[La puerta se ha abierto mientras hablaban, y alguien habla desde ahí, interrumpiendo a Charlie.
–Porque puedo presentarme sólo.-
Los dos fijan la mirada en la puerta, pero sus gestos al ver lo que ven son muy diferentes. Gates entra con una maleta en la mano y Pinkly corriendo delante de él, perdiéndose por la escalera en segundos. La reacción de Charlie al ver a ese chico enfundado en vaqueros rotos, lleno de tatuajes y con una camiseta negra de mangas prácticamente arrancadas fumándose un cigarrillo en una zona común, no es nada positiva. Brian mira a Annie y sonríe de medio lado algo confuso, pero empezando a reconocer al chico desconocido poco a poco, para su desgracia…]
Una sonrisa idiota pero a la vez cargada de tristeza y angustia se dibuja en los labios de la chica de ojos verdes, que de pronto siente unas irrefrenables ganas de llorar de pura desesperación que apenas es capaz de disimular. Suspira profundamente y asiente ligeramente -Hola, Brian...- Charlie, que contempla la escena algo confuso, arquea una ceja con desconfianza y clava su mirada en Gates de una forma fría y poco amigable -Tú debes de ser... Brian Haner. El hermano de Charlotte Sanders y de Matt Sanders, ¿no es así…?- Gates dirige una mirada rápida a Annie y se la encuentra mirándolo de forma más que suplicante. "Por favor, sígueme el juego...".
Gates tarda en reaccionar algunos segundos, pero en cuanto pilla lo que ocurre, se apresura a contestar mientras Charlie le mira con desconfianza. -Oh, sí.- Ríe, interpretando a la perfección su nuevo papel. -Bueno, Charlotte, Matt y yo nos llamamos hermanos, pero no es el del todo así. Matt y ella son hermanos del mismo padre y madre, pero lo único que compartimos en común es a nuestra madre. Mi padre no es el mismo que el de ellos, de ahí que mi apellido no concuerde demasiado, aunque lo cierto es que no hacemos diferencias entre nosotros. Supongo que a éstas alturas sabrás que vivo con mi hermanastro, y que Charlotte no vive con nosotros…- Sonríe despreocupado y chasquea la lengua, caminando hacia él. -Tú debes ser… Charlie Lodge.- Le estrecha la mano, y aunque el chico de ojos oscuros parece aún algo reacio, empieza a tranquilizarse. De cualquier manera, esas pintas de Brian no acaban de caerle en gracia… -Ana me ha hablado mucho y muy bien de ti, me alegro de conocerte.-
El chico de ojos claros, recurriendo una vez más a su habitual prepotencia, arquea una ceja con una media sonrisa de pura chulería y, tras devolverle el apretón de manos, pasa una mano sobre los hombros de Ana y la atrae hacia sí, como obligándola. La chica fuerza una sonrisa y enseguida se apresura a pasar un brazo alrededor de la cintura de su novio, haciendo que para Brian sea más que palpable su incomodidad. Se aclara la garganta, sin soltar a Annie. -Bueno, eso es normal. Llevamos casi ocho años juntos...- "Sí, ocho años, más de los que durarías tú con cualquiera con esas pintas". Ana desvía la mirada y resopla levemente, sin que nadie que no sea Brian pueda darse cuenta.
Gates fuerza una sonrisa y le lanza una mirada más que fugaz a Annie, lo suficientemente larga para poder leer un “¿Por qué has hecho esto?” en sus oscurísimos ojos. Suspira y habla, luciendo toda la educación que su cuerpo le permite en esa incómoda situación de la que no sabe cómo salir. -Bueno, yo… Acabo de llegar de un viaje muy largo y necesito descansar, así que voy a subir a instalarme en casa de nuevo. Nos vemos…- Cuando echa a andar hacia el ascensor, cae en la cuenta de que si se hubiera quedado un solo segundo más delante de ese bastardo insoportable, hubiera acabado diciéndole cosas que a Annie no le hubieran venido nada bien. Llama al botón del ascensor, le pega una calada al cigarrillo y lo apaga contra la pared de mármol que rodea el ascensor antes de lanzarlo a la basura. La chica de ojos verdes, aunque le ve de espaldas, es capaz de notar un intenso aura de rabia a su alrededor. Está cabreado, de eso no tiene duda, pero al menos le ha salvado el cuello tomándose la molestia de seguir su mentira…
Ana suspira profundamente y chasquea la lengua. Cuando las puertas del ascensor se cierran, se gira y mira a Charlie. Si antes estaba agobiada, ahora lo está aún más. Se ha enfadado. Mucho. Y no es lo que ella quería. Esas ganas irrefrenables de llorar vuelven a asaltarla pero se las traga como puede. "No, no es el mejor momento. O al menos no delante de Charlie...". -¿Bueno, subimos ya…?-
Charlie, que ha seguido meticulosamente con la mirada a Gates hasta que ha desaparecido por el ascensor, ahora fija sus frívolos ojos azules en Annie durante unos segundos antes de echar a andar hacia la escalera. Habla caminando delante de ella, en un tono que de verdad hace a la chica sentirse pequeña a su lado, en esa forma de hacerse ver como su dueño. -Entonces resulta que tienes la planta llena de chulos y pintas… ¿Por qué no me has hablado de ese macarra sucio antes?- Sonríe de medio lado aunque ella no puede verle, y lo hace con malicia. -¿No querías que nos conociéramos o algo así?-
Ella frunce el ceño, desconcertada. -¿Yo?- Sacude la cabeza. -Nada de eso Charlie, no digas tonterías...- Resopla y baja el tono de voz, temerosa de que algún vecino pueda oírles. -Y no le llames sucio macarra, no lo es en absoluto...-
Él, en contestación, resopla con desprecio, subiendo las escaleras. -No, claro. A la vista está que no.- Suspira, haciendo que su voz suene casi melodramática, sobreactuada. -No sé, Annie. Casi creo que estabas mejor rodeada en Detroit. Deberías volver con los tuyos y olvidarte de todo esto de una vez…- En una escena que casi inspira lástima, Annie baja la cabeza y se apresura a seguirle como puede, ya que el chico se ha empeñado en subir las escaleras con más rapidez de lo normal, y su chica va más que cansada de la carrera de antes, pero no parece importarle. Ella ni siquiera sabe qué decir, pero pone los ojos en blanco cuando llegan a la planta sexta y Charlie, apostado en la puerta de casa esperando a que ella saque las llaves y abra, tiene su atención puesta en la puerta de en frente. Enarca una ceja y se cruza de brazos, cambiando falsamente de opinión, cosa que Ana detecta rápido. -¿Sabes? Tengo ganas de conocer un poco más a tus dos amigos. Por qué no… Igual estoy juzgándolos sin motivo.-
Annie suspira profundamente y cuando logra abrir la puerta, entra antes que él, arrojando la chaqueta contra el sofá y caminando mientras habla con desgana dirigiéndose hacia la cocina. -No creo que quieras hacerlo. Es un... Sucio macarra, ¿recuerdas?- Pone los ojos en blanco y murmura para sí sin que Charlie alcance a oírla. -Gilipollas, tú sí que deberías estar en Detroit...-
Charlie ríe por lo bajo desde el recibidor. -Vamos, no te enfades. No quería meterme con tus amiguitos nuevos, pero no vas a negarme que no son… Corrientes.- Reprime una carcajada, entra con ella a la cocina y coge una cerveza de la nevera. Habla proponiendo una idea seria que descoloca por completo a Ana. -¿Por qué no los invitamos a cenar? Por cómo te mira el tal Brian me juego el cuello a que dice que sí de rodillas…- Ríe sin ganas, casi con rabia.
Annie chasquea la lengua, visiblemente molesta. Posa el vaso de agua sobre la encimera con un golpe seco y le mira, hablando con rabia. -¿Quieres hacerme el favor de dejarlo ya…? Es amigo. Son amigos. Punto. Deja de insinuar cosas extrañas, ¿Vale...?- Resopla. -Siempre igual, joder. Pareces un puto niño pequeño…-
Aunque Charlie parece desistir en su intento y en sus ideas, es sólo en apariencia. En cuanto Annie se mete en la ducha después de él, no tarda lo más mínimo en vestirse y salir de casa, directo a la casa de sus nuevos “vecinos”. Ha cambiado de opinión, el tal Matt no le interesa en absoluto. Brian está en su habitación, secándose el pelo con una toalla concienzudamente, vistiendo solo unos vaqueros limpios que se acaba de poner después de una ducha que parece haberle devuelto energías. Siente una punzada de mal augurio cuando escucha el timbre de la puerta. Matt está en su habitación, así que la lista de visitantes se reduce mucho. Y Gates odia las visitas si no son por parte de gente muy querida…
Charlie espera pacientemente en la puerta hasta que por fin ésta se abre, dejando entrever a Brian, que ahora fulmina al chico de ojos claros con la mirada. No, definitivamente no le ha caído nada bien, y aunque no le conoce en absoluto no le ha gustado nada esa forma que tiene de mirar a Annie. ''Hazle daño y te mato, cabrón''. Arquea una ceja y se apoya en el marco de la puerta, colgándose la toalla al hombro en un gesto resuelto. -¿Y bien...?- Abre los brazos, expectante. -¿A qué se debe la visita? ¿Necesitas azúcar...?- Charlie esboza una amplia y sarcástica sonrisa y chasquea la lengua, manteniéndole la mirada de forma desafiante. -No, vengo... vengo a hacer las paces. A intentarlo, al menos. Creo que no nos hemos presentado de la mejor forma posible y...- Se encoge de hombros. -Ana nunca me ha dicho una mala palabra sobre ti. Dice que eres un buen amigo y que has estado cuidándola, y yo te lo agradezco, tío. Por eso... Vengo en son de paz. Empecemos de cero. Conozcámonos de nuevo. ¿Y qué mejor forma de hacerlo que invitándote a cenar esta noche?- Le pega lo que aparenta ser un puño en el brazo. -Anímate tío, es un buen comienzo…-
El chico de ojos oscuros enarca una ceja, expresando sin querer su incredulidad. No cree que a Ana le haga ilusión mezclarle con su novio, la conoce lo suficiente como para saber que no es así. Vacila durante unos segundos y trata de dar de lado el plan, aunque el fuerte chico de ojos azules no parece dispuesto a dejarle ir. -Verás, yo… Andaba un poco liado ésta noche, Charlie…-
Charlie ríe, sacude la cabeza y hace un gesto con la mano para quitar importancia a sus palabras. -Oh, venga ya. ¿Cosas más importantes que pasar una noche entre amigos, tele, comida y cervezas...? De esas hay pocas, tío.- Suspira, sonríe y le coloca las manos sobre los hombros, mientras Brian le mira como un psicópata desubicado a punto de saltar sobre su presa. -Entonces a las ocho en... La puerta de en frente.- Ríe de nuevo, metiéndose en casa, mirándole desde la puerta y apuntándole con el dedo índice. -Y no nos dejes tirados, a Ana no le gustan nada esa clase de tíos...- Le guiña un ojo en un gesto sarcástico y cierra la puerta.
Incluso cuando la puerta del piso de Annie se cierra, segundos después, la cara del pobre Brian sigue siendo un poema. No, no le gusta en absoluto ese tío con pintas de pertenecer a las filas del ejército del país y con esos aires de macho de la casa. No le hace ninguna gracia, y le da muy mala espina. Cierra la puerta de casa despacio, aún sin creerse todo lo que ha pasado, tratando mentalmente de encajar y prepararse para el plan de ésta noche. Va a ser lo más incómodo que ha vivido en mucho tiempo, sin lugar a dudas. Matt se asoma al pasillo y le mira enarcando una ceja a modo de pregunta, y su amigo de ojos oscuros avanza a su lado sin pestañear, murmurando algo por lo bajo. -No preguntes. Mejor no preguntes… Ve buscándome un Valium, lo voy a necesitar…-
Pasadas unas horas y después de que Matt se tirase toda la tarde intentando convencerle de no acudir a la cita, Brian se planta a las ocho en punto en la puerta de enfrente. Lleva puestos sus habituales pantalones rotos, una camiseta de Mötley Crüe y unas deportivas de color negro desgastadas. Esta vez, es Annie la que abre la puerta. Lleva puesto un vestido blanco de esos que suele ponerse para andar por casa y que a Brian tanto le gustan. Le mira con una sonrisa leve y se hace a un lado, dejándole pasar. Su pelo ondulado cae a ambos lados de sus hombros y sus ojos verdes resaltan aún más ahora que están algo maquillados. -Buenas, Brian...- Suspira. -Charlie está terminando de ducharse, vendrá enseguida...-
-Hola, Annie…- El chico de pelo negro azabache parece tremendamente tenso. Tanto, que incluso Ana siente vergüenza por la encerrona de Charlie. A ella tampoco le pinta nada bien esto, y los dos lo saben. Parecen algo así como dos amigos de toda la vida nerviosos porque el director les ha citado en su despacho después de una trastada. Caminan hasta el salón, donde está la mesa grande. Justo en el momento en el que Brian va a decirle sin ningún tipo de nervios lo guapa que la encuentra y lo mucho que siente que el reencuentro no haya podido ser mejor, como una maldición, Charlie entra en la estancia con su habitual sonrisa, luciendo bastante elegante. Lleva una camisa blanca con las mangas recogidas de una manera informal, y unos impecables vaqueros nuevos que distan mucho de parecerse a los de Brian, que saluda con una sonrisa nerviosa, colocado detrás de una silla con las manos apoyadas en el respaldo. Annie solo quiere que se la trague la tierra y que no la deje salir nunca más…
Charlie, fingiendo ser el caballero que nunca ha sido, aparta la silla para que Annie pueda sentarse, luciendo una sonrisa radiante y bastante bien fingida. La chica de ojos claros sonríe levemente y se sienta y él la ayuda a acercarse a la mesa. Después se sienta Brian y por último Charlie, quien no tarda en traer una botella de un vino bastante caro que reparte entre todos. La cena está servida: Pollo asado con verduras. Gates come con la cabeza baja y en silencio, deseando terminar cuanto antes para poder largarse, pues la situación está siendo más que tensa e incómoda. ¿Dónde está esa noche de pizza, tele y cervezas que el novio de Ana le prometió? Charlie le mira con los ojos entrecerrados y una sonrisa de pura malicia mientras mastica un trozo de pollo y Annie mira a Brian de vez en cuando, suspirando profundamente cada vez que lo hace y bajando después la mirada a su plato. ''No he estado tan fuera de lugar en mi vida...''
Gates no está dispuesto a empezar una conversación, desde luego que no. Es demasiado testarudo como para eso, y está lo suficientemente incómodo como para no querer ni poder articular palabra. Clava sus ojos oscuros en Annie de vez en cuando, con una mirada que parece gritar un silencioso “Sácame de aquí de una vez”. De verdad que teme la conversación que vaya a empezar Charlie en cualquier momento, y como tampoco sabe qué le ha contado Annie a su novio sobre él, no sabe si lo que contestará encajará con lo que la chica de ojos verdes haya inventado. Esto puede acabar siendo un verdadero desastre… Charlie habla rompiendo el silencio de la forma más cortante que podría haberlo hecho, con la mirada fija en el pollo que ahora corta en su plato. -Ana... Me ha hablado muy bien de ti. Dice que eres un buen chico y que la has ayudado mucho trabajando aquí...- Se lleva el tenedor a la boca y clava su mirada en el chico de ojos oscuros mientras Annie permanece en silencio, temiéndose lo peor. -¿Cómo es que la metiste en un trabajo así...? Quiero decir, no está mal, de todas formas a la gente le gusta y eso le da dinero al país pero... ¿Si se supone que es tu amiga por qué ibas a meterla a puta para que todos los borrachos de tu bar la miren y babeen?- Ana traga saliva, se aclara la garganta y le pega un trago a su copa, silenciosamente ofendida.
Gates frunce el ceño, mira a Ana y trata de controlar la manera en la que su sangre ha empezado a arder dentro de sus venas. Se aclara la garganta e intenta sonar todo lo correcto que puede. -Verás, Charlie, el trabajo de Ana no tiene nada que ver con lo que tú crees. Es una coyote, no una puta.- Enarca una ceja de manera hostil. -En los espectáculos del Red Dingo jamás hay sexo, nuestras chicas no son prostitutas. Bailan, entretienen, sirven copas, provocan al público y ganan propinas, pero no se follan a nadie. Simplemente son chicas con gancho, guapas y con buen cuerpo, que atraen a público entre el cual, a propósito, muy raras veces hay borrachos problemáticos porque los mantenemos a raya de una manera muy drástica, todo con tal de proteger a nuestras chicas… -
Charlie asiente, suspira y se pasa la servilleta por los labios de una forma que, a ojos del chico de ojos oscuros, es exageradamente cursi e irreal. Incluso hay un momento en el que se ve obligado a aguantar la risa. Finalmente Charlie le pega un trago a su copa y habla con la mirada en el plato, encogiéndose de hombros. -No sé, si yo estuviese en esa situación, le buscaría... Otro tipo de trabajo a mi amiga. De cajera, oficinista... O quién sabe, tal vez... ¿Asistenta?- Ríe, sacude la cabeza y clava los ojos en Brian, cruzando los brazos sobre la mesa. -No me gusta nada que hayas metido a mi novia en un negocio como ese. No me importa quién acuda a esos espectáculos pero ella es mía y nadie que no sea yo está en su derecho de verla.- Ana, queriendo evitar una pelea a toda costa, habla en un susurro, con la mirada baja, avergonzada. -Charlie, por favor, déjalo...- El chico de ojos claros resopla, pega un golpe en la mesa y la mira con rabia, alzando la voz. -¡No!- Ana se sobresalta y traga saliva, estremeciéndose y viéndose de nuevo exageradamente pequeña junto a él. Dándose cuenta, Charlie falsamente le coloca un mechón de pelo tras la oreja en un gesto que finge de la peor forma posible ser tierno. -Simplemente me preocupo por ti, princesa. No quiero que te metas en cosas raras ni...- Le lanza una mirada furtiva a Brian. -Que te juntes con malas compañías...-
Brian le mira con odio reconcentrado, sin poderse creer lo que oye. -Entonces según tú a una mujer como ella le pega muchísimo más ser cajera, oficinista o asistenta.- Ríe sarcásticamente. -Ya veo, todo eso es mucho mejor que tener un trabajo donde se lo pasa bien y cobra dignamente. Y si tu novia quiere subirse a una barra a bailar porque le divierte y le gusta, va a subirse a bailar porque creo que no hay nada en éste mundo que se lo impida, y creo que tiene muchas más cualidades que una asistenta.- Se inclina sobre la mesa y frunce el ceño, preguntando hostil. -Es curioso que te aparezca ese instinto protector ahora, después de haber dejado que “tu novia” se viniera sola a una ciudad desconocida, sin casa y sin amigos. Créeme, si Ana se hubiera encontrado con verdaderas malas compañías es muy probable que no la hubieras podido ver nunca más, y en esa situación seguro que te hubiera parecido mejor verla bailando en una barra, o “trabajando de puta”, como tú lo llamas. ¿En qué trabajas tú, Charlie? ¿Cómo mides tú la dignidad en un negocio…?-
Nunca antes la chica de ojos verdes había visto a Brian tan crispado. Parece un lobo a punto de saltar sobre su presa, un lobo de ojos oscuros al que se le está acabando la paciencia por segundos.
Ana se coloca un mechón de pelo tras la oreja y resopla, desviando la mirada para centrarla en el ventanal, incómoda y tratando de distraerse de la situación.
Ana se coloca un mechón de pelo tras la oreja y resopla, desviando la mirada para centrarla en el ventanal, incómoda y tratando de distraerse de la situación.
Charlie, por otra parte, esboza una sonrisa cabrona y suspira, reclinándose hacia atrás en la silla. -Y dime, ¿tú por las noches te dedicas a mirarle el culo a mi novia...? Porque si tantas cualidades tiene según tú, es porque ya la has visto más de una vez ahí arriba, sobre la barra...- Ana chasquea la lengua y mira a Charlie, hablando en un susurro, poniéndose cada vez más nerviosa. -Oye, Charlie, basta ya, por favor...-
Gates lo fulmina con la mirada, sin poder creerse lo que está escuchando en esa mesa. -¿Pero qué coño estás diciendo…? ¿Qué coño te pasa?- Se levanta de la silla, plantando las manos sobre la mesa y matándolo con los ojos mientras habla en un susurro hostil. -No sé qué es lo que pretendes viniendo a casa de tu novia a hacer el papel de hombre de la casa, sabiendo que la has dejado sola cuando más lo necesitaba.- Enarca una ceja. -Te diré una cosa, Charlie: No te mereces a la chica que tienes. Deberías estar jodidamente orgulloso de ella, de que haya encontrado una casa, un trabajo y gente nueva con la que relacionarse. Pero,- Ríe de una manera amenazante. -…¡qué va! Simplemente has venido aquí a marcar tu territorio como un perro, y lo estás haciendo innecesariamente, de una manera patética. Incluso una “mala compañía” como yo puede ver que estás haciendo el ridículo, y no sé si me has invitado a cenar para tratar de asustarme, o de quedar claro que estás hecho todo un machito, pero escucha una cosa. Teniendo en cuenta que tu novia no se ha atrevido a mirarte a los ojos en todo lo que llevamos de cena desastrosa, no estás haciéndolo muy bien, no debes de ser precisamente el hombre de su vida… Así que dime qué quieres de mí, porque no voy a quedarme dos minutos más aquí dentro.
Ana resopla, planta la copa de vino en la mesa y se levanta. Le lanza una profunda mirada a Brian y agarra a Charlie del brazo, echando a andar con él hacia el final del pasillo. -¿Nos disculpas un momento...?- Dejando a Gates en el salón los dos chicos caminan hacia la habitación de Annie y, dejando la puerta entreabierta, lo único que el chico de ojos oscuros puede escuchar desde el salón son voces y gritos. Y cuantas más voces, más gritos. Y cómo no, la voz de Charlie siempre por encima de la de Annie. Siempre. La curiosidad empieza a perseguirle así que sigilosamente avanza pasillo adelante y se queda mirando a través de la pequeña abertura de la puerta, desde la que puede ver a Ana parada de pie frente a Charlie, que no deja de gritarla. Ella pide paz y respeto y él lo único que hace es echarle en cara el haberse ido y haberle dejado solo en Detroit. Ana resopla y se lleva una mano al pelo, agobiada y mucho más que nerviosa. -Joder Charlie, ¡tenía que hacerlo..! Tenía que hacerlo, ¿de acuerdo?! ¡¿Cuántas veces más voy a tener que explicártelo?! Vamos, dime, ¿cuántas?! No te da vergüenza comportarte así?! ¿Qué pensarán los vecinos? ¡¿Qué pensará la gente..?!- Charlie resopla y, completamente fuera de sus casillas le pega una bofetada, girándole la cara y haciendo que la chica de ojos verdes se lleve la mano a la mejilla y deje de hablar. Todo se queda de pronto en silencio de no ser por la respiración de Brian al otro lado de la puerta, que ahora respira como un animal enjaulado a punto de matar a alguien.
El chico de ojos oscuros entra en la habitación como un huracán, de una manera que asusta incluso a Annie, que ahora tiene los ojos llenos de lágrimas. Habla mirando a Charlie, avanzando hacia él de una manera que hace a la chica de ojos verdes pensar que va a hacer alguna locura. ¿-Cómo puedes ser…- Le agarra del pecho de la camisa y lo empuja hacia atrás, pegando su espalda contra la pared. -Tan cobarde, tan rastrero y tan hijo de puta para ponerle la mano encima a una chica? Te juro que si vuelves a hacer eso delante de mí te mato con mis propias manos, bastardo…- La rabia se filtra entre sus palabras, que parecen cargadas de veneno. Siente que lo mataría en cualquier momento, y que se vuelve loco mientras escucha los sollozos de Ana. Solo espera que le dé una sola razón más para poder partirle la boca, pero Charlie lo único que hace es sonreír con prepotencia. El novio de Ana habla en un susurro hostil, sin borrar la sonrisa de medio lado. –Mi chica, mis reglas. Es la única manera de educarla de vez en cuando, porque si tiene que guiarse por sus compañías…-
Ana se mete entre los dos. Agarra a Brian y lo separa de Charlie, mirándole a los ojos suplicante y hablando en un susurro, con la voz quebrada mientras Gates trata de librarse de sus agarres para pegarle el puñetazo que tantas ganas tenía de pegarle al chico de ojos claros. -Brian, tranquilo. En serio, por favor, tranquilízate, ¿vale? Ha sido mi culpa. Yo me lo estaba buscando y yo lo provoqué. Nunca antes me había pegado y no volverá a hacerlo, ¿sí? Pero por favor no hagas esto...-
Brian la mira y habla alzando el tono de voz, incrédulo y asombrado. -¿Eso es lo que hace contigo? ¿Hacerte creer que tienes la culpa de que te cruce la cara? No busques una puta excusa para eso, porque acaba de pegarte como si fueras un perro.- Señala a Charlie, rabioso, fuera de sí. -A ese hijo de puta puedes gritarle todo lo que te dé la gana porque vale menos incluso de lo que parece, y si quieres le gritas y le echas de tu casa, porque es tuya y no suya.- La agarra de la cara, en uno de esos gestos que parece de hermano mayor cabreado, y habla cerca de ella, en un murmullo. -Annie, si me entero de que vuelve a ponerte una mano encima, si sólo me entero de que has dejado que te humille otra vez, voy a venir a buscarlo y lo voy a echar de aquí, pero por la ventana.- Le lanza una mirada asesina a su novio antes de salir de la habitación pegando un portazo. -Te he avisado, bastardo. No juegues con las malas compañías…-
Ana, aún con los ojos inundados, le lanza una mirada de odio a Charlie y apretando los labios en una dura línea sacude la cabeza. El chico resopla, pone los ojos en blanco y se sienta en el borde de la cama, comenzando a desatarse la corbata. Annie sale de la habitación y cierra tras de sí, atravesando el pasillo a la carrera para alcanzar rápidamente a Brian antes de que se vaya. Cuando llega al salón se encuentra al chico de ojos oscuros a punto de salir por la puerta. -Espera, por favor...- Gates suspira profundamente, se queda parado y la mira, expectante pero con un gesto de ternura dibujado en su rostro. Ana se acerca a él y habla en un murmullo, con la mirada clavada en el suelo. -Siento lo de esta noche…-
Él resopla largamente y en un gesto cargado de lástima le acaricia con los dedos la mejilla derecha, que aún sigue roja por culpa del golpe. -Yo sí que lo siento, pero por ti. Siento que tengas que quedarte sola con ese tío que todavía sigue teniendo la poca vergüenza de hacerse llamar “tu novio”.- Le coloca un mechón de pelo tras la oreja, tratando de arreglarle un poco el pelo, cuyo peinado ha quedado deshecho por culpa de todo el forcejeo. Brian la mira tratando de no derrumbarse. Parece una niña asustada, sola e indefensa, y salta a la vista que no es la primera vez que ocurre algo así, y que sigue sin saber defenderse. Susurra, frunciendo el ceño. -Tienes que acabar con esto, Ana, y tienes que ser fuerte…-
La chica de ojos verdes y llorosos baja la mirada, suspira y sacude la cabeza, hablando en el mismo tono de voz para que Charlie, que seguro que está pegando la oreja, no pueda oírles. -No. Él jamás ha hecho esto. No lo ha hecho nunca y jamás ha tenido intención de hacerlo. Yo lo he provocado, de veras. Le he echado en cara cosas que no debería haber mencionado y...- Resopla. -No sé, es que estoy muy agobiada y ni siquiera controlo lo que digo... Cuando todo parecía irnos bien te vas y de repente aparece él aquí y...- Su voz empieza a temblar y sus ojos se inundan poco a poco. -Y lo destrozó todo otra vez. Y ahora tengo que volver a construir mi vida a su alrededor, y me sabe mal por... Por ti. Y me hubiese gustado que nuestro reencuentro hubiese sido de otra forma, porque tenía muchas ganas de verte. Muchísimas. No me habías llamado en una semana y me preocupaba y... Dios...- Se pasa las manos por los ojos para secarse las lágrimas. -No sé ni lo que digo...-
Gates sisea tratando de hacerla callar y tranquilizarse y chasquea la lengua. -Escucha Annie, primero preocúpate en ordenar tu vida. Olvídate de mí y de todo por un tiempo, sólo… Intenta sacar conclusiones, qué es lo que te falta y qué es lo que te sobra, y sobre todo qué quieres. Sabes que si decides liberarte de esa carga que tiene como novio, yo… Yo me comprometo a ayudarte a echarlo de tu vida.- Suspira. -No soporto verte llorar y lo sabes, así que no lo hagas delante de mí. Yo estoy bien, y sabes que siempre voy a estar ahí.- Baja el tono de voz. -Supongo por lo que dice no le gusta ir al Red Dingo, así que mañana por la noche tú y yo podremos hablar tranquilos y solos allí.- Se pasa una mano nerviosamente por entre los mechones negros y salvajes de su pelo. -Ahora descansa, y hablaremos cuando las cosas estén más tranquilas.- La besa en la mejilla en un gesto que inspira pura amistad, aunque los dos saben que es algo más. Susurra con una sonrisa triste que le contagia a la chica de ojos verdes, mientras abre la puerta dispuesto a salir. -Incluso cocinando bajo presión lo haces bien. El pollo estaba muy bueno…- Le guiña un ojo en un gesto cómplice. -Nos vemos mañana, Annie…-
Ella suspira, se apoya en el marco de la puerta y le observa marchar con una leve sonrisa triste dibujada en los labios. Cuando por fin Brian se mete en su casa, Ana hace lo mismo y cierra la puerta. Apoya la espalda en ella y suspira profundamente, dejándose resbalar hasta quedarse sentada en el suelo. ‘‘Mañana por la noche tú y yo podremos hablar tranquilos y solos'', se repite a sí misma. ''Por fin…”.
Después de que Charlie se negara a disculparse creyendo que había hecho lo correcto, Annie se metió en la cama con él. Se negó siquiera a rozarlo con un brazo, ocupando el borde más distante de la cama. Le odia, en ese momento le odia con todas sus fuerzas, odia cómo la ha humillado, la vergüenza que ha sentido de sí misma y delante de Brian, y se duerme entre sueños turbios a los que no acaba de dar sentido. El día siguiente no es muy diferente. Ella se ha negado a dirigirle la palabra, y él está molesto por su decisión porque sigue pensando que no está siendo justa. Annie pasa la mañana encerrada en su cuarto, tocando su guitarra y cantando por lo bajo, como si temiera molestar a Charlie. Encargan comida china para comer y dejan que la tarde pase entre más tensiones y silencios. Quizás si mantiene esto un poco más, su chico decidirá volverse a Detroit de nuevo. Con la tarde llega la noche, y con ella a su vez, la hora de largarse a su ratito de libertad, al Red Dingo. La semana se le ha pasado como una tortura, y de verdad se alegra de que sea viernes…
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Gates lo fulmina con la mirada, sin poder creerse lo que está escuchando en esa mesa. -¿Pero qué coño estás diciendo…? ¿Qué coño te pasa?- Se levanta de la silla, plantando las manos sobre la mesa y matándolo con los ojos mientras habla en un susurro hostil. -No sé qué es lo que pretendes viniendo a casa de tu novia a hacer el papel de hombre de la casa, sabiendo que la has dejado sola cuando más lo necesitaba.- Enarca una ceja. -Te diré una cosa, Charlie: No te mereces a la chica que tienes. Deberías estar jodidamente orgulloso de ella, de que haya encontrado una casa, un trabajo y gente nueva con la que relacionarse. Pero,- Ríe de una manera amenazante. -…¡qué va! Simplemente has venido aquí a marcar tu territorio como un perro, y lo estás haciendo innecesariamente, de una manera patética. Incluso una “mala compañía” como yo puede ver que estás haciendo el ridículo, y no sé si me has invitado a cenar para tratar de asustarme, o de quedar claro que estás hecho todo un machito, pero escucha una cosa. Teniendo en cuenta que tu novia no se ha atrevido a mirarte a los ojos en todo lo que llevamos de cena desastrosa, no estás haciéndolo muy bien, no debes de ser precisamente el hombre de su vida… Así que dime qué quieres de mí, porque no voy a quedarme dos minutos más aquí dentro.
Ana resopla, planta la copa de vino en la mesa y se levanta. Le lanza una profunda mirada a Brian y agarra a Charlie del brazo, echando a andar con él hacia el final del pasillo. -¿Nos disculpas un momento...?- Dejando a Gates en el salón los dos chicos caminan hacia la habitación de Annie y, dejando la puerta entreabierta, lo único que el chico de ojos oscuros puede escuchar desde el salón son voces y gritos. Y cuantas más voces, más gritos. Y cómo no, la voz de Charlie siempre por encima de la de Annie. Siempre. La curiosidad empieza a perseguirle así que sigilosamente avanza pasillo adelante y se queda mirando a través de la pequeña abertura de la puerta, desde la que puede ver a Ana parada de pie frente a Charlie, que no deja de gritarla. Ella pide paz y respeto y él lo único que hace es echarle en cara el haberse ido y haberle dejado solo en Detroit. Ana resopla y se lleva una mano al pelo, agobiada y mucho más que nerviosa. -Joder Charlie, ¡tenía que hacerlo..! Tenía que hacerlo, ¿de acuerdo?! ¡¿Cuántas veces más voy a tener que explicártelo?! Vamos, dime, ¿cuántas?! No te da vergüenza comportarte así?! ¿Qué pensarán los vecinos? ¡¿Qué pensará la gente..?!- Charlie resopla y, completamente fuera de sus casillas le pega una bofetada, girándole la cara y haciendo que la chica de ojos verdes se lleve la mano a la mejilla y deje de hablar. Todo se queda de pronto en silencio de no ser por la respiración de Brian al otro lado de la puerta, que ahora respira como un animal enjaulado a punto de matar a alguien.
El chico de ojos oscuros entra en la habitación como un huracán, de una manera que asusta incluso a Annie, que ahora tiene los ojos llenos de lágrimas. Habla mirando a Charlie, avanzando hacia él de una manera que hace a la chica de ojos verdes pensar que va a hacer alguna locura. ¿-Cómo puedes ser…- Le agarra del pecho de la camisa y lo empuja hacia atrás, pegando su espalda contra la pared. -Tan cobarde, tan rastrero y tan hijo de puta para ponerle la mano encima a una chica? Te juro que si vuelves a hacer eso delante de mí te mato con mis propias manos, bastardo…- La rabia se filtra entre sus palabras, que parecen cargadas de veneno. Siente que lo mataría en cualquier momento, y que se vuelve loco mientras escucha los sollozos de Ana. Solo espera que le dé una sola razón más para poder partirle la boca, pero Charlie lo único que hace es sonreír con prepotencia. El novio de Ana habla en un susurro hostil, sin borrar la sonrisa de medio lado. –Mi chica, mis reglas. Es la única manera de educarla de vez en cuando, porque si tiene que guiarse por sus compañías…-
Ana se mete entre los dos. Agarra a Brian y lo separa de Charlie, mirándole a los ojos suplicante y hablando en un susurro, con la voz quebrada mientras Gates trata de librarse de sus agarres para pegarle el puñetazo que tantas ganas tenía de pegarle al chico de ojos claros. -Brian, tranquilo. En serio, por favor, tranquilízate, ¿vale? Ha sido mi culpa. Yo me lo estaba buscando y yo lo provoqué. Nunca antes me había pegado y no volverá a hacerlo, ¿sí? Pero por favor no hagas esto...-
Brian la mira y habla alzando el tono de voz, incrédulo y asombrado. -¿Eso es lo que hace contigo? ¿Hacerte creer que tienes la culpa de que te cruce la cara? No busques una puta excusa para eso, porque acaba de pegarte como si fueras un perro.- Señala a Charlie, rabioso, fuera de sí. -A ese hijo de puta puedes gritarle todo lo que te dé la gana porque vale menos incluso de lo que parece, y si quieres le gritas y le echas de tu casa, porque es tuya y no suya.- La agarra de la cara, en uno de esos gestos que parece de hermano mayor cabreado, y habla cerca de ella, en un murmullo. -Annie, si me entero de que vuelve a ponerte una mano encima, si sólo me entero de que has dejado que te humille otra vez, voy a venir a buscarlo y lo voy a echar de aquí, pero por la ventana.- Le lanza una mirada asesina a su novio antes de salir de la habitación pegando un portazo. -Te he avisado, bastardo. No juegues con las malas compañías…-
Ana, aún con los ojos inundados, le lanza una mirada de odio a Charlie y apretando los labios en una dura línea sacude la cabeza. El chico resopla, pone los ojos en blanco y se sienta en el borde de la cama, comenzando a desatarse la corbata. Annie sale de la habitación y cierra tras de sí, atravesando el pasillo a la carrera para alcanzar rápidamente a Brian antes de que se vaya. Cuando llega al salón se encuentra al chico de ojos oscuros a punto de salir por la puerta. -Espera, por favor...- Gates suspira profundamente, se queda parado y la mira, expectante pero con un gesto de ternura dibujado en su rostro. Ana se acerca a él y habla en un murmullo, con la mirada clavada en el suelo. -Siento lo de esta noche…-
Él resopla largamente y en un gesto cargado de lástima le acaricia con los dedos la mejilla derecha, que aún sigue roja por culpa del golpe. -Yo sí que lo siento, pero por ti. Siento que tengas que quedarte sola con ese tío que todavía sigue teniendo la poca vergüenza de hacerse llamar “tu novio”.- Le coloca un mechón de pelo tras la oreja, tratando de arreglarle un poco el pelo, cuyo peinado ha quedado deshecho por culpa de todo el forcejeo. Brian la mira tratando de no derrumbarse. Parece una niña asustada, sola e indefensa, y salta a la vista que no es la primera vez que ocurre algo así, y que sigue sin saber defenderse. Susurra, frunciendo el ceño. -Tienes que acabar con esto, Ana, y tienes que ser fuerte…-
La chica de ojos verdes y llorosos baja la mirada, suspira y sacude la cabeza, hablando en el mismo tono de voz para que Charlie, que seguro que está pegando la oreja, no pueda oírles. -No. Él jamás ha hecho esto. No lo ha hecho nunca y jamás ha tenido intención de hacerlo. Yo lo he provocado, de veras. Le he echado en cara cosas que no debería haber mencionado y...- Resopla. -No sé, es que estoy muy agobiada y ni siquiera controlo lo que digo... Cuando todo parecía irnos bien te vas y de repente aparece él aquí y...- Su voz empieza a temblar y sus ojos se inundan poco a poco. -Y lo destrozó todo otra vez. Y ahora tengo que volver a construir mi vida a su alrededor, y me sabe mal por... Por ti. Y me hubiese gustado que nuestro reencuentro hubiese sido de otra forma, porque tenía muchas ganas de verte. Muchísimas. No me habías llamado en una semana y me preocupaba y... Dios...- Se pasa las manos por los ojos para secarse las lágrimas. -No sé ni lo que digo...-
Gates sisea tratando de hacerla callar y tranquilizarse y chasquea la lengua. -Escucha Annie, primero preocúpate en ordenar tu vida. Olvídate de mí y de todo por un tiempo, sólo… Intenta sacar conclusiones, qué es lo que te falta y qué es lo que te sobra, y sobre todo qué quieres. Sabes que si decides liberarte de esa carga que tiene como novio, yo… Yo me comprometo a ayudarte a echarlo de tu vida.- Suspira. -No soporto verte llorar y lo sabes, así que no lo hagas delante de mí. Yo estoy bien, y sabes que siempre voy a estar ahí.- Baja el tono de voz. -Supongo por lo que dice no le gusta ir al Red Dingo, así que mañana por la noche tú y yo podremos hablar tranquilos y solos allí.- Se pasa una mano nerviosamente por entre los mechones negros y salvajes de su pelo. -Ahora descansa, y hablaremos cuando las cosas estén más tranquilas.- La besa en la mejilla en un gesto que inspira pura amistad, aunque los dos saben que es algo más. Susurra con una sonrisa triste que le contagia a la chica de ojos verdes, mientras abre la puerta dispuesto a salir. -Incluso cocinando bajo presión lo haces bien. El pollo estaba muy bueno…- Le guiña un ojo en un gesto cómplice. -Nos vemos mañana, Annie…-
Ella suspira, se apoya en el marco de la puerta y le observa marchar con una leve sonrisa triste dibujada en los labios. Cuando por fin Brian se mete en su casa, Ana hace lo mismo y cierra la puerta. Apoya la espalda en ella y suspira profundamente, dejándose resbalar hasta quedarse sentada en el suelo. ‘‘Mañana por la noche tú y yo podremos hablar tranquilos y solos'', se repite a sí misma. ''Por fin…”.
Después de que Charlie se negara a disculparse creyendo que había hecho lo correcto, Annie se metió en la cama con él. Se negó siquiera a rozarlo con un brazo, ocupando el borde más distante de la cama. Le odia, en ese momento le odia con todas sus fuerzas, odia cómo la ha humillado, la vergüenza que ha sentido de sí misma y delante de Brian, y se duerme entre sueños turbios a los que no acaba de dar sentido. El día siguiente no es muy diferente. Ella se ha negado a dirigirle la palabra, y él está molesto por su decisión porque sigue pensando que no está siendo justa. Annie pasa la mañana encerrada en su cuarto, tocando su guitarra y cantando por lo bajo, como si temiera molestar a Charlie. Encargan comida china para comer y dejan que la tarde pase entre más tensiones y silencios. Quizás si mantiene esto un poco más, su chico decidirá volverse a Detroit de nuevo. Con la tarde llega la noche, y con ella a su vez, la hora de largarse a su ratito de libertad, al Red Dingo. La semana se le ha pasado como una tortura, y de verdad se alegra de que sea viernes…
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La noche en el Dingo no se extiende más que una noche normal. Como era de esperar, Charlie ha decidido quedarse en casa bastante contrariado por la decisión de Ana de ir a trabajar pese a todo lo que le ha dicho y pese a que ella sabe su opinión al respecto. Ahora, a eso de las dos de la mañana, Matt lleva a las coyote a sus respectivas casa excepto a Annie, que ha pedido quedarse a ayudar a Brian a cerrar, pues esa noche le tocaba a él y no le apetece quedarse solo. Además, ¿qué momento mejor que este para entablar una conversación tranquila como las de antes con él...? Gates está al otro lado de la barra, pasando una bayeta húmeda sobre ella. Annie hace lo mismo desde el otro lado, lanzándole miradas rápidas de vez en cuando, en silencio.
Dean, el jefe, que es el último en salir del local, lo hace tras echarle un par de miradas de soslayo a la pareja, diciéndoles que no líen ninguna y que cierren cuanto antes. Ambos asienten obedientes y en cuanto el hombre cierra la puerta, suspiran en silencio. Brian se sienta sobre la barra, cerca de ella, mirándola durante unos segundos en silencio antes de hablar en un tono tranquilo, cargado de comprensión. -¿Qué tal esa noche…? ¿Acabó más tranquila de lo que empezó?-
Ana suspira, sonríe de medio lado sin ganas y se para frente a él, de pie, dejando el trapo sobre la barra. -Qué va...- Resopla. -Llevo sin hablarle desde que te marchaste...-
Él suspira y le pega un toque con el dedo índice en la nariz, ahora que ella cruza sus brazos sobre las rodillas de Brian. -Se merece algo peor que el silencio, insisto…- Deja que se le contagie su risa tímida, y habla bajando el tono de voz. -Siento no haber llamado aquella última semana. Solo tenía malas noticias, roces con mi hermano que ya sabía que estaba viendo a McKenna, comentarios no demasiado buenos por parte de mi familia, Pinkly se perdió durante tres días…- Ríe con tristeza. -Lo cierto es que debí haberte llamado, aunque solo fuera para dar señales de vida y no para contar nada bueno, pero sí… Debí haberlo hecho. No quería preocuparte.- Le revuelve el pelo con cariño, dejando que su sonrisa se amplíe. -Aunque el reencuentro no haya sido lo mejor del mundo, eso no cambia que te haya echado de menos. Debo de haber escuchado American Pie unas doscientas veces allí en Huntington Beach…-
Annie apoya la cabeza sobre su rodilla y le mira con una sonrisa tierna, dejando que incluso sus ojos verdes tomen ese deje de admiración y ternura. Habla bajando el tono de voz, sin apartarle la mirada. -Yo también te he echado de menos. Muchísimo.- Suspira, paseando dos dedos por la pierna de Brian con suavidad. -Me he pasado bastantes tardes con Matt hablando sobre ti, ¿sabes...? Me aburría bastante cuando estabas fuera. No quiero que vuelvas a irte y si lo haces yo me iré contigo.- Susurra.
Gates sonríe, acariciándole el pelo y bajando el tono de voz haciendo parecer que es un secreto entre los dos. -Si vuelvo a irme, no dejaré que te quedes aquí por nada del mundo. Te llevaré conmigo vaya a donde vaya.- Suspira. -Matt ya me ha contado, que tenías charlas larguísimas juntos. Y que incluso fuiste a las juntas de vecinos…- Ríe y sacude la cabeza. -De verdad debías estar aburrida, yo no he conseguido ir a más de tres juntas seguidas. Siempre hay alguna vieja que me cuenta sobre los estudios de sus nietos que jamás voy a conocer, pero siempre es más entretenido que escuchar al presidente.- Le pellizca la nariz y chasquea la lengua, dejando que su sonrisa se borre poco a poco. -¿Cuándo se va Charlie…?-
La sonrisa de Ana se borra lentamente. Suspira y se encoge de hombros, bajando la mirada. -No lo sé, pero tengo unas ganas de que se vaya que no puedo con ellas, en serio...-
Gates pega una palmada en la barra y habla con autoridad fingida. -No más Charlie por hoy. Prohibido nombrarle o referirse a él en lo que resta de día.- Ríe y suspira, bajándose de la barra y quedando frente a la chica de ojos verdes. Rodea su cintura con los brazos y la trae contra sí, hablando ahora en un susurro en su oído, sin perder esa sonrisa traviesa. -Échale. Yo te he visto enfadada, y me inspirabas respeto. Grúñele un poco y ponle la maleta en la puerta…-
Ella rodea su cuello con los brazos y al oír sus palabras pone los ojos en blanco y ríe, mirándole después. -Como si fuera tan fácil...- Suspira y baja la mirada hasta sus labios para después volver a subirla a sus ojos. -¿Tú estás enfadado o algo así...? Quiero decir… A mí me sentaría fatal volver a de vacaciones y verte con alguien…-
Brian se encoge de hombros y suspira, clavando sus ojos oscuros en los verdes de ella. -Bueno, lo que suaviza mi enfado es que… No creo que le quieras demasiado. Quiero decir, no sé si ha cambiado en éste tiempo, si siempre fue así o es que ahora ha empezado a comportarse como un gilipollas de repente, pero para ser sinceros no creo que tú sientas ahora mucho apego por él.- Chasquea la lengua. -Es más, acabas de decir que te molestaría verme con alguien. Eso me da mucho que pensar, pero no me enfada. No puedo enfadarme contigo porque no creo que lo que estés viviendo sea precisamente un paraíso al lado de Charlie. No creo que sea amor de verdad, más bien te veo acorralada y desesperada con ese tío metido en tu casa, que ha aparecido de la nada y te está arruinando la vida…-
Annie quita los brazos de alrededor de su cuello y suspira desanimada, bajando la mirada. -No… No lo sé, Brian. Tal vez sea que llevo muchos años con él y ya me he acostumbrado o tal vez sea que en realidad le quiero pero estoy demasiado agobiada conmigo misma, que creo que en realidad es lo que me pasa. Necesito... Necesito aclarar mis ideas pero la situación no es la mejor y no se me hace posible...- Chasquea la lengua. -Y no sé, se me hace incómodo por ti, porque no quiero que pienses que soy una aprovechada o una mentirosa ni nada de eso, es que... Simplemente no sé. Estoy...Estoy confundida. Tengo muchas ganas de que se vaya para poder estar sola contigo, tranquila y en confianza como antes, pero por otro lado temo echarle de menos si se va...-
Él se cruza de brazos, ladeando la cabeza y mirándola con curiosidad. -Y sólo sabrás si le echarás de menos cuando se vaya. Dios sabe cuándo será eso.- Frunce el ceño y sacude la cabeza. -Deja de decir que de qué voy a pensar de ti. Creo que te conozco lo suficiente como para saber lo que no eres, Ana.- Sonríe casi imperceptiblemente pero deja que su sonrisa se borre despacio. Se gira y sigue limpiando la barra, hablando en un tono de voz bajo mientras lo hace. -Además, yo no tengo derecho a sentirme traicionado. Tú y yo somos… Somos buenos amigos, Ana. Tú no me debes nada, jamás te has comprometido conmigo a nada. Eres libre, libre para tomar tus propias decisiones sin involucrarme en ellas. Quiero que eso te quede claro. Ni soy tu novio, ni tu dueño, ni tu amante. Yo solo estoy tan perdido como tú, Annie…-
Ana suspira, baja la mirada y agarra la bayeta, enredando con ella entre sus dedos nerviosamente. Camina hacia detrás de la barra y comienza a colocar las botellas en los estantes, en silencio. ''Yo solo estoy tan perdido como tú, Annie…''. Genial, justo lo que necesitaba oír...
Gates vuelve a hablar para sí mismo, sin mirarla, sin poder girarse hacia ella. “Quizás la única diferencia es que yo sí tengo mis sentimientos estrictamente claros…”. Lo único que quiere es terminar cuanto antes, porque empieza a sentir esos silencios incómodos que no sabe cómo interpretar, y que delatan que la cosa no está yendo muy bien. La ha echado de menos, la necesita, pero ella sigue dudando. No la culpa, se alguna manera está atada de pies y manos con toda ésta situación…
Cuando termina de colocar las botellas, Ana suspira, se gira y planta las palmas de las manos sobre la barra, a ambos lados de Brian. Le mira fijamente y habla en un susurro, lanzando una pregunta que al chico de ojos oscuros le corta la respiración. No porque sea muy complicada, sino porque ha sido quizás... Demasiado directa. -¿Qué soy para ti, Brian..? ¿Qué fueron todas esas cosas que pasamos juntos para ti...?-
Él habla sin necesidad de pensar la respuesta siquiera unos segundos, manteniéndole la mirada y utilizando un tono más que solemne. Su voz resuena en el local, ahora vacío por completo. -Para mí, por mucho que me empeñe en negarlo, eres mucho más que una amiga, Ana. Eres una ilusión, algo que no puedo ni debo alcanzar, la razón por la que me levanto por las mañanas. Y esas cosas que vivimos fueron la prueba de que a pesar de todo, sigo colgado por ti como un imbécil.- Enarca una ceja y suspira. -¿Y qué soy yo para ti?-
Annie sonríe de medio lado levemente, manteniéndole la mirada y bajando el tono de voz. -Un... un misterio. Nunca entenderé qué escondes detrás de esos ojos casi negros y esa sonrisa, ¿sabes...? Nunca dejarás de sorprenderme y yo nunca dejaré de buscar una explicación a las cosas que haces, y la verdad es que me encanta. Tal vez es por eso por lo que no puedo sacarte de mi cabeza y cada vez que lo consigo esos... Ojos color café tuyos no dejan de aparecer por todas partes y...- Suspira, sin apartar sus ojos de los de él. -Y te quiero, Brian. Mucho. Y me duele horrores que no seas tú con quien me despierte cada mañana, porque en el poco tiempo que llevamos juntos me has dado muchas más cosas que Charlie en ocho años, aunque tú no lo sepas...-
Gates deja que su sonrisa se amplíe con un aire nostálgico. Igual estaba equivocado. Su chica de ojos verdes parece tener bien claro lo que siente hacia él. ¿Por qué se siente insoportablemente atraído por esa mirada felina? Es como una especie de hipnosis que se lleva por completo su cordura. Y siente como una especie de cosquilleo en el estómago después de las palabras que acaba de oír. Susurra, atrayéndola hacia él. -Conozco a gente que dice que el tiempo es el que se encarga de unir a las personas que deben estar juntas. Yo lo creo así. Quién sabe, quizás dentro de no mucho serás tú la que me despierte por las mañanas, con la que pase los días y con la que comparta mi vida. Y no creo en nada Ahí Arriba, pero rezaría a diario porque eso fuera así, Ana…-
Su protegida de ojos verdes sonríe, le rodea el cuello con los brazos y le besa en los labios brevemente para después volver a besarle pero de una forma más profunda, larga y muy lentamente, de una forma que desquiciaría a cualquiera que no tuviese un poco de autocontrol. Mientras la besa, Brian le acaricia la espalda lentamente hasta que termina por bajar las manos hacia su culo y apretárselo, pegándola más a él. Ana, que lleva puesto un uniforme que consta de una minifalda vaquera y un top rojo que le cubre únicamente el pecho, pega un pequeño salto y enreda sus piernas alrededor de la cintura del chico de ojos oscuros, quien la sujeta con fuerza y la pega a la pared, sin dejar de besarla con ansia.
Cuando su predilecta se empeña en sacarle su punto débil mediante besos y mordiscos en el cuello, siente que se enciende sin remedio como si fuera la primera vez que le pasa. Ella tiene esa capacidad para ponerle nervioso, fiero y en guardia de una manera adorable. La agarra contra sí sin demasiado esfuerzo para no dejar que se caiga y entra al almacén, donde la sienta sobre la enorme mesa que hay en una de las esquinas de la estancia. Primero la besa sobre los labios de una manera casi delicada inclinándola hacia atrás, apostado frente a ella, de pie entre sus piernas. Le muerde la boca tirando levemente de su labio inferior y sonriendo incontrolablemente de medio lado después. Lo necesita. Necesita estar con ella, pegado a su piel y a su boca, y no volver a separarse de su amuleto de la suerte de enormes ojos verdes tanto como ha hecho en éstas últimas semanas.
Mientras Brian la besa ella le desata el cinturón lenta pero ágilmente, aún inclinada hacia atrás sobre la mesa. Cuando por fin se deshace del cinturón, Ana le mira a los ojos con una sonrisa traviesa, mordiéndose el labio inferior mientras con un movimiento resuelto se deshace del top y lo tira hacia un lado de la mesa. Arquea una ceja, y sin borrar la sonrisa ni apartar la mirada de su chico de ojos oscuros, se baja la minifalda dejando que caiga al suelo, quedando a la vista un fino tanga negro con los bordes de encaje, ese que solo se pone para trabajar.
Algunos pensamientos oscuros y llenos de travesura contaminan de una manera arrebatadora la sonrisa que ahora se dibuja en los finos labios de Brian, que aún sigue de pie delante de ella. Ana sigue sentada balanceando leve y adorablemente las piernas en el vacío como una niña traviesa. Jamás va a poder entender por qué razón su chica de ojos verdes es capaz de hacerlo suyo con una sola mirada de esas que encierran mil palabras y mil gestos, pero le encanta. Se la come a besos de manera poco correcta, en una de esas guerras de lenguas y mordiscos que consumen el tiempo de los chicos sin que se den cuenta. La camiseta de Brian acaba en el sillón de cuero negro que hay frente a la mesa, sus pantalones vaqueros rotos terminan sugerentemente desabrochados y las respiraciones de ambos, de nuevo, perdidas y desacompasadas. Es difícil encontrar la respuesta a la pregunta de cuánto se han echado de menos, de cuánto han pensado en esto, de cuánto querían decirse…
Ana se queda quieta, mirándole aún sentada en la mesa. Tiene las piernas abiertas y las manos colocadas a ambos lados de ellas. Sus fieros ojos verdes se clavan en los de su chico y en un gesto más que provocativo, se muerde el labio inferior. Con un movimiento rápido y resuelto enreda la cintura de Brian entre sus piernas y le atrae hacia ella, sin dejar de mirarle. De pronto las respiraciones de los dos se hacen pesadas y son lo único que rompe el silencio en la pequeña despensa. Fuera, en la calle, se ha desatado una gran tormenta y un trueno hace retumbar el suelo del Dingo. Ana lo sabe, Brian lo sabe. Ambos saben que está a punto de pasar lo inevitable. La chica de ojos verdes no se arrepiente. No se arrepiente de nada. Si fuese Charlie el que estuviese en el lugar de Gates seguramente rechazaría tener sexo con él, pero no es lo mismo. Nada tiene que ver con esto...
El chico de ojos oscuros mira un segundo hacia la puerta del almacén donde están metidos y comprueba que todo está en silencio fuera. Con la lluvia, todo el mundo que aún quedara en los alrededores del local ha debido desertar a toda carrera, así que realmente se han quedado solos. La escena desquiciaría a cualquiera, y más a Dean, que se llevaría las manos a la cabeza si viera para que están usando sus dos empleados estrella la mesa a la que le da más utilidad que a la de su propio despacho. En un movimiento rápido y fiero desliza el tanga negro de Annie por sus largas piernas hasta sacarlo por completo, y, acariciándole con una mano la pálida y suave piel de sus muslos, con la otra le agarra la cara con firmeza y le habla cerca de la boca en un susurro que ha adquirido ese tono de voz en Brian que se llevaría la cordura de cualquier mujer. -El almacén y los baños son los únicos sitios del Red Dingo donde no hay cámaras y quedan fuera de toda vigilancia. Ya sabes por qué estamos aquí…-
Le muerde el labio inferior, soltándola con delicadeza y dedicarle una de esas últimas miradas de lobo hambriento para después separarle las piernas y perderse entre ellas, sentado ahora en el sillón de cuero negro. Annie cierra los ojos, sintiendo que la experta lengua de su chico de ojos oscuros despierta cruel y dulcemente su sensibilidad. Aprieta los labios, ladea la cara y se aferra a los cantos de la mesa arqueándose y tratando de controlar sus gemidos, que dentro del local y en mitad de la noche, se duplican en sonido por culpa del eco. Ahora es ella la que abre las piernas como loca y se retuerce de placer, y le da por preguntarse un segundo si las cámaras de fuera también grabarán el sonido de lo que pasa en el recinto, pero al notar los largos y finos dedos de Brian clavándose profundo y su lengua jugando despacio con su ella, se olvida de sus preguntas y sus curiosidades y se concentra en no respirar fuerte y desequilibradamente. La manera en la que Annie quiere reprimir sus propios gemidos le resulta divertida a Brian, que parece querer ponerla a prueba y que sabe lo horrible que es mantenerse en silencio en una situación así.
Gates se levanta del sillón, al mismo tiempo que otro trueno hace retumbar la estancia. Fuera del local, probablemente por alguna ventana semi abierta, se cuela el sonido de gente corriendo por la calle chapoteando con cada pisada apresurada, risas que se alejan enseguida, gente que habla con paso ligero y cuya conversación se funde con el silencio en pocos segundos. Annie clava su mirada en Brian, que, agarrándole las piernas y acercándola un poco más al borde de la mesa, le come la boca de una manera más que obscena y se clava en ella repentinamente, haciendo que su protegida por naturaleza gima por lo bajo. La reclina hacia atrás, haciendo que su espalda desnuda se apoye por completo contra la madera oscura. Coloca los brazos a ambos lados de su cabeza y la embiste hasta el fondo para después susurrar, manteniéndole la mirada de una manera que desquicia. -¿Estás intentando no hacer ruido…?- Ella se aferra a sus brazos en un gesto adorable, le mira de fijo con esos ojos enormes y asiente en silencio con una sonrisa tímida de esas que tanto le gustan a Brian, que en consecuencia a la respuesta enarca una ceja y sonríe de medio lado traviesamente. -Oh, por supuesto… Deja de esforzarte….- La embiste una y otra vez, con una fuerza y una cadencia, tan profundo que se lleva la cordura de Annie muy lejos del Red Dingo, quizás incluso fuera de la ciudad. Inmenso, esa es la palabra. Desde donde la chica de ojos verdes puede verlo, con la respiración acelerada, le resulta inmenso, salvaje y fiero, y tremendamente suyo. Es horrible, horrible soportar esas embestidas y no poder gritar de placer con cada una de ellas. Su respiración acelerada la excita de una manera insoportable, y se da por vencida perdiendo su pequeña prueba personal, abandonándose a gemir.
Tras unos minutos de susurros y besos sucios, cuando ambos se ven cada vez más cerca del precipicio, sin aviso, Brian tira de ella y cae en el sillón sentado arrastrándola con él, sentándola sobre él a horcajadas y quedándola sobre sus rodillas. Se clava con ferocidad contra sus caderas y le marca una velocidad que su chica de ojos verdes está más que preparada para seguir, dejando con gusto que ella le decore los hombros con arañazos de pura desesperación y necesidad, y le gima al oído. Le encanta escuchar su nombre entre gemidos de la boca de Ana, saliendo como aire caliente de entre unos labios que no se cansa de besar y que considera, no sabe si injustamente o no, como suyos y solo suyos…
Los minutos pasan lentos para los dos chicos que ahora mismo se entregan el uno al otro tirados en el sofá de la forma en la que mejor saben hacerlo. Brian agarra a Annie, la llena de caricias, la cambia de posición constantemente y la maneja a su antojo cuando quiere, como si se tratase de una marioneta. Una marioneta que no para de gemir, arañarle la espalda, morderle la boca y volverle completamente loco. Casi sin darse cuenta los dos chicos terminan en el suelo. Brian está tumbado boca arriba y Ana está sentada sobre él, moviéndose hacia arriba y hacia abajo rápidamente y gimiendo cada vez más alto, sin darle una tregua o un descanso al chico de ojos oscuros, que siente que explotará en cualquier momento con cada gemido de su predilecta. Ana apoya sus manos sobre el pecho de Gates y se desliza hacia delante y hacia atrás de una forma excesiva y desquiciantemente lenta, intentando que Brian se clave en ella lo máximo posible. Tiene los ojos cerrados y las gotas de sudor descienden por su cara al igual que los desordenados y salvajes mechones de su pelo castaño. Gime cada vez más bajo y más débil, cansada, como si hiciese lo posible para no caer rendida, como si no quisiera caer rendida jamás...
Gates se incorpora apoyándose sobre sus codos, dejando que su pecho empapado suba y baje como loco por culpa de una respiración que no puede controlar. Su chica de ojos verdes le tiene sumido en un universo paralelo del que no quiere regresar. Los jadeos y los gemidos anuncian lo inevitable, y por culpa de ese movimiento de caderas de Annie y de ese susurro entre gemidos que acompaña con una sonrisa traviesa y cansada que le dice al borde del orgasmo un “Déjate ir, Brian”, el chico de ojos oscuros cae a un abismo de placer al que arrastra consigo a la adorable culpable de todo. Tras unos segundos sufriendo el orgasmo más intenso de su vida, acaban tumbados por completo en el suelo, respirando aceleradamente y con los ojos cerrados. Annie sigue sentada sobre él algunos segundos en el que trata de recobrar el aliento, respirando fuerte y con las manos apoyadas en su pecho lleno de tatuajes, de tinta, de infinidad de historias. Clava sus vivos ojos verdes en él, le agarra la cara y habla con una sonrisa traviesa. -¿Has muerto…?- Brian, salvajemente despeinado y exhausto la mira, enarca una ceja, cierra los ojos de nuevo y habla en un susurro, sonriendo de esa manera que parece llevar su marca propia. -Casi…- Es increíble que su amuleto de la suerte de ojos verdes siga llena de energía, y le hace tener que sonreír irremediablemente.
Ella ríe por lo bajo aún con la respiración agitada y sin soltarle la cara le da un tierno y largo beso. Se queda boca arriba con la mirada en el techo, los mechones de pelo cayéndole por la cara y los hombros y sintiéndose jodidamente exhausta, como nunca antes se había sentido después de algo así.
Cuando después de un rato comienzan a vestirse de nuevo, tras haber recogido la ropa desperdigada por el suelo, se dan cuenta de que la noche se les ha echado encima, y que está a punto de amanecer. Todavía les queda por colocar una parte de la barra y con suerte, se irán a casa en menos de media hora. Ninguno de los dos puede borrar una sonrisa cómplice de los labios, y tampoco ninguno necesita decir lo bien que ha estado lo que acaba de pasar, sino que empiezan a dar por normal esa química explosiva que surge cuando menos se lo esperan. Cuando salen del Red Dingo, ya han dado las seis de la mañana. Caminan por las calles de un Los Ángeles que empieza a despertar, pateando las aceras aún mojadas por culpa de la tormenta que remitió hace algunos largos minutos. Annie y el chico de ojos oscuros, que ahora se fuma un cigarrillo, llevan las miradas clavadas en el suelo. Él quiere irse con ella, y ella no quiere tener que irse con Charlie.
...Si la chica de ojos verdes supiera lo que le espera en casa en algunos minutos, quizás pararía en seco y se pensaría dos veces lo de dormir en el Dingo lo que queda de noche…
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