[El chico de ojos verdes sacude la cabeza como quitándole importancia, en un gesto que se adivina como triste y cansado. -Nos vemos mañana, Annie.- Chasquea la lengua y le pega un toque con el dedo índice en la punta de la nariz. No es él el único que parece infinitamente triste, ella le supera con creces. -Buenas noches, y que… Que descanses.- Abre la puerta y justo cuando va a entrar, se vuelve y mira a la chica. No sabe muy bien qué es lo que quiere decir, pero necesita decirlo, y lo hace bajando el tono de voz y frunciendo el ceño. -Siempre he escuchado por ahí que la vida es como un río. A veces se desborda y todo se convierte en un caos y un desastre por un tiempo, pero al cabo termina por volver a su cauce normal, a su cauce correcto, y a veces el agua cambia de camino para corregir una trayectoria que no era la correcta. Sólo el tiempo puede hacer que el río vaya por su lugar correcto.- Enarca una ceja. -Y quién sabe, quizás… Quizás tú ahora estés desbordada, y aunque no ahora, sí después de un tiempo descubras cuál es el camino correcto.- Se encoge de hombros. -No sé si me he explicado, pero tampoco puedo ser más claro.- Sonríe con una de sus adorables gestos tristes, con una de esas sonrisas con hoyuelos y se despide de ella con un vago saludo militar y un guiño de ojo, para, despacio, después cerrar tras de sí. ]
En cuanto entra en casa, Matt descubre de nuevo la pesadilla. Brian está en el balcón que da a la avenida, vistiendo sólo unas calzonas surferas negras y fumándose un cigarrillo, ajeno a todo. Ojalá dejara de estar tan ausente por unos días, sólo para recordar cómo era su amigo hace un tiempo. Ojalá dejara de frecuentar las malas compañías de antes que han vuelto a su vida, y que tienen nombre, apellidos, la lengua afilada y la falda muy corta. El chico de ojos oscuros casi parece haberse vuelto salvaje, con ese pelo negro revuelto, ojeras que ensombrecen de una manera atractiva su rostro y con toda esa tinta adornando su piel. Brian se vuelve, clava una mirada de lobo hambriento y fiero sobre Matt y habla con voz ronca y seca a modo de saludo. -¿Desde cuándo las coyotes saben lo que me pasa?- Enarca una ceja, le pega otra calada al cigarrillo mientras Matt trata de ubicarse en la situación, desconcertado y en silencio, preguntándose qué tiene él que ver con todo eso. Gates deja escapar por unos segundos el espesísimo humo blanco por la nariz, como si fuera un dragón furioso de ojos casi negros. Sin apartar su mirada de él, habla y sus palabras se llevan el resto de la bocanada de tabaco de marca Marlboro que ocupaba el interior de su pecho. -¿Dean les ha contado algo de lo que yo le confesé a él? Charlotte me llamó a media mañana, preguntándome sobre cómo estaba con “mi problema con Ana”. ¿Qué sabes tú? ¿Ya se han enterado todos?- Tras él, atardece en la ciudad de Los Ángeles con unas vistas espectaculares. Todo empieza a teñirse de un naranja mágico, pero el comportamiento de Brian tiene a Matt tan nervioso que el chico de ojos verdes apenas puede fijarse en lo despampanante de la situación sobre la ciudad. Gates se pasa una mano por el pecho desnudo, acariciando sus tatuajes inconscientemente cuando lo hace, colocándose en un movimiento fugaz el piercing de la nariz, y convirtiendo su voz en un susurro cabreado que hace despertar a Shadows. -Matt, estoy hablando contigo…-
El chico de ojos claros sacude la cabeza, frunce el ceño en un gesto molesto y camina hacia el salón mientras se baja la cremallera de la chaqueta. -Bah tío, yo qué sé. Seguramente se lo habrá contado Dean. O tal vez Annie. No sé, ya sabes lo rápido que se extienden los rumores en ese lugar...- Se deja caer sentado en el sofá con un profundo suspiro. Agarra el mando de la tele y cuando la enciende se da cuenta de que están retransmitiendo un partido de los Lakers. Una media sonrisa triunfal se deja ver en sus labios, pues sabe que Brian detesta ver los partidos repetidos y que cada vez que emiten uno se va a su habitación y se encierra ahí hasta el día siguiente.
Gates apaga el cigarro sobre la barandilla, pone los ojos en blanco tras un breve resoplido y entra en el salón. Mira la televisión y tal como Matt había predicho, resopla largamente cargado de fastidio. -Vaya puto asco de programación. Alguien debería ir a la centralita de ESPN y prenderle fuego con todos esos asquerosos redactores dentro. Como si no tuvieran dinero para comprar la NBA mil veces...- Pone los ojos en blanco y desaparece por el pasillo, dejando a Matt en una tranquilidad y un alivio bestiales. No les va a volver a contar nada a las coyotes, desde luego.
Lo más fatídico de todo para la chica de ojos verdes llega sin duda el sábado por la mañana. Está sentada en la cama, limándose la uñas y escuchando la radio sin demasiada atención. Charlie ha salido a correr, y eso le recuerda a cuando aprovechaba su ausencia para estar con Brian. Resopla en silencio por culpa de sus pensamientos y dirige la mirada hacia la ventana. Puede ver la habitación del chico de ojos oscuros, cuya ventana también está abierta de par en par. No hay nadie en la cama, pero está revuelta y silenciosa, al igual que la estancia completa. Se regaña a sí misma por prestarle atención a una sala que ya no debería significar nada para ella, pero lo cierto es que sabe que no es verdad. En esa cama que ahora está revuelta y vacía pasó una de las mejores noches de su vida con una persona que curiosamente decidió dejar de pasar esas noches con ella. Escucha jaleo en el recibidor, y después una voz femenina que no alcanza a reconocer. Aún a sabiendas de que no debería importarle, baja el volumen de la radio, tratando de escuchar algo más. Odia sentirse así, nadie se imagina cuánto. Sería genial que dejara de importarle todo lo que tiene que ver con Brian Haner, y mucho más sin saber a ciencia cierta si él dedica aún un minuto de su día a pensar en ella y en sus ojos verdes…
Conforme va oyéndola mejor, la voz le va resultando más y más familiar pero no logra averiguar de quién es exactamente. Finalmente resopla, dándose por vencida ante su curiosidad y se levanta, caminando hacia la puerta. Cuando llega se acerca a ella silenciosamente y con cuidado de no hacer el más mínimo ruido y se asoma a la mirilla. Desde luego que la imagen que ve le da de todo menos una alegría para sus demacrados sentimientos, e incluso siente unas irrefrenables ganas de llorar.
Cynthia ríe con sus brazos alrededor del cuello de Brian, quien le besa el cuello mientras con el pie cierra la puerta. Ella va vestida con una de sus escandalosas mini faldas y él lleva sus característicos vaqueros rotos, camiseta de cuello en V y chupa de cuero negra. ''Seguro que van a salir...'' Ana resopla y se aparta de la puerta, sintiéndose jodidamente mal por dentro con lo que acaba de ver. Se deja caer sentada en el sofá y se queda con la mirada clavada en la pared mientras su hasta ahora impasivo gesto se humedece con las lágrimas que le caen a chorretones por las mejillas. Ahora lo entiende todo. Ahora entiende las prisas de Brian por terminar con ella. No fue más que un segundo plato para él. Quién sabe, tal vez incluso mientras estaba con ella seguía viéndose con Cynthia, y le parece jodidamente sucio y rastrero tanto por parte de Matt como por parte de las chicas del Dingo que no se lo hubiesen dicho, porque está segura de que lo sabían. Habla para ella en un murmullo, con la voz temblorosa, escupiendo cada palabra empapada en rabia, caminando entre lágrimas de vuelta a su habitación. -Soy una imbécil. No sé por qué coño no me he ido antes. Y ese cabrón... Ese cabrón nunca me quiso. Solo fui un entretenimiento para él. Maldita sea Ana, maldita sea. Cómo has podido ser tan tonta...-
No espera un solo minuto más. Aún empapada en lágrimas, sin dejar de llorar en silencio, camina hasta su habitación y abre el armario de par en par. Saca la maleta y con cuidado y paciencia, empieza a meter ropa ordenadamente en su interior. Hoy empieza su primer día de mudanza. Entre sollozos piensa que tristemente, cuando Charlie llegue a casa, le dará la mejor noticia de su vida, y quizás la más triste de la suya propia. Abandona Los Ángeles, empujada por muchos motivos, pero sobre todo por uno de ojos castaños y pelo negro azabache. Se siente tan destrozada como cuando llegó y se encontraba sola. Nadie está ahí para agarrar su mano, para convencerla de que no debe abandonar su talento musical, su diversión en el Red Dingo ni a sus nuevos amigos. Como ya dijo, nada la retiene en la gran ciudad en éste momento, y estando el río desbordado o no, es hora de abrir las alas y echar a volar de vuelta a casa, donde seguro que las cosas estarán mejor. Verá a Toby, a su madre, a sus tías, empezará una vida nueva con Charlie en la que el chico de ojos azules empezará a tratarla como lo hacía en Detroit y olvidará esos ataques de furia que Ana cree provocados por ella misma. Nada la va a hacer cambiar de decisión. Ha sido un juguete para la única persona que creía que la quería con cierta honestidad, y su herida es más profunda que un pozo, y duele más que cualquier otra cosa…
Cuando Charlie llega a casa, cosa de dos horas más tarde, Ana le ayuda a hacer las maleta ya que ha terminado de hacer la suya. No es de extrañar que Charlie acogiera la noticia como una bendición del cielo. Terminan viendo una película en el sofá y la noche no se alarga más, pues terminan yéndose a la cama pronto, pues deben estar descansados para el día siguiente. Va a ser un viaje muy largo. Para quien sí que se hace eterna es para Matt. A eso de las cuatro de la mañana el chico de ojos verdes continúa sin poder dormir. Tiene la mirada clavada en el techo y respira como un animal enjaulado mientras gotas de sudor empapan su almohada. Ana va a irse y Brian aún no lo sabe. Pese a que la chica de ojos claros le pidió que no le dijera nada, la incertidumbre de saber cómo reaccionará su amigo le está matando. Tal vez sea verdad eso que él dice de que ya se ha olvidado de ella y entonces es posible que no le importe. O tal vez sea mentira y se encierre en sí mismo aún más, volviéndose aún más bestia, aislándose aún más del mundo que le rodea y haciendo alguna locura. ''Annie Annie Annie, qué cosas me haces hacer, pequeña...”
Brian casi siente que se le desboca el corazón cuando escucha la puerta de su habitación abriéndose y chirriando. Se lleva una mano al pecho, se incorpora en la cama y enciende la luz. Matt está en la puerta, y apenas le da tiempo a hablar antes de que Gates le hable con los ojos muy abiertos, sin quitarse la mano del pecho que le sube y le baja como loco, entonando rabioso y cansado. -¡Joder tío! ¿No te han enseñado a llamar a la puta puerta? ¡Casi me da algo, estaba a punto de dormirme…! Soy un fumador apasionado, no sé si te das cuenta de que cada vez que me asustas te arriesgas a matarme por asfixia. - Se deja caer hacia atrás, se lleva las manos a la cara, resopla y en un tono casi cómico, cargado de fastidio y de sueño, sin descubrirse, masculla entre dientes. -¿Qué pasa ahora…? ¿Qué quieres…?-
Matt suspira profundamente y camina hacia su cama. -Tenemos que hablar...- Se sienta en el borde y le mira, con aire serio y preocupado. Brian se le queda mirando expectante y es entonces cuando siente una punzada de mal presentimiento. No suele ver a su amigo tan serio muy a menudo, pero cuando lo ve nunca augura nada bueno. El chico de ojos oscuros se aclara la garganta y habla en un murmullo, bajando la mirada. Nada de tapujos, nada de rodeos. -Ana... Ana va a irse, Brian.-
Gates enarca una ceja y siente que se le hiela la sangre dentro de las venas. Sacude la cabeza con rapidez y susurra. -¿Qué dices?- Ríe nerviosamente esperando que todo sea un broma de mal gusto y sacude la cabeza de nuevo. -No hablas en serio.- Su sonrisa nerviosa y amarga se desvanece, dejando paso a un gesto de puro miedo. -Matt… Dime que no estás hablando en serio.- Se incorpora en la cama de nuevo al reparar en su cara seria. Habla en un susurro agónico, matándolo con una mirada de súplica. -¿Por qué? Dime que no se va por mí, por lo nuestro… Por favor, dime que no…-
Su amigo de toda la vida suspira profundamente y alza la mirada hasta sus ojos. -No... No solo por eso. Pero...- Asiente, nervioso. -Sí, es una de las razones...- Se encoge de hombros. -He intentado hablar con ella pero me ha dado sus propios motivos y yo no soy quién para impedírselo. Dice que no hay nada que la retenga aquí ni un día más y que ahora que tiene la oportunidad de volver, va a irse...- Traga saliva. -Pasado mañana, según parece.-
Los ojos de Brian se humedecen y se ve obligado a parpadear repetidas veces y a bajar la mirada, escondiéndola de Matt. Aprieta los labios en una dura línea, y no sabe realmente qué decir. Sentado sobre la cama, flexiona las piernas y se abraza a ellas entrelazando los dedos de sus manos tatuadas. Pierde la mirada en la pared de en frente tan rápido como pierde la fuerza en la voz, y dice algo en un susurro roto que provoca un suspiro en Matt. -Yo creí estar haciendo esto por su bien, alejarme de ella y acercarme a otras chicas para olvidarme de ella y…- Mira hacia el techo y suspira, con los ojos congestionados. No quiere llorar delante de su amigo. Eso sí que no… -¿Y resulta que lo único que estoy haciendo es hacerla huir…?- Resopla largamente, desilusionado consigo mismo. -¿Va a volver a Detroit…?-
Matt asiente, apesadumbrado y hablando en su mismo tono, sintiendo que se muere cada vez que ve a quien considera casi su hermano llorar. -Así es. Se va pasado mañana. Ya ha ido al Dingo, se ha despedido de Dean y de las chicas y ha cobrado su último sueldo... Seguramente hoy se habrá pasado el día haciendo las maletas y ocupándose de la mudanza...-
Brian traga saliva, pero por desgracia no orgullo. Habla como su enorme nudo en la garganta le permite, tratando de parecer fuerte e impasible, sin mirar a su amigo en ningún momento. -Bueno, pues que se vaya. Que se largue con ese tío que tanto la quiere y tan bien la trata, y tengan una vida perfecta juntos en ese pueblo de Texas.- Se encoge de hombros y resopla, chasqueando la lengua y tumbándose en la cama de nuevo por completo. -Espero que le vaya muy bien.- Tira de las mantas y se arropa, tirado de lado sobre una cama que en realidad se le hace ancha sin esa que ahora pretende irse. Susurra, cerrando los ojos y tratando de aparentar que no pasa nada. -Déjame, Matt. Quiero dormir…-
Matt pone los ojos en blanco, resopla y se levanta, recuperando su seriedad. -Como quieras, tío. Que quede en tu conciencia.- Susurra y sale de la habitación, cerrando de un portazo.Le jode. Le jode muchísimo que sea tan valiente para ir por ahí acostándose con la primera que se le cruza por delante pero que después sea un cobarde a la hora de tragarse su orgullo. Por supuesto que sabe que está hecho una mierda por lo de Annie, pero esa forma de ocultarle sus sentimientos a él, a su mejor amigo, después de tantos años, es lo que realmente le molesta. ''Haz lo que te dé la gana Brian, ya te arrepentirás algún día...''
Sus sentimientos quedan más que patentes cuando el chico de ojos verdes, desde su habitación, puede escuchar cómo Brian se levanta de la cama, resopla largamente y luego suena un golpe sordo contra el armario. Sabe que no debería, pero en los labios de Matt se dibuja una sonrisa triunfal, triste y rabiosa. Por supuesto que a Brian le duele. Por supuesto que ahora mismo está llorando de rabia en silencio. Por supuesto que le duele que Ana se vaya porque sabe que es una parte importante de él. Ahora que Shad se dispone a dormir, con los ojos cerrados y los sueños sobreviniéndole, no puede imaginarse lo que está pasando al otro lado de la pared. Brian está sentado en el borde de la cama, y el cajón más bajo de su mesita de noche está abierto.
Hacía tiempo que no lo abría, que no quería abrirlo, porque en él guardaba algo que no quería que se perdiese entre el olor a tabaco y a ambientador de ropa. La camiseta de pijama que Annie se trajo en una de las noches que aún compartían juntos. Huele a ella, a su perfume y a su jabón, y ahora la prenda descansa entre las manos de Brian. La está llenando de lágrimas aunque no querría hacerlo, lágrimas que caen en silencio y se pierden entre la tela blanca de la camiseta de tirantes para desaparecer entre ella. Se siente cruel, roto, huérfano y estúpido. Al fin y al cabo, y sin faltar a la verdad, teme no haber dejado de ser jamás cruel, se siente roto por dentro, es terriblemente huérfano en todos los sentidos y desde luego, es un estúpido por haber tomado una decisión tan fatídica. Se frota los ojos con angustia. Quiere parar de llorar, pero no puede. Entierra la cara en la camiseta y se mantiene así unos segundos, tirado en la cama. Se siente como en casa, como cuando estaba entre sus brazos, como cuando apoyaba la cabeza en su pecho y se dejaba acariciar el pelo por sus finos dedos, permitiendo que incluso le llevara al sueño más dulce y más profundo. Echa de menos su risa, sus discusiones por nada, las perrerías que se dejaba hacer en sus manos sólo por verla sonreír, esos besos que se robaban en cualquier lado… “Vuelves a ser huérfano del todo, Brian, enhorabuena. Eres un experto sacando de tu vida a la gente que trata de iluminarla.” Viene a su mente una frase que escuchó hace algunos meses, en boca de Matt. Cada vez toma más sentido ese “Espero que algún día sientes la cabeza y dejes de hacer daño a los que te quieren, Brian, de verdad que lo espero”...
Y finalmente llegó el día del gran viaje de vuelta a casa. El despertador puso en pie a Ana y a Charlie a las siete de la mañana, que en cuanto se levantaron no pararon de ultimar detalles y recoger las últimas cosas que les quedaban. Cuando partieron en el taxi hacia la estación Charlie lucía la más triunfal de las sonrisas pero conforme se iba alejando Ana miraba el edificio con nostalgia y tristeza y justo antes de doblar la esquina de la calle pudo ver las cortinas de la habitación de Gates. Las ventanas seguían bajadas así que la chica de ojos verdes supuso que los chicos estarían durmiendo por lo que sería mejor no molestarles. Y además no querría despedirse de ellos, ni de Matt por pura pena y mucho menos de Brian, por pura rabia. Ahora, tras haber esperado un buen par de horas sentados en un banco de la estación de tren, la voz por megafonía les informa de que el próximo tren con destino a Texas acaba de llegar y partirá en exactamente seis minutos. De pronto el andén se llena de viajeros que se mueven ajetreadamente de un lado a otro de la estación, con bastante prisa por llegar a sus destinos. Tras sumergirse en una inmensa marea de gente, los dos muchachos logran meterse en el tren. Charlie se sienta para el lado del pasillo y Ana se sienta para el lado de la ventanilla. No ha hablado, no se ha molestado en abrir la boca en toda la mañana. Cada vez que Charlie le habla ella le mira y fuerza una leve y tristísima sonrisa para después desviar la mirada de nuevo, como si de alguna manera quisiera convencer a su chico de que "el plan no está tan mal". Suspira y apoya su cabeza contra el cristal de la ventanilla. El tren aún no ha arrancado y ya parece arrepentirse de su rápida decisión. ''Ana, no deberías hacerlo, tal vez el río intenta encontrar el cauce correcto y tú no lo permites...".
Matt cruza el pasillo casi tambaleándose del puro sueño. Son las dos de la tarde, y ha dormido tanto que le duele la espalda y la cabeza como si le hubieran pegado una paliza. Brian no está por ningún lado, y a juzgar por la quietud de la casa, juraría que sigue metido en su habitación. Un timbrazo hace que casi tire la taza de café que estaba a punto de beberse apoyado en la encimera de la cocina, y maldice por lo bajo no poder desactivar el maldito timbre de la puerta. Cruza la cocina vestido con unos vaqueros y con la taza en la mano, y abre la puerta sin ni siquiera mirar antes. Cynthia está al otro lado, mirándole con una de sus arrebatadoras sonrisas indescifrables. Saluda casi en un gruñido, enarcando una ceja con su cara de sueño, hablando en un tono cargado de sarcasmo. -¿A qué se debe el honor…?-
La chica de ojos color miel se encoge de hombros sin borrar la sonrisa y suspira. -Bueno, vengo a ver a Brian. Sé que es muy temprano pero no podía dormir y bueno, como últimamente tiene problemas para dormir él también, he pensado que a lo mejor conmigo se le hace un poco más fácil la cosa...- Ríe.
Matt frunce el ceño y sacude la cabeza. No parece dispuesto a dejarla pasar, desde luego que no. Ojalá pudiera pegarle un puntapié y tirarla por el hueco del ascendor. Por el amor de Dios, si nadie fuera a emprender acciones legales contra él después de eso, lo haría sin dudarlo. Parece el mismísimo Satán viniendo a tentar a su amigo, que ya es más que un cordero descarriado. -Brian ha dormido muy poco hoy y es precisamente ahora cuando está haciéndolo, así que no creo que vaya a dejarte que lo despiertes. Posiblemente eso sea lo último que haga hoy.- Se encoge de hombros, falsamente conciliador. -Como mucho puedo dejar que entres a tomarte un café si te apetece, pero no creo que hoy sea el día indicado para verle. Es el peor, de hecho.- Suspira. -No te va a gustar tener que verle ni aguantarle hoy…-
Frunce el ceño y le mira extrañada. Se abre paso dentro de la casa y habla mientras camina por el pasillo en dirección a la habitación de Gates. -¿Pero qué dices? No digas tonterías Matt, si tiene un mal día yo estoy aquí para que me lo cuente...- Abre la puerta, quedándose helada ante lo que ve.
La habitación está a oscuras. Huele a tabaco, a alcohol, y casi podría decirse que a desesperación. Matt le vio, y ha sido la noche más angustiosa de su vida, teniendo que escuchar a su mejor amigo, el bastardo frío e impasible, llorando como un niño pequeño, derrumbado ante una ida que no pudo parar por mucho que lo deseaba. Matt aparece tras ella, y le pone una mano en el hombro, susurrando. -Escucha, Cynthia, déjale. Ahora no. Vuelve mañana, ¿quieres? No es un buen momento para visitas…- La chica se despoja de su mano y cruza la habitación, decidida. Sube las persianas, dejando que entre la luz del sol y que inunde la habitación. Brian la mira, despierto, con la espalda apoyada en el cabecero, y ella se sobresalta cuando se encuentra con su mirada. Jamás le ha visto peor cara en la vida, y le ha visto en momentos muy jodidos. Su voz está escalofriantemente hosca y grave. Habla dejando patente una media afonía causada por el llanto imparable de anoche, sonando frío, hostil y autómata. -¿Qué estás haciendo…?-
Cynthia clava su mirada en él bastante sorprendida y traga saliva, hablando nerviosa mientras se coloca un mechón de su pelo negro tras la oreja. Da verdadero miedo cuando está tan serio, cuando parece una especie de lobo enorme a punto de saltar sobre ella. -Yo... Bueno, Matt me dijo que estabas mal y yo...- Suspira. -Pensé que te vendría bien un poco de iluminación y aire fresco asi que... ¿Qué tal si salimos a comer por ahí y damos un paseo...? Quizás asi te dé por contarme lo que te pasa Brian, porque estás muy extraño...-
Brian mira suplicante a Matt, que realmente no sabe qué hacer ante la escena. Gates está destrozado, casi tanto, seguro, como la chica que a éstas alturas ya habrá llegado a su pequeño Detroit con un hombre que no le llega ni a las suelas de los pies y que no se la merece en absoluto. Gates se da la vuelta en la cama y se tapa de nuevo, como si tratara de defenderse torpemente de una compañía que no le agrada en absoluto. Preferiría que le rallaran los pies con un rallador antes que tener que aguantar a Cynthia un minuto más. No quiere ver a nadie. Por no ver no quiere ni verse en el espejo. Matt suena fuerte y autoritario cuando coge de la mano a Cynthia y la lleva hacia la puerta, aunque ella no parece querer poner de su parte. -Déjalo ya, te lo dije, hoy no es el día. Brian no está bien, necesita estar solo. Estoy pidiéndotelo de buenos modos, tenlo en cuenta...-
La chica de ojos claros resopla, pone los ojos en blanco y sacude la mano de Matt, intentando librarse de su agarre lo más violentamente posible. Se gira hacia la cama y habla mirando a Brian que ahora está de espaldas a ella, alzando el tono de voz y provocando de forma más que peligrosa a los nervios de Brian, que están a punto de llegar al límite. -¿Qué coño te pasa, Brian?! Ayer salimos a comer y estabas perfectamente. ¿Te has puesto así de la noche a la mañana? No me lo creo...- Se queda en silencio y de pronto recae en el detalle del que se enteró esta misma mañana de la que pasaba por el Dingo a saludar a su tío. -Ah, osea que es por Ana. Es porque se ha ido, ¿verdad? Vamos, habla. ¿¡Es por ella..?! Déjame decirte algo, Brian. Esa chica está haciendo lo correcto. Tiene novio y se ha ido con él para cumplirle como novia. Está bien. Si se ha largado así como así ha tenido que ser porque no le importas una mierda. Lo malo es que has tardado demasiado en darte cuenta…-
Matt se cubre la cara con las manos y se aleja unos metros pasillo adelante, sintiendo como si en la habitación de Gates fuera a explotar una bomba de destrucción masiva o algo así. 'Little Boy' es un mal chiste comparado con lo que su mejor amigo puede llegar a hacer estando cabreado. No quiere saber nada de lo que pueda pasar después de ese comentario. Nadie a parte de él y el propio Brian sabe lo que siente de verdad por Ana, y Cynthia está tocando un tema que definitivamente no debería tocar.
Gates se gira en la cama, y mira a Cynthia de una manera que asusta. La fachada es completamente falsa. No está rabioso, solo tiene ganas de llorar. Ganas de llorar como si no hubiera un mañana, porque sabe que algunas cosas son ciertas.
Habla con la voz rota, furioso, fuera de sí. -No te atrevas a juzgarme, a joderme, ni a pronunciar su nombre. Se ha ido porque tenía sus motivos, y yo tengo también los míos para querer que te largues de aquí.- Entrecierra los ojos con odio. -Tú no has venido aquí a hacer que me sienta mejor, ¿y quieres saber por qué lo sé?- Resopla con desprecio, envenenando las palabras al hablar. -Porque eres igual que yo. Otra obsesa perdida por una persona a la que no le importas una mierda, otra más del montón. Nadie te ha querido de verdad en la vida, y después de tantos años yo lo sé mejor que nadie. Te metes en la cama de cualquiera porque estás vacía, y no sé en qué coño piensas si crees que yo soy el que va a salvarte de ese vacío existencial que sientes. Yo no soy tu puto príncipe azul. Mírame, Cynthia, soy un jodido demonio, soy el antagonista de cualquier asquerosa historia de amor.
El día en que encuentres a alguien que no te haga sentir como una zorra desagradecida con todo y todos, el día en que encuentres a un tío que en un día de lluvia prefiera prestarte su chaqueta antes que dejar que se te moje la camiseta para reírse después, cuando encentres a un tío que prefiera quitarte los complejos antes que las bragas, entonces lo entenderás, me entenderás. Y quizás el día en que ese hombre se largue con una mujer que lo trata como a una basura, tú te sentirás frustrada, triste e inútil, y es posible que te veas a ti misma encerrada en una habitación, con el pijama apestando a vodka, los oídos zumbándote y echando de menos hasta la manera en la que respiraba o te mandaba a la mierda. -Sus ojos color chocolate negro hirviendo están inundados, y parecen hablar por sí solos con una sinceridad que desgarra el tono de su voz, y el ambiente de la habitación. -Pero no. Tú no vas a entenderlo. Tú no quieres entender nada…-
Matt frena en seco en medio del pasillo y, de espaldas a la habitación, trata saliva, baja la mirada al suelo y aprieta la mandíbula. Sabe cómo se siente su amigo. Lo sabe perfectamente. La echa muchísimo de menos y tan sólo hace unas horas que se ha ido. Será duro para Gates el habituarse a estar sólo de nuevo, a salir de casa y no encontrársela en el rellano, a tener que sonreír a los nuevos vecinos que tengan aunque se muera de ganas de llorar por dentro por lo mucho que le recuerdan a ella...
Cynthia, por otra parte, se ha quedado petrificada ante las palabras del chico de ojos oscuros. Traga saliva y se queda en silencio unos minutos. Después, se pasa el revés de la mano por los ojos para secarse las lágrimas y habla en un murmullo con la voz quebrada- -¿Sabes...? Tienes razón. Tienes toda la razón. Para mi no eres más que otro cerdo con el que meterme en la cama. ¿Y sabes qué más? Tú sí que estás vacío. Estás vacío y jodidamente muerto por dentro, y te diré por qué. Porque la querías y la dejaste ir como un imbécil. Y porque tuviste las narices de acostarte conmigo echándola de menos a ella, porque sé que me ponías su cara y su nombre cada vez que me quitabas la ropa. Y ahora está lejos. Muy lejos. Y es cuando te das cuenta de que la echas de menos. Le hiciste daño. Mucho daño. Y te lo dice alguien que la ha visto llorar en los baños del Dingo después de vernos a ti y a mi enrrollándonos sobre la barra. Ella te quería. No sé si sigue haciéndolo, pero sé que lo hizo. Y mucho. Y ahora no está. Está en otro lugar diferente con un hombre muy diferente a ti.- Traga saliva, luchando por no romper a llorar. -No te preocupes por mi, Brian. Yo estoy bien. Si al menos fueses responsable te dirías a ti mismo esto que me acabas de decir antes de decírmelo a mi mismo. Date cuenta de que tú eres igual o peor que yo. Estás perdido, Brian. Y te has quedado solo, que es la única manera en la que te mereces estar...- Asiente y se da la vuelta, saliendo de la habitación de camino a la puerta para después abandonar la casa, dejándola en un silencio pesado y triste.
El chico de ojos oscuros se queda en un profundo silencio. Matt se acerca a la puerta, y cuando le ve, no puede más que sentir que algo se le rompe por dentro. No puede ponerse de parte de uno de los dos en esa discusión que acaba de tener lugar, porque ambos tienen una razón aplastante, pero Brian es su amigo de la infancia, y no puede verle en ese estado. Gates se ha levantado de la cama, y, llorando lágrimas silenciosas de rabia, abre el armario sacando una mochila de su interior, y después agarrando prendas de ropa, arrancándolas de las perchas, bajo la mirada atónita de Matt. Ha tomado una decisión, y va a llevarla a cabo...
Matt, aún situado en la puerta, pone los brazos rn jarras y frunce el ceño, siguiendo con la mirada los movimientos de su amigo, cuyos llantos inundan ahora la habitación. Habla en un susurro, confuso pero sin querer romper la poca tranquilidad que le queda a Gates en el cuerpo. -¿Qué haces, tío...?-
Brian habla, y su voz ya no se parece a lo que era antes, a su voz de siempre. Está rota, apagada y sin un tono concreto. -Me largo. Voy a ir a buscarla.- Resopla largamente, cerrando el armario y la mochila después. -No me importa qué vaya a contestarme, pero yo necesito hablar con ella. Jamás fui sincero del todo, Matt. Nunca le conté lo que sentía en realidad, me lo callé todo, dejé que ella se lo imaginara pero nunca le concreté lo mucho que la quería...- Se cuelga la mochila al hombro y camina hacia el baño. -No sé si podré traerla de vuelta, pero sí sé que arreglaré el motivo que la hizo irse...-
Shadows resopla, descolocado, y entierra la cara entre sus manos. Habla avanzando por el pasillo tras su amigo, caminando con él hasta el baño, donde él está empezando a meter sus cosas en la mochila. -¿Pero qué dices...? Estás mal de la cabeza? ¿Apenas tenemos para llegar a fin de mes y ahora quieres largarte a Texas a perseguir un imposible...?!- Sacude la cabeza con desaprobación y resopla largamente. -Tío, déjalo estar. No te metas en líos, ¿sí...? Podrías tener problemas con Charlie, y eso no te conviene. Además es una pérdida de tiempo, Brian. No va a volver contigo así como así, dejándolo todo atrás de nuevo. No lo ha pasado bien aquí. Y por mucho que me duela decirlo, tú tienes gran parte de la culpa y lo sabes así que déjala tranquila. Hay muchos más peces en el mar, hermano. Encontrarás a otra tan buena o mejor y que esté soltera para volcarse en la relación por completo...- Le coloca una mano en el hombro y suspira, mirándole a través del espejo. -Acéptalo, ya han sido demasiados baches en tan poco tiempo. Annie no es para ti…-
Gates apoya las palmas de las manos a cada lado del lavabo. Cierra los ojos, resopla profundamente y baja la cabeza. Se limpia las lágrimas con rabia y tras mirarle por unos segundos breves a través del espejo, asiente despacio y resignado. -Tienes razón, Matt. Creo que lo mejor es dejarlo estar. Ella tiene una nueva vida ahora, y probablemente todo esté yéndole mejor. Estará con su familia, con su novio, y quizás pronto forme una familia propia y yo...- Suspira. -Yo no soy nadie para interrumpir todo eso.- Agarra la mochila y se la deja en los brazos a Matt, que le mira con lástima. -Voy a darme una ducha, tío. Necesito relajarme...-
No hay comentarios:
Publicar un comentario