Dicen que las amistades más épicas empiezan de las maneras más enrevesadas y absurdas, y la nuestra no es diferente.
Es aquí, en el interludio entre el capítulo 17 y 18, cuando quiero contaros una historia curiosa.
El par de chicas que escriben éste fanfic se llaman Lisa (@LisaShadows) y Ana (@AwwwGaskarth), y es la primera, una servidora, la que se ha prestado a escribir ésta entrada. Creo que todos nuestros lectores deberían conocer lo extraño y peculiar que fue el momento y el proceso por el que las dos nos conocimos a través de Internet, contando con que vivimos muy lejos la una de la otra.
El par de chicas que escriben éste fanfic se llaman Lisa (@LisaShadows) y Ana (@AwwwGaskarth), y es la primera, una servidora, la que se ha prestado a escribir ésta entrada. Creo que todos nuestros lectores deberían conocer lo extraño y peculiar que fue el momento y el proceso por el que las dos nos conocimos a través de Internet, contando con que vivimos muy lejos la una de la otra.
Todo empezó un 12 de abril de 2012 , una noche en la que Tuenti, que por entonces no daba tanto asco como ahora, estaba demasiado tranquilo. Yo, que para variar no podía dormir esa noche tampoco, andaba matando el tiempo curioseando desde mi cuenta falsa en Tuenti, de nombre "Synyster Gates Haner Jr". Esa cuenta solo la usaba para tener a mano a mis contactos más cercanos, para no tener que sufrir el cansineo constante de mi otra cuenta, la real, en la que tenía demasiado contactos.
En ese momento me llegó una petición de amistad, una como tantas otras.
"Ana Gates" me había mandado una petición bastante curiosa, de hecho. En ella solo se leía "asdfghjklñ :3", y nada más. Lo cierto es que me hizo gracia y algo me dijo que esa noche iba a tener conversación. No me equivocaba. Yo jamás había visto a esa chica antes, ni siquiera rondando por tuenti, nada en absoluto.
Ella me saludó y yo le contesté. No vamos a negarlo, pasamos la noche escribiendo idioteces sin parar, hasta que nos dieron altísimas horas de la mañana, y me preguntó mi nombre varias veces. Yo no dejaba de dar evasivas para no tener que decirle quién era, porque en realidad me puse nerviosa. Mi tuenti estaba completamente dedicado a Synyster Gates; fotos de Synyster Gates, principal de Synyster Gates... Sentía que si le decía mi nombre realmente, si le decía que era una chica y que mi nombre era Lisa, ella hubiera reaccionado riéndose, pensando que era una flipada y por supuesto, no volviendo a hablar conmigo jamás.
Tenía miedo de que eso pasara, para ser sinceros.
Me lo había pasado muy bien jugando a eso de experimentar con los asteriscos. *Le da un guantazo*-*Se lo devuelve*. La condenada parecía muy, muy creativa, además de simpática y de hacerme reír como poca gente lo hacía por entonces. No quería perder eso, simplemente no me lo podía permitir.
En una desesperada, improvisé una vida, una vida nueva. En lugar de decirle quién era en realidad le conté que me llamaba Álex, que tenía dieciocho años, que era fan de Avenged Sevenfold y que solo me había hecho esa cuenta por aburrimiento.
En un principio estuvo bien, ella se lo creyó y a mí me reconfortó que se lo creyera. Por supuesto, mi mentira se mantuvo el día siguiente, y el siguiente, y el siguiente...
Yo seguía llamándome Álex, inventándome una vida, unos padres, una historia, problemas, traumas y penas. En realidad ese personaje,"Álex", era yo misma, era mi historia pero con otros nombres, con otras caras. Supongo que no me desvié demasiado, que no conté nada disparatado ni alucinante porque, dentro de mi mentira, contarle verdades sobre mí me hacía sentir mejor.
Empezamos a escribir nuestro primer fanfic de A7x, uno que jamás copiamos. Simplemente escribíamos para nosotros, y era genial, era mágico. Las historias se torcían, cambiaban, nos hacían reír, llorar y sentirnos llenas. Para ella yo seguía siendo Álex, y ella para mí siempre fue Ana, la niña que me enseñó que era mucho más divertido escribir en pareja, ayudándonos y pasándolo el doble de bien. Yo, en mi interior, solo quería confesar, pero no tenía valor suficiente. Ya no quería seguir siendo Álex, quería ser Lisa y quería serlo para siempre, dejar de mentir. No era tan fácil. Yo ya sabía que si le decía que todo había sido una mentira desde el principio, Ana desaparecería y perdería todo eso tan especial que tenía con ella.
Mi mentira aguantó, aguantó y aguantó, pero empezaba a tener algunas grietas. Muchas cosas no encajaban en la historia de Álex. Un chico sin redes sociales más allá de ese perfil falso, sin móvil, sin fotos... La mentira se caía por sí sola, y no iba a aguantar mucho más. Ana, aunque por ese tiempo yo no lo supiera, algunos meses después de empezar a hablar a diario, ya se figuraba que no existía ningún Álex, que yo en realidad no era quien decía ser. Era obvio, yo no tenía potencial para mentir perfectamente seis horas al día de media, era imposible. La bola de nieve se hizo más y más grande, tanto que me aplastaba.
El tema llegó a quitarme el sueño, cosa que no mejoraba mis frecuentes episodios de insomnio. Lo único que podía imaginarme era ese momento en que le dijera la verdad a Ana y ella decidiera borrarme del mapa, deshacerse de una persona que más que una adolescente parecía tener un comportamiento muy extraño y cómico de trastorno de personalidad. Yo no quería perder todo lo que teníamos, todo lo que habíamos hablado, el cariño que le había cogido; pero tampoco quería seguir mintiendo.
Fui Álex desde el 12 de abril de 2012 hasta el mes de diciembre de ese mismo año. Me derrumbé, simplemente no pude más. Escribí en Twitter, en el de Lisa, algunos tweets que iban dedicados a Ana, y ella me los marcó todos como favorito. Aunque Ana ya daba claras señales de llevar un tiempo sabiendo quién era yo en realidad pero teniéndoselo callado, yo sentía que tenía que darle una explicación.
Hablé con ella y se lo confesé todo, más o menos como os lo estoy contando por aquí.
Le dije que lo sentía, que me había comportado como una completa gilipollas desde el minuto cero y que jamás debí haberle mentido así porque no se lo merecía. Le dije que escribir a diario como escribíamos, creando fanfics, historias bestiales de la nada, me había cambiado la vida, y era verdad. Nunca fui buena en nada, nunca me consideré capaz de hacer algo bien hasta que, gracias a ella, descubrí que sabía y podía escribir cosas interesantes.
Fui sincera de golpe, tan clara como pude. Yo ya no podía vivir sin escribir, y tampoco podía vivir sin hablar con Ana a diario porque ya era una rutina, porque se había convertido en alguien importante para mí y habíamos compartido demasiado. Le dije, le repetí y le remarqué que estaba en su completo derecho de borrarme de su vida. Para mí, en ese momento, el hecho de que Ana hubiera reaccionado borrándome de todos lados no hubiera sido más que un alivio, porque me sentía un monstruo, pero su reacción no fue esa.
Ella, como si no hubiera pasado nada, me dijo que ya lo sabía, que lo sabía todo. Sabía que aunque mi nombre no era real, no todo lo que le había contado eran mentiras. Aceptó mis disculpas y, lejos de quererme lejos de ella, de su vida y de su mundo, me dejó entrar en él. No me guardaba rencor, y yo no entendía por qué. Ella simplemente no me guardaba rencor y yo no era capaz de entender por qué maldita razón en éste mundo no era capaz de odiarme. Yo le había mentido desde el principio, había jugado a ser Álex desde el momento en que empezamos a hablar, y ella simplemente fue tan caritativa que pasó por alto mis nueve meses de mentiras.
Lo que nos mantuvo unidas todos esos meses en que mi mentira ya era más que clara para Ana, fueron nuestras historias. Amábamos escribir, era simple. Congeniábamos en eso y conectábamos bien, y ella no quería saber nada más, y yo agradecía que no quisiera saber nada más.
En realidad, a día de hoy, no logro entender por qué me perdonó, pero lo hizo. A lo mejor es que simplemente ya era muy tarde para arreglar eso de habernos acostumbrado a la conversación continua. Yo ya le había cogido un cariño bestial, ya no podía dejar de pensar que era una de las mejores cosas que me había pasado en la vida. Supongo que a ella no le interesaba mi nombre ni mis historias inventadas sobre un tal Álex que jamás ninguna de las dos llegamos a conocer, porque Ana supo ver muchísimo más allá de eso. Demostró un corazón tan grande o más que mi bola de mentiras, y simplemente... Me perdonó.
Ni siquiera después de eso dejamos de hablar y de escribir. A día de hoy, nada ha cambiado. Yo volví a llamarme Lisa, saqué a Álex de mi camino y del de Ana, y nos pusimos a escribir, como siempre hicimos, y yo volví a ser Brian Haner y ella volvió a ser Annie O'Donell. Pusimos a jugar a nuestros alter egos y dejamos que todo lo demás se olvidara.
Me prometí a mí misma que no iba a terminar ésta entrada ni con lágrimas en los ojos y una sonrisa idiota, ni con cursilerías del tipo, pero, como dijo el maestro Sabina, "las mejores promesas son esas que no hay que cumplir".
Que Ana irrumpiera en mi vida fue de ese tipo de cosas que solo pasan una vez. La quiero, la quiero muchísimo y algo me dice que será de ese tipo de amistades que duran para toda la vida. No sé hasta qué edad seguiremos escribiendo fanfics, pero sí sé que nos quedan muchos años de idioteces juntas. Esa condenada se ha hecho un hueco muy grande en mi vida, y la aprecio con locura. Por su culpa no creo que vaya a saber escribir sola nunca más, ya me he acostumbrado a su talento, a su compañía, a sus bromas y a su corazón enorme.
Ya no puedo vivir sin Ana, sin su alter ego ni sin nuestras historias y nuestras coñas. Aún le debo mucho por cruzarse en mi vida, creo que aún no se imagina la magnitud de lo que supuso para mí.
Ana,
Gracias por darme una oportunidad, por perdonarme aquella trastada brutal, por hacerme sentir un poquillo especial y por crear conmigo la OTP más cañera de la historia de los fanfics.
Te quiero, bichillo.
OMG. He muerto. Es definitivo. He muerto *-* Asjskdhskdhwod sois la cosa mas mona del mundo entero. Seguid asi por mucho tiempo.
ResponderEliminarPD: soy @OlaDeCalor_
Sublime.
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