[Se hacen unos desquiciantes segundos de silencio total hasta que Brian habla en un susurro casi inaudible, habiendo perdido de golpe la sonrisa y la paz dentro de sí.
-Yo…- Suspira profundamente, dejando que su pecho se hinche y se deshinche después, abatido y derrumbado. Cierra los ojos y susurra de nuevo, diciendo algo que encoge su propio corazón. “Tú lo hiciste, tuya fue toda la culpa, Brian…”
-No creo que esté preparado para hablar de eso aún, Ana. No quiero tener que hablar de ellos…]
Brian suspira profundamente y clava la mirada en el techo, dejando que los ojos se le humedezcan, brillantes y tristes. Cierra los ojos y resopla larga y dolorosamente. -Ellos… Murieron cuando yo tenía dieciocho años. Murieron por mi culpa, porque fui egoísta e inconsciente...-
Ana suspira y frunce ligeramente el ceño, extrañada -Seguro que no ha sido por tu culpa, dudo que fueses capaz de matar a tus propios padres…-
Él traga saliva y habla sin abrir los ojos, sonando realmente agónico. -Yo quería irme de casa. Largarme, lejos de todo, lejos de mi hermano Brent que jamás me trató demasiado bien, lejos de mi entorno, lejos de todo lo que no me gustaba. Había dejado el instituto, me metí en la mala vida, en la vida fácil, y llevaba un par de años trabajando en un taller y…- Suspira -Había reunido el dinero necesario para irme y emprender algo nuevo. A mis padres no les parecía bien, ni siquiera teniendo los medios. Ellos querían que me quedara, supongo que no querían verme fuera de casa tan pronto, pero yo no escuché a nadie. No me despedí de nadie, simplemente hice las maletas y me fui una noche en tren.
Llegué a los Ángeles en unas horas y todo me parecía increíble, incluso mi piso enano y sucio en los suburbios que ocupé. Mis padres habían visto en el suelo de mi habitación el ticket de compra de mi billete de tren, y por consiguiente, el destino de mi viaje.- Suspira de nuevo, sintiendo ese horrible nudo en la garganta que amenaza con interrumpir su confesión -Ambos se montaron en el coche de madrugada y trataron de llegar cuanto antes a Los Ángeles, supongo que con la esperanza de encontrarme y llevarme a casa de nuevo, de intentar hacerme entrar en razón.-
Abre los ojos y los fija en el techo. Ahora suena congestionado, frío y al borde del llanto, y hace esfuerzos titánicos para mantener firme su voz -En la tarde siguiente del día de mi llegada recibí una llamada de mi hermano. Mi padre y mi madre habían muerto en un accidente esa madrugada. Su coche viejo se había estrellado contra un camión y había caído fuera de la autopista. Nunca voy a olvidarme de esa llamada, jamás. Mi hermano Brent me suplicó lleno de rabia y entre lágrimas que no volviera a acercarme a él, ni a nadie que llevara el apellido Haner. Se aseguró de que entrara en mi cabeza que yo había sido el culpable de todo y…- Se limpia una lágrima solitaria que vaga por su mejilla, recorriéndola despacio. Se está obligando a no llorar, a ser fuerte, pero duele como mil cuchillos dentro del pecho -Ni siquiera tuve el valor para ir al funeral. Nadie quería verme allí, posiblemente ni mis propios padres querrían haberme visto…-
Ana le mira con lástima, chasquea la lengua y resopla abrazándole, llevándolo contra ella. Le besa el pelo y suspira, siseando para hacerle dejar de sollozar, para que descargue todo lo que tiene dentro lo antes posible. Le acaricia la cara con suavidad para secarle las lágrimas y, enterrando los dedos en su pelo negro, habla en un susurro que para el chico de ojos oscuros es lo más tranquilizador y paciente del mundo -No llores, no fue tu culpa.... Estas cosas pasan y...- Suspira -Y nadie te culpa de ello. Ni siquiera creo que tu hermano sea capaz de culparte de algo así. Todo fue un accidente, sucedió sin que nadie se lo esperase… Yo estoy aquí y no te odio, y estoy segura de que al igual que yo, nadie lo hace. Además tienes que ser fuerte, tu hermana tiene muchas ganas de verte y debe estar esperándote ansiosa, no creo que quiera verte decaído el tiempo que estés con ella...- Sonríe levemente.
El mismo Brian al que todos ven como frío, impasible, despreocupado e indescifrable ahora llora en silencio contra el pecho de Annie, que le mantiene abrazado como si fuera un niño que busca el calor de su madre. Nunca se ha sincerado en éste tema con nadie, nunca hasta éste momento. No acaba de entender por qué Ana le produce la confianza suficiente para contarle todo lo que se le pasa por la cabeza sin miedo a consecuencias. Ni siquiera a Matt le contó esto de primeras. Su compañero tuvo que enterarse por otra gente, ya que Brian parecía un muro impenetrable de sentimientos bloqueados. Habla en un susurro agónico, con los ojos cerrados y la cara empapada -No desaparezcas nunca, por favor…-
Una sonrisa tierna y tímida hace atisbo de aparecer dibujada en los rosados y carnosos labios de la chica de ojos verdes. Suspira y le besa la cabeza de nuevo, hablando en un susurro mientras con la mano le acaricia la mejilla, acurrucándolo contra ella -No, te prometo que no...- Le coloca un mechón de pelo tras la oreja -Y ahora deja de llorar y vamos a dormir, ¿sí? Mañana vas a estar hecho polvo…-
_______________________________________________________________________
Las nueve de la mañana llegan antes de lo que los dos chicos se esperan. El despertador suena odiosamente puntual, y Brian se sienta en el borde de la cama, gruñendo y frotándose los ojos de puro sueño. Annie se despierta con él, desayunan con prisas y no tardan en ir al piso de Brian, ya que la chica de ojos verdes se ha empeñado en ayudarle a hacer la maleta. Ni siquiera sabe muy bien qué meter, porque no sabe cuándo será la vuelta, pero ambos ponen buena voluntad y acaban por meterlo casi todo sin problemas. Pinkly va a tener que aceptar su viaje en el tren metida en el trasportín para mascotas, el mismo que ahora mira con recelo y resignación, echada en la alfombra de la entrada.
Annie parece más triste que en mucho tiempo, y su tristeza se hace patente una vez que han llegado a la estación. En el andén, Brian deja el trasportín y la maleta en el suelo, y suspira pesadamente antes de sentarse en un banco junto a Ana. Quedan cinco minutos para que el tren haga su llegada a Union Station, y ninguno de los dos quiere que llegue aún. Brian la mira y chasquea la lengua al encontrarse con sus ojos verdes cargados de pena -Ey Annie, ¿recuerdas lo que te prometí…?-
Ana alza la mirada del suelo y le mira, seria y triste, suspirando pesadamente y hablando casi en un susurro -¿El qué…?-
Él le coloca un mechón de pelo tras la oreja y fuerza una sonrisa -Que voy a volver y que no voy a tardar en hacerlo, así que cambia ahora mismo esa cara.- Suspira profundamente, reprimiendo la risa -Además, Matt llega mañana mismo, si necesitas algo él siempre está en casa. Es como una señora mayor… Sabes que puedes pedirle cualquier cosa, que puedes ir a molestarle cuando quieras...-
Annie ríe sin ganas y sacude la cabeza, bajando la mirada al suelo de nuevo. Suspira y deja que sus carcajadas forzadas se queden en una media sonrisa triste -Lo sé pero... No va a ser lo mismo…-
Gates se encoge de hombros y ríe triste -Vamos, si no te va a dar tiempo a echarme de menos, ya verás. Como mucho desapareceré un par de semanas, ¿sabes? De cualquier manera no tengo dinero para más…- Por el servicio de megafonía avisan lo inevitable, y mientras una voz de mujer anuncia la llegada del expreso, el larguísimo tren hace su aparición en las vías. El chico de ojos oscuros resopla y se levanta del banco, derrumbado. Sin pensárselo dos veces, la funde en un abrazo tierno contra él, y habla en su oído -No me eches mucho de menos, Texas…-
Ella sonríe de medio lado y entierra la cara en su pecho, acariciándole la espalda y hablando en el mismo tono -No tardes demasiado o no tendré más remedio...-
Deshacen el abrazo y se quedan frente a frente, mirándose. Él la mira durante unos segundos a los ojos, y de una manera adorable baja la mirada a sus labios antes de volver a mirarla a esos enormes ojos verdes con una expresión de pura sinceridad -Yo también voy a echarte de menos, Ana. Muchísimo. Cuando vuelva, te prometo más tardes de películas y canciones...-
Annie sonríe y asiente, colocándose un mechón de pelo tras la oreja tímidamente y manteniendo su mirada en esos enormes y atractivos ojos oscuros del chico que ahora parece haberse convertido en el centro de su pequeño universo -Seguro que sí. Cuídate mucho, Brian...- Suspira -Me llamarás, ¿verdad que sí…?-
Brian asiente despacio -En cuanto llegue. Te prometo que te llamaré varios días a la semana.- Resopla con una sonrisa -Estaré bien, Annie, ya verás. Y tú prométeme que te cuidarás, que llamarás a Matt para cualquier cosa que necesites y que me llamarás a mí si tienes el más mínimo problema serio. Con eso me quedo más que tranquilo.- Hunde las manos en su pelo y planta en su pálida frente un beso tierno, cargado de sobreprotección. Nadie se imagina cuánto siente tener que irse ahora, justo cuando las cosas empezaban a mejorar. Susurra, diciendo algo que coge de improvisto a la chica de ojos verdes -Te quiero. Te quiero, de mil maneras pero te quiero muchísimo y te quiero bien. Volveré antes de que puedas echarme de menos, Annie…- Agarra las maletas y el trasportín. El tren ya no puede esperar mucho más…
La sonrisa de Ana se amplía, se amplía igual que la de una niña ilusionada. La chica de ojos verdes rodea el cuello de Brian con los brazos y le planta un tierno beso en los labios, largo y lento. El tren abre sus puertas y una marea de viajeros los arroya, pero ellos dos siguen en su propio mundo, absortos a todo y a todos. Cuando dejan de besarse, Ana se queda a escasos milímetros de los labios del chico de ojos oscuros y, con la mirada puesta en ellos, habla en un susurro, con una media sonrisa -Yo también te quiero. Muchísimo. Y te estaré echando de menos en cuanto ese tren arranque, así que no pidas imposibles...-
Gates sonríe quitándose de encima toda la pena, como si esas palabras fueran pura medicina para su alma algo hecha jirones. Habla caminando hasta el tren, dando unos pasos marcha atrás, sin dejar de mirarla -Te llamaré en cuanto llegue.- Debido al griterío, se ve obligado a alzar la voz con una sonrisa imborrable -¡Juro que te llevaré conmigo al próximo viaje que haga!- Entra en el tren, busca su vagón y se sienta en su cómodo asiento al lado del cristal. Annie está mirándole con una sonrisa triste desde fuera. Es suyo. Él se siente extraña y enteramente suyo, a merced de esos ojos verdes que le vuelven loco, de esa sonrisa que fulmina sus malos humos, de esa voz que es capaz de llevarlo lejos, de hacerle volar, a merced de sus manos, de su pelo y de sus besos, y no, no le resulta una atadura. Le encanta sentirse así. Mientras el enorme tren arranca, antes de perderle de vista, Annie puede ver cómo su chico de pelo negro azabache y ojos oscuros le guiña un ojo de manera cómplice, y puede leer en sus labios una frase que le hace sonreír a pesar de querer llorar a mares. “Bye bye, Miss American Pie…”.
Ana se queda mirando cómo el tren se aleja, sola, quieta, parada junto al andén y con la mirada fija en la silueta que el cuerpo de Brian dibuja en la ventana hasta que se hace imperceptible y desaparece en la distancia. Su sonrisa se borra lentamente y finalmente se queda seria. Suspira, baja la mirada y mete las manos en los bolsillos de su chaqueta para después dar media vuelta y echar a andar hacia la puerta para salir de la estación. ''Solo serán dos semanas. Solo dos, Ana. Y después volverá, seguramente con las ideas más organizadas. Todo será más fácil...'' Se dice a sí misma cada vez que siente la necesidad de llorar, de venirse abajo y de llorar. Sabe que es poco tiempo pero, mierda, va a echarle tanto de menos...
Ana alza la mirada del suelo y le mira, seria y triste, suspirando pesadamente y hablando casi en un susurro -¿El qué…?-
Él le coloca un mechón de pelo tras la oreja y fuerza una sonrisa -Que voy a volver y que no voy a tardar en hacerlo, así que cambia ahora mismo esa cara.- Suspira profundamente, reprimiendo la risa -Además, Matt llega mañana mismo, si necesitas algo él siempre está en casa. Es como una señora mayor… Sabes que puedes pedirle cualquier cosa, que puedes ir a molestarle cuando quieras...-
Annie ríe sin ganas y sacude la cabeza, bajando la mirada al suelo de nuevo. Suspira y deja que sus carcajadas forzadas se queden en una media sonrisa triste -Lo sé pero... No va a ser lo mismo…-
Gates se encoge de hombros y ríe triste -Vamos, si no te va a dar tiempo a echarme de menos, ya verás. Como mucho desapareceré un par de semanas, ¿sabes? De cualquier manera no tengo dinero para más…- Por el servicio de megafonía avisan lo inevitable, y mientras una voz de mujer anuncia la llegada del expreso, el larguísimo tren hace su aparición en las vías. El chico de ojos oscuros resopla y se levanta del banco, derrumbado. Sin pensárselo dos veces, la funde en un abrazo tierno contra él, y habla en su oído -No me eches mucho de menos, Texas…-
Ella sonríe de medio lado y entierra la cara en su pecho, acariciándole la espalda y hablando en el mismo tono -No tardes demasiado o no tendré más remedio...-
Deshacen el abrazo y se quedan frente a frente, mirándose. Él la mira durante unos segundos a los ojos, y de una manera adorable baja la mirada a sus labios antes de volver a mirarla a esos enormes ojos verdes con una expresión de pura sinceridad -Yo también voy a echarte de menos, Ana. Muchísimo. Cuando vuelva, te prometo más tardes de películas y canciones...-
Annie sonríe y asiente, colocándose un mechón de pelo tras la oreja tímidamente y manteniendo su mirada en esos enormes y atractivos ojos oscuros del chico que ahora parece haberse convertido en el centro de su pequeño universo -Seguro que sí. Cuídate mucho, Brian...- Suspira -Me llamarás, ¿verdad que sí…?-
Brian asiente despacio -En cuanto llegue. Te prometo que te llamaré varios días a la semana.- Resopla con una sonrisa -Estaré bien, Annie, ya verás. Y tú prométeme que te cuidarás, que llamarás a Matt para cualquier cosa que necesites y que me llamarás a mí si tienes el más mínimo problema serio. Con eso me quedo más que tranquilo.- Hunde las manos en su pelo y planta en su pálida frente un beso tierno, cargado de sobreprotección. Nadie se imagina cuánto siente tener que irse ahora, justo cuando las cosas empezaban a mejorar. Susurra, diciendo algo que coge de improvisto a la chica de ojos verdes -Te quiero. Te quiero, de mil maneras pero te quiero muchísimo y te quiero bien. Volveré antes de que puedas echarme de menos, Annie…- Agarra las maletas y el trasportín. El tren ya no puede esperar mucho más…
La sonrisa de Ana se amplía, se amplía igual que la de una niña ilusionada. La chica de ojos verdes rodea el cuello de Brian con los brazos y le planta un tierno beso en los labios, largo y lento. El tren abre sus puertas y una marea de viajeros los arroya, pero ellos dos siguen en su propio mundo, absortos a todo y a todos. Cuando dejan de besarse, Ana se queda a escasos milímetros de los labios del chico de ojos oscuros y, con la mirada puesta en ellos, habla en un susurro, con una media sonrisa -Yo también te quiero. Muchísimo. Y te estaré echando de menos en cuanto ese tren arranque, así que no pidas imposibles...-
Gates sonríe quitándose de encima toda la pena, como si esas palabras fueran pura medicina para su alma algo hecha jirones. Habla caminando hasta el tren, dando unos pasos marcha atrás, sin dejar de mirarla -Te llamaré en cuanto llegue.- Debido al griterío, se ve obligado a alzar la voz con una sonrisa imborrable -¡Juro que te llevaré conmigo al próximo viaje que haga!- Entra en el tren, busca su vagón y se sienta en su cómodo asiento al lado del cristal. Annie está mirándole con una sonrisa triste desde fuera. Es suyo. Él se siente extraña y enteramente suyo, a merced de esos ojos verdes que le vuelven loco, de esa sonrisa que fulmina sus malos humos, de esa voz que es capaz de llevarlo lejos, de hacerle volar, a merced de sus manos, de su pelo y de sus besos, y no, no le resulta una atadura. Le encanta sentirse así. Mientras el enorme tren arranca, antes de perderle de vista, Annie puede ver cómo su chico de pelo negro azabache y ojos oscuros le guiña un ojo de manera cómplice, y puede leer en sus labios una frase que le hace sonreír a pesar de querer llorar a mares. “Bye bye, Miss American Pie…”.
Ana se queda mirando cómo el tren se aleja, sola, quieta, parada junto al andén y con la mirada fija en la silueta que el cuerpo de Brian dibuja en la ventana hasta que se hace imperceptible y desaparece en la distancia. Su sonrisa se borra lentamente y finalmente se queda seria. Suspira, baja la mirada y mete las manos en los bolsillos de su chaqueta para después dar media vuelta y echar a andar hacia la puerta para salir de la estación. ''Solo serán dos semanas. Solo dos, Ana. Y después volverá, seguramente con las ideas más organizadas. Todo será más fácil...'' Se dice a sí misma cada vez que siente la necesidad de llorar, de venirse abajo y de llorar. Sabe que es poco tiempo pero, mierda, va a echarle tanto de menos...
Vuelve sola a su casa tras un viaje solitario en autobús de vuelta a las cercanías de su barrio. Sube las escaleras del bloque, realmente abrumada por toda la situación. Ni siquiera quiere entrar en el ascensor en ese momento. Cuando llega al sexto piso lo encuentra todo en una quietud insoportable. Echa de menos incluso el ruidito de Pinkly corriendo por el suelo de madera del piso de su recién desaparecido vecino. Los que vienen ahora van a ser días muy largos para Annie, al menos hasta que Matt vuelva a casa y llene ese vacío que Gates ha quedado tras de sí. Cuando entra en casa, se da cuenta de que aún huele a café recién hecho, a ese último café que han tomado juntos después de una noche más que especial…
Una sonrisa nostálgica se dibuja en los labios de la chica de ojos verdes, que suspira y se quita la chaqueta para después lanzarla sobre el sofá. Camina hacia su habitación y cuando entra se la encuentra tal y como la habían dejado. La ropa que se puso ayer está tirada junto a la cama y las sábanas están tiradas en el suelo. Suspira profundamente, camina hacia la cama y se sienta en el borde, poniéndose a recoger. Coge las sábanas para doblarlas y de pronto la inunda el olor a la colonia del chico de ojos oscuros. Sonríe y suspira de nuevo. Cuando termina de recoger, se levanta y camina hacia la cocina. Una vez allí abre el armario y saca un bote de pastillas del que extrae una, la deja sobre la encimera y vuelve a guardar el bote en su lugar. Se sirve un vaso de agua, se mete la pastilla en la boca y se la traga, posando después el vaso en el fregadero. No puedo permitirme riesgos ahora...
Pasan un par de días más que aburridos para la chica, un par de días que Annie aprovecha para pasar con Karina y Charlotte, que han resultado ser todo un amor con ella. Kate es un mundo diferente, ella no parece querer ser un amor con nadie, y lo deja bien claro con esas maneras frías a las que todo el mundo está acostumbrado ya. Una de las tardes la pasan en el Red Dingo, tomando café y hablando sin parar aprovechando que tienen el bar para ellas solas, ya que Dean parece vivir encerrado en su despacho aunque les dé a las chicas libertad para hacer lo que quieran en el local. La noche del segundo día después de la ida de Brian, Annie llega bastante tarde a casa. El timbre del teléfono la sobresalta mientras tiene puestas a calentar una de esas sopas de sobre, y se ve obligada a descuidar la preparación de éstas para ir a buscar con urgencia el teléfono inalámbrico.
Cuando contesta, una voz de hombre bastante grave habla al otro lado del teléfono. Es él, sin duda es él. Distinguiría esa voz en cualquier parte. Ahora mismo está confusa. No sabe si alegrarse o asustarse y colgar el teléfono, está demasiado confundida -¿¡Charlie..?!-
Suspira, ríe y asiente, sentado en el sofá de cuero del salón de su casa de Detroit, con los pies puestos en la mesita de café. Su voz suena igual que siempre, igual de madura y de grave que siempre -¿Cómo está mi princesa de Los Ángeles…? Debes de andar muy ocupada, porque si no te llamo yo, a ti se te olvida llamarme, Annie…- Suspira y clava sus ojos azul marino en la televisión, en la que ahora retransmiten, con el volumen al mínimo, un concierto de Bruce Springsteen.
Ella resopla y fingiendo tener la voz cansada, se sienta en una de las sillas de la cocina. Se lleva las manos a la cabeza y habla con los ojos cerrados, bajando el tono de voz -Lo… Lo siento mucho, cielo, acabo... Acabo de llegar a casa y estoy agotada, pensaba meterme en la cama ahora mismo...-
Charlie chasquea la lengua y sonríe de medio lado -¿Mucha fiesta por la ciudad un martes por la noche?- Ríe. -Yo me he cogido unos días de descanso para estar con mi sobrina nueva, Claire, ya sabes. Así que no estoy haciendo mucho más que hacer el vago. ¿Cómo va tu trabajo en el bar? Y ese piso nuevo del que me hablaste, ¿te ves bien en tu nueva casa?-
Annie suspira, reclinándose hacia atrás en su asiento -Bueno, el trabajo en el bar va bien. Me divierto y las chicas son geniales, lo único malo es que acabamos muy tarde, ya sabes. Y por lo demás...- Se encoge de hombros -Bien también. El piso es pequeño pero acogedor, al menos puede vivirse en él, no como el otro...- Ríe sin ganas y chasquea la lengua -Total vivo sola, no necesito más…-
Él asiente y suspira, enredando con el mando de la tele mientras habla con ella -Cielo, te estoy echando de menos. Estaría bien que te pasaras por aquí pronto, tengo muchas ganas de verte, de comprobar que sigues tan guapa como siempre.- Ríe y suspira -¿Sabes qué? Voy a dejarte descansar, Annie. Te quiero, ¿sí?-
La chica de ojos verdes asiente, dejando que una media sonrisa desganada se le dibuje en los labios -Está bien cielo, descansa, hablamos... Hablamos mañana, te quiero.- Cuelga, deja el teléfono sobre la mesa y resopla, cruzando los brazos sobre la misma y enterrando la cara entre ellos. Mierda, ¿por qué justo ahora te da por acordarte de mí, Charlie…?.
Algunos pensamientos no dejan dormir a Ana tan pronto como quisiera dormir, pero cuando finalmente lo consigue la noche se le pasa de un tirón. Brian la llama casi a diario y le cuenta todo lo que hace con su hermana. Suena realmente feliz, y eso es genial, hace que Ana sonría y que se difumine un poco esa manera ansiosa que tiene de echarle en falta cuando escucha su voz.
A la mañana siguiente, mientras desayuna, escucha un alboroto inusual en el rellano, uno que le hace levantarse de su silla con el café en la mano y acercarse a echar un ojo por la mirilla de la puerta. Matt viene cargado de maletas, y está entrando en casa. Es alentador de verdad saber que ya no va a estar tan sola en el bloque, y le alegra sinceramente que Matt haya vuelto. No va a negar que sin Brian y sin él se sentía un tanto desprotegida, y estaba tan aburrida que incluso ha ido a las juntas de vecinos algunos días.
Matt deja las maletas frente a su puerta y resopla mientras rebusca nerviosamente en su bolsillo las llaves de casa, maldiciendo por lo bajo a cada santo que conoce al no ser capaz de encontrarlas. Ana ríe, abre la puerta y se apoya en el marco, mirándole con una sonrisa y la taza de café humeante en la mano -¿Necesitas ayuda...?-
Matt la mira de fijo con sus ojos verdes y esboza una de esas sonrisas tan características suyas que dejan a la vista un par de hoyuelos que le restan edad y le hacen parecer un niño grande. -Buenos días, Annie.- Ríe y resopla, rebuscando por unos segundos y sacando finalmente las llaves con un suspiro de alivio -¿Cómo ha ido todo por aquí en mi ausencia…?-
Ella suspira y se encoge de hombros, sin borrar la sonrisa pero dejando que se reduzca bastante. -Bueno, bastante aburrida, la verdad. Desde que Brian y tú no estáis me paso los días del Dingo a casa y de casa al Dingo. Con decirte que lo más entretenido que he hecho esta semana ha sido ver cómo el vecino del primero y la del cuarto discutían a grito limpio en la reunión de vecinos...- Ríe.
El chico de ojos verdes resopla y rompe a reír. -Bueno, entonces sí que has tenido que estar aburrida.- Abre la puerta y se apoya en el marco, mirándola con curiosidad y malicia. A Matt le falta toda la timidez que a Brian le sobra en ciertos momentos, y no tiene problema ninguno en preguntar sobre cualquier tema, incluso a sabiendas de que será incomodo -Y hablando de Brian, ¿qué tal con él? Supongo que mientras he estado fuera habréis tenido algún que otro rato para estar juntos…- Ríe y enarca una ceja -¿Me equivoco?- Baja la mirada y pone los ojos en blanco -Te lo pregunto a ti porque a él no hay manera de hacerle soltar prenda…-
Ana ríe, sacude la cabeza y habla dejando la taza de café en la mesita del recibidor, al lado de la puerta -Así es, Matt. Estuvimos juntos. Pasamos tardes en tu casa viendo películas, hablando de multitud de cosas e incluso cantando como dos idiotas, así que sí, tus sospechas son ciertas...- Ríe y suspira nostálgicamente -Volverá dentro de poco ya...-
Sanders asiente y se encoge de hombros -Sí, ya me dijo que no pasaría más de dos semanas fuera. Se le veía con ganas de volverse después de esas dos semanas.- Ríe por lo bajo y se cruza de brazos -Debe ser que alguien está haciendo efecto imán en mi querido amigo Brian. A lo mejor me hago una idea de quién es…- Chasquea la lengua y sonríe -Me alegro de que vuestra amistad vaya viento en popa, me alegro mucho. Me gusta ver a Brian tan… Contento con su vida ahora. Y a ti, que te estés integrando tan bien en la ciudad y que te estés convirtiendo en la más famosa de las coyotes…-
Annie sonríe y se coloca un mechón de pelo tras la oreja, tímidamente, dejando que sus mejillas tomen un tono más rosado de lo habitual mientras baja la mirada al suelo -Bueno, sí, supongo que sí...- Ríe nerviosa -Nos lo pasamos muy bien en ese condenado local...-
Él advierte el cambio en la cara de Annie, y se limita a sonreír traviesamente mientras enreda con las llaves en la mano -Bueno Annie, si no te importa, voy a entrar en casa, a colocar todo esto y a descansar un rato. Si necesitas algo, sabes dónde estoy. Hoy no me sacan de casa ni con una grúa, el viaje me ha quedado hecho polvo…- Se gira, entra en el recibidor y tras echar un vistazo alrededor, ríe por lo bajo -Qué raro se me hace no tener a esa ratita blanca correteando por aquí. Qué tranquilidad…- La mira y sonríe con esos aires arrebatadores de siempre, hablando antes de cerrar la puerta -¡Que aproveche ese café…!-
Ana sonríe y le hace un gesto de despedida con la mano antes de entrar en casa y cerrar la puerta. Pone los brazos en jarras y echa un vistazo rápido al salón. La verdad es que está muy desordenado, pero ella no parece estar muy por la labor de ponerse a ordenarlo. Se deja caer en el sofá con un resoplido y desvía la mirada hacia la mesita sobre la que descansa el móvil. De pronto se hace el silencio y en lo único en lo que es capaz de pensar la chica de ojos verdes es en Brian. En cómo estará y en si se acordará de ella...
El aburrimiento puede con Annie, que en seguida acaba ordenando el salón, y después su habitación, y el resto de la casa en consecuencia. Sale a comer fuera con las chicas, y vuelve para la mitad de la tarde. Se pone a experimentar, a tratar de hacer una tarta, y cae la noche en medio de sus experimentos reposteros. Otra vez, a las diez de la noche, se hace el jaleo en el rellano, pero ya no le da importancia. Quizás Matt haya bajado a tirar la basura. El timbre de la casa suena y distrae a Annie de su masa dulce, dándole además un escalofrío de pura mala vibración. No le gusta. Simplemente no le gusta y no sabe por qué…
La chica de ojos verdes sacude las manos sobre la encimera para quitarse la harina y camina hacia la puerta para abrirla antes de que su visitante le queme el timbre. "Ya voy, joder..." Cuando abre, la imagen la deja sin palabras. Charlie está ahí, parado frente a ella, con dos maletas a su lado y mirándola con una sonrisa amplia. En cambio Ana se queda pálida como si hubiese visto un fantasma. No sabe cómo reaccionar, no sabe cómo se tomará Brian que el novio de "su chica" esté ahora metida con ella en casa hasta Dios sabe cuándo. Se maldice, se maldice a sí misma cientos de miles de veces, a sí misma y a su mala suerte. Tierra, trágame... Fuerza la mejor sonrisa que puede en ese momento y pese a que no resulta nada creíble, el chico de ojos claros ríe y la estrecha contra él con fuerza, abrazo al que Ana tarda en responder. Es entonces cuando por fin la chica de ojos verdes confirma sus sospechas de que lo que siente por Charlie se está muriendo y de que realmente no tenía tantas ganas de verle como pensaba...
Su chico le revuelve el pelo con cariño y la besa en los labios con ternura. No la ha echado tanto de menos en realidad, pero se moría de curiosidad por ver qué se le había perdido a su preciosa chica de Detroit en la gran ciudad. Lo cierto es que él ha estado demasiado “entretenido” como para pensar en la mudanza de Annie, en su nuevo trabajo y sus nuevos amigos. Habla con una sonrisa, pasando al interior de la casa -¿A que esto no te lo esperabas, princesa…?- Ríe y mira alrededor, profiriendo un silbido de sorpresa -Joder, qué bonito es éste sitio…-
Ana traga saliva y se apoya en la puerta para cerrarla, mirándole desde ahí aún sin salir de su asombro. -Qué... ¿Qué haces aquí...?- Sacude la cabeza. -Quiero decir que me alegro mucho pero... Dios mío- Se lleva las manos al pelo. -Estás… Estás aquí...- Fuerza una sonrisa que pretende ser de emoción. -No me lo esperaba en absoluto…-
Charlie se encoge de hombros con una sonrisa cómplice que Ana no es capaz de corresponder -Bueno, por eso me pillé los días de vacaciones…- Han pasado meses y ahora ahí está de nuevo, el mismo Charlie alto y fuerte, guapísimo, de pelo corto castaño claro, con sus pintas de marine y esa voz seria de siempre, con esos ojos azules más vivos que nunca. Camina hacia ella y, rodeándole la cintura con un brazo, la trae hacia sí y la besa en los labios para hablar después. -Bueno, ¿por qué no me enseñas tu casa en las alturas de una vez…?-
Ella ríe nerviosamente y se separa de él con bastante agilidad, encaminándose hacia la cocina. -Bueno, justo me has pillado haciendo una tarta, yo…- Se gira y le mira, percatándose de que el chico de ojos claros le estaba mirando el culo descaradamente -Quieres... ¿Quieres ducharte? ¿Darte un baño o algo así…? Tienes que estar bastante cansado del viaje y bueno mientras tanto yo termino de recoger por aquí y puedo ir haciendo la cena...- Asiente como dándose la razón a sí misma y echa a andar por el pasillo, seguida por él. -Vamos, te llevaré a tu…- Sacude la cabeza -A nuestra habitación…-
Charlie la sigue con una sonrisa cargada de malicia, echándole unas miradas que incomodarían a la persona más serena, cayendo en la cuenta de lo bien que le está sentando la gran ciudad a su chica. Se para en la puerta de la habitación y se apoya en el marco con una sonrisa, curioseándolo todo, en especial la cama. Annie está dentro de la estancia, mirándole como si esperara una respuesta. Habla enarcando una ceja, sin perder esa sonrisa teñida de segundas intenciones -¿Una cama de matrimonio para ti sola…? ¿No se te hace un poco grande?-
Matt deja las maletas frente a su puerta y resopla mientras rebusca nerviosamente en su bolsillo las llaves de casa, maldiciendo por lo bajo a cada santo que conoce al no ser capaz de encontrarlas. Ana ríe, abre la puerta y se apoya en el marco, mirándole con una sonrisa y la taza de café humeante en la mano -¿Necesitas ayuda...?-
Matt la mira de fijo con sus ojos verdes y esboza una de esas sonrisas tan características suyas que dejan a la vista un par de hoyuelos que le restan edad y le hacen parecer un niño grande. -Buenos días, Annie.- Ríe y resopla, rebuscando por unos segundos y sacando finalmente las llaves con un suspiro de alivio -¿Cómo ha ido todo por aquí en mi ausencia…?-
Ella suspira y se encoge de hombros, sin borrar la sonrisa pero dejando que se reduzca bastante. -Bueno, bastante aburrida, la verdad. Desde que Brian y tú no estáis me paso los días del Dingo a casa y de casa al Dingo. Con decirte que lo más entretenido que he hecho esta semana ha sido ver cómo el vecino del primero y la del cuarto discutían a grito limpio en la reunión de vecinos...- Ríe.
El chico de ojos verdes resopla y rompe a reír. -Bueno, entonces sí que has tenido que estar aburrida.- Abre la puerta y se apoya en el marco, mirándola con curiosidad y malicia. A Matt le falta toda la timidez que a Brian le sobra en ciertos momentos, y no tiene problema ninguno en preguntar sobre cualquier tema, incluso a sabiendas de que será incomodo -Y hablando de Brian, ¿qué tal con él? Supongo que mientras he estado fuera habréis tenido algún que otro rato para estar juntos…- Ríe y enarca una ceja -¿Me equivoco?- Baja la mirada y pone los ojos en blanco -Te lo pregunto a ti porque a él no hay manera de hacerle soltar prenda…-
Ana ríe, sacude la cabeza y habla dejando la taza de café en la mesita del recibidor, al lado de la puerta -Así es, Matt. Estuvimos juntos. Pasamos tardes en tu casa viendo películas, hablando de multitud de cosas e incluso cantando como dos idiotas, así que sí, tus sospechas son ciertas...- Ríe y suspira nostálgicamente -Volverá dentro de poco ya...-
Sanders asiente y se encoge de hombros -Sí, ya me dijo que no pasaría más de dos semanas fuera. Se le veía con ganas de volverse después de esas dos semanas.- Ríe por lo bajo y se cruza de brazos -Debe ser que alguien está haciendo efecto imán en mi querido amigo Brian. A lo mejor me hago una idea de quién es…- Chasquea la lengua y sonríe -Me alegro de que vuestra amistad vaya viento en popa, me alegro mucho. Me gusta ver a Brian tan… Contento con su vida ahora. Y a ti, que te estés integrando tan bien en la ciudad y que te estés convirtiendo en la más famosa de las coyotes…-
Annie sonríe y se coloca un mechón de pelo tras la oreja, tímidamente, dejando que sus mejillas tomen un tono más rosado de lo habitual mientras baja la mirada al suelo -Bueno, sí, supongo que sí...- Ríe nerviosa -Nos lo pasamos muy bien en ese condenado local...-
Él advierte el cambio en la cara de Annie, y se limita a sonreír traviesamente mientras enreda con las llaves en la mano -Bueno Annie, si no te importa, voy a entrar en casa, a colocar todo esto y a descansar un rato. Si necesitas algo, sabes dónde estoy. Hoy no me sacan de casa ni con una grúa, el viaje me ha quedado hecho polvo…- Se gira, entra en el recibidor y tras echar un vistazo alrededor, ríe por lo bajo -Qué raro se me hace no tener a esa ratita blanca correteando por aquí. Qué tranquilidad…- La mira y sonríe con esos aires arrebatadores de siempre, hablando antes de cerrar la puerta -¡Que aproveche ese café…!-
Ana sonríe y le hace un gesto de despedida con la mano antes de entrar en casa y cerrar la puerta. Pone los brazos en jarras y echa un vistazo rápido al salón. La verdad es que está muy desordenado, pero ella no parece estar muy por la labor de ponerse a ordenarlo. Se deja caer en el sofá con un resoplido y desvía la mirada hacia la mesita sobre la que descansa el móvil. De pronto se hace el silencio y en lo único en lo que es capaz de pensar la chica de ojos verdes es en Brian. En cómo estará y en si se acordará de ella...
El aburrimiento puede con Annie, que en seguida acaba ordenando el salón, y después su habitación, y el resto de la casa en consecuencia. Sale a comer fuera con las chicas, y vuelve para la mitad de la tarde. Se pone a experimentar, a tratar de hacer una tarta, y cae la noche en medio de sus experimentos reposteros. Otra vez, a las diez de la noche, se hace el jaleo en el rellano, pero ya no le da importancia. Quizás Matt haya bajado a tirar la basura. El timbre de la casa suena y distrae a Annie de su masa dulce, dándole además un escalofrío de pura mala vibración. No le gusta. Simplemente no le gusta y no sabe por qué…
La chica de ojos verdes sacude las manos sobre la encimera para quitarse la harina y camina hacia la puerta para abrirla antes de que su visitante le queme el timbre. "Ya voy, joder..." Cuando abre, la imagen la deja sin palabras. Charlie está ahí, parado frente a ella, con dos maletas a su lado y mirándola con una sonrisa amplia. En cambio Ana se queda pálida como si hubiese visto un fantasma. No sabe cómo reaccionar, no sabe cómo se tomará Brian que el novio de "su chica" esté ahora metida con ella en casa hasta Dios sabe cuándo. Se maldice, se maldice a sí misma cientos de miles de veces, a sí misma y a su mala suerte. Tierra, trágame... Fuerza la mejor sonrisa que puede en ese momento y pese a que no resulta nada creíble, el chico de ojos claros ríe y la estrecha contra él con fuerza, abrazo al que Ana tarda en responder. Es entonces cuando por fin la chica de ojos verdes confirma sus sospechas de que lo que siente por Charlie se está muriendo y de que realmente no tenía tantas ganas de verle como pensaba...
Su chico le revuelve el pelo con cariño y la besa en los labios con ternura. No la ha echado tanto de menos en realidad, pero se moría de curiosidad por ver qué se le había perdido a su preciosa chica de Detroit en la gran ciudad. Lo cierto es que él ha estado demasiado “entretenido” como para pensar en la mudanza de Annie, en su nuevo trabajo y sus nuevos amigos. Habla con una sonrisa, pasando al interior de la casa -¿A que esto no te lo esperabas, princesa…?- Ríe y mira alrededor, profiriendo un silbido de sorpresa -Joder, qué bonito es éste sitio…-
Ana traga saliva y se apoya en la puerta para cerrarla, mirándole desde ahí aún sin salir de su asombro. -Qué... ¿Qué haces aquí...?- Sacude la cabeza. -Quiero decir que me alegro mucho pero... Dios mío- Se lleva las manos al pelo. -Estás… Estás aquí...- Fuerza una sonrisa que pretende ser de emoción. -No me lo esperaba en absoluto…-
Charlie se encoge de hombros con una sonrisa cómplice que Ana no es capaz de corresponder -Bueno, por eso me pillé los días de vacaciones…- Han pasado meses y ahora ahí está de nuevo, el mismo Charlie alto y fuerte, guapísimo, de pelo corto castaño claro, con sus pintas de marine y esa voz seria de siempre, con esos ojos azules más vivos que nunca. Camina hacia ella y, rodeándole la cintura con un brazo, la trae hacia sí y la besa en los labios para hablar después. -Bueno, ¿por qué no me enseñas tu casa en las alturas de una vez…?-
Ella ríe nerviosamente y se separa de él con bastante agilidad, encaminándose hacia la cocina. -Bueno, justo me has pillado haciendo una tarta, yo…- Se gira y le mira, percatándose de que el chico de ojos claros le estaba mirando el culo descaradamente -Quieres... ¿Quieres ducharte? ¿Darte un baño o algo así…? Tienes que estar bastante cansado del viaje y bueno mientras tanto yo termino de recoger por aquí y puedo ir haciendo la cena...- Asiente como dándose la razón a sí misma y echa a andar por el pasillo, seguida por él. -Vamos, te llevaré a tu…- Sacude la cabeza -A nuestra habitación…-
Charlie la sigue con una sonrisa cargada de malicia, echándole unas miradas que incomodarían a la persona más serena, cayendo en la cuenta de lo bien que le está sentando la gran ciudad a su chica. Se para en la puerta de la habitación y se apoya en el marco con una sonrisa, curioseándolo todo, en especial la cama. Annie está dentro de la estancia, mirándole como si esperara una respuesta. Habla enarcando una ceja, sin perder esa sonrisa teñida de segundas intenciones -¿Una cama de matrimonio para ti sola…? ¿No se te hace un poco grande?-
Annie ríe nerviosamente, rodea la habitación con la mirada y se encoge de hombros, mirándole con las manos metidas en los bolsillos traseros de sus ajustados y habituales pantalones vaqueros -Bueno, te... Te acostumbras.-
Él frunce el ceño sonriendo de medio lado y entra, dejando la maleta al lado de la cama que hace algunos días Annie compartió con Brian durante una noche cuyos recuerdos aún provocan escalofríos y sonrisas a la chica de ojos verdes -La habitación es bastante espaciosa…- Se acerca al ventanal y enarca una ceja -Y con vistas al parque del bloque, que por cierto es más grande de lo que me esperaba.- Ríe y resopla, clavando sus ojos azules en ella -¿Cómo encontraste éste piso? Hay que pasar muchas horas buscando para encontrar un sitio como éste, con un precio tan asequible según me contaste…-
La chica de ojos verdes se rasca la nuca, nerviosa, y se encoge de hombros, incapaz de mantenerle la mirada largamente, como si algo en él la hiciese sentir tremendamente incómoda y extrañada. Algo que nunca le había pasado con alguien con quien lleva tantos años... -Una compañera de trabajo me lo encontró...- Asiente, pareciendo bastante convencida.
Charlie, de nuevo, silba brevemente, echando una mirada a su alrededor de nuevo. -Pues menudo ojo tiene tu amiga… -Camina hacia ella, que también se gira y anda hacia la puerta, dispuesta a enseñarle el resto de la casa. Charlie la agarra del cinturón desde atrás y la lleva contra sí, quedando la espalda de Annie pegada a su pecho. Apoya la barbilla en su hombro y habla en un susurro -¿Por qué no dejamos esto de la presentación del piso para luego y me enseñas el baño? Vamos a darnos una de esas duchas juntos como en los viejos tiempos…-
Ana cierra los ojos y traga saliva, sintiéndose débil y pequeña a su lado. "Bueno, Ana, no te sorprendas y actúa con normalidad. Sois novios, estas cosas son necesarias..." Suspira profundamente, fuerza una sonrisa, se gira y le mira, echando después a andar hacia el cuarto de baño seguida por él, que no deja de mirarle el culo de una forma bastante poco inocente.
Después de una ducha que se alarga más de la cuenta por culpa de una sesión de sexo que Ana no acoge con demasiado entusiasmo, ambos han cenado y se han tirado en el sillón a ver la televisión. La chica está pasándolo realmente mal sumida dentro de sus cavilaciones. No quiere entender del todo qué es lo que ocurre. Antes le gustaban esas cosas, Charlie le resultaba insuperable en la cama, y si esto hubiera ocurrido hace un año, después de tanto tiempo sin verlo, hubiera matado solo por probar esa boca cargada de prepotencia. Lo curioso es que no ha sentido nada más que ausencia durante ese rato en la ducha. Ha echado de menos a Brian, a esa forma sucia en el que la hace suya, pero también la manera en la que hace que signifique algo, que se sienta protegida y a su altura, y que cada caricia suya le resulte tan delicada y tan firme que siente que se derrite por dentro.
Ahora que lo tiene sentado al lado, ya sabe por qué se sentía más libre sin Charlie. Él siempre ha tenido la asquerosa habilidad de anular su personalidad, de llevársela siempre a su terreno y de hacerle sentir que la culpa de todo lo malo que ha pasado entre los dos es suya y solo suya. Quién sabe si la quiere de verdad, pero desde luego, no la deja ser ella misma, haciéndola sentir desamparada e indecisa con sus continuas críticas destructivas.
En uno de los viajes en los que vuelve con una cerveza de la cocina, oye movimiento en el rellano y se acerca a la puerta, a echar un vistazo por la mirilla. Matt está saliendo a tirar la basura como hace cada noche. Frunce el ceño y mira a Annie, que ya se está preparando para otro numerito de su novio de Detroit. Habla bajando el tono de voz, con cara de desagrado. -¿Quién es ese tío? ¿Es tu vecino?-
Al darse cuenta que habla de Matt, Annie siente una punzada de nervios en el estómago y se ve obligada a encontrar una excusa rápida. -¿Qué..? Oh, sí, es Matt. Es... El hermano de Charlotte, mi compañera de trabajo. -Asiente, intentando convencerse a sí misma de lo que acaba que decir. Suspira desganada y le hace un gesto para que vuelva a su sitio sentado a su lado. -Anda, quítate de ahí y ven aquí, que ya va a empezar la peli...-
Charlie resopla, mirándolo por unos segundos más hasta que desaparece por el ascensor. -Pues espero que tu compañera no sea como él, porque menudas pintas de chulo de barrio bajo se gasta el hermano de “Charlotte”…- Se aparta de la mirilla al darse cuenta de que ya no hay nada que ver y vuelve al sillón, abriendo la cerveza y pegándole un trago. La mira con curiosidad y le coloca un mechón de pelo tras la oreja, en un falso gesto protector -¿No te da mal rollo tener que compartir rellano con esa gente?-
Annie frunce el ceño, manteniéndole la mirada. -¿Mal... rollo? ¿Por qué iba a darme mal rollo? Son muy buena gente, tanto él como Br...- Se muerde la lengua y sacude la cabeza, consciente de que ha estado a punto de decir justo lo que está evitando decir. -Tanto él como Charlotte…-
-Sí, por supuesto…- Pone los ojos en blanco y suspira, desviando la mirada a la televisión. No sabe por qué, pero tiene claro que su chica no es la de siempre. Aún no ha tenido tiempo de descubrir en qué ha cambiado, pero desde luego lo ha hecho y bien. Y no le gusta esa manera que tiene de pensar las cosas antes de contestarle. Va a quedarse y por un tiempo, ya lo cree que sí…
Pasados unos minutos en un silencio bastante incómodo, Ana suspira profundamente y mira a su chico en la oscuridad del salón, hablando en un susurro con una cara de sueño que a ojos de cualquiera resultaría de lo más adorable pero que a Charlie sólo le inspira indiferencia. -Me... Voy a dormir ya, cielo, estoy agotada...- Se levanta estirándose la camiseta y le mira, de pie al lado del sofá. -¿Te vienes...?-
Charlie la mira y se frota los ojos. Lo cierto es que está bastante cansado, pero no, en realidad no le apetece en absoluto ir a la cama aún. -En un ratito voy para allá. Procuraré no despertarte si te pillo dormida.- Sonríe cansado. -Buenas noches, Annie…-
Ella sonríe de medio lado y le besa brevemente sobre los labios, caminando hacia la habitación. Una vez allí se encierra en ella y se deja caer sobre la cama, mirando al techo. Resopla largamente y se frota los ojos, agotada. No agotada de sueño, sino agotada de pensar, de darle vueltas a todo. Quiere a Brian, por supuesto que le quiere. Pero... La aparición de Charlie ahora no le hace ningún bien. "¿Por qué tiene que pasarnos esto justo cuando las cosas empiezan a ir bien...?" No le dirá nada al chico de ojos oscuros. Eso lo tiene más que claro. Que Brian se enterase no traería más que problemas porque si hay algo de lo que está segura es de que no se lo tomaría nada bien, y la verdad, es comprensible. "No debería preocuparme tanto, seguro que Charlie se irá antes de que Brian vuelva y aquí no habrá pasado nada. Tranquila Ana, tranquila...".
Al darse cuenta que habla de Matt, Annie siente una punzada de nervios en el estómago y se ve obligada a encontrar una excusa rápida. -¿Qué..? Oh, sí, es Matt. Es... El hermano de Charlotte, mi compañera de trabajo. -Asiente, intentando convencerse a sí misma de lo que acaba que decir. Suspira desganada y le hace un gesto para que vuelva a su sitio sentado a su lado. -Anda, quítate de ahí y ven aquí, que ya va a empezar la peli...-
Charlie resopla, mirándolo por unos segundos más hasta que desaparece por el ascensor. -Pues espero que tu compañera no sea como él, porque menudas pintas de chulo de barrio bajo se gasta el hermano de “Charlotte”…- Se aparta de la mirilla al darse cuenta de que ya no hay nada que ver y vuelve al sillón, abriendo la cerveza y pegándole un trago. La mira con curiosidad y le coloca un mechón de pelo tras la oreja, en un falso gesto protector -¿No te da mal rollo tener que compartir rellano con esa gente?-
Annie frunce el ceño, manteniéndole la mirada. -¿Mal... rollo? ¿Por qué iba a darme mal rollo? Son muy buena gente, tanto él como Br...- Se muerde la lengua y sacude la cabeza, consciente de que ha estado a punto de decir justo lo que está evitando decir. -Tanto él como Charlotte…-
-Sí, por supuesto…- Pone los ojos en blanco y suspira, desviando la mirada a la televisión. No sabe por qué, pero tiene claro que su chica no es la de siempre. Aún no ha tenido tiempo de descubrir en qué ha cambiado, pero desde luego lo ha hecho y bien. Y no le gusta esa manera que tiene de pensar las cosas antes de contestarle. Va a quedarse y por un tiempo, ya lo cree que sí…
Pasados unos minutos en un silencio bastante incómodo, Ana suspira profundamente y mira a su chico en la oscuridad del salón, hablando en un susurro con una cara de sueño que a ojos de cualquiera resultaría de lo más adorable pero que a Charlie sólo le inspira indiferencia. -Me... Voy a dormir ya, cielo, estoy agotada...- Se levanta estirándose la camiseta y le mira, de pie al lado del sofá. -¿Te vienes...?-
Charlie la mira y se frota los ojos. Lo cierto es que está bastante cansado, pero no, en realidad no le apetece en absoluto ir a la cama aún. -En un ratito voy para allá. Procuraré no despertarte si te pillo dormida.- Sonríe cansado. -Buenas noches, Annie…-
Ella sonríe de medio lado y le besa brevemente sobre los labios, caminando hacia la habitación. Una vez allí se encierra en ella y se deja caer sobre la cama, mirando al techo. Resopla largamente y se frota los ojos, agotada. No agotada de sueño, sino agotada de pensar, de darle vueltas a todo. Quiere a Brian, por supuesto que le quiere. Pero... La aparición de Charlie ahora no le hace ningún bien. "¿Por qué tiene que pasarnos esto justo cuando las cosas empiezan a ir bien...?" No le dirá nada al chico de ojos oscuros. Eso lo tiene más que claro. Que Brian se enterase no traería más que problemas porque si hay algo de lo que está segura es de que no se lo tomaría nada bien, y la verdad, es comprensible. "No debería preocuparme tanto, seguro que Charlie se irá antes de que Brian vuelva y aquí no habrá pasado nada. Tranquila Ana, tranquila...".
Charlie sigue con la mirada hasta que desaparece y después, sigiloso y silencioso, se levanta de donde está y camina hacia la puerta, donde se asoma a la mirilla. Matt sale del ascensor canturreando por lo bajo, y es entonces cuando Charlie se asoma a la puerta, enarcando una ceja y hablando con sarcasmo a modo de saludo -¿Te llamas Matt?- El chico de ojos verdes frena en seco y habla confundido y curioso, al lado de su propia puerta, con las llaves en la mano. -Sí, me llamo Matt. ¿Quién eres tú…?- Charlie sonríe de medio lado y se apoya en el marco de la puerta. -Ah, yo… Soy Charlie, el novio de Ana. Acabo de llegar hacer un rato.- Suspira -Solo quería asegurarme de que sus vecinos eran de confianza, pero vamos, que no sé qué pensar…-
Matt frunce el ceño y chasquea la lengua, confundido. –¿Se puede saber qué es lo que has querido decir con ese comentario…?- Charlie se encoge de hombros y suspira. –Lo que quiero decir es que no contaba con que el primer vecino de Ana que conociera, fuera un chulo con pintas.- El chico de ojos verdes enarca una ceja, parpadea perplejo un par de veces y habla muy serio, mirándole de fijo. –Tienes suerte de haberme dicho esto ahora y no cuando llevaba la bolsa de basura en la mano, porque te aseguro que te la hubieras comido entera, pedazo de paleto…- Charlie resopla con desprecio y chasquea la lengua. –Buenas noches, Matt…- Pone los ojos en blanco y cierra la puerta tras de sí, dejando a Sanders desolado y desubicado, sin entender a qué ha venido ese ataque tan gratuito.
____________________________________________________________________
Los días pasan, uno tras otro, y Brian no ha dado señales de vida desde hace cuatro días después de dos semanas y tres días de ausencia que carga a sus espaldas. Annie está desesperada, como pocas veces lo ha estado en su vida. Se ha habituado a la presencia de Charlie, que parece ser el de siempre con ella, el mismo prepotente e impertinente posesivo y desconfiado celoso de toda la vida, desde que le conoció. El chico de ojos azules no parece tener mucha prisa en irse, y Ana, resignadísima, ha decidido no meterle prisa con el asunto. Charlie incluso ha ido a ver su show nocturno como coyote una noche, y ha decidido que él mismo, personalmente, no irá más, ya que según él le parece un espectáculo denigrante para borrachos babosos y desesperados por ver chicas contoneándose como guarras en la barra, cosa contra lo que la chica de ojos verdes decidió no pronunciarse. Adora su trabajo, adora a sus compañeras y compañeros, al Red Dingo e incluso a su jefe, y no va a dejar nada de eso solo porque su intolerante novio no lo encuentre demasiado apropiado. Hoy, una mañana de sábado, después de un encontronazo más que tenso de Charlie y Ana con Matt en el ascensor, la pareja ha salido a la playa un par de horas. De vuelta, nada más entrar en el bloque, Charlie se acerca y se para frente a la hilera de buzones, decidido a hacer algo que no ha hecho antes, recoger el correo. Repasa los nombres bajo la nerviosa mirada de Ana, que le mete prisa. Para alivio de su chica, no le presta atención a ningún buzón que no sea el de ella, y lo abre curioseando el interior. Ríe y resopla. -Joder, cielo, sólo te mandan publicidad. Qué triste…-
Ana suspira y, apoyada en la pared con las manos metidas en los bolsillos de su sudadera, suspira. -Sí bueno, mejor, así no tengo que molestarme en leerlas...- Pone los ojos en blanco de pura desesperación sin que Charlie la vea y resopla levemente. -¿Subimos ya..? He dejado la comida en el horno…-
Él cierra el buzón y justo cuando parece dispuesto a irse, se vuelve. Para desgracia de Annie, tiene la mirada fija en el buzón de sus vecinos, en el que tiene puesto bien grande “6ºA”. Lee el nombre de Matthew Sanders, y se queda de piedra cuando debajo ve escrito, sin ningún sentido, otro nombre que no había escuchado jamás. Mira a Annie, enarca una ceja y habla serio, con ese tono que asusta a la chica de ojos felinos. -¿Quién es éste tal “Brian Haner”? No me lo has nombrado nunca y según parece y pone aquí, vive con tu amigo, el de los tatuajes…-
Annie de pronto siente que los nervios se la comen por dentro. "Mierda, mierda y mierda. ¿Por qué siempre me sale todo mal? ¿Por qué a mí...?". Resopla y se coloca un mechón de pelo tras la oreja, huyéndole la mirada y sintiendo que las piernas van a fallarle en cualquier momento -Es... Es el hermano de Charlotte. Vivía aquí antes... Pero ya no. Se ha ido según me ha dicho...-
Charlie ríe fríamente, diciendo algo que desmonta su teoría creada por los nervios de golpe, sin esfuerzo. -Ya, claro. Resulta que Charlotte y Matt Sanders son hermanos, y éste tío también es hermano de Charlotte. Vaya lío de apellidos, ¿no?- Enarca una ceja y baja el tono de voz. - ¿Hay alguna razón por la que no me has querido hablar de él? ¿Quién coño es el tal Brian, Annie, y por qué no me lo quieres presentar…?- La puerta se ha abierto mientras hablaban, y alguien habla desde ahí, interrumpiendo a Charlie.
–Porque puedo presentarme solo.-
Los dos fijan la mirada en la puerta, pero sus gestos al ver lo que ven son muy diferentes. Gates entra con una maleta en la mano y Pinkly corriendo delante de él, perdiéndose por la escalera en segundos. La reacción de Charlie al ver a ese chico enfundado en vaqueros rotos, piercing en la nariz, lleno de tatuajes y con una camiseta negra ajustada y sin mangas con pinta de haber sido prácticamente arrancadas, fumándose un cigarrillo en una zona común, no es nada positiva. Brian mira a Annie y sonríe de medio lado algo confuso, pero empezando a reconocer al chico desconocido poco a poco, para su desgracia…
No hay comentarios:
Publicar un comentario