lunes, 23 de septiembre de 2013

Capítulo 6.- El jefe Dean Cooper, "Texas" y coyotes.

[Ríe encontrando entrañable el miedo de Ana hacia su jefe, y asiente, esperando a que Amber le traiga un nuevo cartón de Marlboro, apoyado en la barra sin perder la sonrisa —A las cinco y cuarto en la puerta del bar. Te acompañaré si vas a sentirte más segura. Y no te metas en más líos por hoy, Ana...—]

Annie ríe y asiente, dándose la vuelta y ésta vez sí, saliendo del bar de camino a su casa. Gates, apoyado en la barra, la observa caminar frente a la cristalera para después ver cómo desaparece calle abajo. Amber, que mira al chico de ojos oscuros con una ceja arqueada y una media sonrisa cabrona, le tiende la cajetilla de Marlboro y pone los brazos en jarras. Si hay algo que la caracterice de verdad, es la capacidad que tiene de conocer a Brian como si fuese su propia madre —¿Y esa chica quién es...? ¿Tu novia...?—

Ríe sarcásticamente en un resoplido, encontrando irónica la pregunta de la camarera, y sacude la cabeza, desechando la idea —Qué va. Es una chica que conocí anoche. Es nueva en la ciudad, estoy... Intentando echarle una mano con todo el lío con el que se está encontrando, ya sabes.— Coge el dinero suelto que lleva en el bolsillo y que le quitó a Matt antes de salir y lo pone en el mostrador —Voy a olvidarme de las relaciones serias por un tiempo. Después nunca terminan siendo serias. Además, ahora ya sé que ésta preciosidad está comprometida.— Ríe con tristeza, bajo la mirada maternal de la camarera —Las mujeres sois una bendita maldición. Y recalco lo de maldición, Amber...—

La entrañable mujer ríe por lo bajo y se inclina sobre la barra, apoyando el codo sobre ella y la cabeza sobre su mano, mirando al chico de ojos oscuros con una sonrisa tierna —Pero sientes algo por ella, ¿verdad? Lo he visto en tus ojos. Lo he visto en cuanto entraste por esa puerta y te diste cuenta de que ella estaba aquí. Lo he visto incluso a través de esas dichosas gafas de sol... —Estira las manos hacia él y se las quita con cuidado, dejándolas a su lado, sobre la barra —Haz el favor de quitártelas, tienes unos ojos preciosos, tesoro. No tienes que cubrirlos con unas gafas tan feas...—

Baja sus ahora descubiertos ojos oscuros y habla con una de sus sonrisas de eterna travesura, diciendo algo que hace reír a la camarera —Yo ya había desayunado, Amber, lo hice hace menos de una hora. Ese café era una excusa para entrar después de haber visto que ella estaba aquí dentro.— Pone los ojos en blanco y ríe, sacudiendo la cabeza con la mirada fija en los cálidos ojos azules de Amber —Ahora soy un idiota con exceso de cafeína en sangre y un plan de tarde para conseguirle trabajo a la chica con novio por la que no pude dormir anoche...—

Ella se parte de risa, sacude la cabeza y le revuelve el pelo de forma cariñosa —Lo que no sepa yo sobre ti...—Suspira y pasa una bayeta sobre la barra para limpiarla —Bah, su novio está en Texas por lo que os he oído decir, tu esfuérzate con ella y seguro que acabas ganándotela... Oye, que tú eres muy guapo, ¿eh? —Ríe y habla caminando hacia la cocina para desaparecer en su interior —Ay, si yo tuviese veinte años menos...—

Alza la voz para que la mujer pueda oírle, hablando entre risas —¡Te veré mañana a la hora del desayuno...!—Cruza la cafetería y sale por la puerta. Para cuando llega a casa, se encuentra a Matt hecho una furia en el salón. Su pequeña salida de veinte minutos se ha convertido en una expedición de casi dos horas, y ya casi es la hora de comer. No, ni siquiera eso va a arruinar su buen humor, qué va. Deja las llaves en la entrada y se asoma al salón poniéndole morros y hablando con un susurro incitante y simulado a Matt —Cariño, ya estoy en casa...—

Matt está tirado en el sofá con los pies sobre la mesa de café y una cerveza en la mano mientras en la tele están emitiendo un partido de los Lakers. Resopla y habla visiblemente fastidiado, sin apartar la mirada del televisor — Qué gracioso eres, Brian. No vuelvo a prestarte el coche. Avisado quedas. Y como tener tenga un solo rasguño, te juro que estás muerto.— Le mira, confuso, enarcando una ceja —¡¿Dónde coño te habías metido..?! —

Él se revuelve el pelo negrísimo, se sienta en el otro sillón y abre una de las latas de cerveza heladas que hay sobre la mesa —Tomando café en el Vintage. Con una chica— Sonríe de medio lado cabronamente, fijando su mirada en el televisor ahora que Matt tiene la suya cargada de curiosidad y fija en él —Creo que le he encontrado al Red Dingo una nueva princesa—

Su compañero de piso suelta una carcajada sarcástica —¿Con una...tía? Claro, ahora lo entiendo...— Pone los ojos en blanco —¿Qué tía? ¿La de anoche...?—

Él le mira enarcando una ceja, irónicamente escandalizado —¿Cómo lo has sabido? Últimamente te veo más listo de lo normal, Sanders.— Le pega un trago a la cerveza y suspira —Se la voy a presentar a Dean. No tiene un sólo dólar en el bolsillo, anoche le desvalijaron el piso que tiene alquilado en Southcentral, tío.— Se encoge de hombros, inocente —Necesita el trabajo, y creo que lo va a conseguir. Joder, tendrías que verla. Y que escucharla...—

Matt sonríe cabronamente de medio lado, con la mirada clavada en la televisión -No sé yo, últimamente te has vuelto demasiado caritativo... Dentro de poco te metes a monja…-

-No lo creo- Reprime una sonrisa como puede a pesar de que sólo quiere reírse -Además, yo no soy caritativo. Sólo tengo ciertos principios morales, no quiero que nadie tenga que pasar por la mierda que yo pasé en mi primer año aquí. Puedo entender cómo se siente, y es una putada...- Siente la mirada de Matt mirándole con una ceja enarcada y una media sonrisa, como si quisiera sonsacarle algo más, y le pone jodidamente nervioso a pesar de que le huye la mirada haciendo como que lee lo que pone en la etiqueta de la lata de cerveza barata que sostiene en las manos.

Shadows chasquea la lengua y asiente, desviando la mirada de nuevo hacia el televisor. Le da un profundo trago a su cerveza y habla con la mirada puesta en el partido -Bueno, pues nada, esperemos que las cosas le vayan bien y que cuando te declares no eche a correr…-

Gates resopla, mirándole de fijo y hablando escandalizado como un niño pequeño al que le acusan de tener novia en el colegio -¿Pero qué coño dices? Yo no voy a declararme a nadie. No pienso meterme en otra de esas relaciones asquerosas y vacías. Ni aunque fuera la mujer que más me gustara en el mundo.- Chasquea la lengua, bajando la mirada y recordando algo con nostalgia -Joder, Jinny se fue de aquí hace nada y todavía sigue pareciéndome raro que no esté... Y te lo juro, no es cinismo, sé que se fue por mi culpa y con razones de peso, pero no puedo evitar echarla de menos andando por aquí vestida con mis camisetas, esas que le quedaban enormes...-

Su compañero de piso sonríe sin mirarle, sosteniendo la cerveza entre sus manos -Vaya. ¿Quién iba a decirme que alguien como tú, que se pasa la vida de cama en cama, iba a echar de menos a una chica...? Es fascinante...

Brian habla, bajando la mirada y el tono de voz -Y eso me pasa por elegir una relación seria como hice aquella vez. No me gusta encariñarme mucho con una chica porque luego, por mucho que crea que la quiero, acabo cargándomelo todo de las maneras más sucias.- Se encoge de hombros y le pega un trago a la cerveza -El problema de comprometerte con una chica es que, su calendario pasa a ser el tuyo, sus necesidades tus deberes, y las discusiones inevitables. Dicen que si quieres de verdad a alguien, no se te hacen monótonas ni la cama ni la rutina. Yo no creo haber estado enamorado de verdad entonces- Pone los pies sobre la mesa y reclina hacia atrás la cabeza en el respaldo del sillón, cerrando los ojos -Pasarse la vida de cama en cama es lo fácil, y lo divertido. Te lo pasas bien, no hay discusiones, ni horarios, ni rutina, pero tampoco todo son ventajas. Si lo que buscas es amor, entonces ninguno de los diez mil polvos que hayas echado sirve para nada- Se encoge de hombros -Eso no te libra del vacío- Mira a Matt y dice algo que hace que el chico de ojos verdes le mire de fijo, sorprendido -¿Me creerías si te digo que a lo mejor estoy sintiendo algo de verdad? He sentido muchas cosas entre anoche y hoy, cosas que no puedo explicar fácilmente porque nunca antes las había sentido...-

Shadows frunce el ceño y clava su mirada en él, desorientado. Es cierto, jamás había oído hablar a su amigo de esa forma nunca antes. Tal vez es porque está de cafeína hasta los topes o tal vez sea porque está siendo todo lo sincero que puede y está hablando con el corazón en un puño. -¿Es por esa chica...? ¿La de anoche? Venga ya, en total habéis hablado, ¿cuánto? ¿Media hora?-

Él chasquea la lengua y deja la lata en la mesa, molesto -Pero ha sido suficiente. Vamos, Matt, anoche no pude dormir. Siento como si tuviera un hormiguero por estómago desde anoche. Tío, me he metido en esa cafetería porque la he visto a ella, me he hecho el loco sólo porque necesitaba verla, aunque no intercambiáramos una sola palabra. Resopla y se frota la cara con las manos, desesperado, bajando el tono de su voz -Por el amor de Dios, tiene los ojos más bonitos de toda California...-

Matt suspira, absorto en la televisión, realmente sin querer escuchar otra de las viejas historias de siempre que ya se conoce, que siempre acaban igual -¿Y qué si solo son unos ojos bonitos...? No la conoces de nada, puede ser una arpía como todas las demás.- Le mira, arqueando una ceja -¿Nunca has oído hablar de los ojos de gato…? Dicen que los ojos de gato hipnotizan y que muy pocas mujeres en el mundo los tienen. Tal vez sea eso. Que estás hipnotizado, machote- Ríe, apaga la tele, se levanta y le palmea el hombro, saliendo del salón con la cerveza en la mano -Voy a ducharme...-




Ana está apostada en la puerta del Red Dingo. Son las cinco y veinte de la tarde, y esté donde esté, Brian llega cinco minutos tarde. La gente cruza la acera de la calle con prisas ese sábado por la tarde, con el habitual ajetreo de la ciudad. Annie fija su mirada entonces en Brian, que viene hablando por teléfono y parece discutir acaloradamente. Nadie le dijo que si llamaba a Jinny para simplemente disculparse por lo que pasó y zanjarlo todo un poco más pacíficamente, la tranquilidad de la conversación iba a evolucionar a una discusión en toda regla. Cuelga y resopla, alzando la mirada hacia la chica, caminando hacia ella y forzando una sonrisa que por nada del mundo ahora saldría natural. Cuando está a su lado, habla mirándola con curiosidad. "Él y sus dichosas gafas de sol"

-Cambia esa carita de susto. No necesitas ponerte nerviosa, créeme...-

Ella suspira, manteniéndole la mirada con una sonrisa incómoda, de nuevo tratando de ver sus ojos más allá de las barreras que él siempre pone. De esas barreras oscuras que le impiden saber lo que siente en cada momento. Le pone nerviosa verlo tan impredecible, tan indescifrable -Verte venir hablando a voces no es que me tranquilice, Brian…-

Gates ríe sacudiendo la cabeza –No te preocupes. Consecuencias de llamar a una ex novia. De cualquier manera, hablar a voces era nuestro tono de siempre.- Le hace un gesto con la cabeza hacia la puerta, sin perder su eterna sonrisa con ella -¿Qué? ¿Entramos a ver a tu futuro jefe...?-

Annie mira la puerta, traga saliva y entra, decididamente. El local está oscuro porque la mayoría de persianas están bajadas. Decenas de cajas llenas de botellas de cerveza de vidrio tanto llenas como vacías ocupan el suelo y comporta un gran esfuerzo el avanzar por el bar. Finalmente y seguida de Brian, logran llegar hasta la zona reservada para personal. El chico de ojos oscuros la guía escaleras abajo y, mientras caminan por uno de los pasillos del sótano, al final de éste divisan una luz que se escapa de una puerta que está entreabierta. Dentro, Dean está sentado en su escritorio en su habitual silencio y aura de concentración. La mesa está llena de montones de billetes y papeles llenos de cuentas. Es otra de esas tardes de inventario que tan poco le gustan al dueño del legendario Red Dingo.

De pronto los golpes de nudillos que Brian hace en la puerta le sacan de su ensimismamiento, haciendo que resople desesperadamente. El hombre se gira con cara de pocos amigos pero cuando ve a Ana se ve obligado a, como por arte de magia, relajar la expresión de su rostro. Suspira y se acomoda en la silla, mirándolos con curiosidad -¿Y bien...? ¿Qué me traes ésta vez, Gates? ¿Es tu nueva novia...? Porque de ser así, mira que te tengo dicho que no quiero que te traigas a tus amigas al bar…- Las mejillas de Ana adoptan un pronunciado color rojizo y ésta baja la mirada, avergonzada. Dean, que la ve, se echa a reír y sacude la cabeza -Tranquila mujer, era solo una broma, te has puesto roja como un tomate...-

Gates pone una mano en la espalda de una avergonzadísima Annie lo suficientemente abajo para ponerla más nerviosa aún, y la hace avanzar hacia la mesa con una media sonrisa- Se llama Ana, y no es mi novia.- Suspira profundamente, curioseando el despacho de su jefe mientras habla -Ha llegado de Texas hace sólo un par de días, y necesita dinero de manera muy, muy urgente.- Se quita las gafas de sol, cosa que hace que Annie se vuelva por un segundo a mirarle mientras él clava su vista en los ojos azules de Dean. Enarca una ceja con una sonrisa inocente -Y no creo que vayas a tener el valor suficiente para negarle un puesto a ésta señorita en el Red Dingo...-

Dean la mira con atención y asiente, visiblemente conforme. Se levanta y, sin apartar la mirada de sus verdísimos ojos, se acerca a ella y da una vuelta a su alrededor, mirándola de arriba abajo lo cual la pone aún más nerviosa -Así que de Texas, ¿eh?- Annie asiente tímidamente y él sonríe satisfecho -Perfecto. ¿Sabes? Tienes pinta de cuidadora de niños pequeños en una guardería. Y eso a mis clientes de los sábados por la noche les encanta, querida Texas...-

Brian está apoyado en la enorme mesa de madera oscura, de brazos cruzados, mirando la escena sin parpadear. Sabe cuándo Dean se extasia con algo sólo por su forma de mirar, y ahora puede jurar que está alucinando con Annie. Gates alza la voz y dice algo que hace que la cara de la chica de ojos verdes adopte un gesto más confuso aún -¿Sabes lo que es una coyote, Ana?

Ella frunce el ceño, le mira y después mira a Dean, sacudiendo la cabeza. El hombre ríe y lanza una mirada cómplice a Brian -¿No es adorable...?- Después mira a Ana y suspira profundamente -Si de veras quieres saber lo que es ser coyote y si de veras quieres este trabajo, pásate mañana por la noche. A las ocho. Y lo descubrirás- Le guiña un ojo y mira al chico de ojos oscuros -Y no vale que le digas nada. Aunque te lo suplique. Y tampoco vale ver la película, Texas.- Ríe.

Haner alza las palmas de las manos y ríe por lo bajo -De mí no saldrá, soy una tumba.- Suspira y llama la atención de Dean, que parece querer perderse en sus ojos tanto como Brian. "Cooper, no es mi chica, pero me pone de los nervios que la mires así". -¿Quieres decir que si el sábado llega a la conclusión de que le gusta todo ésto, el puesto es suyo...?-

Dean asiente, cruzándose de brazos y apoyándose en su escritorio -Así es...- Mira a Ana y sonríe -¿Qué me dices...?- La chica sonríe tímida y nerviosamente y asiente, no muy convencida al no saber a lo que está enfrentándose, pero, qué demonios, necesita ese dinero -Por supuesto que acepto.-

El chico de ojos oscuros pega una palmada y se aparta de la mesa cargado de conformidad -Perfecto entonces.- Se gira hacia Dean con una sonrisa cargada de complicidad -Si no necesitas nada más, Texas y yo nos retiramos y te dejamos con ese coñazo de contabilidad. Pero por Dios, ¿cuándo dinero hay aquí...?- Alarga la mano hasta un fajo de billetes y antes de que pueda tocarlos, recibe un guantazo rápido y eficaz en la mano como solo un jefe puede darlos. Resopla, ríe y agita la mano en señal de dolor -Joder, Dean, podrías darme ya lo del sábado...-

-Claro que sí, Brian. Por supuesto. No he pensado en otra cosa hoy que no sea en adelantarte ese dinero…- El hombre ríe sarcásticamente y se sienta de nuevo, poniéndose con la calculadora -Ala, venga, largo de aquí, tengo mucho trabajo que hacer...-

Annie camina delante del chico de ojos oscuros. Está llena de curiosidad y de expectación, e ilusionada como una niña pequeña con las expectativas de su nuevo puesto. No sabe lo que es una coyote, pero no suena nada mal. Suena salvaje...

Mientras caminan por la calle de camino hacia el coche, Ana no deja de insistirle a Brian para que le revele lo que quiere saber, pero él simplemente ríe y se niega por todos los medios. La lleva hasta la esquina de su calle y cuando ella se baja, quedan en verse al día siguiente que será su primer día de trabajo. Cuando llega a casa Ana se prepara un bocadillo y se mete en la ducha para después irse a la cama. No ha sido un día malo. Nada malo. Al fin ya no está sola, y parece que las cosas van remontando.

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