, son las dos y tenemos que ir a abrir a las cinco...-
Frunce el ceño y sacude la cabeza, dejando la botella en su sitio -Qué va, yo no puedo comer nada. Al menos no ahora. Ya me llevaré algo cuando nos vayamos.- Camina hacia la puerta de la cocina dispuesto a meterse en el baño y pegarse una de esas duchas curativas, y, a propósito de su falta de apetito, recuerda algo que le hace arrugar la nariz en un gesto de asco -Tío, cómo voy a tener hambre si cada vez que toso me sabe la boca a tequila...-
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Esa misma noche, Brian está apostado en la entrada del local, esperando a Annie. Matt ya está dentro, apuesta que bebiendo y colándose detrás de la barra, o tonteando con alguna, y él anda cruzado de brazos, escuchando el griterío de toda la gente que se agolpa a las puertas, que entra y sale, que puja por entrar por todos los medios. Como siempre, como todos los fines de semana, el Red Dingo se convierte en el punto de atracción de todos los jóvenes que buscan alcohol, diversión, buena música y emociones diferentes. Cyntia, la chica por la que cayó aquella noche de una manera tan poco discreta a ojos de Jinny, no anda muy lejos. Está con un grupo de chicas, y le lanza cada sonrisa y cada mirada que el chico de ojos oscuros se siente como si quisiera echar a correr. Demasiadas malas consecuencias por aquello, pero ella, que no sabe nada, sigue encontrándolo tan divertido como aquella noche de jueves en la que él se la llevó a su piso mientras su novia estaba de viaje en Brooklyn. Cuando ve llegar a Annie entre la gente, sólo puede esbozar una sonrisa de puro alivio. Creía que simplemente no iba a venir, como si no quisiera arriesgarse a descubrir el "misterio coyote".
La chica de ojos verdes se abre paso entre la gente y finalmente llega a la altura de Brian. Le mira con una sonrisa, después mira a su alrededor y de nuevo vuelve a mirarle, alzando su tono de voz para que el chico de ojos oscuros pueda oírla por encima de la música y las voces y el griterío de la gente. Ella se encoge de hombros, a la expectativa. Lleva puestos unos vaqueros largos y una camiseta blanca de manga corta cubierta con una chaqueta vaquera -¿Y bien..? ¿Qué tengo que hacer ahora...?-
Abre la puerta del bar como única respuesta inmediata y le hace un gesto con la mano, luciendo una de sus sonrisas cargadas de misterio e indicándole que pase delante de él -Ahora vas a descubrir por qué el Red Dingo es el punto más caliente de todo Los Ángeles, Annie...-
Cuando entra, tarda un poco de ver lo que tiene que ver, pero cuando lo hace, se queda petrificada. Sobre la barra, tres chicas que llevan una ropa bastante provocativa bailan mientras sirven copas y puñados de hombres, probablemente encendidos por culpa del espectáculo, tratan de tocarlas y de ganar chupitos gratis, al ritmo de Def Leppard. La chica de ojos verdes traga saliva y, sin decir nada, se da la vuelta, tratando de irse. Gates ríe y la agarra del brazo, impidiéndole que se vaya. Ana le mira con los ojos muy abiertos y habla alto, ya que la música apenas deja oír -¿Pero estás mal de la cabeza…? ¡Yo no puedo hacer eso! ¡Ni siquiera tengo valor de subirme a cantar a un escenario!
Él enarca una ceja sin poder borrar esa sonrisa de siempre, sin darle demasiada importancia a su negativa -Lo sé, no creas que no me he dado cuenta.- Ella baja la mirada al suelo, resoplando y sacudiendo la cabeza, pensando que de verdad está loco de remate. Brian le coloca un dedo en la barbilla y la obliga a mirarle de fijo mientras habla -Annie, eres preciosa y estás llena de talento.- Mira a la barra por un segundo -¿Ves a esas chicas de allí? En su primer día todas estaban igual de indecisas que tú. ¿Y las ves ahora? Todo el mundo las adora, se meten a la clientela en el bolsillo, hacen tantos amigos en una noche que te sorprendería, y...- Baja la voz y habla entre risas -Y ganan más dinero del que crees. Sólo quiero que las conozcas, te van a encantar. Annie, escucha, es normal que pienses que es una locura, pero con un par de días en la barra habrás ganado el valor necesario hasta para subirte al escenario más grande del mundo. Y podrás pagarte el alquiler de cualquier piso que se te antoje...-
Ana se queda mirándole a los ojos un rato largo y después suspira. Chasquea la lengua y rodea el local con la mirada. Finalmente vuelve a mirarle y asiente, resignada -Está bien, pero no sé cómo voy a hacerlo... Seguro que no estoy a la altura y...- Resopla -Dios, siempre me meto en los peores follones...-
Gates ríe por lo bajo y enarca una ceja, encontrando su repentino agobio realmente divertido -Escucha, Annie. De momento quiero que vayas detrás de la barra y que hables con Dean, ¿de acuerdo?- Le pega un toque con el dedo índice en la nariz, sin perder una media sonrisa permanente que ella ya no sabe si tomar como tranquilizadora. Le encanta esa apariencia de gatito desubicado y confuso que la rodea a veces como una especie de aura -Y no te pongas nerviosa. Sube ahí arriba, vuélvete loca y haz que suban las propinas.- Le guiña un ojo en un gesto arrebatador y, con un movimiento de cabeza, le señala la barra, expectante.
Ana suspira, pone los ojos en blanco y se da la vuelta, echando a andar entre la gente de camino a la barra, y finalmente logra su cometido. Salta la barra y se encuentra a Dean, que está hablando con un cliente, sonriente y tomándose un chupito de tequila con él. La chica de ojos verdes traga saliva y se acerca a su “jefe”. No sabe por qué pero, aunque no le conoce, le tiene muchísimo respeto. Se pone nerviosa cuando habla con él, y ahora es la primera vez que lo hace sola. Le pega un pequeño toque en el brazo, llamando su atención. -D-Dean, vengo… Vengo por lo del trabajo…-
El hombre se gira, la mira y su sonrisa se amplía de golpe -Por supuesto que sí, y no me esperaba menos de ti.- Pasa un brazo por encima de sus hombros y la atrae hacia él entre risas, mirando al chico que está en la barra junto a él -¿Has visto a ésta preciosidad? Es mi nueva aspirante a coyote, y seguro que lo hace de muerte.- El chico, que aún tiene un chupito de tequila lleno en la mano, ladea la cabeza con una sonrisa, mirándola como si la evaluara mientras Dean sigue hablando -Vamos a conseguir que suba la temperatura del local tanto como en Texas, ¿eh?- Ríe, sirviéndole a la chica un chupito de tequila para ponérselo en la mano y mirar de nuevo a su acompañante -¿Qué te parece, Dennis?-
El chico ríe y se toma el chupito de un trago -Creo que debería subirse de una vez ahí arriba.- Ana mira el chupito y traga saliva, como si le tuviese miedo. El hombre que está al otro lado de la barra se da cuenta de la reacción de la chica y se parte de risa, hablando rápido y tropezándose con las vocales a causa de la cantidad de alcohol que lleva ya en sangre -¿Qué pasa, preciosa...? ¿No bebes...?- Ríe de nuevo, contagiándole la risa a Dean. Ana vuelve a tragar saliva y le mira, sacudiendo la cabeza y sonriendo nerviosamente. ¿Que si bebe? Por Dios. Su vida ha sido tan ajetreada siempre que nunca había tenido tiempo para esas cosas, para la fiesta y para la bebida. Se aclara la garganta antes de hablar para hacerlo después visiblemente nerviosa -¿Que si... que si bebo? Oh, ¡por supuesto que sí!- Hace un gesto con la mano, riéndose sin ganas -¡Claro que bebo...! Estaba… Mirando el chupito por si era tequila del malo.- Asiente, tratando de convencerse a sí misma de lo que acaba de decir. Después, sin pensárselo dos veces, echa la cabeza hacia atrás y se lo bebe de un trago. Cuando siente el líquido bajándole por la garganta y abrasándosela a su paso, hace una mueca entre asco y dolor que resulta realmente cómica pero que trata de disimular lo mejor que puede. Planta el vaso sobre la barra con un movimiento rápido y trata de contenerse la tos, pero no puede evitarlo así que acaba tosiendo un poco. Mucho menos de lo que le gustaría, a decir verdad. Habla con la voz ronca, sintiendo cómo la garganta aún le arde -Está... ¡está buenísimo! El mejor tequila que he probado nunca, de hecho...-
Dean ríe ladeando la cabeza -Debe ser la primera vez que pruebes el tequila entonces, porque entre Dennis y yo estamos acabándonos la botella del tequila más repugnante que hemos probado jamás.- Él y el otro hombre ríen, abochornando a la chica. Dean se da cuenta y suspira sin perder la sonrisa .Oye, Texas, no te preocupes. Me encanta esa inocencia tuya, te hace tremendamente interesante.- Una chica de pelo largo y oscuro y ondulado se baja de la barra con agilidad y camina hacia Dean y Ana. El jefe del local habla advirtiendo a Ana, mirando de fijo a la mujer que viene -Es Kate, el cerebro de las coyotes y copropietaria del local. Es bastante autoritaria, pero es un cielo...- La chica, vestida con unos vaqueros escandalosamente ajustados y una camiseta de tirantes negra igualmente ajustada y cortada por muy encima del ombligo, se acerca a Ana y habla completamente seria -¿Eres la nueva?-
Ana asiente, sin ser capaz de mantenerle la mirada en los ojos durante mucho tiempo a causa de lo intimidada que se siente. Aunque parece tener unos cuantos años más que ella, esa tal... Kate es insultantemente guapa. Tiene el pelo marrón oscuro y los ojos muy azules; los labios carnosos y la tez morena. Por no hablar de su cuerpo. Su cintura es estrecha y sus pechos exageradamente grandes, lo cual hace a Ana darse cuenta de que esa mujer tiene el dinero suficiente como para haberse operado y no precisamente una sola vez.
-Ya me han hablado de ti.- En su cara se adivina una mueca que pretende ser una sonrisa de medio lado. No, definitivamente no le gustan las caras nuevas -Bien, Texas, vas a empezar hoy. Pero no así.- La agarra de la mano y la lleva consigo dentro del local, a la cocina. Chasquea la lengua y la mira de arriba a abajo -Quítate esa chaqueta vaquera...-
Ana se mira de arriba abajo y obedece enseguida. Se quita el chaleco y lo cuelga en una silla para después quedarse mirando a Kate, que examina cada milímetro de su cuerpo con los ojos entrecerrados.
La chica de rasgos marcados y ojos tremendamente azules agarra unas tijeras y empieza a cortarle la camiseta blanca a la misma altura que Kate tiene la suya. Habla mientras sigue cortando, bajo la mirada de una sorprendidísima Annie -No soy partidaria de los desnudos en público, y jamás hacemos ese tipo de cosas, pero tampoco te vistas como una niña de quince años.- Alza la vista a sus ojos por un momento -Si tienes un cuerpo bonito, no lo escondas, y tampoco lo enseñes del todo. La clave está en dejar que lo intuyan, Texas.- “Al final tendré que acostumbrarme al mote…” Kate suspira, tirando al suelo un trozo de tela blanca -¿Sabes bailar?-
Ana se mira reflejada en chapa metálica de la cocina y no puede evitar hacer una mueca de sorpresa. Está maravillada. Maravillada pero a su vez extrañada y avergonzada. Nunca jamás se había vestido así y mucho menos para salir a bailar delante de decenas de borrachos que tendrán las intenciones más oscuras con ellas. Si su madre la viese ahora mismo está segura de que le cruzaría la cara y le mandaría quitarse eso de una vez, pues no es nada propio de una chica tranquila y tímida como ella. Saliendo de su imaginación por un momento, la chica de ojos verdes sacude la cabeza y mira a Kate, hablando con timidez –No. Bueno, al menos ésto no...-
La chica de rasgos profundos pone los ojos en blanco, resopla casi silenciosamente y coloca los brazos en jarras -Aprenderás, te lo aseguro.- Mantiene la mirada puesta en sus ojos por unos segundos y luego vuelve a hablar- No sabes bailar, no tienes pinta de haber servido chupitos en la vida... ¿Quién demonios te ha traído aquí?-
Se rasca el brazo, hablando en un murmullo con la mirada en el suelo, avergonzada, sintiéndose realmente incómoda con la situación y consigo misma -Brian....-
La cara seria de Kate cambia cuando ríe por lo bajo, sacudiendo la cabeza –Brian. Debí imaginarlo...- Suspira, chasquea la lengua y habla con algo más de comprensión -Sé que ahora mismo estarás pensando que es una locura, pero probablemente acabe gustándote en cuanto cojas confianza con la barra.- Se encoge de hombros
-Después es probable que no quieras ni separarte de ella. Vas a salir ahí fuera conmigo, a subirte a la barra y a empezar la primera de tus noches como coyote.- Habla de una manera que recuerda a la de una madre resentida, como si hubiera alguna simpatía latente debajo de esas secas palabras que dice con una media sonrisa que tranquiliza a Annie -Y cuando vea qué sabes hacer y lo haces bien, probablemente te dé la bienvenida a nuestra pequeña y muy selecta manada...-
Ahora Ana tiene la mirada clavada en la de Kate, y ésta igualmente la mantiene en los ojos de Annie. La chica asiente con una media sonrisa, pareciendo mucho más tranquila, como si por un momento todos sus nervios y sus miedos hubiesen desaparecido, como si Kate hubiese conseguido que se olvidase de todo y, con solo mirarla, le hubiera transmitido toda la calma que necesitaba. La chica de ojos verdes habla en un murmullo, sonando bastante segura de lo que dice, mientras a través de las paredes del local puede oírse cómo en el bar resuena 'GirlsGirlsGirls!' de Mötley Crüe acompañada de fondo de los gritos y silbidos de los hombres que seguro ahora están disfrutando del espectáculo con las chicas bailando y contoneándose en la barra -Vamos. La gente está esperando y no quiero que tengan que hacerlo en mi primera noche aquí…-
Kate asiente y camina delante de ella, hablando con su habitual frialdad y su cuerpo imponente -Así se habla, novata.- Brian está sentado en uno de los sillones del fondo del bar, rodeado de chicas y de chicos que parecen ser amigos suyos y bebiéndose un Martini helado cuando ve a Kate volver a subirse a la barra con Annie, y le hace un gesto a Dean para que baje algo la música. Alza la voz luciendo su impresionante tipo y pronuncia sus palabras con una de esas sonrisas que derriten el hielo de las copas -Ésto no suele pasar muy a menudo, pero ésta noche damos la bienvenida a una nueva coyote. Ella es Annie, y llegó a los Ángeles desde Texas hace sólo un par de días.- Un par de chicas la miran con unas sonrisas amplias y sinceras subidas a la barra también. Una de ellas es pelirroja, y la otra rubia platino, y parecen bastante más amigables que Kate, que sigue hablando -Así que levantad esos vasos porque vamos a brindar por Annie, por Texas y por todos nosotros. Vamos a enseñarle a nuestra nueva chica de qué estamos hechos en el Red Dingo...-
Ana sonríe ampliamente bajo el griterío general y una de las chicas que serán sus compañeras le entrega una jarra de cerveza que la chica de ojos verdes coge, aunque algo extrañada. La otra, una chica pelirroja de ojos verdes, hace un gesto con la mano para quitarle importancia y habla sin borrar su adorable sonrisa, hablando en un susurro -Es para que brindes, no tienes que bebértela si no quieres, es asquerosa...- Ríe por lo bajo, contagiándole la risa a Annie, que le dedica una mirada rápida a Brian. Una mirada a la que él responde con una sonrisa y un leve gesto de asentimiento, como aportándole toda la confianza que ella necesita ahora mismo. La chica imita su gesto y después desvía su mirada hacia Kate, que ahora, junto al resto del bar, alza su copa y le da algunos tragos mientras todos aplauden y gritan halagos hacia la chica nueva que seguro, esperan, será otra de las joyas del local.
Matt tiene la mirada fija en la barra, observando con curiosidad a la recién llegada. Brian le mira con una ceja enarcada y una sonrisa comprometedora, le pega un trago a su copa y habla, llamando la atención del chico de ojos verdes -No me dirás que no es un buen fichaje. Ya tendrías que tener ganas de verla, después de lo mucho que te he hablado de ella....
Matt asiente dejando que una media sonrisa de pura malicia se dibuje en sus labios mientras continúa con la mirada clavada en Ana, que ahora habla con Kate, instruyéndose sobre las normas básicas del local y de cómo tendrá que comportarse mientras esté allí. Sanders le devuelve la mirada a su amigo y habla con la misma sonrisa, agarrando su chupito de tequila y vaciándoselo de un trago cuando termina de hablar -Una preciosidad. Admito que has tenido buen gusto esta vez…-
Resopla con desprecio bien fingido y reprime una sonrisa -¿Ésta vez? Matt, por el amor del cielo, yo siempre tengo buen gusto...- Una chica con media melena negra como el carbón, pálida, de ojos color miel y perfilados felinamente en color negro, con los labios escandalosamente rojos, pasa por delante de los sillones propinándole una mirada provocadora a Brian. Éste prefiere bajar la mirada y proferir un resoplido discreto bajo la mirada de su amigo, que sabe todo lo que pasa. Cuando ve a Cynthia, no puede evitar recordar la ida de Jinny, y su estúpida manera de estropear las cosas. Murmura, dejando que solo sea Matt el que le escuche, refiriéndose a la chica que también él conoce y que se ha convertido en la imagen de culpabilidad para el chico de ojos oscuros. -¿Sabes que es la sobrina de Dean...?-
Sanders abre los ojos como platos y mira a su amigo con la misma expresión facial que si hubiese visto un fantasma -¡¿Qué?!- Resopla y baja el tono de voz cuando se da cuenta de que ha llamado la atención de algunos ajenos del bar, que en cuanto ven que Shadows baja la voz, apartan su atención de él para volver a centrarse en sus cosas -Joder tío, te enredas con las peores…-
-El parentesco no entraba dentro de mis planes, pero es lo que hay.- Se encoge de hombros como excusándose, y le pega otro trago a la copa con la mirada en la barra. Ana parece estar soltándose ahí arriba. Está preciosa, sonríe, sirve chupitos riendo nerviosamente y se coloca continuamente un mechón de pelo tras la oreja, como suele hacer cuando los nervios se la están comiendo por dentro, a pesar de que poco a poco, empiezan a desaparecer.
Unos amigos de Brian y Matt enseguida se encuentran con ellos y se sientan a conversar. La conversación se alarga y pasados un par de horas más o menos, los dos chicos junto con Max y Bob están sentados frente a la barra, mirando a las chicas y comentando lo geniales y hermosas que les parecen. Pero de pronto algo descoloca al chico de ojos oscuros cuando al lanzar un vistazo a la barra no se encuentra con Ana. La busca con la mirada por todos lados y de pronto ve como un chico sale rápidamente de baño, como si algo lo hubiese ahuyentado. No parece darle mucha importancia hasta que segundos después y entre el griterío de la gente puede oír un grito de una chica. Desgraciadamente, sabe perfectamente de qué chica es. Es increíble porque no puede oír al que tiene al lado pero sí a una persona que está a bastantes metros de él y metida en otra sala. Tal vez sea casualidad, o tal vez es porque es ella... Pone la copa en la mesa y se levanta sin decir nada, desapareciendo con tanta rapidez entre el gentío que a sus acompañantes les resulta imposible siquiera preguntarle a dónde va. Gates se hace paso entre la gente, directo al baño de donde ha visto salir a aquel chico con tanta prisa. Cuando entra, al fondo, puede ver a un chico de espaldas que tiene a Ana contra la pared y la toquetea mientras ella trata de zafarse. Cuando escucha un "Vamos, gatita, ¿por qué no bailas para mí aquí dentro...?", ya se ve a sí mismo corriendo hacia la escena, sintiendo que le hierve la sangre y que la cordura se le va por entre los dedos. Agarra del pelo al chico y lo lleva de cara contra la pared, al lado de Ana, apretándole lo suficientemente fuerte para hacerle mucho daño. La chica de ojos verdes le mira asustada, con una mano en el pecho que le sube y le baja como loco debido a lo agitado de su respiración. Cuando Brian tira de él hacia atrás, lo echa al suelo y empieza a pegarle patadas con puro salvajismo, Annie ya no sabe cómo reaccionar. Cuando el chico en cuestión está hecho un ovillo en el suelo con la nariz sangrando y una ceja y el labio partidos, Brian lo agarra por el cuello de la camiseta y habla lleno de rabia, en un susurro amenazador. Por lo que todos los que se han agolpado en la puerta pueden llegar a ver, el legendario camarero del Red Dingo ya conoce al chico que ahora le mira suplicante pidiendo que no le pegue más -Nuestras chicas no son fulanas, Jamie, el cartel en la entrada queda bien claro que son intocables, ¿entiendes...?-
Charlotte, la coyote pelirroja, corre hacia el baño seguida por Kate, y se abren paso apartando a la gente a empujones. Cuando entran rápidamente corre hacia los chicos que están peleándose y, con la ayuda de Dean, que acaba de entrar, logran separarlos. Kate, a regañadientes, se lleva al originario de la pelea fuera del baño y Dean se lleva a Gates contra la pared mientras le dice frases tranquilizadoras. El chico de ojos oscuros está completamente fuera de sí y ahora, apoyado contra la pared y con la respiración desbocada, resopla profundamente y mira a Ana, que está cerca de Charlotte mientras esta trata de tranquilizarla. Enseguida, Karina, la chica rubia empieza a sacar a la gente del baño y en poco tiempo el bar recobra la normalidad, aunque a la mayoría les será difícil olvidar este susto. Dean resopla y clava su mirada en Brian -Eh tío, escucha, tranquilízate, ¿vale? No ha pasado nada. Vamos, cálmate…-
Él alza la voz, llevándose las manos a la cabeza -¿Que no ha pasado nada?- Resopla -No me jodas, ¡Dean, a saber qué le hubiera pasado a Ana de no haber entrado a tiempo. ¡Ni siquiera sé por qué dejáis que Jamie siga entrando a éste puto local...!-
Dean resopla desesperado y se lleva una mano al pelo, hablando agobiado. No le gustan esas peleas, no dejan al bar en muy buen lugar, y la verdad es que necesitan el dinero....-Escucha, Brian. Coge tus cosas y vete a casa, ¿de acuerdo? Mañana cuando vengas hablaremos más tranquilamente pero ahora vete. Estás muy alterado y no tengo tiempo para estas cosas ahora. No te preocupes, no te lo descontaré del sueldo, pero vete, necesitas recomponerte...- Mira a Ana- Annie, tú por supuesto, cielo, ve con él. Vete a casa y relájate...- Le acaricia la mejilla en un gesto de lo más protector -No te asustes, no ha pasado nada, estaba borracho, nada más...- Sonríe de medio lado tranquilizador -Lo has hecho muy bien en tu primer día, por cierto. Solo he recibido críticas buenas…-
Ana sonríe leve, infinitamente tímida, aún con el susto en lo más profundo de su ser. Brian resopla y cruza la estancia rápido y en silencio, y Ana camina tras él. El chico de ojos oscuros se acerca a Matt, que ha estado también agolpado entre el gentío, y le pega una palmada en la espalda con una mano cuyos nudillos ahora están llenos de heridas -Me llevo tu coche, creo que voy a llevar a Ana a casa. Ya ha tenido suficiente por hoy...-
Esa misma noche, Brian está apostado en la entrada del local, esperando a Annie. Matt ya está dentro, apuesta que bebiendo y colándose detrás de la barra, o tonteando con alguna, y él anda cruzado de brazos, escuchando el griterío de toda la gente que se agolpa a las puertas, que entra y sale, que puja por entrar por todos los medios. Como siempre, como todos los fines de semana, el Red Dingo se convierte en el punto de atracción de todos los jóvenes que buscan alcohol, diversión, buena música y emociones diferentes. Cyntia, la chica por la que cayó aquella noche de una manera tan poco discreta a ojos de Jinny, no anda muy lejos. Está con un grupo de chicas, y le lanza cada sonrisa y cada mirada que el chico de ojos oscuros se siente como si quisiera echar a correr. Demasiadas malas consecuencias por aquello, pero ella, que no sabe nada, sigue encontrándolo tan divertido como aquella noche de jueves en la que él se la llevó a su piso mientras su novia estaba de viaje en Brooklyn. Cuando ve llegar a Annie entre la gente, sólo puede esbozar una sonrisa de puro alivio. Creía que simplemente no iba a venir, como si no quisiera arriesgarse a descubrir el "misterio coyote".
La chica de ojos verdes se abre paso entre la gente y finalmente llega a la altura de Brian. Le mira con una sonrisa, después mira a su alrededor y de nuevo vuelve a mirarle, alzando su tono de voz para que el chico de ojos oscuros pueda oírla por encima de la música y las voces y el griterío de la gente. Ella se encoge de hombros, a la expectativa. Lleva puestos unos vaqueros largos y una camiseta blanca de manga corta cubierta con una chaqueta vaquera -¿Y bien..? ¿Qué tengo que hacer ahora...?-
Abre la puerta del bar como única respuesta inmediata y le hace un gesto con la mano, luciendo una de sus sonrisas cargadas de misterio e indicándole que pase delante de él -Ahora vas a descubrir por qué el Red Dingo es el punto más caliente de todo Los Ángeles, Annie...-
Cuando entra, tarda un poco de ver lo que tiene que ver, pero cuando lo hace, se queda petrificada. Sobre la barra, tres chicas que llevan una ropa bastante provocativa bailan mientras sirven copas y puñados de hombres, probablemente encendidos por culpa del espectáculo, tratan de tocarlas y de ganar chupitos gratis, al ritmo de Def Leppard. La chica de ojos verdes traga saliva y, sin decir nada, se da la vuelta, tratando de irse. Gates ríe y la agarra del brazo, impidiéndole que se vaya. Ana le mira con los ojos muy abiertos y habla alto, ya que la música apenas deja oír -¿Pero estás mal de la cabeza…? ¡Yo no puedo hacer eso! ¡Ni siquiera tengo valor de subirme a cantar a un escenario!
Él enarca una ceja sin poder borrar esa sonrisa de siempre, sin darle demasiada importancia a su negativa -Lo sé, no creas que no me he dado cuenta.- Ella baja la mirada al suelo, resoplando y sacudiendo la cabeza, pensando que de verdad está loco de remate. Brian le coloca un dedo en la barbilla y la obliga a mirarle de fijo mientras habla -Annie, eres preciosa y estás llena de talento.- Mira a la barra por un segundo -¿Ves a esas chicas de allí? En su primer día todas estaban igual de indecisas que tú. ¿Y las ves ahora? Todo el mundo las adora, se meten a la clientela en el bolsillo, hacen tantos amigos en una noche que te sorprendería, y...- Baja la voz y habla entre risas -Y ganan más dinero del que crees. Sólo quiero que las conozcas, te van a encantar. Annie, escucha, es normal que pienses que es una locura, pero con un par de días en la barra habrás ganado el valor necesario hasta para subirte al escenario más grande del mundo. Y podrás pagarte el alquiler de cualquier piso que se te antoje...-
Ana se queda mirándole a los ojos un rato largo y después suspira. Chasquea la lengua y rodea el local con la mirada. Finalmente vuelve a mirarle y asiente, resignada -Está bien, pero no sé cómo voy a hacerlo... Seguro que no estoy a la altura y...- Resopla -Dios, siempre me meto en los peores follones...-
Gates ríe por lo bajo y enarca una ceja, encontrando su repentino agobio realmente divertido -Escucha, Annie. De momento quiero que vayas detrás de la barra y que hables con Dean, ¿de acuerdo?- Le pega un toque con el dedo índice en la nariz, sin perder una media sonrisa permanente que ella ya no sabe si tomar como tranquilizadora. Le encanta esa apariencia de gatito desubicado y confuso que la rodea a veces como una especie de aura -Y no te pongas nerviosa. Sube ahí arriba, vuélvete loca y haz que suban las propinas.- Le guiña un ojo en un gesto arrebatador y, con un movimiento de cabeza, le señala la barra, expectante.
Ana suspira, pone los ojos en blanco y se da la vuelta, echando a andar entre la gente de camino a la barra, y finalmente logra su cometido. Salta la barra y se encuentra a Dean, que está hablando con un cliente, sonriente y tomándose un chupito de tequila con él. La chica de ojos verdes traga saliva y se acerca a su “jefe”. No sabe por qué pero, aunque no le conoce, le tiene muchísimo respeto. Se pone nerviosa cuando habla con él, y ahora es la primera vez que lo hace sola. Le pega un pequeño toque en el brazo, llamando su atención. -D-Dean, vengo… Vengo por lo del trabajo…-
El hombre se gira, la mira y su sonrisa se amplía de golpe -Por supuesto que sí, y no me esperaba menos de ti.- Pasa un brazo por encima de sus hombros y la atrae hacia él entre risas, mirando al chico que está en la barra junto a él -¿Has visto a ésta preciosidad? Es mi nueva aspirante a coyote, y seguro que lo hace de muerte.- El chico, que aún tiene un chupito de tequila lleno en la mano, ladea la cabeza con una sonrisa, mirándola como si la evaluara mientras Dean sigue hablando -Vamos a conseguir que suba la temperatura del local tanto como en Texas, ¿eh?- Ríe, sirviéndole a la chica un chupito de tequila para ponérselo en la mano y mirar de nuevo a su acompañante -¿Qué te parece, Dennis?-
El chico ríe y se toma el chupito de un trago -Creo que debería subirse de una vez ahí arriba.- Ana mira el chupito y traga saliva, como si le tuviese miedo. El hombre que está al otro lado de la barra se da cuenta de la reacción de la chica y se parte de risa, hablando rápido y tropezándose con las vocales a causa de la cantidad de alcohol que lleva ya en sangre -¿Qué pasa, preciosa...? ¿No bebes...?- Ríe de nuevo, contagiándole la risa a Dean. Ana vuelve a tragar saliva y le mira, sacudiendo la cabeza y sonriendo nerviosamente. ¿Que si bebe? Por Dios. Su vida ha sido tan ajetreada siempre que nunca había tenido tiempo para esas cosas, para la fiesta y para la bebida. Se aclara la garganta antes de hablar para hacerlo después visiblemente nerviosa -¿Que si... que si bebo? Oh, ¡por supuesto que sí!- Hace un gesto con la mano, riéndose sin ganas -¡Claro que bebo...! Estaba… Mirando el chupito por si era tequila del malo.- Asiente, tratando de convencerse a sí misma de lo que acaba de decir. Después, sin pensárselo dos veces, echa la cabeza hacia atrás y se lo bebe de un trago. Cuando siente el líquido bajándole por la garganta y abrasándosela a su paso, hace una mueca entre asco y dolor que resulta realmente cómica pero que trata de disimular lo mejor que puede. Planta el vaso sobre la barra con un movimiento rápido y trata de contenerse la tos, pero no puede evitarlo así que acaba tosiendo un poco. Mucho menos de lo que le gustaría, a decir verdad. Habla con la voz ronca, sintiendo cómo la garganta aún le arde -Está... ¡está buenísimo! El mejor tequila que he probado nunca, de hecho...-
Dean ríe ladeando la cabeza -Debe ser la primera vez que pruebes el tequila entonces, porque entre Dennis y yo estamos acabándonos la botella del tequila más repugnante que hemos probado jamás.- Él y el otro hombre ríen, abochornando a la chica. Dean se da cuenta y suspira sin perder la sonrisa .Oye, Texas, no te preocupes. Me encanta esa inocencia tuya, te hace tremendamente interesante.- Una chica de pelo largo y oscuro y ondulado se baja de la barra con agilidad y camina hacia Dean y Ana. El jefe del local habla advirtiendo a Ana, mirando de fijo a la mujer que viene -Es Kate, el cerebro de las coyotes y copropietaria del local. Es bastante autoritaria, pero es un cielo...- La chica, vestida con unos vaqueros escandalosamente ajustados y una camiseta de tirantes negra igualmente ajustada y cortada por muy encima del ombligo, se acerca a Ana y habla completamente seria -¿Eres la nueva?-
Ana asiente, sin ser capaz de mantenerle la mirada en los ojos durante mucho tiempo a causa de lo intimidada que se siente. Aunque parece tener unos cuantos años más que ella, esa tal... Kate es insultantemente guapa. Tiene el pelo marrón oscuro y los ojos muy azules; los labios carnosos y la tez morena. Por no hablar de su cuerpo. Su cintura es estrecha y sus pechos exageradamente grandes, lo cual hace a Ana darse cuenta de que esa mujer tiene el dinero suficiente como para haberse operado y no precisamente una sola vez.
-Ya me han hablado de ti.- En su cara se adivina una mueca que pretende ser una sonrisa de medio lado. No, definitivamente no le gustan las caras nuevas -Bien, Texas, vas a empezar hoy. Pero no así.- La agarra de la mano y la lleva consigo dentro del local, a la cocina. Chasquea la lengua y la mira de arriba a abajo -Quítate esa chaqueta vaquera...-
Ana se mira de arriba abajo y obedece enseguida. Se quita el chaleco y lo cuelga en una silla para después quedarse mirando a Kate, que examina cada milímetro de su cuerpo con los ojos entrecerrados.
La chica de rasgos marcados y ojos tremendamente azules agarra unas tijeras y empieza a cortarle la camiseta blanca a la misma altura que Kate tiene la suya. Habla mientras sigue cortando, bajo la mirada de una sorprendidísima Annie -No soy partidaria de los desnudos en público, y jamás hacemos ese tipo de cosas, pero tampoco te vistas como una niña de quince años.- Alza la vista a sus ojos por un momento -Si tienes un cuerpo bonito, no lo escondas, y tampoco lo enseñes del todo. La clave está en dejar que lo intuyan, Texas.- “Al final tendré que acostumbrarme al mote…” Kate suspira, tirando al suelo un trozo de tela blanca -¿Sabes bailar?-
Ana se mira reflejada en chapa metálica de la cocina y no puede evitar hacer una mueca de sorpresa. Está maravillada. Maravillada pero a su vez extrañada y avergonzada. Nunca jamás se había vestido así y mucho menos para salir a bailar delante de decenas de borrachos que tendrán las intenciones más oscuras con ellas. Si su madre la viese ahora mismo está segura de que le cruzaría la cara y le mandaría quitarse eso de una vez, pues no es nada propio de una chica tranquila y tímida como ella. Saliendo de su imaginación por un momento, la chica de ojos verdes sacude la cabeza y mira a Kate, hablando con timidez –No. Bueno, al menos ésto no...-
La chica de rasgos profundos pone los ojos en blanco, resopla casi silenciosamente y coloca los brazos en jarras -Aprenderás, te lo aseguro.- Mantiene la mirada puesta en sus ojos por unos segundos y luego vuelve a hablar- No sabes bailar, no tienes pinta de haber servido chupitos en la vida... ¿Quién demonios te ha traído aquí?-
Se rasca el brazo, hablando en un murmullo con la mirada en el suelo, avergonzada, sintiéndose realmente incómoda con la situación y consigo misma -Brian....-
La cara seria de Kate cambia cuando ríe por lo bajo, sacudiendo la cabeza –Brian. Debí imaginarlo...- Suspira, chasquea la lengua y habla con algo más de comprensión -Sé que ahora mismo estarás pensando que es una locura, pero probablemente acabe gustándote en cuanto cojas confianza con la barra.- Se encoge de hombros
-Después es probable que no quieras ni separarte de ella. Vas a salir ahí fuera conmigo, a subirte a la barra y a empezar la primera de tus noches como coyote.- Habla de una manera que recuerda a la de una madre resentida, como si hubiera alguna simpatía latente debajo de esas secas palabras que dice con una media sonrisa que tranquiliza a Annie -Y cuando vea qué sabes hacer y lo haces bien, probablemente te dé la bienvenida a nuestra pequeña y muy selecta manada...-
Ahora Ana tiene la mirada clavada en la de Kate, y ésta igualmente la mantiene en los ojos de Annie. La chica asiente con una media sonrisa, pareciendo mucho más tranquila, como si por un momento todos sus nervios y sus miedos hubiesen desaparecido, como si Kate hubiese conseguido que se olvidase de todo y, con solo mirarla, le hubiera transmitido toda la calma que necesitaba. La chica de ojos verdes habla en un murmullo, sonando bastante segura de lo que dice, mientras a través de las paredes del local puede oírse cómo en el bar resuena 'GirlsGirlsGirls!' de Mötley Crüe acompañada de fondo de los gritos y silbidos de los hombres que seguro ahora están disfrutando del espectáculo con las chicas bailando y contoneándose en la barra -Vamos. La gente está esperando y no quiero que tengan que hacerlo en mi primera noche aquí…-
Kate asiente y camina delante de ella, hablando con su habitual frialdad y su cuerpo imponente -Así se habla, novata.- Brian está sentado en uno de los sillones del fondo del bar, rodeado de chicas y de chicos que parecen ser amigos suyos y bebiéndose un Martini helado cuando ve a Kate volver a subirse a la barra con Annie, y le hace un gesto a Dean para que baje algo la música. Alza la voz luciendo su impresionante tipo y pronuncia sus palabras con una de esas sonrisas que derriten el hielo de las copas -Ésto no suele pasar muy a menudo, pero ésta noche damos la bienvenida a una nueva coyote. Ella es Annie, y llegó a los Ángeles desde Texas hace sólo un par de días.- Un par de chicas la miran con unas sonrisas amplias y sinceras subidas a la barra también. Una de ellas es pelirroja, y la otra rubia platino, y parecen bastante más amigables que Kate, que sigue hablando -Así que levantad esos vasos porque vamos a brindar por Annie, por Texas y por todos nosotros. Vamos a enseñarle a nuestra nueva chica de qué estamos hechos en el Red Dingo...-
Ana sonríe ampliamente bajo el griterío general y una de las chicas que serán sus compañeras le entrega una jarra de cerveza que la chica de ojos verdes coge, aunque algo extrañada. La otra, una chica pelirroja de ojos verdes, hace un gesto con la mano para quitarle importancia y habla sin borrar su adorable sonrisa, hablando en un susurro -Es para que brindes, no tienes que bebértela si no quieres, es asquerosa...- Ríe por lo bajo, contagiándole la risa a Annie, que le dedica una mirada rápida a Brian. Una mirada a la que él responde con una sonrisa y un leve gesto de asentimiento, como aportándole toda la confianza que ella necesita ahora mismo. La chica imita su gesto y después desvía su mirada hacia Kate, que ahora, junto al resto del bar, alza su copa y le da algunos tragos mientras todos aplauden y gritan halagos hacia la chica nueva que seguro, esperan, será otra de las joyas del local.
Matt tiene la mirada fija en la barra, observando con curiosidad a la recién llegada. Brian le mira con una ceja enarcada y una sonrisa comprometedora, le pega un trago a su copa y habla, llamando la atención del chico de ojos verdes -No me dirás que no es un buen fichaje. Ya tendrías que tener ganas de verla, después de lo mucho que te he hablado de ella....
Matt asiente dejando que una media sonrisa de pura malicia se dibuje en sus labios mientras continúa con la mirada clavada en Ana, que ahora habla con Kate, instruyéndose sobre las normas básicas del local y de cómo tendrá que comportarse mientras esté allí. Sanders le devuelve la mirada a su amigo y habla con la misma sonrisa, agarrando su chupito de tequila y vaciándoselo de un trago cuando termina de hablar -Una preciosidad. Admito que has tenido buen gusto esta vez…-
Resopla con desprecio bien fingido y reprime una sonrisa -¿Ésta vez? Matt, por el amor del cielo, yo siempre tengo buen gusto...- Una chica con media melena negra como el carbón, pálida, de ojos color miel y perfilados felinamente en color negro, con los labios escandalosamente rojos, pasa por delante de los sillones propinándole una mirada provocadora a Brian. Éste prefiere bajar la mirada y proferir un resoplido discreto bajo la mirada de su amigo, que sabe todo lo que pasa. Cuando ve a Cynthia, no puede evitar recordar la ida de Jinny, y su estúpida manera de estropear las cosas. Murmura, dejando que solo sea Matt el que le escuche, refiriéndose a la chica que también él conoce y que se ha convertido en la imagen de culpabilidad para el chico de ojos oscuros. -¿Sabes que es la sobrina de Dean...?-
Sanders abre los ojos como platos y mira a su amigo con la misma expresión facial que si hubiese visto un fantasma -¡¿Qué?!- Resopla y baja el tono de voz cuando se da cuenta de que ha llamado la atención de algunos ajenos del bar, que en cuanto ven que Shadows baja la voz, apartan su atención de él para volver a centrarse en sus cosas -Joder tío, te enredas con las peores…-
-El parentesco no entraba dentro de mis planes, pero es lo que hay.- Se encoge de hombros como excusándose, y le pega otro trago a la copa con la mirada en la barra. Ana parece estar soltándose ahí arriba. Está preciosa, sonríe, sirve chupitos riendo nerviosamente y se coloca continuamente un mechón de pelo tras la oreja, como suele hacer cuando los nervios se la están comiendo por dentro, a pesar de que poco a poco, empiezan a desaparecer.
Unos amigos de Brian y Matt enseguida se encuentran con ellos y se sientan a conversar. La conversación se alarga y pasados un par de horas más o menos, los dos chicos junto con Max y Bob están sentados frente a la barra, mirando a las chicas y comentando lo geniales y hermosas que les parecen. Pero de pronto algo descoloca al chico de ojos oscuros cuando al lanzar un vistazo a la barra no se encuentra con Ana. La busca con la mirada por todos lados y de pronto ve como un chico sale rápidamente de baño, como si algo lo hubiese ahuyentado. No parece darle mucha importancia hasta que segundos después y entre el griterío de la gente puede oír un grito de una chica. Desgraciadamente, sabe perfectamente de qué chica es. Es increíble porque no puede oír al que tiene al lado pero sí a una persona que está a bastantes metros de él y metida en otra sala. Tal vez sea casualidad, o tal vez es porque es ella... Pone la copa en la mesa y se levanta sin decir nada, desapareciendo con tanta rapidez entre el gentío que a sus acompañantes les resulta imposible siquiera preguntarle a dónde va. Gates se hace paso entre la gente, directo al baño de donde ha visto salir a aquel chico con tanta prisa. Cuando entra, al fondo, puede ver a un chico de espaldas que tiene a Ana contra la pared y la toquetea mientras ella trata de zafarse. Cuando escucha un "Vamos, gatita, ¿por qué no bailas para mí aquí dentro...?", ya se ve a sí mismo corriendo hacia la escena, sintiendo que le hierve la sangre y que la cordura se le va por entre los dedos. Agarra del pelo al chico y lo lleva de cara contra la pared, al lado de Ana, apretándole lo suficientemente fuerte para hacerle mucho daño. La chica de ojos verdes le mira asustada, con una mano en el pecho que le sube y le baja como loco debido a lo agitado de su respiración. Cuando Brian tira de él hacia atrás, lo echa al suelo y empieza a pegarle patadas con puro salvajismo, Annie ya no sabe cómo reaccionar. Cuando el chico en cuestión está hecho un ovillo en el suelo con la nariz sangrando y una ceja y el labio partidos, Brian lo agarra por el cuello de la camiseta y habla lleno de rabia, en un susurro amenazador. Por lo que todos los que se han agolpado en la puerta pueden llegar a ver, el legendario camarero del Red Dingo ya conoce al chico que ahora le mira suplicante pidiendo que no le pegue más -Nuestras chicas no son fulanas, Jamie, el cartel en la entrada queda bien claro que son intocables, ¿entiendes...?-
Charlotte, la coyote pelirroja, corre hacia el baño seguida por Kate, y se abren paso apartando a la gente a empujones. Cuando entran rápidamente corre hacia los chicos que están peleándose y, con la ayuda de Dean, que acaba de entrar, logran separarlos. Kate, a regañadientes, se lleva al originario de la pelea fuera del baño y Dean se lleva a Gates contra la pared mientras le dice frases tranquilizadoras. El chico de ojos oscuros está completamente fuera de sí y ahora, apoyado contra la pared y con la respiración desbocada, resopla profundamente y mira a Ana, que está cerca de Charlotte mientras esta trata de tranquilizarla. Enseguida, Karina, la chica rubia empieza a sacar a la gente del baño y en poco tiempo el bar recobra la normalidad, aunque a la mayoría les será difícil olvidar este susto. Dean resopla y clava su mirada en Brian -Eh tío, escucha, tranquilízate, ¿vale? No ha pasado nada. Vamos, cálmate…-
Él alza la voz, llevándose las manos a la cabeza -¿Que no ha pasado nada?- Resopla -No me jodas, ¡Dean, a saber qué le hubiera pasado a Ana de no haber entrado a tiempo. ¡Ni siquiera sé por qué dejáis que Jamie siga entrando a éste puto local...!-
Dean resopla desesperado y se lleva una mano al pelo, hablando agobiado. No le gustan esas peleas, no dejan al bar en muy buen lugar, y la verdad es que necesitan el dinero....-Escucha, Brian. Coge tus cosas y vete a casa, ¿de acuerdo? Mañana cuando vengas hablaremos más tranquilamente pero ahora vete. Estás muy alterado y no tengo tiempo para estas cosas ahora. No te preocupes, no te lo descontaré del sueldo, pero vete, necesitas recomponerte...- Mira a Ana- Annie, tú por supuesto, cielo, ve con él. Vete a casa y relájate...- Le acaricia la mejilla en un gesto de lo más protector -No te asustes, no ha pasado nada, estaba borracho, nada más...- Sonríe de medio lado tranquilizador -Lo has hecho muy bien en tu primer día, por cierto. Solo he recibido críticas buenas…-
Ana sonríe leve, infinitamente tímida, aún con el susto en lo más profundo de su ser. Brian resopla y cruza la estancia rápido y en silencio, y Ana camina tras él. El chico de ojos oscuros se acerca a Matt, que ha estado también agolpado entre el gentío, y le pega una palmada en la espalda con una mano cuyos nudillos ahora están llenos de heridas -Me llevo tu coche, creo que voy a llevar a Ana a casa. Ya ha tenido suficiente por hoy...-
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