[Charlie se levanta y, dejándola ahí, sale del baño, cerrando la puerta tras de sí. Sus pasos desaparecen por el pasillo y finalmente se oye otra puerta cerrarse, la cual seguramente sea la de la habitación. Tras pasarse unos cuantos minutos más llorando en el suelo, la chica de ojos verdes se levanta, destrozada y dolorida por todas partes, como si le hubiesen pegado una paliza. Se mira al espejo y al ver su aspecto rompe a llorar de nuevo, empezando incluso a temblar. Se da asco. Se da asco y no precisamente por todo lo que ha hecho con Brian. Está asqueada de sí misma por tener que estar al lado de alguien como Charlie, de un monstruo del que no es capaz de librarse. Y mientras tanto, el que probablemente es el único tío al que realmente quiere y por el que se siente realmente querida está en algún lugar de esa misma ciudad, recuperándose de sus heridas. ]
Por el amor de Dios. Brian. ¿Qué habrá sido de Brian…?
Sangre. Uno de los lavabos blancos de cerámica del baño del Red Dingo está completamente lleno de sangre, teñido de rojo por culpa de un goteo constante. Brian tiene las manos apoyadas a cada lado del lavabo, y siente su tacto frío y húmedo. Tiene los ojos cerrados, y solo Matt le acompaña dentro del baño. Kate y Dean están apostados en la puerta, mirándole con atención y con temor. Hacía tiempo que no veían una pelea como esa. El bar está completamente desalojado, y se ha hecho un silencio sepulcral. Charlotte y Karina musitan en el almacén, aún asustadas. Gates alza la mirada y se topa con sus propios ojos castaños en el espejo. Tiene la ceja derecha brutalmente partida, y probablemente la herida esté necesitando puntos. Su labio inferior no tiene mejor aspecto, a decir verdad. El contorno de su ojo izquierdo empieza a amoratarse, y no tiene muy buena pinta. En el reverso de una de sus manos tiene un corte que tampoco parece querer dejar de sangrar.
Durante el forcejeo se rompieron vasos, y cuando ambos cayeron al suelo, Brian tuvo la mala suerte de clavarse uno de los muchísimos cristales. Sus nudillos han sufrido casi tanto como los de Charlie, y puede jurar que es así por lo muchísimo que le duelen, y por la imposibilidad de mover los dedos en ese momento. Kate tiene un maletín en su mano, y parece mirar a Brian esperando una respuesta. El chico de pelo negro azabache lleva un rato negándose a recibir ayuda de la única coyote que parece manejar los primeros auxilios con soltura, creyendo que su herida dejará de sangrar enseguida, cosa que no hará. Suerte que tienen un botiquín en condiciones, con hilo, aguja, desinfectantes, pero no anestesia. Se lleva un par de dedos a la herida, resopla y cierra los ojos antes de decir algo que hace eco en el baño entero, con la voz ronca y apagada. -Kate, vamos, quiero irme a casa. Cóseme la puta herida.- Sacude la cabeza y resopla. Está cansado, derrotado y hundido. Solo quiere volver a casa y confiar en que Ana no haya sufrido absolutamente ningún daño a manos de Charlie. – Y no, Matt. No vamos a ir a Urgencias porque allí me harían un jodido interrogatorio sobre la pelea, y no me apetece ni contestar preguntas ni rellenar partes de agresión.-
Se separa del lavabo, cruza el cuarto de baño y sale pasando al lado de Kate, hablando mientras. -Vamos fuera, que hay más luz. Kate, lo harás bien.- Junta un par de mesas debajo de unos de los focos convirtiendo el bar en un quirófano improvisado, se sienta y la mira desde ahí, enarcando la ceja que no tiene destrozada. -Ven aquí, anda. Te juro que no voy a quejarme, pero procura que no te tiemble el pulso.-
Kate resopla resignada y asustada, camina hasta él y dejando el botiquín en una silla, lo abre y empieza a sacar todo lo que cree que necesita. No es que haya hecho esto muchas veces en su vida, y la verdad, hacerlo sin anestesia de ningún tipo tampoco es la idea del año. Bajo la mirada cercana de Matt y Dean, Gates se deshace de su camiseta, se tumba sobre la mesa y muerde la prenda de ropa oscura, cerrando los ojos. Matt resopla, sentándose cerca, sin querer mirar pero sin querer perderse nada a la vez, sin creer que Brian vaya a tener las agallas de aguantar las dos cosidas sin anestesia de ninguna clase. Matt murmura por lo bajo, mirando de fijo y con pánico las agujas curvas que Kate está sacando del botiquín. -No me jodas...-
Tras armarse de valor, Kate empieza con su faena. Lo hace lentamente porque quiere asegurarse de que sale bien, pero eso no disminuye el dolor de Brian, quien cuando la chica de ojos claros termina de coser sus dos heridas, tiene lágrimas descendiéndole por las mejillas en medio de su cara más que seria, el pelo empapado en sudor y la respiración agitada. Dean le da un poco de hielo para que se lo ponga en la mano y en la ceja, y de esta forma se le anestesien un poco. Finalmente los chicos se despiden. A decir verdad, no saben hasta cuándo. Gates no sabe si volverá a trabajar ahí, y ni siquiera sabe si después de todo el Red Dingo seguirá abierto.
Se suben en el coche de Matt y este arranca, conduciendo en un silencio tan sepulcral como incómodo hasta casa. Entran en el portal, se suben en el ascensor y marcan el botón del sexto piso.
Cuando llegan arriba, Matt permanece serio y justo cuando se dispone a meter la llave en la cerradura, la puerta de enfrente se abre dando paso a Annie, que mira al chico de ojos oscuros con la preocupación y la tristeza reflejadas en su ahora pálida y destrozada cara. Se acerca a él, hablando en un susurro, agarrándole la cara con cuidado y fijándose en los puntos de su ceja, escandalizada. -Brian... ¿Estás bien...?- Le mira a los ojos. -Yo... Lo siento muchísimo, de veras, no pensé que Charlie...- Resopla, dejando que sus ojos se inunden.
Gates sacude la cabeza, fuerza una sonrisa que ni siquiera llega a poder ser sonrisa, convirtiéndose más bien en un gesto de cansancio y tristeza. Suspira pesadamente. -Estoy bien, Annie.- Mira con recelo hacia la puerta y habla en un susurro, denotando una horrible angustia en su tono de voz. -¿Te ha hecho algo? Ana, si te ha hecho algo tienes que decírmelo, tienes que decírselo a alguien, ¿me oyes?- Resopla largamente y mira a Matt antes de hablar. -El Red Dingo va a cerrar, y no sabemos hasta cuándo. Quizás para siempre. Todos necesitamos una pausa…-
Ana resopla y se lleva una mano al pelo, agobiada. -No... No me ha hecho nada, tranquilo... Pero…- Habla y su voz se quiebra por momentos, clavando la mirada en sus ojos. -Pero me ha prohibido volver a trabajar, salir de casa sin él y...- Baja el tono de voz, sin apartarle la mirada. -Y me ha prohibido verte, Brian...-
El chico de ojos oscuros baja la mirada al suelo y resopla, tomándose unos segundos antes de hablar.
-Ana, yo…- Chasquea la lengua. -Últimamente sé que no te estoy trayendo más que problemas. Me encanta estar contigo, pero tú tienes que pagar un precio demasiado caro, y yo no sé si quiero seguir arriesgando a convertir tu vida en un infierno…-
Matt suspira pesadamente y baja la mirada al suelo, hablando en un susurro. -Chicos yo... Me voy dentro. Es mejor que os deje a solas...- Se despide con un leve gesto de cabeza y se mete dentro de casa, cerrando la puerta. Ana cierra la puerta de su casa suavemente para no despertar a Charlie y clava sus ojos claros en los oscurísimos ojos de Gates, hablando en un susurro. -¿Quieres decir que es mejor... dejar de vernos? Quiero decir, ¿dejar de tener todo lo que teníamos...?-
Brian baja la mirada y traga saliva. Tiene un nudo tremendo en la garganta que apenas le deja hablar. Separarse de ella no es lo que quiere, pero quizás sea correcto hacerlo por un tiempo. Se frota la mano ahora vendada, molesto por el dolor momentáneo, y habla en un susurro, sin poder mantenerle la mirada a esos enormes y asustados ojos verdes. Es como si tuviera miedo de quedarse completamente sola, como si de verdad le importara mucho perderle. -Escucha, Annie…Tú y yo no estamos saliendo muy bien parados con esto…- Desvía la mirada hacia la puerta abierta del piso de Ana por un segundo, para después mirarla a ella. No cree que Charlie no le haya hecho nada al llegar a casa. Algo en su interior le dice que el chico de ojos azules ha sido muy cruel con su alma gemela. -Y ahora él te ha prohibido verme y…- Chasquea la lengua. -A mí no me importa. Quiero decir, de verdad no me importa meterme en mil peleas, y tampoco me asusta que me hagan daño. Me asusta que te lo hagan a ti, Ana…-
Ana se coloca un mechón de pelo tras la oreja y chasquea la lengua, hablando en un susurro para que nadie que no sea él pueda oírla, rezando porque la voz no se le quiebre justo ahora. No quiere que la vea llorar. De hecho jamás ha querido. Pero hay veces, como por ejemplo esta, que no puede evitarlo. Está realmente asustada. Es por decirlo de alguna manera el único amigo de verdad que tiene lejos de casa y una de las pocas personas por las que se ha sentido realmente querida alguna vez. -Pero... Pero yo estoy bien, Brian...- Resopla. -Solo tenemos que tener cuidado y ya está...- Clava sus ojos en los de él, suplicante. -No me dejes sola, por favor…-
Gates lanza una última mirada a la puerta abierta del piso de en frente, suspira pesadamente y mirándola muy de fijo, habla en un susurro. -Ana, no te estoy pidiendo que te deshagas de él. Te pido que hagas lo que sea que vaya a hacerte sentir más segura. Ya he visto cuáles son sus formas, y por supuesto su reacción conmigo ésta noche ha sido la esperada en una situación así, y no le culpo, pero no acabo de creer la visión que tú me das de él cuando me cuentas cómo te trata. Simplemente no te creo, y tú tampoco te lo estás creyendo.- Resopla largamente, le acaricia la mejilla derecha que tiene un extraño y sospechoso color rojizo, y susurra. -No voy a dejarte sola, pero quiero que tengas en cuenta que esto es un riesgo. Más para ti que para mí, y no es ninguna broma…-
Annie suspira y baja la mirada al suelo tristemente, sin alzar el tono de voz. -Ya lo sé, pero...- Se encoge de hombros. -Algún día tendrá que irse, ¿no? Además le conozco bien, sé cómo manejarle, me las arreglaré…- De hecho no, no tiene ni idea de cómo hacerlo. Sí, lleva muchos años con Charlie, pero nunca pensó que fuese capaz de tratarla así. Nunca pensó que saldría con un monstruo. Que querría a un monstruo como él…
Brian suspira resignado y asiente. La trae contra sí y la aprieta en un abrazo que parece devolverle la vida a Annie. El primer abrazo de verdad que recibe en unos cuantos días. La besa en la frente con ternura y susurra, clavando sus ojos oscuros en los de ella. -Ve a descansar, que lo necesitas. Nos las arreglaremos con esto, ¿de acuerdo?- Sonríe leve e infinitamente triste.
Ella, como si con esa última frase le hubiese devuelto la esperanza de vivir, mira recelosamente a la puerta antes de abrazarle de nuevo con una sonrisa amplia y feliz. Tras desearle buenas noches, corre hasta la puerta y se apoya en el marco de madera, mirándole.
Él susurra, empujando su puerta y entrando dentro de la casa. -Buenas noches, preciosa...- Cuando cierra tras de sí, apoya la espalda en la puerta y cierra los ojos, resoplando. Le duele hasta el último hueso de su cuerpo, los puntos de su ceja empiezan a molestarle de verdad, apenas puede mover los dedos y la mano del corte le palpita de puro dolor. Camina derrumbado hasta su habitación. Ha tenido suficiente por hoy, y se apunta una escandalosa derrota contra el hombre que aterroriza a Annie. Ella acaba de entrar en casa ahora mismo, y camina con cuidado para no molestar a Charlie, esté o no dormido. Todo se ha convertido en una pesadilla, y si los celos de su chico antes eran imparables, ahora van a convertirse en una tortura y una pesadilla. Ahora toda su vida se verá reducida a torturas y pesadillas, y ni siquiera sabe si se lo merece o no. Otra vez se siente pequeña, indefensa y asustada dentro de su propia casa...
Cuando entra en la habitación lo hace con sumo sigilo, cerrando la puerta con cuidado tras de sí. Camina hacia la cama, se sienta en el borde, se quita las zapatillas y la chaqueta y se mete dentro, tumbándose de espaldas a Charlie. Casi instintivamente, el chico de ojos claros la abraza por detrás y suspira profundamente, sin despertarse. Ana se siente incómoda. Tremendamente incómoda, pero no tiene más remedio que aguantarse. Suspira, cierra los ojos y al hacerlo deja caer una lágrima de puro miedo y desesperación. No sabe cuánto más tendrá que aguantar esa tortura, pero sí sabe que no será capaz de soportarla durante mucho tiempo... Ya han dado las siete de la mañana, y por entre las rendijas de la persiana se cuelan los primeros rayos de sol del día. Ni siquiera sabe si podrá dormir, si su miedo y su desesperación le darán tregua y le dejarán descansar. Se siente acorralada como un animal herido, e irónicamente su depredador tiene más ganas de jugar con ella que de comérsela. Lo cierto es que sí está herida. En su orgullo, en su seguridad y en su alma. Charlie sabe dónde pegar para hacerle daño, tanto física como mentalmente. Aún no puede creer que haya mencionado a su padre para hundirla un poco más. Él siempre ha sabido cúanto le quería y cuán impotente se siente de no haber podido hacer nada aquel día para salvar su vida. Le odia, odia con toda su alma al que una vez fue su vida entera, su única aspiración, el mismo hombre que ahora se empeña en hacerla pedazos y someterla a todo lo que a él le parece que es correcto. Es tan diferente de su chico de ojos oscuros…
____________________________________________________________________
La semana se hace un tanto cuesta arriba para la pareja que debe verse a escondidas. Dos días utilizaron para verse la excusa de bajar la basura, pero Charlie no tardó en encontrar la costumbre un tanto sospechosa, y decidió que como nueva orden, él sería quien bajara la basura. Hoy miércoles a las doce de la mañana Charlie acaba de abandonar el bloque. Ha salido a correr, y lo ha hecho con bastante mal humor, ya que Annie se ha empeñado en decir que le duele la cabeza demasiado como para salir a trotar por el paseo marítimo. Ahora todo ha quedado en una quietud pasmosa, en una tranquilidad que Annie de verdad echaba de menos. Las ventanas de la casa están abiertas y en el piso de sus vecinos pueden escucharse los acordes de una guitarra acústica que conoce bien. Brian ya está despierto...
Camina hacia su habitación y se asoma al balcón. Sabe dónde buscarle y sabe por dónde puede verle. Enseguida busca con la mirada la ventana de la habitación de Matt y efectivamente, está abierta. A través de ella puede ver a Gates sentado en la cama con las piernas estiradas y la espalda apoyada en el cabecero, tocando la guitarra, concentrado en lo que hace. Las notas salen tenues y tranquilas, inspirando una paz que hacía mucho que la chica de ojos verdes necesitaba. Le mira con una sonrisa y suspira, apoyando el codo en la barandilla y la cabeza sobre su mano.
Sin pensárselo dos veces, Annie descuelga el teléfono, marca su número y espera paciente, viendo cómo Brian se levanta de la cama tras haber soltado la guitarra. Es entonces cuando ella le pide que se aparezca en casa, y que a ser, posible, sea rápido.
La respuesta de Brian no se hace esperar. Suspira y sonríe de medio lado. -Estoy allí en dos minutos.- Se aparta de la ventana y agarra sus zapatillas. Cruza el pasillo de la casa calzándoselas a saltos y a la pata coja, cargado de prisa. Matt está sentado en el sillón, y tiene una pesa en la mano derecha, que levanta rítmica y lentamente con la mirada clavada en la televisión. La aparta para mirar a Brian, que habla parado frente a él. -Oye tío, yo...- Suspira. -Voy a casa de Ana. Volveré en un rato.-
Matt arquea una ceja y habla con una media sonrisa cabrona mientras su mejor amigo ha abierto la puerta y está ya casi en el rellano. -¿A casa de Ana...? Qué haréis allí...- Ríe, sacude la cabeza y vuelve a centrar la mirada en la televisión. Para cuando Brian está apunto de llamar al timbre de la casa de enfrente, Annie le abre la puerta y le mira con una sonrisa a la que él corresponde sonriendo como un idiota.
Tras asegurarse de que nadie inoportuno pueda verles, la chica de ojos verdes pasa los brazos alrededor de su cuello en forma de abrazo y le atrae hacia ella, besándole con ternura. Gates le rodea la cintura con un brazo y sin dejar de besarla camina dentro de la casa con ella, cerrando la puerta con el pie. Habla cerca de su boca, en un susurro y sin dejar de rodear su cintura. -¿Todo bien?- Ha perdido la sonrisa, y parece preocupado y necesitado de ella, más que nunca. El ambiente de la casa parece haber cambiado por completo, como si la presencia de Brian fuera una atmósfera completamente diferente que la que aporta Charlie. Y ella de pronto vuelve a sentirse protegida...
Annie ahora borra su sonrisa y asiente con la mirada clavada en sus labios, que ahora están a escasos milímetros de los de ella, y la respiración acelerada. Le besa de nuevo y Brian que termina por ceder ante su gesto y decide darle un voto de confianza, se deja llevar por ella totalmente. La agarra del culo y, de un salto, la chica de ojos verdes rodea su cintura con las piernas. Gates la lleva contra la pared del salón y mientras con una mano la mantiene sujeta, la otra la tiene metida por dentro de su camiseta. Por otro lado, Annie sin dejar de besare y agarrándose únicamente con sus piernas se deshace de la chupa de cuero de él, dejándola caer al suelo, justo a sus pies.
Él la besa con fiereza y, apretando sus caderas contra las de ella, la aprisiona contra la pared evitando que se caiga de ninguna manera. Se deshace de su camiseta y le llena el cuello de caricias, besos y mordiscos. Los besos ansiosos, esa necesidad de tenerse cerca, piel contra piel, delata lo mucho que necesitan pasar tiempo juntos. La sujeta contra sí y la lleva al sillón, donde se deja caer con ella sentada encima. La chica de ojos verdes no tarda demasiado en quitarle la camiseta y en morderle la boca de una manera adorablemente posesiva, hundiendo las manos en su pelo, mientras él tiene metidas las manos dentro de sus shorts vaqueros, y la mantiene agarrada como si no quisiera dejarla ir nunca.
Ana se deshace del sujetador rojo y lo lanza a un lado del sofá, volviendo a besar a Brian fieramente. Éste le acaricia la espalda despacio y con suavidad, sintiendo otra vez esa necesidad de tenerla cerca, de sentir su olor, el tacto de su piel, la sensación de tener su cabello extendido por su pecho. Ana le desata el cinturón y después su gastados y rotos pantalones, comenzando a besarle por el cuello.
La baja de sus rodillas, haciéndola caer boca arriba a su lado. Le desabrocha los shorts y se los quita con prisas, dejándolos caer al lado del sillón. Odia no tener todo el tiempo que le gustaría, pero en realidad y para ser sinceros, eso de que Charlie pueda llegar inesperadamente solo hace todo mucho más interesante...
Cuando salen al rellano, han pasado unos cuarenta minutos. Salen hablando entre risas, ahora hablando de un par de batallitas del bar después de una de esas sesiones de sexo impulsivo sin precedentes. Él suspira largamente, la trae contra sí agarrándola de la cintura y la besa en los labios, susurrando después. -El Dingo no tardará en reabrir, Ana, y tendremos tiempo para volver a hablar y a vernos sin tener que escondernos…- La puerta del ascensor se abre, y Charlie los mira desde dentro, a algunos metros. Ana, impulsivamente, aparta a Brian de ella empujando su pecho hacia atrás, y pone en marcha una táctica que los dos habían acordado de mutuo acuerdo, aunque nunca creyeron tener que utilizarla. Él le hace una señal como para darle permiso, y ella le cruza la cara de una bofetada, hablando escandalizada y soltando un “¿¡Brian, qué coño haces!?”. Él se lleva una mano a la mejilla, resopla sonoramente y entra en casa, más que nada huyendo de Charlie, que ya camina hacia ellos. Charlie habla con el ceño fruncido, mirando a Ana sin entender nada, pero bastante conforme con la bofetada que acaba de ver. -¿Qué coño ha hecho?- Pega un puñetazo en la puerta del piso de Brian y luego una patada. Grita, rabioso. -¡Haner, aléjate de Ana! ¿Me oyes? ¡Si vuelves a ponerle una mano encima voy a joderte otra vez, voy a partirte esa cara de niñato de suburbio que tienes…!-
Gates habla desde dentro, posiblemente pegado a la puerta y luciendo una de sus sonrisas cabronas y traviesas. –¿Sabes a quién le gusta mi cara de niñato de suburbio? A tu mamá, Charlie, a esa perra le pierde mi cara porque la ve todas las noches…- Otro golpe vuelve a sonar, probablemente por culpa de otra patada más contra la madera de la puerta.
La imagen de Brian resoplando y metiéndose en su casa para después cerrar de un portazo no parece querer irse de la cabeza de Annie. Charlie sigue gritando y golpeando la puerta de la casa de enfrente poniendo en guardia no solo a sus habitantes sino también al resto de vecinos, de los cuales algunos han salido a protestar al rellano. La chica de ojos verdes resopla, agarra a su chico del brazo y lo mete en casa, cerrando la puerta y mirándole desde ahí, alterada. -¿Pero estás mal de la cabeza?! ¿Qué coño pensarán los vecinos..?!-
-¡Me da lo mismo lo que piensen los putos vecinos! ¡Los vecinos ya saben que vivo con una fulana y saben que soy el cabrón más cornudo del bloque!- Grita, agarrándola del brazo. -¿¡Qué coño estaba haciendo!? ¿Ha intentado tocarte otra vez?- Entrecierra los ojos, rabioso. -He visto cómo te estaba agarrando. O pones a ese hijo de puta en su sitio o juro que yo mismo lo haré, Ana.-
Resopla y por primera vez en todo el tiempo que llevan juntos parece que la chica de ojos verdes pierde todo el miedo que le tenía y le empuja bruscamente, separándolo de ella para después pegarle una bofetada y hablarle a voz de grito. -¡No te atrevas a volver a insultarme o a gritarme, Charlie..!- En la casa de enfrente Brian está en la cocina sirviéndose un vaso de agua con el semblante bastante serio y Matt, que está dentro del salón, pone los ojos en blanco y resopla. -Joder, ya están discutiendo esos dos otra vez...- Gates suspira pesadamente y desvía la mirada a la ventana. Es entonces cuando por pura casualidad puede verlos discutir en el salón.
Charlie se lleva una mano a la mejilla, mira a su chica con rabia, la agarra del brazo y le pega dos bofetadas bastante fuertes, cruzándole la cara cada vez que lo hace. Le agarra el pelo con fuerza desde atrás y le hace levantar la cabeza a la fuerza, cerrando los ojos por el dolor que le causa el tirón. Habla cerca de su boca, con un tono alto y amenazador. -No se te ocurra volver a empujarme. En tu vida, ¿me has oído?- Annie tiene los labios apretados en una fina línea, y se niega a abrir los ojos. Brian siente que se muere al ver la escena, pero Charlie parece llevarse a Annie a otro lado, sacándolos de su campo de visión a pesar de que aún puede escucharles. El chico de ojos azules lleva a Ana del brazo y la lleva a la cocina, donde la suelta tan bruscamente que casi la hace caer al suelo. Grita, fuera de sí. -¿Recuerdas lo que te dije aquella noche, desgraciada? ¡Te dije que no volvieras a acercarte a Brian y tú pareces estar jugando con mi puta paciencia!- Ella se coloca instintivamente detrás de la mesa, de pie tras una de las sillas, con lágrimas cayendo por sus mejillas, aún doloridas, llorando silenciosamente por puro miedo. Charlie vuelve a parecer una bestia. Alto, fuerte, imponente y fuera de sí, camina hacia ella con una ceja enarcada, cambiando su tono a amenazador. -¿Qué es lo que quieres? ¿Quieres verme cabreado, Ana? ¿Quieres verme enfadado de verdad? Porque te juro que aún no has visto nada…-
Ana resopla y entierra la cara entre sus manos, cabizbaja, hablando aún con un alto tono de voz e incapaz de dejar de llorar. -¿Que qué quiero? ¡Quiero que te largues, quiero que me dejes tranquila...!- Le mira, loca de rabia, de miedo y de pena. -Estaba muy bien antes de que vinieses, ¿sabes? Incluso te echaba de menos. Muchísimo. Y aunque no te lo creas me alegré cuando te vi porque pensé que por fin podríamos hacer nuestra vida juntos aquí. Pero no es así. Te has convertido en un monstruo, Charlie. Y yo no he querido durante ocho años al animal que eres ahora...-
Charlie la mira en silencio por unos segundos, y suspira quitándose de encima toda la apariencia agresiva, como si se deshinchara. No le conviene todo eso. No quiere tener que irse. Chasquea la lengua y resopla, caminando hacia ella despacio. -Annie, escucha, yo… Sabes que yo siempre he sido muy celoso, y ahora ya no puedo confiar en ti, después de aquello que vi. Sé que has estado sola aquí, y que yo no he estado contigo, pero ahora estoy aquí, te quiero y quiero quedarme. Ana, tú siempre has sido mía, siempre te ha encantado pasar tiempo conmigo, y me pone enfermo sentirme reemplazado por un tío al que conoces desde, ¿hace cuánto?- Chasquea la lengua y la agarra de la mano, trayéndola contra sí en un abrazo y besándole la cabeza con su últimamente habitual hipocresía y frialdad. Ya no le pegan ese tipo de gestos. -Odio ponerte la mano encima, pero a veces me haces perder los nervios y hago cosas que no debería hacer. Princesa, si hago todas éstas cosas es porque te quiero, y porque me haces desconfiar y no quiero perderte, ¿me oyes…?- Él y su infalible capacidad para suavizar las cosas cuando le conviene, para evadir la culpa, para volver a hacer a Annie suya y despojarla del miedo que es capaz de darle a veces…
Ana rompe a llorar, enterrando la cara en su pecho. Sacude la cabeza y habla entre lágrimas con la voz quebrada, sin poder mirarle a los ojos ni dejar de llorar. -No Charlie, vete... Vete, por favor. Yo ya no te quiero, entiéndelo y vete...-
Él frunce el ceño, mirándola atónito y bajando el tono de su voz. -Ana, ¿pero qué estás diciendo…? Vamos, cielo, llevamos ocho años de nuestra vida juntos, yo ya no sé hacer esto sin ti. No vamos a dejarlo ahora. Solamente estamos pasando…- Le acaricia el pelo con ternura. -Estamos pasando una crisis, un bache, un mal momento, pero lo superaremos.- Chasquea la lengua. -Mi vida, viniste aquí porque querías empezar una carrera musical. Admítelo, eso es muy difícil. Vuelve a Detroit conmigo, con tu familia, vamos a vivir juntos como prometimos que haríamos y sigamos adelante con nuestros planes de futuro…- Suspira y susurra, de una manera que a la chica de ojos verdes le suena de lo más macabra. -No vamos a tomar decisiones precipitadas, ¿verdad que no…?-
Annie traga saliva y suspira, resignada. Traga saliva y cierra los ojos de nuevo, arrastrando un par de lágrimas más. No se atreve a deshacer el abrazo. Básicamente no se atreve a moverse. Asiente, hablando en un susurro con la voz rota. -Cierto. Lo... Lo siento cielo, no quería decir eso...- Se separa y le mira a los ojos. Se pasa una mano por las mejillas para secarse las lágrimas y, sin apartarle la mirada, fuerza una sonrisa tristísima y dice algo que hace que justo en ese momento sienta ganas de matarse a sí misma. -Te quiero... Y siento ser así a veces, sé que es mi culpa...-
Charlie le pellizca la nariz con ternura y suspira. -Yo también te quiero, princesa. Vamos a intentar salir de ésta, ¿sí?- Sonríe de medio lado. -Hoy tú y yo saldremos a comer por ahí, juntos. El día ha empezado con mal pie, pero te aseguro que va a mejorar…-
Annie ahora borra su sonrisa y asiente con la mirada clavada en sus labios, que ahora están a escasos milímetros de los de ella, y la respiración acelerada. Le besa de nuevo y Brian que termina por ceder ante su gesto y decide darle un voto de confianza, se deja llevar por ella totalmente. La agarra del culo y, de un salto, la chica de ojos verdes rodea su cintura con las piernas. Gates la lleva contra la pared del salón y mientras con una mano la mantiene sujeta, la otra la tiene metida por dentro de su camiseta. Por otro lado, Annie sin dejar de besare y agarrándose únicamente con sus piernas se deshace de la chupa de cuero de él, dejándola caer al suelo, justo a sus pies.
Él la besa con fiereza y, apretando sus caderas contra las de ella, la aprisiona contra la pared evitando que se caiga de ninguna manera. Se deshace de su camiseta y le llena el cuello de caricias, besos y mordiscos. Los besos ansiosos, esa necesidad de tenerse cerca, piel contra piel, delata lo mucho que necesitan pasar tiempo juntos. La sujeta contra sí y la lleva al sillón, donde se deja caer con ella sentada encima. La chica de ojos verdes no tarda demasiado en quitarle la camiseta y en morderle la boca de una manera adorablemente posesiva, hundiendo las manos en su pelo, mientras él tiene metidas las manos dentro de sus shorts vaqueros, y la mantiene agarrada como si no quisiera dejarla ir nunca.
Ana se deshace del sujetador rojo y lo lanza a un lado del sofá, volviendo a besar a Brian fieramente. Éste le acaricia la espalda despacio y con suavidad, sintiendo otra vez esa necesidad de tenerla cerca, de sentir su olor, el tacto de su piel, la sensación de tener su cabello extendido por su pecho. Ana le desata el cinturón y después su gastados y rotos pantalones, comenzando a besarle por el cuello.
La baja de sus rodillas, haciéndola caer boca arriba a su lado. Le desabrocha los shorts y se los quita con prisas, dejándolos caer al lado del sillón. Odia no tener todo el tiempo que le gustaría, pero en realidad y para ser sinceros, eso de que Charlie pueda llegar inesperadamente solo hace todo mucho más interesante...
Cuando salen al rellano, han pasado unos cuarenta minutos. Salen hablando entre risas, ahora hablando de un par de batallitas del bar después de una de esas sesiones de sexo impulsivo sin precedentes. Él suspira largamente, la trae contra sí agarrándola de la cintura y la besa en los labios, susurrando después. -El Dingo no tardará en reabrir, Ana, y tendremos tiempo para volver a hablar y a vernos sin tener que escondernos…- La puerta del ascensor se abre, y Charlie los mira desde dentro, a algunos metros. Ana, impulsivamente, aparta a Brian de ella empujando su pecho hacia atrás, y pone en marcha una táctica que los dos habían acordado de mutuo acuerdo, aunque nunca creyeron tener que utilizarla. Él le hace una señal como para darle permiso, y ella le cruza la cara de una bofetada, hablando escandalizada y soltando un “¿¡Brian, qué coño haces!?”. Él se lleva una mano a la mejilla, resopla sonoramente y entra en casa, más que nada huyendo de Charlie, que ya camina hacia ellos. Charlie habla con el ceño fruncido, mirando a Ana sin entender nada, pero bastante conforme con la bofetada que acaba de ver. -¿Qué coño ha hecho?- Pega un puñetazo en la puerta del piso de Brian y luego una patada. Grita, rabioso. -¡Haner, aléjate de Ana! ¿Me oyes? ¡Si vuelves a ponerle una mano encima voy a joderte otra vez, voy a partirte esa cara de niñato de suburbio que tienes…!-
Gates habla desde dentro, posiblemente pegado a la puerta y luciendo una de sus sonrisas cabronas y traviesas. –¿Sabes a quién le gusta mi cara de niñato de suburbio? A tu mamá, Charlie, a esa perra le pierde mi cara porque la ve todas las noches…- Otro golpe vuelve a sonar, probablemente por culpa de otra patada más contra la madera de la puerta.
La imagen de Brian resoplando y metiéndose en su casa para después cerrar de un portazo no parece querer irse de la cabeza de Annie. Charlie sigue gritando y golpeando la puerta de la casa de enfrente poniendo en guardia no solo a sus habitantes sino también al resto de vecinos, de los cuales algunos han salido a protestar al rellano. La chica de ojos verdes resopla, agarra a su chico del brazo y lo mete en casa, cerrando la puerta y mirándole desde ahí, alterada. -¿Pero estás mal de la cabeza?! ¿Qué coño pensarán los vecinos..?!-
-¡Me da lo mismo lo que piensen los putos vecinos! ¡Los vecinos ya saben que vivo con una fulana y saben que soy el cabrón más cornudo del bloque!- Grita, agarrándola del brazo. -¿¡Qué coño estaba haciendo!? ¿Ha intentado tocarte otra vez?- Entrecierra los ojos, rabioso. -He visto cómo te estaba agarrando. O pones a ese hijo de puta en su sitio o juro que yo mismo lo haré, Ana.-
Resopla y por primera vez en todo el tiempo que llevan juntos parece que la chica de ojos verdes pierde todo el miedo que le tenía y le empuja bruscamente, separándolo de ella para después pegarle una bofetada y hablarle a voz de grito. -¡No te atrevas a volver a insultarme o a gritarme, Charlie..!- En la casa de enfrente Brian está en la cocina sirviéndose un vaso de agua con el semblante bastante serio y Matt, que está dentro del salón, pone los ojos en blanco y resopla. -Joder, ya están discutiendo esos dos otra vez...- Gates suspira pesadamente y desvía la mirada a la ventana. Es entonces cuando por pura casualidad puede verlos discutir en el salón.
Charlie se lleva una mano a la mejilla, mira a su chica con rabia, la agarra del brazo y le pega dos bofetadas bastante fuertes, cruzándole la cara cada vez que lo hace. Le agarra el pelo con fuerza desde atrás y le hace levantar la cabeza a la fuerza, cerrando los ojos por el dolor que le causa el tirón. Habla cerca de su boca, con un tono alto y amenazador. -No se te ocurra volver a empujarme. En tu vida, ¿me has oído?- Annie tiene los labios apretados en una fina línea, y se niega a abrir los ojos. Brian siente que se muere al ver la escena, pero Charlie parece llevarse a Annie a otro lado, sacándolos de su campo de visión a pesar de que aún puede escucharles. El chico de ojos azules lleva a Ana del brazo y la lleva a la cocina, donde la suelta tan bruscamente que casi la hace caer al suelo. Grita, fuera de sí. -¿Recuerdas lo que te dije aquella noche, desgraciada? ¡Te dije que no volvieras a acercarte a Brian y tú pareces estar jugando con mi puta paciencia!- Ella se coloca instintivamente detrás de la mesa, de pie tras una de las sillas, con lágrimas cayendo por sus mejillas, aún doloridas, llorando silenciosamente por puro miedo. Charlie vuelve a parecer una bestia. Alto, fuerte, imponente y fuera de sí, camina hacia ella con una ceja enarcada, cambiando su tono a amenazador. -¿Qué es lo que quieres? ¿Quieres verme cabreado, Ana? ¿Quieres verme enfadado de verdad? Porque te juro que aún no has visto nada…-
Ana resopla y entierra la cara entre sus manos, cabizbaja, hablando aún con un alto tono de voz e incapaz de dejar de llorar. -¿Que qué quiero? ¡Quiero que te largues, quiero que me dejes tranquila...!- Le mira, loca de rabia, de miedo y de pena. -Estaba muy bien antes de que vinieses, ¿sabes? Incluso te echaba de menos. Muchísimo. Y aunque no te lo creas me alegré cuando te vi porque pensé que por fin podríamos hacer nuestra vida juntos aquí. Pero no es así. Te has convertido en un monstruo, Charlie. Y yo no he querido durante ocho años al animal que eres ahora...-
Charlie la mira en silencio por unos segundos, y suspira quitándose de encima toda la apariencia agresiva, como si se deshinchara. No le conviene todo eso. No quiere tener que irse. Chasquea la lengua y resopla, caminando hacia ella despacio. -Annie, escucha, yo… Sabes que yo siempre he sido muy celoso, y ahora ya no puedo confiar en ti, después de aquello que vi. Sé que has estado sola aquí, y que yo no he estado contigo, pero ahora estoy aquí, te quiero y quiero quedarme. Ana, tú siempre has sido mía, siempre te ha encantado pasar tiempo conmigo, y me pone enfermo sentirme reemplazado por un tío al que conoces desde, ¿hace cuánto?- Chasquea la lengua y la agarra de la mano, trayéndola contra sí en un abrazo y besándole la cabeza con su últimamente habitual hipocresía y frialdad. Ya no le pegan ese tipo de gestos. -Odio ponerte la mano encima, pero a veces me haces perder los nervios y hago cosas que no debería hacer. Princesa, si hago todas éstas cosas es porque te quiero, y porque me haces desconfiar y no quiero perderte, ¿me oyes…?- Él y su infalible capacidad para suavizar las cosas cuando le conviene, para evadir la culpa, para volver a hacer a Annie suya y despojarla del miedo que es capaz de darle a veces…
Ana rompe a llorar, enterrando la cara en su pecho. Sacude la cabeza y habla entre lágrimas con la voz quebrada, sin poder mirarle a los ojos ni dejar de llorar. -No Charlie, vete... Vete, por favor. Yo ya no te quiero, entiéndelo y vete...-
Él frunce el ceño, mirándola atónito y bajando el tono de su voz. -Ana, ¿pero qué estás diciendo…? Vamos, cielo, llevamos ocho años de nuestra vida juntos, yo ya no sé hacer esto sin ti. No vamos a dejarlo ahora. Solamente estamos pasando…- Le acaricia el pelo con ternura. -Estamos pasando una crisis, un bache, un mal momento, pero lo superaremos.- Chasquea la lengua. -Mi vida, viniste aquí porque querías empezar una carrera musical. Admítelo, eso es muy difícil. Vuelve a Detroit conmigo, con tu familia, vamos a vivir juntos como prometimos que haríamos y sigamos adelante con nuestros planes de futuro…- Suspira y susurra, de una manera que a la chica de ojos verdes le suena de lo más macabra. -No vamos a tomar decisiones precipitadas, ¿verdad que no…?-
Annie traga saliva y suspira, resignada. Traga saliva y cierra los ojos de nuevo, arrastrando un par de lágrimas más. No se atreve a deshacer el abrazo. Básicamente no se atreve a moverse. Asiente, hablando en un susurro con la voz rota. -Cierto. Lo... Lo siento cielo, no quería decir eso...- Se separa y le mira a los ojos. Se pasa una mano por las mejillas para secarse las lágrimas y, sin apartarle la mirada, fuerza una sonrisa tristísima y dice algo que hace que justo en ese momento sienta ganas de matarse a sí misma. -Te quiero... Y siento ser así a veces, sé que es mi culpa...-
Charlie le pellizca la nariz con ternura y suspira. -Yo también te quiero, princesa. Vamos a intentar salir de ésta, ¿sí?- Sonríe de medio lado. -Hoy tú y yo saldremos a comer por ahí, juntos. El día ha empezado con mal pie, pero te aseguro que va a mejorar…-
_______________________________________________________________________
Brian está sentado en el sillón, y tiene la mirada clavada en el suelo y un nudo en la garganta. Habla en un susurro ronco, dejando que su mirada se oscurezca aún más. -Jamás va a conseguirlo. Llevan mucho tiempo juntos, Matt. Yo… Yo ya no sé qué papel hago en todo esto.- Resopla. -Ya lo has oído, ya has oído las bofetadas, los gritos y… Y mi nombre.- Se encoge de hombros y se cubre la cara con las manos, resoplando largamente. -Hermano, ese tío ha venido para quedarse. No va a irse así como así…-
Matt suspira, le mira con lástima y se sienta a su lado, colocando una mano sobre su hombro. -Tío, yo...- Resopla, bajando la mirada al suelo. -No sé qué decirte... Desde luego que ese hijo de puta no puede tratarla así. Nada de lo que Ana haga es lo suficientemente malo como para que ahora llegue este chulo de mierda y la trate así pero... Pero nosotros no podemos hacer otra cosa que quedarnos sentados y mirar y...- Le mira de nuevo, descubriendo algunas marcas violáceas en el cuello de Brian, marcas que parecen recientes. -Y tú deberías terminar con su sufrimiento lo antes posible. Me duele decirlo hermano, pero eres la razón principal de esas discusiones tan fuertes. Como no cortes esto ya, no sé qué será de ella.-
Gates resopla largamente y se descubre la cara, clavando su mirada oscurísima en la televisión ahora apagada. Habla con la voz ronca, como si le hubieran arrancado algo importante de dentro. -Lo nuestro no es sólo sexo, Matt. Puedo jurártelo. Sé que hay algo más, y estoy segurísimo de ello. Muy seguro.- Chasquea la lengua y le mira. -Pero tienes razón, ella se está llevando la peor parte en todo esto. Creo que… Debería alejarme de ella, y hacerlo cuanto antes.- Resopla y cierra los ojos. -Dios sabe cuántos bofetones voy a ahorrarle…-
Matt suspira y baja la mirada al suelo, quedándose en silencio. Los gritos han dejado de oírse y parece que el ambiente ha tomado una calma hostil. Demasiado hostil. El chico de ojos verdes se levanta estirándose la camiseta y le mira de fijo, cruzándose de brazos ante él. -Deberías cortar esto ya. Antes de que ese cabrón de Charlie haga alguna barbaridad...-
El chico de ojos castaños asiente, levantándose. A decir verdad, sus ojos están más oscuros que nunca en ese momento, y mira de fijo a su amigo. -Ya las está haciendo. He visto moratones en su cuerpo, Matt. Ella se empeña en negarlo, pero créeme, no hay manera de fingir las consecuencias de los golpes. No sé si le pega a diario, pero sé que desde luego lo hace.- Enarca una ceja. -Y ya escuchas cómo le habla. Esa chica está viviendo una pesadilla, y la mayoría de los golpes y los insultos vienen por discusiones en las que siempre tengo algo que ver. La quiero muchísimo, Matt, y quiero que esté bien. No quiero que cada encuentro que Charlie descubra suponga una paliza para ella. Voy a parar esto, lo prometo.-
Matt asiente conforme, suspira de nuevo y le pega un puñetazo cariñoso en el brazo, hablando en un susurro sin apartarle la mirada. -Es lo mejor para los dos tío. Y tú lo sabes. Así que... Cuanto antes lo hagas es mejor...-
Un par de días han pasado desde la última discusión de Charlie y Ana, y ella y Brian no han podido verse aún. Es una tarde de viernes en la que aprieta el calor de una manera pasmosa, y Charlie ha salido a lavar su coche, cabreado por no poderse llevar a Ana, que lleva la mitad de la tarde al teléfono con Charlotte, entre risas. El Red Dingo reabrirá la semana que viene tras su pequeña crisis, y eso solo puede significar buenas noticias. Gates, que estaba merodeando por la cocina vestido únicamente con sus pantalones de pijama de fino raso negro, escucha ruido en el rellano y ve desaparecer a Charlie por el ascensor, apostado en la puerta y vigilando por la mirilla. Suspira largamente y se arma de valor. Quizás éste sea el momento. Ya lo dijo Matt, que cuanto antes lo hiciera, mejor para todos… Abre la puerta sin perder un segundo, aún con el cigarrillo recién empezado entre los dedos. En los últimos dos días ha fumado más que nunca por culpa de la ansiedad que le provocaba pensar en el momento que ahora está a punto de suceder. Llama a la puerta y mantiene su mirada baja. “Rápido y directo, Brian. No te derrumbes. Es por su bien, quizás ella no lo entienda, pero es sólo por su bien…”
Cuando oye el timbre, Ana se despide de Charlotte y cuelga el teléfono. Se incorpora rápidamente de la cama y corre hacia la puerta a abrir. Ni siquiera pregunta quién es, ni tampoco mira por la mirilla. Sabe perfectamente quién es, y tenía tantas ganas de verle que una sonrisa se dibuja en sus labios cuando abre y le ve. Suspira y se da cuenta de que él no está sonriendo, lo cual le da una punzada de mal presentimiento, pero ella no parece ser capaz de borrar esa amplia sonrisa que le aparece cuando está con Brian. -Hola...-
Brian traga saliva y suspira. Sólo su manera de mirar ya transmite una mala noticia, y sus ojos oscuros parecen cargados de malos presagios que están un poco más cerca de cumplirse cuando Annie oye la frase que Brian usa a modo de saludo. -Ana, tenemos que hablar, y tiene que ser ahora.-
Ana borra de golpe su sonrisa. Baja la mirada y asiente, haciéndose a un lado para que Brian pueda entrar. Cuando lo hace ambos se sientan en el sofá. La chica de ojos verdes se sienta a su lado y le mira con atención, nerviosa y temerosa de lo que pueda oír. -¿Qué pasa...? No me gusta verte tan serio...-
Él suspira largamente, chasquea la lengua y habla firmemente, mirándola de fijo. -Escúchame Ana, esto ha llegado demasiado lejos. Vamos a terminarlo, ¿de acuerdo? He estado pensando mucho, muchísimo sobre… Bueno, lo que tú y yo tenemos, y creo que es hora de zanjarlo.- Resopla. -Soy la pieza que sobra, y la pieza que lo llena todo de problemas. Me paso escuchando tus discusiones con Charlie a diario, las oigo por completo y hay algo que siempre está ahí. Yo, mi nombre.- Traga saliva y se levanta, y ahora Annie puede advertir sus ojos oscuros inundados. Lo está disimulando bien, pero está desgarrado por dentro, y ella está quedándose sin respiración. -No te estoy dando a elegir, Annie. No es una alternativa. Es una decisión que he tomado yo solo, y quizás ahora no entiendas que va a ser mucho mejor para todos, pero lo será y estoy seguro de que en un tiempo me darás la razón.- Se estira la camiseta y resopla, bajando la mirada. -Las circunstancias no son las mejores, Ana…-
La chica de ojos verdes se le queda mirando unos segundos sin poder entender nada, segundos en los que sus ojos se inundan con excesiva rapidez. Se apresura a levantarse tras él y le mira, hablando con la voz quebrada. -¿Quieres decir que no... Vamos a vernos a escondidas nunca más…?-
Gates sacude la cabeza despacio y se frota los ojos antes de que se le desborden las lágrimas. -No, Ana. Ya no más. Tú y yo vamos a ser amigos, vecinos y compañeros, pero nada más.- Chasquea la lengua.
-No quiero más problemas, ni para ti ni para mí. Se acabó.- Resopla y su voz se rompe conforme su cuerpo le pide echarse a llorar como un niño pequeño perdido sin su madre en un supermercado. -Ana, no espero que lo entiendas...-
-Nunca más...- Annie asiente, con la mirada en el suelo, demostrando que, realmente y de una manera trágica, lo ha entendido. Suspira pesadamente y se seca las lágrimas con el sobrante de la manga de su sudadera. Después suspira otra vez, se cruza de brazos y se coloca un mechón de pelo tras la oreja, quedándose en silencio un buen rato. Baja la mirada al suelo de nuevo y rompe a llorar silenciosamente. No, desde luego que no traía buenas noticias...
Matt suspira, le mira con lástima y se sienta a su lado, colocando una mano sobre su hombro. -Tío, yo...- Resopla, bajando la mirada al suelo. -No sé qué decirte... Desde luego que ese hijo de puta no puede tratarla así. Nada de lo que Ana haga es lo suficientemente malo como para que ahora llegue este chulo de mierda y la trate así pero... Pero nosotros no podemos hacer otra cosa que quedarnos sentados y mirar y...- Le mira de nuevo, descubriendo algunas marcas violáceas en el cuello de Brian, marcas que parecen recientes. -Y tú deberías terminar con su sufrimiento lo antes posible. Me duele decirlo hermano, pero eres la razón principal de esas discusiones tan fuertes. Como no cortes esto ya, no sé qué será de ella.-
Gates resopla largamente y se descubre la cara, clavando su mirada oscurísima en la televisión ahora apagada. Habla con la voz ronca, como si le hubieran arrancado algo importante de dentro. -Lo nuestro no es sólo sexo, Matt. Puedo jurártelo. Sé que hay algo más, y estoy segurísimo de ello. Muy seguro.- Chasquea la lengua y le mira. -Pero tienes razón, ella se está llevando la peor parte en todo esto. Creo que… Debería alejarme de ella, y hacerlo cuanto antes.- Resopla y cierra los ojos. -Dios sabe cuántos bofetones voy a ahorrarle…-
Matt suspira y baja la mirada al suelo, quedándose en silencio. Los gritos han dejado de oírse y parece que el ambiente ha tomado una calma hostil. Demasiado hostil. El chico de ojos verdes se levanta estirándose la camiseta y le mira de fijo, cruzándose de brazos ante él. -Deberías cortar esto ya. Antes de que ese cabrón de Charlie haga alguna barbaridad...-
El chico de ojos castaños asiente, levantándose. A decir verdad, sus ojos están más oscuros que nunca en ese momento, y mira de fijo a su amigo. -Ya las está haciendo. He visto moratones en su cuerpo, Matt. Ella se empeña en negarlo, pero créeme, no hay manera de fingir las consecuencias de los golpes. No sé si le pega a diario, pero sé que desde luego lo hace.- Enarca una ceja. -Y ya escuchas cómo le habla. Esa chica está viviendo una pesadilla, y la mayoría de los golpes y los insultos vienen por discusiones en las que siempre tengo algo que ver. La quiero muchísimo, Matt, y quiero que esté bien. No quiero que cada encuentro que Charlie descubra suponga una paliza para ella. Voy a parar esto, lo prometo.-
Matt asiente conforme, suspira de nuevo y le pega un puñetazo cariñoso en el brazo, hablando en un susurro sin apartarle la mirada. -Es lo mejor para los dos tío. Y tú lo sabes. Así que... Cuanto antes lo hagas es mejor...-
Un par de días han pasado desde la última discusión de Charlie y Ana, y ella y Brian no han podido verse aún. Es una tarde de viernes en la que aprieta el calor de una manera pasmosa, y Charlie ha salido a lavar su coche, cabreado por no poderse llevar a Ana, que lleva la mitad de la tarde al teléfono con Charlotte, entre risas. El Red Dingo reabrirá la semana que viene tras su pequeña crisis, y eso solo puede significar buenas noticias. Gates, que estaba merodeando por la cocina vestido únicamente con sus pantalones de pijama de fino raso negro, escucha ruido en el rellano y ve desaparecer a Charlie por el ascensor, apostado en la puerta y vigilando por la mirilla. Suspira largamente y se arma de valor. Quizás éste sea el momento. Ya lo dijo Matt, que cuanto antes lo hiciera, mejor para todos… Abre la puerta sin perder un segundo, aún con el cigarrillo recién empezado entre los dedos. En los últimos dos días ha fumado más que nunca por culpa de la ansiedad que le provocaba pensar en el momento que ahora está a punto de suceder. Llama a la puerta y mantiene su mirada baja. “Rápido y directo, Brian. No te derrumbes. Es por su bien, quizás ella no lo entienda, pero es sólo por su bien…”
Cuando oye el timbre, Ana se despide de Charlotte y cuelga el teléfono. Se incorpora rápidamente de la cama y corre hacia la puerta a abrir. Ni siquiera pregunta quién es, ni tampoco mira por la mirilla. Sabe perfectamente quién es, y tenía tantas ganas de verle que una sonrisa se dibuja en sus labios cuando abre y le ve. Suspira y se da cuenta de que él no está sonriendo, lo cual le da una punzada de mal presentimiento, pero ella no parece ser capaz de borrar esa amplia sonrisa que le aparece cuando está con Brian. -Hola...-
Brian traga saliva y suspira. Sólo su manera de mirar ya transmite una mala noticia, y sus ojos oscuros parecen cargados de malos presagios que están un poco más cerca de cumplirse cuando Annie oye la frase que Brian usa a modo de saludo. -Ana, tenemos que hablar, y tiene que ser ahora.-
Ana borra de golpe su sonrisa. Baja la mirada y asiente, haciéndose a un lado para que Brian pueda entrar. Cuando lo hace ambos se sientan en el sofá. La chica de ojos verdes se sienta a su lado y le mira con atención, nerviosa y temerosa de lo que pueda oír. -¿Qué pasa...? No me gusta verte tan serio...-
Él suspira largamente, chasquea la lengua y habla firmemente, mirándola de fijo. -Escúchame Ana, esto ha llegado demasiado lejos. Vamos a terminarlo, ¿de acuerdo? He estado pensando mucho, muchísimo sobre… Bueno, lo que tú y yo tenemos, y creo que es hora de zanjarlo.- Resopla. -Soy la pieza que sobra, y la pieza que lo llena todo de problemas. Me paso escuchando tus discusiones con Charlie a diario, las oigo por completo y hay algo que siempre está ahí. Yo, mi nombre.- Traga saliva y se levanta, y ahora Annie puede advertir sus ojos oscuros inundados. Lo está disimulando bien, pero está desgarrado por dentro, y ella está quedándose sin respiración. -No te estoy dando a elegir, Annie. No es una alternativa. Es una decisión que he tomado yo solo, y quizás ahora no entiendas que va a ser mucho mejor para todos, pero lo será y estoy seguro de que en un tiempo me darás la razón.- Se estira la camiseta y resopla, bajando la mirada. -Las circunstancias no son las mejores, Ana…-
La chica de ojos verdes se le queda mirando unos segundos sin poder entender nada, segundos en los que sus ojos se inundan con excesiva rapidez. Se apresura a levantarse tras él y le mira, hablando con la voz quebrada. -¿Quieres decir que no... Vamos a vernos a escondidas nunca más…?-
Gates sacude la cabeza despacio y se frota los ojos antes de que se le desborden las lágrimas. -No, Ana. Ya no más. Tú y yo vamos a ser amigos, vecinos y compañeros, pero nada más.- Chasquea la lengua.
-No quiero más problemas, ni para ti ni para mí. Se acabó.- Resopla y su voz se rompe conforme su cuerpo le pide echarse a llorar como un niño pequeño perdido sin su madre en un supermercado. -Ana, no espero que lo entiendas...-
-Nunca más...- Annie asiente, con la mirada en el suelo, demostrando que, realmente y de una manera trágica, lo ha entendido. Suspira pesadamente y se seca las lágrimas con el sobrante de la manga de su sudadera. Después suspira otra vez, se cruza de brazos y se coloca un mechón de pelo tras la oreja, quedándose en silencio un buen rato. Baja la mirada al suelo de nuevo y rompe a llorar silenciosamente. No, desde luego que no traía buenas noticias...
Brian chasquea la lengua y resopla brevemente, frotándose la cara con las manos en un gesto de desesperación. No conoce sensación más horrible que la de hacer llorar a Ana, y no entiende por qué le duele más que un llanto propio. Ella no entiende por qué, no entiende por qué ya no quiere seguir arriesgando en algo que le daba la vida y la felicidad, no entiende por qué él ya no quiere dejarla perderse con él y hacerla feliz haciéndola pensar que era solo suyo. Él, por otro lado, sólo quiere salir de allí, dejarla en paz, alejarse de ella y ahorrarle todos esos maltratos crueles sin sentido. Habla lo mejor que su angustia le permite. -Ya… Ya nos veremos, Ana.- Cruza el salón y desaparece por la puerta, dejándola sola y empapada en lágrimas, sin saber muy bien qué hacer.
Sin dejar de llorar, Ana se da la vuelta lentamente y echa a andar por el pasillo hacia su habitación, apoyándose en la pared para no caerse ahora que siente que se ha quedado realmente sola. Cuando entra en su cuarto, cierra la puerta y camina hacia su cama. Se sienta en el borde y entierra la cara entre sus manos, llorando desconsoladamente y aprovechando a que puede hacerlo ahora que está sola y Charlie no vendrá a importunarla. Llora de desesperación, de necesidad, de angustia, de dolor. Le duelen más las heridas psicológicas que Charlie le ha dejado que las físicas, pero sin duda esto le duele mucho más que todo lo anterior junto. Él era por así decirlo el único apoyo que tenía en la enorme ciudad de Los Ángeles. La única persona con la que de verdad se sentía protegida, querida y a la que ella realmente quería. Y ahora la ha dejado sola. Tras prometerle que nunca se iría, la ha dejado sola con Charlie. Ana se siente como si la hubiese empujado a un pozo sin fondo. Él dice que pueden seguir siendo amigos, pero la chica de ojos claros y ahora profundamente tristes sabe que en absoluto será lo mismo. Seguramente no volverán a hablarse, o tal vez cuando lo hagan estarán distantes. Jamás volverán a recuperar la calidez que mostraban el uno con el otro cuando estaban juntos. Ahora todo se volverá frío, frío y distante....
Brian se encierra en casa, y lo hace preparado para pasar unos cuantos días dentro de ella. Pasa cerca de una semana y media sin pisar la calle para nada, sumido en una depresión de la que Matt, con su fingido buen humor que pretende que sea contagioso, no es capaz de hacerlo salir. Se pasa los días metido en la habitación, y no abre las ventanas por miedo a escuchar su voz en el piso de al lado. La única llamada a la que atiende en todo ese tiempo es a una de Dean, que le pone al día de lo poco que tardarán en volver a abrir, y en que necesita inventario nuevo. Por el tono de voz de su empleado predilecto, advierte que no está pasando por su mejor momento, y deja que el chico de ojos oscuros le cuente todo lo que está pasando.
Dean siempre ha sido para él como una especie de padrino, un protector que le ayudó en cuanto lo descubrió vagabundeando solo por las calles de Los Ángeles. Matt ha tratado por todos los medios el sacarlo a la calle, pero no es capaz. Parece como si le hubieran robado el alma, y si Brian está así, no quiere saber cómo está la chica de ojos verdes. Él confía, desde su neutralidad, que en cuanto ambos lo superen todo irá mucho mejor, y sabe que Gates necesita distracciones para no caer en la zona más profunda de la depresión, pero aún no sabe qué. Hoy es una mañana de martes, y el calor ha decidido dejarles respirar, quedándolos con 25 grados de temperatura. Gates está tirado en el sillón, con Pinkly dormida sobre sus piernas, el mando de la televisión en una mano, un cigarrillo en otra, el alma por los suelos y la mirada fija en el programa de teletienda que están poniendo.
Matt ha salido, y no tiene ni idea de dónde. En la casa reina una tranquilidad envidiable, pero también un ambiente de pura tristeza. El timbre suena, poniendo toda esa quietud patas arriba, haciendo que Pinkly levante la cabeza y suelte un ladrido como respuesta. Brian se levanta y resopla largamente mientras camina hacia la puerta, descalzo y vestido con esos pantalones rotos de siempre. Al pasar por delante del espejo del recibidor, para mirarse durante unos segundos. Su cara tiene mal aspecto. Nunca ha tenido ojeras, pero ahora las tiene. La cicatriz de la ceja se curó, pero en ella no crece pelo, así que la ceja parece haberle quedado partida en un extremo para siempre, y tampoco es que le dé un aspecto de hombre de negocios precisamente. Le echa un vistazo a la mirilla y resopla fastidiado silenciosamente. No puede creerse que sea precisamente hoy cuando Dean haya decidido mandarle a su regalito especial y al inventario nuevo consigo. Es Cynthia, con una carpeta en la mano…
Cuando por fin abre la puerta, Cynthia le muestra una de sus más arrebatadoras sonrisas a las que como siempre, el chico de ojos oscuros no responde de ninguna forma. Ella le muestra la carpeta y suspira, manteniendo la mirada en sus ojos. -Imagino que sabrás a qué vengo... Mi tío me ha pedido que te traiga el inventario...-
En el momento en que la chica de ojos color miel mira a Brian, ella puede descifrar su estado por completo. No sabe qué le pasa, pero puede deducir que está apagado y débil, y probablemente preocupado por algo. Eso tiene su parte buena, porque suele ser en esos días en los que le convence para cualquier cosa, y suelen ser también los momentos en los que no la trata hostil y cabreado, sino sólo como si tuviera cansado y lleno de fastidio. Él clava sus ojos oscuros en la carpeta, le pega una calada al cigarrillo y luego posa su mirada en la de ella para hablar con voz ronca, liberando el espeso humo mientras lo hace. Parece mucho más ausente que otros días. Ni alegre, ni cabreado ni sociable, simplemente parece estar vacío y apagado, tan condenadamente atractivo y fiero como siempre. -¿Quieres pasar...?-
Ella asiente, agacha la cabeza y entra. Brian alza la mirada un momento y se topa de frente con la puerta de casa de Ana, que como de costumbre estos últimos días está cerrada. Suspira profundamente y cierra "Mierda, ojalá pudiese saber qué es de ti y si estás bien, Texas…". Cynthia enseguida se sienta en el sofá y observa a Brian acercarse, sonriente. El chico de ojos oscuros se deja caer sentado a su lado con un suspiro y se frota las sienes, en silencio con los ojos cerrados, cansado. Cynthia le mira y chasquea la lengua, molesta. -Bueno, ¿vas a animar esa cara o vamos a trabajar así...? Pareces deprimido...-
Brian abre los ojos, la mira y enarca una ceja. -Estoy bien. Sólo me duele la cabeza. He dormido mal…- Coge la carpeta y la abre. A veces tiene la sensación de que cuando la sobrina de Dean va a su casa, se siente como en un parque de atracciones, como si le divirtiera de verdad a pesar de que sabe que es una visita no deseada. Habla hojeando la lista de proveedores, sin querer mirar a la chica a esos ojos que parecen cargados de descaro y de una chispa de algo que no sabe describir. “Madre de Dios, éste inventario es mucho más largo que el de la última vez…”. -Y de cualquier manera, ¿desde cuándo te importan mis estados de ánimo, Cynthia? Esto es nuevo…-
Ella se encoge de hombros con indiferencia, reclinándose hacia atrás en el sofá, cruzando las piernas y hablando con la mirada puesta en la televisión ahora apagada. -No lo sé, es que te noto extraño. En otras circunstancias probablemente me hubieses arrancado la carpeta de las manos y me hubieses gritado para que me largase sin siquiera invitarme a entrar...- Ríe.
El chico de ojos oscuros y cansados enarca una ceja, hablando de nuevo sin apartar su mirada del inventario, y con una mueca que podría tratarse de una sonrisa de medio lado si no fuera tan sumamente desganada. -Debe ser que me he levantado caritativo ésta mañana.- Se pasa una mano hacia atrás por el pelo negro como el carbón, y suspira largamente. -O porque me estoy volviendo idiota y estoy empezando a hacer cosas que no debería hacer, o porque llevo tanto tiempo encerrado en casa que mato por una compañía, por pésima que sea.- Chasquea la lengua y habla por lo bajo, en un tono sarcástico que despierta la diversión en Cynthia. -¿Cuál de las tres cosas crees tú que es?- Coge un bolígrafo, subraya uno de los nombres, uno de un nuevo proveedor, y hace lo mismo con el número que hay escrito al lado. De nuevo otra de esas conversaciones de tira y afloja…
La chica le mira mientras él se ocupa del papel, hojeándolo y escribiendo cosas a los márgenes. Es una mirada curiosa, como si estuviese intentando leerle el pensamiento pero no le fuese posible. Se encoge de hombros y sonríe de medio lado. -Tal vez sea que necesites compañía, alguien que te saque de esta jaula…-
Él la mira por un segundo y ríe por lo bajo, en una carcajada sarcástica. -Puede ser, pero estoy a gusto en mi jaula. Tengo comida, cama, música y mucha tranquilidad. Y supongo que con eso tengo suficiente, no me falta nada…- Coge el cigarrillo que estaba consumiéndose solo en el borde del cenicero y le pega otra calada mientras pasa las hojas de la carpeta, reclinándose hacia atrás, junto a Cynthia, que lo mira con esos ojos color miel delineados como siempre en negro, de una manera curiosa y divertida. Parece estar mucho menos borde que otros días…
La chica borra su sonrisa, se muerde el labio inferior y habla intensificando la forma de mirarle, bajando el tono de voz. -¿Sabes? Yo creo que sé lo que necesitas…-
Suspira profundamente y habla escribiendo en el papel, en un tono cansado. -Ilumíname, Cynthia…- Ni siquiera tiene ganas de discutir con ella hoy. Cualquier otro día le hubiera dicho que, si no va a ayudarle con el inventario, que mejor se largue y deje de romper su día tranquilo, pero lo cierto es que hoy no le apetece cabrearse. Por no querer, ni siquiera quiere tener que trabajar en el inventario esa tarde, pero tampoco quiere fallarle a Dean. Y a decir verdad, quizás se sienta un poco solo en el fondo. Echa de menos la compañía de cierta personita…
La chica de ojos color miel arranca la lista de las manos de Gates y éste la mira confuso. Para cuando sus miradas se cruzan, los labios de ella están peligrosamente cerca de los de él, y mantiene dibujada una sonrisa de pura picardía. Habla en un susurro, mirándole la boca de una forma bastante tentadora.
-Adivínalo...-
Brian siente que se le corta la respiración. Debería habérselo esperado, pero está tan cansado y tan espeso que no podría haber predicho las tres a las dos y media. Cierra los ojos y suspira, pero no se aleja de ella. Siente que le muerde los labios, que se los lame como un gato goloso deseando jugar, pero él sólo alcanza a susurrar como en una súplica cerca de su boca, como si no quisiera que su demonio particular de labios rojos le obligara a caer en el mismo abismo de siempre ahora que se siente débil, solo y extraño. -Cynthia, no lo hagas…-
Pero para cuando dice eso, Cynthia está ya sentada sobre él en ropa interior, con el pelo salvajemente revuelto y el pintalabios corrido, comiéndole la boca de una forma poco civilizada. Si Annie viera eso tal vez no querría volver a acercarse a Gates en su vida, pero a él ahora no parece importarle. Está tan descolocado y perdido como la chica que ahora pierde el control sentada sobre sus rodillas, y ninguno de los dos parece querer parar...
Matt llega a casa a la hora de comer, y encuentra la casa aparentemente vacía. En el salón la televisión está apagada, Pinkly duerme sobre la alfombra, y un montón de latas de cerveza, como siempre, adornan la superficie de la mesa, además de unos documentos que relaciona rápidamente con el Red Dingo y sus encargos y proveedores. Suspira largamente poniéndose las manos en la cintura y una chispa de optimismo lo recorre por dentro. “¿Habrá salido Brian de casa…?”. Sus ilusiones se ven inmediatamente diluidas cuando escucha la voz de su compañero inseparable en su habitación. Resopla y camina apresuradamente hasta su puerta, y la abre de golpe. Simplemente no lo esperaba. La cama está deshecha, Brian tirado en ella y Cynthia sentada sobre él semidesnuda. Los dos están despeinados, exhaustos pero tranquilos, y hace un calor tremendo en la habitación. Ella mantiene una mano sobre su pecho, y con la otra posa un cigarro que no huele precisamente a tabaco en los labios de Brian, que parece estar en otro mundo. Ahora Matt entiende de dónde sale ese humo espesísimo que rodea la estancia como una atmósfera propia. Cynthia mira al chico de ojos verdes y ríe al ver cómo los mira con una ceja enarcada, más que perplejo. Ella y su habilidad para poner la vida de Gates patas arriba no le gustan un pelo… -Hola, Matt. No te hemos escuchado llegar…- Ríe, sentada encima de Brian.
Matt, impresionado, mira a su amigo, frunciendo el ceño. -¿Pero qué coño...? ¿Estáis fumando maría aquí...?- Brian ríe coreado por Cynthia y asiente. Matt resopla y pone los ojos en blanco. -Apaga eso ahora mismo, si el humo llega al piso de arriba los vecinos van a tomarnos por drogadictos, y van a ser capaces de llamar a la policía...- Agarra una toalla y se la tira a la chica de ojos color miel, quien la coge al vuelo con una sonrisa de pura autosuficiencia dibujada en los labios. -Y tú Cynthia, haz el favor de vestirte, ¿quieres? Y si no vas a quedarte a comer es mejor que te vayas cuanto antes porque yo tengo hambre...- Sale de la habitación, cerrando tras de sí. Camina malhumorado hasta la cocina, abre una nevera, se saca una cerveza bien fría y mientras la abre se apoya en el marco de la ventana, mirando a través de ella. Justo enfrente queda la habitación de Annie, que parece estar tranquila. Está ordenada y la cama está hecha, y en ella no hay rastro alguno de la chica de ojos verdes. Le da un trago a su Heineken y habla para sí en un murmullo. -Ay Annie, si vieses esto...-
En cosa de diez minutos ambos salen vestidos de la habitación, y Cynthia se asoma a la cocina, donde el chico de ojos verdes sigue metido, vigilando el ventanal. -Adiós, Sanders.- Le guiña un ojo y ríe. -A ver si nos vemos más a menudo, que hace demasiado que no sé de ti…- Le lanza una mirada cómplice a Brian, apostado en la puerta de la cocina, mientras abre la puerta para salir. Murmura, con una de esas sonrisas que quitan el hipo. -Nos vemos, Brian. Suerte con ese inventario…- La chica desaparece cerrando tras de sí, y Brian suspira profundamente, perdiendo la sonrisa apenas perceptible que le quedaba dibujada en sus labios, aún enrojecidos. -¿Hay algo de comer…?- Camina hasta la nevera y la abre, mirando sin ver nada, literalmente. Resopla y ríe por lo bajo, como si aparte del colocón, tratara de alejar la atención de sí mismo para evitar el tema. -Matt, estamos en la ruina. ¿Cuándo vamos a hacer la compra…?-
Matt suspira y habla sin mirarle, de espaldas a él, aún con la mirada puesta en la ventana de la casa de enfrente. -Hoy te tocaba hacer la compra a ti pero veo que tenías cosas más importantes que hacer...-
Gates resopla y pone los ojos en blanco, perdiendo la sonrisa. -Joder, Matt. La visita de Cynthia no entraba en mis planes.- Se sienta en la mesa y se frota la cara, tratando de salir de la nube en la que está. -Iré ésta tarde, lo prometo.- Le mira y enarca una ceja, usando una de sus expresiones de cachorrito perdido que le viene de perlas para dar lástima al personal. -¿Vienes conmigo…?-
Sanders asiente resignado, suspira y por fin se gira, clavando su mirada en la de él. –Cualquier cosa con tal de que salgas de casa. Te estás volviendo loco aquí dentro, por lo que parece… Te dije que te alejaras de Ana, pero no contaba con que ibas a suicidar tus sentimientos e ibas a volver a meterte en un pozo que no le recomiendo ni a mi peor enemigo... Brian, no hagas ésto, por el amor de Dios, no caigas en ésto otra vez...
No hay comentarios:
Publicar un comentario