[Ana sonríe leve, infinitamente tímida, aún con el susto en lo más profundo de su ser. Brian resopla y cruza la estancia rápido y en silencio, y Ana camina tras él. El chico de ojos oscuros se acerca a Matt, que ha estado también agolpado entre el gentío, y le pega una palmada en la espalda con una mano cuyos nudillos ahora están llenos de heridas -Me llevo tu coche, creo que voy a llevar a Ana a casa. Ya ha tenido suficiente por hoy...-]
Matt asiente, suspira y le acaricia el pelo a Annie de la que ésta pasa por su lado de camino a la puerta, mirándola con lástima. Mira a su amigo, bajando el tono de voz -Está bien, yo voy a tomarme un par de copas más y me iré a casa enseguida así que nos vemos allí...-
Asiente y camina junto a Ana hacia la puerta. Cuando se montan en el coche y cierran las puertas, ninguno de los dos ha dicho nada aún. Brian agarra el volante, cierra los ojos y respira hondo, tratando de recobrar la tranquilidad que parece esconderse de él en ese momento. Quizás no debería haberla traído al Red Dingo, pero era esa oportunidad para Annie, o ninguna...
El camino se hace silenciosamente y cuando se dan cuenta están alejándose de la calle de Ana. Bastante. De hecho están alejándose del centro de la ciudad y han enfilado una carretera desconocida para la chica de ojos verdes. Gates conduce con la mirada fija en la carretera pero aparentando estar ausente. No sabe a dónde va, solo sabe que quiere alejarla de todos los miedos que puedan asaltarla, y es consciente de que está muy asustada. Annie, de hecho, ni siquiera pregunta hacia dónde se dirige. No se siente insegura, no le da miedo.
Recorren carreteras secundarias, se adentran en caminos de tierra y después, se ve conduciendo en medio de lo que, debido a su belleza y a la vegetación y un par de lagos que quedan a la derecha del camino, bien podría tratarse de una reserva natural. Sabe a dónde va: A su sitio favorito de toda California. Nunca jamás ha llevado a alguien con él al que considera su rincón secreto, pero visto lo visto cree que se puede permitir una excepción, y su excepción tiene los ojos verdes y toda su curiosidad y su confusión fijas en el paisaje que atraviesan. Cuando tira del freno de mano y todo queda en una quietud total, la mira y susurra, como si no quisiera romper la tranquilidad del entorno -Baja. Voy a enseñarte algo.-
Ana suspira profundamente y abre la puerta del coche, saliendo ella después. No sabe muy bien por qué pero pese a que se supone que debería estar asustada, no lo está en absoluto. Es más, el chico de ojos oscuros, extrañamente le inspira una tranquilidad que a simple vista no le había aportado nunca. Está tranquila, mucho más que cuando salió del bar. Además, el paisaje que los rodea es aún más misterioso, pero por ello más tranquilizador. El cielo, oscuro y estrellado, los cubre. Los árboles se alzan a ambos lados del camino, rodeando un hermoso lago de aguas que ahora reflejan la luz de la luna que brilla frente a ellos. Annie mira a Brian en silencio, expectante. Echa a andar con las manos en los bolsillos y ella se apresura a ir a su lado. Solo necesitan avanzar unos metros para descubrir la escena más bella que Ana jamás ha visto nunca. Desde la colina en la que están, se contempla toda la ciudad en su máximo esplendor. Las luces bailan y brillan como un espectáculo de estrellas artificiales de colores. Neones, faros de coches, farolas, luces de las habitaciones de todos y cada uno de los edificios de Los Ángeles se reflejan en los ojos oscuros de Brian Haner, que parece haber encontrado la tranquilidad de golpe. Solo suenan los grillos, la brisa templada de otra noche de verano agitando las ramas suavemente y meciendo la hierba, una orquesta más que suficiente para un momento como ese. El chico habla por primera vez en un largo rato, y lo hace en un murmullo, con una media sonrisa casi imperceptible y con la mirada clavada en la ciudad de Los Ángeles -Dime que no es lo más bonito que has visto jamás, y sabré que estás mintiendo...-
Ana permanece con la mirada clavada en la ciudad. Está impactada. Realmente impactada. Y de pronto parece que todos sus miedos y preocupaciones se han desvanecido. La brisa que ahora mece las ramas de los árboles trae los sonidos de los cláxones de los coches que ahora se agolpan en cada semáforo de cada calle. Coches llenos de gente que desea volver a su casa a descansar y, mientras esa gente espera impacientemente a que el semáforo se ponga en verde, ella está allí arriba. En el lugar que es probablemente el más hermoso del mundo, respirando aire fresco, sintiendo el viento que hace ondear su larga melena oscura, dejando que las luces de Los Ángeles se le reflejen en los ojos y permitiendo que la hagan parecer aún más hermosa de lo que ya es. A causa de la iluminación, su rostro parece oscurecerse, haciendo que sus labios rosados y carnosos y sus ojos claros y protegidos por unas pestañas largas y oscuras resalten aún más -Es... es hermoso- Susurra.
Gates asiente en silencio, y para cuando ella le mira durante un segundo, se está encendiendo un cigarrillo. Le ve fumar bastante a menudo, desde luego. Habla en un tono de voz bajo, sin cambiar su mirada de sitio, liberando el espeso humo blanco con sus palabras -Descubrí éste sitio de la manera más curiosa. Robé en una tienda de las afueras hace algunos años. Un par de paquetes de tabaco y tres cartones de leche. Los metí en la mochila que llevaba a la espalda y eché a correr, pero no contaba con que un par de chicos que trabajaban en la tienda iban a seguirme. Ellos iban en bici, y yo corriendo.- Ríe por lo bajo con nostalgia -Mi huida acabó aquí, y digo que acabó porque aquí fue donde me alcanzaron después de despistarlos mil veces.- Suspira con una media sonrisa -No me dirás que no peleé por esos cigarrillos y esa leche que acabaron quitándome antes de darme una paliza. Luego me encontré tirado en la hierba con la boca llena de ese sabor asqueroso y metálico de la sangre y pensé, "bueno, al menos las vistas no están nada mal".- Ríe sin ganas -Ni siquiera me defendí. A pesar de lo que puedas pensar ahora mismo, no soy una persona agresiva. Y tampoco soy un ladrón, pero por aquel tiempo...- La mira y le guiña un ojo sin borrar una sonrisa nostálgica -Yo no tenía a nadie que me prestara dinero para no tener que comer en un comedor social...-
Ana sonríe y baja la mirada, algo abrumada por la realidad de sus palabras. Se coloca un mechón de pelo tras la oreja y habla en un murmullo, con la mirada clavada en las luces de la ciudad para después, sin que él se lo espere, clavar sus verdes ojos en los finísimos rasgos de Gates. -Aunque... aunque no haya sido el mejor comienzo de todos, muchas gracias. Necesito el dinero y además eso de ser coyote no está tan mal...- Sonríe de medio lado –Y bueno…- Suspira y baja la mirada, borrando la sonrisa poco a poco -Gracias por lo de antes…-
Él frunce el ceño, sacude la cabeza y suspira -Qué va. No me las des. Me gustaría que tu primer día hubiera empezado con un poco más de suerte.- Chasquea la lengua -Éstas cosas pasan, porque no podemos controlarlas, pero pasan poco. Kate, Charlotte y Karina saben defenderse bien.- Habla caminando hacia el coche y sentándose en el capó, mirando a Annie mientras avanza hacia él con paso lento, escuchándole
-¿Recuerdas lo que te dije sobre que la ciudad era como una jungla?- Le pega otra calada al cigarrillo, sin quitar ahora la mirada de Annie -Pues aunque ya no seas una "exploradora solitaria", aunque contaras con la mejor compañía del mundo, no estás a salvo. Tienes que convertirte en una chica fuerte aquí, Annie, no puedes dejar que te ataque ninguno de esos leones de los que hablamos, porque no siempre habrá gente ahí para echarte una mano...-
Ana suspira y cuando se ha acercado lo suficiente al coche, se sienta en el capó, a su lado. Rodea el lugar con la mirada y ambos se quedan un buen rato en silencio hasta que después la chica de ojos verdes decide tumbarse, apoyando su espalda en la luna delantera, con la mirada clavada en el cielo estrellado y oscuro. Deja que una leve y casi imperceptible sonrisa se dibuje en sus labios, maravillada, y habla en un susurro, sin mirarle -¿Sueles traer a muchas chicas aquí...?- Chasquea la lengua y sacude la cabeza rápidamente. ''Ana, por Dios, ¿Qué más te da...?'' -Quiero decir, que si... más gente a parte de ti conoce este sitio.-
Aún sentado en el borde, Brian esboza una sonrisa que ella no llega a ver desde su posición. Se sienta a su lado y sigue la dirección de su mirada para después contestar en un susurro -No he traído a nadie antes aquí. Eres la primera persona que ha venido conmigo a éste sitio. Y...- Se encoge de hombros, apurando el cigarrillo y apagándolo contra el lateral del coche -La verdad, no creo que mucha gente sepa que existe ésta parte de la colina. Y me alegro...-
Annie sonríe, en silencio de nuevo. No es un silencio incómodo, en absoluto. Es un silencio que ambos aprovechan para relajarse, para cerrar los ojos y desconectar de todo, escuchando el cantar de los grillos, la suave brisa que balancea las ramas de los árboles y el chapoteo de las ranas cuando saltan al lago. Frente a ellos, en los enormes rascacielos que se alzan y que casi parecen no tener fin, las luces de algunos pisos empiezan a apagarse, haciendo suponer que son habitaciones y que la gente que las ocupa se va a dormir. Ana permanece con los ojos cerrados, respirando profunda y lentamente, sintiendo el calor de Brian tumbado a su lado, su compañía, su olor, oyendo su respiración.
Sin abrir los ojos, él pregunta algo que hace que Annie sí abra los suyos para clavarlos en el frente -¿Por qué tu novio no está aquí contigo, en la ciudad?- Chasquea la lengua y resopla, mirándola de fijo, ahora nervioso. Habla sin darle tiempo a contestar, arrepentido por la pregunta –No, disculpa. ¿Sabes? Tendrá sus razones de peso. Menuda idiotez, no quería... No quería ofenderte ni nada parecido...-
Ana sonríe levemente y sacude la cabeza. Habla en el mismo tono de voz, recuperándose del sobresalto que le provocó la pregunta -No, no, tranquilo, no es nada. Bueno- Suspira -él... no está aquí por razones de trabajo. Y bueno, aunque yo se lo hubiese pedido sé que él no habría venido, y menos después de lo mal que estuvimos los últimos días antes de venirme…-
Él asiente, quedándose con la mirada fija en el frente y los pensamientos dispersos. Siente que no es nadie para preguntar absolutamente nada de su vida. No está en posición para hacerlo, y no lo hará, a pesar de que en todas sus conversaciones se queda con ganas de saber un poco más de ella y de su vida. Siente el móvil vibrando en el bolsillo de sus vaqueros, pero cogerlo, ver que quien llama es Cynthia y colgar la llamada sin responder es todo uno. Pone los ojos en blanco disimuladamente y devuelve el móvil a su sitio. Quizás debería hablar con ella, hablar con tacto y delicadeza recordando que es la sobrina de su jefe. Y otra vez Jinny asalta su memoria...
Cuando se da cuenta, Annie le mira fijamente con sus enormes ojos verdes alerta y una media sonrisa de pura curiosidad dibujada en los labios. Habla en un susurro, sin apartarle la mirada de los ojos -¿Y qué hay de ti...? Eres un chico bastante misterioso…
-¿Lo soy?- Sonríe casi de una manera invisible y la mira de fijo, con la espalda apoyada en la luna del coche-Soy un tío de veintitrés años que trabaja como camarero y comparte piso con otro tío más y una perra pequeña y ruidosa que se come la alfombra y las cortinas.- Baja la mirada y suaviza su sonrisa, sin borrarla -¿Dónde está lo misterioso, Annie…?-
Ella se encoge de hombros, sin borrar la sonrisa ni apartarle la mirada -No lo sé. Hay... Hay algo en ti que me dice que eres una persona que se guarda muchas cosas para sí misma...- Ríe por lo bajo y sacude la cabeza -estoy acostumbrada a lidiar con ese tipo de gente...-
Brian sonríe y ladea la cabeza, mirándola de nuevo con sus ojos ahora más oscuros que nunca -Bueno, en eso no te equivocas. Suelo guardarme para mí todo lo que creo que importa o interesa poco.- Ríe sin ganas -Y la mayoría de cosas que pienso al día tienen poco interés, así que...-
Suspira y de nuevo vuelve a girar la cabeza y se queda mirando al cielo. Cierra los ojos y de nuevo vuelve ese silencio tan apaciguador. Gates la mira y suspira muy ligeramente para que ella no se dé cuenta. Devuelve la mirada a las estrellas y suspira largamente. Qué plan más extraño. Está sentado al lado de una chica que conoció hace tres días, una chica con la que no tiene ninguna posibilidad, y no le importa estar ahí con ella. Es más, le gusta. Probablemente, a ésta hora de la noche, cualquier otro sábado, estaría follándose contra cualquiera de las cuatro paredes de su habitación a la chica que hubiera conseguido hacer caer en sus redes esa noche, ella dejando que un desconocido como él juegue a su juego de falsas promesas y copas de cocktail, y él dejando que una cualquiera le gima al oído. Por alguna extraña razón, se siente mucho más lleno sentado en el capó del Mercedes 280 junto con Ana, de la que sabe más bien poco. Para él, sigue siendo una adorable desconocida, pero también entiende que es el principio de algo. De una amistad quizás, pero de una amistad fuerte. Lo siente dentro...
Ana bosteza sonoramente y ríe por lo bajo, haciendo reír a Brian también. Abre los ojos y le mira, con la mirada cansada y carita de sueño -¿Sabes? Creo que si no nos vamos ya me voy a quedar aquí dormida...-
Él se levanta del capó sin mediar palabra, solo vistiendo una sonrisa que no parece querer irse en mucho tiempo. Cuando están dentro del coche, Brian arranca y habla mientras lo hace, con la mirada fija con atención en las maniobras para volver al camino -Escucha, Ana. No me gusta tu barrio en absoluto. Cobrarás la semana que viene, y mientras no puedas cambiarte de piso... Podrías venirte al mío.- Se encoge de hombros -Hay una habitación libre allí, y es bastante más seguro que ese agujero que es tu barrio. A Matt no le importaría, y a mí tampoco. Total, en el peor de los casos sería solo una semana y media...-
Ana le mira, escandalizada. Un chico al que no conoce de nada le paga el desayuno, le da un trabajo y además le ofrece irse a vivir con él hasta que consiga dinero para un piso mejor. Increíble. Jodidamente increíble. Nunca antes se había imaginado que algo así pudiese llegar a pasar. Ni siquiera en las películas. Está muy agradecida con él, pero empieza a asustarse, empieza a tener miedo de que las intenciones de Brian sean tan oscuras como sus ojos, y por un momento la frase que su madre siempre tenía en boca se le viene a la mente: ''Nunca te fíes de un hombre, Annie. Siempre piden algo a cambio...''. Sacude la cabeza y suspira, con la mirada clavada en el frente. Antes de hablar traga saliva, algo incómoda -N..no. No es necesario, no te preocupes...-
Gates se encoge de hombros y habla con naturalidad, dándole la importancia justa, apartándose un par de mechones negros azabache de la cara -Como quieras entonces- Hay algo en él que da confianza y que la retira después. Quizás son sus ojos, o esa manera de estar tanto tiempo en silencio, pero a veces resulta inquietantemente indescifrable, como un jeroglífico de rasgos perfectos y sonrisa imperceptible. Ni siquiera parece del todo feliz en ningún momento del día. En la radio suena 'Could It Be Another Change’ de The Samples. Hace años que la escuchó la última vez, por entonces estaba solo...
Ana se apoya en la ventanilla y suspira profundamente, cerrando los ojos mientras Brian conduce por la carretera que ya ha conseguido enfilar. Para no romper la calma, baja el volumen de la radio, y es entonces cuando en voz muy baja, puede oír a Annie tararearla. Ella sigue con los ojos cerrados, y lo hace con tanta naturalidad y con una voz tan preciosa que deja patente el haber nacido con ese don, con ese talento y con esa capacidad de dejar a Gates impresionado cada vez que canta.
Está a punto de hablarle sobre el duplicado de su cinta, uno que le gustaría tener para escuchar esa versión de American Pie más a menudo, pero no se atreve a interrumpir la manera en la que la chica de ojos verdes se ha puesto a cantar. Simplemente la escucha, la escucha casi con adoración, en silencio.
Pocos minutos después, en la tranquilidad que lleva acompañándoles todo el viaje, Brian aparca en la calle de Ana, justo enfrente de su piso, pero ella no se baja. Cuando el chico de ojos oscuros se da cuenta, Annie se ha quedado dormida con la cabeza apoyada en la ventanilla. Su rostro angelical tiene un aspecto tan sereno y feliz que sería una verdadera pena despertarla.
Le acaricia el brazo y sisea tratando de llamar su atención. La agita suavemente y le habla en un susurro cuando abre los ojos. Por supuesto que se la llevaría consigo, aunque solo fuera por no dejarla sola en ese bloque de mala muerte. Por el amor de Dios, aún no se explica cómo no le ha pasado algo peor que un robo...
-Annie, hemos llegado. Estás en casa...-
Ana abre los ojos despacio y parpadea unas cuantas veces antes de ubicarse de nuevo. Suspira profundamente mientras se estira y después bosteza. Mira a Brian con una sonrisa cansada y adorable y habla con la voz pastosa -Me he quedado completamente dormida... Muchas gracias por traerme…-
Él ríe y le quita importancia con un movimiento de mano -No las merece. Ya nos veremos, Ana. Cuídate, ¿sí? Si necesitas algo, vivo en el trece de Sunset Hill.- Se encoge de hombros -No abrimos los lunes, así que supongo que te veré el martes...-
Ana asiente, abriendo la puerta del coche con una sonrisa. Antes de salir, se gira y le dedica una última mirada -Ya nos veremos, Brian.- Cruza la calle y rápidamente se mete en el portal, dedicándole una última sonrisa antes de cerrar la puerta.
Cuando el chico de pelo negro entra en casa, lo hace con el mayor sigilo. No quiere tener que enfrentarse a las preguntas de Matt, que por supuesto tendrán que ver mucho con Ana. Se da cuenta de que su maniobra en principio sigilosa no sirve de nada. Su compañero de piso está tirado en el sillón, viendo una de esas pelis bélicas malísimas, y ya se ha dado cuenta de su presencia. Gates entra en el salón y habla, desganado -Pensé que estarías lo suficientemente borracho como para no encontrarte despierto, Sanders...- Pinkly corre hacia su adorado dueño y salta a sus piernas, pidiéndole una caricia por pequeña que sea.
Matt ríe y suspira, sin apartar la mirada del televisor -Qué va. No vas a tener esa suerte…- Bosteza y se estira, mirándole mientras Brian está agachado en el suelo, haciéndole caricias a su perra ¿-Qué tal tú? Has tardado mucho como para solamente haberla llevado a casa, ¿sabes? dos horas concretamente...- Ríe.
El chico de ojos oscuros suspira, sentado en la moqueta, acariciándole el hocico a Pinkly, que ahora juega tratando de morderle la mano -En realidad hemos ido a dar un paseo con el coche. Los dos estábamos muy nerviosos, Matt. Lo de ésta noche ha sido una mierda, y ambos queríamos desconectar, sin más. Hemos estado en aquella colina de la que te hablé, hablando de cosas.- Sonríe, recordando la conversación sentados encima del coche.
Shadows arquea una ceja y habla con una sonrisa cargada de malicia. -Seguro que cuando llegasteis a la colina le dijiste cuatro de tus tonterías y cayó como una más de las que te traes a casa cada sábado para que después hayas terminado tirándotela contra el capó de MI coche, ¿Verdad?- Ríe, sacudiendo la cabeza.
La sonrisa de Brian se borra de golpe, y frunce el ceño. Para de acariciar a Pinkly y mira de fijo a Matt, realmente molesto y hostil -Escucha, Matt. Esa chica no es ninguna cualquiera, no es ninguna guarra y no te voy a consentir que hables de ella como si lo fuera. No es a lo que estoy acostumbrado ni a lo que te tengo acostumbrado, pero lo que estoy haciendo con ella lo estoy haciendo porque me da la gana y porque quiero ayudarla con su vida aquí. Si quisiera llenar la cama, la llenaría con alguien mucho más fácil. No te equivoques con Ana... Además, yo he cambiado. Por completo. Creo.-
Clava sus ojos verdes en él y arquea las cejas, manteniéndole la mirada con una media sonrisa de pura sorpresa -Vaya, estoy realmente sorprendido, de veras. ¿A qué se debe tanto interés por esa chica? Esta noche en el bar parecía que en cualquier momento ibas a explotar. Cuando te vi levantarte de la barra y echar a correr hacia el baño parecías un lobo centrado en su presa, centrado en matar a un corderillo inocente...-
Su compañero de piso baja la mirada hacia el animalito blanco de nuevo -Y me he quedado con ganas de morderle el cuello a ese pedazo de basura.- Resopla -Cuando he llegado tenía a Annie contra la pared, y estaba manoseándola como el desgraciado baboso que siempre ha sido. No es la primera vez que Jamie hace algo así, así que, o Dean le prohíbe la entrada, o yo mismo me encargo de partirle las piernas la próxima vez que entre al Dingo.- Se frota la cara con desesperación y mira a Matt -Tío, soy la primera persona que ha conocido aquí. Me siento con cierta responsabilidad de protegerla. Se supone que eso debería hacerlo su novio, pero ese tío debe ser idiota para dejar venir sola a su chica a una ciudad nueva, sin nada más que una guitarra y unos pocos ahorros que ya le han robado en su piso de Southcentral...-
Matt suspira y asiente, desviando su mirada a la televisión de nuevo -Bueno, si todo eso es cierto, la verdad es que ese tío no está en sus trece precisamente...- Chasquea la lengua -Quiero decir, Ana es muy guapa. Es una preciosidad y además es adorable. Y joder, tiene un cuerpo increíble. Es... es como un filete de carne jugosa y fresca en medio de una jaula de leones, ¿entiendes? Una chica como ella no debería estar aquí y mucho menos sola. No sé cómo a ese tío se le ha ocurrido dejar que se viniera. Desde luego, si por mi fuese, o me vengo con ella o ella no viene, lo tengo claro...- Suspira -pero bueno, ya irá conociendo gente y ya no tendrás que protegerla tanto, no te preocupes. ¿Sabes? Me hace gracia porque tengo la sensación de que esa chica es capaz de sacar ese instinto paternal que nunca antes has tenido...- Ríe.
Brian resopla, levantándose del suelo -Ella simplemente es... Es mi amiga. Sin más. Me alegro de que esté empezando una vida nueva aquí, que le haya gustado la experiencia coyote a pesar de todo, que esté contenta con su trabajo y que dentro de poco se mude a un sitio más seguro.- Se sienta en el sillón, más bien dejándose caer en él como si estuviera derrumbado -Y yo... Yo estoy bien. Debería dejar de pensar tanto en ella y volver a pensar mucho más en mí, en lo que quiero y en lo que necesito...-
Shadows asiente y le mira, clavando sus ojos claros en él mientras Gates mira la tele, como intentando inhibirse, como si intentase salir de su propio cuerpo, pensando en nada y en nadie -¿Y qué es lo que quieres y lo que necesitas...?-
Él se encoge de hombros, sin apartar la mirada de la pantalla. "Una chica que te haga olvidar a esa otra que no llegarás a alcanzar nunca" -No lo sé...- Se levanta y se estira la camiseta, nervioso -Ahora mismo, una ducha caliente y dormir, dormir hasta que me duela el cuerpo, hasta despertarme solo porque ya no puedo dormir más. Por ejemplo, eso...-
Matt ríe por lo bajo y asiente irónicamente, hablando sin apartar la mirada de la televisión -Sí, sí, dormir hasta que no puedas dormir más o hasta que te entre hambre a las dos de la tarde y no tengas comida hecha…-
Se gira hacia él tras haber caminado hasta el principio del pasillo, diciendo algo que incomoda a Matt -¿Y tú qué? Nunca me ha gustado ser brusco con éste tema, pero hace un año de lo de Joan y tú... Tú pareces estar igual que siempre, tío, sin querer rehacer nada de nada. Supéralo.- Resopla, bajando la mirada, sabiendo cuánto le duele a Matt hablar de su ex novia -Fue ella la que no quiso venirse aquí con nosotros, al fin y al cabo...-
El rostro habitualmente sereno y despreocupado del chico de ojos verdes se ensombrece de pronto y todo rastro de sonrisa que se dibujaba en sus labios desaparece. Suspira profundamente, deja la botella de cerveza sobre la mesita y apaga la televisión para después levantarse y estirarse la camiseta. Le dedica una mirada rápida a su amigo. Una mirada en la que se refleja el más profundo dolor y la más terrible angustia. Shadows habla en un susurro, pasando del lado de Gates y caminando hacia la habitación -Me voy a la cama. Buenas noches, tío...- Se mete en su cuarto, cerrando de un portazo.
Brian suspira profundamente y se resigna a entrar en su habitación. Sabe que cada vez que pronuncia su nombre es como reabrir la herida que le quedó a Matt después de aquellos tres años de relación. Ella era una chica de Huntington Beach, una chica formal que parecía quererlo con locura y sobre todas las cosas. El día en el que Matt le confesó que se vendría a vivir a Los Ángeles con él, Joan le dijo que todo había acabado entre ellos dos. Nunca le dio explicaciones, él le suplicó que se replanteara la decisión, le juró que no se vendría a la gran ciudad si ella se lo pedía. Ella no se replanteó ni le pidió nada, y tampoco le dio una explicación. A decir verdad, Gates juraría que su compañero de piso sigue injustamente enamorado de aquella que le dejó en la cuneta sin siquiera dar una razón de peso para ello...
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