[-Vámonos, y vámonos cuanto antes. Yo no tengo nada que me ate aquí. Después de este tiempo me he dado cuenta de que tú eres mi única atadura, y por razones que desconozco necesito estar contigo. A tu lado. Despertarme contigo, irme a dormir contigo, vivir en tu casa o enfrente tuyo, cielo... Iremos a Los Ángeles y nos instalaremos de nuevo, y una vez allí sé que estaremos bien sin que nadie pueda molestarnos. Empezaré de nuevo en el Red Dingo y dentro de unos años nos casaremos, Brian. Nos casaremos y tendremos unos hijos preciosos. Formaremos una familia que no puedo esperar a darte, y te aseguro que nunca más volverá a pasar nada de esto, cielo. Te lo aseguro. Te quiero. Te quiero más que a nada en este mundo y si hay algo de lo que me he dado cuenta y algo que he sacado de todo esto es que puedo vivir sin ti, pero sin ti me sentiría miserable hasta el fin de mis días...- Susurra, sin dejar de llorar, sonriendo entre lágrimas después de haberle besado sobre los labios con prisas. -Vamos, mi desastre andante. Haz algo bien por primera vez en un tiempo, arranca este maldito coche y larguémonos de aquí, ¿de acuerdo...?]
Brian sonríe con la cara aún empapada en lágrimas, mirándola casi con adoración antes de bajarse del coche para montar en el asiento del conductor. Annie no tarda en ocupar el asiento del copiloto con una sonrisa a pesar de todo, y antes de arrancar ambos se dedican una mirada tan cómplice que duele, un beso en los labios tan lento y silencioso que ninguno de los dos querría que acabara jamás. Ahora ambos saben que habrá muchos más besos como ese, y ahora tienen prisa, necesitan salir de esa ciudad lo antes posible. El motor del viejo coche ruge mientras rueda asfalto arriba, abandonando la calle de Ana. Las lágrimas que aún empapan las sábanas de sus camas vacías eran de pura tristeza, y las que ahora les llenan la cara son producto de la alegría más absoluta...
Arranca y conforme van avanzando hacia la salida del pueblo, Ana recorre con la mirada cada uno de los rincones de este, aunque al ser de noche se le hace bastante difícil distinguir las casas. Una sonrisa ahora de pura felicidad está dibujada en sus labios, pero también tiene un aire de nostalgia al saber que se va otra vez, que vuelve a dejar ahí a su familia y que esta vez ni siquiera ha podido despedirse. Se asustarán al ver que no está, pero en cuanto consiga un teléfono se asegurará de que la primera persona a la que llame sea a su madre. Se siente bien por fin. Se aleja de Charlie y deja con él todos sus demonios, todos sus gritos, sus insultos, sus faltas de respeto, sus palizas....
Y lo deja todo por irse con un hombre bueno, con un tío que la quiere de verdad y que la cuidará pase lo que pase. Se va con quien realmente quiere irse. Tras mirar por la ventanilla unos minutos, cuando ya han abandonado Detroit, Annie dirige su mirada a Brian. Conduce concentrado, tanto que ni siquiera se ha dado cuenta de que Ana estaba mirándole, pero en sus labios finísimos lleva dibujada una media sonrisa que ahora se le antoja imborrable. La chica de ojos verdes sonríe también sin apartarle la mirada y, aunque está muerta de sueño, no quiere dormirse. Quiere darse cuenta de que lo que está pasando sea real, y teme despertarse en cualquier momento. Con ternura y suavidad le agarra la mano que Gates tenía sobre la palanca de cambios y entrelaza sus dedos con los de él, exhalando un suspiro mientras, clavando ahora la mirada en el frente, se acomoda en el asiento.
Su chico de ojos oscuros aún anda dándole vueltas a la manera en que la ha sacado de casa. No lleva nada con ella, ni el más mínimo equipaje, y tampoco es que Annie pareciera muy dispuesta a coger nada del interior de su casa. A pesar de todo, ha podido ver en sus ojos una necesidad irrefrenable de que la rescataran, como si de nuevo hubiera adoptado esa actitud asustada del principio de todo.
No va a preguntarle por Charlie, porque sabe que no le contará nada bueno, y eso solo hará que le hierva la sangre y se sienta impotente y rabioso sin sentido. Algún día le devolverá todo lo que le ha hecho a su alma gemela, y quién sabe cuándo será eso, pero desde luego no lo olvidará. Al contacto suave y cálido de la mano de Annie con la suya, su sonrisa se amplía, y la mira por un par de segundos en silencio. Está cansada, por supuesto que lo está. Cansada y preciosa, con sus ojos verdes clavados en el frente, dejándole ver ese perfil perfecto que tuvo siempre, y sonríe casi imperceptiblemente de una manera adorable. Ésta escapada, éste rescate le ha salvado la vida. Y a él también, que sentía que en ausencia de Ana se le acababa a cada minuto. Ni siquiera tiene prisas por volver a casa ahora. Les queda por delante un largo, larguísimo viaje, y recorrerán mil carreteras, mil sitios diferentes para volver de nuevo a la gran ciudad de las luces. Ambos están destrozados, él por el viaje que hizo de ida más el de vuelta y todas las emociones que vuelve a sentir, y ella por una noche de llanto interrumpida por un secuestro inesperado cuando ya por fin había conciliado el sueño. Él le cuenta cómo consiguió largarse de casa, y todas las novedades en la ciudad, y ella hace lo mismo. Lo cierto es que su niña ha estado pasándolo peor de lo que creía, y muy pronto se queda dormida en el asiento del copiloto. Dormida le parece el más bonito de los ángeles, y le inspira una tranquilidad arrolladora. Conducirá algunas horas más antes de parar el coche y echarse a dormir…
Cuando el reloj barato que Brian lleva en la muñeca marca las seis de la mañana, el chico de ojos oscuros siente que se quedará dormido en cualquier momento. Está agotado y apenas puede mantener los ojos abiertos. A pocos metros de donde se encuentran ahora mismo puede divisar un cartel enorme que en letras de neón que parpadean anuncia ''Motel''. Una sonrisa triunfal y casi imperceptible se le dibuja en los labios. Desvía su mirada hacia Ana, que sigue durmiendo, y sacude la cabeza, ampliando su sonrisa. Por fin podrá dormir con ella. Por fin dejará de sentirse vacío, y por fin volverá a despertarse a su lado. Cuando aparca en el pequeño parking se da cuenta de que el lugar tiene bastante mala calidad, pero al menos tiene camas, y es justo lo que ambos necesitan ahora, una cama.
Se baja del coche, abre la puerta del copiloto y coge a una dormidísima Annie en brazos como si se tratara de una recién casada, cerrando después la puerta de una patada. Entra con ella en brazos dentro del motel y tras pedir una habitación para dos y recoger las llaves, se encamina hacia ella. La treinta y cuatro, en el segundo piso. Cuando llega y abre la puerta no puede reprimir una sonrisa ilusionada. Es bastante pobre, tiene humedades y solamente está ocupada por una cama matrimonial, pero es justo lo que necesita. No quiere nada más. Todo lo demás Ana puede dárselo perfectamente. Cierra la puerta delicadamente y deja a su chica sobre la cama, sentándose a su lado. Se quita la camiseta y los pantalones y quedándose en bóxers negros, se acuesta a su lado, abrazándola por la cintura y atrayéndola hacia él, sin despertarla. Le da un beso en la frente y le acaricia la mejilla, enredando los dedos en su pelo. Con la sábana la arropa y después se arropa a sí mismo. Se queda en silencio unos minutos, observando a Ana dormir. Con el sonido de su respiración acompasada y la calma que le transmite, no tarda mucho en quedarse profundamente dormido él también.
Cuando la chica de ojos verdes abre los ojos siete horas después, ya son las once de la mañana, y el sol inunda una habitación que no conoce. Se produce en su mente entonces un momento de miedo. Dónde está, y qué si lo ha soñado todo, si lo de ayer no fue real. Baja la mirada a su cintura, que aún está rodeada por un brazo cuyos trazos de tinta ya conoce bien. Esboza una adorable sonrisa cargada de sueño aún, y da la vuelta en la cama. Brian duerme plácidamente, con su pelo negro revuelto, su cara de rasgos finos apoyada en la almohada, su pecho alzándose con la respiración acompasada que aún dirige su sueño, durmiendo semidesnudo y medio enredado en las sábanas. Parece una especie de demonio dormido. Annie acaricia su cara con los dedos en un gesto infinitamente tierno, y se fija en su ceja partida. No le sienta nada mal, pero esa cicatriz le recuerda un momento amargo, más que amargo, que hace que su sonrisa de difumine. Un suspiro profundo y sonoro de Brian aún dormido que parece provocado inconscientemente por las caricias de su protegida de ojos verdes, la hace sonreír de nuevo. Incluso dormido, sin hacer ningún gesto, parece más feliz que nunca…
Ana baja los dedos que ahora tenía sobre su mejilla del chico de ojos oscuros hacia sus labios y se los acaricia suavemente para después suspirar ella también. Se apoya sobre sus codos y le mira atentamente mientras él continúa durmiendo. Con una sonrisa traviesa pero infinitamente tierna enreda los dedos en su pelo negro con el carbón y le acaricia suave y pausadamente, sin querer despertarle. Gates suspira de nuevo y Ana, sin pensárselo dos veces, pega sus labios a los de él, fundiéndose seguidamente en un beso delicado y tierno que Brian, por muy dormido que está, de alguna forma es capaz de seguir.
Cuando Annie se separa de sus labios unos milímetros, él abre sus ojos oscurísimos y apenas tarda un segundo en sonreír ampliamente, visiblemente afectado por el sueño, pero sintiendo que por fin despierta cómo y con quien había estado esperando hacerlo desde hace mucho tiempo. Consigue murmurar en un gruñido adorable un buenos días, cielo, le aparta un mechón castaño y salvaje de la cara con delicadeza y la besa despacio sobre los labios. Está en un motel bastante precario, a kilómetros y kilómetros de casa, sin demasiado dinero ni medios, pero no querría estar en otro sitio en ese momento. La definición del paraíso viene con el aroma de la espesa melena de su chica de ojos verdes, con sus manos y con sus labios. Aplazaría el viaje y se quedaría meses tirado en esa cama…
Al oír sus palabras y el tono en el que las dice, una sonrisa amplia se dibuja en los labios de Annie. Una sonrisa que incluso parece reflejarse en sus ojos. Se acurruca a su lado y, manteniéndole la mirada, le acaricia la mejilla con dos dedos suavemente para después hablar en un susurro mientras Gates le coloca un mechón de pelo tras la oreja. -¿Has dormido bien...?-
Él asiente sin perder la sonrisa, acariciándola de un modo protector y cargado de cariño. -Mejor que en mi propia cama. Creo que el hecho de que durmieras conmigo ha tenido mucho que ver.- Le toca la nariz con el dedo índice en un gesto juguetón mientras su sonrisa se amplía. -Y eso que mi preciosísima rehén se quedó dormida ayer en el coche, así que el señor secuestrador la trajo a la cama en brazos.- Ríe con ternura. -Deberías haber visto la cara de la dueña del motel cuando me vio entrar. Dios sabe qué pensaría al ver la escena...
Ana se parte de risa y se queda tumbada boca arriba en la cama, retorciéndose entre las sábanas de una forma adorable, sin ser capaz de parar de reír. La adora. Adora su risa, su sonrisa, las arrugas que le salen en las comisuras de los labios cuando se ríe, en sonido de su voz, todo. Absolutamente todo. Si tuviese que cambiar algo de ella, sacaría a Charlie de su vida y sin dudarlo un segundo se pondría él en su lugar. Cuando tras unos largos segundos la chica de ojos claros deja de reírse, Brian la mira y ella le corresponde la mirada, borrando la sonrisa poco a poco hasta que esta se hace apenas perceptible. Le revuelve el pelo y habla en un susurro, cruzando las manos sobre su vientre. -No querría estar en otro lugar ahora mismo, ¿sabes...? Soy muy feliz. Muchísimo. No tienes idea de lo reconfortante que ha sido para mí despertarme hoy y ver que eras tú quien dormía a mi lado y no Charlie...- Suspira, sin dejar de mirarle, apartándole un mechón de pelo de la cara con delicadeza. -Te quiero.- Susurra, sonriendo levemente. -Mucho.-
Brian deja que su sonrisa se amplíe cuando las palabras de Annie rozan sus oídos. -Oh vamos…- Ríe, la besa sobre los labios a traición, gira sobre sí mismo y la atrapa bajo él. Le sube la camiseta del pijama y le llena la tripa de besos sonoros que además hacen cosquillas a Annie, que se revuelve sin poder parar de reír, tratando de quitárselo de encima aunque quitárselo de encima es lo último que quiere. Asciende entre besos por ella, sintiendo que cada carcajada que le arranca a su chica es pura poesía para él, dejando que cada risotada se le contagie, en una escena de lo más tierna. Planta un beso dulcísimo y lento en su frente, otro en la punta de su nariz perfecta y otro sobre sus labios. Habla en un susurro, con una media sonrisa imborrable, cerca de sus labios. -Yo también te quiero, Ana. Te quiero muchísimo.- La besa de nuevo, deteniendo sus palabras por un par de segundos. -Y te aseguro y te prometo que Charlie no va a volver a molestarte jamás. Éste es el primer despertar de muchos que vamos a vivir juntos en mil sitios diferentes, y Charlie no va a estar cerca de ninguno de ellos.- Acaricia su cara con ternura y sonríe amplio de nuevo. -Es el primer día de una vida nueva…-
Ana sonríe ante sus palabras y suspira. Su camiseta sigue remangada hasta por debajo de su pecho, justo por encima de su tripa, sobre la cual Brian tiene ahora apoyada la cabeza. Ana le acaricia el pelo suavemente y le mira con una sonrisa y él mantiene los ojos cerrados y controla la respiración, escuchando cada movimiento interno que realiza el cuerpo de su chica de ojos claros, escuchándola respirar, el latido de su corazón, todo. En un gesto casi inconsciente le acaricia la tripa suavemente y Annie suelta una risilla por lo bajo, mordiéndose el labio inferior y sin dejar de acariciarle el pelo, como si de alguna forma quisiera amansar esa fiera que lleva dentro. Le haría ilusión tener hijos con él. Sí. Muchísima. Tal vez no sea el momento pero si hay algo de lo que está segura es de que antes de que pase un año, su chico ya tendrá un bebé en brazos, y no se refiere a Charlie precisamente...
Gates suspira profundamente, acomodado sobre ella. Lo cierto es que la ha necesitado con locura todo éste tiempo, y aunque aún maldice haberle dejado ir, sabe que de éste viaje juntos saldrán experiencias inolvidables. Abre sus ojos color chocolate negro y los clava en los de ella, que le observan con atención y dulzura. Suspira profundamente y habla, sin querer apartarse de ella. -Sé que la salida fue demasiado precipitada y que no te dio tiempo a coger nada tuyo. Hay cosas que podremos comprar en los Ángeles, pero hay otras que no pueden esperar.- Sonríe, y al hacerlo deja entrever una de esas sonrisas cargadas de travesura. -Va a haber que buscar algo de ropa para ti, princesa…-
Ana ríe y asiente, mirándole con una atención adorable. -Pues sí, la verdad es que no tenía pensado pasarme la vida en pijama, ¿sabes?- Ríe de nuevo, sacudiendo la cabeza. -Pero me temo que tendremos que esperar. Estamos en medio de una carretera que lleva a ninguna parte, ni siquiera sé cómo has encontrado este lugar...-
Él se encoge de hombros con aire de misterio, ríe por lo bajo y se levanta de la cama, recogiendo sus vaqueros y poniéndoselos después, haciendo lo mismo con el resto de las prendas. Cuando termina de atarse los cordones de sus botas negras, se levanta, coge las llaves del coche y se las pone a Annie en la mano, junto con las de la habitación. Ha vuelto a tomar ese aire de misterio que adopta a veces, con una sonrisa arrebatadora y segura. -Lleva las llaves a recepción y luego quiero que vayas al coche, lo abras, lo arranques y te sientes ahí.- Suspira y la besa en la punta de la nariz con una mirada de complicidad extrema. -Tienes que ser rápida, ¿de acuerdo?-
Ana frunce el ceño con una sonrisa confusa y asiente, observando a Brian salir de la habitación sin siquiera darle tiempo a responder. -Cla... Claro cielo...- Seguidamente se levanta, se calza las zapatillas y abandona la habitación, avanzando por el pasillo hacia recepción mientras se recoge el pelo en una coleta. Cuando entrega las llaves se despide de la señora con una sonrisa amable y la mujer la mira abandonar el motel con extrañeza por eso de que va vestida con el pijama, tal y como llegó. La anciana mujer la mira con el ceño fruncido y antes de que Ana salga por la puerta, alza la voz, luciendo un claro tono de preocupación en ella.
-¿Te encuentras bien, joven...?-
Ella fija sus ojos verdes en los de la anciana y reprime una risotada al ver su cara de plena preocupación. Habla frunciendo el ceño, haciéndose la loca con una de sus preciosas sonrisas inocentes. -¿Por qué? Quiero decir, ¿por qué iba a encontrarme mal?- . La anciana la mira de arriba a abajo y traga saliva, preocupada. -Bueno, anoche... Anoche un chico te llevó a la habitación. Te estaba cargando al hombro, como si... Como si estuvieras inconsciente. Él pagó la habitación, me dijo que se llamaba...- Le echa una rápida ojeada al libro de los pagos, y mira de nuevo a Ana- Axl Rose. Parecía muy tranquilo, como si no le importara que estuvieras desmayada...-
Annie rompe a reír, tratando de frenarse a sí misma. Axl Rose, típico. No se esperaba menos de Brian. Se encoge de hombros con una sonrisa inocente y ladea la cabeza, mirando a la mujer como si fuera el día más feliz de su vida. -Oh, bueno. Es genial que ese chico me llevara a un lugar seguro, ¿no cree? Tengo... Tengo narcolepsia y a veces me quedo dormida sin esperarlo, sí. ¡Tenga un buen día!- Se despide de ella con un vago saludo militar y una sonrisa de esas que derriten el hielo, dejando a la anciana con una cara digna de presenciar.
Annie camina hacia el coche, entra, se sube en el asiento del piloto y, tras meter la llave en el contacto y arrancar, se baja de nuevo y se sube en el asiento del copiloto, mirando por la ventanilla y tratando de ver a Brian. No le gusta nada dejarle solo por ahí. Esa sonrisa maliciosa que llevaba cuando se largó de la habitación y las directrices que le dio no pueden significar nada bueno. Esa sonrisa suya no significa nada bueno.
Annie no puede si no llevarse una mano a la boca, luchando para no echarse a reír e invadida por la más absoluta sorpresa cuando ve a Brian salir corriendo de la parte de atrás del motel. Viene cargado con lo que parece ropa, y la lleva sobre el hombro mientras avanza apresuradamente. Abre la puerta de atrás del coche, suelta el montón y respirando agitadamente, se sube al asiento del conductor y arranca con rapidez para incorporarse a la autopista. Abre la ventanilla, enciende la radio en la que suena Out Of Time Man de Iggy Pop a todo volumen, y suelta un grito de pura adrenalina que hace a Ana partirse de risa. El aire caliente del estado de Texas le golpea en la cara y le revuelve el pelo negrísimo. Le pide a Annie que sujete el volante, y sin perder la misma sonrisa traviesa, se quita la camiseta y la tira al asiento de atrás, se enciende un cigarrillo y vuelve a tomar el control del coche. Es alucinante, ese maldito cuerpo de piel perfecta y trazos de tinta adornándola es la mismísima representación del pecado. Parece un adolescente, y Ana juraría, sin ánimo de tirarse flores, que su presencia desinhibe por completo a su chico, que de pronto vuelve a ser el cabeza loca de siempre, como un adorable gamberro que acaba de escaparse de un reformatorio.
Annie resopla, sacude la cabeza y sin borrar la sonrisa habla clavando su mirada en la ventanilla. -Estás como una cabra, más nos vale que esa pobre mujer no necesite la ropa urgentemente...- Brian la mira, sonríe y sacude la cabeza, concentrándose después en la carretera. Siempre tan precavida con todo... Unas horas más tarde, cuando el reloj de la guantera del coche da las siete de la tarde, Brian para el coche en el arcén de otra carretera desierta que parece no llevarles a ningún lugar. Sólo pararon dos veces desde que abandonaron el motel, y a decir verdad están hartos de viajar por hoy. Gates se lleva una mano al pelo y mira a Ana con una sonrisa mientras esta se baja del coche con un montón de ropa en la mano. Necesita cambiarse de ropa cuanto antes, y, ¿qué mejor momento que ahora que están tirados en medio de la nada sin nadie que pueda verlos...? La chica de ojos claros deja la ropa limpia sobre el capó del coche y comienza a desvestirse de espaldas a un más que sonriente Brian, que la observa atentamente a través del espejo retrovisor sin que se dé cuenta. Sigue teniendo el mismo cuerpo: delgado, fino y bien perfilado. Recuerda lo que sentía al verla desnuda, esos malditos escalofríos, esas ganas de perderse en ella. La visión de su pelo ondulado tapándole sus pechos perfectamente proporcionados y esa forma que tenía de contonear las caderas al caminar le vuelve loco. Es irremediable, lo suyo por Ana es simplemente irremediable.
Se muerde el labio sin dejar de mirar el retrovisor. Su sonrisa ha perdido toda la inocencia que le quedaba, y siente que el ambiente es aún más sofocante, y que por sobrarle ropa, le sobra hasta la piel. No va a negar que ha soñado con ella de todas las maneras posibles, y que sentía que se quemaba por dentro cuando se acordaba de la manera que tenía de hacerse con él, de poner todos sus sentidos al límite, de convertir esos ojos adorables en ojos de gata en celo. En momentos como éste se le olvida hasta qué punto es un caballero… Le pega una calada al cigarrillo que tiene en la mano, y deja que el humo se resbale por entre sus finísimos labios, con la mirada aún fija en la imagen del retrovisor. Los shorts vaqueros son quizás una talla más de la debida, pero cuelgan de sus caderas caprichosamente, resaltando sus curvas. Brian saca el brazo por la ventanilla y suspira profundamente, tratando de recuperar la cordura, intentando que sus pensamientos no se oscurezcan ahora. Sacude la ceniza del cigarrillo y maldice hasta su manera de pestañear…
Annie se pone una camiseta blanca y ajustada de manga corta y tras meter la ropa sucia en el maletero, se sienta en el asiento del copiloto. Brian está mirando por la ventanilla y parece ansioso y nervioso. La chica de ojos claros ríe algo confusa y arquea una ceja, clavando su mirada en él. -¿Pasa algo...?- Menuda pregunta. Por supuesto que sabe lo que le pasa a Brian. Nada más fácil de adivinar. Solo con una mirada rápida a esos ojos oscuros, puede adivinar qué es lo que anda pensando. Al fin y al cabo, ponerle nervioso puede llegar a ser un pasatiempo más que gratificante a la par que peligroso. Su chico es puro material inestable e inflamable, y cuando le da por estallar se convierte en algo casi animal, algo que cualquier chica querría tener atado a la pata de la cama.
Gates le pega una calada rápido al cigarrillo, ríe nerviosamente y sacude la cabeza. La mira un segundo antes de arrancar, luciendo una adorable sonrisa nerviosa que oculta sus malas ideas. Imposible no desearla a lo bestia, incluso la ropa ajena le sienta de muerte... -¿Qué va a pasar? Nada en absoluto, nada más que tenemos mucho camino por delante y pocas señalizaciones.- Ríe mordiéndose el labio inferior en un gesto travieso -Es solo que hace mucho calor en tu tierra, Annie...-
Ana ríe y suspira, clavando la mirada en el frente, mordiéndose la punta de la lengua. Brian vuelve a hacerse a la carretera, manteniendo las manos sobre el volante y la vista en el frente. Annie habla por lo bajo, reprimiendo como puede una risa maliciosa. -Créeme, podría llegar a ser peor.- Le mira y fija sus ojos verdes en sus pantalones vaqueros. Se inclina sobre él mientras habla, poniéndole extremadamente nervioso. -Lo que podrías hacer es...- Le desabrocha la hebilla del cinturón en un movimiento ágil y rápido, y seguidamente le desabrocha el par de botones que cierran los vaqueros. -Quitarte los pantalones. Total, no hay nadie por los alrededores, no va a verte nadie...- Gates quita una mano del volante y le pega un suave manotazo en la mano a Annie, que estaba a punto de bajarle la cremallera, y habla acelerado de una manera muy cómica, fijando la vista en la carretera mientras ríe por lo bajo. -Ana Marie O'Donell, ¿quieres que nos estrellemos o algo así? Y además, deja de usar esa maldita voz inocente conmigo porque no cuela. Y cuela mucho menos si la usas mientras me desabrochas los pantalones...-
Annie ríe por lo bajo con malicia, se coloca de rodillas en su asiento y le muerde el cuello a Brian con una lascividad arrolladora, incluso poco corriente en ella. Gates se muerde el labio inferior, resopla por lo bajo y lucha con todas sus fuerzas por concentrarse en la carretera y obviar a su chica, que no para de llenarle el cuello de besos, mordiscos y lametones. Habla en un tono muy bajo, casi entre dientes, sonando a pesar de todo muy por encima de Shoot To Thrill, que no para de sonar en la radio. -¿Has follado alguna vez en medio de un desierto de Texas, Annie?- Ella deja de torturarlo por un segundo para sacudir la cabeza con una media sonrisa cargada de malas intenciones, sonrisa que se agranda cuando Gates empieza a frenar bruscamente, saliéndose de la carretera y una vez fuera, echando el freno de mano con fiereza.
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Pasa cerca de una hora hasta que el coche vuelve a arrancar, y otras pocas horas hasta que por fin se encuentran con la civilización. Llegan a un pueblecillo de nombre desconocido para ambos y, pese a que ya son las diez de la noche, las calles no están tan desiertas como las de Detroit a esas horas. Las farolas ya están encendidas, pero en la distancia, el sol no se ha ocultado aún. Gates aparca frente a un parque infantil que ahora mismo está vacío y se baja del coche, seguido de Annie, quien ahora lleva el pelo suelo, haciéndolo resaltar con su ajustadísima camiseta. Brian la agarra de la mano y, con sonrisas dibujadas en los labios de ambos, echan a andar por el pueblo hasta que finalmente van a dar a una posada. Es bastante humilde, pero sin duda muchísimo mejor que la anterior en la que pasaron la noche. Las tiendas ya están cerradas, pero hay bastantes así que al día siguiente los dos chicos se encargarán de provisionarse para el viaje. Gates pide habitación y el encargado enseguida le da las llaves de la ciento catorce. Cuando entran Brian se tira en la cama con un resoplido y Ana recorre el cuarto con la mirada, sonriente. Es mucho más grande, limpio y espacioso que el anterior. Además este tiene televisión, baño contiguo y dos armarios. Qué pena que no puedan llenarlos...
El chico de ojos oscuros suspira profundamente y se incorpora, sentándose en el borde de la cama. Está cansado, empapado en sudor y aunque no tiene demasiada hambre gracias a las porquerías que compraron en una gasolinera y que se comieron el viaje, no puede negar que necesitará cenar dentro de poco, y su cuerpo le pide una ducha a gritos. Observa a Ana igual que un padre vigila a sus niños en el parque, con atención y protección, y con una sonrisa dibujada en los labios. Su chica de ojos verdes lo curiosea todo de una manera adorable. Abre los cajones, toquetea las cortinas, mira por las ventanas y comprueba las lámparas. Jamás van a dejar de sorprenderle sus gestos. Habla levantándose, después de casi tropezarse con su propia mochila. -Creo que voy a ocupar la ducha por un rato.- Resopla con una media sonrisa. -Necesito agua caliente, las horas en el coche me han hecho polvo la espalda…-
Ana, ahora sentada en el borde de la cama acomodando la poca ropa que tienen en el armario, alza su mirada hacia él y asiente con una sonrisa. -Vale cielo. Yo voy a terminar de colocar la ropa y después bajaré a ver si hay algo de cena o lo tengo que coger en otro sitio o lo que sea...- Suspira. -Y no tardes en la ducha que en cuanto termines voy yo...-
El chico de ojos oscuros no tarda demasiado en salir de la ducha, con una toalla enrollada en la cintura y el pelo empapado, mientras Annie le mira con una sonrisa discreta. Él se tira en la cama y enciende la televisión, poniendo toda su atención en la pantalla y dejando que le haga sonreír la noticia de otra victoria de los Lakers. Es algo así como una especie de niño grande. Ana entra en el baño y se ducha, disfrutando del agua caliente, tratando de desconectar y relajarse por unos largos minutos en los que solo las gotas del agua golpeando la cerámica y la televisión en el exterior del baño rompen el silencio. Brian, en la habitación, se deshace de la ropa sucia que sacó del baño y se viste con unos vaqueros limpios pero destrozados, una camiseta negra de cuello 'en uve' y unas zapatillas negras. No tiene nada de sueño, a pesar del cansancio. Abre la ventana de par en par y se enciende un cigarrillo. La primera calada que le pega inunda sus pulmones con humo espeso y caliente. Debería dejar de fumar, pero no cree que eso entre dentro de sus planes ahora…
Cuando Annie sale del baño, lo hace con unos pantalones largos vaqueros y destrozados y con una camiseta negra, a juego con sus playeras. Cierra la puerta del baño y se apoya en ella, mirando a Brian con una sonrisa traviesa, mordiéndose el labio inferior. Nunca dejará de impresionarle lo sexy que se ve vestido así, con el pelo mojado y mucho más cuando fuma, aunque esto último no le agrade mucho.
Gates se gira y la pilla con un gesto en la cara muy poco propio de su habitual inocencia. Enarca una ceja y ríe por lo bajo con picardía, ahora que su chica de ojos verdes ha bajado la mirada y se dedica a hacer como que se recoloca la camiseta. Brian habla sin poder dejar de sonreír de una manera poco inocente que amenaza con convertirse en carcajada. -¿A qué viene esa cara, Annie...?-
Ella alza la mirada hacia él y enarca una ceja, intentando aparentar confusión. Se echa a reír y sacude la cabeza sin dejar de mirarle, hablando en un susurro. -No sé de qué estás hablando...- Le rodea el cuello con los brazos y habla rozándole los labios. -No fumes más por hoy...-
Brian suspira profundamente, la besa en los labios y apaga el cigarrillo en el alféizar de mármol sucio de la ventana. Chasquea la lengua, se estira la camiseta y clava sus ojos infinitamente oscuros en los de ella. Parece realmente animado ahora, como un niño al que sus padres han dejado suelto en un parque de atracciones. -¿Estás cansada? Porque si no tienes mucho sueño podríamos salir por ahí. Damos una vuelta, buscamos un parque, nos tiramos en algún parque...-
Ana ríe, desvía la mirada un segundo hacia el reloj de la pared y después le mira a los ojos, con una sonrisa confusa dibujada en los labios. -¿Ahora..? Pero si son las cuatro de la mañana Brian, no hay nadie por ahí...-
Él ríe con picardía y se encoge de hombros, pasándose los dedos hacia atrás por el pelo negro, brillante y húmedo. -Bueno, pues mejor para nosotros.- Cruza la estancia, vacía su mochila sobre la cama y mete una sábana dentro, con esperanzas de, durante la salida, encontrar un césped sobre el que colocarla. Coge las llaves de la habitación y se las mete en el bolsillo. Abre la puerta de entrada y mira a Ana expectante. Ella entorna los ojos, resopla con humor y pasa delante de él, cruzando el pasillo del enorme motel. En pocos minutos caminan de la mano en medio del asfalto de la carretera de la que parece la calle principal del pueblo en el que están. Pueden hacerlo sin preocuparse porque no pasa ni un coche. Todas las tiendas están cerradas, o casi todas, y la madrugada ha cerrado por completo la luz de la luna, que está casi desaparecida en el cielo.
Pasean de la mano por varias calles. La oscuridad inunda ahora la pequeña localidad en la que se encuentran, y el silencio de todos los que duermen en sus casas hace que los dos chicos puedan escuchar sus propias respiraciones e incluso el sonido de sus pasos en las aceras. Las pocas farolas que se mantienen sin fundirse iluminan escasamente las desgastadas fachadas de los edificios, dando un aspecto siniestro y bastante poco acogedor. De pronto, ambos se detienen, casi de forma sincronizada, ante una licorería, que es una de las pocas tiendas que continúa abierta. Está atendida por un chico joven, de unos... Cuarenta años. Está apoyado sobre el mostrador ojeando una revista en cuya portada aparece una mujer desnuda, y la contempla con bastante poco interés.
La chica de ojos claros le lanza una mirada cómplice a Brian y éste ríe por lo bajo, guiñándole un ojo. Sin mediar palabra y sin soltarse la mano, los dos se abren paso dentro de la tienda y tras saludar al encargado con un desganado gesto de cabeza, se dividen y empiezan a avanzar entre los estantes, recorriendo con la mirada cada botella. Jack Daniel's, Johnnie Walker, Vodka, tequila... Brian se para frente a uno de los estantes y, con la mirada clavada en las bebidas, se muerde el labio inferior, ensimismado. No podría permitírselas ya que no tiene dinero, pero hace mucho tiempo que no prueba el alcohol. Además, quiere celebrar que Ana y él vuelven a estar juntos, y desde luego quiere celebrarlo con ella. No hay nada mejor que su niña de ojos verdes cuando pierde el control...
Ana y él se lanzan una mirada cómplice sin sonreír, y ella no puede sino enarcar una ceja silenciosamente sorprendida cuando, seguro de que el encargado no le ve, Brian mete un par de botellas de Jack Daniel’s en la mochila que lleva cargada al hombro. Contra todo pronóstico, la chica de ojos verdes siente una curiosísima fascinación por ese arrebato que acaba de darle a su chico, y es entonces cuando ella camina disimuladamente junto a él y en casi un completo silencio, convirtiendo la comunicación en una lectura de labios, le musita a Brian un “pero qué haces”. El sonido de una canción en la radio oculta el sonido de sus voces por completo. Gates habla en un susurro, con la mirada fija en el encargado, que parece preferir prestarle atención a su comprometedora revista que a sus sospechosos y silenciosos clientes. -Cielo, no hay cámaras…- Agarra una botella de Johnny Walker y otra del tequila más caro, y vuelve a susurrar, poniéndoselas en la mano a Ana. -Sé buena y ayúdame a meter esto en la mochila, anda…- Resopla y ríe por lo bajo como un crío travieso, mirando de nuevo al encargado. -No se está enterando de nada…-
Ella camina frente a Brian, que ahora lleva una sonrisa maliciosa en los labios. Sin pararse, jugando con la agilidad de sus manos en las estanterías, coge una caja de condones que guarda en la mochila y sujeta otra de Marlboro en la mano. Camina hacia el mostrador bajo la mirada atenta de Annie, que le ve plantar la cajetilla de tabaco sobre la mesa. Habla con una tranquilidad pasmosa, teniendo en cuenta la cantidad de cosas que lleva en el interior de su mochila y que no ha pagado ni piensa pagar. -¿Me cobras ésto?- El encargado levanta la mirada de la revista por un segundo, musita un ¿qué? confuso, y enseguida sus ojos se quedan clavados en Ana. Brian le mira enarcando una ceja, como esperando ofendido y hostil a que el hombre vuelva en en sí y deje de mirar a su chica de una vez. Deja pasar algunos segundos, y el chico de ojos oscuros pega una palmada sobre el mostrador que hace volver en sí al encargado de una manera bastante patética y nerviosa. El hombre se encuentra con los ojos entrecerrados de Brian, que habla tensa y secamente. -¿Vas a hacerme descuento por dejar que mires así a mi novia o vas a cobrarme el precio íntegro...?-
Al oír sus palabras, Annie pone los ojos en blanco y resopla, desviando la mirada y luchando con todas sus ganas por reprimir una sonrisa que ahora trata de escaparse de entre las comisuras de sus labios. El encargado, algo ofendido, baja la mirada y agarra la cajetilla de tabaco. Tras mirar el precio y cobrarle a Brian, éste le fulmina con la mirada y agarra a su chica de la mano, saliendo de la tienda con paso ligero. Cuando están ya a una distancia considerable, ambos se parten de risa ante la descarga de adrenalina que acaban de experimentar. Recorren las calles entre conversaciones idiotas y risas tontas y, ajenos a lo que está por pasar esa noche, terminan de vuelta en el precario hotel, dispuestos a disfrutar de su botín...
Como Bonnie y Clyde.
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