[Como si fuera poco, su 'novio' la ha obligado a dejar el Dingo y a dejar de ver a Brian, lo cual le duele incluso más que las bofetadas. No, no Annie, tienes que hacer algo... cuanto antes, se dice a sí misma entre lágrimas sin apartar la mirada de su reflejo. Obedientemente se mete en la ducha y se tira una media hora llorando bajo el agua, dejando que esta se lleve todas sus lágrimas. Se pone un pijama que consta de un pantalón largo y una camiseta de tirantes y tras recogerse el pelo en una coleta sale del baño. Está destrozada y lo único en lo que puede pensar es en Brian. En dónde y en cómo estará. No ha oído ningún ruido en el rellano así que ni siquiera sabe si ha vuelto a casa, pero juraría que no es así. Avanza por la casa en plena oscuridad y entra en el salón. Se sienta en el sofá y se queda con la mirada clavada en el suelo. Rompe a llorar de nuevo pero esta vez lo hace silenciosamente, sin querer que nadie y mucho menos Charlie pueda oírla…]
-Princesa, vas a tener que contarme qué está pasando. Estoy preocupado, ¿sabes? No hablas, no comes, no duermes y no te veo sonreír jamás. Es más, cada vez que me descuido, me vuelvo y siempre andas llorando en silencio.- Suspira largamente, sin parar de acariciarla con aires de protección. -¿Es por mí…?-
Ana suspira profundamente y sacude la cabeza, manteniendo su mirada en la televisión para después hablar en un murmullo con la voz rota, pasándose el sobrante de la manga de la chaqueta por los ojos para secarse las lágrimas. -No, no es por ti, estoy... Estoy bien...-
Charlie chasquea la lengua y suspira, hablando en un susurro cargado de comprensión falsa. -Annie, si me dijeras qué es, tal vez podría tratar de ayudarte. Cerrándote en banda no vas a conseguir nada. Si no es por mí, ¿entonces qué ocurre? ¿Estás cansada de la ciudad? ¿De la gente…?- Chasquea la lengua. -¿Echas de menos a tu familia?-
Ella suspira y sacude la cabeza de nuevo, hablando en el mismo tono, sin apartar la mirada de donde la tiene. -No, no es eso, es que...- Se encoge de hombros. -Estoy triste estos días y no sé por qué. Tal vez lo que necesito es llorar, dormir, no comer y no hablar hasta que se me pase...-
Charlie pone los ojos en blanco de pura desesperación, resopla largamente y devuelve su mirada a la pantalla. Odia esa nueva faceta de su chica. Considera que solo es un intento victimista para hacerle sentir mal, o para hacer que se vaya. Lo único que sabe es que huye de él y de todo, y no es capaz de devolverle un buenos días con una sonrisa, y mucho menos de acostarse con él. Últimamente incluso parece no soportar que la toque, y él empieza a agotársele la poca paciencia que tiene...
Annie suspira y se levanta, estirándose la camiseta y hablando en un susurro, mirándole a través de la oscuridad que ahora ocupa el salón. -Me... Voy a dormir ya, Charlie. Estoy agotada... ¿Vienes o te quedas..?-
El chico de ojos azules la mira y sacude la cabeza. Susurra, encogiéndose de hombros. -Aún es temprano. Me quedaré a ver la película.- Parece como si incluso hubiera algo de cariño en sus palabras mientras las acompaña con una sonrisa triste. -Descansa, princesa. Intentaré no despertarte luego, a ver si eres capaz de dormir más que ayer...-
Ana asiente, suspira y se inclina sobre él, besándole brevemente en los labios para después, forzando una media sonrisa triste, abrirse paso por el pasillo y terminar encerrándose en su habitación. Lanza una mirada rápida a la ventana y tras comprobar que la casa de Gates está en calma, se deja caer sobre la cama, se tumba boca arriba y cierra los ojos. De forma inconsciente arrastra un par de lágrimas y como si saliera de la nada, rompe a llorar de nuevo pero lo hace en silencio para no molestar a Charlie. ''¿Está bien…? ¿Qué está haciendo…? ¿Habrá conocido ya a alguien...? ¿Por qué me ha dejado así...? ¿Acaso se cansó? ¿Tal vez no me quería...?” Son las preguntas que no dejan de rondarle por la cabeza y que la tienen hecha polvo, es innegable.
A la mañana siguiente es el teléfono fijo el que despierta a la pareja. Son las doce, y Charlie rezonga por lo bajo cuando escucha el taladrante y cadente sonido del aparato, dando claras señales de no querer cogerlo, contando con que además está en la mesilla de Ana. La chica de ojos verdes resopla, se incorpora y coge el teléfono. Al otro lado de la línea, la voz de un hombre que conoce bien, cargada de energía y casi de felicidad, es la primera que escucha en todo el día. -¡Buenos días, Annie! Oye, soy Dean. ¿Te pillo en un mal momento?- Charlie, que desde su aplastante sueño ha podido reconocer la voz de un hombre al otro lado de la línea, mantiene cerrados los ojos pero bien abiertos los oídos, esperando captar hasta la última palabra.
Ana suspira, se rasca la nunca y fuerza una media sonrisa. Casi le da vergüenza tener que admitir que ha estado dormida hasta tan tarde. No es precisamente propio de ella. -Oh, buenos días Dean. No, no te preocupes, estaba... Recogiendo un poco la casa. Tengo esto hecho un desastre... ¿Qué sucede?-
Dean baja el tono de su voz, y sentado en el sillón de su despacho con los pies sobre la mesa, enredando el cable del teléfono en su dedo índice, dice algo que hace que Annie mire nerviosamente a Charlie. -Es sobre el Red Dingo, Ana. Vamos a reabrir, creo que lo sabes. Y quería pedirte algo en relación…-
La chica suspira profundamente, aparta la mirada de Charlie y la clava en la ventana, desde la que puede ver el salón de la casa de enfrente, sin movimiento alguno. Habla bajando el tono de voz, colocándose un mechón de pelo tras la oreja. -Claro, ¿De qué se trata...?-
Dean suspira profundamente. De fondo puede escucharse pasar las hojas de algo. “Él y su dichosa contabilidad…”. Su voz rompe el silencio de la línea. -Ana, no me importa lo que pasara con… Con tu chico, ya sabes. Esa pelea no afecta a tu puesto aquí, ¿me oyes? Quiero que para cuando reabramos, tú, Texas, sigas en nuestras filas. El Red Dingo te necesita, las coyotes te necesitan, los clientes te necesitan y yo te necesito.- Chasquea la lengua y su voz se vuelve ronca y severa. -¿Podré contar contigo…?-
Annie se queda unos largos segundos en contestar, tiempo que Dean considera que ella utiliza para pensárselo. Desvía su mirada hacia Charlie, que sigue durmiendo de espaldas a ella, suspira y vuelve a mirar a la ventana para después bajar la mirada al suelo, hablando en un murmullo. -Dime día y hora y estaré ahí...-
Dean sonríe ampliamente, asiente en un gesto de alivio y deja que su sonrisa se vuelva a borrar poco a poco. -Sabía que no ibas a fallarme, Ana.- Suspira. -Oh, y una cosa más que debe quedar clara. Charlie, tu… Tu novio. Ya no tiene permitida la entrada al Dingo. Lo siento, pero tendrás que quedárselo claro para evitar futuras confrontaciones.- Chasquea la lengua. -No puedo permitir que vuelva a agredir a uno de mis empleados por muchos motivos que tuviese para hacerlo, y tampoco puedo permitir perder la mitad de la cristalería por una estúpida pelea de bar- Suspira, paciente. -Me comprendes, ¿verdad?-
Ana asiente y suspira enredando con un mechón de pelo entre sus dedos nerviosamente. Habla en el mismo tono, con la mirada gacha y sonando más bien como si realmente lo que estuviese haciendo fuese rogarle a Dean que le disculpase. -Oye Dean, yo... Bueno. Siento lo sucedido la última vez. Tal vez yo no te haya roto ninguna botella pero si no hubiese sido tan...- Resopla. -imbécil y si no me hubiese juntado con quien no debía esto no hubiese pasado y bueno, iba a llamarte para pedir disculpas, pero te me has adelantado…- Ríe sin ganas, notablemente triste.
Él se encoge de hombros. -Ana, no. La culpa fue más suya que tuya, al menos desde mi punto de vista. Me importa poco lo que tengas con Brian fuera de casa y en el Dingo, pero si vuestra aventura va a traerme problemas, entonces sí empezará a importarme, y tomaré medidas.- Chasquea la lengua. -No vayas a pensar que solo te he echado la bronca a ti. Qué va. A él también le llamé hace unos días, y aunque me aclaró que sólo trataba de defenderse y que vuestra “aventura” se ha acabado, no se libró de que le echara una bronca.- Resopla. -Ana, Brian y tú sois mi personal estrella. Tanto tú sobre la barra como él tras ella sois los iconos actuales de mi bar, y no quiero perderos a ninguno, ya sea que me cueste toda la cristalería, pero por favor, no más problemas. Tu novio entró en mi bar y él fue quien comenzó la pelea, así que a mi juicio, la mayoría de culpa es suya. No entrará en el bar, y me importa poco si tengo que decírselo yo mismo, pero desde luego no quiero que sea Shadows quien tenga que hacerlo durante uno de sus turnos de portero, ¿me entiendes…?-
La chica asiente y cuando Dean ha terminado de hablar suspira pesadamente y se seca una lágrima que ahora se le cae por la mejilla. Habla en un susurro para que nadie pueda notar que su voz se ha quebrado. -Está bien Dean, lo entiendo. Aunque no te preocupes. No volverá a pasar nada de esto. Ya no... Como tú bien has dicho se ha acabado, así que ya no habrá más problemas. Puedes… Puedes estar tranquilo-
Dean asiente, vagamente satisfecho. -De acuerdo, Ana. Tendrás más noticias mías. En un par de semanas estaremos en funcionamiento, y te quiero al pie del cañón con las chicas. Vamos a hacer que esto despegue fuerte, ¿sí? Puede que incluso me plantee una reforma express en el local.- Ríe y suena una palmada sobre la mesa. -Shows más salvajes, cócteles y copas nunca antes en venta, mucho más aforo, mis preciosas coyotes y mis deseados camareros, y ¡boom! Tendremos el Red Dingo 2.0. Una versión mejorada que traiga a todos los clientes de todo Los Ángeles. ¿Qué me dices, Annie? ¿Te suena bien?-
La chica suspira y asiente, con la mirada perdida, hablando sin alzar el tono de voz. -Sí Dean, me parece perfecto... Suena genial.- Él hombre de ojos claros puede darse cuenta de que desde que nombró a Brian, el estado de ánimo de Ana cayó en picado. No va a insistirle, de todas formas no tendría por qué interesarle... Ana suspira de nuevo y habla mientras se pone en pie, estirando su camiseta al hacerlo. -Llámame cuando sepas qué hacer seguro, ¿sí? Y estate tranquilo, volverás a tenerme allí. Muchas gracias Dean, muchas gracias por todo.- Cuelga y cuando lo hace se queda mirando al teléfono largamente. Mira a Charlie, que ha vuelto a quedarse dormido, agarra una chaqueta y sale de la habitación mientras se la pone. Cuando llega a la cocina, la casa está en completo silencio. Se sienta en la pequeña mesa tras haberse servido un café y con los brazos cruzados y la mirada perdida habla en un murmullo, recitando unas palabras que a ella la hieren como puñales. -No hay nada. Nunca más...- Suspira pesadamente y puede notar cómo sus ojos se humedecen y las lágrimas empiezan a descender por sus mejillas de forma incontrolable. Cruza los brazos sobre la mesa, entierra su cara en ellos y rompe a llorar en silencio, como si esa fuese la única manera razonable que encuentra de deshacer el nudo que se le crea en la garganta cada vez que se acuerda de Brian.
Desayuna sin ganas una taza de café que, a pesar de todo el azúcar que lleva, le sabe muy amargo. El timbre la sobresalta, y una chispa de ilusión idiota se dibuja en sus ojos verdes. Se frota la cara esperando quitarse las lágrimas y camina desganada hacia la puerta. La abre sin ni siquiera mirar, más bien porque no quiere revelar nada antes de tiempo. Cuando abre, se encuentra a Matt, mirándola con sus eternos ojos verdes ahora cargados de preocupación. Tras él, la puerta del piso está abierta. Parece entristecerse con solo verla, y fe de ello da su sonrisa, que se borra poco a poco mientras habla, en un tono recogido y tranquilo. -Ey, Annie. Sólo… Sólo he venido a ver cómo estabas. Me tienes preocupado, hace días que no te veo salir de casa.- Suspira, lanzándole una mirada cómplice que ambos traducen por un “Los dos sabemos a qué viene tanta tristeza”. Chasquea la lengua nerviosamente y le tiende un manojo de cartas en un gesto cortés. -Bueno, yo… Tenías el buzón lleno, casi ni cabían más cartas. Pensé que… Quizás sería buena idea, ya sabes, traerte el correo ahora que tú no bajas a buscarlo…- Suspira.
Ana baja la mirada hasta las cartas con la más profunda tristeza y desilusión reflejada en el rostro. Suspira pesadamente, asiente y forzando una sonrisa de medio lado, estira la mano hacia la suya y las agarra, hablando en un murmullo. Sus ojos luchan por llenarse de lágrimas y su voz pide a gritos quedarse en un hilo, pero pese a que Annie lucha con todas sus fuerzas para que eso no ocurra, sabe que no podrá aguantar mucho tiempo. Ni siquiera es capaz de mirarle a los ojos al hablar, solo se mantiene con la mirada clavada en las cartas, cuyos remitentes revisa una y otra vez. -Gra...Gracias, Matt...-
Sanders se aclara la garganta, mira hacia la puerta abierta del piso nerviosamente y levanta el índice, como si le indicara que esperara un momento. Se acerca a la puerta y la cierra casi por completo, probablemente sin querer que Brian escuche nada. Camina hacia Ana de nuevo y susurra, muy muy por lo bajo. -Escucha, Ana, tú y yo deberíamos hablar. Sin Charlie, sin Brian, sin nadie. Tú y yo solos. Hablar sobre lo que está pasando…- Chasquea la lengua, adelantándose a la respuesta de Ana. -No. Escucha. Soy el desgraciado más neutral en éste tema, y creo que tú necesitas hablar con alguien de esto.- La más pura sinceridad se refleja ahora en sus vivos ojos verdes. -Gates no va a enterarse de nada de lo que hablemos tú y yo. Quedará entre nosotros, ¿de acuerdo…?-
Ana suspira y asiente resignada. Baja la mirada y después la alza hasta sus ojos, hablando en un susurro. -¿Puedes darme cinco minutos...? Voy a vestirme. Pasa y tómate algo o lo que quieras, enseguida vuelvo...- Se gira y desaparece por el pasillo para al cabo de unos breves minutos, volver ya vestida con una camiseta de manga corta de color blanco, unos pantalones vaqueros largos, unas Converse negras y una chaqueta de chándal gris. Agarra las llaves de casa y sin hacer ruido sale, seguida por Matt.
Los dos chicos toman el ascensor y cuando salen del edificio lo hacen en silencio, caminando sin pronunciar palabra hasta que llegan al Vintage. Amber los saluda con una sonrisa triste a la que apenas son capaces de responder y se sientan en una mesa al fondo del bar. Matt se sienta frente a Ana y mantiene sus ojos clavados en ella. Tiene los brazos cruzados sobre la mesa y está cabizbaja, triste y apagada. Incluso podría decirse que sus ojos verdísimos color esmeralda han perdido color. Matt suspira y le agarra las manos, e instintivamente Annie clava sus ojos en los de él, suspirando profundamente.
El chico habla, en un tono que no inspira mucha felicidad. -Supongo que estás hecha un lío, Ana. Estás hecha un lío con todo esto.- Resopla y baja la mirada. -Tienes la misma carita que él. Por el amor de Dios, si parece que os han sacado el alma a la fuerza. Mira, me mata verte destrozada por un tema como éste, tanto tú como él. Yo ya supongo que lo que sentías por Brian era… Era fuerte. No me equivoco, ¿verdad?- Clava sus ojos verdes en ella, cargado de paciencia y de comprensión.
Ana traga saliva y suspira, bajando la mirada y hablando en un susurro. -No, Matt. No te equivocas en absoluto...-
El chico suspira y asiente, hablando con la mirada clavada en la mesa. -Yo… Yo puedo asegurarte que Brian sentía algo muy parecido, aunque nunca llegué a estar seguro del todo.- Resopla y cierra los ojos, hablando en un tono tranquilo pero cargado de dramatismo. -Brian Haner es el tío más extraño del mundo. Jamás cuenta más de lo necesario, es reservado hasta límites insospechados, es frío, es distante y es desconfiado. ¿Sabes lo que me llamó la atención? Que desde el primer día se volcara contigo a diario, con todo lo que se le ocurría. Escuchaba tu nombre en su boca cerca de diez veces al día, y dejó de hacer el idiota con todas, como hacía siempre, como si quisiera adecentarse a tus ojos.- La mira y enarca una ceja. -Y créeme, eso me puso muy nervioso. Yo no entendía nada. No sabía qué narices estaba pasando. Estabas transformándolo.- Chasquea la lengua. -Ana, quizás no conozcas al antiguo Brian, pero el nuevo Brian que estabas consiguiendo era... Mejor en todos los aspectos posibles.
Ana sacude la cabeza y chasquea la lengua. Suspira y alza la mirada hasta clavarla en la suya. -Yo te agradezco mucho todo esto, pero no tengo interés ninguno en conocer al ''Antiguo Brian''. ¿Para qué?- Se encoge de hombros en señal de indiferencia. -No necesito conocerle. Entre él y yo ya no...- Suspira profundamente, como si estuviese intentando coger aire para decir lo que va a decir. -Entre él y yo ya no hay absolutamente nada y dudo mucho que si quiera quede una pizca de confianza, ¿Sabes? Ahora somos dos extraños. Dos completos desconocidos que viven puerta con puerta y que trabajan en el mismo lugar. Las... Tardes de conversación, las risas, las noches en tu casa... Todo eso...- Se seca una lágrima pero sigue hablando, impasible. -Todo eso se ha terminado para siempre. Por supuesto que lo que yo sentía por él era fuerte. Y no lo sentía. De hecho lo siento. Lo siento mucho y lo siento a diario. Y cada vez que me voy a la cama me pregunto cómo estará y si me echa de menos tanto como yo a él, ¿sabes?- Su voz se quiebra. -Me pregunto muchas cosas pero me tengo que tragar mis dudas porque no hay nadie a quien le interese que yo me pase las noches llorando como una niña pequeña por un tío que se presentó en mi casa y cuarenta minutos después de follar me dijo que lo nuestro se había terminado para siempre, que no había vuelta atrás y que no esperaba que lo entendiese. A nadie le importa eso, Matt. Ni siquiera debería importarme a mí...-
Matt habla con la voz queda y ronca, sin apartarle la mirada. -Mira, Brian a veces hace cosas que son un asco, nunca es capaz de hacer nada a derechas y tú lo sabes porque le conoces. Él está mal, y te echa de menos. Duerme y come mal, y está rodeándose de nuevo de compañías que no me gustan en absoluto. *Resopla, cargado de impotencia* Ana, te diré algo. Si Brian ha cortado esto no ha sido por gusto, puedo asegurarlo. Él cree que lo ha hecho para salvarte la existencia.- Enarca una ceja.
-Durante todas tus discusiones con Charlie, mientras escuchaba todos esos bofetones, todos esos insultos, todas esas humillaciones y maltratos que tan nítidamente se escuchan y a veces se ven desde nuestro piso, podías encontrarlo sentado en el sillón. Sentado en silencio, con los ojos llenos de lágrimas y apretando los puños cada vez que escuchaba su nombre en boca de Charlie. Ana, si Brian se ha alejado de ti es porque cree que su presencia solo hace mal en tu vida de pareja, cosa que es bastante cierta, a juzgar por los moratones que todavía se te ven. -Chasquea la lengua, nervioso. -Ana, puedo jurar que Brian sentía lo mismo que tú. Te cargaste magistralmente al bastardo cabrón que vivía dentro de él antes de que te diera por pisar esa ciudad, y lo hiciste al primer día, con la primera conversación. Sé que siente mucho por ti, y también sé que no quiere esto. Al igual que tú, no consigo sacarlo de casa, no consigo hacerle hablar, no consigo que haga una vida normal. Si no vais a arreglarlo, al menos deberíais hablar para desahogaros. Annie, mira qué cara…- Le acaricia la mejilla con los dedos, en un gesto de lo más triste. -¿Cuánto has dormido hoy…?-
Ana gira la cara para apartar los dedos de Matt y habla seria, intentando aparentar una fortaleza que pierde por momentos conforme las lágrimas se le van cayendo. Habla con la mirada clavada en la cristalera que se alza a su lado, en un murmullo, clavando la mirada en la gente que pasea por la calle. -Yo arriesgué, Matt.- Se gira y le mira. -Arriesgué. Lo que pasa es que hay cosas que no sabéis. Una semana después de llegar aquí, cuando supe definitivamente que no podría hacer lo que quería, tuve la oportunidad de irme. Pero no lo hice. ¿Y sabes por qué?- Susurra. -Por él. Porque me gasté todo el dinero del viaje en comprarme un piso a su lado para poder estar más cerca. Ni siquiera cuando vino Charlie pensé en terminar lo nuestro. Ni siquiera entonces. Y he soportado insultos, bofetones, insultos, tirones de pelo, arañazos y palizas. Y nunca jamás, ni siquiera mientras ese hijo de puta me pegaba, pensé en terminar con Brian. Nunca. Porque él era la única cosa que de alguna manera me mantenía a flote, y cuando estaba con él podía desconectar de todo. Ni siquiera me importaban las consecuencias. Porque le quería, Matt. Le quería y le quiero, pero es un maldito cobarde y lo que pasa es que tiene miedo a enfrentarse a la realidad. Cuando quiero a alguien yo arriesgo y hago todo lo que haga falta para estar a su lado, porque le demuestro que le quiero. En cambio él lo único que me ha demostrado es que soy una gilipollas que se va a tropezar con la misma piedra miles de veces y que jamás aprenderá la lección...
Matt resopla largamente y baja la mirada. Tiene los codos apoyados en la mesa, y mientras Amber coloca dos tazas de café en ella, los dos chicos se mantienen en silencio. Le dedica una sonrisa triste a la camarera que ésta le devuelve, y después deja que se borre poco a poco mientras alza la mirada hacia Ana. Su voz suena como un susurro casi cargado de miedo. -¿Entonces qué…? ¿Ya está? ¿Se ha acabado…? ¿Ninguno de los dos va a hacer nada...?-
Annie se encoge de hombros, hablando en un murmullo con la mirada clavada en la mesa mientras las lágrimas se le siguen cayendo. -No sé para qué quieres que hablemos, solo serviría para ponerme peor...-
Él sacude la cabeza y le pega un sorbo al café, bajando la mirada. -Serviría para algo. Hablar siempre sirve para algo. Traerte aquí para hablar ha servido para algo. Ha servido para confirmar lo que ya sabía, que lo que le aconsejé hacer fue un error terrible.- Siente la mirada de Ana, ahora clavada sobre él. Susurra. -Él pensaba que era lo mejor, y yo le di la razón. No pensé que su falta iba a hacerte más daño que todos los problemas que te daba tenerlo cerca. Y creo que él tampoco lo pensó, porque de haberlo hecho, jamás hubiera dejado de verte…-
Ana suspira profundamente y sacude la cabeza, bajando de nuevo la mirada y hablando en el mismo tono de antes. -Da igual. Ya da igual. Se me pasará, supongo…- Se coloca un mechón de pelo tras la oreja y alza la mirada hacia él. -Solo espero que esté bien y no haga ninguna tontería de las que hacía antes... Y...- Suspira. -por lo que a mí respecta, yo... Voy a irme, Matt. He decidido que ya no tengo nada que me retenga aquí y es por eso que cuando Charlie se marche dentro de dos semanas yo me iré con él. Haré como que no ha pasado nada y continuaré con los planes de futuro que teníamos antes de que yo me viniese a LA. Supongo que para el año que viene nos casaremos y...- Se encoge de hombros. -Tendré que volver a trabajar en el bar en el que trabajaba en Texas.-
Matt frunce el ceño y después parece quedarse congelado. Mira a un lado y a otro, perplejo, tratando de digerir lo que acaba de escuchar. -Ana, escucha, no es que yo esté diciendo que Brian sea el hombre perfecto para ti, pero por el amor de Dios, ¿Charlie?- Resopla largamente y la mira de fijo. -Ana, ¿quién en su sano juicio querría pasar el resto de su vida con alguien que no te quiere ni te respeta, y que por supuesto, tampoco te cuida…?-
Ella suspira y sacude la cabeza. -Matt, antes las cosas nos iban bien. Es esto. Es esta maldita ciudad. Es la gente con la que nos relacionamos la que nos está cambiando. Sé que cuando volvamos a Texas todo será diferente. Nada es lo mismo que estar en casa, y cuando lleguemos las cosas volverán a la normalidad.- Baja la mirada, al igual que su tono de voz. -Tengo que hablarlo con Dean, decirle que no firmaré el contrato para el mes entero...- Le mira a los ojos. -Me voy, Matt. Lo tengo decidido. Ya no... Ya no hay nada que me retenga aquí.-
El chico de ojos verdes levanta las palmas de las manos y asiente. -Escucha, mira, está bien. Creo que te estás equivocando con ese tío al que sigues llamando “tu novio”. No pretendo ponerme paternal, y tampoco hacer de hermano mayor, pero quiero que sepas que conozco a ese tipo de gente, y sé que no cambian jamás. Yo he escuchado todo lo que te hacía y lo que te decía, y créeme, pienso que si te vas entregar a ese tío, que vas a abandonarlo todo por la única razón de que Brian ha tomado una decisión que no era la correcta, creo que vas a tropezarte aún más fuerte.- Se termina el café y suspira. -Haz lo que debas. Ahora ya sé lo que sientes y sé lo que siente Brian. ¿Y quieres saber algo? Creo que los dos estáis ciegos.- Se levanta y se estira la camiseta, airado. -Espero que pase algo en éstas próximas dos semanas que os haga cambiar de opinión, porque si todo esto os quita el sueño a ambos, debe ser que no es tanta tontería. Haced lo que os dé la gana, pero estáis equivocándoos como nunca antes...-
Ana resopla y entierra la cara entre sus manos, hablando en un susurro. -Déjalo Matt. Déjame, ¿sí? Necesito... Necesito estar sola. Ya tengo bastante con lo que tengo y sé perfectamente lo que sucede dentro de mi casa entre Charlie y yo, no necesito que vengas a decirme cómo me trata. La decisión está tomada. Tal vez no sea la correcta pero...- Le mira, levantándose. -Pero yo también tengo derecho a equivocarme, ¿sabes? Solo quiero irme. Quiero volver a Texas, a mi casa, y olvidarme de todo lo que he vivido aquí.-
Él la mira en silencio por unos segundos que a la chica de ojos verdes se le hacen interminables, y finalmente asiente despacio. Habla con su habitual voz grave, pero que no se parece nada a la de Charlie. -No se hable más entonces. ¿Quieres que te acerque a casa, Annie…?- Parece serio, como si hubiera digerido de golpe la decisión de Ana. No quiere saber cómo reaccionará Brian cuando tenga que contárselo… -Tendría que ir al Dingo, he quedado allí con Dean, podrías aprovechar para hablar con él…-
Annie asiente y suspira. Desvía la mirada al ventanal, se encoge de hombros y después vuelve a mirarle, con tristeza. -Sí, vamos…- Pocos minutos después los dos muchachos se encuentran en la carretera de camino al Dingo, al que llegan cosa de quince minutos después a causa del tráfico. Matt entra serio y con las manos metidas en los bolsillos y Annie entra tras él. Las chicas, que se encontraban repartidas por el local limpiando, recogiendo y preparándolo todo para la noche los reciben con una sonrisa cordial a la que ellos no responden. Ni siquiera las miran, sino que entran directos en dirección al despacho de Dean, lo cual les da una punzada de mala espina. Karina y Charlotte, que son las que más confianza tienen y, por así decirlo, las más atrevidas, se asoman a la puerta del despacho del hombre de ojos oscuros, que ahora está entreabierta.
Dean está sentado de brazos cruzados, mirando de fijo a Ana, quien está diciendo algo que las chicas no pueden concebir. Cuando dice la frase de ''Dean, no voy a quedarme más de dos semanas, dejo esto, me voy'', Karina se lleva la mano a la boca y Charlotte mantiene sus claros y vivarachos ojos azules abiertos como platos. Matt, apoyado en la pared de brazos cruzados, suspira y contempla la escena sin cambiar la expresión de su rostro, serio como si viniese de un funeral. Dean, tras escuchar a Annie durante unos minutos, suspira profundamente y, cruzando las manos sobre la mesa, asiente, mirándole y hablando en un murmullo, igual de serio que Sanders. No, desde luego no es una buena noticia en absoluto. -Está bien, Ana. Lo entiendo. Yo no soy quien para decirte qué hacer con tu vida y reconozco que estás en tu derecho de marcharte pero...- Se aclara la garganta tratando de deshacer el nudo que se le ha formado en ella. -Pero te vamos a echar mucho de menos por aquí. El Dingo no volverá a ser lo mismo sin ti...- Sacude la cabeza, se levanta y le dedica una sonrisa triste, colocando una mano sobre su hombro y tendiéndole un sobre blanco. -Aquí tienes. Tu sueldo. Te ayudará a mantenerte por allí...- Le guiña un ojo y le pellizca la nariz en un gesto tierno pero infinitamente triste. Ana suspira y fuerza una sonrisa y él le acaricia la mejilla. -Cuídate mucho, pequeña. Y no te olvides de nosotros cuando estés en Texas, ¿eh...?- Ana sacude la cabeza sin ser capaz de hablar, con las lágrimas cayéndole por las mejillas. Tras un cálido abrazo con Dean que deja a Matt sin respiración y una triste despedida, Ana sale del despacho acompañada del chico de ojos verdes. El rumor ha corrido rápidamente entre las chicas del bar, que ahora la miran con caras tristes y los ojos húmedos. Ana les dedica una sonrisa tristísima y sin molestarse en secarse las lágrimas, las abraza y se despide de ellas. Aunque se niega, las chicas le dan pequeñas cantidades de dinero para que pueda salir adelante y pese a que le cuesta, Ana lo agradece muchísimo. En cosa de media hora Matt está con ella frente a la puerta de su casa. La chica de ojos verdes clava su mirada en él y habla en un susurro, con las lágrimas empapando sus mejillas y la voz rota. -Gracias, Matt. Gracias por acompañarme y todo eso...- Suspira pesadamente. -Nos vemos mañana, ¿sí…?-
El chico de ojos verdes sacude la cabeza como quitándole importancia, en un gesto que se adivina como triste y cansado. -Nos vemos mañana, Annie.- Chasquea la lengua y le pega un toque con el dedo índice en la punta de la nariz. No es él el único que parece infinitamente triste, ella le supera con creces. -Buenas noches, y que… Que descanses.- Abre la puerta y justo cuando va a entrar, se vuelve y mira a la chica. No sabe muy bien qué es lo que quiere decir, pero necesita decirlo, y lo hace bajando el tono de voz y frunciendo el ceño. -Siempre he escuchado por ahí que la vida es como un río. A veces se desborda y todo se convierte en un caos y un desastre por un tiempo, pero al cabo termina por volver a su cauce normal, a su cauce correcto, y a veces el agua cambia de camino para corregir una trayectoria que no era la correcta. Sólo el tiempo puede hacer que el río vaya por su lugar correcto.- Enarca una ceja. -Y quién sabe, quizás… Quizás tú ahora estés desbordada, y aunque no ahora, sí después de un tiempo descubras cuál es el camino correcto.- Se encoge de hombros. -No sé si me he explicado, pero tampoco puedo ser más claro.- Sonríe con una de sus adorables gestos tristes, con una de esas sonrisas con hoyuelos y se despide de ella con un vago saludo militar y un guiño de ojo, para, despacio, después cerrar tras de sí.
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